Aviso: Los personajes de Captain Tsubasa fueron creados por Yoichi Takahashi

Un Jazmín entre las zarzas.

Capítulo 4

Por

Y. Honey

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El aroma de la flor de Jazmín puede ayudar a calmar la ansiedad en momentos de crisis.

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La muchacha usó la toalla para secar sus húmedas piernas con movimientos lentos y mecánicos, repitiendo la operación al frotarla sobre su abdomen y finalmente sus senos. Normalmente Machiko se habría mirado en el espejo un par de veces para juzgar si su vientre se mantenía plano o si sus pechos aún conservaban su firmeza, pero esa mañana de lunes dedicarle algunos segundos a la vanidad propia de una bonita mujer de veintitantos ni siquiera le había pasado por la cabeza. Lo único en lo que podía pensar era en que ese día Yoshiko regresaba a Estados Unidos y en lo mucho o poco que eso afectaría a Hikaru Matsuyama. No podía dejar de preguntarse qué habría pasado entre ellos dos la noche anterior. Sabía que la relación de sus dos mejores amigos en la preparatoria no debería ser de su interés pero también estaba consciente de que estúpidamente se había involucrado demasiado en un asunto en el que nunca debió haber intervenido.

"Fui una idiota al aceptar salir con él para ayudarlo a planear sus citas con Yoshiko," se recriminó. "Debí dejar mis estúpidas fantasías en la preparatoria, pero… ¡diablos!… Si al menos le hubiera dicho lo que sentía por él cuando…"

Machiko cortó sus pensamientos y se frotó el rostro con la toalla para luego envolverse el cabello. Pensar en lo que había sucedido en la preparatoria era algo inútil. Sí, tal vez estuvo totalmente enamorada de Hikaru cuando era una adolescente, pero eso estaba en el pasado y no valía la pena perder tiempo con eso.

"Además, es muy probable que él y Yoshiko al final se reconciliaron" se dijo, deseando con todas sus fuerzas que eso hubiera sucedido. "Sí, de seguro eso pasó."

Convenciéndose de que todo se había arreglado entre Hikaru y Yoshiko, la joven finalmente salió del baño y entró a su habitación para cambiarse de ropa y marcharse a trabajar pero al mirar la luz intermitente de su celular, indicando que había recibido un mensaje, sintió que una ola de frío la recorrería de pies a cabeza. Un mensaje a esa hora podía ser algo muy bueno… o algo bastante malo.

Tomó el teléfono y luego de dudar por unos segundos, desbloqueó la pantalla esperando encontrarse con buenas noticias, pero lo que encontró en sus mensajes fue una fotografía muy reciente de ella y Yoshiko. Se las había tomado un extraño unos pocos días antes, cuando fueron juntas a visitar la preparatoria Furano. Ambas sonreían para la cámara pero ahora, al mirar la imagen con atención, Machiko notó una casi imperceptible tristeza en los ojos de Yoshiko.

Debajo del retrato, su amiga había escrito lo siguiente:

[Hola, Machi. Pensé que te gustaría tener esta fotografía. Entiendo si decides borrarla pero al menos para mí siempre será un recuerdo muy especial y por eso quise compartirla contigo.]

[Espero que algún día puedas perdonarme por lo que he hecho. Lo único que puedo decirte es que en realidad nunca quise lastimar a nadie y lamento mucho que las cosas terminaran de esta manera.]

[Cuídalo mucho, Machiko. Por favor.]

La joven Machida pasó saliva y se sentó en la cama, leyendo una y otra vez el mensaje de Yoshiko.

—¿Qué fue lo que hiciste, Yoshiko? —murmuró mordiéndose el labio inferior, presa de una fuerte angustia.

Hikaru. Tenía que saber si él estaba bien. Machiko cerró sus mensajes y marcó el número de Matsuyama, pero no obtuvo respuesta. Lo intentó varias veces más durante el día pero el resultado fue el mismo. Hikaru nunca respondió.

