Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


CURTAINS

Capítulo veintitrés

Debería haber traído pañuelos.

Por ahora, la manga de mi camiseta tendrá que valer. He estornudado unas doce veces desde que Renee me mandó al ático para buscar una caja de luces de Navidad que compró el año pasado. Se acaba de fundir uno de los juegos que rodea nuestro árbol y, en lugar de cambiar las bombillas, lo había tirado entero.

Así que, aquí estoy, polvorienta y estornudando. Parezco dos de los enanitos de Blancanieves.

Pero, gracias a Dios por los pequeños favores, al menos funciona la luz aquí arriba. Es solo una bombilla colgando de una cadena -muy tradicional en los áticos- y, aunque no da mucha luz, me permite ver por dónde voy.

Las luces no están donde mi madre ha dicho que estarían pero, tras buscar un poco más, las veo en la esquina del fondo. Tras abrir la caja para asegurarme de que están dentro, empiezo a moverme hacia las escaleras cuando otra caja más grande me llama la atención. Recuerdo esta caja de mi infancia, con su cerrojo oxidado y el tapizado que empieza a levantarse. La verdad es que es más un baúl, un sitio donde guardar souvenirs y recuerdos.

Arrodillándome, me subo el cuello de la camiseta sobre la nariz para evitar inhalar más polvo y abro la caja. Hay álbumes y fotos sueltas, entradas, premios ganados en la escuela media y dibujos infantiles. Con cuidado, cojo uno de los álbumes y empiezo a hojearlo -mi corazón se acelera porque sé que Rose sale en él.

Estoy en ese punto de mi vida en que puedo pensar en ella sin llorar, en que los recuerdos son tan dulces como amargos. En mis recuerdos ella no es perfecta, pero es mi hermana, y la quiero ahora tanto como siempre lo he hecho. Aun así, verla en esas fotos, con su sonrisa tan radiante, tan... Rose, y todas las cosas que le encantaba hacer... es un poco difícil y la Navidad ya me pone sentimental de por sí.

Algunas lágrimas se deslizan por mi cara al mirar este breve resumen de su vida, sobre todo de cuando éramos pequeñas. El siguiente álbum es más reciente y, al ver una foto de ella con Emmett, sé que debo guardarlo. Sus destinos estaban unidos de formas que nunca imaginaron y prefiero creer que, dónde sea que estén, están juntos.

A diferencia de mi madre, yo ya no creo que estén en este mundo o esta época.

Y eso es todo.

Una foto cae del álbum cuando lo suelto; la levanto hacia la luz, sonriendo al verla. Es un primer plano de Rose y yo en la playa, con nuestras caras pegadas. Aquel verano estábamos doradas, bronceadas por el sol y brillando después de pasar horas fuera. Es una de las pocas fotos en las que se aprecia que nos parecemos y la deslizo en el bolsillo trasero de mi pantalón para quedármela.

* . *

Mis padres insisten, casi de forma condescendiente, en que invite a Edward a cenar como "amigo", aunque saben perfectamente bien que es más que eso y que me niego a hablar de ello.

Si se sorprenden de que nos estemos viendo, no lo dejan ver y la comida es tranquila y cómoda, sin que falte la conversación.

Edward pregunta si quiero ir a dar una vuelta en coche después -sospecho que solo quiere estar a solas conmigo. Así que, obviamente, digo que sí y él me sigue al piso de arriba para sentarse y mirar mientras yo me abrigo para la fría noche.

Me gusta cuando me mira.

Esta noche, sin embargo, le atrae la foto de mi cómoda, esa que nos hicimos Rose y yo el verano en que yo tenía doce y ella acababa de cumplir los quince.

No estoy preparada para el golpe de amargura que siento en el pecho y me doy la vuelta, concentrándome en su lugar en abrocharme el abrigo y ponerme la bufanda.

