Hola de nuevo, quiero agradecerles a todos. Ya he terminado los preámbulos e iniciaré la historia de una forma un poco más formal. Espero no fraccionar más los capítulos, sino que los podamos leer de corrido, El texto en cursiva serán recuerdos. Como siempre ¡Espero que lo disfruten!
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Capítulo 4. Cuando los aliados llaman.
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-¡Astrid! – gritó una angustiada Ventino a su amiga recostada en el césped.
- ¿Qué sucede?, creí que habíamos hablado de tomar un descanso antes de llegar a casa –Respondió la perezosa rubia.
- Hemos recibido un mensaje de Keikruk, algo grande está pasando.
Una vez dicho esto, la rubia se puso en pie y recibió la nota de manos de su amiga, "regresen, emergencia", era todo lo que decía. Tales palabras pusieron a latir con fuerza el corazón de la princesa. Habían pasado ya dos meses desde que el equipo de seis guerreras abandonó Keikruk, Información de una posible gran transacción de los traficantes, las había forzado a internarse en las costas del gran continente de Wintek y ahora tras duras batallas retornarían a casa.
-Muy bien señoritas, hemos recibido una comunicación de Keikruk, se nos pide regresar –dijo la chica con autoridad a sus compañeras -No sabemos qué es lo que está sucediendo, monten a sus dragones y partamos de inmediato. Es posible que estemos bajo ataque. Sé que están cansadas y heridas, pero proteger nuestro hogar será una prioridad.
Las cinco jóvenes que miraban a su líder, asintieron con la cabeza y montaron sus dragones a toda prisa. Se encontraban tan solo a unas horas de vuelo, Ventino tomó de su hombro a un diminuto dragón rojo y le susurró – llévanos a casa- De inmediato la criatura voló en dirección a su nido, ubicado en el bosque de Keikruk. El camino de regreso fue angustiante, la zozobra y el cansancio se marcaba en el rostro de las jóvenes. Cada una de las chicas montaba su propio dragón. Astrid era acompañada por Stormfly. Sin embargo, a lo lejos siempre se divisaba la mirada vigilante de Winstar, aquel extraño dragón que sin importar qué, nunca la dejaba sola. Sus dragones eran principalmente pesadillas y naders, estos últimos eran la especialidad de su tribu. Para las guerreras blancas los dragones eran sagrados y nunca debían salir de su ambiente para servir a deseos humanos. Sin embargo, eran respetuosas de los deseos de las criaturas, podrían acompañarlas tanto como lo quisieran y abandonarlas cuando así lo decidieran. Pese a esto, ellas conocían la fidelidad de los dragones, y sabían que podían confiar ciegamente en ellos.
Tras algunas horas de viaje se pudo divisar el gran dragón marino que soportaba su pueblo. El animal no se sumergía, Las guerreras creían que los howenh las mantendrían a flote hasta el día que la profecía se cumpliera y su tribu liberara a los dioses de las cadenas invisibles de la muerte. Al sobrevolar su aldea, las jóvenes se miraron extrañadas, todo parecía particularmente normal. Excepto por el hecho de que la gran la criatura marina se encontraba ubicada realmente cerca del archipiélago bárbaro. Algo que nunca antes había sucedido. Las guerreras decidieron bajar de sus dragones directamente frente al gran salón, Astrid tomó sus cosas e ingresó a su casa, extrañándose de encontrarla fría y vacía. De inmediato entró al gran salón donde una anciana la llamó a su mesa.
-¡Has vuelto!, no las esperábamos tan pronto – comentó la anciana
-¿Dónde está mi madre?, he ingresado a casa, pero parece que no ha estado allí en un tiempo.
-Tu madre ha partido a la guerra-respondió la anciana con simpleza-Estoy a cargo ahora, pero ya que has vuelto tú lo estás.
-¡Explícate por favor!, y háblame de nuestra posición, Keikruk no suele desplazarse tan al norte, me preocupa.
La anciana acercó a la joven con su bastón curveado y respondió: - Sabes cómo funciona princesa, los dioses moverán nuestra isla a donde debamos estar. ¿Qué tal tu búsqueda, encontraste al dragón?
