Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


CURTAINS

Capitulo dieciocho

La lasaña es una de las pocas cosas que se me da bien hacer. La mejor parte de nuestro nuevo apartamento es la cocina; es pequeña -toda una cocina de conveniencia- pero después de pasar el primer y segundo año en habitaciones del tamaño de una celda, es un paso adelante.

Alice se marcha para volver una hora más tarde con Jasper y una botella de vino.

No queriendo parecer demasiado entusiasmada, paso de puntillas por el tema de Edward y dónde está. Tal vez no debería importar, pero me da un poco de vergüenza que Alice sepa tanto sobre mis sentimientos. Gracias a Dios que no sabe toda la historia -en particular, nuestro extraño pasado.

Me conoce, sin embargo, y lo ha hecho durante años.

―Llegará en un momento, ―dice, apoyándose en la encimera mientras yo coloco la pesada bandeja de humeante lasaña sobre un paño para que se enfríe―. Parece que tiene un mal día.

Ruedo los ojos. Eso es algo sobre lo que sé más de lo que me gustaría.

―Hoy ha recibido malas noticias, ―añade al notar mi expresión.

―¿Sobre qué? ―Me vuelvo hacia ella, quitándome los guantes de cocina y dejándolos sobre la encimera.

Alice vacila, mordiéndose el interior de la mejilla.

―Mi tía Kate tuvo un aborto hace un par de días. Edward se unió mucho a ella, el tío Garrett y sus dos niñas cuando estuvo en Ketchikan.

―¿Ketchikan? ―repito, con mi estómago convirtiéndose en un pesado nudo. Hay muchas cosas que todavía no sé sobre Edward y el periodo de tiempo que hemos pasado separados.

―El pueblecito de Alaska al que fue, ―explica―. Se mantiene en contacto con ellos... emails, postales... mis primas pequeñas están completamente enamoradas de él. E iba a haber uno más, pero...

―Lo siento mucho, Al, ―susurro, tocándole el brazo.

Ella sonríe débilmente, con sus ojos brillando por las lágrimas sin derramar.

―Sé que tienen dos niñas preciosas y que seguramente lo intentarán de nuevo, es solo... no sé. Estaban muy entusiasmados, ya sabían el sexo y todo. Era un niño, y querían que su segundo nombre fuera Edward por lo unidos que estaban. Prácticamente le salvaron la vida a mi hermano, Bella. Era un desastre cuando se fue a vivir con ellos.

Escuchando en silencio, entrelazo los dedos con los suyos. Jasper aparece en el umbral de la puerta y su mirada se suaviza al caer sobre Alice.

―Voy a ir a comprar ese pan de ajo, Bella, ¿está bien?

Asiento.

―Eso sería genial, gracias.

―Conduce con cuidado, ―le dice Alice suavemente.

―Lo haré. ―La puerta se cierra tras él y nosotras nos miramos de nuevo.

―Bueno, gracias por dejármelo saber, ―suspiro―. A veces es muy difícil de leer... No quiero decir algo equivocado.

―Oh, sería imposible, ―dice, riendo un poco―. Creo que le gustas bastante.

―Sí, ahora sí. ―Río, e inmediatamente me estremezco por dentro.

Puntual como un reloj, Alice entrecierra los ojos.

―¿Qué quieres decir con "ahora" sí?

―Solo que... me gustaba en el instituto y él fue bastante cruel, ―murmuro, consciente de que mi cara arde con un vibrante color rojo.

―No fastidies, ―dice, visiblemente sorprendida―. Um, lo escondiste bien.

―Tenía que hacerlo. ―Me encojo de hombros―. Él no sentía lo mismo que yo.

―Vaya. ―Sacudió la cabeza―. No tenía ni idea. Sabía que había algo raro, pero...

―¿Quieres abrir ese vino? ―pregunto, ansiosa por cambiar de tema.

Ella me lo permite.

―Claro. ―Camina con rapidez al otro lado de la encimera -que está como a dos pasos de distancia- y coge el sacacorchos, poniéndose manos a la obra.

Minutos después, la puerta se abre y se cierra. Jasper entra en la cocina, con Edward siguiéndole.

―Mira lo que ha traído el gato, ―digo con ligereza, mirándole con cautela. Sus ojos se posan sobre mí al momento y yo sonrío, deseando de repente desesperadamente ser una fuente de consuelo para él.

Reconozco estos sentimientos de atracción física e incluso puede que lujuria, pero incluso más de simplemente querer estar ahí para él. Verle dolido hace que yo también me sienta un poco igual. Es algo raro y no termino de entenderlo, pero puedo aceptarlo.

Él me devuelve la sonrisa.

―Hola, Bella. Gracias por invitarme.

―No hay de qué. ―Frunzo el ceño, preguntándome si él ha creído que no me gusta tenerle cerca―. Siempre vamos a casa de Alice así que, ya sabes, he creído que estaría bien un cambio.

Cuando termino de servir la cena, vamos a la sala de estar -el único lugar con suficiente espacio para todos. Alice y yo nos hemos acabado la botella de Riesling y decidimos acosar a los chicos para que compartan sus latas de Sierra Nevada. Kate y Charlotte se unen poco después y, antes de que nos demos cuenta, estamos haciendo ruido, comiendo y bebiendo, y siendo felices.

De vez en cuando miro a Edward, solo para asegurarme de que está bien. Sí que parece estarlo; un poco más callado de lo normal, pero bien. Cuando mis compañeras de piso se retiran y Jasper enciende la tele, le doy un ligero golpecito a Edward en la mano.

―Quiero enseñarte algo.

―Vale. ―Se levanta de su sitio y me sigue a mi habitación.

Con el corazón golpeándome en el pecho, saco rápidamente las fotos en las que aparece y se las doy. Seguramente piense que soy una acosadora, que mi indiferencia desde nuestra reunión ha sido puro acto.

Él frunce el ceño, mirando cada foto de cerca mientras las sujeta con cuidado por los bordes.

―¿Cuándo fue esto?

―Hace como un mes, ―digo―. Antes de que empezara a hacer demasiado frío.

―Hm. Creo que recuerdo ese día.

―Oh, ¿sí?

―Sí. ―Sus ojos brillan cuando levanta la mirada―. No sabía que me estaban vigilando.

―Al principio no sabía que estabas ahí, ―contesto, intentando mantener el tono juguetón―. Pero tú... como que te fundías con las hojas y todo, así que yo solo... quise capturarlo.

―A mi madre le encantarían, ―dice, sonriendo.

―Eso es exactamente lo que Alice ha dicho, ―digo, riendo.

Entonces doy un paso atrás, sintiendo cómo la familiar tensión entre nosotros se hace más palpable. No estoy muy segura de lo que quiero, pero no me siento lista. Para nada.

―En fin, puedes llevártelas. Yo tengo mis copias.

Bien, Bella. Porque no parecías obsesionada antes.

Pero él no parece notarlo, o que le importe. Asintiendo de nuevo, se guarda las fotos bajo el brazo y dejamos mi habitación.

En el sofá yo vuelvo a mi sitio de antes, pero Edward no. Se sienta a mi lado, tan cerca que nuestros muslos se tocan.

―Tomad una manta, ―dice Alice dulcemente, sin siquiera mirarnos mientras nos lanza una desde dónde está en la alfombra.


¡Hola!

Perdonad, chicas. Ayer se me pasó que tocaba actualización.

Bueno, van a pasitos pequeños, como las tortugas, pero al menos avanzan hacia una relación más sana que la que tenían. O eso parece. Ya veremos.

Yo estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos la semana que viene.

-Bells :)