Hola muchas gracias por sus comentarios, significa mucho para mi saber que disfrutan mi trabajo. Lamento la demora en los capítulos. Ahora tendré un poco más de tiempo por lo que espero poder actualizar un poco más rápido.
¡Como siempre gracias por leer y que disfruten la historia!
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Capítulo 12. La puerta invisible.
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Los días pasaron rápidamente y casi había transcurrido un mes desde la llegada del heredero de Berk al pueblo de Keikruk. El joven pese a ser el único hombre en la tribu, se adaptó rápidamente a su vida en este nuevo lugar. Aprovechando al máximo su estadía para aprender y extender su visión del mundo. Las guerreras antes reacias a su llegada, se habían acostumbrado al no tan escuálido chico, que se paseaba por los establos de dragones y frecuentaba la biblioteca, tomando algunos libros prestados cada noche. -Lo que no daría Fishlegs por estar en este lugar-. El joven además solía ayudar en la fragua, era casi como ser aprendiz de nuevo. Al finalizar el día cenaba con todas en el gran salón, donde compartía sus relatos y escuchaba historias de maravillosos y lejanos lugares. Tal como la princesa lo indicó, recibió su propio dragón mensajero, con el que pudo comunicarse con su padre un par de veces. Lo que le daba tranquilidad a él y a los suyos. Todo acerca de Keikruk era intrigante pero sin duda lo que más llamaba su atención era su rubia vecina, a la que descubrió podía observar un poco desde su tejado.
La joven princesa era impresionante. Cada día tenía la misma rutina. Antes de que el sol saliera, caminaba hacia el bosque y empezaba su entrenamiento en solitario, lanzando hachas a los árboles y practicando con su espada, luego volaba un poco con sus dragones aterrizando en el centro de las barracas, para unirse al entrenamiento grupal. De allí ayudaba a su madre con su trabajo y cuando el sol estaba en su punto más alto se reunía con todas en el gran salón para almorzar. Pasaba su tarde ayudando a los pobladores con sus requerimientos, y al atardecer, se unía al joven heredero para un corto viaje de exploración.
Dado que Keikruk siempre estaba en movimiento, los paisajes cada día eran diferentes, por lo que los jóvenes volaban en silencio disfrutando los colores del atardecer, siempre culminando su vuelo en los cuernos del gran dragón Ortzadarra, que los recibía con una mirada de alegría y canturreaba con su llegada. Estaban allí un rato y luego cenaban con todos en el gran salón. Caminaban juntos hasta sus casas y se despedían con un simple "hasta mañana" e ingresaban a sus hogares para continuar con sus cosas personales.
Era una mañana soleada en el pueblo de Keikruk. Ese día no había mucho que hacer en la fragua, por lo que Hiccup, visitó las barracas donde las guerreras entrenaban. Eventualmente se unía a ellas para practicar con inferno. Sin duda, con la ayuda de las chicas había mejorado mucho sus habilidades como espadachín. Lo que le confería mucha confianza en sí mismo. Aunque no tanta como para retar a Astrid, que sin duda era la guerrera más fuerte de su tribu. La chica se movía con gracia pero con certeza, y con pocos movimientos era capaz de someter a su rival.
-¡Hiccup! – Saludo la joven alegre a su vecino, quien hizo un gesto con su mano en forma de saludo. La princesa, que ya había terminado sus entrenamientos partía rumbo a su casa a reunirse con su madre.
-¿Qué harás ahora? – Preguntó alegre la chica reuniéndose con el joven y su dragón, besando la frente de la criatura como lo hizo cada día desde que se reunieron en Berk.
-Pensaba en dar un vuelo con Chimuelo, ¿Te gustaría acompañarnos? – Preguntó el chico
-Claro que me gustaría – dijo la joven sonriente- Pero en este momento no puedo, las chicas llegaron ayer de una nueva jornada de exploración y planeaba reunirme con ellas.
