Aquí empieza nuestra historia, primero les contaré un poco de Astrid, quién es y como ha sido su vida en Keikruk, como verán Hipo y Astrid no se conocen. Traté de rescatar la personalidad de Astrid en la primera película y de la serie dragones de Berk.

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Capítulo 2. Astrid, princesa de Keikruk.

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Parte 1. Era una noche lluviosa en el pueblo de Keikruk

Keikruk era uno de los lugares más bellos del gran continente, sería genial si perteneciera a algún continente…

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Era una noche lluviosa en la isla de Keikruk, la reina Amira bajó lentamente de su dragón, evitando lastimar al pequeño bulto rosa que traía entre sus brazos. Había sido una larga batalla contra los traficantes, hombres crueles que vendían mujeres y niños como esclavos, que cazaban dragones y comercializaban todo aquello que pudiesen sacar de sus cuerpos. Habían sido enemigos durante décadas y estaban realmente lejos de derrotarlos. Keikruk, que no era un pueblo muy grande, se limitaba tan solo a rescatar a los esclavos, devolverlos a sus hogares y reubicar a aquellos que no tenían a dónde volver.

La reina descubrió el paquete que traía entre brazos, dejando ver a una hermosa bebé de tenue cabello dorado, quien dormía plácidamente recostada al pecho de su salvadora.

- Has traído una bebé contigo – Comentó una mujer de mediana edad mientras ayudaba a descender a su reina.

- La encontré en uno de los barcos de los traficantes, nadie parecía saber nada de ella, tan solo tiene consigo una pulsera en la que lleva grabado su nombre… Astrid Hofferson.

-Espero que sea suficiente para encontrar a su familia – replicó la mujer – Es muy joven para quedarse con nosotras, por ahora debemos refugiarnos y encontrar una madre sustituta en el pueblo.

Las mujeres se dirigieron al gran salón, un edificio alto situado en una sinuosa montaña, desde la cual se veía todo el pueblo, y junto a ella había una modesta casa, a la que ingresó la reina de Keikruk, una vez adentro, se apresuró a revisar a la pequeña criatura en busca de algún signo de maltrato, al verla sana, cambió sus ropas mojadas y la envolvió en algunas pieles. La bebé abrió sus grandes ojos azules, que pronto fueron inundados por el llanto. La mujer, inexperta en todo aquello relacionado con la maternidad, corrió hacia el gran salón en busca de ayuda. Aquellas que se encontraban en la enorme cúpula rieron a carcajadas, al ver a su reina entrar sin saber qué hacer con la embravecida criatura, intentaron de todo, pero la chiquilla no tenía intención de callarse. Cada mujer cantó una canción de cuna de su tribu de origen, pero el esfuerzo fue infructuoso.

Finalmente, la reina tomó un arpa que se encontraba en el rincón designado a los instrumentos, y tocó una suave melodía. Al escuchar el sonido, la pequeña empezó a reír a carcajadas y las mujeres sonrieron en júbilo. La risa de la niña era particularmente bella y sólo entonces pudieron apreciar sus bellos ojos, que eran de un azul tan hermoso, que se asemejaba al color del mar al fundirse en el horizonte con el cielo.

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Parte 2. Hay una niña rara en el pueblo.

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Habían pasado cerca de 3 años desde la llegada de la pequeña Astrid al pueblo de Keikruk. La reina al no ser capaz de encontrar a su familia, decidió hacerse cargo de ella personalmente. Desde su corta infancia, Astrid dio señales de ser diferente, era particularmente lista. A su tierna edad ya era capaz de leer textos complejos y conocía muchas palabras en otros idiomas. Al estar la reina tan ocupada en sus labores, cada mujer disponible ayudó en su cuidado, lo que confirió a la niña una gran mezcla cultural, que se reforzaba cada vez más con el pasar del tiempo.

- Reina Amira ¿Ha visto a Astrid? – preguntó una mujer regordeta a su reina.

- Creí que se encontraba contigo – replicó la reina.

- Entré a la cocina a revisar el pan, se quedó en la sala entretenida con la lectura, pero al salir ya no estaba.

Al no encontrarla en ninguna de las dos casas, las mujeres emprendieron su búsqueda por el pueblo, pero nada las prepararía para lo que se encontrarían. El establo de dragones era el único lugar en el que no habían buscado. Al llegar allí se encontraron a la niña sentada en el centro del lugar, jugando alegremente con las crías de dragón rescatadas, y abrazando con fuerza a una Nader mortífera azul. Alrededor de ellas grandes dragones se encontraban recostados, creando un círculo protector alrededor de las crías y protegiendo a Astrid como si fuera una de ellas. Fue realmente difícil sacar a la chica de allí, ya que al acercarse los dragones que habían sido pacíficos en su traslado, enfurecían y empezaban a bramar, liberando fuego de sus fosas nasales. La situación fue tensa, y sólo se calmó cuando la niña se paró voluntariamente y caminó hacia su madre. Los dragones le abrieron paso como si de su alfa se tratara. Las mujeres quedaron atónitas y decidieron no hablar de lo sucedido.