-Lo de la subasta resultó ser una pista falsa. Sin embargo, no podemos ignorar que hay quienes afirman que han visto al misterioso dragón. Es un hecho que vive, pero se siente como buscar una aguja en un pajar. Por otro lado… ¿cómo sabes que a Keikruk no le apetecían algunos peces bárbaros? –dijo en broma
La anciana rio ante el comentario de la joven y replicó con una sonrisa – Ya han pasado dos años desde tu coronación, esperaba que hubieras aceptado tu destino.
¡Jamás! – Afirmó Astrid en un vehemente susurro – Cómo se supone que acepte el hecho de que el alma de una diosa resida en mí, que me forzará a actuar como ella y no como lo dictan mi personalidad y mis principios. Pero sobretodo, que conoceré a un hombre de quien me enamoraré perdidamente y con quien me casaré de inmediato. Pueda que esto sea lo que Kre desee, pero jamás será lo que Astrid quiera. Nací guerrera y moriré guerrera, esto no cambiará. No cederé a este destino, no sin luchar, es por eso que decidí buscarlo, quizá el piense lo mismo que yo, y me conceda la libertad que los dioses parecen querer negarme.
- ¡No hables así de tus dioses! – replicó la anciana con rudeza – El cielo te ha encomendado una tarea, algo que tan solo tú puedes hacer, pero que repercutirá en el futuro de hombres y mujeres inocentes. Ya tendremos nuevas pistas del dragón, por ahora concentrémonos en esta batalla. – La anciana se alejó un poco y relajó su ceño fruncido - Desde que ustedes partieron hacia Wintek, Keikruk empezó a desplazarse hacia el norte, justo en dirección al archipiélago bárbaro. Enviamos dos grupos de exploradoras, y un equipo de inteligencia, quienes identificaron una gran flota de barcos dirigiéndose al archipiélago desde el sur, tememos que entrarán por Berk. No portan escudos o algún símbolo distintivo, pero por lo sabemos su objetivo son los dragones. Hay toda una armada establecida a diez días de navegación a Berk.
-Me preocupa mucho esta situación – replicó Astrid – Keikruk no ha dejado de moverse en los últimos tres años, y no creo que sea por el sabor del pescado. A decir verdad, el tráfico de esclavos y dragones parece intensificarse, incluso cuando hemos golpeado sus finanzas, y hundido flotas enteras. Es como si la demanda no dejara de aumentar, los ataques a inocentes se han hecho cada vez más violentos, temo que llegue un momento en que no podamos hacerles frente. Y mira como es la vida, tendremos que proteger a Berk, aun cuando son ellos con sus jinetes y su "gran conquistador de dragones" quienes agudizaron el problema.
- Sabes que no es cosa de ellos – respondió suavemente la anciana - No creo que el conquistador de dragones tuviera una mala intención. Según la información de Itali y Mala parece que los jinetes no dañan a los dragones. Aun así sabes que no los defenderé. Tu madre partió a la tribu de las doncellas aladas, les informará y deberán y proteger a los látigos afilados que allí residen, de eso ya hace 5 días. Sin embargo, las noticias son desalentadoras. Existen numerosos nidos de dragón en el archipiélago bárbaro. Y aunque están lo suficientemente protegidos, el problema está en los dragones que coexisten con los humanos, Hasta donde sabemos, se ha establecido un plan para proteger a las hembras y los bebés que están al cuidado de las doncellas aladas. Nos hemos comunicado también con Heather y Mala, para proteger al Erupciodon y los dragones de la isla Berserker, pero el problema sigue siendo Berk.
-¿Cuál es nuestra posición en distancia a Berk?, nunca hemos mapeado esta zona – preguntó Astrid en un tono serio.
-Estamos a dos días de vuelo a Berk, y medio día a la isla de las doncellas aladas, tendríamos que atravesar una buena parte del archipiélago bárbaro para llegar hasta allí, no podremos darles apoyo a tiempo –se lamentó con tristeza la anciana.
