Hola.
Quería disculparme por la ausencia. Les contaré un poco de cómo inició la aventura de escribir este Fic y por qué he estado tan perdida. Como muchos habrán visto por ahí acabo de terminar la universidad. El asunto es que me diagnosticaron una enfermedad que me forzó a irme a vivir de nuevo con mis padres mientras recibía tratamiento. Y allí en mis días de mucho tiempo libre surgió esta historia, como una derivación de otra que rondaba mi cabeza hace mucho. Desde chica escribí cosas pero nunca me animé a publicar y en mi convalecencia y tras leer muchas historias grandiosas dije ¡Publicaré! Pero ahora ya me encuentro mucho mejor y estoy lista para continuar con mi vida, por lo que de nuevo me mude a la ciudad donde vivía, y empecé mi búsqueda de empleo, lo que me ha consumido un montón de tiempo (Y es justo ese el motivo porque llevo como un mes escribiendo un capitulo, además de que con tanta cosa he estado un poco corta de inspiración). En fin… dejando atrás lo negativo, estoy de vuelta y espero quedarme hasta terminar esta historia. Muchas gracias a todos los que me siguen a mí y a mis historias.
A propósito los quiero invitar a leer un oneshot que escribí basado en el capítulo "My amore ala" de la última temporada de RTTE. Es realmente corto, espero que les guste.
En este capítulo tendremos un poco más de romance Hiccstrid. Pero con algo más de acción ya que nuestros chicos empiezan a acercarse a Babilonia. Quiero además descargar créditos. Como sabrán todos los personajes de HTTYD pertenecen a Cressida Cowell y Dreamworks por su puesto. (Para aquellos que son autores, tengo una pregunta ¿Es necesario dar créditos en cada capítulo o basta con hacerlo al principio de la historia?)
¡Como siempre muchas gracias por leer y que disfruten la historia!
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Capítulo 14. Loreto.
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Hiccup despertó con la luz del sol, notando que se había dormido sobre la arena. Estiró sus brazos y se giró para notar que allí estaba ella. Dormida profundamente, con algunos cabellos que escapaban de su trenza para acariciarle el rostro. Entonces, recordó como su voz se apagó en medio de la conversación, como la dicha lo invadió al verla recostada en su hombro, al sentirla cerca y escucharla suspirar. Por primera vez inhalo el aroma de su piel. Su rostro se pintó de rojo y su corazón latió con fuerza. No hubo autocontrol suficiente para detener su mano cuando le acarició la mejilla. La inconsciente chica sonrió entre sueños ante la inesperada caricia.
-¡Astrid! – la llamó el chico sacudiendo delicadamente su brazo. – La rubia abrió lentamente los ojos.
-¿Qué pasa Hiccup? – Preguntó somnolienta. Al percibir el sol justo sobre ella se sobresaltó.
-¿Me quedé dormida en la arena? – Preguntó asustada- ¿Por qué no me despertaste?
-Lo siento, también me quedé dormido – Respondió Hiccup. De inmediato la joven se giró para verlo. Detalló su despeinado cabello y la suciedad sobre sus ropas. Entonces los recuerdos llegaron a su mente y el color a sus mejillas. Se sintió tonta al no ser capaz de detener sus impulsos. Se sonrojo y se puso en pie de inmediato.
-Es tarde, debimos partir hace horas – Dijo la rubia recalcando lo obvio. Los jinetes se separaron para prepararse para el viaje mientras sus dragones los observaban alegres desde la distancia. Recogieron su campamento, desayunaron y partieron. En esta ocasión no hubo exploración o entrenamientos matutinos. Los siguientes días fueron silenciosos. Ninguno comentó acerca de lo sucedido esa noche. Les tomó cerca de cinco días más llegar a Loreto, Teniendo el tiempo justo para llegar a Dalhgur antes del inicio de las nevadas, ya que el exuberante mercado se encontraba a cuatro días en vuelo desde su posición, por lo que debían pasar la noche y continuar su recorrido. La isla se presentaba ante ellos como un sitio de exuberante vegetación. Las copiosas selvas se extendían casi hasta el borde de las playas. Lo que los forzaba a internarse en los bosques en busca de refugio. Los jinetes conscientes de que debían pasar la noche en la isla, descendieron en la arena y se dispusieron a caminar entre la flora. El lugar era increíblemente húmedo. Llevaban cerca de dos horas de camino cuando llegaron a un pequeño claro y una extraña sensación los invadió. Se miraron a los ojos con determinación transmitiéndose la preocupación en silencio. La princesa desenvainó su espada lista para atacar, mientras que el joven preparó su imponente escudo para defenderla. En silencio Astrid concentró un poco de su energía para escanear el lugar en busca de criaturas divinas, pero allí no había nada. Sus enemigos eran humanos.