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—Has estado muy rara toda la semana, hermanita —indicó Kazuki en voz baja. El mayor de los hermanos Machida estaba preocupado por el comportamiento de Machiko, que había pasado varios días distraída y con una expresión ausente en el rostro—. ¿Qué te pasa, tienes algún problema?

Machiko suspiró con desánimo al escuchar las observaciones de Kazuki; en realidad no quería hablar con nadie de la situación que la molestaba, aunque suponía que conversar con su hermano quizás sería útil—. No es un problema mío… al menos creo que no lo es, pero… ¿porqué mejor no caminamos un poco mientras platicamos?

—Me parece bien —dijo Kazuki mientras salía con su hermana de la oficina de contabilidad y caminaba con ella hacia el área de carga y descarga del almacén. Lo tranquilizaba saber que su hermana estaba dispuesta a hablar, ya que al menos así podría intentar ayudarla.

—Kazuki… lo que pasó en realidad no es algo que tenga que ver conmigo, ¿sabes? —Dijo ella, recargándose en una pila de tablones—, y en realidad no debería involucrarme es sólo que…

—Ya estás demasiado metida en ese asunto y no sabes cómo salirte, ¿me equivoco? —Adivinó él mientras consideraba la situación—. ¿Es algo con lo que pueda ayudarte… alguna amiga necesita dinero, o algo?

—No, no tiene nada qué ver con dinero —indicó la muchacha, bajando la mirada mientras intentaba decidir si valía la pena contarle a Kazuki acerca de lo que temía estaba sucediéndole a Hikaru—. Es distinto y no creo que puedas ayudarme. Te agradezco tu interés, hermano… pero creo que esto es algo que será mejor si lo resuelvo sola.

Kazuki Machida respiró profundamente y le revolvió el cabello a su hermana menor, lo que le ganó un manotazo en el hombro pero al final el gesto cumplió con distraer a Machiko y sacarla del pobre estado de ánimo en que había caído.

—¿Por qué hiciste eso, tonto? —Se quejó ella mientras miraba su reflejo en la ventana de la camioneta para poder arreglarse el cabello.

—Bueno… al menos ya no estás pensando en ese problema que tienes, ¿cierto? —Dijo él, sonriéndole mientras rebuscaba algo en su cartera, lo que resultó ser un papel doblado por la mitad, el cual le entregó—, necesitas distraerte un poco para que ya no pienses tanto en ese lío, Machi. Mira, es viernes así que te regalo este boleto. Ve y diviértete un par de horas y si después decides que puedo ayudarte de algún modo… ya sabes que puedes llamarme a la hora que sea. ¿Te parece bien?... bueno, Machi, yo me voy, hay entregas qué hacer y ya voy con retraso.

—…Sí, gracias —dijo Machiko, observando cómo su hermano subía a la camioneta y arrancaba para salir del almacén. Una vez sola, desdobló el pedazo de papel y descubrió que era un boleto para ir a ver al Consadole en el juego de esa tarde.

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—¡El primer tiempo fue muy duro, así que tenemos qué empatar y luego ganar en el segundo! —Exclamó Oda, que caminaba frustrado frente a sus compañeros del Consadole. Era el descanso del medio tiempo y tenían el marcador en contra—. Ya recibimos dos goles y no podemos dejar que el Gamba Osaka anote otra vez, ¿está claro, muchachos?... ¡Les demostraremos que somos mejores!

El resto de los jugadores asintieron y prometieron esforzarse al máximo durante la segunda mitad, hecho esto se enfocaron en escuchar las instrucciones del entrenador, quien comenzó a explicar su estrategia para poder neutralizar a Makoto Soda y anotarle a Taichi Nakanishi. Suspirando preocupado, Oda intentó hacer lo mismo, pero al mirar a sus compañeros se dio cuenta de que a pesar de sus esfuerzos por animarlos nada cambiaría en la cancha. El entusiasmo del equipo estaba por los suelos y no era para menos, pues Hikaru Matsuyama, su capitán, había estado jugando pésimo durante todo el partido, cometiendo errores y dudando en sus ataques a tal grado que Oda había tenido que tomar las riendas del Consadole a fin de tratar de salvar el juego de algún modo.