-La armada está ubicada a diez días de navegación a Berk y nosotras a dos días en vuelo, lo que implica que nos tomará cuatro días de vuelo llegar hasta la posición de los atacantes, eso si partimos de inmediato. Un escuadrón aéreo podría servir de apoyo, pero no tenemos mucho tiempo, ¿por qué no nos contactaron antes?, hubiésemos regresado de inmediato. – Preguntó la joven exasperada.
-¡Porque no teníamos planeado contactarlas! – Dijo la anciana en un tono molesto – Podemos hacernos cargo de este tipo de situaciones, tu escuadrón está haciendo más que suficiente. Es su deber buscar al dragón, y de paso ustedes están liberando esclavos, me parece suficiente para seis jovencitas que no superan los 20 años.
Entre más se alargaba la conversación, más se exasperaba Astrid, sabía que su equipo estaba cansado por los largos vuelos de regreso, incluso una de sus guerreras estaba lesionada, pero aun así, ella no era de las que se quedaba quieta y esperaba que le dijeran qué hacer.
-Déjame decirte que esta jovencita de veinte años, te pone a cargo de nuevo. No pienso dejar a mi madre sola, especialmente rodeada de gente en la que no confío. Hablaré con mi equipo y partiremos de inmediato.
La anciana quiso replicar, pero para cuando pudo hacerlo la joven ya había partido hacia el pueblo. Keikruk era un paraíso en muchos aspectos, pese a estar en la espala de un dragón, allí había todo un ecosistema, sin duda a los dioses les había costado algo de tiempo crear algo así, y las guerreras blancas se sentían honradas del regalo de sus dioses, uno que no sólo les daba un hogar, sino que además les recordaba que tenían una importante misión con el mundo. La paradisiaca "isla" no contaba con muchos habitantes, pero su sistema social de arte, oficio y profesión, les permitía perfeccionar sus talentos, y explotarlos al máximo. Su orfebrería era hermosa y se vendía a gran precio en los diferentes mercados, se especializaron en el tratamiento de metales, aleaciones y cristales, lo que les permitía la creación de herramientas más complejas. Pese a que aún trabajaban el cuero, sus vestimentas estaban hechas a base principalmente de telas como la seda y el algodón, todas de color blanco con algunos adornos dorados y plateados, dándoles a sus mujeres un aire de pureza y pulcritud.
Las casas eran un poco más normales, ya que los dragones no solían dormir con los humanos, por lo que tenían un lugar en la isla especialmente diseñado para su comodidad, o como criaturas salvajes simplemente dormían en el bosque. A decir verdad, la única que dormía con un dragón era Astrid, ya que por más que intentaron no pudieron separarla de Winstar.
Astrid montó a Winstar y se dirigió al área donde se encontraban sus amigas, a quienes explicó la grave situación, y acudió en busca de apoyo.
- Sé que están agotadas, si les soy franca también lo estoy - explicó la joven – pero siento que debemos estar allá, somos el equipo más consistente sobre el aire, y con tantos ataques no tenemos muchas guerreras disponibles, pero sobre todo, hemos sido una familia durante los últimos años y no me creo capaz de compenetrar con alguien como lo hago con ustedes.
-No te preocupes Hofferson sabemos que somos geniales - replicó una alta y delgada señorita en un tono burlón– sabes que te seguiremos a donde vayas, así implique perseguir al mismísimo conquistador de dragones en su furia nocturna.
Una vez dicho esto toda la tensión del ambiente se disipó y las jóvenes rompieron en risas. Los rumores del conquistador de dragones se difundieron rápidamente. No había persona que no hubiese escuchado del gigante que montaba al poderoso y extinto furia nocturna, que con su mirada era capaz de hacer que cualquier dragón se pusiera a sus pies. Mucha gente lo creyó y sintió temor de él. Muchas culturas relataron la existencia de gigantes y titanes que dominaban a los hombres, e imaginarse a uno montando un dragón mitológico sonaba realmente intimidante. Pero para ellas que conocían la nobleza y tenacidad de los dragones no eran más que patrañas, y con el tiempo, se convirtió en una broma con la que se referían a cualquier cosa que pareciera imposible.