Continuaron a la defensiva, espalda con espalda. Los dragones rodeándolos protectoramente al detectar los minúsculos sonidos imperceptibles para sus jinetes. Entonces Hiccup, disparó desde su escudo un par de bolas unidas con una cadena en dirección a la espesura, provocando un grito en la receptora del ataque. De inmediato Astrid arremetió con su espada hacia la vegetación, topándose con una pequeña niña de no más de 10 años atada firmemente con la cadena lanzada por su compañero. Quien se acercó y al igual que ella se sorprendió con el hallazgo.
-Aléjense de ella – Dijo una aguda voz desde la vegetación. El movimiento en las plantas se hizo evidente, y de su escondite salieron cinco ¿niños? Cada uno de los chicos estaba armado. Ballestas apuntando contra ellos. Espadas alzadas en su dirección. Hiccup anonadado por el repentino ataque alzó la vista para toparse con cerca de una decena de dragones que protegían a los niños desde las alturas.
-Creo que estamos en problemas My Lady – Dijo en baja voz. Indicando su hallazgo con su mirada a la princesa. Winstar y Chimuelo gruñían a los asaltantes en espera de una señal para atacar.
-Aléjense de ella – gritó uno de los chicos de nuevo.
-Creo que tenemos un gran malentendido aquí – Afirmó la princesa con firmeza, levantando la chica y disponiéndose a liberarla de sus ataduras, Hiccup tomó el arma de la pequeña por seguridad. Igualmente sostuvo la brillante espada de la princesa, mientras esta soltaba la cadena con habilidad. – Somos un par de viajeros, nos detuvimos en su isla para descansar, no quisimos ser impertinentes.-dijo Astrid liberando a la niña que corrió despavorida hacia sus amigos y se abrazó firmemente a uno de ellos, que la envolvió protectoramente.
-Sus dragones nos pertenecen ahora – dijo el mayor de los atacantes. Un chico rubio de alrededor de 16 años. -Me temo que ahora que conocen nuestra posición deberán ser nuestros invitados. ¡Sus armas al piso ahora! – Gritó.
-Como lo he dicho anteriormente, creo que estamos en medio de un gran malentendido. –Dijo Astrid con serenidad – Somos viajeros, no tenemos intención alguna de atacarlos o inmiscuirnos en los asuntos de su tribu.
- ¡Mientes! – gritó una chica de largos cabellos negros. –No son más que viles comerciantes de dragones, en el peor de los casos cazadores.
-¡Te equivocas! – dijo Hiccup con algo de preocupación y sorprendido por la serenidad de su acompañante – Estos son nuestros amigos, nunca les haríamos daño. –Los dragones continuaban en actitud defensiva gruñendo a los pequeños atacantes.
-Deseamos hablar con su líder – dijo Astrid en nuevo intento de negociación.
-Pues ya lo estás haciendo hermosa – replicó el chico rubio, ganándose una mirada despectiva de la princesa de Keikruk ante su coqueteo– No saldrán de este lugar, hasta que obtengamos lo que queremos.
¿Y qué sería eso? – Preguntó Hiccup
-No es asunto suyo – gritó otra aguda voz – Entreguen sus armas y a sus dragones sino quieren morir en este momento. De inmediato Astrid tomó de nuevo su espada, aunque esta vez por el filo. Y la lanzó al líder de los chicos, de tal forma que fuese recibida por la empuñadura y no lastimara al joven. El rubio trató de atraparla con una mano pero le fue imposible. El peso del arma prácticamente lo derribó. Todos la miraron sorprendidos.
-Supongo que podemos entregar nuestras armas, pero los dragones no están en discusión – Afirmó con una sonrisa victoriosa. Hiccup la miró confundido. Nunca se imaginó que entregaría su espada. La chica se volteó a verlo y le sonrió dándole a entender que todo estaba bajo control. Entonces un extraño silbato sonó. Los dragones enemigos descendieron de los árboles ante la orden de los chicos de inmovilizar a los visitantes. Pero para sorpresa de todos, sobaron sus cabezas contra Winstar y Chimuelo, dándoles la bienvenida.
