PASIÓN EN LA TORMENTA

-¡AAGHH! ¡Maldición! ¡JUSTO LO QUE ME FALTABA! ¿No podía pasarme esto en otro puto momento?

Había comenzado a quejarse la mujer del dúo saliendo de la central de camiones conforme una lluvia cada vez más fuerte los hacia sus presas.

Aira Kanae, portando aun el uniforme militar, la cara reflejando cansancio y fastidio mientras se hacia el largo fleco castaño hacia un lado para evitar que se le siguiera pegando al rostro, el resto de su cabello se encontraba atado en una pequeña cola de caballo que no dejaba de escurrir agua sobre su espalda.

-La lluvia no es tan mala Kanae. - Aseguró un hombre mucho más alto que ella sin darle importancia al hecho de que su uniforme de matador estaba casi por completo empapado o que su larguísimo cabello negro estaba completamente mojado y pegándose a su espalda y piernas.

-La lluvia, la falta de transportes, mi maldito cabello que solo me ha estado dando problemas, esta estúpida guerra que nos ha tenido en este país por cuatro meses, ¡AGH, ESTOY HASTA LA MADRE!

El pelinegro la observó un momento sin dejar de avanzar, considerando la situación actual, ciertamente aquella guerra en medio de África los había dejado por completo exhaustos a ambos, a tal grado, que apenas se avisara que la guerra había terminado, ambos habían tomado el primer transporte que los sacara del campamento militar para poder conseguir lugar en el primer autobús que los pudiera llevar a algún sitio con aeropuerto para volver a Japón.

Lamentablemente no habría más autobuses hasta el día siguiente, la lluvia solo empeoraba la situación, el autobús podría tardar más tiempo del previsto, por si fuera poco, la guerrera del tigre había estado de un humor insufrible por al menos dos semanas, por suerte ninguno de los otros soldados se le había acercado esos días o con seguridad habrían muerto, de eso no tenía ninguna duda el guerrero del buey.

-Estamos aquí atrapados con una tormenta encima, ¿alguna idea Kanae?

La joven lo volteo a ver con cara de pocos amigos mientras se despegaba un cadejo castaño rojizo de la mejilla.

-Préstame a Gobouken para que pueda deshacerme de esta molestia entonces - respondió la ojiverde sin dejar de quitarse el cabello húmedo de la cara.

-Sabes que no puedo, es un arma creada para quitar vidas.

-Tiene suficiente filo para ser las tijeras de una estilista, llevo dos semanas diciéndotelo.

-Y yo llevo dos semanas respondiéndote lo mismo Kanae.

La lluvia volvió a incrementar haciendo imposible que la pareja siguiera discutiendo el asunto, obligándolos a ambos a esconderse bajo la primera cornisa que encontraron.

Mientras la ojiverde comenzaba a escurrirse el cabello soltando entre dientes cuantas maldiciones se sabía, Kashii comenzó a observar a su alrededor, había algunos carteles escritos en francés, facilitándole las cosas lo suficiente como para sujetar a la chica a su lado de una muñeca antes de señalar uno de los edificios y comenzar a correr en completo silencio.

...

Finalmente ambos estaban en una recámara del precario hotel que habían encontrado, apenas cerrar la puerta, la chica había abierto su bolsa de viaje para sacar todo su contenido, revelando la ropa completamente mojada en el interior.

-¡Esto debe ser una puta broma!

-¿Sucede algo?

-¡SI! no tengo absolutamente nada que ponerme, ni una jodida braga seca, ¡DEMONIOS!

Un toquido en la puerta detuvo a Eiji de acercarse al lecho para observar la ropa de la cual su novia había comenzado a quejarse, decidiendo que lo mejor era abrir pronto, asomándose para evitar que el intruso pudiera ver dentro.

Kanae estaba completamente fastidiada mientras tanto, notar que el pelinegro caminaba a paso rápido a la puerta la había puesto en alerta, escucharlo hablar en francés la estaba poniendo de mal humor, ella había tenido demasiados problemas aprendiendo inglés como para plantearse aprender tantos idiomas como el guerrero del buey, eso no evitaba que se sintiera irritada cuando no comprendía lo que fuera que aquel hombre decía.

-Kanae, toma esto - Dijo el hombre repentinamente mientras le entregaba unas tijeras - aun pienso que no deberías hacerlo.

