Aviso: Los personajes de Captain Tsubasa fueron creados por Yoichi Takahashi
Un Jazmín entre las zarzas.
Capítulo 2
Por
Y. Honey
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Las flores de Jazmín también se usan para preparar una infusión cuya base es el té verde.
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La muchacha se ajustó la chamarra ya que una ráfaga de viento le había helado el cuello. Miró con un poco de envidia a su acompañante, quien llevaba una bufanda que lo protegía del frío y se lamentó por haber pensado que no necesitaría una, pues nunca imaginó que la temperatura descendería tanto. Levantó la vista, observando la manera en que las farolas del parque por el que habían decidido cortar camino iluminaban el andador a través de las ramas de los árboles que lo cercaban y decidió que era una bonita vista, aunque pensaba que sería más apreciable si hiciera menos frío.
— ¿Estás bien? — preguntó él, notando que la muchacha había cruzado los brazos y encogido los hombros. No le sorprendía, la chamarra que llevaba quizás era bonita, pero también era muy delgada.
—Sí, no me pasa nada— respondió ella—, no te preocupes por mí, Matsuyama.
—Prefiero preocuparme— dijo él, extendiéndole su bufanda—. Póntela, Machida. No quiero que te resfríes.
Machiko miró la prenda y dudó. Le parecía que usar algo de Hikaru sería una traición a Yoshiko.
—Por favor, acéptala— insistió el muchacho—, ¿qué clase de amigo sería si no te ayudo?
—Pero… te enfriarás, y…
—Yo tolero este clima mejor que tú— declaró el jugador del Consadole, quien al entender que ella no tomaría la prenda se decidió a ponérsela sobre los hombros él mismo—, listo. Así estarás mejor. Me la podrás devolver cuando lleguemos a tu casa.
—… Sí, g-gracias— dijo ella mientras se envolvía con la bufanda, intentando sin éxito ignorar el aroma de su loción o el hecho de que la prenda aún seguía ligeramente tibia gracias al calor corporal de Matsuyama.
—Hay un puesto de fideos al otro lado del parque, ¿sabes?— dijo entonces el futbolista mientras se abotonaba su chaqueta—, se me antoja un plato. ¿Me acompañas?
—Pero si acabamos de salir del café.
—Yo no comí nada— le recordó él—, y un café con leche no es suficiente para mi… además tú tampoco comiste, sólo te tomaste esa cosa rara.
—Té chai de manzana con canela en leche descremada— dijo ella fingiendo indignación—, y no es una cosa rara. Debiste probarlo cuando te lo ofrecí.
—De acuerdo, no es una cosa rara, es sólo que no me gustan esas bebidas tan dulces. Quizás la próxima vez.
— ¿La… la próxima vez? — Machiko parpadeó sorprendida. ¿Matsuyama quería verla otra vez?
— ¿Por qué no? — Dijo él, ocupado en pensar cómo pediría sus fideos—. Podemos organizar algo que hacer los tres juntos cuando Yoshiko esté aquí; y también me puedes ayudar a planear algunas citas con ella, apuesto que tú conoces buenos lugares a dónde llevarla.
—Supongo que tienes razón— la muchacha se tranquilizó al escuchar esas palabras, le gustaba confirmar que Matsuyama era leal a Yoshiko y se sintió ligeramente culpable por pensar cosas tontas—. Pues en ese caso sí me agradaría volver a salir a platicar contigo.
—Excelente— sonrió él—, ¿ya podemos ir por un tazón de ramen?
—No dejarás de insistir, ¿verdad?
—Claro que no, tengo hambre— dijo Matsuyama—. Vamos, Machiko… no comas nada si no quieres, pero al menos acompáñame, no quiero cenar solo esta noche.
La había llamado por su nombre. Matsuyama no había hecho eso desde la preparatoria y ese detalle fue suficiente para hacerla sonreír y convencerla de ir con él—. Tú ganas, Hikaru, vamos por tus fideos.