—¿Qué diablos te pasa? —Murmuró enfadado Oda luego de acercarse a Matsuyama, que se había quedado de pie cerca de las escaleras que subían a la cancha—. La segunda mitad está por empezar y te necesitamos al máximo, Hikaru. No sé en dónde te metiste toda la semana o por qué no fuiste a entrenar con nosotros, pero al menos intenta hacer algo útil para el equipo. ¡Lo último que necesitamos es perder este partido, si perdemos estaremos en desventaja cuando tengamos que jugar contra el Nagoya Grampus Eight, y créeme que no quiero enfrentarme así a Ken Wakashimazu!

—Tranquilo, Oda —le pidió Hikaru, su mirada fija en la cancha—, sé que cometí errores en el primer tiempo. Lo lamento pero yo… no, olvídalo. Sólo estaba un poco distraído. En la segunda mitad todo será diferente, ya lo verás.

—Eso espero —contestó Oda, no muy convencido y ahora verdaderamente preocupado por el dolor apenas contenido que podía ver en la expresión de su mejor amigo—. Hikaru, tú no eres así, ¿en verdad estás bien?

—No estoy seguro, yo… pensé que en la cancha podría olvidarme de todo, Oda, pero… —el capitán del Consadole se interrumpió, suspiró largamente y aunque por un momento pareció que diría algo más, el entrenador los interrumpió anunciando que el medio tiempo ya había terminado y que era hora de volver a la cancha, cortando en definitiva la conversación entre Oda y Hikaru.

Aunque las palabras de Matsuyama sólo consiguieron que Oda se preocupara aún más por su mejor amigo.

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Makoto Soda estaba de un pésimo humor. Había estado esperando durante meses la oportunidad de volver a enfrentarse con Hikaru Matsuyama ya que en el torneo anterior lo había superado en las eliminatorias y ahora, cuando por fin podría volver a medirse con él en la cancha, todo resultó un fiasco. Matsuyama estaba jugando peor que un novato con las piernas rotas y para Soda no habría ninguna satisfacción en vencer al Consadole cuando su capitán estaba incapacitado mentalmente a tal punto que no podía jugar usando al máximo sus habilidades.

—Más vale que te calmes —le aconsejó Taichi a su compañero de equipo mientras ambos entraban a la cancha—, si te distraes afectarás el ritmo del equipo y la segunda mitad es crucial para nosotros.

—Bah. Aún si de milagro logran pasar a través de mí, el único jugador del Consadole que podría meterte un gol es Hikaru Matsuyama —dijo Soda mirando al gigantesco portero del Gamba Osaka, al que le ofreció una sonrisa confiada—. Y ese estúpido se ha pasado todo el partido en otro planeta, así que no creo que haya nada de qué preocuparnos… aunque siendo honesto, sí me molesta bastante que el idiota de Matsuyama no esté jugando como se debe, pero a fin de cuentas eso es su problema.

—Me habría gustado ver su Eagle Shot otra vez —confesó Taichi—, luego de entrenar hasta que pude detener tu Kamisori shoot, estoy seguro de que ahora sí podría parar sin problemas el tiro especial de Matsuyama.

—También lo creo —dijo Soda—. Bien, si él no quiere usar su tiro especial, entonces yo sí lo hare. Anotaré por lo menos un gol más, Taichi, ya lo verás.

—Excelente, así es como debe ser —sonrió Nakanishi, más tranquilo al saber que Soda no dejaría que sus emociones afectaran su juego—. Y si de casualidad alguien del Consadole logra atacar la portería, ¡yo me encargaré de detenerlo!