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Parte 3. Hay un dragón raro que me sigue a todas partes.

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Era el sexto cumpleaños de la pequeña Astrid, y lo único que deseaba era que su madre la dejara entrenar con las guerreras de su tribu.

-Te he dicho mil veces que eres muy joven – comentó la madre

- Me lo merezco, he estudiado cada libro que me has dado – replicó la chica- además he estado entrenándome en mi habitación, y sabes que soy talentosa. He practicado con la espada, pero ahora quiero ser una experta con el hacha, no creo que quieras que abra un hueco en la pared ¿o sí? –dijo la niña en tono juguetón.

- ¡Es peligroso!, hay muchas otras actividades en las que podrías formarte, todos los trabajos son importantes. Si quieres ser reina algún día debes comprenderlo.

- Es por eso que no quiero ser reina – dijo la rubia haciendo pucheros – ¡seré una guerrera!, salvaré niños y dragones como lo haces tú, pero sobre todo, volaré sobre Stormfly y recorreremos el mundo.

- Sabes que los dragones no son mascotas – replicó su madre con seriedad – son enviados de los dioses para protegernos, pero sobre todo para mostrarnos el camino. Son sagrados para nosotras y me sorprende que aún no lo comprendas. Stormfly crecerá, y cuando llegue el momento partirá a su mundo con los suyos.

Al escuchar a su madre la niña rompió en llanto y corrió a su habitación, en donde se encerró a llorar. – Stormfly es mi mejor amiga y no me abandonaría – pensó para sí misma. Y en un acto de desobediencia tomó el hacha que había escondido bajo su cama y corrió al bosque, escapando por la ventana de su habitación.

Keikruk tenía un espeso bosque a las afueras del pueblo y tras él no había más que agua y ocasionalmente, la cabeza de la criatura que soportaba la gran isla sobre su espalda. Astrid se internó en lo profundo de la vegetación rápidamente y empezó a lanzar su hacha contra los árboles, creando marcas insanas para una niña de apenas 6 años. La tarde moría lentamente y casi era hora de regresar, aún estaba enojada con su madre, pero el pastel de moras que la esperaba en casa, valía tragarse el orgullo. Astrid tomó un gran impulso y lanzó su hacha con todas sus fuerzas, pero grande fue su sorpresa al ver salir a un pequeño dragón blanco entre los arbustos, el cual si no se movía sería golpeado. La angustia se apoderó de la niña, quien gritó tan fuerte como pudo para ahuyentar al dragón, Al escucharla, la criatura solo giró la cabeza y disparó una misteriosa llama al hacha, deshaciendo la madera del mango de inmediato. El dragón ya a salvo corrió hacia la niña y se aferró a su pierna como si de ello dependiera su vida.

Astrid estaba espantada, siempre había sido amiga de los dragones. A decir verdad, más que de los humanos, pero nunca había sido mordida. Curiosamente la mordida no dolía, solo parecía que el dragón no iba a soltarse. La pequeña probó cada truco que sabía para liberar su pierna. Sin embargo, entre más trataba de liberarse el dragón más apretaba, finalmente y casi por instinto, Astrid se agachó para tratar de alzar al animal, y este liberó su pierna. Al verse libre, soltó al dragón y corrió a toda velocidad hacia su casa. Entró con sigilo por la ventana, y observó al dragón blanco durmiendo sobre su cama, desde entonces nunca más se separó de ella.

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Parte 4. No ha nacido hombre capaz de arrebatarme el cielo.

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Astrid tenía ya 15 años cumplidos, y pese a los esfuerzos de su madre se había convertido en una guerrera. Cada habitante de Keikruk tenía un arte, un oficio y una profesión. El arte era aquello con que robabas sonrisas a los tuyos. La niña había aprendido a tocar el arpa y el violín. Sin embargo, su verdadero talento estaba en la composición, la creatividad desbordaba de ella. El oficio era aquello con que ganabas dinero y contribuías a la economía de la tribu, Astrid era particularmente mala en esta parte, cuando iba a los pueblos del norte solía llevar el arpa y cantar en las plazas. Sin embargo, no ganaba mucho pese a su talento. Muchas personas se acercaban a escucharla, pero en sus palabras "eran unos tacaños", por lo que terminó por cambiar de oficio y convertirse en investigadora de dragones, al fin y al cabo era algo que se le daba bien, aunque por lo que no ganaba un peso. Y finalmente su profesión, guerrera. A sus 15 años ya participaba de misiones complejas, había sido elegida como la mejor novata, lo que le valió un puesto en las grandes ligas. Su estrategia era impecable y pese a su inexperiencia, sus sugerencias habían llevado a importantes victorias sobre los cazadores y traficantes.

