Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
CURTAINS
Capitulo dieciséis
En lugar de despertarme con el despertador, lo hago con el suave golpeteo de la lluvia.
Cojo mi teléfono de la mesilla de noche y apago la alarma de todas formas, no queriendo que su estridente pitido perturbe el silencio de la mañana.
Al parecer, va a ser un día de conducir.
La lluvia hace que sea difícil tener ganas de ir a ninguna parte. Todo lo que quiero es holgazanear en ropa interior y ver la televisión, pero con todo un día de clase y trabajo por delante, quedarse en casa no es una opción. Sentándome, me paso la mano por la cara y bostezo. Seguramente debería haber considerado estas cosas antes de mudarme de nuevo al lugar más lluvioso del planeta, pero es demasiado tarde para ello.
Ducha... zumo de naranja... ropa... mochila.
Estoy a punto de salir al chaparrón, con un paraguas preparado a mi lado, cuando mi teléfono suena en mi bolsillo, vibrando agresivamente contra mi muslo como una abeja enfurecida.
―¿Hola?
―¿Edward?
Frunzo el ceño mientras miro el teléfono.
―¿Bella?
―Sí. ―Ríe nerviosa―. Mi camioneta está dando la lata... ¿vas a tardar mucho en salir?
Si la recojo, llegaré tarde.
―Estoy saliendo por la puerta ahora mismo, ¿necesitas que te lleve?
―Sí, por favor. Siento pedírtelo así, seguramente vas apurado... ―divaga y su voz se desvanece mientras abro la puerta principal. La lluvia cae ya en torrentes, formando pequeños ríos que bajan por la calle.
―Está bien, estaré ahí en un minuto, ―digo, abriendo mi paraguas.
―¿Estás seguro? Yo-
―Bella, está bien, ―digo, un poco molesto―. Prepárate.
Termino la llamada y devuelvo mi teléfono a la seguridad de mi bolsillo antes de que ella pueda decir nada más. Salgo corriendo hasta mi coche, consiguiendo mojarme solo un poco.
Bella está en la escalera de la entrada de su residencia con su propio paraguas. Toco el claxon para asegurarme de que me ve y ella sale corriendo, salpicándose las botas con el agua de los charcos.
―Muchas gracias, ―dice, subiéndose al coche. Su pelo está mojado y me pregunto si es por la lluvia o por la ducha―. No puedo creer que me esté dando problemas de nuevo...
―Tienes algo con las camionetas rojas, ―comento, mirando a ambos lados antes de unirme al tráfico. En el instituto había tenido su viejo trasto rojo; la última es más pequeña y nueva, pero sigue siendo una camioneta.
―Supongo. ―Se encoge de hombros―. Me la compraron mis padres cuando la otra murió.
Asiento, mirándola mientras paro en un semáforo.
―Dinero culpable. ―Sonríe satisfecha.
―¿A qué te refieres?
Me mira un momento antes de girarse hacia la ventana, bajando el dedo por el cristal.
Asumiendo que no quiere hablar de ello, sigo por la carretera. Ella no habla hasta que llegamos al campus.
―Puedes dejarme en la biblioteca, ―dice, jugueteando con la cremallera de su mochila.
La lluvia no da señales de parar, así que me acerco todo lo que puedo al edificio de la biblioteca y aparco, esperando que Bella haga una salida rápida. Ya llego tarde -por lo menos diez minutos.
―Me ignoraron una temporada, ―dice en voz baja, mirándome a los ojos.
―Lo sé, ―digo en voz igualmente baja.
―Tú... ―Hace una pausa y su cara se sonroja―. Tú siempre estuviste ahí... para mí. Incluso cuando eras un gilipollas. Así que gracias.
Oírla defenderse a sí misma es bastante atractivo, incluso aunque me esté insultando.
―Vaya, gracias. ―Sonrío.
Ella sacude la cabeza, sonriendo, y abre la puerta.
―Llámame si necesitas que te lleve más tarde, ―grito.
No lo hace.
* . *
Más tarde, en casa de Alice, le pregunto a Bella cómo ha vuelto a casa.
―He cogido el bus.
―¿Por qué no me has llamado? ―pregunto, dejándome caer en el mismo sofá en el que ella está sentada.
Ella me echa una mirada ligeramente divertida.
―Llevo viviendo aquí casi tres años. Puedo arreglármelas.
―¿Cerveza o vino? ―Alice aparece desde la cocina.
―Definitivamente cerveza, ―digo.
―Yo también, por favor, ―añade Bella, relajándose contra el sofá. Me mira y luego aparta la mirada muy rápido, como si no esperase que la estuviese mirando.
Así que sigo mirando. Alice viene y nos da nuestras cervezas. He notado que Jasper se ha quedado en la cocina y me pregunto ausentemente si lo están haciendo a propósito, obligándonos a Bella y a mí a estar juntos para hablar a solas.
―¿Qué? ―Bella ríe nerviosa, dándole un largo trago a su cerveza.
―Te sonrojas mucho, ―señalo, intentando no reír abiertamente cuando lo hace de nuevo.
―Es una maldición familiar. ―Se encoge de hombros.
―Sí que es verdad, ―digo, terminándome la cerveza.
―Eso ha sido rápido. ―Frunce el ceño.
Yo eructo.
―Aggg, ―dice ella, arrugando la cara y dando ella misma un largo trago.
―¿Deslumbrando a las damas, Edward? ―grita Jasper desde la cocina. Oigo a Alice callarle. Lo sabía, están intentando tendernos una trampa.
Por lo menos Alice.
Ridículo.
―Quiero conocerte, Bella.
Se pone seria muy rápido.
―Ya me conoces. Eres tú el que no quería ser conocido entonces.
―Lo sé, ―digo―. Y lo siento. Pero ahora quiero que me conozcas.
―¿Por qué? ―pregunta, mirándome mientras se acaba su propia cerveza.
―Eso ha sido rápido, ―digo en su lugar, mirando intencionadamente su botella.
Ella eructa e inmediatamente se echa a reír, cubriéndose la boca.
―Eso ha sido caliente. ―Sonrío ampliamente. Me encanta el aspecto que tiene al reírse.
―¿Verdad? ―dice, dejando su botella vacía en la mesita―. Así que, ¿por qué ahora, Edward? ¿Por qué quieres que te conozca ahora?
Porque me siento atraído por ti, deseo decir. Me sentía atraído por ti incluso cuando no te deseaba, y ahora te deseo y me atraes incluso más.
¡Hola!
Bueno, solo puedo decir que la semana pasada se me pasó el lunes sin darme cuenta de que era lunes y luego ya no he podido actualizar hasta ahora.
Pero vamos a lo importante. ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué creeis que dirá Bella? ¿Querrá darle otra oportunidad?
Estoy deseando leer todas vuestras opiniones y suposiciones.
¡Nos vemos el lunes!
-Bells :)
