Capítulo 5

Fantasmas

La lluvia caía a cántaros. El cielo había estado vaciándose por horas desde entrada la tarde.

Clarke estaba sentada en el fondo de una cueva que había tenido la suerte de encontrar cerca del río, colina arriba. No era un lugar muy amplio, apenas podía estirarse lo suficiente en el suelo para intentar dormir y debía agachar la cabeza al entrar si no quería estamparse de frente contra la pared de piedra.

Estando allí, con los brazos rodeando sus piernas y tiritando de frío, Clarke supo que no había sido una buena decisión permanecer quién sabe cuánto tiempo en el río. Estaba verdaderamente empapada y no tenía ni la más maldita idea de cómo encender una fogata por sí misma. Bueno, quizás sí. Ahí en un recoveco de su memoria creía haber guardado algunas clases de supervivencia que había tomado en el Arca, cuando era niña, claro, lo cual significaba que probablemente no había puesto total atención pues sus cuadernos estaban llenos de dibujos y garabatos más que de instrucciones de cómo salvar su vida en caso de regresar a un mundo post apocalíptico. También había estado presente cuando algunos de sus compañeros habían prendido algunas en el primer campamento que habían armado al aterrizar, pero nunca lo intentó sola. Siempre había habido alguien que lo hiciera por ella. Siempre alguien; como aquella vez en el bosque después de enfrentar al Pauna

"No te preocupes, estás a salvo"

Clarke encajó las uñas en sus rodillas. La rabia resurgió en ella y la fue llenando.

"A salvo".

Estaba todo menos a salvo.

Más lágrimas se asomaron en sus ojos.

- ¡¿Por qué, Lexa?! – musitó entre al llanto. - ¿Cómo pudiste?-

La odiaba. La detestaba tanto o más que a sí misma.

Si no la hubiera dejado, si no hubiera ordenado tocar la retirada, quizás ella no estaría ahí, perdida, rota, en ruinas. Quizás no cargaría con tantos muertos en su espalda. Quizás no tendría tanto miedo de no volver a ser quien era antes del desastre. Quizás podría perdonarse, regresar a Arkadia y ansiar un futuro mejor. Quizás podría volver a creer en que sí había bondad en ella misma…

Escondió su cara detrás de las rodillas, llorando sin cesar, evocando brillantes ojos verdes que la absorbían, que la desnudaban. Hermosos ojos verdes ansiosos de ella antes de un beso furtivo; esos mismos implacables ojos verdes que aniquilaron su alma ante la puerta de Mount Weather.

Poco a poco su cuerpo su mente se nubló y su cuerpo se fue rindiendo ante el cansancio hasta quedarse dormida.


"Tengo miedo, princesa"

"Vas a estar bien Finn, vas a estar bien…"

La navaja traspasó tela, piel; desgarró músculo y se deslizó en lo profundo. Finn exhaló un suspiro y tembló por última vez. Clarke podía sentir su mano bañada en el tibio líquido que fluía desde las entrañas de aquél chico que había querido tanto.

- ¡Lo siento! – pronunció hecha un mar de lágrimas. Cerró los ojos. – Finn…-

El crujir de las ramas y el olor a carne quemada la hizo sobresaltarse.

Abrió los ojos. La pira frente a ella iba volviendo el cadáver en cenizas.

- Me mataste para nada – Dijo Finn, apareciendo atrás de ella.

Clarke lo miró con un nudo en la garganta y con cataratas recorriendo sus mejillas.

- Yo… Yo… ¡No tenía opción! –

Finn se desvaneció en el aire antes de que Clarke pudiera correr a abrazarlo.

Todo se oscureció.

- ¡¿Quién eres?! ¡Ya no sé quién eres! –

Clarke volteó en la negrura para toparse con el reclamo de su madre. La decepción en su mirada era lacerante.

La silueta de los árboles estaba iluminada por el fuego que arrasaba Tondc. Se oían gritos de terror a la distancia; lamentos de personas cercenadas, de gente que hallaba a sus seres amados hechos pedazos y sus hogares en escombros. Clarke sentía el calor de las llamas tan cerca de ella que la sofocaba.