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Kazumasa Oda se acomodó el cabello y salió de los baños del bar. El resto del equipo seguía en las mesas celebrando la victoria del partido de ese día en contra del Avispa Fukuoka, y la fiesta seguramente se alargaría un par de horas más ya que como no se habían reunido así en semanas el equipo en verdad quería festejar. Luego de una rápida mirada se dio cuenta de que Matsuyama ya no estaba con el grupo, sino que se había ido a sentar a la barra. Eso era algo raro. Matsuyama casi no bebía, pero nunca se alejaba de los demás. Aunque al pensarlo bien, Oda se dio cuenta de que en varias ocasiones durante los últimos quince días Hikaru se había mostrado algo ausente con él y los otros jugadores del Consadole.
—Veo que estás aprendiendo a ser un solitario—, comentó Oda mientras se sentaba en el banco junto al de Matsuyama—, ¿en qué piensas?
—En que Sano y Jito casi nos vencen hoy— respondió Hikaru—. Y en otras cosas también…
—Ah, sí, ese par…— Oda pidió una cerveza y asintió al recordar el juego—, son bastante duros. Jito en particular es un maldito tanque, al menos pudimos pasarlo mientras tú mantenías ocupado a Sano.
—El torneo pasado nos ganaron en cuartos— recordó Matsuyama, sonriendo mientras se echaba un par de frituras a la boca—, hemos mejorado y eso me da gusto.
—Sí, ahora somos mejores como equipo, por eso es raro que no estés con los demás.
—Ya te lo dije, estoy pensando— dijo Hikaru.
Oda recibió su bebida y le dio un trago mientras observaba a su mejor amigo. La curiosidad lo estaba matando, pues no era normal que Hikaru fuera tan evasivo con él. Luego de repasar sus opciones, recordó que Hikaru había mirado con insistencia al público luego de sus dos anotaciones. Había seguido la mirada de su amigo y al acordarse de quién estaba en las gradas logró entender lo que pasaba con Matsuyama.
—Estás pensando en Machida— afirmó entonces—. Me dijiste que la buscaste hace un par de semanas para saludarla. Has seguido viéndola, ¿verdad? Es por eso que ya casi no te quedas en el club luego de los entrenamientos.
—Sí, pero… es porque me está ayudando con algunas cosas— dijo Hikaru, sonando un poco defensivo ante el tono acusatorio de su amigo—. Y no tiene nada de malo que hable con ella, deberías de salir con nosotros alguna vez.
—No, gracias. No me gustaría molestarla.
Hikaru recordó entonces que Machiko y Oda no se llevaron muy bien después de la secundaria, aunque ignoraba la razón por la que su amistad se había enfriado. Machiko le contó que sí consideraba a Oda su amigo, aunque no había dado muestras de querer volver a verlo en ningún momento—. No lo entiendo, ¿por qué?
—Pues… la invité a salir para pedirle que fuera mi novia. Pensé que si tú salías con una de las asistentes del club de futbol yo podría salir con la otra y los cuatro haríamos un grupo genial— confesó Oda luego de darle un largo trago a su cerveza—. Pero las cosas no funcionaron.
—Parece que su noviazgo es una historia interesante— comentó Matsuyama, sorprendido ante esta revelación ya que Oda nunca le había dicho que salió con Machiko.
—No fuimos novios. Ella terminó conmigo en la primera cita.
— ¿Qué pasó? — Preguntó Hikaru con interés—. No me imagino por qué te rechazó.
—Eso ni yo lo sé— murmuró el otro, concentrándose en la bebida frente a él.
— ¿Podrías decirme? Entiendo si no quieres hacerlo, pero…
—…Está bien, te contaré. Pero sólo porque eres mi mejor amigo— aceptó Oda, sabiendo que Matsuyama no se burlaría de él—. Había llevado a Machiko al cine y después fuimos a una zona apartada en un parque. Allí fue donde le pedí que fuera mi novia.
— ¿Y?
El joven Kazumasa se terminó la cerveza y miró pensativo el fondo de su tarro—. Pues nada, me dijo que no podía ser mi novia porque ya le gustaba otra persona… aunque nunca supe quién.