-No tolero traerlo tan largo, solo me estorba, ¿Cómo es que tu puedes vivir con el tuyo?

-No lo sé, nunca lo he cortado, supongo que es costumbre, además de una preocupación innecesaria.

Kanae simplemente gruñó ante aquella afirmación, sabía que no había ni una pizca de sarcasmo o reprimenda en el comentario, aun así, no podía evitar tomárselo a mal mientras soltaba la cuerda con que se había estado amarrando el cabello antes de comenzar a jalar cadejos al azar para comenzar a cortarlo sin más.

...

La tormenta había arreciado bastante, rayos y truenos podían escucharse mientras el eco de estos a la distancia hacían retumbar los vidrios y las paredes del lugar.

Kanae se encontraba recogiendo el último cadejo de cabello castaño rojizo del suelo para colocarlo en una bolsa, mientras veía aprehensivamente a la puerta. Detestaba los truenos.

Finalmente su objeto de observación se abrió, Eiji venia seguido de un carrito de servicio lleno de comida de arriba a abajo con un par de botellas de cerveza y un par de jarras con agua en las manos, mismas que acomodó en la pequeña mesa plegable que había en el cuarto.

Aira no tardó en acercarse a destapar una cerveza y darle un largo trago mientras observaba a la adolescente de piel obscura que había conducido el carrito hasta la recámara, ésta había dicho algunas cosas en francés con una voz demasiado tímida para dirigirse al genio de la masacre mientras éste le daba las gracias y sacaba algunos pocos billetes de su bolsa de viaje para pagar por el servicio, despidiendo así a aquella chica de no más de 16 años.

-Kanae, creo que deberíamos tomar un baño y tender toda la ropa en donde podamos.

-¿Te dijeron algo interesante abajo?

-La tormenta va a tardar lo que resta del día, no saben si terminara pronto o en una semana.

-¿UNA SEMANA? ¡Con una reverenda...

-Kanae, por favor, podría terminarse para mañana, deja de gastar tu energía con tantas maldiciones.

La ojiverde obedeció, básicamente a causa de un trueno sonando más cerca que los demás y haciéndola saltar a los brazos de su novio, el cual ya se había sacado la torera y estaba retirándose los tirantes de la ropa.

-¿A mi gatita le asustan los truenos? - Preguntó aquel hombre con una sonrisa torcida en los labios.

-¡Cierra el pico Eiji! - Bufó la aludida completamente sonrojada antes de bajarse de su compañero de batallas y lanzar sus botas militares en dos patadas para comenzar a desvestirse tan rápido como podía.

...

El baño de la habitación parecía ser lo más lujoso de aquel hotel, era pequeño, demasiado pequeño a decir verdad, uno podía sentarse en el excusado y mover la cabeza cinco centímetros hacia un lado para topar con el lavamanos, o cinco centímetros hacia el otro y topar con una barda cuya pintura había comenzado a caerse en las uniones con el piso y el muro, además era imposible cruzar por ahí si había una persona sentada, no obstante, justo al otro lado de aquella barda y escondido por un vidrio con diseños de sirenas y peces había una tina antigua, de respaldo alto, cerámica blanca y sostenida por patas doradas de león con la regadera por encima.

A Kanae se le había hecho extraño encontrarse con aquello, más aun al no encontrar un área para lavarse en aquel espacio tan pequeño, Eiji por su parte estaba llenando la tina y verificando la temperatura del agua antes de cerrar la llave.

-Todo listo, es hora de entrar.

-¿No deberíamos habernos lavado primero? - Pregunto la ojiverde curiosa y confundida recibiendo por toda respuesta una sonrisa torcida.

...

Un poco después, ambos guerreros habían tomado un relajante baño de burbujas, se habían enjabonado mutuamente, jugando un poco con la espuma para luego enjuagarse de pie bajo la regadera, sintiendo un cansancio tal, que sólo habían tenido una sesión de besos bajo el agua.

La comida por otro lado, había sido peculiar, luego que Kanae le recortara las puntas del cabello al pelinegro para que este lo atara, ambos habían comenzado a comer las cosas en el carrito de servicio completamente desnudos, rodeados por diversas prendas de ropa que el tigre había colgado en sogas por aquí y por allá en un intento desesperado por secarlas, su humor había mejorado considerablemente luego de volver a su corte de pelo habitual, tomarse una cerveza, asearse y comer un poco de carne y verduras, la chica estaba disfrutando ahora de una rebanada de pan tostado con miel mientras observaba divertida a su acompañante terminarse un plato de albóndigas, su quinto plato de la tarde.