-Vi luz en tu habitación anoche hasta tarde, ¿Mucho trabajo? – Preguntó el joven curioso. Desde que llegó a Keikruk resultó inevitable observar a su vecina, descubriendo en ella a una chica alegre y segura de sí misma. Muchos dirían que excesivamente terca y confiada, el diría que fuerte y decidida. Sin duda, la chica era hermosa, pero lo más bello que poseía era esa mirada expresiva, esos ojos azules que brillaban como perlas al atardecer y que el joven miraba hipnotizado cuando la rubia no lo percibía.
-He estado revisando la información de los viajes de exploración. Aún no tenemos la más mínima pista de la ubicación de la isla de la tierra humeante. – dijo la joven decepcionada.
-Tranquila, sé que pronto habrá algún indicio del lugar – Consoló Hiccup
-Me cuesta estar tranquila con todo esto – Respondió la chica algo molesta – Mientras no encontremos este lugar, siento que los mantengo a ti y a Chimuelo prisioneros en Keikruk, y la verdad anhelo que todo esto termine.
- Si es por nosotros no debes preocuparte – Respondió el chico en un tono tranquilizador -Estar aquí ha sido inspirador y estoy seguro que con todo lo que he aprendido, podremos hacer muchas mejoras en Berk y traer prosperidad a todos en nuestra isla.
-No se trata solo de ustedes Hiccup – respondió la chica con una mirada un poco más triste – Mientras esto no termine, la gente de mi tribu seguirá batallando. Como guerrera sé que las bajas durante una guerra son inevitables, pero eso no las hace menos dolosas. No sabes cuánto deseo que todo esto termine.
-Todo estará bien Astrid – Dijo el chico poniendo su mano sobre el hombro de la joven – Te prometo que tan pronto como tengamos una pista de la dirección, iremos juntos a la isla de la tierra humeante y encontraremos la forma de terminar con esta guerra absurda.
– Gracias – respondió la chica con una sincera sonrisa. Los jóvenes continuaron conversando alegremente, mientras caminaban por la colina que conducía hacia el gran salón, junto al cual residían los herederos. De pronto un pequeño dragón rojo aterrizó en el hombro de la joven, quien de inmediato identificó el trozo de papel que traía atado a su cuerpo. La princesa desató el mensaje, acarició a la criatura en agradecimiento y se detuvo en su andar para leerlo.
El joven heredero de Berk vio con horror como su vecina empalidecía y su mirada siempre decidida y alegre se llenaba de miedo y confusión. En el tiempo que había pasado con ella, no conoció tal expresión. A decir verdad, le apodaban "Fearless Astrid" que en su lengua significaba "Sin miedo, Astrid". La joven terminó de leer el mensaje y arrugó el papel en su puño.
-¿Todo en orden? – Preguntó el chico con preocupación.
-Debo irme – Fue la única respuesta que obtuvo de la chica, que rápidamente ingresó a su casa. Tras su partida la joven no salió más. No almorzó ni cenó con su tribu, no hubo vuelo de exploración, incluso la luz de su habitación no fue encendida esa noche. Todo el pueblo estaba consternado. La princesa, la reina y las dos ancianas mayores de la tribu, habían estado reunidas hasta el día siguiente.
La reina se dirigió a los suyos durante el almuerzo en el gran salón. – Queridas hermanas, Hiccup heredero de Berk. Hemos recibido un mensaje de nuestros aliados en el pueblo de Babilonia. El dios Kren se ha manifestado ante ellos, y les ha otorgado un objeto que nos será entregado pronto. Así mismo, nuestros aliados han recibido información sobre la localización de la isla de la tierra humeante, por lo que serán cancelados todos los viajes de exploración. El grupo de rastreadoras en cabeza de la princesa Astrid, partirá a Babilonia para recoger el objeto y volverán a nosotros con respuestas. Su viaje tendrá lugar al amanecer de mañana. -Las mujeres miraron sorprendidas a su reina que continuaba con su discurso– Como lo habrán notado, los dioses han estado manifestándose con mucha más frecuencia que en oportunidades anteriores. Esto nos da a entender que un gran evento se aproxima, por lo cual debemos estar preparadas. Desconocemos el rumbo que sigue Keikruk, pero por la información recogida por el joven Hiccup y Astrid no nos dirigimos a Babilonia, lo que indica que deberemos estar listas para luchar aún sin la espada sagrada.