-Los dragones tienen la habilidad de percibir cuando alguien quiere hacerles daño y los suyos sin duda creen en nosotros –dijo Hiccup con confianza. Los niños aún confundidos, pero un poco menos renuentes a la presencia de los jinetes continuaron instigándolos. Astrid e Hiccup soltaron sus armas y permitieron a sus atacantes atarlos de las muñecas. Los dragones nunca se alejaron de ellos.
-¡Caminen! –dijo uno de los chicos forzándolos internarse aún más en la jungla. Deteniéndose en una zona despejada junto a un pequeño lago. Allí había algunas carpas y utensilios, que daban a entender que estaban completamente instalados en el sitio. Pero no llevaban allí demasiado tiempo. Los jinetes fueron encerrados con sus manos atadas en una enorme jaula, cuyo material aprueba de dragones fue reconocido de inmediato por Hiccup. Sin duda jaulas de cazadores de dragones.
-Espero que tengas un plan para sacarnos de aquí. No creo que nuestros dragones puedan hacerlo – dijo Hiccup molesto por la situación.
-No te preocupes Hiccup esta jaula es aprueba de algunos dragones. No incluidas allí las furias diurnas – respondió la rubia en un susurro. Hiccup la miró sorprendido por su revelación. Si se hubiesen conocido antes, su presencia habría sido determinante para atacar a los cazadores.
-¡Silencio! – Grito el lider al percatarse de los cuchicheos – ¡Expliquen quiénes son y a dónde se dirigen! – Los capturados se dieron una mirada cómplice. Durante su viaje solían ocultar sus identidades de aquellas personas con las que ocasionalmente se encontraban, por lo que uno sugeriría una identidad y el otro le seguiría el juego. La estrategia serviría siempre y cuando no estuvieran separados.
-Mi nombre es Hiccup, y esta bella dama que me acompaña es Astrid – Respondió el heredero de Berk con soltura tomando la iniciativa–Viajamos por el mundo haciendo mapas. Los dragones que nos acompañan son Chimuelo y Winstar. Son nuestros amigos, lo han sido desde siempre.
-¿Chimuelo? – Preguntó un pequeño niño de rozagantes mejillas rosadas acercándose tímidamente a los dragones.
-Dientes retractiles – Respondió Hiccup acostumbrado a que le preguntaran sobre el nombre de su dragón -¡Muestrales amigo! – El dragón retrajo sus dientes y les dio a los niños su característica sonrisa desdentada, que los hizo reír y bajar un poco la guardia.
-¿De dónde los sacaron, nunca vi dragones como estos? –Preguntó el líder, pero antes de que pudiese obtener una respuesta, los curiosos niños se abalanzaron hacia los dragones e inundaron a los jinetes de preguntas -¿El dragón blanco también puede retraer los dientes? ¿Son niño o niña? ¿Por qué son de un solo color? ¿Cuántos años tienen? – Astrid e Hiccup miraron a sus captores con ternura. Al parecer no eran más que niños, atrapados en una extraña situación.
-Su nombre es Winstar, ¡y no!, ella no es capaz de retraer sus dientes aunque es súper rápida – dijo la chica con simpatía.
-Aunque no tanto como para derrotar a Chimuelo – replicó Hiccup juguetonamente, ganándose un pequeño codazo de la rubia atada a su lado.
-¿Cómo los obtuvieron? – Preguntó la menor de las niñas acariciando las orejas de la dragona blanca. La misma chica que había sido atrapada por las cadenas del escudo de Hiccup.
-Oh… esa es una historia curiosa – respondió Astrid divertida – Winstar ha sido mi amiga desde que tengo seis. La conocí un día mientras paseaba por el bosque. Era realmente pequeña no mucho más grande que un terror terrible. Yo estaba entrenando con mi hacha y quizá pude asustarla un poco porque… ¡Me mordió! –Exclamó sonriente –El asunto es que desde ese día sin importar lo que hiciera no pude alejarla de mí, no quiso dejarme. Incluso, durmió en mi cama.
-Eso explica las escamas y los travesaños del techo – Replicó Hiccup - ¿Es así como la conociste?
-Sí – Afirmó Astrid sonriente. –No te imaginas todo lo que hizo mi madre para tratar de devolverla al bosque o hacer que durmiera afuera. –Los chicos sonrieron con nostalgia. –A propósito de padres ¿Dónde están los suyos?-Preguntó Astrid con suavidad, notando sólo ropa de niños en los tenderos del campamento.