Solo cinco guerreras partieron rumbo a Berk, lamentándose de dejar a su amiga herida atrás. Cada una de ellas pidió apoyo a un dragón de la isla, ya que aquellos dragones que las acompañaron con anterioridad estaban cansados, y dada la naturaleza de las criaturas habían establecido lazos de respeto y cooperación, pero contrario a los jinetes, no había un dragón esperando permanentemente por ellas, El caso de Astrid era especial, no se trataba de no haber intentado dejar a Stormfly o Winstar para descansar, eran los mismos dragones quienes insistían en quedarse a su lado.
El vuelo sobre el archipiélago bárbaro fue largo, especialmente por que aprovecharon el tiempo para analizar cualquier cosa que les pareciera sospechosa, o que fuera potencialmente útil para librar la batalla. Decidieron no llegar a Berk directamente, lo rodearían en busca de cualquier información útil, estableciendo que tres de las guerreras se posicionarían estratégicamente en el estrecho que conduce al banco de niebla, un sitio que debía ser vigilado ya que topológicamente era una probable forma de acercarse con sigilo a Berk.
Astrid y Ventino continuaron su camino. A lo lejos vislumbraron con asombro al gran pueblo de Berk. Pese a los rumores sobre jinetes y conquistadores, nunca se acercaron realmente a esta tribu, pues según Val, los Berkianos eran guerreros de buen corazón, pero que odiaban a muerte a los dragones, algo que nunca cambiaría. Información suficiente para mantenerlas alejadas, ya que confiaban en que sus aliadas dentro del archipiélago mantendrían a salvo el mayor número de dragones posible. Desde el aire Berk era hermoso, parecía utópico ver tantos dragones conviviendo con humanos, sin duda era diferente a lo que acostumbraban, ya que aquí los dragones vivían directamente con las personas, como si cada familia hubiese adoptado su propio dragón. Astrid los miró con recelo y decidió que no aterrizarían en el pueblo, Bajaron de sus dragones en la cala de un bosque cercano, acordando que Ventino se quedaría a su cuidado y que Astrid buscaría a las suyas en el pueblo.
Astrid reconoció la vestimenta de algunos guerreros de los defensores del ala, y vislumbró a lo lejos a cizalladura, el dragón de su amiga Heather, lo que la hizo suponer que sus aliados estaban allí. Era desesperante la forma en que la gente del pueblo la miraba, como si pareciera irreal. El látigo afilado estaba descansando a las afueras de un enorme edificio, el cual esperaba fuera el gran salón. Caminó con pasos apresurados e ingresó, encontrándose con una gran cantidad de personas con rostros de angustia, todo el pueblo parecía estar agitado, indicándole que ya estaban enterados del inminente ataque.
Buen día, busco al jefe de la tribu – mencionó Astrid a un hombre que portaba un cubo de metal en la cabeza.
-El jefe Estoico está ocupado – afirmó el hombre con duda.
- ¿Quién eres y para qué lo necesitas?– preguntó un hombre más bajo parado junto a él.
-Provengo de la tribu de las guerreras blancas, mi reina se ha desplazado a Berk, debo reunirme con ella de inmediato.
- Hubieras empezado por ahí muchacha – afirmó el hombre, guiándola a una habitación ubicada al fondo del edificio.
- Me temo que debes esperarla, están en medio de una cumbre de líderes, todo el consejo está reunido.
- Lo sé, y si me lo permiten me gustaría unirme a esta reunión – respondió la rubia con simpleza.
- El hombre abrió con suavidad la puerta, pero no pudo evitar el fuerte crujir de la misma, interrumpiendo a todos los que se encontraban allí reunidos.
- ¿Qué sucede?, estamos en medio de algo importante –Afirmó una poderosa e imponente voz desde adentro – he dicho que no nos interrumpan de no tratarse de algo urgente.
- Lo vez cubeta te dije que no interrumpieras al jefe – dijo el hombre de baja estatura a su alto y rubio amigo.
