Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
CURTAINS
Capítulo veintiuno
Bostezando, le doy a Renee los últimos platos para aclarar y meter en el lavavajillas.
―¿Cansada, cariño? ―Deja correr el agua sobre los platos. El ligero vidriado de sus ojos delata su propio cansancio.
―Un poco, y no sé porqué. Lo único que he hecho todo el día ha sido estar sentada, ―digo, lavándome las manos.
―Viajar agota, ―acepta.
―Sí, hay un buen trecho entre Seattle y Forks. ―Sonrío, rodando un poco los ojos.
Ella me mira, sonriendo ampliamente mientras me da con un trapo.
―Listilla.
El reloj digital de los fogones me llama la atención. Son las 7:30.
―En realidad, mamá, voy a darme una ducha rápida.
―Vale... o también puedes darte un baño. Es una buena forma de relajarse.
Sacudo la cabeza.
―Creo que no. Edward va a venir a recogerme dentro de nada.
Levanta la mirada hacia mí, con la sorpresa danzando por toda su cara.
―Oh, no me había dado cuenta de-
―Nop. No es así, ―la interrumpo, sabiendo que soy una mentirosa―. Solo vamos a dar una vuelta.
―Hmmm. ―Se agacha para poner detergente en el lavavajillas.
Ruedo los ojos otra vez, sin sentir ya tanta diversión. No hay nada como volver a casa y estar bajo el techo de tus padres para sentirte como una cría de nuevo.
Todavía tengo el pelo mojado cuando Edward llega. La verdad es que no me importa su aspecto, pero la temperatura ha bajado fuera.
Bueno, vale, sí que me importa. Pero el frío es la razón principal.
―Hola, ―digo, abriendo la puerta.
―Hola. ―Su mirada es bastante intensa y tiene las manos en los bolsillos.
―Entra un segundo, tengo que secarme el pelo.
―Vale. ―Encogiéndose de hombros, me sigue al piso de arriba.
En mi habitación, enciendo el secador y me pasó el cepillo por el pelo. Por el espejo miro cómo Edward se pasea, examinando mis fotos y mis libros.
―¿Qué te apetece hacer esta noche? ―pregunto, apagando el secador y recogiéndome el pelo en una coleta.
―Hay una hoguera en La Push. Alice y Jasper van, ―dice.
Mi estómago cae hasta el suelo.
―Oh.
Él frunce el ceño.
―¿Qué?
―¿Y si Jake está allí? ―pregunto, cerrando mi bolso.
―¿Y qué si está? ―Edward parece irritado.
―Tienes razón. ―Suspiro―. Vamos.
―¿Qué otra cosa podemos hacer, Bella? Estamos en Forks, por el amor de Dios, ―gruñe.
―He dicho que vale. No te pongas así.
En el coche vamos en silencio. Si nos picamos tanto como amigos, tiemblo al pensar cómo seríamos como pareja.
Aun así, no puedo mentirme a mí misma. Estar con Edward siempre me ha hecho sentir -incluso cuando me ha hecho sentir horrible.
Sin embargo, últimamente, no me hace sentirme horrible.
Me hace sentir ansiedad en el mejor de los sentidos.
Paramos para comprar cerveza y algo de picar antes de seguir nuestro camino hasta La Push. El aparcamiento cerca de la playa ya está lleno y eso me tranquiliza; aunque es probable que Jake esté ahí, también es cierto que está todo el mundo. Las vacaciones de Navidad traen a todos de vuelta a casa.
De alguna manera, casi sin que me haya dado cuenta, Edward y yo nos hemos convertido en una unidad. En Seattle parece algo natural, ya que allí vivimos en una apartada burbuja, pero en Forks me siento mucho más expuesta. Me recorren temblores de nervios y me pregunto de forma irracional si él cederá a la presión y se apartará.
¿Y si estar en casa es algo tóxico que le hace actuar como solía hacerlo? O peor, ¿y si yo empiezo a actuar como antes?
Pero intentaré con todas mis fuerzas no preocuparme. Llevamos la cerveza y la comida hasta un grupo de neveras que han sido colocadas juntas.
―¡Bella hola! ―Levanto la mirada al oír la familiar voz.
―Hola, Tyler. ―Sonrío, abrazándole ligeramente. Él sonríe ampliamente y saluda a Edward antes de seguir. Y entonces todo cae en su lugar -por todos lados vemos a gente que conocemos, que también nos conoce. Dando un trago a mi cerveza, empiezo a relajarme, porque la verdad... es que esto es bastante divertido. No puedo decir que me recuerde al instituto, porque esa parte de mi vida fue difícil y está llena de recuerdos dolorosos, pero puedo apreciarlo.
Está bien estar en casa. Pertenezco a este lugar.
Jasper y Alice se unen a nosotros y nos colocamos en una manta cerca del fuego, agradeciendo el calor y la luz.
Alguien le ofrece a Edward una calada de su porro y yo me tenso de forma automática. No me opongo a la marihuana, pero elijo no fumar. También siento aprensión porque Edward lo haga; no quiero verle portándose de forma extraña y volviendo a ser como antes, o explotando en una llama de falsa alegría y hablando sin parar con historias de colocado.
―Nah, estoy bien, ―dice, sacudiendo la cabeza. Nuestros ojos se encuentran y sonrío, bajando la mirada a mi regazo.
―Eres muy graciosa, ―dice con una risita.
―¿Por qué? ―Le echo una mirada.
―Estás tan preocupada...
Asiento, sonrojándome. Es cierto, lo estoy.
Él pone su mano en mi rodilla y mi corazón se salta un latido.
Alguien se sienta a mi otro lado, empujándome un poco.
―Perdona, ―dice, ruidosa y arrastradamente por el ron.
Arrugando la nariz, miro a Edward, que se mueve y, sin preguntar, tira de mí para sentarme entre sus piernas.
No me pregunta si está bien, porque sabe que sí.
Mi corazón late rápido y ruidoso, y me aparto el pelo a un lado para que él no lo tenga en la cara. Él curva su cuerpo sobre el mío y apoya la barbilla en mi hombro.
Quiero decirle lo que pienso y cómo me siento, que incluso cuando le odiaba le amaba y ahora que me cae bien le amo incluso más. Pero no puedo, todavía no. Puede que nunca.
Miro al fuego adormilada, temblando cuando su fría nariz me acaricia el cuello.
Mis ojos se centran y la ligereza en mi tripa se vuelve pesadez, como si un ladrillo hubiera caído en ella.
Jake está sentado justo frente a nosotros. Su mirada es incrédula y sus ojos están entrecerrados -parece dolido.
¡Hola!
Ayer no pude actualizar, lo siento.
¿Qué os ha parecido este capítulo? Estoy deseando leer vuestras opiniones.
En el próximo seguimos en la hoguera. ¿Qué pasará con Jake?
¡Nos vemos la semana que viene!
-Bells :)