Hikaru sintió una leve presión en el pecho al escuchar la historia y por un momento se preguntó por qué, pero al notar la expresión vacía en el rostro de Oda esa sensación desapareció y fue remplazada por honesta preocupación. Ahora entendía porque Machiko estuvo distante con Kazumasa durante toda la preparatoria, y parecía que ese rechazo aún perseguía sus recuerdos—. Oye, lamento que te pasara eso.
El joven Kazumasa sonrió—. No te preocupes, pasó hace años y sabes que estoy muy contento con Midori.
Hikaru asintió, recordando a la bonita novia de Oda—. Es cierto. ¿Ya van a cumplir dos años?
—Así es, dos años ya— dijo Oda—, y sabes que serás mi padrino en la boda cuando se lo proponga, ¿verdad?
—Me ofendería si no me lo pidieras— sonrió Hikaru.
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Algunos días más tarde…
Hikaru metió las manos en los bolsillos mientras avanzaba por el centro comercial. Pasó frente una sucursal de la tienda de deportes SK y sonrió al ver el poster de la selección Japonesa en la vitrina. Siguió caminando y mirando los distintos locales mientras pensaba, no por primera vez, en invertir en algún negocio. No sería futbolista para siempre y tenía que considerar otras opciones; una era ser entrenador como le sugería Misugi, pero eso no le llamaba la atención. También podría ser abogado como su padre y sus tíos, y podía admitir que la carrera de leyes no le desagradaba, pero estudiar derecho sería duro y le impediría concentrarse en jugar futbol, lo cual era un gran inconveniente.
—Esto es algo en lo que Oda sí tiene suerte— murmuró Hikaru, recordando que la familia de su amigo tenía una posada tradicional cerca del lago Toya y les iba bastante bien. Gracias a eso el futuro de Oda estaba más que asegurado, ya que él se encargaría del negocio familiar cuando se retirara del futbol—. Supongo que nunca es tarde para empezar a estudiar leyes…
Ocupado con esas preocupaciones, el joven Matsuyama llegó al restaurante de crepas que estaba buscando y se detuvo en la entrada, preguntándose si la comida era buena allí o si sería mejor ir a otra parte. Las crepas no le gustaban mucho, y dudaba que traer a Yoshiko sería buena idea.
— ¿En qué piensas?
Hikaru se giró para encontrarse con Machiko, que había llegado por detrás y lo había sorprendido. Al mirarla se dio cuenta de dos cosas. No llevaba anteojos y se había soltado el cabello. El muchacho parpadeó y miró en otra dirección para no incomodar a su amiga, aunque tenía que admitir que con esos pequeños cambios Machiko se veía totalmente diferente, bastante bien incluso.
—Sólo me preguntaba si a Yoshiko en verdad le gustaría venir a comer aquí.
—No lo sabrás si no entras al restaurante— dijo ella—, así que entremos, una crepa no te hará daño.
Un poco después…
Hikaru debía admitir que el ambiente del lugar no le desagradaba, pues era tranquilo y a pesar de estar en medio del centro comercial se podía conversar con relativa privacidad, algo que para él era importante. Aún estaban esperando su comida, pero por lo menos el café estaba bastante bien.
—Te has soltado el cabello— dijo él entonces, sucumbiendo a la curiosidad—, y no llevas lentes. ¿Alguna razón?
—Es que un compañero de la universidad me invitó a salir hoy, lo veré en un par de horas— explicó Machiko—, así que me he puesto lentes de contacto y pensé que valía la pena intentar algo distinto con mi cabello. ¿Qué te parece?
—Oh…— Hikaru miró por la ventana y luego tomó un sorbo de café—. Era por eso… pues te ves bien, Machida. Estoy seguro de que a él le gustará bastante.
—Eso espero— dijo ella, sin mencionar que la razón por la que había aceptado la invitación era porque le remordía la conciencia haber estado viéndose de este modo con Matsuyama y quería encontrar algo que le permitiera alejarse un poco de él, en especial porque Yoshiko volvería a Japón en un par de días y no quería hacer mal tercio.
—Entonces… ¿no tienes novio? — preguntó Hikaru luego de unos minutos de silencio. Nunca habían tocado este tema, pero la idea de que Machiko saliera con alguien lo hacía sentir un poco incómodo, aunque razonó que se debía a que no deseaba causarle problemas de pareja.