-Ya mismo iniciaremos los preparativos para el viaje – Respondió Dahlia con firmeza, a lo que sus amigas asintieron.
-¿En dónde se encuentra Astrid? – Preguntó preocupada Ventino. Habían sido amigas desde siempre, y la joven sabía que algo estaba terriblemente mal.
-Se encuentra con Ortzadarra, sabes cómo es con las despedidas -Respondió la reina y en su rostro se dibujó una profunda tristeza y preocupación. Ventino se puso en pie de inmediato para ir con su amiga, Hiccup quiso acompañarla, pero la chica le pidió que la dejara ir sola, lo que aumentó la preocupación del castaño. Quien sentía que no les había sido revelada toda la verdad.
Astrid estaba recostada sobre el curveado cuerno de Ortzadarra, del que colgaba su arpa atada con una cuerda. Winstar y Stormfly estaban recostadas sobre la cabeza del gran dragón, mirando con preocupación a su jinete y emitiendo ocasionales sonidos de tristeza.
-¡Astrid! – Gritó Ventino, sacando de sus pensamientos a la rubia chica. Desde que tenían memoria, el gran cuerno era el lugar a donde se dirigía la princesa para pensar. El dragón se convirtió en el confidente de todos sus secretos y angustias. Eventualmente Astrid tocaba alguna melodía para él, mientras le contaba sus problemas, a lo que el dragón respondía con significativas miradas y algunos gemidos. La criatura siempre la escuchaba paciente y le brindaba consuelo.
-¡Venti! –dijo Astrid con tristeza aferrándose con fuerza a su amiga que acababa de aterrizar a su lado. La rubia le entregó un papel que Ventino se dispuso a leer.
Mi sacra y dulce Astrid,
¡Mi amada doncella, tanto tiempo sin hablar! Es una pena que en esta ocasión sea para entregar malas noticias. Poco tiempo atrás, el Dios Kren vino a nosotros, pero no como una manifestación divina, al igual que tú, vino hecho hombre. Creímos que se trataba de un forastero, pero le reveló su identidad a una de nuestras mujeres y le entregó un objeto. Creo que te gustaría tenerlo. Le conté de tu naturaleza divina y que debía contactarte, pero no le importó. Me dijo que habló con el Dios Kénos, y se dirigía con prisa a la isla de la tierra humeante. No va a esperarte. Sin embargo, dejó un mapa para ti. Los detalles te los contaré en persona, y así podré estar frente a tu inmaculada presencia. Ven a visitarme y concédeme el honor de besar tus dulces labios.
Siempre tuyo,
Marcus
-Entonces Kren también reencarnó – Dijo Ventino con simpleza.
-Sí, y no pudo hacerlo en un pez o una lagartija, tenía que hacerlo en un hombre – Respondió molesta la princesa. -Tengo miedo Venti, por primera vez en mi vida siento que he perdido el control de todo.
-Lo complejo es que Marcus no especifica si el hombre al igual que tú, simplemente sabe que en él reside el alma de un Dios, o si realmente han despertado en él los recuerdos y el corazón de Kren.
-Lo sé, aún sigo preguntándome que hacer. – Respondió la rubia – Sé que ir con él es lo mejor para todos, pero aun así no puedo evitar sentir temor. ¿Qué pasa si al estar ante él, Kre despierta en mi interior y borra mi existencia?, ¿Qué pasa si ya no puedo volver a ser yo?