-No es asunto tuyo rubia – dijo el mayor de los chicos. De inmediato el ambiente se tensó de nuevo.
-Lamento si fui impertinente -dijo Astrid con serenidad tratando de captar de nuevo la simpatía de los niños – Cómo les dijimos somos viajeros y debemos alcanzar el mercado de Dalhgur antes de que lleguen las heladas o nuestro viaje se retrasará significativamente.
-Lo siento pero como les dije serán nuestros prisioneros hasta que cumplamos nuestra misión, entonces serán libres de irse… sin los dragones por supuesto – dijo el líder – ¿Por qué tanta prisa en llegar a Dalhgur? –Preguntó el chico con un tono sombrío -¿Tienen algún asunto urgente allí?
-Verás –respondió Astrid –mi amigo aquí presente es un hombre extraordinariamente talentoso. Sus mapas de hecho son muy populares e increíblemente detallados, por lo que estamos en un viaje de exploración para cartografiar esta zona. Planeamos usar Dalhgur como punto de referencia. ¡Es de hecho un lugar de paso!, aunque si pudiéramos vender algunos mapas no estaría mal. Como les dijimos llegamos a Loreto para descansar, no quisimos ser impertinentes.
-¡No les creo! –Dijo otro un niño corpulento de cabello rojizo – Seguramente son de esos chicos ricos que reciben dragones para sus cumpleaños.
-¿Qué? –Preguntó Hiccup consternado -¿En qué lugar de Cenuke alguien recibe un dragón como obsequio?, provenimos de Berk, nuestra tribu convive en paz con los dragones. Allí los dragones viven en libertad.
-¿Berk? ¿En el archipiélago Bárbaro? – Preguntó la chica de cabello negro asombrada - ¡Eso queda realmente lejos! …por los dioses… es de allí donde proviene el conquistador de dragones ¿lo conoces? –Preguntó emocionada haciendo reír al heredero de Berk –He escuchado que es una verdadera utopía de humanos y dragones. ¡Quiero conocerlo algún día!
-La verdad es que lo del conquistador de dragones es algo así como una leyenda – dijo Hiccup evitando el molesto tema, haciendo que Astrid riera descaradamente –Es algo más tradicional…aunque lo de la utopía de dragones es algo más real, o por lo menos tratamos de que así sea. Berk es un lugar asombroso –dijo con nostalgia, extrañando su hogar y a los suyos.
-¡Prueben cada una de sus palabras y entonces consideraremos regresarles a sus dragones! – dijo de nuevo el líder mirando a los dragones recostados protectoramente alrededor de la jaula.
-¿Cómo se supone que probemos algo como eso? –Preguntó Astrid –Los dragones que nos acompañan se encuentran en perfectas condiciones. Tenemos un vínculo especial con ellos, creo que eso es suficiente prueba de que no somos cazadores o traficantes o lo que sea que se estén imaginando.
-No podemos cuestionar eso –dijo otro de los niños de mayor edad – Pero incluso que tengan dragones que los amen no significa que podamos confiar en ustedes y dejarlos ir. No hasta que cumplamos con nuestro cometido.
-¿Y exactamente qué es lo que desean hacer? –Preguntó Hiccup cauteloso – si nos lo dijeran quizá podríamos ayudarlos y acabar con este malentendido. En realidad necesitamos cruzar Dalhgur antes de que lleguen las heladas o nuestro viaje podría retrasarse meses –dijo el heredero.
-¡Está bien! –Dijo de nuevo el líder – vamos a deliberar acerca de esto. No podemos arriesgar nuestra misión.
-Ya les dijimos que no interferiremos a menos que ustedes así nos lo pidan –dijo Hiccup – Es más si nos liberan partiremos de inmediato. Encontraremos otro lugar para pasar la noche.
-No hay ni un solo farallón en unas 10 horas de vuelo, no creo que sus dragones resistan –indicó la mayor de las niñas –Obligatoriamente es necesario detenerse en Loreto.
-¡Encontraremos una solución! - indicó el heredero de Berk perdiéndose la mirada suplicante de la princesa a su lado.
-¡Ya les dije que deliberaremos! –Dijo el líder en un tono molesto –Por lo pronto seguirán atados y encerrados. ¡No se atrevan a hacer algo estúpido o yo mismo acabaré con sus vidas! – Los prisioneros vieron con horror como el resto de los niños incluso los más pequeños asentían con la cabeza.