—No tengo novio desde la universidad— dijo ella, un poco extrañada por la pregunta.
— ¿Quién fue el afortunado? — Matsuyama se apenó por la pregunta al notar la sorprendida expresión de Machiko, y recordó la conversación que tuvo con Oda unos días antes, ya que el tema era similar—. Lamento incomodarte, no me cuentes si no tienes ganas de hacerlo.
—No me molesta. Se llamaba Akudo Hirai— contestó ella—, es algo mayor que yo, incluso se graduó dos años antes. No lo he visto desde entonces, aunque escuché que se mudó a Tokio y trabaja en un banco.
—Ya veo… ¿y qué hay del que te invitó a salir hoy?
—Oh… él se llama Gunpei y fue por la mañana a nuestro almacén a comprar material para su negocio— dijo Machiko que entonces agregó en tono de broma—. Tal vez cree que le haremos descuento por invitarme.
—Pues… espero que te la pases bien— comentó Hikaru. Pensaba decir algo más, pero el mesero finalmente llegó con las crepas, por lo que decidió concentrarse en comer y luego cambiar de tema.
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Hikaru Matsuyama recorrió por tercera vez la sala de espera del aeropuerto de Narita, dándose cuenta de que había llegado demasiado temprano. Aún faltaban cuarenta minutos para que llegara el vuelo de Yoshiko y no tenía mucho en qué entretenerse además de andar de aquí para allá. Sin saber qué hacer, el muchacho sacó su teléfono y consideró jugar tetris un rato, pero en lugar de eso terminó marcando un número en particular. Esperó un poco y suspiró más tranquilo cuando recibió una respuesta.
"Hola Matsuyama," saludó Machiko al otro lado de la línea. "¿Ya llegó Yoshiko?"
—Todavía no, parece que su vuelo se retrasó— respondió él, feliz de no tener qué pasar el rato sin hablar con nadie.
"Oh… ¿cuánto tiene de retraso?"
—Cuarenta minutos.
"Es bastante. Deberías desayunar algo mientras," sugirió la muchacha. "Se te hará más corta la espera."
—O podemos platicar un rato— le pidió.
"No puedo. Estamos haciendo inventario, Matsuyama," respondió Machiko. "Hay bastante trabajo en el almacén."
—Ya veo… yo pensaba…
"No te pongas así," le dijo ella. "Vas a ver a Yoshiko por primera vez en cinco años y en vez de estar feliz me llamas con una voz de funeral."
Matsuyama no pudo evitar reír un poco—. No tengo voz de funeral, sólo estoy muy aburrido y quería hablar contigo.
"Lo siento, pero sé que cuando ella llegue no tendrás ese problema. Ve a desayunar, Hikaru," volvió a sugerir la muchacha. "Ya debo colgar, la señora Furuhata me está llamando y no puedo hacerla esperar."
—Está bien, Machiko, suerte con el inventario.
"No olvides traer a Yoshiko cuando puedas, tengo muchas ganas de verla," le dijo ella. "¡Suerte, Hikaru!"
—Gracias— dijo él—, yo creo que…
Hikaru interrumpió lo que estaba diciendo, Machiko ya había cortado la llamada. Miró de nuevo su reloj y notó que aún faltaba más de media hora para que llegara el vuelo de Yoshiko. Acomodándose el saco, Matsuyama decidió que Machida había tenido razón, lo mejor que podía hacer era desayunar algo en alguno de los locales de comida rápida del aeropuerto. Quizás incluso podría ver televisión allí, o algo.
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Yoshiko respiró aliviada una vez que entró al área de desembarque. Se había pasado horas encerrada en el avión y el poder caminar a sus anchas era literalmente una bendición. Estiró hacia el frente los brazos un par de veces y se decidió a ir a la sala de espera a buscar a Hikaru antes de pasar por su equipaje. La muchacha sonrió al pensar en él. Hacía tanto que no lo veía en persona que temía que los años y la distancia los hubiera convertido en dos perfectos desconocidos. La diferencia de horarios y de ocupaciones les impedía hablar por teléfono, y a consecuencia de eso sus intercambios de correo electrónico o mensajes se habían vuelto cada vez más y más esporádicos, al grado que en ocasiones pasaban semanas sin saber nada del otro.
