Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


CURTAINS

Capítulo veintidós

Me está mirando con tanta intensidad -sus ojos brillan más que las llamas naranjas que se elevan entre nosotros-, que cierro los ojos y me encojo instintivamente contra Edward.

Lo que probablemente no sea lo mejor que puedo hacer; quiero que mis actos sean verdaderos, no consecuencias del miedo o sentimientos de descontrol.

Dándome cuenta de que he acabado con la distancia física que me separa del chico que me rodea con sus brazos, me quedo helada y entro un segundo en pánico. Todavía nos movemos con cautela, y no puedo ser la primera en caer. No es que quiera jugar -para nada-, es solo... que él tiene la pelota, lo sepa o no.

Pero entonces siento sus labios en mi cuello, suaves, breves... solo lo suficiente para que un dolor baje por la boca de mi estómago hasta la parte más profunda de mi ser. De forma involuntaria, miro otra vez a Jake, pero se ha ido. ¿Y por qué no iba a hacerlo? ¿Por qué quedarse y ver a su ex con otro? Empiezo a sentir ansiedad y culpa, y me pregunto si debería ir a intentar hablar con él o simplemente dejarlo pasar.

―¿Bella? ―La voz de Alice suena suave, casi con disculpa.

La miro.

―¿Sí?

―Sé que acabas de ponerte cómoda, pero es que tengo muchas ganas de mear. ¿Vienes conmigo? ―pregunta con timidez.

Edward se aparta de mí, llevándose la calidez consigo.

―Por supuesto, ―digo, poniéndome de pie.

Ni siquiera puedo mirar a Edward; es tan nuevo, tan frágil. Todavía estoy nerviosa con él a veces, sobre todo ahora que la pared protectora que había construido durante los años ha caído.

Alice y yo nos alejamos por la playa, y espero mientras ella se alivia tras un gran tronco.

―¿Quieres irte? ―dice a lo lejos. Su voz me llega con el aire.

―Nah. ―Tiemblo y me froto las manos con vigor.

Ella vuelve a unirse a mí y volvemos medio corriendo, contentas con la sensación de estar fuera por la noche.

Jake está con un grupo de amigos y parece que están a punto de marcharse. Tiro a Alice de la sudadera y ella se gira, con la pregunta en los ojos muy abiertos.

―Voy a... um... voy a ir a hablar con Jake un momento. Hace siglos que no le veo, ―digo, con el corazón golpeándome en el pecho.

―Vale, ―dice ella, apretándome la mano antes de dejarme sola.

Sam, el amigo de Jake, es el primero que me ve. Le veo decir algo y entonces Jake se da la vuelta, con las manos metidas en los bolsillos.

―Hola, ―le saludo sin aliento, con el estómago hecho nudos.

Él mueve la cabeza, mirándome desde arriba.

―Hola, Bella.

―¿Cómo has estado? ―pregunto, colocándome el pelo detrás de la oreja.

Él exhala y ríe un poco, bajando la mirada al suelo.

―¿En serio? ¿Vamos a hablar de eso?

No está enfadado, sino herido. No puedo evitar tragar el nudo que se está formando en mi garganta.

―Te echo de menos, eso es todo. Quería ver cómo estás.

―Te envié un correo el otro día, ―dice.

―Eso fue hace un mes. ―Frunzo el ceño―. Da igual, yo...

―Así que, parece que has encontrado tu sitio en Seattle, ―me interrumpe, moviendo la cabeza a un lado mientras sus ojos encuentran los míos―. ¿Ese no es Edward Cullen? ¿Y su hermana?

―Conoces a Alice. ―Suspiro―. Es una de mis mejores amigas.

―Creí que le odiabas, ―dice suavemente. Es como si estuviéramos teniendo dos conversaciones en una.

―Yo... lo hacía. Pero ahora es diferente, él...

―Obviamente. ―Sonríe satisfecho, pasándose una mano por la cara.