La jaula donde eran prisioneros era realmente pequeña, por lo que estaban sentados muy cerca uno del otro. Los herederos observaron cómo los niños se alejaban a deliberar tras la orden de su líder y ahora eran custodiados únicamente por los dragones.
-¿Cómo se supone que saldremos de todo esto? –Preguntó Hiccup a la princesa que miraba con preocupación en la dirección en la que los niños partieron.
-No te enojes conmigo… pero ahora creo que no lo sé –dijo con duda – Estoy realmente preocupada por ellos Hiccup ¿Viste lo pequeños que son estos niños? ¿Por qué están armados y solos? ¿Dónde se supone que están sus padres o sus familias? Siento que algo realmente malo está pasándoles.
-También lo creo – Respondió en un tono resignado – supongo que debemos quedarnos
-Oh Hiccup lo siento – dijo Astrid en un tono de tristeza girándose para mirarlo a los ojos – Sé que prometí que nos daríamos prisa con todo esto para que vuelvas a casa. Has de pensar que soy realmente mala cumpliendo mis promesas.
-No te preocupes – dijo el heredero mirándola con cariño – También quiero saber qué está pasando y cómo podemos ayudarlos. ¿Cuántos años crees que tienen? –Preguntó curioso.
-No más de ocho - Respondió Astrid.
- Si nos quedamos este viaje podría extenderse demasiado –Preguntó el castaño con firmeza, tanteando la determinación de la princesa, ya que el mismo había decidido llegar al fondo del asunto.
-Soy consciente de ello –Respondió Astrid con simpleza – Sé que si partimos a Babilonia, para cuando volvamos podrían no estar, y entonces no podríamos protegerlos.
-Estoy contigo en esto my lady –dijo Hiccup mirando directamente a los ojos de la chica
-Lo sé –Respondió la chica en un susurro y se acercó para poner un casto beso sobre su mejilla – Gracias Hiccup, eres increíble.
El joven se sonrojó profusamente –Podría acostumbrarme a esto –susurró para sí mismo, entonces observó a la apenada princesa que al parecer se regañaba a sí misma por sus actos, por lo que decidió no avergonzarla y simplemente preguntó -¿Cómo se supone que justificaremos que queremos quedarnos?
-No lo sé, algo se nos ha de ocurrir – respondió Astrid en una tímida voz, aun reponiéndose de sus acciones anteriores – Sea lo que sea lo resolveremos Hiccup.
-Hay algo que me está molestando desde hace un tiempo Astrid –Dijo el joven con firmeza, haciendo que la princesa se tensara - ¿Qué pasa con la espada sagrada? ¿Por qué ese chico no pudo cargarla? Es exactamente lo que sucedió durante el festival con Snotloud.
-Ohh… se supone que es un regalo de los Dioses a las guerreras blancas, por lo que sólo las personas de mi tribu pueden cargarla.
Pude hacerlo –Cuestionó Hiccup.
-Lo hemos conversado con las chicas. Quizá es porque eres el compañero de Tenebrios, o tal vez los dioses te aman. No tengo una respuesta para ello. –Respondió Astrid –También me sorprendí mucho cuando la sujetaste durante la batalla contra el dullahan. Supuse que eras aún más raro –dijo Astrid en un tono juguetón haciendo que al chico se le escapara una leve risa.
-Gracias por lo que me toca mi lady –dijo el joven fingiéndose indignado.
-En realidad creo que los dioses han visto tus cualidades. Eres un gran hombre Hiccup, quizá crean que puedes contribuir con la causa. Talvez es por eso que insisten en mantenernos unidos. –El chico simplemente sonrió.
Sabes Astrid, sonará un poco extraño, pero siento que desde que partí con ustedes, me acercó más a aquello que estoy buscando –dijo Hiccup -¿Recuerdas que te hable acerca de algo esperando por mí allí afuera?...Ahora siento que sigo el rumbo correcto.
-Lo haces chico dragón – Respondió la rubia sonriente – Por ahora debemos tratar de averiguar qué es esa famosa misión de la que siguen hablando –Dijo Astrid observando a los niños que caminaban desde la distancia hacia ellos, lo que silenció su conversación.