"Pero para eso he venido a Japón," pensó mientras caminaba entre la multitud. "Aprovecharé la visita para que podamos conocernos de nuevo, y así podré saber…"
Una alerta de mensaje interrumpió sus pensamientos, pero decidió que no importaba al notar que era un texto de Hikaru, quien le avisaba que ya la estaba esperando en la puerta número cuatro. Sintiéndose feliz de que al fin podría verlo de nuevo, Yoshiko apresuró el paso.
En la sala de espera…
Hikaru miró la fotografía de Yoshiko que usaba en sus contactos y sonrió con ternura. Se la había enviado hacía ya casi un año, y era la foto más reciente que tenía de ella. Pero eso le bastaba. Podía admirar el brillo de sus ojos y su lindo cabello, sus finos labios y su piel. Recordó el día en que se despidieron. Recordó sus besos, tímidos y cálidos, las caricias inexpertas de sus manos sobre su rostro, la promesa de culminar su relación cuando volvieran a verse, el deseo de pasar la vida entera junto a ella sólo para poder seguir escuchando su voz.
"No puedo creer que han pasado cinco años…" pensó el muchacho mientras guardaba el teléfono. "Pero al fin podré volver a ver a Yoshiko… y esta vez sí puedo ofrecerle una vida conmigo."
Sí, definitivamente podía ofrecerle eso. Su salario como futbolista era bastante decente, tenía un contrato de publicidad con un hotel y otro con un restaurante. El dinero, al menos en ese momento, no era un problema. Por ella incluso estudiaría la carrera de abogado y al retirarse del futbol se uniría al despacho de su familia. Por Yoshiko haría todos los sacrificios necesarios.
—Esta vez no dejaré que se vaya sin pedirle matrimonio— juró en voz baja.
Fue entonces que la vio entrar a la sala de espera. Al principio no pudo reconocerla, pero ella sí lo ubicó de inmediato, y comenzó a andar hacia él. ¿Cómo pudo haber cambiado tanto? Pero los cambios no importaban. Tal vez su piel estaba ligeramente bronceada y había dejado crecer su cabello hasta casi media espalda, y la ropa que llevaba era un poco más colorida de lo que solía ponerse pero a fin de cuentas era Yoshiko. Su Yoshiko. Y había vuelto a él convertida en una hermosa mujer.
—Hola, Hikaru— le saludó ella con una sonrisa.
—Yoshiko…
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Machiko estaba feliz de que fuera domingo y no tener que ir a trabajar. El inventario del día anterior la había dejado exhausta, nunca imaginó que implicaría tanto esfuerzo o tener qué hacer tiempo extra, pero afortunadamente todo había quedado terminado. Aunque lo que más la complacía era que cuando terminaron el trabajo la estricta señora Furuhata se acercó para felicitarla. Para Machiko, haberse ganado una felicitación de la contadora del almacén había sido la mejor recompensa a todo su empeño y esfuerzo.
—Te ves feliz— comentó su madre cuando Machiko entró a la cocina.
—Sí, porque la señora Furuhata me felicitó ayer— respondió la muchacha mientras dejaba a su gata en el suelo, mirando con una sonrisa como Momen se estiraba y luego salía por la puerta de daba al garaje, seguramente con la intención de ir a dormir sobre el cofre del auto familiar como siempre hacía.
—Me da gusto escuchar que todo va bien— respondió la señora Machida mientras terminaba su desayuno. La mujer tenía cosas qué hacer ese día, pues debía entregar algunos postres a sus clientes y después ir a comprar ingredientes para sus pedidos de la siguiente semana; su trabajo de repostería le satisfacía, pero eso no se comparaba con lo mucho que le alegraba saber que su hija se estaba adaptando bien a trabajar en el almacén.
Machiko estaba por responder, pero en ese momento alguien llamó a la puerta.
—Iré a ver quién es— dijo intrigada—, ¿estás esperando algún cliente, mamá?
—No, no a esta hora.
—Tal vez sea alguna vecina, entonces.