-Lo siento jefe fue mi culpa, no debí interrumpirlo– se lamentó cubeta.
Astrid miraba con simpatía desde afuera al extraño dúo.
- Hay una jovencita que dice querer unirse a su reunión – mencionó el hombre.
Ante este comentario toda la sala se tensó, se miraron unos a otros como preguntándose quién era la joven o si alguien la estaba esperando. Una vez dicho esto Astrid se apresuró a entrar. Hubo un silencio sepulcral una vez ingresó a la sala, sus conocidos la miraban como si no esperaran verla allí, y los desconocidos con infinita curiosidad. De pronto una joven pelinegra atravesó corriendo la sala y se colgó del cuello de la recién llegada. – Sabía que vendrías – dijo en un suspiro.
La rubia le sonrió tiernamente y se soltó de su agarre, pero siguió sujetando su mano con firmeza, insinuándole que no la abandonaría.
- Espero que estén teniendo un buen día pese a la situación. Si me lo permiten me gustaría quedarme y aportar a su reunión – dijo la joven en un tono firme y sin presentarse. Se pudo escuchar como los más jóvenes de la sala tragaron saliva, como si hubiesen estado conteniendo la respiración por un tiempo.
-Es una de nuestras guerreras, les pido por favor se le permita participar – informó la reina Amira, dando una mirada acusadora a su hija.
¡Puede quedarse! – Afirmó Estoico, dispuesto a continuar con la interrumpida reunión. El jefe de Berk se dispuso a explicar de nuevo la situación, señalando posiciones sobre un gran mapa dispuesto en la mesa del centro. Los aliados escuchaban atentos cada detalle de lo dicho por el corpulento hombre, mientras que los jóvenes jinetes miraban con atención a la recién llegada. Especialmente Hiccup, el heredero de Berk, quien tenía la sensación de haberla visto en algún lugar.
-¿Tenemos números? – preguntó Astrid, sintiéndose particularmente cómoda en la reunión de líderes.
-Nos hemos acercado, y creemos que habrá al menos 10 barcos por lo que esperamos enfrentar unos 150 o 200 hombres – Afirmó Mala, reina de los defensores del ala, mirando con ternura a la chica.
- Me temo entonces que debemos planear una ofensiva, que en mi perspectiva debería ser un ataque aéreo. Atacarlos desde el mar o por tierra implica movilizar valiosos recursos y muchas personas, lo cual requerirá de una compleja logística y sería un riesgo enorme – Afirmó Astrid con convicción -Por otro lado no podemos esperarlos en Berk, son numerosos y debe ser nuestra prioridad minimizar las bajas tanto de dragones como de humanos.
-¡Me opongo! – dijo Spiteloud, representante del clan Jorguenson de Berk – Debemos atacarlos aquí, así podríamos contar con un mayor número de guerreros, los dragones nos apoyarían y saldríamos victoriosos. Conocemos nuestras tierras, tendremos la ventaja.
-Un jefe protege a los suyos – dijo la rubia en un desafiante tono – No podemos arriesgar vidas de forma innecesaria, permitirles acercarse es poner en riesgo a todo aquel incapaz de defenderse, incluidos allí niños y ancianos. Si actuamos con inteligencia podemos reducirlos en número y con suerte evitar cualquier ataque a Berk o a los otros pueblos del archipiélago. Hemos de diseñar una estrategia que nos conduzca a la victoria, desconocemos la naturaleza de nuestros enemigos, su habilidad o armamento, Es demasiado arriesgado solo esperar y defendernos cuando no sabemos cuánto daño con capaces de hacer. Sin duda alguna es mejor arriesgar poco, movilizar pequeños y efectivos grupos que nos permitan obtener información y debilitar sus fuerzas, no esperarlos y arriesgarnos a perderlo todo.
Los presentes se miraron unos a otros, la reciente discusión los pondría a elegir entre defenderse o atacar, Decidieran lo que decidieran los números no estaban a su favor, por lo cual deberían decidir y actuar rápido.