-Hemos tomado una decisión –dijo el líder –Me temo que no podemos dejarlos partir. No podemos arriesgarnos. Hemos estado planeando este ataque durante meses. Una oportunidad como esta no se repetirá – Los herederos se tensaron al escuchar la palabra ataque.
-¿Ataque? –Preguntó Hiccup exteriorizando sus preocupaciones –Tienen que estar bromeando… ¿Cuántos años se supone que tienen? ¿12?
-No estamos bromeando –respondió el rubio con seriedad – Somos guerreros. Pertenecemos a la resistencia frente a los cazadores y traficantes. Juramos proteger a las personas inocentes. Seguimos los paradigmas de la tribu de las guerreras blancas – Al escuchar el nombre de su tribu y la diatriba del chico Astrid de tensó. Por supuesto que sabía que había otros combatientes en esta guerra, pero nunca se imaginó un equipo formado exclusivamente por niños.
¿Tribu de las guerreras blancas? –Preguntó Astrid con timidez
-Ellas son geniales y hermosas – Respondió la más pequeña de las niñas de forma sonadora.
-Entonces ustedes pertenecen de alguna manera a esa tribu - indicó Astrid aún vacilante, y ahora muy confundida.
-Ya quisiéramos –dijo la chica mayor – Muchos creen que las guerreras blancas son un mito. Valientes y hermosas guerreras vestidas de blanco que luchan por proteger a los inocentes. Muchos dicen que son criaturas mágicas enviadas directas de los dioses para acabar con la injusticia.
-¿Conocen a alguna guerrera blanca? – Preguntó Astrid tratando de comprender lo que sucedía, y cómo estos niños habían terminado en semejante situación.
-En realidad no – Respondió el chico corpulento – Hemos tratado de alcanzarlas durante meses. Pero su isla nunca está donde dicen que está. Hemos seguido muchas pistas falsas. Tratamos de pedir su ayuda, pero como no lo logramos hemos decidido atacar nosotros mismos.
-¿A quién? –Preguntó Astrid con firmeza
-Podremos parecer jóvenes –dijo el más pequeño de los niños de una forma pausada, con la inocencia de su edad aun marcada en su tono –Estamos capacitados y vamos a rescatar a nuestro amigo, y hasta que él no esté sano y salvo con nosotros ustedes no podrán partir. No podemos arriesgarnos a que sean espías de Drago Bludvist
-¿Drago Bludvist? –Preguntó Astrid alzando la voz -¿Cómo se supone que conocen a este tipo? ¿Dónde está su amigo?
-Mi hermano menor será vendido como esclavo en el mercado de Dalhgur en dos meses –dijo una de las niñas, haciendo que los jinetes la miraran preocupados.
-¿Cómo sabes eso? –Preguntó Astrid confundida
-Dentro de exactamente 60 días habrá una gran subasta de esclavos en el mercado de Dalhgur, incluso se dice que Drago estará allí –Respondió el líder
-Ese tipo es muy peligroso. Es uno de los peores bandidos de los últimos tiempos –dijo la princesa de Keikruk exaltada - ¿Cómo se supone que lo enfrentarán? ¿Cómo siquiera saben que estará allí?
-Cómo te lo dijimos no somos simples niños –Respondió el líder.
-Ahora lo creo – Respondió Astrid con sarcasmo
-¿Quién es drago? –Preguntó Hiccup, que trataba de comprender la situación. - Creo que he oído ese nombre un par de veces pero no logro recordar de donde
-¿En serio no sabes quién es? –Preguntó uno de los niños asombrado. -Creí que sus fechorías eran conocidas por todo Cenuke. Drago es uno de los mayores cazadores de dragones. Se dice que es la persona que está en la cúspide. Quien ordena todo el tráfico de humanos y dragones. ¡Es una de las personas más malvadas de la historia!
-Veo que conocen de Drago, pero sigo sin oír como planean enfrentarlo –dijo Astrid en un tono severo. Uno que muchos de ellos no escuchaban hace mucho. Un tono de auténtica preocupación.
-¡No te preocupes Astrid! – Dijo el más pequeño de los varones fingiendo rudeza -Somos geniales, vas a ver como lo derrotamos
-Esto no se trata de ser o no geniales –Reprendió Astrid – Esto es demasiado peligroso para ustedes. ¿Dónde se supone que están sus padres? –Preguntó de nuevo.
