Hola muchas gracias por sus comentarios, me alegra ver que Marcus les ha generado algo de intriga, tengo grandes planes para él. Espero que disfruten de este capítulo, el cual será un poco más romántico. Les ofrezco una disculpa gigante por la tardanza, pero tuve algunos bloqueos y terminé escribiendo capítulos de más adelante, por lo que en algún momento empezaré a actualizar realmente rápido.
¡Como siempre gracias por leer y que disfruten la historia!
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Capítulo 13. Viejas canciones de amor.
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Los días pasaron lentamente, y los jóvenes volaban rumbo a la civilización. Completaban ya la primera semana de viaje. Se habían acostumbrado a la compañía del otro, e incluso empezaban a conocer las cosas que el otro disfrutaba o aborrecía. Por ejemplo que Astrid no debía ser sorprendida estando distraída o mientras dormía, ya que siempre tenía la guardia en alto y su espada a la mano. Desde el exterior la chica podría parecer una dura guerrera, pero en el interior había una dulce joven, con un extraordinario sentido del deber y la justicia, Así como una amante de los colores. Esto último lo había notado Hiccup al evidenciar como prestaba particular atención al atardecer, o a las coloridas criaturas que se topaban por el camino. El heredero de Berk por su parte había logrado sorprender a la rubia con su profundo sentido de la compasión, era sin duda un hombre noble e inteligente. Nunca lo diría en voz alta, pero probablemente la persona más lista que conocía. Sus capacidades eran notorias desde sus complejas invenciones hasta su característico sarcasmo, lenguaje que la rubia había comenzado a disfrutar. Sin mencionar que aunque podría parecer algo escuálido, tenía grandes habilidades de combate y un objetivo increíble, al fin y al cabo había logrado derribar a un furia nocturna, aunque el joven lo atribuyera principalmente al azar.
Una rutina había sido establecida. Astrid como buena guerrera salía temprano para entrenar su cuerpo, evitando así que sus músculos se atrofiaran. Tomaba un corto baño antes de que su compañero siquiera despertara, aunque siempre vigilada por Winstar por si acaso. El joven que aunque también despertaba temprano, le daba a su acompañante tiempo suficiente para estar lista, el mismo que el empleaba para preparar el desayuno con esmero y asearse a sí mismo. Cuando la joven regresaba al campamento, desayunaban juntos, alimentaban a sus dragones, recogían sus cosas y se preparaban para continuar el viaje. Astrid se encargaba de la leña y la caza. Hiccup temeroso de las habilidades culinarias de su nueva amiga, preparaba los alimentos cada día. Volaban durante horas, deteniéndose ocasionalmente para descansar, explorar y mapear la zona. Cada tarde justo antes de que el sol se pusiera, levantaban su campamento en una zona segura, encendían una fogata, cenaban y compartían valioso tiempo con sus dragones, permitiéndose acercarse al compañero del otro.
La mañana transcurría con calma. Los jóvenes volaban lentamente, atentos a encontrarse con el archipiélago de Basalt. El territorio era conocido para la chica, ya que había frecuentado sus mercados un par de veces, cuando Keikruk se encontraba por la zona. El lugar contrario al archipiélago bárbaro era particularmente pequeño. Estaba formado por cuatro islas cercanas entre sí, de las cuales sólo dos estaban habitadas. El sitio era un lugar de paso para los viajeros, por lo que podrían encontrase algunos objetos interesantes, aunque nada demasiado fuera de lo común. Era ideal para abastecerse y continuar el recorrido. El grupo había decido establecerse en un pequeño y deshabitado farallón cerca a la isla de mayor tamaño, que serviría de refugio para los dragones, ya que al ser tierra de comerciantes era posible toparse con algunos cazadores, o personas a las que simplemente les desagradaran las aladas criaturas.