-Ne, Eiji, ¿donde guardas toda esa comida?

-No sé a qué te refieres - Murmuro el aludido antes de acomodar el plato en el carrito para darle un sorbo a su vaso de agua y tomar un plato lleno de verduras.

- ¡Oh, vamos! comes como por 5 personas y estas tan delgado como si estuvieras a dieta - Respondió la guerrera del tigre sin dejar de sonreír y dándole un trago a su cerveza para esperar a que su interlocutor terminara el bocado.

-No lo sé, supongo que tengo lo que llaman un metabolismo rápido, aunque también pudiera deberse a toda la energía que gasto en el campo de batalla.

-A mi dame unas botellas de alcohol y repongo energía en el campo de batalla.

Kashii le dedico una mirada seria y un tanto reprobatoria a la mujer junto a él, ciertamente, aquella persona aún bebía bastante, aunque nunca lo suficiente como para perderse, nunca tanto como para no saber que hacía o no poder recordar lo que había sucedido, de hecho, lo mas ebria que la había visto nunca había sido medio año atrás, justo después de tener una discusión sobre la relación que llevaban y antes de que pudieran mudarse juntos y ponerle nombre a lo que tenían juntos.

-¿Y aun tienes hambre? la comida militar nunca es tan buena o tan abundante.

Un asentamiento de cabeza fue todo lo que Aira recibió por respuesta, observando bien al hombre cornudo a su lado y preguntándose si no sería esa la verdadera razón detrás de aquel apetito singularmente voraz del que su novio hacía gala cuando tenían un descanso.

Una idea le paso entonces por la mente, observando bien lo que aun quedaba en el carrito, la joven tomo algunas bolitas de queso y un tazón con cubitos de fruta antes de dirigirse a la cama.

El buey al fin había terminado su plato, estaba por tomar otro de entre los pocos que aun quedaban cuando noto la ausencia de su novia, volteando por puro instinto hacia atrás, encontrándola recostada en la cama, con pedacitos de fruta y queso adornando su cuerpo desnudo.

-¿Crees que puedas pasar al postre de una vez? mira que ya estoy lista para que me devores.

El simplemente sonrió divertido ante la idea, pensando que aquella debía ser su recompensa luego de cuatro largos meses luchando en el frente.

El carrito de comida finalmente había quedado en el olvido mientras el pelinegro se acomodaba sobre la cama de forma tal, que su pareja quedara rodeada por el sin ser tocada de manera alguna.

La castaña se relamió los labios antes de soltar una de sus sonrisas gatunas, alerta ante cualquier movimiento del hombre que la observaba sin reparo, decidiendo que lo mejor sería cerrar los ojos y relajarse cuando el comenzó a acortar la distancia entre ambos.

Las sensaciones que le llegaban eran leves pero placenteras, el aliento de Eiji, cálido y de movimiento lento contra su cuerpo, luego el cosquilleo de dientes corriendo por su piel, tocándola muy apenas antes de que algún bocado dulce fuera retirado de su lugar, lo mejor venia después, la insinuación de un beso dado con aquellos labios delgados que tanto adoraba probar mientras la húmeda y cálida lengua de su novio se encargaba de limpiar y saborear el jugo de la fruta que hubiera retirado cuidadosamente segundos atrás o simplemente dejando alguna caricia ahí donde la ojiverde hubiera colocado alguna bolita de queso.

Aquellas sensaciones se habían venido repitiendo una y otra vez sobre sus clavículas, a lo largo de su escote, sobre sus costillas, en zigzag sobre su vientre, sobre sus muslos y cerca de su empeine, por alguna razón la hacía sentir que estaba siendo torturada de forma dulce y lenta sobre aquella vieja cama de hotel.

- ¿Te está gustando tu postre? - Ronroneo la guerrera con los ojos todavía cerrados.

- No tanto como a ti, sospecho - contesto el guerrero del buey antes de levantarse a tomar algo del carrito de servicio.

-Oye, ¡no se vale que huyas de mí! - Se quejo Aira abriendo los ojos al notar la falta de aquel calor ajeno.

-Lo lamento Kanae,- se disculpó Kashii mientras volvía a la cama con un frasco en las manos - pero pensé que esto mejoraría las cosas - susurró mientras volteaba el bote cuidadosamente.