-No te adelantes a los hechos – Respondió Ventino – En teoría estuviste frente a Kénos, pero seguiste siendo Astrid. Supongo que el alma de la Diosa Kre, solo despertará en el momento adecuado. Y nadie puede saber qué pasará entonces. A decir verdad, creo que debes mantenerte positiva, piensa en toda la zozobra que has sentido desde que te enteraste que el alma de la diosa residía en tu interior. Si somos capaces de reunirnos con el chico, sabremos exactamente cómo son las cosas, y dejarás de sentir temor. No creo que el chico haya nacido como Kren. Keikruk se habría desplazado hasta allí de inmediato. En mi opinión nació como un hombre cualquiera, la pregunta es si el alma del Dios sigue dormida en su interior o no.
-Como sea, mi madre quiere que partamos hacia Babilonia cuanto antes – dijo la princesa – Debemos reunirnos para trazar la ruta de viaje. Por la sensibilidad de la información sólo iremos nosotras seis. Te pido por favor me acompañes a hablar con Marcus, no quiero estar sola cuando reciba las noticias.
-Sabes que estaré allí, para lo que sea que necesites – Respondió Ventino con una sonrisa. Las jóvenes se despidieron del gran dragón que las miraba con angustia, y se dirigieron al pueblo, rumbo a la casa de la reina.
-¿Estás bien? – Preguntó Hiccup a su vecina que se disponía a entrar a su casa. – Por lo que escuché de tu madre las noticias son buenas, pero desapareciste y te ves preocupada, Siento que hay algo más que no ha sido revelado.
-Es algo personal Hiccup – Respondió la princesa con rudeza – Te agradezco tu preocupación, pero es algo que prefiero manejar sola. –Ante la respuesta soez de la chica el heredero de Berk retrocedió. Durante el último mes Hiccup y Astrid habían estado volando juntos, y aunque la princesa era en extremo reservada con sus cosas, había nacido entre ellos una frágil amistad. –Lo lamento – dijo Astrid al ver la mirada triste del joven – Han pasado algunas cosas difíciles que no estoy segura de cómo enfrentar.
-Si puedo ayudarte de alguna manera, puedes contar conmigo – Respondió Hiccup con sinceridad.
-Gracias, ahora vamos a planear el viaje, ¿Nos acompañas? - Preguntó la princesa un poco más tranquila -Babilonia está realmente lejos de nuestra posición, y tú sabes mucho de dragones, podrías ayudarnos a elegir la mejor ruta.
-Será un placer – Dijo Hiccup con una sonrisa, acompañando a la princesa a su residencia. La joven guio a su amigo hasta su habitación ubicada en el segundo piso, donde sus amigas ya se encontraban reunidas. El lugar era amplio, las paredes estaban adornadas con múltiples armas – Típico de Astrid – Pensó el joven al verlas. En el fondo de la habitación había un viejo baúl y junto a él, una gran mesa llena de mapas, los mismos que causaban desvelos a la rubia en noches anteriores. La cama era amplia, y sobre ella tenía algunas escamas blancas. Grande fue su sorpresa al ver como su dragón daba un salto y se colgaba de los soportes dispuestos en el techo, allí se encontraba también la dragona blanca.
Los jóvenes trabajaron el resto de la tarde en la hoja de ruta, y definieron lo necesario para el largo viaje, que tendría a las guerreras fuera de su hogar por algunos meses. Discutieron los detalles y prepararon lo necesario para partir al amanecer. Pero no contaban con un inesperado suceso. Al día siguiente, tal como lo habían observado en Berk, los dragones no alzaron vuelo. Dahlia sugirió llevar a Tenebrios e Hiccup, pero misteriosamente al hacerlo los únicos en alzar vuelo eran los dragones legendarios con sus jinetes. Probaron todas las combinaciones posibles pero fue inútil. Los jóvenes herederos y sus dragones eran los únicos que podían abandonar Keikruk. El mensaje de los dioses era claro. Debían partir solos.