Una vez en tierra identificaron un sitio seguro donde dejar sus cosas y decidieron volar sobre los dragones rumbo al pequeño mercado, En vista de que solo eran dos, habían acordado paradas de abastecimiento. A medida que consumían sus víveres adquirirían otros, así se asegurarían de no sobrecargar a sus amigos. Los dragones abandonarían a sus jinetes en una playa lejana al mercado de Basalt, y desde allí caminarían hasta toparse con las tiendas. Las criaturas aladas regresarían a cuidar sus pertenencias y los recogerían una vez escucharan su llamado.
El sol estaba en su punto más alto sobre el archipiélago de Basalt. Por el pequeño mercado caminaban una bella princesa y un guapo heredero. El joven estaba realmente emocionado. Era la primera vez que viajaba a un mercado lejano, y se maravilló con todos los objetos que había a su alrededor. Observaba con deleite nuevas formas y texturas, telas, materiales e incluso armas. La chica lo miraba sonriente, feliz de que al menos su acompañante estuviera disfrutando de su viaje. Siendo honesta la emoción del chico la contagiaba y le ayudaba a olvidar sus propios dilemas.
-¡Hiccup, tienes que probar esto! – Llamó la rubia sonriente a su distraído acompañante, mientras se detenía frente a un puesto de comida. El chico se acercó y se deleitó con la gran cantidad de alimentos desconocidos. Había bayas, hongos, comidas elaboradas, encurtidos e incluso insectos. Los chicos reían a carcajadas mientras se retaban uno al otro a probar extrañas comidas.
-No creo que esta sea una muy buena idea My lady – Afirmó el chico entre risas – No queremos terminar enfermos.
-¿Tienes miedo chico dragón? – Preguntó la rubia acercándole una pequeña cuchara de madera con una sustancia viscosa sobre ella. Inicialmente había sido extraño tener sobrenombres, pero solían usarlos en los momentos divertidos, por lo que simplemente lo había dejado pasar – ¡Vamos Hiccup!, comparemos algunas hierbas medicinales– Dijo la rubia acercando más la cuchara al rostro del joven.
-¡Princesa Astrid! – Se escuchó una voz que la llamaba desde lejos, haciendo que soltara la cuchara y se irguiera de inmediato.
-¡Rey Ulrich! – Saludo la rubia de forma solemne. Haciendo que su compañero adquiriera una actitud más sería, mientras observaba curioso al corpulento anciano de coloridas ropas que se acercaba a ellos con una sonrisa. El rey estaba rodeado por 6 hombres fornidos, uno de ellos vestido de forma similar al él.
-¡Es un gusto verte! ¡Mira cómo has crecido! - Dijo el hombre amablemente acercándose a los chicos, fijando su atención en el apuesto joven parado junto a la princesa.
-El gusto es todo mío Rey Ulrich, hace mucho que no nos vemos – Respondió la chica sonriente.
-¡Tan bella como siempre! – dijo el joven acompañante del rey – Espero que tengas una respuesta para mí. – Al escuchar sus palabras la rubia se tensó. Hiccup estaba molesto, le resultaba irritante la forma en que el recién llegado miraba a su amiga.
-¿Vienes con tu madre? – Preguntó curioso el rey.
-¡No! permítanme presentarles a mi acompañante – Dijo la rubia y de inmediato una loca idea pasó por su mente – Él es Hiccup Horrendus Haddock III, heredero de Berk. – El joven de inmediato enderezó su postura y se presentó formalmente, conociendo al Rey Ulrich y su hijo el príncipe Todd, quienes eran la realeza del pueblo de Amembo. Los hombres estrecharon sus manos con diplomacia.
-Entonces… ¿Qué hacen viajando juntos? – Preguntó Todd en un tono desafiante – Es raro verte sin tus guardianas alrededor, especialmente en compañía de un hombre.
-Hiccup y yo nos dirigimos a Babilonia – Respondió la chica con frialdad – Marcus espera por nosotros.
-¡Eso sigue sin responder mi pregunta Astrid! – Respondió el chico groseramente alzándole la voz, lo que prevenía aún más al chico Haddock.
-Verás, el joven aquí presente no sólo es el heredero de Berk, también es mi prometido – Dijo la joven con firmeza, ganándose la mirada de sorpresa de todos los presentes, especialmente de Hiccup, quien se volvió a verla sorprendido.