Pensando que sería otra de las mujeres del vecindario, Machiko abrió la puerta para encontrarse de frente con Yoshiko Fujisawa. Durante un instante la joven Machida no supo cómo reaccionar. El cambio en Yoshiko la tomó por sorpresa, nunca se imaginó que su amiga de la preparatoria volvería a Japón viéndose tan diferente.
—Machiko, ha pasado mucho tiempo— dijo Yoshiko con una honesta sonrisa, sintiéndose feliz de volver a ver a quien siempre consideró como su mejor amiga en todo Japón—. ¿No me saludas?
Las palabras de Yoshiko lograron sacar a Machiko de su aturdimiento. Sí, se veía diferente, pero la voz le confirmó que la mujer frente a ella era su amiga, a la que tanto había deseado volver a ver.
—Claro que sí— dijo saliendo a encontrarse con Yoshiko, abrazándola con fuerza—. ¡Me da mucho gusto verte!
Algunos minutos más tarde…
Yoshiko miró con nostalgia la preparatoria Furano y se acercó para apoyar su mano sobre la alta reja, recordando con aprecio los tres años en los que ella y Hikaru habían entrado juntos a través de esta puerta. Ver su vieja escuela le permitía reafirmar que su pasado seguía aquí, en Hokkaido. La pregunta que resonaba en su mente, sin embargo, era si también aquí era en donde estaba su futuro.
—Nada cambia en este lugar, ¿no es cierto, Machiko? — Dijo Yoshiko con un suspiro melancólico—. La escuela es justo como la recuerdo, Hikaru y Oda siguen jugando futbol, tú ni siquiera has cambiado de peinado… me siento como si hubiera entrado en una postal, ¿sabes?
—No entiendo a qué te refieres— respondió Machiko mientras se acomodaba sus anteojos, sintiéndose un poco irritada por el comentario de su amiga—, la escuela está igual, eso es verdad, pero la ciudad ha crecido y todos nosotros hacemos cosas diferentes. Ya soy contadora por si no te has dado cuenta, y trabajo duro en el negocio de mi familia. Kazumasa y Matsuyama siguen en el futbol, cierto, pero ahora son profesionales y se han convertido en la pareja estrella del Consadole, y aunque no lo creas sí he cambiado de peinado algunas veces. Tal vez ya lo olvidaste, pero no todas podemos broncearnos en las playas de California o dejarnos crecer el pelo de más.
—No te enojes conmigo, por favor— pidió Yoshiko honestamente apenada—, no dije eso con mala intención… es sólo que… mi vida es tan distinta ahora y… para mí Hokkaido no ha cambiado en cinco años. Hikaru es exactamente igual que en la preparatoria… ayer cenamos juntos y cuando le pregunté qué hacía me describió su rutina con el Consadole y sus rivales en los otros equipos. ¡Incluso se pasó casi media hora hablando de Misugi Jun!... ¿Puedes creer eso? Misugi Jun remplazó a Ozora Tsubasa y a Hyuga Kojiro como el principal rival a vencer de Hikaru, supongo que eso sí es diferente.
—Eso es lógico, sin Hyuga y Ozora en Japón, Misugi es el jugador a vencer— observó Machiko.
— ¿Lo ves? — Suspiró Yoshiko—, hasta tú hablas de futbol como si aún fuéramos las asistentes del club de futbol en la preparatoria. Apuesto que todavía llevas la estadística de todos los equipos.
—No llego a tanto, sólo me gusta ir a ver jugar al Consadole— se defendió Machiko—, y además… ¿por qué no habría de apoyar al equipo local?
—Pues yo me pregunto si sólo vas a eso a los partidos—, murmuró Yoshiko.
— ¿Dijiste algo? — preguntó Machiko.
—Que no sé cómo puedes mirar los partidos— corrigió Yoshiko hablando un poco más alto—, ¿no te aburres?
—Para nada, soy leal a todos los equipos de Hokkaido.
—En eso tampoco has cambiado— Dijo Yoshiko con una sonrisa—, una chica de Hokkaido hasta el fin, ¿no es así?
—Por supuesto— sonrió Machiko con orgullo—. Aunque me fuera a vivir a Moscú nunca dejaré de serlo. ¿Y tú Yoshiko?
