Recomendación para cuando lleguen a la parte del baile, tango "Por una Cabeza". Disfruten el cap.
PASIÓN Y BAILE
-Así que... ¿una cita en navidad?, ¿en serio?
Eiji Kashii sonrió apenas ante la mueca de confusión que Kanae le había lanzado, la castaña entre sus brazos se notaba meditabunda mientras cepillaba un mechón de cabello negro con sus dedos, por su expresión facial y su lenguaje corporal, el guerrero del buey dedujo que su amante estaba considerando lanzar la invitación por la ventana.
-Es el primer año que no estaremos en el frente para Navidad, podría ser interesante.
-También andar desnudos todo el sábado y coger tanto como sea posible. - Ronroneó la guerrera del tigre soltando el cabello mientras intentaba entrelazar una de sus piernas con la de su prometido a la vez que se acercaba para abrazarlo y dejarle un beso marcado en la base del cuello.
El pelinegro sonrió disimuladamente al no saber si el ofrecimiento iba en serio o no, considerando las implicaciones de la invitación que había realizado al volver de la tienda, justo antes de ser atacado por una castaña demasiado excitada aquella mañana de jueves.
-Podríamos hacer lo que sugieres el viernes.
-No –Suspiró Aira justo antes de dar un lametón a su compañero- mi padre se aseguró de esparcir algunos comentarios extraños entre mis antiguos compañeros del dojo, al parecer él está detrás de la emboscada que sufrimos ayer cuando volvíamos del desayuno reglamentario.
-Es cierto, quedaste con esas chicas de verse el viernes en un café. –Recordó Kashii mientras dibujaba algunos círculos perezosos en la cadera de su acompañante.
-Por otro lado -La mirada llena de lujuria que la oji verde le estaba dando lo había descolocado por un momento, no era normal que aquella joven se mostrara tan deseosa de más luego de haber hecho el amor de forma tan salvaje y exigente- podríamos jugar un poco más justo ahora... y, no sé... ¿pedir servicio a domicilio para no tener que vestirnos y salir?
El buey observó al tigre un poco más, la artista marcial le estaba escribiendo diversas palabras bastante lascivas entre garabatos sobre el hombro y un brazo, con las mejillas un tanto sonrojadas y una sonrisa boba.
-Kanae... ¿estás ovulando?
La chica ya no contestó, simplemente detuvo su mano antes de incorporarse de donde estaban recostados en el suelo de la sala, encaminándose a la habitación sin decir una sola palabra.
El pelinegro se levantó también, tomando de nuevo la propaganda que había aterrizado en el sillón más próximo y recargándose contra la pared para leer de nuevo los datos, era la primera vez que consideraba tomar parte de aquel festejo foráneo como la gente normal de su país, tal vez aquello no debería sorprenderle tanto si tomaba en cuenta la cantidad de tiempo que había pasado en el frente con Kanae a lo largo de los años y el poco tiempo que empleaban para hacer cosas normales en momentos de paz.
q.p
Para la hora de comer, ya había pasado la conmoción de la mañana, si bien Aira había dejado de inyectarse anticonceptivos hacía más de un año para no embarazarse, también era cierto que desde que cuidaran de Sora y Kentaro por primera vez, había comenzado a comportarse más fogosa de lo usual ciertos días al mes, si además estos coincidían con algún descanso, Kashii difícilmente podía dejarla completamente satisfecha.
La comida pasó en relativa tranquilidad en el buffet preferido de Kanae, sin alcohol, aun si la guerrera del tigre se había mostrado molesta cuando su pareja pagó a los meseros para no acercar bebidas alcohólicas a la mesa, la chica no dijo ni una palabra, después de todo, la última vez que la había dejado mezclar dichas bebidas con sus hormonas, Eiji había amanecido desnudo, mordido, arañado y con chupetones por todo su cuerpo mientras una Kanae completamente sobria le pedía perdón entre lágrimas de arrepentimiento, por fortuna no habían estado en ningún campamento o la situación habría empeorado considerablemente.
-Kanae -Comenzó el pelinegro apenas terminar su segundo plato de postre- ¿hay algún lugar que te gustaría visitar este sábado?
-¿Sigues con esa idea?
-¿Tú tienes algo contra tener una cita normal en navidad?, ¿alguien te hizo algo?
El tono en que Eiji había lanzado aquella pregunta la hizo sentir mal, había celos, un deseo de protección y otro reprimido de venganza en esa última pregunta.