- ¡¿Quién eres?! – preguntó Abby de nuevo. Había coraje e incredulidad en su voz. –Dime que no sabías que esto pasaría, Clarke, ¡dime que esto fue sólo Lexa! –

- Ojalá pudiera hacerlo… - dijo la joven con tristeza.

Ante esa confesión Abby dio unos pasos hacia atrás. Lágrimas se formaron en sus ojos.

- No te reconozco, Clarke… Tu padre estaría tan avergonzado de ti…-

Clarke cayó de rodillas, sosteniendo la cabeza con sus manos.

- No, no… No… ¡Basta!- suplicó.

- ¡Asesina!

El grito entrecortado de Jasper la sacudió aún más.

- ¡Hago lo mejor que puedo, por favor! ¡Basta! – Imploró Clarke a punto de colapsarse.

- ¡Pues no es suficiente! – imprecó la voz de Octavia. – ¡Nunca será suficiente!-

Clarke despertó súbitamente con la cara cubierta de sudor y de lágrimas. De pronto su refugio le era diminuto, claustrofóbico, las paredes parecían cerrarse sobre ella. Se levantó velozmente y salió de la cueva corriendo con desesperación.

Ya era de noche y la visibilidad era casi nula. Sus piernas se movían torpemente y sus pies se resbalaban en el lodo, pero tenía que huir, tenía que escapar de esa pesadilla.

Su mente repasaba una y otra vez todas esas frases, esas imágenes. Sus amigos, su familia. Era cierto, nunca nada era suficiente. Por más que se esforzaba, por más que intentaba hallar otras opciones que no involucraran la violencia o sacrificar vidas, siempre fallaba. Siempre acababa dejando una estela de sufrimiento y desolación a su paso.

Y su propia gente no era capaz comprenderlo. No podrían.

Esas matanzas habían sido el precio por mantenerlos a salvo y ahora tendría que llevarlas con ella el resto de su vida.

Los árboles se quedaron atrás y una ráfaga de viento golpeó su rostro. Tuvo que detenerse abruptamente cuando se dio cuenta de que ya no había más espacio ante ella qué recorrer. Una honda barranca se erguía ante ella a tan sólo unos pasos.

Se quedó ahí pasmada, intentando recobrar el aliento. La bóveda celeste plagada de astros la recibía en ese paisaje.

En su cabeza resonó la voz de Lexa:

"Somos lo que somos, Clarke"

- ¿Qué soy? ¿Quién soy ahora? – murmuró con pesar.

Tal vez Bellamy tenía razón. Tal vez quienes eran realmente y quienes tenían que ser para sobrevivir eran dos conceptos diferentes. En ocasiones opuestos.

A pesar de ello, no le gustaba esta nueva versión de sí misma. Siempre al filo de la locura, batalla tras batalla, carnicerías interminables que la iban menguando por dentro.

¿Y por qué ella? Se preguntaba una y otra vez. ¿Por qué ella?

Su ímpetu por ayudar a todos, por salvarlos a todos, acarreaba siempre el sacrificio de otros que quizás no eran del todo malos. Cada quién moría creyendo hacer lo correcto. Cada quién arrasaba con todo a su paso con la fuerte convicción de estar protegiendo a los suyos. Y así, ella también se volvió coleccionista de tumbas.

Clarke alzó la mirada hacia las estrellas.

- Papá... -

Vino a su mente ese último abrazo de él, justo antes de que lo lanzaran al espacio a perecer.

Estaba allá arriba, en algún lugar del universo. Debía estarlo.

Clarke se preguntó si podría verla. Si el espíritu de su padre la acompañaba, la observaba.

Deseaba creer que sí. Que la muerte no era el final.

"Tu padre estaría tan avergonzado de ti", le había dicho su madre en ese sueño.

Rompió en llanto, hurgando el cielo con ojos centelleantes y habló al viento:

- Si estás ahí, papá, si puedes verme... Lo lamento, yo no pedí esto, yo no quería convertirme en esto... Por favor, ayúdame. Dame fuerzas... Por favor... -

La noche comenzó a disiparse. Un tenue resplandor comenzó a alzarse detrás de las montañas del este.

La silueta de Clarke yacía al pie de la hondonada mientras el sol se iba asomando tímidamente, iluminando las copas de los árboles y trayendo la promesa de un nuevo día a esas inciertas espesuras.