-¡No pongas esa cara Hiccup! – Dijo la princesa con una mirada suplicante – Sé que decidimos, mantenerlo para nosotros por un tiempo, pero ellos son personas cercanas a mí y quería decírselo. – De inmediato el joven heredero supo hacia donde se dirigía todo esto. Probablemente Astrid estaba tratando de deshacerse de Todd o de alguna otra situación incómoda. Y él estaba complacido de ayudarla, por lo que suavizó su mirada revelándole que le seguiría el juego.
- ¡Que buen chiste! – dijo Todd riendo incrédulo
-¡No es ningún chiste príncipe Todd! – Respondió Hiccup con firmeza, dándole una mirada molesta al impertinente joven.
-¡Felicidades! – Dijo el rey con una visible sonrisa - ¡Te tomó un buen tiempo ehh mi niña! Quiero saber los detalles, ¿porque no vamos a mi barco, cenamos juntos y me lo cuentan todo?
- Lo lamento tanto – Se disculpó Astrid – La verdad estamos sólo de paso, hemos venido por unas medicinas y continuaremos nuestro viaje. Sabe que no me gusta dejar a Stormfly sola por mucho tiempo.
-Es una bestia lista, puede cuidarse sola – Respondió Todd con desdén– Deberían acompañarnos, también quiero escuchar todo acerca de ustedes – El chico con sus gestos dio a entender que no creía nada de su historia y estaba dispuesto a llegar al fondo del asunto.
- ¿Te parece si nos quedamos un poco? – Preguntó Astrid a Hiccup, esperando que el dijera que tenían prisa, pero no fue así. El joven le sonrió y asintió, poniendo a la chica realmente nerviosa.
- Entonces supongo que podemos quedarnos a cenar – dijo la princesa con resignación –Compraremos unas medicinas y les alcanzaremos de inmediato, sólo tomará unos minutos.
-No te preocupes linda esperaremos por ti – respondió el rey con cariño. De inmediato Astrid tomó el brazo de Hiccup y lo arrastró entre la multitud hacia la herboristería, que lamentablemente estaba tan solo un par de puestos más adelante.
-¿Se puede saber qué está pasando? – Preguntó Hiccup con seriedad.
-Larga historia– Respondió la rubia – ¿Podrías ayudarme con esto? – Pidió con un tono de mendicidad, algo que no solía hacer – Estaré en deuda contigo, te prometo que preparé los alimentos el resto del viaje y te ayudaré con tus cosas, pero esto es importante.
- ¡Prefiero ser el que cocina! – dijo Hiccup con simpleza, lo que desanimó visiblemente a su amiga, que no tenía mucho más que ofrecer en este momento – Aunque si consigues la madera el resto del camino tenemos un trato.
La chica sonrió aliviada y se colgó de su cuello en un eufórico abrazo, que lamentablemente no fue observado por los recién llegados. – Lo siento, me dejé llevar – Dijo la rubia avergonzada.
- No… te preocupes– dijo el chico Haddock con sus mejillas rosadas y casi tartamudeando- ¿Podrías prometerme que me contarás esa larga historia cuando volvamos? – Preguntó Hiccup tratando de acercarse un poco más al desconocido mundo de su amiga.
-Lo prometo – Afirmó Astrid con sinceridad. Los jóvenes compraron rápidamente las medicinas y alcanzaron a la realeza de Amembo. El grupo caminó en silencio hasta el muelle, donde un enorme Buque los esperaba. Y su interior un gran banquete en su honor fue preparado.
-Y bien ¿Cuánto tuviste que pagar por ella? – Preguntó molesto Todd – Berk es un pueblo pequeño, supongo que habrás ofrecido tu isla completa para conseguir una chica así.