-No, antes de cumplir la mayoría de edad no salía con chicos, de hecho… antes de que me invitaras ese trago navideño… ya sabes… luego de la Taisen… nunca había –Lo último lo había murmurado muerta de vergüenza, la frase completamente ininteligible, y aun así, la idea era clara.
-Entiendo – Fue lo único que el pelinegro respondió antes de sacar la billetera para dejar algo de propina en la mesa y levantarse, demorándose un poco para ayudar a Kanae con su silla contrario a su costumbre.
-¿Eiji? – Murmuró la castaña luego de notar aquel comportamiento errático, observando fijamente hacia arriba para captar una de las escenas más extrañas que había visto… el guerrero del buey, el hombre que por alguna razón parecía peleado con la tecnología, estaba sosteniendo un celular de última generación en la mano, tecleando algo en la pantalla con el ceño ligeramente fruncido y completamente concentrado en su tarea, descolocando por un momento a Kanae, - ¿Y eso?
-¿Hmm?
-¿De dónde sacaste ese celular?
El genio de la masacre no contestó de inmediato, se notaba un poco frustrado mientras, obviamente, se peleaba con el aparato para finalmente lograr su objetivo, cualquiera que este fuera, leer rápidamente la información obtenida y luego apagar la pantalla de aquel aparato negro y delgado antes de volverlo a meter en el bolsillo delantero de su camisa azul cobalto.
-Lo lamento, ¿podría mi gatita repetir su pregunta?
Ambos comenzaron a caminar fuera del establecimiento mientras Kanae observaba, desconfiada, de la cara de su novio al bolsillo donde se ocultaba aquel aparato de telecomunicaciones.
-Dije, ¿de dónde, sacaste, ese, celular?, ¡tenemos un teléfono fijo en el departamento porque dijiste que no necesitabas uno de estos!- Espetó el tigre golpeteando un par de veces sobre el escondite del celular
-Un obsequio de un cliente – Contestó aquel hombre restándole importancia al asunto y deteniéndose en la parada de autobús.
-¿Y a donde vamos exactamente?
-De compras.
q.p
Eiji había comenzado a sentirse un poco incómodo luego de que su novia se le quedara viendo por más de quince minutos, desde que se detuvieran en la parada, luego todo el trayecto en el autobús y finalmente cuando habían bajado en un área de tiendas retirado del departamento.
-¿Sucede algo? –Preguntó finalmente el hombre cuando intentó tomar la mano de su prometida y esta simplemente se soltó de su agarre sin dejar de observarlo.
-¿Estás seguro de que eres mi Eiji?
El aludido la observó un momento, intentando descifrar el motivo de aquella pregunta y sonriendo de forma diabólica luego de atar algunos cabos.
-Yo podría preguntarte lo mismo Kanae, mi gatita lleva tiempo actuando como una tigresa hambrienta uno o dos días al mes.
La chica a su lado simplemente se sonrojó por completo, antes de abrazar el brazo que había rechazado segundos atrás, con la cabeza baja para evitar que la viera, haciéndolo sonreír ligeramente de forma traviesa, en ocasiones era demasiado fácil molestar a la oji verde.
q.p
-¿Se supone que la falda sea así de corta?
Kashii volteó casi de inmediato ante la queja de Aira, ambos habían entrado a una boutique, después de todo, el buey conocía de sobra el guarda ropa de su prometida y sabía que no tenía un solo vestido adecuado para llevar a cabo su plan, justo ahora, el tigre llevaba un vestido de coctel rojo, con tirantes atados detrás del cuello, la espalda descubierta y una falda asimétrica que le cubría desde medio muslo derecho hasta la rodilla izquierda.
-¿Te desagrada?
-No es que me desagrade… solo… es… embarazoso…
-¿Tu razón?
-Mis piernas se ven demasiado… y mi espalda… si llego a tropezar voy a dar todo un espectáculo.
-No pensé que eso fuera a preocuparte – Contestó el oji gris mientras recordaba cierto atuendo atigrado de botas altas con una chamarra de cuero negro y una gargantilla con una cadena atada a una pata de tigre.
-¿Y para que carajos quiero esto?
-¡Kanae!
-Lo siento- Murmuró la aludida como una niña regañada.
-Si no te gusta está bien… escogí dos más, espero que no te moleste probártelos.
-Si son iguales a este, estás en problemas, genio de la masacre o no, tomaré venganza.
-No son iguales… y no me refiero a que estén en otros colores.
