Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
CURTAINS
Capitulo diecinueve
Mi café sigue estando demasiado caliente.
Estremeciéndome al quemarme la lengua, dejo la humeante taza en la mesa para que se enfríe.
Bella mira por la ventana que hay junto a nuestra mesa, rodeando su propia taza con las manos metidas en guantes. Les ha cortado las puntas de los dedos. Hoy está callada, casi triste.
La dejo tranquila, imaginando que hablará si desea hacerlo.
El cambio ha sido muy gradual, aunque mentiría si dijera que no lo he notado. Eso es un montón de mierda. Por supuesto que he notado que hemos pasado más y más tiempo juntos, después de clase y después del trabajo; que ya no necesitamos que Alice y Jasper hagan de intermediarios para cenar juntos.
Y aun así, hay una línea que todavía no hemos cruzado.
Porque... no somos como otras parejas. No podemos pasar con sencillez a nada romántico. Si decidimos hacerlo, será eso -una decisión. Nada de zonas grises. Mi error en el instituto fue permitir que hubiera una zona gris. También había sido su error.
Al menos, ella había cometido su error debido a un erróneo sentido del amor. Yo había cometido el mío debido a mi incapacidad de salir adelante.
Bella le da un trago vacilante a su café y sus ojos van a los míos.
―¿Qué? ―pregunta, poniendo esta extraña cara en que su boca sonríe pero su frente está arrugada, como si en realidad estuviera frunciendo el ceño.
―Hoy estás triste, ―observo, intentando darle otro trago a mi café.
Ella baja la mirada, pasándose la lengua por los labios de forma ausente.
―¿Cuándo vuelves a casa?
―¿A casa-casa? ¿A Forks?
Asiente sin mirarme.
―Mi última clase es el jueves, así que seguramente vaya esa noche.
―¿Vas a conducir hasta casa por la noche? ―pregunta, levantando la mirada.
―Sí. ―Me encojo de hombros―. ¿Y? ¿Cuándo vuelves tú?
―Todavía no lo sé. Puede que el viernes... o el sábado. ―Suspira.
―¿Quieres que vayamos juntos? ―pregunto.
Ella enrojece un poco.
―No puedo. Tengo clase el viernes por la mañana.
―Entonces esperaré.
―¿Por qué ibas a hacer eso?
Parece incómoda. Siento una chispa de irritación arder en mi interior, algo que pasa a menudo cuando se comporta de forma ambigua. Ruedo los ojos y me pongo de pie, sobresaltándola.
―Hablaremos más tarde, ―digo, metiendo las manos en los guantes.
Nerviosa, ella también se levanta.
―¿Qué? ¿Por qué te vas?
―Te he hecho una pregunta sencilla: ¿quieres ir a casa conmigo? Es sí o no, Bella. Siéntete libre de ir sola, ―digo, intentando con todas mis fuerzas mantener la voz firme.
―¡Vale, iré contigo! ―dice, entrecerrando los ojos―. Solo estaba sorprendida; no sé... ¿dónde vas?
―A casa, ―digo, poniéndome también mi gorro.
Ella empieza a caminar a mi lado, dejando su café en la mesa.
―No tienes que ser tan malhumorado, ―dice con un resoplido.
―Y tú no tienes que ser tan desconfiada, ―rebato.
―¿A qué te refieres con desconfiada? ―Me mira furiosa.
Cruzamos la calle y bajamos con rapidez por la acera, temblando bajo la nieve que cae.
―Me refiero a que pareces cuestionar con frecuencia mis motivos. Después de todo este tiempo, desearía que confiaras en mí. ¿De qué tienes miedo? ¿De que te desvirgue en el asiento trasero de mi coche? ―Río.
Ella se sonroja y aparta la mirada, rodeándose más fuerte el cuerpo con los brazos. En su prisa por seguirme fuera del café, no se ha abrochado bien el abrigo.
―A veces se me hace difícil reconciliar la persona que eres con la que eras, ―dice al final―. Solías molestarte cuando yo me acoplaba... ¿de verdad puedes culparme por preguntarme qué es tan diferente ahora?
Mi pecho se encoje de forma incómoda, porque tiene razón. Y está equivocada.
―Todo es diferente, ―murmuro.
Mi casa aparece a la vista y busco las llaves en mi bolsillo.
Caminamos en silencio hasta llegar a la puerta principal, que abro tan rápido como puedo para que podamos escapar del amargo frío.
―Lo siento, ―murmura, tocándome el brazo.
―Siento que te sientas así. Sé... sé que te hice daño, pero apenas podía cuidar de mí mismo entonces. ¿Cómo iba a poder cuidar de ti de la forma en que debería haberlo hecho? Supongo que esperaba que ahora vieras que ya no soy así, ―digo, quitándome los guantes y el abrigo.
―Puedo verlo, ―dice Bella―. Me gustaría ir contigo, gracias.
Bella ha venido antes en coche, pero ahora la nieve cae de nuevo y la calle está un poco helada. No me siento completamente cómodo dejándola volver a casa sola.
―¿Quieres ver la televisión hasta que la cosa se calme fuera? ―pregunto, encendiendo las luces al entrar en la sala de estar.
―Vale, ―dice―. ¿Eso es nuevo?
Miro a mi alrededor para ver qué está mirando.
―¿El qué?
―Ese espejo de la pared. ¿Es... de peltre?
Me acerco a él, asintiendo.
―Alice lo encontró en una tienda de antigüedades del centro. A mi madre y ella les encantan este tipo de cosas... comprar, restaurar... todo este apartamento es trabajo de ellas.
―Es precioso, ―susurra Bella, mirando los detalles del marco.
Yo ya estoy acostumbrado. Es bonito, pero bueno... supongo que tener como madre a una decoradora de interiores te habitúa a este tipo de cosas.
―Sí. ―Me encojo de hombros, mirando su reflejo. Su mirada va a la mía y sonríe.
¡Hola!
¿A alguien le extraña que Bella tenga reservas después de cómo la trató Edward? La chica se tiene que acostumbrar. Aun así, son taaaaan monos.
Queda capítulos para acabar esta historia y estoy deseando leer vuestras opiniones sobre este capítulo.
Nos vemos la semana que viene.
-Bells :)