Hiccup se ofendió profundamente por las palabras del joven, pero antes que pudiera replicar, Astrid se puso en pie – Creí que teníamos en común que proveníamos de pueblos que promovían la igualdad y la libertad ¿De verdad crees que Hiccup pagó por mí? – Preguntó Astrid molesta – No tolero a aquellos que creen que pueden comprar la libertad de otros, ya sea con esclavitud o con un dote. No te permitiré que ofendas a Hiccup, a su tribu o a mí.
-Seamos francos Astrid Hofferson ¿En serio quieres que crea que rechazaste a alguien como yo, para estar con alguien como él?
-¡La pregunta se responde sola! – Dijo Astrid sin disminuir su enojo – Hiccup es un hombre maravilloso, es inteligente, fuerte, capaz y extremadamente talentoso en todo lo que hace.
-¡Basta Todd!– reprendió el rey a su hijo – Estos jóvenes son mis invitados y no permitiré que los incomodes con tus impertinencias, ¡discúlpate de inmediato!
-Lo lamento – Dijo el joven con desprecio - ¡Hiccup porque no nos cuentas como conociste a Astrid!, no estás muy conversador. - Todd estaba dispuesto a revelar el engaño, preguntaría de todo para hacerlos caer en la mentira.
Hiccup estaba tenso por la situación, ahora entendía por qué Astrid le había pedido semejante favor, lo que no le quedaba claro era por qué aún no lo había dejado inconsciente con su hacha. –Conocí a Astrid hace alrededor de tres meses, cuando las guerreras blancas visitaron Berk.
-¿Tres meses? – Interrumpió Todd – ¿En serio se comprometieron con tres meses de conocerse?
-¡Así es! – respondió Astrid, -Podría parecer poco tiempo, pero en realidad este chico es especial. Es por eso que estamos en este viaje, para conocernos y reafirmar lo obvio, ¡que debemos estar juntos! De hecho, es el motivo por el que acordamos no presentarnos como prometidos. Nuestra relación aún es reciente y queremos estar seguros antes de dar el gran paso y hacerlo público.
-Puede parecer una locura, y entiendo su sorpresa, pero desde el principio existió algo especial entre nosotros ¿Verdad My lady? – Preguntó Hiccup con una sonrisa sincera, queriendo despejar dudas que atravesaban su mente desde hace un tiempo.
Astrid sonrió ante la pregunta del heredero de Berk – ¡Supongo que tendré que confesar! – afirmó divertida – Como les dije, Hiccup es especial. Inicialmente me sorprendí por su talento e inteligencia, pero a medida que he podido conocerlo he descubierto a un hombre increíble, amable, compasivo, y muy divertido. ¡Sin mencionar que logró vencerme en una competencia!– El joven se sorprendió ante sus palabras, y se ruborizó al sentirlas verdaderas. Esperaba profundamente no salir lastimado de este juego, porque en los últimos días, la había encontrado tan encantadora, que sentía temor por los crecientes sentimientos que le abrumaban al estar junto a ella. Los jóvenes empezaron a contar a los presentes acerca del festival de dragones, omitiendo que Chimuelo era un furia nocturna o que él era el mismísimo conquistador de dragones. Las palabras salían de sus labios como poesía, denotando el placer oculto en la cercanía del otro. El hombre mayor observaba divertido a los chicos, que relataban alegres sus aventuras.
-Y entonces Hiccup, ¿Aparte de prepararte para tomar las riendas de tu tribu a qué más te dedicas? – Pregunto el anciano, en un tono protector.
-Estoy a cargo de la academia de dragones de Berk, así como de sus jinetes – Respondió Hiccup – También me he formado como herrero.
- ¡Y no olvides la cartografía! –Interrumpió Astrid, golpeando al chico suavemente con su codo– Créeme cuando te digo que es brillante y talentoso.
-¿Y cuándo planeas asumir en cacicazgo? – Preguntó el rey, mientras su hijo miraba molesto a la divertida pareja.
-Creo que mi padre hace un excelente trabajo…y está en condiciones de hacerlo por un tiempo más – Respondió Hiccup algo nervioso. El anciano estalló en risas de inmediato.