―¿Vas a dejar que me explique o vas a seguir cortándome? ―pregunto, intentando con todas mis fuerzas no dejar que mi exasperación quede al descubierto. Tiene todo el derecho de sentirse herido, pero hace meses que rompimos.

Jake da un paso atrás, sacudiendo la cabeza.

―Bella, no quiero pelear contigo. Sé que ahora eres feliz y me alegro pero, por favor, no me hagas hablar de ello. Es que todavía no puedo, ¿vale? Tienes algo bueno, una buena vida, y eso es genial. Solo... olvídame una temporada. No estoy listo para esto.

―Lo siento, ―digo, intentando no llorar.

―Lo sé. ―Asiente―. Yo también. Cuídate, ¿está bien?

―Está bien, ―digo, pero él ya se está marchando.

Respirando profundamente, me pongo en marcha hacia la hoguera, decidiendo coger otra cerveza antes. Cojo dos y vuelvo con Edward, que está sentado con las piernas cruzadas y tirando del borde de sus vaqueros.

―Gracias, ―dice, cogiendo la cerveza que le ofrezco.

―De nada. ―Me siento a su lado, sintiendo frío y consciente de que el momento que teníamos ya ha pasado.

―¿Está bien? ―Edward mira al fuego, rodando la botella entre las palmas de sus manos.

―En realidad no.

―¿Tú estás bien?

―Estaré bien. ―Me bebo el resto de la botella y la dejo en la arena.

* . *

En el coche quiero decirle a Edward que no estoy lista para ir a casa. Él conduce despacio, tamborileando los dedos al ritmo de la música.

Entra en mi calle y mis manos se ponen sudorosas. Es ahora o nunca.

―No quiero ir a casa todavía, ―suelto urgentemente.

Él frena, mirándome como si estuviera un poco loca.

―Vale...

Pasa de largo delante de mi casa y por el resto de la calle, y luego vuelve a pasar por el centro, callejeando por las silenciosas calles. La verdad es que no hay ningún lugar al que ir; después de todo, es medianoche en Forks.

No me sorprendo cuando aparca frente a su casa y apaga el motor.

―¿Quieres entrar un rato?

Asiento, abriendo la puerta.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que puse un pie en esta casa, pero tiene el mismo aspecto y olor -me hace sentir al mismo tiempo nostalgia y nervios. Sigo a Edward por las escaleras, preguntándome qué es lo que estamos haciendo, preguntándome cuántas chicas le han seguido por estas mismas escaleras de esta manera.

Él cierra la puerta de su habitación y luego pone música, y yo dejo mi bolso y me acerco a la ventana -mis ojos arden al ver que todavía tiene esas cortinas color marfil. Fuera hace demasiado frío, así que la ventana está cerrada, pero recuerdo la forma en que estas cortinas flotaban, como de gasa y de ensueño y suaves.

Edward me quita la chaqueta y me da la vuelta. Sus ojos están fijos en mi boca.

―Tengo muchas ganas de besarte.

―Vale, ―susurro, esperando.

Se acerca más y me besa en la boca unas cuantas veces, y yo llevo las manos a su pelo de la forma en que siempre he querido hacerlo. Él me sostiene la cara y me besa con más fuerza, su lengua y la mía se deslizan juntas. Me encanta lo rugosa que es su barbilla.


Hola!

Sé que llega una semana tarde, pero he tenido problemas para subirlo. No sé si por culpa de la web o de mi conexión a internet, el caso es que ni siquiera era capaz de subir el documento, así que ha sido imposible publicarlo.

Pero bueeeeeeeeeeeno. Y está aquí. El capítulo 22. ¿Creeis que es el avance que esperábais? Pues ya vereis cuando leais el siguiente.

Aun así, estoy deseando leer vuestras opiniones.

No os voy a hacer esperar hasta el próximo domingo para leer el siguiente capítulo, así que mañana por la noche subiré el 23, que ya está corregido y listo para publicarse.

¡Hasta mañana!

-Bells :)