Un escalofrío placentero no tardó mucho en recorrer el cuerpo de Kanae mientras Eiji vertía lentamente hilos dorados de miel por su cuerpo, deteniéndose justo antes de llegar al rostro de su amante para enderezar el frasco y meter uno de sus dedos en su interior.

Pronto el frasco quedo relegado al olvido, justo a un lado de la cama mientras el buey se ocupaba en decorar los labios del tigre con la pegajosa sustancia.

Kanae no tardó mucho en abrir los labios, capturando aquel atrevido índice para poder succionar y acariciar con su lengua hasta dejarlo limpio de nuevo, observando con los ojos entrecerrados el rostro de su amante.

Eiji por su parte no había podido evitar imaginar aquellos labios envolviendo su miembro y jugando con él, disfrutando de aquellas caricias mientras hacia un esfuerzo por no tomar a la castaña de una buena vez.

Cuando Kashii fue finalmente liberado no perdió más tiempo, dirigiendo su boca a los hombros de su acompañante, poniendo todo su empeño en limpiar cada rincón de la cálida y suave piel que hubiese sido alcanzado por el dorado dulce que él mismo había esparcido.

Besos, lamidas, succiones y mordidas leves eran las caricias que Aira disfrutaba ahora, sobre sus hombros, surcando sus senos, bajando lenta y tortuosamente hasta su ombligo, era imposible mantenerse callada.

El pelinegro finalmente se interrumpió luego de haber puesto especial atención alrededor del ombligo de la ojiverde para saborear aquellos labios aun bañados en dulce, mordiendo y jalando levemente el labio inferior de Aira antes de entregarse por completo a un beso largo y húmedo, moviéndose levemente para seguir respirando sin interrumpir aquel momento.

-Eiji - Dijo la joven en un suspiro, completamente sonrojada cuando el beso finalmente se rompió - realmente me gusta jugar contigo, pero, necesito que me folles.

El aludido la observó un segundo, tomando nota del destello de lujuria y deseo en los ojos de Kanae.

-Mi gatita parece impaciente -Respondió el ojigris en un tono ligeramente burlón, paseando una de sus manos por uno de los muslos de su postre en turno.

-Eiji, ¡por favor!, - suplicaba la guerrera - ¡te necesito dentro!

-Espera un poco más Kanae - Le murmuró Eiji al oído mientras movía uno de sus dedos por entre los pliegues húmedos y un poco hinchados de su interlocutora - aun no término de saborearte.

Y seguido de estas palabras, el buey se llevó el dedo invasor a la boca, saboreando un segundo antes de mostrar una sonrisa torcida, moviéndose dispuesto a limpiar hasta el último rincón de aquel cuerpo que tanto le gustaba mientras Kanae ronroneaba expectante, cerrando los ojos una vez más.

...

Recostados o sentados, contra el muro o en el suelo, daba igual, los cuerpos de ambos guerreros yacían ahora sobre la cama enredados, fundidos aun en el cuerpo del otro ignorando el cansancio que sentían.

El buey mantenía su presa entre sus brazos, extasiado y exhausto, negándose rotundamente a detener aquel vaivén infernal que lo mataba y embriagaba al mismo tiempo, era lógico, hacer el amor por segunda vez en el día sin haber dejado más de 10 minutos entre una y otra experiencia solía ser placentero y doloroso al mismo tiempo y lo sabía, ¡vaya que sí lo sabía!, pero la mujer envolviéndolo tenía algo completamente enloquecedor, era su droga, su cruz y su salvación, apenas comenzaran a vivir juntos se había dado cuenta que su glotonería sólo podía ser igualada por la necesidad de estar dentro de esa mujer y escucharla gemir tantas veces como le fuera posible.

Kanae por su parte estaba atravesando por un orgasmo bastante intenso en aquel momento, aferrándose al cuerpo del pelinegro como un naufrago a un salvavidas en medio de la tempestad, realmente había extrañado aquellos encuentros, después de todo, trabajo y placer no debían mezclarse según la filosofía de su novio, si estaban en servicio podían llegar a compartir un poco de sexo muy de vez en cuando para combatir el estrés, siempre fuera de los campamentos, aquella lejana primera vez había sido la única ocasión en que habían mandado todo al diablo para compartir algo de intimidad.