-No tenemos padres – Respondió el líder en un tono sombrío– Nuestros padres murieron durante uno de los ataques de esos bastardos. Podemos parecer niños, pero eso es solo en edad. Cada gota de inocencia de nuestra alma fue extraída el día que decapitaron a nuestras familias frente a nuestros ojos. –Los herederos se miraron sorprendidos. Por su puesto que Astrid conocía este tipo de situaciones, No era la primera vez que escuchaba de hombres y mujeres inocentes asesinadas brutalmente, muchas veces frente a quienes serían vendidos como esclavos para infundirles terror y mantenerlos bajo control. Ella misma había conocido a muchos niños que se habían enfrentado a esta tortura. La princesa había participado de su rehabilitación y reubicación, pero estos chicos eran diferentes. ¡Estaban solos!
-¡Los ayudaremos! –dijo Astrid con firmeza– No estoy del todo segura de cómo lo haremos pero no los dejaremos solos en esto.
-¿Por qué lo harían? –Preguntó el líder – Esta no es su guerra. ¿Es simplemente una estrategia para huir?... Creí que tenían prisa en su viaje.
-¡Y la tenemos! – Respondió Astrid – Pero eso no significa que vayamos a permitirles enfrentarse solos a semejante personaje. Si los hace sentir más tranquilos, dormiremos en la celda y estaremos bajo su custodia permanente.
-¿Tienes lástima de nosotros? –Preguntó el chico con rabia
-No – Respondió Astrid con firmeza – Si existe la más mínima posibilidad de detener a Drago, quiero intentarlo. He visto lo que hace y al igual que ustedes quiero detenerlo.
-¿Qué hay de ti? –Preguntó el rubio señalando a Hiccup, quien se mantenía callado tratando de asimilar toda la información.
-Honestamente me considero un defensor de la paz – Respondió Hiccup alzando los hombros – Pero si dicen que su amigo está cautivo, quiero ayudarlo a volver a la libertad, a él y a todos los esclavos. Especialmente a los dragones, Supongo que nos quedaremos con ustedes durante las heladas, rescataremos a su amigo y continuaremos con nuestro viaje – La princesa asintió a su compañero.
-Está bien, pero si intentan algo extraño ya saben lo que les ocurrirá – dijo el líder –Igual no sé en qué puedan ayudarnos un par de cartógrafos.
En total eran seis chicos. Dos niñas y cuatro niños. El mayor de todos con dieciséis años era Aren. El líder del grupo. Se trataba de un chico alto y flaco de lisos cabellos rubios. Al parecer la niña que Hiccup había encadenado con su escudo era Elin, su hermana menor quien tenía apenas 9 años. La otra niña era Engla. La chica poseía largos cabellos negros cuidadosamente peinados en dos trenzas y hermosos ojos color miel. Los jinetes no pudieron evitar recordar a su amiga en común, ya que la chica tenía un ligero parecido con Heather. La pelinegra tenía 13 años y era la hermana de Niels, el chico que se encontraba prisionero y sería vendido como esclavo. Olson era el segundo mayor de todo el grupo con 14 años. Seguido por Lars quien al igual que Engla tenía 13 años. El chico era ligeramente parecido a Fishlegs aunque su cabello era de un hermoso color rojizo. Y finalmente estaban Harald, el más pequeño de todo el grupo, con 7 años. Este último era el mismo que trató de fingir rudeza mientras hablaba de Drago
Los siguientes días fueron duros. Al principio los niños estaban inmensamente prevenidos con los viajeros pero pronto se adaptaron a su cotidianidad. El grupo reunió toda la información que tenían acerca del mercado de Dalhgur y formularon un plan de ataque. Hiccup preparó una forja improvisada y se encargó de proveerles armas adecuadas para la batalla, lo suficientemente livianas para ser manipuladas adecuadamente por los niños. Así como armaduras de cuero que los harían menos vulnerables a los ataques. También creó algunos artefactos extraños que serían útiles durante el ataque. El plan era evitar la confrontación. Se infiltrarían y liberarían a los esclavos antes de que fueran entregados a sus compradores, usando el tiempo de la subasta para preparar el escape. Hiccup confeccionó grandes redes con refuerzos de metal que serían cargadas por los dragones sirviendo de transporte a los esclavos. Los niños debían encargarse de la liberación. Hiccup y Astrid serían los primeros en luchar de ser necesario. Por su parte la princesa de Keikruk evaluó las destrezas físicas de los niños y se encargó de entrenarlos personalmente. Durante el primer mes se concentraron en los movimientos defensivos. Todos los miembros incluidos los más pequeños e Hiccup debían participar de los entrenamientos, incluso si no tenían un rol activo en la batalla.