-¡Feh!, esto es jodidamente absurdo.
-¡Kanae!
-Sí, sí, protejamos los "castos oídos" de la gente que trabaja en la tienda –Respondió el tigre completamente ofuscada mientras salía del probador, se detenía frente al sillón donde el buey estaba sentado y estiraba la mano, acercándose lo suficiente para que nadie más escuchara- entrégame ese par de estúpidos trapos finos y reza a todos los dioses que no me entre un poco de sed de sangre cuando salgamos de aquí.
Silencio, ninguno dijo nada más mientras ambos se veían a los ojos completamente desafiantes, provocando que clientas y dependientas se alejaran de la pareja en cuestión.
-¿Sabes Kanae?, no me importaría derramar un poco de sangre si con eso te sientes mejor, no sería la primera vez que me haces algo así.
El tono de voz ligeramente sugerente al final, la sonrisa torcida, el guiño inesperado, y algo en aquella mirada normalmente seria y calculadora la hicieron sonrojarse de forma tal, que la castaña solo pudo tomar las últimas dos prendas antes de meterse al probador para esconderse de aquel hombre, lo amaba con locura, pero debía admitir que luego de tanto tiempo viviendo juntos, el buey finalmente había aprendido a manejar los enojos de la oji verde de forma astuta.
q.p
-¡No pienso usar un vestido!
El sábado había llegado con más rapidez de la esperada… y con un humor de perros por parte de la castaña, Eiji no tenía idea de que exactamente había pasado el viernes en la cafetería donde había dejado a Kanae antes de ir a comprar algunas cosas más al distrito comercial cercano, lo único que tenía claro es que cuando había vuelto por ella, la chica tenía una sonrisa nerviosa y algo falsa mientras las otras cinco mujeres con las que se había citado se despedían de ambos, en su mayoría se veían contentas, dos de ellas le habían dedicado unas miradas bastante sugerentes al buey pensando que Aira no se daría cuenta, la última en irse le había dicho algo en secreto a la castaña justo antes de despedirse de ambos de manera formal, luego de aquello la tormenta había dado inicio.
-No sería buena idea salir en ropa interior Kanae, hace frío afuera.
-Precisamente porque hace frío no pienso usar un estúpido vestido.
Kashii suspiró resignado justo antes de tomar su abrigo blanco y salir, dándole a la artista marcial un poco de espacio para calmarse, y es que por más que lo pensaba, no entendía que había sucedido exactamente, podía recordar a la perfección el camino de vuelta a casa en completo silencio, los pasos de Kanae cada vez más rápidos mientras subían por las escaleras, ella no había querido esperar al ascensor, luego el portazo para entrar al departamento y como la castaña se había encerrado en el baño.
Lo más extraño de todo habían sido las evasivas de la joven para hablar, sin importar cuanto lo había estado intentando la noche anterior, la oji verde no había soltado una sola palabra, ¿el resultado?, Kanae había estado dando vueltas casi toda la noche antes de caer profundamente dormida por el cansancio y por supuesto, aquella mañana se había levantado del peor humor posible.
Para cuando el genio de la masacre volvió al apartamento con un par de cafés, una caja de donas y un par de cervezas, la cosa no había mejorado, Kanae estaba enfurruñada frente al televisor encendido en ESPN y con una cobija bastante gruesa envolviéndola como si se tratara de un enorme capullo.
-Toma, te traje esto – Murmuró el recién llegado luego de depositar un beso rápido en el cabello castaño rojizo de su prometida y colocando el par de cervezas, uno de los cafés y la caja de donas en la mesa frente a la chica.
-Aun así, no pienso ponerme un vestido.
-Está bien, si eso es lo que te ha estado molestando, no importa.
Ninguno dijo nada más, él se limitó a colgar su abrigo, dando un sorbo a su vaso de café antes de dejarlo en la cocina para ir directo a la habitación, saliendo poco después con su espada y el equipo de mantenimiento, sentándose en el otro sillón y desenfundando aquella afilada arma para poder comenzar.
-¿En serio?, ¿Gobouken?
-No he tenido tiempo de cuidarla como es debido esta semana, y nos llegó un sobre, aun no lo abro pero sospecho que tendremos que ir a trabajar el lunes.
-… ¿No deberías cubrir tu ropa?, vas a estropearla.
-Es solo ropa, estará bien si la llevo a la tintorería después.