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Kazumasa Oda estaba nervioso. Si bien era cierto que Matsuyama había puesto más entusiasmo en la segunda mitad, también lo era que sus jugadas seguían siendo burdas y lentas, lo que había provocado que el ritmo del Consadole siguiera muy disparejo y debido a eso se habían pasado todo el segundo tiempo defendiendo y bloqueando a Makoto Soda casi en exclusiva. El problema principal era que no habían podido encontrar la oportunidad de intentar un contraataque y el tiempo se les estaba terminando, ¡ya sólo quedaban cuatro minutos de partido!

"La derrota ya es segura," pensó Oda resignado, "¡Pero al menos tenemos que anotar un gol, un solo gol!"

Fue entonces que Oda notó que Makoto se había apoderado del balón y corría en dirección a Matsuyama con una expresión de furia digna de un Kojiro Hyuga enfurecido.

"¡Maldición, si lesiona a Matsuyama no podremos hacer nada contra Wakashimazu en el siguiente partido!" Pensó lanzándose hacia Soda, dispuesto a interceptar al temible 'Ace killer' del Gamba Osaka antes de que pudiera hacerle daño a su capitán.

Makoto Soda estaba harto. El Consadole había cambiado de estrategia y se estaba concentrado en bloquear todas sus jugadas de una manera bastante efectiva, aunque gracias a la ventaja de dos goles eso no era un problema para él. Lo que en verdad le molestaba era la actitud de Matsuyama. Soda no sabía por qué el capitán del Consadole tenía la cabeza metida en un agujero, pero no dejaría terminar el juego sin haber tenido un duelo con él. Tomada esta decisión, Makoto corrió hacia uno de los delanteros contrarios y tomándolo desprevenido, le arrebató la pelota con una violenta tacleada. Una vez que se hizo con el control del esférico, Soda se lanzó directo hacia Hikaru Matsuyama para enfrentarlo al fin.

—¡Matsuyama, despierta y actúa como un hombre! —Exclamó cuando estaba justo frente a su rival—. ¡Ya me cansé de que no me tomes en serio, vamos, dame una batalla de capitán a capitán al menos!

—¡Hikaru no es el único jugador del Consadole que debe preocuparte, idiota! —Interrumpió Oda, que interceptó a Makoto barriéndose frente a él de una manera perfecta, derribándolo y robándole el balón—. ¡Y ahora nosotros anotaremos aunque sea un solo gol, no puedo dejar que perdamos a cero!

Motivado por una fuerte determinación y desesperado por anotar, Oda se adentró entre los jugadores del Gamba Osaka y fue seguido de inmediato por varios de sus compañeros, que cumplieron con la esencial función de marcar a Soda y al resto de los defensas del equipo contrario a fin de darle la oportunidad de llegar a la portería y hacer un último intento de anotar.

Y Kazumasa Oda lo hizo. Logró llegar al área, se plantó frente a Taichi Nakanishi y usando todas sus fuerzas y el máximo de su considerable habilidad, pateó la pelota realizando el mejor disparo de toda su carrera profesional hasta ese momento. El tiro del delantero era envidiable, y se dirigió directo a la esquina superior de la portería a tal velocidad que ningún portero común podría haberlo detenido.

Pero Taichi Nakanishi no era un portero común; el gigantesco arquero del Gamba Osaka era considerado el tercer mejor arquero en Japón, sólo después de Ken Wakashimazu y Yuzo Morisaki, y demostró el porqué reaccionando justo a tiempo y con una agilidad que alguien con su enorme cuerpo no debería tener, logrando detener el tiro de Oda con ambas manos en el último momento. Hecho esto y mostrando una fluidez de movimientos que habría impresionado al mismo Jun Misugi, el guardameta botó el balón una vez y realizó un despeje perfecto mientras gritaba—: ¡Soda, ve y anota el último gol del partido!