Eiji podía sentirla exprimiéndolo con fuerza, provocándolo para alcanzarla cuanto antes, así pues, él simplemente tomo una de las piernas de ella, acomodándola alrededor de su cintura para profundizar sus embestidas, paseando su mano por aquel muslo tanto como le fuera posible conforme iba acelerando su propio ritmo para finalmente sucumbir ante la intensidad de las sensaciones que ambos estaban compartiendo, negándose rotundamente a soltarla cuando todo terminó.

-¡Carajo, me hacías tanta falta Eiji! - Murmuró la ojiverde mientras intentaba acomodarse aun más cerca dentro de aquel abrazo - sería tan feliz si pudiera coger contigo todos los días.

-La vida no puede ser tan sencilla Kanae - respondió el otro meditabundo - además, aun tenemos muchas batallas que pelear, sólo nos queda aprovechar los pocos momentos de paz entre una guerra y la siguiente. - Estipuló Kashii antes de besar a su pareja en la frente y cerrar los ojos para relajarse.

-Respecto a eso...

-¿Mmh?

-¿Podemos tomar unas vacaciones?

-¿Vacaciones?… Kanae, no creo que nos dejen de llegar solicitudes por más de tres o cuatro días, y eso contando a partir de hoy, si la tormenta no cesa pronto, esto será lo más cercano que tengamos a un descanso.

-No entendiendo, hemos luchado sin un descanso real por algo así como cuatro años desde la Taisen... entiendo que quieras salvar tantos inocentes como sea posible, pero... creo que necesitamos dejar esto por un rato.

El buey abrió sus ojos, encontrándose con aquella brillante mirada verde llena de esperanza y anticipación, haciendo que su determinación flaqueara por completo.

-Tendremos problemas.

-¡Al diablo con los problema!, quiero salir de viaje contigo y conocer algún lugar sin tener que matar a nadie o defenderme en el proceso, quiero poder levantarme tan tarde como sea posible y ser tan melosa contigo como me dé la gana.

El pelinegro la observaba meditabundo, la idea no era mala, pero, en definitiva tendrían problemas.

-¡Por favor, por favor!- Suplicaba Kanae poniendo su mejor cara de inocente - Ni siquiera tendrás que preocuparte por los gastos, lo prometo.

En realidad esa parte no se le había pasado por la cabeza, se preguntó entonces cuando había sido la última vez que había disfrutado de lo que otros llamarían una vida normal, la respuesta le cayó como un balde de agua... Nunca.

En realidad, los pocos recuerdos agradables que tenía fuera del campo de batalla eran con ella, así que, tal vez...

-Haré lo posible Kanae.

-¿En serio?- Saltó el tigre, zafándose de aquel abrazo para acercarse a besar aquel rostro usualmente estoico que ahora mostraba sorpresa.

-Sí, haré lo que pueda, pero...

Los besos se detuvieron en aquel preciso momento, la ojiverde congelada en su lugar, esperando ansiosa por la condición.

-Tú te encargas de los planes para salir, dos semanas, es lo máximo de tiempo que pienso conseguirnos Kanae.

-¡De acuerdo, lo haré, ya verás, serán las mejores vacaciones de tu vida!

-No lo dudo -Sonrió Eiji, súbitamente contagiado por el entusiasmo de Kanae mientras ella lo envolvía en sus brazos, llenándole el rostro de besos con absoluta gratitud.

-Te amo Eiji.

Él la detuvo, sorprendido al escuchar las palabras prohibidas, sintiendo un calor y una paz que jamás había sentido antes, se sentía aliviado, conmovido, salvado incluso por aquellas palabras dichas con tanta convicción, obligándolo a devolver aquel abrazo y aquellos besos mientras algo en su interior se abría sin más.

-Kanae, también te amo.

...

Notas de la autora:

No se ustedes, pero ya van 4 veces que veo la serie completa que veo solo los capítulos 9 y 10 y la escena previa al opening en el 12, y he llegado a la conclusión de que Kanae no fue la única que cumplió su deseo, al parecer Eiji deseaba ser salvado y ella lo salvó, por eso él estaba tan "emocional" desde que ella le pidió que la matara y hasta que él despide su alma bajo el árbol, porque su deseo había sido cumplido.

Ok, dejaré mis teorías Torashii para el foro Zodiac War Chat Room por si gustan acompañarme, espero que este cap les haya gustado, posiblemente nos leamos en un siguiente capítulo.

SARABA