Kanae no dijo más, simplemente tomó la cerveza más próxima y una de las donas para desayunar, mientras lanzaba miradas de soslayo al otro guerrero, la estaba poniendo nerviosa verlo limpiar aquella espada usando pantalones blancos, debía haber una razón para que nunca antes lo hubiera visto portando pantalones en ese color.
-¿De verdad querías salir hoy?- Preguntó Aira repentinamente consciente de su berrinche.
-No… quería llevarte a un lugar pero… no se supone que obligues a tu prometida a hacer algo que no desea.
-¿En verdad no te importa quedarte aquí?
-Si deseas beber cerveza, ver futbol y comer chatarra hoy, por mí está bien, siempre puedo aprovechar el tiempo para terminar algunos pendientes.
Había tensión en la habitación, el silencio disimulado por los comentaristas y el ruido de las porras norte americanas resonando en el televisor, Kashii seguía con su tarea de afilar y limpiar su espada mientras Aira se terminaba la dona y daba un último y largo trago a su botella de cerveza, sintiendo ganas de vomitar luego de unos segundos.
-El cliente que te dio el teléfono… -Comenzó la guerrera del tigre en un susurro, llamando la atención de su compañero- ¿era una… una mujer?
-No
-¿Por qué no compraste uno… antes?
-No me parecía algo estrictamente necesario, el cliente insistió mucho para que lo aceptara.
-¿Hace cuánto que lo tienes?
-Dos meses
-… podrías haberme dicho que te enseñara a usarlo.
-Leí el manual, apenas pude ponerle los aditamentos y comenzar a utilizarlo cuando volvimos el martes pasado… ¿esto tiene algo que ver con tu mal humor?
-En parte.
Gobouken quedó relegada en el sillón junto con los demás aditamentos de mantenimiento mientras Eiji se levantaba para ir al otro sillón, tomando el aparato y encendiéndolo, pasando su huella en un lector digital para permitir que la mujer a su lado pudiera ver todo lo que había dentro.
-El mensajero que lo trajo insistió mucho en que debía traer esto conmigo una vez empezara el nuevo año, mi familia tiene una deuda con este cliente en particular, por tanto, debo estar disponible en cualquier lugar y a cualquier hora.
-Oh –Fue todo lo que el tigre pudo responder mientras aceptaba el aparato tímidamente y comenzaba a revisar las aplicaciones… no había casi nada, todo era demasiado básico, y la lista de contactos solo tenía un número guardado bajo el nombre de URGENTE, obligando a Kanae a voltear a ver al dueño de aquel aparato, esta vez sin lo que fuera que la hubiese estado molestando desde la noche anterior – Con disponible, quieres decir que…
-Si esta cosa recibe una llamada, tengo que irme en ese momento… si estamos en medio de una misión, debo interrumpirla.
-¿Y estás bien con eso?
-No... ¿puedo contar con que cubrirás mi ausencia en el peor de los casos?
La guerrera del tigre lo consideró un momento, observando aquel aparato que, bajo otras circunstancias, la habría puesto de buen humor, habría podido hacerle tantas bromas a su novio de haberse enterado antes, habría podido acabar con ese malentendido si solo hubieran hablado aquello antes de ver a las otras chicas…
-Déjamelo a mí, prometo no defraudarte… ¿aun quieres tener esa "cita navideña"?
-Solo si estás de humor.
Kanae sonrió sinceramente antes de destapar la otra botella de cerveza, apagar el televisor y colocar una dona en uno de los largos cuernos de su novio, dándole un beso en los labios y huyendo hacia la habitación, bajo otras circunstancias, el buey se habría sonrojado completamente molesto por la acción de su novia, una buena reprimenda habría sido lo menos que le habría dado, en esta ocasión, sin embargo, había decidido dejarlo pasar mientras se sacaba aquel pan del cabello para guardarlo en la caja y cepillarse las pocas moronas que hubieran podido adherirse.
q.p
La Navidad en Japón era un evento distinto al que se vive en occidente, al no llevar ninguna connotación religiosa, la celebración de esta fiesta se debía solo a pasarla bien en pareja dando paseos por los centros comerciales decorados con enormes árboles de navidad para luego comprar regalos que intercambiar y cenar pollo frito y pastel de crema y fresas.
Así había dado inicio aquella cita en particular, la pareja de guerreros había tomado un taxi para llegar a un enorme centro comercial, caminando entre los árboles y el decorado, observando a otras parejas haciendo lo mismo y tomándose fotos entre el decorado o con algún papá Noel.