—…Imposible —murmuró vencido Oda, mirando cómo el esférico volaba hasta la media cancha, en donde Soda Makoto lo recibía con el pecho y se lanzaba como un bólido hacia la portería del Consadole.

—Oye, Oda, tu tiro fue magnífico. Por un momento hasta pensé que no podría detenerlo —admitió Taichi desde su portería—. ¡Te felicito, creo que incluso a Morisaki le habría costado mucho trabajo detener ese disparo!

Pero Oda no respondió, en lugar de eso se echó a correr hacia su portería, esperando poder interceptar a Makoto. Ya no podía contar con Matsuyama, pues se había quedado paralizado en el centro del campo con una expresión de derrota total. Maldiciendo para sus adentros, lo único que pudo hacer mientras corría era preguntarse una y otra vez qué era lo que había dejado a Hikaru en esas condiciones.

Makoto decidió no desaprovechar la oportunidad que le había conseguido Taichi, así que ignoró a Matsuyama y se dirigió hasta la portería contraria. No tuvo problemas evitando a los tres defensas que se habían quedado atrás y una vez en posición, utilizó su Kamisori Shoot para lanzar un tiro en curva que el portero del equipo local no tuvo ninguna oportunidad de detener.

Y justo en ese momento el árbitro dio el silbatazo final. El partido había terminado y el Gamba Osaka ganaba el juego con un marcador de 3 a 0.

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Habían ganado. El Gamba Osaka había calificado a octavos luego de vencer con tres goles al Consadole. Y sin embargo Makoto Soda no podía encontrarle ninguna alegría a la victoria. Al contrario, se sentía decepcionado y muy, muy molesto. Y eso era culpa de Matsuyama, quien seguía inmóvil en el centro de la cancha con una expresión de angustia que consiguió mitigar por completo el enfado de Makoto.

—Hikaru Matsuyama —llamó el capitán del Gamba Osaka una vez que estuvo frente a su rival—. No tengo idea de qué problema tengas, pero más te vale que recuerdes que en la cancha nuestro trabajo es apoyar a nuestro equipo y no lastimarlo con un desempeño mediocre. Si estás con la cabeza hecha un nudo no debiste jugar.

Matsuyama levantó la mirada, observó durante un momento a Soda y en lugar de responder simplemente se alzó de hombros mientras se giraba y se echaba a andar a los vestidores, ignorando todo a su alrededor.

—¿Qué le dijiste? —demandó Oda.

—Le dije que no debió jugar en esas condiciones. No me da gusto haberles ganado así, pero una victoria es una victoria y no pienso despreciarla—. Explicó el capitán del Gamba Osaka que, sin decir más, regresó con sus compañeros de equipo para unirse a la celebración.

Oda se olvidó del Gamba y se apresuró a los vestidores para intentar alcanzar a Matsuyama pero ya no estaba allí. Salió a los pasillos de la parte inferior del estadio pero tampoco encontró a su amigo. ¿En dónde se había metido? Hikaru nunca hacía estas cosas, y su preocupación estaba llegando a niveles bastante altos.

—Si lo estás buscando, Matsuyama dijo que se sentía muy enfermo y que iría a ver a su doctor —indicó el entrenador al notar que Oda buscaba al capitán—. Por lo menos eso explica su comportamiento… aunque debió habérmelo dicho antes del partido.

—Creo que es algo distinto, entrenador —discutió Oda, que empezó a considerar seriamente que el problema de Matsuyama se debía exclusivamente a asuntos del corazón.

—Lo que sea que es, espero lo resuelva antes del próximo partido. Por cierto, será mejor que le lleves sus cosas; ni siquiera se cambió de ropa cuando se fue —dijo el otro, señalando la maleta del capitán—. Te lo encargo, Oda. Y si tienes noticias de él, avísame de inmediato. Si Matsuyama está enfermo tendremos que modificar completamente la estrategia para los siguientes partidos.