La isla de la tierra humeante sólo aparecerá frente a quienes hayan estado en mi presencia. –Dijo Astrid, refiriéndose a las palabras de Kénos. –Nos dirigimos a Babilonia para recoger un mapa que nos guiará hasta allí, quizá por esto no podemos ser acompañados. – Las palabras de la princesa sorprendieron a los presentes, y más de una miró con preocupación al joven. Una cosa era permitirle residir con ellas, y otra muy diferente permitirle partir sólo con la princesa, y participar de asuntos muy íntimos de su tribu, pero la decisión de los dioses no debía ser cuestionada.
Iré – dijo Hiccup con firmeza – Ayudé a planear el viaje, por lo que estoy familiarizado con la ruta. Además he estado en expediciones largas por mi cuenta, por lo que serviré de apoyo a la princesa. Les prometo que la traeré sana y salva de nuevo. –Al terminar su discurso el joven miró a su rubia amiga notando la triste forma en que miraba a Stormfly. Fue entonces cuando entendió lo que pasaba, la chica tenía que dejar atrás a su dragón.
La joven princesa caminó hacia el Nader y la abrazó con firmeza – Prometo que regresaré por ti y que hallaré la forma de que estemos juntas. – Dijo la princesa a su amiga que graznó con tristeza. Desde que era una niña, Astrid había sido acompañada por las dos dragonas. A decir verdad, Stormfly fue su primera amiga alada, esa con quien se había prometido conquistar el mundo. Con la llegada de Winstar, la princesa probó toda clase de cosas para que su azulada amiga no se quedara atrás. La alimentó con pollo durante años para que la energía extra le permitiera alcanzar una gran velocidad, entrenó con las dos por igual, y este sería el primer viaje al que partiría sin ella. La reina Amira acarició el cabello de su hija y dijo: - Estará bien con nosotras, solo serán algunos meses, estaremos aquí esperando por ti. Asegúrate de volver pronto y a salvo –La rubia le dio una mirada significativa a su madre y la abrazó con fuerza.
-Keikruk se desplaza en sentido opuesto a babilonia – interrumpió Ventino – Debemos decidir rápido o el viaje podría extenderse en duración. Además deben haber cruzado el mercado de Dalhgur antes de dos semanas o el invierno les dificultará su viaje.
Los jóvenes asintieron con la cabeza, y tras un par de horas se preparó lo necesario para que Hiccup partiera junto a la princesa. El viaje de ida tomaría alrededor de 28 días, eso si no se detenían demasiado en algún lugar; mientras que la duración del viaje de regreso era incierta ya que dependía de la posición de Keikruk. Atravesarían cinco grandes centros poblados antes de llegar a Babilonia. Entre cada uno de ellos acamparían en islotes y cayos al aire libre. El primero de la lista era el archipiélago de Basalt, ubicado a cinco días en vuelo de su posición. Todo estaba listo para partir. Los jinetes ya habían montado sus dragones. Volarían en dirección al sudeste.
¡Esperen! se olvidan de esto – Gritó Ventino agitando en su mano la carta que habían recibido en días pasados.- La joven se acercó y se la entregó a su rubia amiga, quien la tomó en su mano dejando al descubierto un mensaje escrito en la parte posterior del papel "Si me gustas con lo que veo, no quiero imaginarme con lo que tienes oculto". El mensaje no pasó desapercibido por el heredero de Berk, quien de inmediato se preguntó, quien había escrito la carta y que relación tenía con la princesa.
Las primeras horas de viaje fueron silenciosas, los dragones avanzaban a gran velocidad, pero los jinetes no cruzaban palabra entre ellos. Astrid se encontraba perdida en sus pensamientos. Nunca pensó en tener que dejar a Stormfly o a las suyas atrás, y la invadía el temor de lo que descubriría en Babilonia. Hiccup por su parte se sentía de mal humor, no comprendía qué le sucedía pero por algún motivo, ya no se sentía tan seguro de partir en aquel viaje.
