Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
CURTAINS
Capítulo diez
Encendiendo los fogones, reúno rápidamente los artículos que voy a necesitar para hacer dulces de arroz inflado.
Jacob Black va a venir a ver una película, algo que hemos hecho muchas veces últimamente. Incluso aunque Charlie no tuviera turno de noche, que lo tiene, no le importaría. Mis padres han sido amigos del padre de Jacob desde antes de que ninguno de nosotros naciera. De hecho, mi madre era muy amiga de la de Jacob antes de que muriese...
―Huele bien, ―comenta mi madre, entrando silenciosa y repentinamente en la cocina. Medio-sonrío, removiendo la mantequilla hasta que se derrite antes de añadir malvaviscos.
Se marchó durante tanto tiempo que a veces me olvido de que ahora ha vuelto. Mis padres nunca perdieron el contacto, nunca se separaron durante esos años intermedios. Honestamente, parece más bien que ellos se han divorciado de mí; a veces los llamo simplemente Charlie y Renee en mi cabeza, como si fueran los padres de otra.
Los padres de una chica muerta.
―Solía hacértelos, ―dice, con tono suave y vacilante―. ¿Te acuerdas?
―Un poco. ―Asiento. La siento sonreír a mi lado mientras me frota la espalda.
Siento que la culpa y la depresión que tuvo cuando Rose desapareció se han suavizado hasta convertirse en dolor por la forma en que me abandonó a mí. La verdad es que todavía no hemos hablado de ello y, aunque a mí no me importaría airearlo... me siento cansada. De todo.
De hecho, la única persona con la que he hablado de todo es Jacob.
Él sabe lo de Rose y Em, y lo que pasa entre mis padres y yo. Lo mío con Edward. Mi relación con Alice, la relación de Alice y Jasper. Lo mío con Mike, lo de Mike y Edward... Que Edward se fuera y yo me quedara. Antes había pensado que necesitaba a alguien que hubiera pasado por ello para hablarlo, pero ese no parece ser el caso. La neutralidad de Jacob le convierte en el amigo perfecto.
El perfecto puede-que-amante.
Mike Newton no había sido horrible, pero no había sido atento al quitarme la virginidad, así que acabó siendo horrible. Incluso ahora, al pensarlo, me estremezco y me siento un poco enferma. Parte de mí se alegra de que Edward le hiciera lo que le hizo a Mike, sin importar lo equivocados y mojigatos que hubieran sido sus motivos.
Jacob me hace sentir bien. Creo que está un poco enamorado de mí y yo soy capaz de entender ese sentimiento. Y, como puedo entenderlo, no le rechazo. Puede que yo acabe queriéndole también. Es fácil de mirar y me mantiene caliente, y me hace reír.
Llaman a la puerta principal y escucho la voz de mi madre cuando responde, ligera y con un tono musical al saludar a Jacob.
Entonces él aparece a mi lado y sus cálidos labios se posan en mi cuello al decir:―Hola.
Me pone la piel de gallina, y sonrío y me aparto, pero no antes de cambiarme la espátula de mano para poder agarrarle por la camiseta y acercarle a mí.
―Hola.
Él mira mientras yo combino el cereal con la mezcla que tengo al fuego, luchando por someterlo. Lo aplasto en un cazo y lo dejo para que se enfríe.
―Dale un minuto, ―advierto, echándole una mirada a Jacob.
Él asiente inocentemente, pero sé que robará un poco cuando le de la espalda.
Y lo hace; puedo saborear el malvavisco cuando tira de mí por los enganches de mi cinturón, besándome hasta que lo siento entre mis piernas.
Más tarde, después de la película, nos relajamos en el sofá con los restos de palomitas y dulces esparcidos por la mesita de café. Pienso brevemente en Edward y la extraña relación que tenemos -¿teníamos?- y cómo este chico que tengo al lado me ha dejado entrar mucho más rápido. Cómo le ha llevado a Jacob solo mes y medio llegar a dónde Edward y yo nunca lo hicimos.
Nunca pudimos.
Mis ojos arden de la forma que lo hacen cuando voy a llorar. Es algo que ahora me pasa todo el tiempo, como si mis emociones se estuvieran volviendo locas para compensar el tiempo perdido.
Respiro profundamente; así se va.
―¿Ya te has decidido por una universidad? ―pregunta Jacob con la cabeza en mi regazo.
―Está entre UW y Washington State.
―Así que al final te quedas en el estado... Te había tomado por una de esas chicas que no pueden esperar a salir de aquí. ―Sonríe ampliamente, mirándome con sus ojos oscuros. Cómo son capaces de brillar en la casi-oscuridad... nunca lo sabré.
―Son buenos centros. ―Me encojo de hombros―. Puede que me cambie más adelante, pero por ahora...
Jacob asiente, bostezando.
―¿Qué hay de ti? ¿Crees que vas a ir?
―Sí que quiero, ―dice, asintiendo de nuevo―. Me refiero a que hay formas de que vaya y siga cerca de casa. Aunque no puedo ir a Seattle...
Suena soñador.
―Nos veremos los fines de semana, ―le ofrezco, sabiendo lo que está pensando.
Su mirada se encuentra con la mía.
―Cierto, y durante la semana también.
Río, pasándole los dedos por el pelo.
―Vale.
―Vale.
¡Hola!
Se ve que Bella no va por los rincones llorando por Edward (y tampoco es que él lo esté haciendo en Alaska). ¿Qué os parece? ¿Qué pensáis de este capítulo?
Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Nos vemos el fin de semana!
-Bells :)