El paseo por las tiendas también había sido algo de lo más normal, al menos, hasta que Eiji tomara una diadema con unas orejas de gato similares a las que su novia portara en la Taisen, lo que al principio había intentado ser una broma, se había convertido en regalo, poniendo a la castaña de un mejor humor mientras salía ataviada con un abrigo que le cubría hasta las rodillas y aquellas orejas pardas sobre la cabeza.
Para cuando la noche los alcanzó, ambos estaban sentados en un establecimiento norte americano de pollo frito compartiendo la cena, o algo así, Eiji comía, comía y comía mientras Kanae no dejaba de contar historias de lo que ella y sus primos solían hacer en Navidad con la nieve acumulada en los jardines o la trifulca que se armaba apenas llegaba la cena mientras degustaba solo una pieza de pollo y una rebanada de pastel.
q.p
Finalmente, tomaron un taxi más, Kanae pensaba que la cita había terminado más cual sería su sorpresa al encontrarse ingresando del brazo del buey a uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, haciéndola sonrojar un momento mientras se acercaban a la recepción.
Eiji sacó entonces un par de boletos que entregó a la persona que los había recibido, la mujer sonrió, entregándole una tarjeta e indicándoles el camino antes de desearle una feliz navidad.
-Eiji… ¿qué hacemos aquí?- Preguntó Kanae completamente nerviosa y sonrojada, provocando que su novio sonriera divertido mientras avanzaban.
-No lo que mi gatita está pensando.
Kanae se sonrojó aún más, volteando al otro lado y haciéndose la ofendida, escuchando una risa leve y suave escapando de labios de su acompañante, obligándola a voltear y sonreír también mientras un par de hombres en traje les abrían un par de enormes puertas detrás de las cuales sonaba música de cuerdas.
-¿Me permiten sus abrigos?- Ofreció una de las señoritas que se encontraba uniformada al otro lado de la puerta.
-Por supuesto- Respondió Eiji completamente amable mientras se retiraba su abrigo blanco para entregarlo y luego ayudar a Kanae con el suyo, para luego entrar por completo al lugar.
-En serio Eiji, ¿A dónde diablos me trajiste ahora?
El ambiente se notaba completamente festivo en aquel enorme salón decorado con árboles de navidad en cada esquina, muérdago, festón y listones rojos colgando de las paredes, alrededor había algunas mesitas como de café, todas primorosamente adornadas con velas, piñas y manzanas, rodeadas de personas ataviadas en vestidos y trajes de noche o de coctel, algunas mesas tenían algunas copas encima o pequeños pastelillos navideños coronados con fresas mientras en el centro había algunas parejas bailando el vals interpretado por el cuarteto de cuerdas sobre el escenario.
-Se llama Baile Navideño, al parecer este año decidieron organizar uno para donar el dinero de las entradas a la caridad- Informó el pelinegro mientras acompañaba a su novia a una mesa donde uno de los meseros no tardó en ir a ofrecerles copas con vino o champán.
-Esto es… intimidante.
Eiji sonrió mientras tomaba dos copas largas con un líquido ambarino y burbujeante en su interior, ofreciendo uno a su compañera.
-¿Es así?
Kanae se sentía como un gato que hubiera sido lanzado a una bañera llena de agua aterrizando en el borde y a milímetros de caer, estaba completamente desconcertada y nerviosa, mirando de un lado al otro a todas las personas conversando y saliendo a bailar aquella música que, en definitiva, no era algo que ella acostumbrara siquiera oír.
-Y… ahm… ¿podemos sentarnos aquí a beber?... ¿cierto?... en ningún lado dice que estemos obligados a bailar… ¿verdad?
Eiji la observó entonces con atención, leyéndola en poco tiempo y dejando su propia copa sobre la mesa.
-¿Te preocupa algo?
-No- Dijo Kanae demasiado rápido antes de empinarse su copa y acabársela sin siquiera haber saboreado el líquido en su interior, dejando la copa vacía en la mesa y tomando otra de vino directamente de la bandeja que uno de los meseros transportaba en ese momento, acabándose el líquido oscuro en segundos.
-¡Kanae!
-Yo… no… no sé bailar.
Eiji la observaba completamente serio, como incitándola a seguir hablando y deteniéndola cuando le robó la copa para tratar de ingerir más alcohol.
-¿Y eso es un problema?
Kanae se sonrojó ligeramente, observando a Kashii como si hubiera dicho una terrible maldición o que el cielo era rosa y la luna un queso, sin saber exactamente como hacerle entender a aquel hombre el predicamento en que la había metido.