La joven Fujisawa se limitó a bajar la mirada y suspirar—. No lo sé, Machiko… no lo sé. La verdad, de lo único que estoy segura es que estoy aquí por Hikaru.
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Tres días más tarde…
Hikaru Matsuyama estacionó su automóvil frente al almacén de la familia Machida y dedicó unos minutos a observar el negocio. No estaba seguro si debía ver a Machiko, y por un momento estuvo a punto de volver a encender su vehículo para marcharse, pero al final bajó del auto y se encaminó al almacén. Hablaría con ella. A fin de cuentas, era muy posible que Machiko era la única persona que podía ayudarlo a aclarar sus dudas.
La encontró al fondo del almacén, haciendo anotaciones en una libreta al tiempo que revisaba los anaqueles repletos de tablas, paneles, tablones, molduras, maderos, vigas y otros productos de madera. Dudó en interrumpirla, por lo que esperó a que terminara de leer las etiquetas de uno de los anaqueles antes de acercarse más.
—Hola, Machiko— saludó en la primera oportunidad— ¿Tienes un minuto? Necesito hablar contigo.
—Matsuyama. Sí, podemos hablar. ¿Qué sucede?— dijo ella, intrigada de verlo allí. Había asumido que no la visitaría en el almacén mientras Yoshiko estuviera en Japón. Se puso el cuaderno bajo el brazo y se acercó a él, preguntándose si algo malo había pasado.
—Nada importante, o al menos eso creo— respondió él mientras guiaba a Machiko de regreso a la entrada del almacén—, tal vez sea sólo mi imaginación.
—Muy bien, ya salimos a la calle— dijo Machiko, que había comenzado a preocuparse por el repentino silencio de Matsuyama—, dime qué te pasa, ¿te peleaste con Yoshiko?
Hikaru levantó la mirada y respiró profundamente, una vez que se sintió calmado, miró a su amiga y continuó—. No, por supuesto que no… pero tengo qué preguntarte algo sobre ella.
—Pues te escucho… ¿qué necesitas saber?
— ¿Has visto a Yoshiko más de una vez? — Le preguntó él—, le sugerí venir a verte hoy, pero me dijo que ya había hablado contigo.
—La vi hace tres días— dijo ella—, no la he vuelto a ver desde entonces. Me imaginé que estaba muy ocupada contigo.
—Oh, ya veo— el joven Matsuyama se metió las manos a los bolsillos y se concentró en mirar el ir y venir de los trabajadores del almacén—, pensé que se habían visto más de una vez.
—Matsuyama… Hikaru, ¿qué es lo que pasa? — Preguntó la muchacha—, ¿Yoshiko te está evitando?
—No, ella y yo hemos salido todos los días pero…— Matsuyama hizo una pausa para lograr organizar sus pensamientos—, ¿notaste algo raro en ella?
La pregunta tomó a Machiko por sorpresa, y no supo qué responder.
—Lo sabía, sí hay algo— adivinó Hikaru.
—Sí, pero no es algo que deba preocuparte.
— ¿Qué es?
—Algo con lo que tú puedes ayudarle— dijo ella— Yoshiko parece tener dificultades para volver a adaptarse a la vida en Japón. Es normal, luego de cinco años en Estados Unidos. Pero si la ayudas eso no será un problema.
—Oh, ¿es todo?
—No me di cuenta de nada más.
El muchacho aspiró profundamente y asintió. Si sólo era eso entonces, tal vez…
—Hikaru… ¿está todo bien entre ustedes?
Matsuyama miró atentamente a Yoshiko y levantó los hombros—. Quisiera decirte que sí, pero… no lo sé, Yoshiko está… no, olvídalo; tal vez sea como dices y ella necesita volver a acostumbrarse a la vida en Japón. Gracias por escucharme. Te veré después, quizás los tres podamos ir a algún lugar de los que comentamos antes. Hasta luego, Machiko.
Y sin decir más, Hikaru Matsuyama se dio la media vuelta y se alejó del almacén.
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Notas:
He aquí el segundo de los seis capítulos, espero les haya parecido interesante.
Gracias por leer.
