Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


CURTAINS

Capitulo ocho

Han pasado tres semanas desde que mandaron a Edward con su familia de Alaska.

Alaska.

¿Quién vive en Alaska?

Sentada en mi viejo escritorio, que se está deshaciendo en una esquina por la edad -o puede que incluso termitas-, busco en Google ese lugar tan lejano, interesada por ver qué más le espera a Edward aparte de iglús, esquimales y perros de trineo. Alice dice que está en una pequeña isla llamada Ketchikan, tan pequeña que la gente tiene que coger ferris e hidroaviones para acceder a ella desde tierra firme.

Después de acompañar a su hijo, los Cullen volvieron a Forks como fantasmas de sus antiguos ser. Incluso Alice está más vacía, sus ojos están apagados como consecuencia. Me dice, tarde una noche cuando hablamos por teléfono, que es como si hubieran perdido dos hijos en lugar de uno. Sus padres están siendo sobreprotectores ahora, incluso invadiendo el tiempo que solía pasar con Jasper.

Antes, me habría sentido molesta y se lo habría dicho. La habría llamado desagradecida y la habría recordado que, mientras sus padres se acercaban más a ella y entre ellos por su pérdida, los mío se alejaban cada vez más.

Pienso que tal vez debería mudarme con ellos. Podría quedarme la habitación de Edward, su cama.

Sus calmantes cortinas.

Las fotos que veo en internet no tienen nada que ver con los estereotipos que había imaginado. Hay pequeñas tiendecitas, calles estrechas y coches -nada de trineos tirados por perros. Parece duro y fresco, inmaculado y vigorizante. Edward se encontrará a sí mismo allí o perderá la jodida cabeza del todo.

Solo espero que deje ir lo que sea que le está envenenando. El enfado que blande como un arma viene de un lugar malvado en su interior. Le está matando.

En la escuela no tengo que evitar a Mike porque él me evita a mí como si tuviera la lepra. Hace grandes arcos al pasar ante mi taquilla, como si Edward estuviera delante listo para defender mi honor.

Menuda broma.

Aun así, el deshielo continua y las astillas de mi corazón gimen al hacerse más amplias, más profundas, dejando que entre la luz del sol y salga la podredumbre.

No sé porqué antes no era tan cercana a Alice; ahora somos inseparables, incluso aunque ella va un curso por detrás de mí y todavía va a esa escuela al otro lado del pueblo. Mi madre vuelve a casa conmigo y mi padre, trayendo con ella poder redecorador y de limpieza.

Me doy cuenta de que ya ni siquiera estoy enfadada con ella... pero me siento desconectada de ella y de mi padre. Ellos pueden trabajar en arreglar lo que se les ha roto, yo trabajaré en arreglar lo mío. Ahora solo quedan seis meses antes de que me gradúe pronto; estoy más interesada en prepararme para mi cercano futuro que en reparar mi triste pasado.

Y, para cuando llega la primera nevada, siento más calor de lo que he sentido en mucho tiempo.

―Y, ¿sabes algo de él alguna vez? ―le pregunto a Alice, estirada en mi cama.

Ella se sienta en la esquina del colchón que queda encajada en la esquina de la habitación, abrazada a sus rodillas.

―¿Edward? A veces llama a casa. Ya no está tan enfadado.

―¿Estaba enfadado?

―¿Tú qué crees? ―Ríe secamente―. Le han mandado a un pueblo incluso más pequeño que Forks. Personalmente, siempre he pensado que ha sido algo estúpido... todo el mundo sabe que los pueblos pequeños pueden meterte en problemas si no te mantienes ocupado.

―Como ya hemos visto. ―Suspiro―. Pero... ¿no has hablado con él?

―No, sí que lo he hecho. ¿Por qué?

―Hace mucho que no me envía ningún mensaje...

―Oh, ―Alice estira las piernas―. Le quitaron el teléfono antes de que se marchara.

―Oh.

Eso es todo.

Hay una fiesta en La Push más tarde y, aunque está helando fuera, me siento bastante bien envuelta y cálida en un grueso abrigo. Alice se siente eufórica porque Jasper está ahí, y yo me quedo con ellos un rato.

Sin embargo, poco después me siento tan sola que camino por la arena, con cuidado de mantenerme apartada de los lugares húmedos cerca de la costa.

Unas enormes manos me tapan los ojos y salto con un grito, apretando con mis propias manos las que me están cegando.

―Relájate, Bella. ―Jacob Black, amigo de la familia.

―Oh, Jake, ¡eso ha estado mal! Sabes que no me gusta que me sorprendan.

Él ríe; su risa es ligera y libre, alcanzando el cielo nocturno como las llamas del fuego.

Le echo un buen vistazo, sorprendida por su aspecto tan diferente. Siempre había sido mono pero, incluso cuando nos besamos hace un par de años en una fiesta, todavía era un poco desgarbado. Ahora es guapo, maduro y atrayente.

Se deja caer a mi lado, manteniéndome más caliente solo con estar ahí.


Hola!

Aunque ahora parezca que no, la cosa está avanzando y, ¿quién sabe? A lo mejor un tiempo separados les viene bien.

¿Vosotras qué pensáis? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos el próximo fin de semana.

-Bells :)