-¡Ya sé que es lo que está pasando aquí! – dijo el hombre secándose una lágrima que se le escapaba por la risa. Los chicos se miraron preocupados - ¡Encontraste a tu compañero de aventuras! – Exclamó feliz, haciendo que la princesa riera con él.
- Cuando era niña, siempre dije que nunca sería reina. – Explicó la rubia – Se supone que me convertiría en la mejor guerrera de mi tribu y exploraría el mundo junto a Stormfly.
-¿Entonces todo esto del matrimonio es un intento de escapar de sus deberes con sus pueblos? – Preguntó Todd con ironía.
-¡Estoy tan comprometida con Keikruk, como Hiccup lo está con Berk! – Afirmó Astrid con firmeza – Posponer nuestro mandato, significa tener más tiempo para prepararnos, madurar y convertirnos en los mejores líderes posibles.
-Comprenden que no podrán hacerse cargo de los dos lugares al tiempo ¿Verdad? – Preguntó el rey sin conocer realmente la naturaleza oculta de Keikruk – ¡Keikruk está literalmente al otro lado del mundo!
- Lo resolveremos en el camino – Respondió la princesa – Sé que encontraremos una solución.
- Sigo pensando que es muy poco tiempo de conocerse para tomar semejante decisión – interrumpió molesto Todd – Supongo que sabes que Astrid, no es precisamente material de esposa, ¿Probaste su comida?, esta chica no es capaz de cocer, cocinar o hacer cosas de mujeres, aunque he de reconocer que es preciosa, por eso insistí en que fuera mía, con un cuerpo así ha de ser una excelente compañera de cama.
Hiccup golpeó la mesa con la palma de su mano, como su padre solía hacerlo. Se le veía profundamente molesto – ¡Afortunadamente, soy un hombre tan capaz de cuidarme a mí mismo que no necesito una niñera! – Dijo indignado - Y no te permito hablar así de Astrid. Sin duda la razón por la que no está contigo es porque no la mereces. Ni siquiera eres capaz de ver lo valiosa que es – El joven perdido en su cólera sujetó la mano de la rubia sentada junto a él, quien no manifestó intención alguna en liberarse de su agarre. – ¡Astrid es la mujer más increíble que he conocido!, es fuerte, brillante, amable, dedicada, cariñosa. ¡A quién le importa si puede o no cocinar! – Dijo dándole a la rubia una significativa mirada – Si ella se convierte en mi esposa, lo único que importará es que seamos capaces de ser felices juntos. Ya sea gobernando nuestros pueblos o viajando en busca de aventuras. Astrid conmovida por sus palabras acercó su cuerpo al del joven y en un acto rápido y casto, le besó la mejilla con dulzura, lo que eliminó cualquier desagradable sentimiento que invadiera a Hiccup.
El rey se disculpó avergonzado por el comportamiento de su hijo, -¡Quien no está listo para gobernar eres tú! – Alegó el anciano. – Por si no lo has notado estás ofendiendo a mis invitados, que por si fuera poco son nada más y nada menos que los futuros herederos de sus tribus, ¿Qué hay en tu cabeza? -El rey ordenó a su hijo retirarse de inmediato.
-¡Espero que estés segura de lo que estás haciendo! – Afirmó mirando a la princesa – Y en cuanto a ti, ¡Cuídala o yo mismo me aseguraré de que Berk se quede sin heredero!- El joven se tensó por sus palabras ¿Había aceptado su "relación?
-Les ruego que lo disculpen. –Dijo el rey con tristeza -Mi hijo ha estado interesado en Astrid durante años, aunque lamentablemente su comportamiento egoísta le impidió llegar a tu corazón – dijo mirando dulcemente a la princesa – No es un mal chico, solo es terco como una mula, y supongo que lo he consentido demasiado.
-No se preocupe rey Ulrich – Respondió Astrid con suavidad – Lamento si en algún momento ofendí los sentimientos de su hijo, pero usted me conoce, y sabe que no haré nada en contra de mi voluntad.