Con el paso del tiempo el grupo se convirtió en una pequeña familia, en la Hiccup y Astrid siendo los mayores actuaban como sus padres. Protectores, leales y cariñosos. A decir verdad, toda la rudeza de la princesa de Keikruk fue derretida por los pequeños. Por supuesto cuando no los estaba entrenando. Cada noche se reunían alrededor de una fogata a contar historias. Los pequeños recordaron con nostalgia sus hogares y familias. Les contaron a los viajeros entre sollozos como su aldea entera fue diezmada por los traficantes frente a sus ojos. Como fueron tomados como objetos y trasportados para ser vendidos como esclavos. Fue de hecho durante la subasta que decidiría su futuro que un grupo de mujeres que montaban dragones atacaron el lugar, dándoles la oportunidad de huir. Los chicos huyeron hacia el bosque donde permanecieron ocultos junto a algunos de los dragones liberados, con los que rápidamente forjaron lazos, lo que les ayudó a sobrevivir, mismos dragones que hoy los acompañaban. Fue entonces que decidieron buscar a sus rescatadoras. Relataron sus aventuras en busca de Keikruk y cómo durante un intento de proteger una isla que era asediada terminaron perdiendo al pequeño niño de tres años al que ahora debían rescatar. Se las ingeniaron para enterarse de la subasta y la presencia de Drago. En realidad no estaban tan solos como creyeron inicialmente. Había un gran número de personas integrando la resistencia, lo que tenía a Astrid más que conmovida. Los jinetes por su parte les contaron acerca de Berk, y los lugares y personas que habían conocido durante su viaje. Por supuesto ocultaron ser los herederos de sus respectivas tribus, así como que Astrid pertenecía a las afamadas guerreras, Cada noche estaba llena de risas y música. Astrid reveló al grupo sus habilidades musicales, solía cantarles alegres canciones que hacían bailar a los niños y tras su corta fiesta los chicos entraban en el mundo de los sueños seguros del cuidado de quienes velaban por ellos. Una sensación que hacía mucho no tenían.
Cuando la princesa de Keikruk estuvo segura de que los chicos serían capaces de defenderse, procedió a enseñarles movimientos ofensivos, que nuevamente esperaba no fueran necesarios. Para entonces el invierno había azotado la zona, por lo que no tenían más opción que esperar y cruzar los dedos para que el clima se apiadara de ellos y les permitiera avanzar hasta Dalhgur sin contratiempos cuando llegara la hora. "piensa rápido" le dijo Astrid a Hiccup durante el primer día de entrenamiento arrojándole su espada, con la cual lo forzó a entrenar a lo largo de su estadía. Astrid sabía algo que los demás no. Si la subasta era tan importante como para contar con la presencia de Drago Bludvist, probablemente también habría allí criaturas divinas, y probablemente no sería solo una, por lo que tan pronto conoció la situación envío su dragón mensajero a Keikruk. Informó que habían llegado a Loreto en el tiempo estimado, pero que se detendrían a ayudar a los chicos por lo que requerían apoyo. Lamentablemente, al dirigirse en sentidos opuestos, se encontraban demasiado lejos como para navegar en su ayuda sin enfrentarse a las intensas nevadas que se aproximaban, ya que los dragones seguían negándose a volar en esa dirección. La respuesta preocupó aún más a la rubia, que sabía que algo estaba terriblemente mal. Si realmente ocurriría tal suceso ¿Por qué Keikruk iba en dirección opuesta? Lo lógico era que fuera en la dirección en la cual se concentraba la mayor cantidad de energía divina. Quizá era solo una subasta normal y no habría ninguna criatura de la cual preocuparse. Quizá los chicos estaban equivocados sobre la presencia del jefe de los traficantes. Astrid compartió con Hiccup sus inseguridades, quien le prometió que los protegería a ella y a los niños. Y que si algo salía mal tomaría la espada y lucharía por la libertad de los pequeños, incluso si le costaba su propia vida.
Nota de autor:
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Espero que hayan disfrutado la lectura. En el siguiente capítulo tendremos la segunda batalla y se sabrán un par de cosas más acerca de Astrid y su problema con la luna. Originalmente todo ocurría en un mismo capítulo pero decidí partirlo en dos ya que estaba quedando demasiado largo. Un abrazo y espero actualizar pronto.