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Machiko Machida había pasado el primer tiempo en la orilla de su asiento, apretando los puños presa de la ansiedad cada vez que Matsuyama perdía el balón o hacía un mal pase. Fue entonces que se anunció el medio tiempo, y no perdió ni un segundo para dejar su asiento y bajar hasta el nivel que daba a los pasillos que llevaban a los vestidores. Tenía que hablar con Hikaru, ¡ya no podía seguir viéndolo en ese estado tan terrible!

—Lo siento señorita, pero no puede pasar —le indicó el guardia cuando intentó pasar a donde estaba el vestidor del equipo local—. A menos de que sea una emergencia y usted pariente de alguno de los jugadores no hay acceso.

—Pero… usted no entiende —discutió Machiko—, ¡tengo qué hablar con Hikaru Matsuyama!

—Podrá hacerlo después del partido, por favor ya no insista —finalizó el vigilante, dejando muy en claro que no dejaría entrar a la mujer.

Machiko se quedó inmóvil durante casi un minuto, mirando al guardia esperando a que cambiara de opinión. Al final entendió que eso no sucedería y resignándose, emprendió el camino de regreso a su asiento, luchando contra la preocupación que le apretaba el pecho. No se imaginó que ver a Hikaru en ese estado la afectaría tanto, ni que le despertaría el fuerte deseo de ayudarlo que ahora la invadía, aunque aún no sabía cómo lograría hacerlo.

—¿Machiko?

La joven Machida se detuvo y se giró para encontrarse con Midori Hazama, quien la miraba con curiosidad.

—No pensé verte aquí —admitió la novia de Oda mientras se acercaba—, ¿en dónde estás sentada?

—Más arriba, pero… —Machiko hizo una corta pausa y luego añadió—, ¿Midori, a ti te dejan pasar a los vestidores?

—No, lo siento pero no me lo permiten —se disculpo la joven Hazama—, ¿para qué quieres entrar?

—… Necesito hablar con Hikaru.

—Oh. Es una pena que Hikaru esté jugando tan mal hoy —opinó Midori, que entonces se dio cuenta de algo—, ¿me imagino que tú sabes la razón?

—Sí, creo que sí la sé.

—Es por Yoshiko Fujisawa, ¿no es cierto?

Machiko bajó la mirada y suspiró—. Es muy posible.

—Creo que podría ayudarte a que te dejen entrar al final del partido —ofreció Midori, que al darse cuenta de la angustia de la joven Machida, decidió intentar ayudarla—. Machiko, ¿quieres… hablar de lo que pasó con Yoshiko?

—No. Creo que lo mejor que podemos hacer es ir a ver el partido —dijo ella con desgano—. Perdóname, pero no quiero hablar de eso en este momento.

—Como quieras. Ven conmigo entonces, hay un lugar libre junto al mío y será mejor estar juntas hasta que termine el juego.

Midori guió a Machiko hasta sus asientos en silencio, pero no pudo evitar recordar que durante el viaje al lago Toya se había dado cuenta de una frialdad cada vez más pronunciada de parte de Yoshiko hacia Hikaru. En ese momento pensó que se debía a la legendaria timidez que hizo famosa a Yoshiko en secundaria y preparatoria, pero ahora que lo pensaba mejor, era muy posible que la razón hubiera sido otra muy distinta. Meditó sobre eso durante algunos minutos, pero al comenzar la segunda mitad del partido, los valientes esfuerzos de Oda por anotar y su confrontación final con Taichi Nakanishi consiguieron que Midori se olvidara por completo de Yoshiko Fujisawa.

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—¿Cómo que ya no está? —Preguntó Machiko, mirando a Oda con una expresión de incredulidad—. ¿A dónde se fue?