-Lo sé pequeña – Afirmó el rey -Debo confesar que al principio pensé que todo esto del matrimonio era un invento para librarte de mi hijo, pero al ver la forma en que se miran, me convencí de la autenticidad de sus sentimientos. ¡Me alegra ver que hayas encontrado a tu compañero de vida! –Hiccup se ruborizó de nuevo, fue entonces cuando notó que sus manos permanecían entrelazadas. Lo que lo ponía nervioso y de alguna extraña forma muy feliz.
-Es algo tarde, creo que debemos partir – dijo Astrid suavemente sacando de sus ensoñaciones a su fingido prometido. El chico tan solo afirmó con la cabeza lo que la hizo reír de nuevo. –Ha sido un placer-se despidió la rubia levantándose de su asiento, liberando por fin su mano para estrecharla con la del rey. Hiccup repitió el acto. Los chicos abandonaron el lugar con una sonrisa y algo de arrepentimiento por sus mentiras. Que quizá habían sido innecesarias. Caminaron en silencio hasta la playa, donde sus dragones esperaban por ellos ansiosos por continuar el viaje.
La noche se sintió más larga de lo normal. La luna estaba llena, los dragones dormían plácidamente, pero los jinetes se mantenían en vela. Hiccup rodaba sobre las telas que le servían de cama, sin encontrar una posición cómoda que le permitiera relajarse y olvidar la cálida sensación que el toque de la princesa había dejado en su piel. Se sentía como si hubiese estado dormido, y el sueño hubiese finalizado. Astrid se encontraba algunos metros más adelante sentada en la pequeña playa contemplando la luna, como solía hacerlo desde que era una niña.
-¿Es preciosa verdad? – Preguntó Hiccup rindiéndose en su batalla por conciliar el sueño, mientras caminaba hacía la princesa, quien se estremeció un poco por su llegada.
-Lo es – afirmó sin voltear a verlo. Durante su corta estadía el chico había tomado de ella más de lo que hubiese estado dispuesta a dar. Se sentía avergonzada y algo nerviosa, siempre había sido impulsiva, pero nunca en el sentido que lo había sido hoy.
-¿Tampoco puedes dormir? – Preguntó el chico sentándose a su lado.
-Supongo que no – Respondió Astrid, sin voltear a mirarlo.
-¿Es muy pronto para querer escuchar esa historia? – Preguntó Hiccup con cuidado, había tantas cosas que había querido preguntarle, pero se sentía extremadamente inseguro de hacerlo.
-¿Qué deseas saber? – Preguntó la rubia cruzando sus piernas y abrazándolas en una equis.
-El por qué no golpeaste a Todd con tu hacha podría ser un buen inicio – Respondió el joven con sarcasmo, haciendo que la rubia riera levemente.
El reino de Amembo es uno de los aliados más importantes de Keikruk… además no tenía mi hacha conmigo – respondió Astrid con simpleza. -Nos hemos dedicado a rescatar esclavos durante años –Suspiró - Ya viste como funciona, ubicamos a los traficantes, liberamos a los esclavos y hundimos sus flotas. Pero el verdadero desafío es lo que viene después. Nos encargamos de reubicar a cada rescatado. En el mejor de los casos vuelven a casa con sus familias. En el peor de los casos no tienen a donde volver.-dijo Astrid en un tono sombrío -Cuando las aldeas son arrasadas completamente, debemos encontrar lugares para reubicar a las personas. Los mayores suelen insistir en reconstruir sus aldeas, hay quienes deciden empezar de cero en otro lugar, es allí donde nuestros aliados juegan un papel crucial – Explicó la princesa – Batallar y reubicar es una tarea que implica tiempo y recursos. No todos los reinos reciben refugiados, y debemos asegurarnos que no lleguen a estos territorios para ser esclavizados nuevamente. Por lo general, rescatamos niños de todas las edades. Muchos son devueltos a sus padres. Aquellos cuyas familias han sido diezmadas son entregados en adopción, pero cuando se trata de niños mayores, nadie quiere hacerse cargo. En Amembo los reciben con los brazos abiertos, no puedo arriesgar algo como eso – Hiccup guardó silencio durante toda la conversación, no esperaba una respuesta tan triste a su pregunta.