Para el medio día los jóvenes sobrevolaban una isla nevada. La princesa había descendido levemente para tomar un poco de nieve entre sus manos, la sensación del frio en su cuerpo la tranquilizaba. Hizo una pequeña pelota de hielo y empezó a jugar distraídamente con ella. -Creo que debemos apurarnos – dijo Hiccup con el ceño fruncido, descendiendo hasta la altura a la que volaban la chica y su dragón– Debemos instalar el campamento antes de que oscurezca, y esta isla no parece un buen lugar para hacerlo, por lo que es necesario encontrar otro lugar pronto.
Las palabras del joven sacaron a la chica de su ensoñación y respondió con un simple "sí", lo que pareció molestar aún más a su acompañante, quien la adelantó tratando evadir la blanca vegetación que ahora los rodeaba. De pronto sintió un golpe en su espalda y vio caer de ella lo que parecía nieve. La chica le había arrojado aquella pelota con la que jugaba anteriormente. Hiccup quiso reprocharle, y al girarse vio como la princesa le daba una mirada acusadora a Winstar.
-Lo lamento – dijo la chica rápidamente – Lancé la pelota de nieve al aire y a Winstar le pareció divertido arrojarla hacia ti.
-Muy graciosa Astrid –Dijo el joven reduciendo su velocidad. Chimuelo giró a ver a sus amigas y con un suave disparo de plasma, impactó lo alto de un árbol, haciendo que la nieve que se encontraba en sus ramas se deprendiera y callera sobre las chicas, lo que hizo a Hiccup reír a carcajadas.
Astrid, molesta por lo ocurrido instó a Winstar a hacer lo mismo que Chimuelo, y para cuando se habían dado cuenta volaban uno junto al otro, haciendo algunas pelotas con la nieve que había caído sobre ellos y lanzándoselas al otro. Toda la tensión era cosa del pasado. Jugaron sin detener su andar, hacía mucho ninguno de los dos hacía algo como esto.
-Basta – dijo Astrid tratando de contener la risa – Si seguimos con esto nos congelaremos en un par de horas. – El joven ignorando su petición lanzó una última bola de nieve que impactó en el estómago de la chica.
-¿Decías my lady? – Preguntó Hiccup en tono burlón. La princesa arqueó su ceja ante la forma en que se refirió a ella, pero decidió ignorarlo para no arruinar el momento.
-Te decía que debemos apurarnos – Respondió la chica, calmando su risa – He sobrevolado esta zona, y más allá de esta isla hay un pequeño farallón en el que podemos pasar la noche. No creo que esté más allá de una hora de vuelo.
-Entonces es allí a donde nos dirigiremos – Respondió Hiccup
-¡Quiero la revancha! – dijo la rubia con una sonrisa, ganándose una mirada confundida del chico, quien le preguntó a qué se refería.
-¡Hagamos una carrera!, - dijo Astrid divertida -¿o acaso al gran conquistador de dragones le da miedo un pequeño desafío? El que pierda recogerá la madera para la fogata el resto de la semana.
-Me parece bien – dijo Hiccup ubicándose junto a la princesa para dar inicio a su competencia. Gracias al desafío llegaron rápidamente al farallón, para cuando lo hicieron la tarde empezaba a morir sobre ellos. Hiccup se encargó de levantar las dos carpas en las que dormirían, mientras que Astrid por haber perdido la carrera tuvo que dirigirse al bosque en busca de madera. Tenían alimentos para un par de días, a partir de allí tendrían que obtener lo necesario para continuar su viaje, o por lo menos hasta alcanzar algún centro poblado.
-Podrías ser la mejor compañera de viaje que he tenido – dijo Hiccup sentándose junto al recién encendido fuego.
-¿Qué hay de los jinetes? – Preguntó Astrid
-Si los chicos estuvieran aquí, probablemente tendría que haberlos sobornado para que trabajaran – Respondió el joven sonriendo al recordar a sus amigos.