Él no dice nada durante un rato y yo desearía que lo hiciera, desearía que soltase lo que sea que tenga en la cabeza. Se mece entre nosotros como una nube venenosa -la conexión, el recuerdo- y me doy cuenta de que he sido una tonta al pensar que podíamos dejarlo completamente atrás.

Incluso aunque yo pueda, él no.

Al final, me vuelvo hacia él. Está apoyado contra la pared y la foto vuelve a estar en la cómoda.

Me está mirando.

―¿Qué? ―pregunto, de forma un poco más brusca de lo que pretendo.

―Te pareces mucho a ella, ―dice en voz baja.

―Que conveniente para ti. ―Me quedo muy quieta, sintiéndome un poco helada.

Él frunce el ceño, bajando la mirada a sus pies.

―No es así. Lo que siento por ella no tiene nada que ver con lo que siento contigo.

―Oh, lo sé. Me lo dejaste saber desde el principio. ―Me siento al borde de la cama, acercándome los dedos a la boca para poder soplar aire cálido sobre ellos.

Desearía haber dejado al menos un par de mis guantes con los dedos intactos.

Al final, levanto la mirada hacia él y él sacude la cabeza, moviéndose para sentarse a mi lado.

―Supongo que me merezco eso. ―Su voz tiembla al hablar y eso me asusta, porque he visto a Edward hacer muchas cosas pero nunca le he visto llorar.

―No creo que nunca haya estado tan enfadado como lo estaba entonces. Espero no volver a estarlo. Incluso pensar en ello duele, ―dice, con la mirada fija en sus manos.

―A lo mejor necesitas pensar en ello, ―digo―. A lo mejor eso te ayuda a seguir adelante. A mí me ayudó. Quiero decir que nunca lo superaré, pero puedo-

―Yo también fui a terapia, Bella, ―interrumpió―. Durante mucho tiempo. A lo que me refiero es a que no me gusta pensar en cómo me sentía en aquella época. En cómo actuaba.

Apoya su mano en mi muslo, sin mirarme todavía. De alguna manera, sus manos están muy calientes y desearía poder cogérselas.

―Estabas como... enamorado de Rosalie, ―susurro.

―No, ella me gustaba. Estoy enamorado de ti.

Mi corazón se acelera y le miro con la boca un poco abierta -me ha pillado con la guardia completamente baja. Sé que nuestros sentimientos siempre han sido profundos, pero esto... esto no es lo que esperaba que dijera para nada.

―Creo... que tú solías amarme, ―continúa vacilante.

Me muerdo el interior de la mejilla ansiosa, asintiendo.

―Creo que lo hacía.

Él me aprieta la pierna y se levanta, levantándome con él.

―¿Lista para irnos?

―Mhm.

Mi corazón se salta un latido, mi estómago se llena de mariposas. Él parece más calmado ahora, más ligero, como si se sintiera feliz de haberlo soltado o algo. Me maravillo por el lugar en el que estamos hoy, por cuánto han cambiado las cosas desde la última vez que estuvimos juntos en Forks.

―¿Bella?

Pestañeo, dándome cuenta de que estoy parada muy quieta como un zombi.

―Lo siento, estoy un poco asombrada por lo que has dicho. ―Sonrío débilmente.

―Yo también estoy un poco asombrado por haberlo dicho, ―dice, volviendo y deteniéndose muy cerca de mí. Estira la mano y me toca el pelo, acercándoselo a la cara para poder olerlo.

―Rarito. ―Río, abrazándole. La tensión se rompe y me doy cuenta de que nunca me he sentido más segura y cómoda con él.

Y es una sensación realmente buena.

―Yo también estoy un poco enamorada de ti, ―le susurro al oído.

Él me besa, juguetona pero también sugerentemente, como si me estuviera diciendo sin usar palabras lo que desea.


Ay Dios, ay Dios.

¡Se han dicho que se quieren!

¿Qué os ha parecido el capítulo? Estoy deseando leer vuestros comentarios.

El próximo lunes más. Ya solo quedan dos capítulos.

-Bells :)