—No sabemos —respondió Oda con desánimo—, sólo le dijo al entrenador que se sentía enfermo y se desapareció… ni siquiera se llevó sus cosas. Iré a dejárselas en su departamento, por si quieres ir con nosotros.

—Creo que sería mejor si Machiko se las lleva —intervino Midori entonces—, me parece que ella podría ayudar a Hikaru mejor que tú.

—¿Eso crees? —Preguntó Oda, un poco confundido aunque al final aceptó la idea de Midori, considerando que lo más seguro era que Hikaru no le haría caso a él, pero con Machiko quizás sí aceptaría hablar—. En ese caso, ¿no te molesta llevarle esto, Machiko?

—¿Yo?... pero… —dudó ella, mirando indecisa la bolsa que sostenía el delantero del Consadole.

—Dijiste que querías hablar con él —dijo Midori, tomando la mochila y poniéndola en manos de Machiko—, entregarle su ropa es un buen modo de hacerlo. ¿Sí sabes llegar al departamento de Matsuyama, verdad?

—No… no tengo su dirección y me temo que no contesta mis llamadas —dijo Machiko, colgándose al final la bolsa de Matsuyama al hombro, decidiendo que quizás la idea de Midori era la mejor opción que tenía para poder hablar con Hikaru y saber qué era lo que en verdad había sucedido entre él y Yoshiko.

—No hay problema, te anotaré la dirección —le ofreció Oda—. De hecho está cerca de nuestra vieja preparatoria. ¿Quieres que te llevemos?

La joven Machida bajó la mirada y movió lentamente la cabeza de lado a lado—. Se los agradezco pero no será necesario. Si está cerca de la preparatoria Furano lo encontraré rápido… gracias de todos modos.

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Eran las siete de la noche cuando Machiko llegó al edificio donde vivía Hikaru y justo como dijo Oda, estaba ubicado a sólo unas cuantas calles de distancia del colegio Furano. La muchacha recordó entonces que Matsuyama le había confesado que en ocasiones todavía visitaba al entrenador Kurata para pedirle consejos de futbol, por lo que seguramente Hikaru no había rentado este departamento sólo por casualidad. Le dedicó un par de minutos a mirar detenidamente el edificio de cuatro pisos, tratando de descubrir cuál era su departamento.

"Seguramente está en los pisos superiores," pensó, aún sin reunir los ánimos para acercarse a la puerta. Una ráfaga de aire frío la hizo estremecerse, y se dio cuenta de que la razón por la que no podía ir a tocar el timbre era porque no sabía qué haría si Hikaru rechazaba su ayuda, algo que pensaba sería muy posible.

"Pues si eso pasas… entonces ya no habrá más qué hacer," decidió, armándose al fin del valor suficiente como para ir a la entrada del edificio y tocar el timbre de su departamento. Por lo menos su ropa sí se la entregaría.

—Si busca a Matsuyama, le informo que salió, señorita —le dijo una mujer ya entrada en años que se asomó por la ventana del departamento más cercano a la puerta de entrada—. Lo vi salir hace unos cuantos minutos.

—… ¿y cómo sabe que lo busco a él? —le preguntó Machiko.

—Por el nombre en esa mochila —dijo la sagaz anciana con una sonrisa confiada—, además de que se la he visto al joven Matsuyama, por eso sé que es de él. ¿La olvidó en el estadio?

—Sí, la olvidó y debo entregársela… ¿tiene idea de a dónde pudo haber ido?

—No, pero no debió ir muy lejos, dejó su auto en el estacionamiento.

—Oh… entonces iré a buscarlo, muchas gracias.

—Yo puedo dársela si quiere —ofreció la otra mujer.

—No hace falta, gracias de nuevo —contestó Machiko, que se alejó con pasos lentos y pesados, sin saber qué dirección debía tomar para encontrar a Hikaru.