- Tus amigos me cayeron muy bien – dijo Astrid – Entiendo por qué Heather puso sus ojos en Fishlegs, parece un buen chico. Y los gemelos son una locura. Solo espero que no sean así todo el tiempo. El único con el que creo que no podría llevármela bien es con tu primo, puede ser algo molesto.
- Ni te lo imaginas – Respondió el castaño girando los ojos – Los conozco desde siempre, al principio no nos llevábamos muy bien, pero ahora todo ha cambiado.
- Eres su futuro jefe – Indicó la chica recalcando lo obvio.
-En realidad es más que eso – Respondió el castaño – Son geniales cuando los conoces. Aunque te he de confesar que disfruto explorar sólo con Chimuelo.
-Creo que si hubiese nacido en Berk, habría sido un jinete de dragón – Dijo la chica.
-Si hubieses nacido en Berk, habrías sido nuestra mejor guerrera – Respondió Hiccup con simpleza – Podrías incluso haber llegado a ser jefa de la tribu.
- Pues según el sistema político de tu tribu para ser jefa tendría que casarme contigo y no te ofendas, pero no estoy lista para tal cosa – Respondió la chica en un tono divertido – Soy más del tipo guerrero, que del tipo ama de casa, no me querrías ver untando la mantequilla de yak con una espada.
El chico se carcajeó por las ocurrencias de su amiga – Pues si fueras mi esposa, no trataría de cambiarte- dijo el joven ignorando las palabras de que salían de su boca.
-Buen intento chico dragón, pero no estoy recibiendo solicitudes – dijo la rubia en un tono más serio, haciendo que el joven comprendiera sus palabras y se sonrojara profusamente. – Si viviera el Berk, sería tu segunda al mando.
Hiccup se excusó por sus palabras, que fácilmente podrían haberse interpretado como una proposición. - ¿Chico dragón? – Preguntó el joven tratando de desviar el rumbo de la conversación.
-Te va bien el nombre – Respondió Astrid – No te ofendas pero no creo que sean muy buenos con los nombres en Berk.
-Lo sé – Respondió el chico con simpleza – Es una cosa acerca de los trolls
-¿Hay trolls en Berk? – Preguntó la rubia casi atorándose con sus alimentos.
-Llámame loco pero cuando era niño, creí ver uno – Respondió el castaño sonriente – Salí un par de veces en su búsqueda, pero no lo encontré, por lo que desistí de la idea. Háblame de Babilonia – Pidió el chico.
-Es un lugar asombroso, una de las islas más grandes y prósperas que conozco – Respondió la chica – Lo he visitado desde que soy una niña, la gente es muy amable, y su comida es deliciosa, te encantará.
-Entonces conoces a muchas personas allí – Indicó el joven tratando de obtener un poco más de información del remitente de aquella carta.
-Así es – Respondió con simpleza la chica, sin revelar mucha información. Los días pasaron rápidamente, y pronto habían desarrollado una divertida rutina, en la que exploraban ligeramente los farallones a lo largo de su viaje en busca de especies de dragón que Hiccup desconociera, mapeaban un poco la zona, y se dedicaban a conocerse. Hiccup era muy abierto acerca de su pasado, sus miedos y sus anhelos. Astrid por su parte se dedicaba a escucharlo con atención y preguntar acerca del mundo que el joven conocía, sin revelar mucho del suyo propio. Era como si una puerta invisible le impidiera mostrar a la rubia lo que había en su interior.
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Nota de Autor
En este capítulo hice referencia al episodio de dragones de Berk en que Hiccup y Astrid hacen una carrera en la nieve, e introduje sus sobrenombres oficiales. Espero sacar cerca de unos tres o cuatro capítulos cortos, que describirán algunas aventuras de nuestros protagonistas en su viaje a Babilonia.
De los personajes que son de mi propia creación, Marcus es quizá en el que enfatizaré más. Espero que lleguen a amarlo y a odiarlo, ya que será el rival amoroso de Hiccup y la persona que cambiará sus vidas por completo. Como siempre muchas gracias por leer.
