Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


CURTAINS

Capitulo quince

Nos quedamos hablando hasta tarde. Es la primera vez que estoy en la misma habitación con Alice, Jasper y Edward. La primera. En el instituto pasé mucho tiempo con Alice, pero nunca llegué a conocer a Jasper. Ahora paso mucho tiempo con ellos; además de mis compañeras de piso, ellos son mis amigos más cercanos. Había sabido que Alice invitaba a su hermano a cenar muy a menudo y había sospechado que era solo cuestión de tiempo que los dos acabáramos allí juntos.

Al final tampoco es tan raro estar con él. Hay muestras del crecimiento de Edward; ya no está tan apagado y no se enciende tan rápido.

Mientras que yo he pasado años aprendiendo a descongelarme, él ha estado aprendiendo a enfriarse.

Al final, el vino tinto y el blanco se acaban y los restos de la cena están esparcidos por la encimera de la cocina, dónde Alice se niega a dejarme ayudar. Esta noche me apetece algo dulce, pero Alice no ha hecho postre esta vez, así que supongo que no tengo suerte.

―La próxima vez voy a hacer brownies, ―le digo, poniéndome la sudadera mientras me preparo para marcharme.

―Vale. ―Sonríe―. ¿El viernes?

Miro a Edward, que tiene las manos metidas en sus bolsillos mientras mira al suelo.

―Sí, vale, ―acepto, adelantándome para abrazarla―. Te quiero.

―Yo también te quiero, ―dice, dándome un rápido apretón.

Jasper también me abraza y luego me pongo las zapatillas.

―Te acompañaré fuera, ―dice Edward, poniéndose también sus zapatos.

―Ah, no, está bien. He aparcado justo delante, ―digo, intentando sonreír mientras bostezo.

―No, debo hacerlo. ―Frunce el ceño y, de alguna manera, que está pensando en la noche que me dejó volver caminando sola a casa. Una pequeña chispa de un antiguo enfado se enciende en mi interior al recordarlo, pero muere tan rápido como prende.

Ya no quiero ser esa Bella, así que no debería permitirle seguir siendo ese Edward.

Con la mano en el pomo de la puerta, espero pacientemente a que Edward se despida y luego nos marchamos juntos, preparándonos para enfrentarnos al golpe del frío viento de Seattle por la noche.

―¿Quieres ir a tomar un café o algo? ―pregunta mientras bajamos los escalones―. Podríamos encontrar un café que tenga brownies... à la modé o algo.

Me tienta, en varios sentidos, pero la idea de estar a solas con él en alguna parte hace que se me encoja el estómago. Me pone ansiosa.

―No, gracias. Estoy un poco cansada, ―digo, subiéndome la cremallera hasta arriba.

―Sí, te entiendo, ―dice.

Le echo una mirada, pero su expresión es tan estoica como siempre; ilegible.

―Gracias. ―Nos detenemos junto a mi camioneta, nos abrazamos brevemente y luego se marcha.

* . *

Ajusto la lente de mi cámara, esperando tener el enfoque correcto para la luz de hoy. Todo es más definido, las sombras más oscuras y la luz más brillante. Las hojas de los árboles se han profundizado considerablemente -parece que están sangrando o envueltas en llamas.

Hoja, cielo, tronco de árbol... pelo.

Bajando la cámara, me doy cuenta de que el pelo de Edward es otoñal. Ajeno a mí, y aparentemente a todo, está en medio de este tumulto de follaje, sentando en otro banco y mirando algo que tiene en las manos. Impulsivamente, le saco dos, tres fotos, haciendo zoom en la última.

* . *

No me siento tan sorprendida como debería cuando abro la puerta y le encuentro ahí parado, con una bolsa de papel en las manos.

―Hola. ―Sonríe, con facilidad.

―Hola. ―Sonrío y me hago a un lado para dejarle entrar.

―Brownies, ―dice, levantando la bolsa hasta la altura de los ojos.

―Edward, ―digo riendo―. No estoy... obsesionada con los brownies, ¿sabes? Solo me apetecían la otra noche...

―Me han hecho pasar, ¿no? ―Se encoge de hombros.

―¿Te ha dado Al mi dirección?

―Sip, ―dice, mirando a su alrededor.

En mi habitación, me siento en medio de mi cama y le hago un gesto para que haga lo mismo. Se quita los zapatos y se sienta junto a mí -su cuerpo se mueve con la misma gracia de siempre.

Me encantan los brownies, es cierto.

―¿Quieres leche? ―pregunto, moviéndome hacia delante para poder bajar de la cama.

―Odio la leche, Bella. Ya lo sabes.

―No sé nada sobre ti, ¿recuerdas? ―digo, dejando la habitación.

Cuando vuelvo con leche para mí y agua para él, está en silencio, y entonces pregunta:

―¿Me odias?

―No. ―Me paso el dorso de la mano por la boca―. Nunca te he odiado.

―Estás diferente, ―digo.

―Tú también. ―Me encojo de hombros, echándome hacia delante para dejar mi vaso en la mesilla de noche.

Me quita el vaso de la mano y lo deja junto al suyo.

―¿Ahora eres feliz?

―¿Sigues pensando en ellos todo el tiempo? ―pregunto en lugar de responder.

―A veces.

―Yo también, ―digo suavemente, tirando de un hilo del borde de mis vaqueros―. Ahora llevo su anillo.

Me mira la mano.

―Estoy bien. ―Suspiro―. Pero me ha llevado un tiempo, ¿sabes?

Él asiente.

―Siento haber dejado que te fueras andando sola a casa.

―Me alegro de que lo sientas, ―digo, y le toco la rodilla.


¡Hola!

Bueno, antes de nada quiero agradeceros vuestra paciencia. Ha sido un mes cargadisimo para mí y he tenido tiempo para muy pocas cosas, así que esta ha sido una de las que he tenido que postponer.

Pero ya pasó y vuelven las actualizaciones semanales. Además, ya tengo terminada la traducción que voy a subir después de esta y en las próximas semanas os iré dejando el summary para que sepáis de qué va.

Y ahora sí, ¿qué os ha parecido este capítulo? Ya se va viendo un acercamiento real y estoy deseando leer vuestras opiniones al respecto.

Nos vemos el lunes.

-Bells :)