-¿Por qué no los llevan a Keikruk? – Preguntó con suavidad.
-Somos principalmente guerreras – Respondió Astrid – Pero más allá de nuestras limitadas habilidades de crianza. En nuestro pueblo reposan secretos que no pueden ser arriesgados. –La princesa levantó la mirada para observar con atención la luna y procedió a continuar con su relato- En algunas ocasiones nos topamos con niños que no son capaces de mencionar su propio nombre, mucho menos de decir de donde provienen. Ellos se quedan bajo nuestra custodia. Agotamos cada posibilidad de devolverlos a casa.
-Nos hemos establecido en un par de territorios que sirven de guardería para los niños. Muchos refugiados se quedan allí y nos ayudan con la tarea. Los niños son cuidados y amados hasta que encuentran un hogar. Algunas niñas insisten en unirse a nuestras filas, pero sólo pueden hacerlo desde una cierta edad. Yo misma soy una de esas chicas cuya familia nunca pudo ser encontrada.
-Lo lamento – dijo Hiccup en seguida – No es necesario que lo menciones si te hace daño – El chico miraba a la rubia con preocupación. Aunque de alguna manera se sentía honrado por poder conocer un poco más acerca de ella.
-Ahora pertenezco a Keikruk – dijo Astrid sonriendo para el chico – No hay nada que lamentar. A decir verdad fui muy afortunada. Mi madre se hizo cargo de mí desde que era apenas un bebé. No todos pueden contar con tanta suerte, ¿Ahora entiendes por qué no le corté la cabeza a Todd? – Preguntó Astrid en un tono más alegre robándole una sonrisa a su acompañante -¿Qué hay de ti chico dragón?, No es la primera vez que escucho que no quieres hacerte cargo de tus responsabilidades como heredero.
-Oh… respecto a eso…no es para mí Astrid –dijo Hiccup en un tono triste – Todo eso de planear y dirigir la aldea… eso…eso es lo suyo
-Creo que todavía no lo entiendes – Interrumpió Astrid – Serás jefe de tu tribu ¡Qué gran honor!
-Es que… yo no soy igual a ti-Respondió Hiccup en un tono suave – tu sabes exactamente quién eres. Siempre lo has sabido… pero yo… yo sigo buscando. Yo sé que no soy mi padre y… jamás conocí a mi madre… entonces ¿Eso en qué me convierte? – La princesa observó con detenimiento al chico y se acercó un poco más a él
-Lo que estás buscando no está ahí afuera Hiccup – dijo la rubia con dulzura –Sino aquí, tal vez no te has dado cuenta – Al mencionar la última frase puso una mano en su pecho justo sobre su corazón. Ninguno de los dos retrocedió pese a la intimidad de su caricia.
-Tal vez, ¿Pero te digo algo? – Preguntó el chico sin esperar una respuesta – Sé que hay algo allí afuera. – La princesa sonrío.
-¡No siempre supe quién era Hiccup! – Dijo Astrid – A veces aún siento que no lo sé. Yo también estuve allí. A decir verdad nunca quise tal cosa como ser reina. Quería convertirme en la más fiera guerrera una…'doncella de escudos" lo llaman en algunas partes. Le traería libertad al mundo y les daría un hogar a aquellos como yo. Volaría libre por los cielos junto a Stormfly y Winstar. Y encontraría aquello que no dejaba de llamarme.