Astrid era siempre acompañada por dos dragonas, una hermosa Nader azul, Stormfly , y una extraña dragona blanca, que no solía dejarse ver por personas ajenas a la tribu las guerreras blancas. Nunca hubo otros de su especie, no importaba cuanto recorriera e investigara. Winstar, como decidió llamarla pertenecía a una especie llamada por su tribu como Light fury, ya que su color blanco escarchado, le permitía refugiarse en las nubes y camuflarse con la luz, y su potente disparo de plasma era más fuerte que los ataques de otros dragones.

Astrid se había entrenado en el conocimiento de dragones visitando a una ermitaña que tenía un santuario de dragones más allá del archipiélago bárbaro, Val como solía llamarla, era toda una experta. La mujer había convivido únicamente con dragones durante años, y le había enseñado a la joven, todo lo que sabía sobre estas magníficas criaturas.

La rubia pese a su juventud ya había observado los horrores del mundo, muchas veces había tenido que ir a los pueblos a dar un digno ritual de despedida a aquellos que habían sido cruelmente masacrados por los traficantes, principalmente ancianos, hombres y mujeres mayores, de quienes no podían obtener ganancia alguna. La joven, creció no sólo en edad, había aprendido a hablar tres lenguas de forma fluida, lo que la convertía en un gran apoyo a la hora de comunicarse con los rescatados. Era ahora una mujer fuerte e independiente, por lo que fue seriamente considerada como una futura reina por más que detestase la idea.

La guerrera había dejado de ir con sus amigas a tocar a las tribus, estaba harta de las insinuaciones y comentarios descarados que recibía de los hombres del pueblo, pero sobre todo de los regaños y castigos que recibía por golpearlos con el mango de su hacha. No había hogar en Keikruk que no hubiese recibido ayuda de la adolescente como un castigo de la reina.

Ventino su amiga humana más cercana y compañera de travesuras, solía burlarse de ella mencionando como sería una excelente esposa, ya que como parte de su castigo había tenido que ayudar en la confección de ropa, la cocina, pero sobre todo la limpieza. Astrid se encogía de hombros y mencionaba que no había nacido hombre capaz de enamorarla, pero sobretodo no existía aquel capaz de arrebatarle el cielo.

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Parte 5. La niña rara se ha convertido en princesa

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Un fuerte sonido se escuchó provenir de la casa más grande del pueblo de Keikruk, las mujeres que caminaban rumbo al gran salón sonrieron al ver a una joven rubia salir con una gran jarra de su famoso Yaknok. Una bebida cuyo amargo sabor haría llorar al más fuerte de los hombres. Al cruzar sus miradas se regalaron una sonrisa cómplice, pues sabían que dicho brebaje, había sido especialmente preparado para alguno de los pretendientes de la joven.

-Astrid, ¿no pensarás llevar esa bebida tuya al mercado del norte o sí? – preguntó una mujer de mediana edad a su hija de dieciocho años.

-Madre, para tu información mi Yaknok es muy popular entre los lugareños, todos se acercan a probarlo al enterarse que es preparado por mí, y con él me aseguro de no ser cortejada por ellos nuevamente. – respondió la joven riendo entre dientes.

-Como sea, hoy nadie irá a comerciar. Has sido seleccionada como posible futura líder de Keikruk. Debes honrar la confianza que tu pueblo ha puesto en ti. Aceptarás tu designación en caso de que seas elegida para portar el anillo de la princesa.

-¡Claro, porque mi designación no tiene nada que ver con el hecho de que tú seas la actual reina! –replicó la rubia con el ceño fruncido.

- Hoy te serán reveladas las virtudes que las ancianas vieron en ti, hasta entonces deja de menospreciarte. Eres una de nuestras mejores guerreras, así que ve a arreglarte y dirígete al gran salón, yo aún tengo algo de trabajo que hacer. Por cierto, llevaré a Winstar y Stormfly conmigo, sólo en caso de que decidas escapar. – La mujer de profundos ojos color miel y negra cabellera trenzada guiñó un ojo a su hija y se unió a las mujeres que observaban sonrientes.

El gran salón del pueblo de Keikruk era sin duda majestuoso, por todo el alto techo de yeso, estaban grabados diferentes momentos de la creación del universo. Pero lo que más resaltaba en la gran cúpula, eran las mujeres y los dragones que se encontraban en el interior. Había mujeres de diferentes edades y rasgos físicos, todas y cada una de ellas vestidas de blanco.