-Insisto en que aún debemos tratar de acercarnos y conciliar, sigue siendo una tercera posibilidad. – Afirmó el joven heredero, ganándose las miradas de todos los presentes.
- Hemos estado en esta clase de situación muchas veces y el diálogo no nos ha funcionado muy bien – dijo la joven con suavidad, girándose a ver al joven de ojos verdes, - Son hombres crueles, despojados de toda humanidad. Si su objetivo son los dragones, no hay mucho que podamos decir o hacer para convencerlos de no atacar, aunque valoro el gesto de paz que ofreces. Supongo que podríamos considerarlo y no atacar hasta que nos acerquemos y comprendamos mejor la situación.
-En tal caso estoy completamente a favor de la ofensiva – dijo el joven sonriéndole a la chica – Me parece la opción más viable, y la que implica un menor riesgo para Berk.
También estoy de acuerdo – afirmó Estoico mirando a los líderes allí presentes, quienes asintieron con la cabeza.
¡Entonces está decidido! –Dijo la rubia con confianza -nos desplazaremos hacia su posición y trataremos una conciliación. En caso de no lograrlo procederemos a atacar. Ahora solo resta planear la ofensiva, me preocupa la falta de información, nuestra tribu no se ha internado mucho en este archipiélago por lo que lamento no podamos aportar lo suficiente.
No te preocupes, reconocemos y agradecemos el apoyo de tu tribu hacia todos nosotros – dijo Hiccup sonriéndole a la chica -Ustedes no pertenecen a nuestro archipiélago y aun así están aquí, ofreciéndonos su ayuda para proteger a nuestra gente y nuestros dragones, incluso su reina ha venido personalmente. ¡Es más que suficiente!
Había algo en la torcida sonrisa del joven que lo hacía parecer encantador, Astrid odiaba esos momentos de debilidad en que alguien llamaba demasiado su atención, así que simplemente volteo su rostro para ver a su amiga quien aún sujetaba nerviosamente su mano, lo que la tenía más que preocupada.
El heredero de Berk tomó un enorme trozo de pergamino y lo extendió sobre la mesa, allí estaba el mapa más detallado que las guerreras hubiesen visto en la vida. – ¡Debó reconocer que tienen un excelente cartógrafo!-dijo Astrid con una amplia sonrisa-No puedo negar que este es el trabajo de un verdadero genio.
Estas palabras provocaron un intenso rubor en el joven, quien agradeció con un tímido "gracias".
Es realmente impresionante Hiccup Haddock, no sabíamos que tuvieras este talento – Mencionó Mala.
¿Tú lo hiciste? – Preguntó Astrid con interés, a lo que el castaño sólo asintió – Entonces joven Hiccup Haddock, déjame decirte que tienes un maravilloso talento, te felicito.
-Gracias -dijo el joven con una voz menos tímida, pero conservando el rosado de sus mejillas.
Muy bien señores manos a la obra – Afirmó Dagur acercándose a la mesa. Pronto sus homólogos siguieron su ejemplo, quedándose el resto del consejo y los guerreros acompañantes un poco más atrás. Hiccup y Astrid fueron los únicos no jefes en permanecer junto al mapa.
-Somos realmente pocos, sería útil si pudiéramos usar el ambiente y la topografía a nuestro favor -Afirmó la reina Amira.
El archipiélago bárbaro es bastante amplio, y las condiciones climáticas son muy variables, no creo que tengamos esa clase de información. – Mencionó en voz baja un rubio y regordete chico que jugueteaba con sus manos.
No necesariamente – respondió Astrid – si podemos posicionar a los dragones sobre el mapa podemos conocer mucho de la vegetación, el ambiente y las condiciones de cada lugar, podemos usarlo como una ventaja y basar en ello nuestra estrategia.
¡Por supuesto! – Respondió el joven emocionado -nosotros con los demás jinetes de dragón hemos censado los dragones de las diferentes áreas que visitamos.
Las guerreras blancas fijaron ahora su atención en el joven rubio, quien se había autoproclamado un jinete de dragón, algo que las había tenido intrigadas desde su llegada a Berk.