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Terminó frente a las puertas de la preparatoria Furano. No había pensado en ir a ese lugar, pero sus pasos la llevaron hasta su vieja escuela. Mirando las altas rejas, apoyó las manos en la estructura de metal y se preguntó si Matsuyama había pasado por allí. Tal vez sí, o quizás se fue en la dirección contraria, para evitar ver algo que le recordaría a Yoshiko Fujisawa.

—¿En dónde te has metido, Hikaru? —murmuró la muchacha, apoyando la frente en los fríos barrotes de la reja, tratando de no recordar sus días de bachillerato pero no le fue posible. Recordó cómo miraba con resignada complacencia la manera en que Yoshiko y Hikaru siempre estaban juntos y la manera en que andaban tomados de la mano o cómo ella lo ayudaba cuando terminaba de entrenar cada mañana en el campo de futbol de la escuela o cuando lo acompañaba al canal que estaba a unas calles, en donde Hikaru solía practicar su tiro del águila durante los fines de semana…

Machiko se enderezó al recordar eso. El canal. En la preparatoria, el canal era uno de los lugares a los que Hikaru llevaba a Yoshiko cuando deseaba estar a solas con ella. ¿Sería posible que…?

—Sí, tal vez está allí —murmuró.

Sin perder más tiempo, Machiko Machida se apresuró a ir en la dirección del viejo canal, la esperanza de encontrar allí a Hikaru para poder al fin ofrecerle su ayuda renaciendo en su corazón.

No mucho después…

Machiko llegó al canal y se detuvo en medio del puente de cemento que lo cruzaba. Se acercó a la orilla derecha y miró con atención, pero debajo sólo vio el arroyo. Preocupada, se asomó por el otro lado y finalmente lo encontró. Allá abajo, varios metros más adelante, sentado a la orilla de la corriente sobre una piedra, con la cabeza y hombros caídos, estaba Hikaru Matsuyama. La muchacha sintió que se le comprimía el pecho al verlo así, completamente derrotado.

—Yoshiko… ¿qué fue lo que le hiciste? — se preguntó en voz baja mientras comenzaba a bajar por la pendiente, poniendo especial cuidado en no resbalar sobre el húmedo pasto.

Le tomó poco tiempo llegar a su lado y al hacerlo no supo qué decirle. Nunca se imaginó que llegaría el día en que vería así a su querido capitán del equipo de futbol la preparatoria Furano. Ver al muchacho que nunca se rindió al enfrentarse a oponentes tan feroces y hábiles como eran Tsubasa Ozora y Kojiro Hyuga en esta condición tan lamentable le partía el corazón de una manera que nunca había sentido antes.

"Cuídalo mucho, Machiko. Por favor."

Las palabras de Yoshiko resonaron en la memoria de Machiko entonces, y fue sólo en ese momento que recuperó la confianza para acercarse a él. Sí, tal vez Yoshiko ya no estaba aquí para él. Pero ella sí. Ella sí.

—Hikaru… —lo llamó, tratando de hacer que su voz sonara lo más consoladora posible.

—Se ha ido… me ha dejado —dijo él, levantando el rostro, mostrándole el profundo dolor en su mirada y sus húmedas mejillas—. Dijo que no podía casarse conmigo y… no entiendo porqué… ¿qué hice mal, Machiko, en qué me equivoqué?

Hikaru ya no pudo continuar. Su voz se quebró y lo único que pudo hacer para conservar un poco de dignidad fue volver a bajar la mirada, intentando controlar el sufrimiento que le carcomía el corazón.

—…Lo siento mucho —dijo ella, dejando caer la mochila para poder arrodillarse junto a él—. Lo siento mucho.

Sin poder encontrar qué más decirle, Machiko se limitó a abrazar a Hikaru, permitiendo que apoyara su rostro sobre su hombro, dejándolo llorar mientras le ofrecía su compañía y su calor como el único consuelo posible que en ese momento podía darle.

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Notas:

Cuarto capítulo de seis.

Gracias por leer.