La puerta del gran salón se abrió para dar paso a la hermosa rubia que era halada hacia el interior por su mejor amiga Ventino. Astrid, llevaba su cabello tan solo con una pequeña trenza en forma de corona, dejando sus largos cabellos rubios caer sobre sus caderas. Contrario a las demás mujeres en el salón tan solo su blusa era de color blanco y de esta sobresalía una placa de un fino metal que protegía su cuello, dando a entender que bajo dicha prenda se encontraba su armadura. La falda en sí misma estaba formada por placas del mismo metal unidas grácilmente, cada una de ellas adornada con hermosos bordes dorados en las puntas.

-¡Astrid Hofferson, te estábamos esperando para dar lectura al veredicto! – dijo una anciana desde una pequeña tarima.

- Ofrezco disculpas por mi tardanza, pero como comprenderán al estar todas aquí reunidas nuestras fronteras están desprotegidas. Así que me tomé el trabajo de hacer una ronda de vigilancia y como verán mis dos dragonas acompañantes están durmiendo plácidamente junto a mi madre, por lo que tuve que caminar –dijo la chica inocentemente haciendo que las mujeres estallaran a carcajadas ante la intervención de la joven, quien tomó su lugar junto a las otras dos candidatas y esperó la intervención de la anciana, cruzando los dedos para no ser seleccionada.

-¡No ha sido una decisión fácil! – dijo la anciana al pueblo reunido – las tres candidatas son poseedoras de grandes virtudes y capacidades, que las hacen dignas de guiarnos por el camino que los dioses han seleccionado para nosotras.

-Como sabrán somos una aldea de sólo mujeres, todas y cada una de ustedes ha nacido en una tribu diferente a la nuestra, pero la guerra y la avaricia de la humanidad nos han despojado de nuestros hogares. Todas las aquí presentes somos huérfanas de nuestra familia biológica, pero hermanas en nuestro dolor, alegrías y sueños. Hemos decidido vivir juntas, en paz, como una muestra de la capacidad de amar pese a las diferencias. Pero sobre todo hemos decidido impartir las enseñanzas de los dioses, quienes nos eligieron para llevar un mensaje al mundo y castigar a aquellos que maltratan a la creación. Hoy hemos seleccionado a quien heredará el liderazgo de nuestra tribu en caso tal de que nuestra actual reina sea impedida de continuar gobernando.

-No existen lazos sanguíneos entre nosotras y aunque los hubiera, ser hijo de un jefe no te hace apto para liderar una tribu. Nosotras hemos elegido generación tras generación a la más hábil, lista y talentosa de nuestras guerreras, y estas tres jóvenes han sido elegidas por ustedes. Sin embargo, sólo hemos de seleccionar a una, a la que todas las demás llamaremos princesa de aquí en adelante, y reina cuando sea coronada como tal.

-¡Astrid Hofferson ponte de pie!- dijo otra de las ancianas señalando a la joven con su bastón- has demostrado tener la inteligencia para guiarnos a la victoria, y la sensibilidad para guiarnos por el camino de la luz. Has sido respetuosa de nuestras tradiciones, sin que esto te impida pensar por ti misma y luchar por lo que sientes correcto. Eres una de nuestras guerreras más capaces, y una de nuestras hermanas más queridas, pero sobretodo tienes el don de la entrega, cada paso que has dado en tu camino ha sido para honrar la vida, has amado y protegido a los tuyos, y es por eso que hemos considerado que eres la indicada para portar el anillo de la princesa, ¡acércate!

La rubia caminó sorprendida hacía el estrado donde se hallaba una pequeña niña sosteniendo un anillo de plata, el cual le fue puesto en el dedo del corazón de su mano derecha, una vez hecho esto las ancianas que se encontraban junto a ella observaron con asombro como unas letras se tallaban en el anillo, y se establecía la imagen de un lirio dorado en el centro, junto a las palabras "amor real". Las mujeres miraban atónitas lo sucedido. Sin embargo, un gran gozo las invadió, pues sabían que habían encontrado a la princesa prometida en la leyenda.

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Notas de Autor:

Kekruk, significa Cielo del sur, y es de dónde provienen los dioses Josh, Kre y Akainik quienes por cierto son hermanos. En el siguiente capítulo tendremos un poco de Hiccup, y finalmente y sin más preámbulos dejaremos que nuestra singular pareja se conozca.

El yaknok es la bebida que prepara Astrid en el corto "el regalo del furia nocturna", todos recordamos como nuestro amado Hiccup lo bebió.