Ya veo – Afirmó Astrid con un tono de burla en su voz - Entonces señor Estoico, permítame sugerir con todo respeto la presencia del conquistador de dragones en esta reunión- Sin duda, el podrá situar las especies dominantes de dragones sobre este mapa de una forma más precisa.
Pues lo tienes justo frente a ti muchacha- Respondió Estoico orgulloso – Mi hijo Hiccup Horrendus Haddock III, es el conquistador de dragones.
La pregunta de Astrid había sido malintencionada. Ante la mención de un jinete de dragón entre ellos, le pareció divertido mencionar al afamado conquistador, pero no estaba lista para tener respuesta alguna a su comentario, más allá de las risas que rompieran la tensión en el ambiente. Al escuchar la respuesta la chica alzo la vista, cuando su mirada se cruzó con la del joven Haddock, soltó la mano de Heather para llevar la suya rápidamente a su boca, y ocultar que estaba a punto de echarse a reír, hecho que no pasó desapercibido por el joven castaño.
¡Prefiero que no me llamen de esa forma!- afirmó el joven molesto-Todos aquí saben que no hago tal cosa como "conquistar dragones"
¿Entonces lo de la mano no era para eso? , siempre creí que era para eso – Mencionó un joven de largo cabello rubio trenzado y casco con cuernos.
No hermano, sabes que Hiccup les habla a los dragones y usa su aburrida voz para que le hagan caso cuando se cansan de escucharlo, es lo mismo que nosotros – Replicó una alta rubia, la cual era realmente parecida a su hermano.
Astrid ya no podría contenerse mucho más. Sin duda tendría una gran historia que contar a sus amigas esta noche, y estaba segura de que no pararía de reír y bromear al respecto por semanas.
¡Basta! – afirmó Estoico, harto de las burlas hacia su hijo – Pediste al conquistador de dragones, pues aquí lo tienes, pregunta lo que desees saber.
Astrid, se mordió la lengua en un intento de no reír en la cara del joven, que ahora la miraba con desagrado. -Te ofrezco una disculpa, de donde provengo hemos escuchado mucho del conquistador de dragones, y sin duda no eres lo que esperaba encontrarme.
Estas palabras realmente habían herido el orgullo de Hiccup. La joven era la más hermosa mujer que hubiese visto alguna vez, y desde que entró, no había hecho más que actuar con simpatía y ser amable con él, pero ahora parecía decepcionada de saber que él era el conquistador de dragones. Por primera vez en mucho tiempo sintió esa odiosa sensación de no ser suficiente para alguien.
¿Y bien… qué deseas saber?-preguntó el joven con desdén
¿Podrías por favor ubicar las especies dominantes en cada punto del archipiélago? –Pidió la chica con una dulce y avergonzada mirada -Los dragones son criaturas realmente especiales, muchos como los terrores terribles son ampliamente generalistas y pueden habitar muchos ambientes a la vez, pese a ser muy territoriales. Pero otras especies como el Bufalord, requieren de ambientes con condiciones realmente específicas, lo que podría sernos muy útil para utilizar el ambiente a nuestro favor.
La joven al parecer no solo era hermosa e inteligente, también sentía profundo amor y curiosidad por los dragones, hecho que no pasó desapercibido por el joven, quien en un intento de cautivar su atención de nuevo, se dispuso rápidamente a ubicar las especies sobre el mapa sin dejar de sonreírle, dándole a entender que él era todo un conocedor del tema de los dragones, y sin duda alguna podría presumirle de su furia nocturna, quien por cierto no estaba allí presente y había estado actuando raro todo el día.
-¿Qué hay de las furias nocturnas?, ¿podrías ubicarlos también? -preguntó coqueta la rubia, ganándose una amplia sonrisa del chico.
-Me temo que no he encontrado tal cosa como un nido de furias nocturnas y mira que lo he buscado, pero sin duda creo que te gustaría…
-Antes de que el joven pudiese hablarle de conocer a su compañero, la joven guerrera se echó a reír con todas sus fuerzas – No tienes que explicarme nada, entiendo lo de los furia nocturna. No puedo creer que la gente tenga tanta imaginación, qué te parece si mejor hablamos de la estrategia, al fin y al cabo es lo que nos tiene aquí reunidos.