-¿Y cuándo lo encontraste? – Preguntó Hiccup
-Cuando dejé de buscarlo – Respondió Astrid con su voz casi susurrante– Todos nacemos con un destino Hiccup. El tuyo es ser grande. Lograr lo imposible. Quizá no lo ves pero lo estás haciendo. Cuando me nombraron heredera pensé que la libertad se me escaparía de las manos. Pero entonces comprendí que tu deber está con aquellos a quienes amas. Y que no existe mayor honor que servir a los tuyos. Es normal temer –dijo la princesa sin retirar la mano de su pecho -Lo importante es no dejar de avanzar – Hiccup miraba perdido a su compañera de aventuras. Sus ojos lo miraban salvajes y curiosos, y al tenerla tan cerca podía ver destellos provenientes de su alma. Astrid no dejó de mirarle, se concentró en detallar su rostro, en preguntarse qué tenía este chico que le resultaba tan fascinante. ¿Por qué el latido de su corazón bajo su mano era tan abrumador? Sin duda era muy diferente a aquellos chicos que había conocido antes. Se sentía atraída hacia él de una forma casi hipnótica. Siempre pensó que era la influencia de la luna la que atraía a los hombres a ella, cual abejas a la miel. Era fascinante toparse con un sentimiento como este. Sintió la necesidad de acercarse aún más. Se preguntó qué sentiría si sus labios acariciaran los suyos. Pero este pensamiento la devolvió a su realidad. Aquella en que estaba maldita, aquella en la que no podría permitirse amar a nadie. Aquella en la que su alma dejaría de existir en cualquier momento. La chica se alejó bruscamente sorprendiendo al joven que aún la miraba embelesado. Todos nacemos con un destino, y el suyo no era más que sacrificarse por la posibilidad de un futuro mejor, en espera de que el alma de la diosa Kre despierte y le arrebate cada gota de consciencia.
-¡Es tarde Hiccup!– dijo con sus mejillas aún rosadas – Creo que deberíamos ir a dormir, debemos partir rumbo a Loreto al amanecer.
-¡Espera! – Dijo el chico con suavidad, sujetándola de la mano evitando que se fuera, aún sin saber qué más decirle - ¿Puedo preguntarte algo más?- La chica asintió en respuesta -¿Te gusta la luna? –Seguro que habían mil cosas más inteligentes que podría haber dicho. Se mordió la lengua al no tener el valor de preguntar lo que realmente quería saber.
-Es hermosa – Respondió la chica acomodándose de nuevo.
-Es más que eso – Respondió el chico haciéndose el interesante – Mucha gente no lo sabe pero la luna es asombrosa. ¿Has notado como influencia las mareas? –Preguntó con detenimiento – Algunas criaturas solo cortejan bajo su luz, incluso creo que Snotloud es más voluble en las noches de luna llena – La chica comenzó a reír. Amaba el sonido de su risa.
-Tienes razón, la luna es asombrosa – Sus mejillas se sonrojaron de nuevo, el chico estaba alabando al gran cuerpo celeste que los observaba con atención. Pero se sintió como el más íntimo de los afectos. Y entonces lo hizo de nuevo. Allí estaba él, adueñándose de su voluntad. La rubia princesa recargó su cabeza sobre el hombro de su compañero y suspiró. Se permitió inhalar su aroma. Entonces se quedó dormida. Allí acunada contra él. Con la luna como testigo de su infinita tragedia.
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Nota de autor:
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Espero que hayan disfrutado la lectura. Quise crear un ambiente un poco relajado donde los protagonistas pudiesen dar a conocer sus perspectivas del amor y finalmente acercarnos un poco más a esos momentos Hiccstrid que tanto amamos (o por lo menos yo los amo, ya que vivo leyendo fanfics). No sé si lo notaron pero puse una escena completa de HTTYD2 es una de mis partes favoritas de la película. Y la escena de la playa es como la de RTTE 1ra temporada.
Tuve una enorme confusión con el "My Lady" de Hiccup, en teoría en español, sería "Milady", pero decidí dejarlo en inglés, espero no les moleste.
Como autora, no soy mucho de "se conocen –se enamoran-se casan", yo suelo necesitar algo más de interacción, y en vista de que los personajes no se conocían de toda la vida como en la franquicia de HTTYD, tuve que recurrir a estos dos capítulos, en que se hable un poco más de sentimientos. He de decir que lo que tenemos aquí es un enamoramiento superficial aún, que espero pueda madurar y hacerse un amor sólido.
Mil gracias por leer, un abrazo enorme y gracias por la paciencia.