El joven se sonrojó profundamente, ya que sin notarlo habían estado conversando sólo entre ellos, ignorando al resto de los presentes, quienes los miraban con interés y no sólo por los importantes temas que discutían, sino por la forma en que se miraban, como era el caso del mismísimo Estoico el Vasto.
-¿Les importa si hecho un vistazo? – Se acercó el chico regordete, sacando a los jóvenes de sus ensoñaciones - Mi nombre es Fishlegs Ingerman, jinete de dragón y cuidador del libro de dragones. El joven se abrió paso y se posicionó junto a Hiccup.
Pronto los jinetes dieron un paso al frente así como los líderes de la isla Berserker y los defensores del ala. Juntos usando todo el conocimiento que tenían sobre dragones habían trazado una ruta de ataque y un plan que incluía a todos los miembros del archipiélago bárbaro, generándoles la ilusión de que podrían lograrlo, a excepción de Heather que aún parecía nerviosa. Las funciones eran divididas y cada tribu se comprometía para dar lugar a la difícil misión, de pronto la pelinegra dijo con preocupación.
-No estoy segura de que funcione – Pronto todos voltearon a verla, intrigados por su negatividad, especialmente Astrid, quien había sido como su hermana por muchos años, siendo su fortaleza cuando perdió a su familia y cuando se encontró con su hermano Dagur. Heather era una chica brillante y fuerte, pero ese día se le veía particularmente nerviosa.
Astrid se acercó de nuevo y tomó la mano de su amiga - ¿Todo en orden? – Preguntó la rubia – ¿Fuiste tú quien envió el mensaje no es así?- La pelinegra asintió con la cabeza.
-Lo siento sé que estabas muy lejos, y has hecho un gran esfuerzo para venir hasta aquí, pero hay algo que necesito decirte, y sabía que si te enterabas de la emergencia acudirías en nuestro apoyo de inmediato. – El tono de la chica dejaba leer entre líneas la gravedad de la información que tenía, haciendo que todos la miraran expectantes. – Antes de venir a Berk tuve la oportunidad de sobrevolar su armada, y he reconocido un símbolo tatuado en el rostro de un hombre. Tan sólo lo portaba él, el resto parecían limpios, pero sin duda alguna era el símbolo de Kwányip- Dicho esto el ambiente se tensó de inmediato, todos se miraron impactados y los representantes de Berk parecían desconcertados.
Astrid se acercó a su amiga y besó su frente, acarició su mejilla y dijo -"Te juro por mi vida que nada te sucederá ni a ti ni a los tuyos"-. Su expresión cambió de inmediato, se tornó sería y oscura.
-¿Qué es Kwányip? Preguntó Hiccup.
Astrid ignorando la pregunta del chico miró fijamente al jefe de Berk y dijo: - Solicito que todos los miembros del consejo de Berk abandonen la sala. Señor Estoico el Vasto, lamento decirle que la situación ha cambiado, le pido con todo respeto que llame a su lado a las dos personas en quienes más confíe, y que el resto de su gente se retiré de inmediato.
La gente de Berk miró con sorpresa a Astrid, pero más impactante fue como todos los líderes a excepción de Dagur secundaron su propuesta, la reunión no continuaría hasta que estuvieran solos.
Notas de Autor:
Espero que hayan disfrutado la lectura, en el próximo capítulo sabremos un poco más de qué es lo que está pasando y Astrid pondrá contra la pared al pobre Hiccup. Espero empezar a resolver algunas cosas que han quedado abiertas. Por cierto Wintek significa cielo del Este y es de donde proviene el Dios Kenos.
En total son 4 cielos y en la historia corresponderán a lugares especialmente amados por los dioses, y que poseen algo particular.
Esta no es la primera vez que Hipo y Astrid se encuentran, aunque ellos aún no lo saben.