-Bueno, es que, yo… los Aira no bailan, solo hacemos artes marciales.
-Mmh- El pelinegro se acarició la barba un momento, mirando hacia la pista y luego a su mujer, sonriendo un segundo al verla con aquel vestido amarillo strapless, la gargantilla y las zapatillas negras, los guantes blancos por encima de los codos y las orejas de gato sobre su cabeza -sigo sin comprender cual es el problema.
-¡EIJI, TE VOY A PISAR SI SE TE OCURRE SACARME A LA PISTA!
Algunas personas habían volteado a verlos completamente sorprendidos por el exabrupto de la castaña, la cual se encorvó un momento, decidiendo mejor sentarse completamente sonrojada y agradeciendo que la música no había parado justo en aquel momento o toda aquella gente estirada se habría burlado de ella sin excepción.
Eiji por su parte soltó un suspiro antes de sentarse también a su lado, dando un pequeño sorbo a su copa mientras pensaba la mejor manera de abordar el problema en cuestión.
-Los Kashii aprendemos a bailar apenas nos ponemos en pie, el ritmo, la cadencia, la flexibilidad y la fuerza en los pies son necesarios para entrenarnos posteriormente en el arte del asesinato, en ocasiones es más fácil bailar con el enemigo para terminar una misión que intentar leerlos y contraatacar.
El tigre lo miró por un momento con suma atención, intentando hacer las conexiones entre los dos temas que su novio había mezclado de repente, dándose cuenta en algún punto de la razón por la cual aquel letal hombre podía ejecutar movimientos tan hermosos y elegantes en el campo de batalla.
-Si, bueno… soy flexible, y tengo piernas fuertes… aún así no sé bailar… no esto al menos.
-¿Entonces mi gatita sabe bailar?
-Bueno- Kanae se sonrojó levemente mientras volteaba a otro lado con la cara en un medio puchero -mis primos y yo íbamos a las máquinas de baile… si puedes considerar a eso bailar…
-Podría ser suficiente- Meditó el buey de forma pensativa, si bien nunca había ido a un arcade o a un salón de videojuegos a probar los juegos de baile, no era completamente ajeno a la actividad en si -solo sígueme.
La oji verde lo observó un momento completamente desconcertada mientras el hombre de largos cabellos negros se ponía en pie, extendiendo su mano frente a ella apenas se detuvo la música.
Sonrojada y sintiéndose ligeramente preocupada por hacer el ridículo, Aira tomó la mano que se le ofrecía, levantándose y siguiendo a su compañero de batallas al centro de la pista donde varias parejas esperaban en posición mientras se anunciaba la siguiente pieza de baile, un tango.
La música comenzó a sonar, ligera y amable mientras Eiji colocaba una de sus manos en la espalda de su novia, acercándola hasta hacer contacto con su cuerpo mientras con la otra se aseguraba de sostenerle la mano en alto, Kanae había colocado su mano libre sobre el hombro de su pareja en automático, justo a tiempo para sentir el impulso con que él la movía hacia atrás, siguiéndolo, al principio torpemente mientras era paseada en una y otra dirección hasta que sus pasos lograron acoplarse con los de Kashii, dando la impresión de que en realidad, podía bailar aquella música.
Una sonrisa afloró en el rostro de Kanae mientras ambos se movían alrededor de la pista, al menos, hasta que un par de compaces más fuertes y graves hicieron un cambio drástico a la música, volviéndola más rápida, más pasional y complicada.
Kashii sonrió de lado mientras soltaba a su novia para obligarla a girar antes de detenerla bruscamente, abrazándola desde la espalda para guiarla un poco más, soltándola de nuevo e impulsándola a girar un poco para atraparla, esta vez cara a cara mientras retrocedía una de sus piernas, doblando la otra rodilla para inclinarse con todo y Kanae al frente, paseando su nariz por la piel del cuello de su amada, viéndola sonrojar antes de levantarla de nuevo con brusquedad, acomodándola de nuevo en la posición inicial para bailar mientras la música se volvía gentil una vez más, usando su mano para guiar la cadera de Kanae a fin de que comenzara a moverse con un poco más de cadencia, marcando los pasos a un lado y al otro antes de que la música volviera a ser brusca para tomarla con ambas manos y elevarla en el aire, oyéndola reír mientras daban un giro antes de bajarla conforme la música se iba extinguiendo, dándole la insinuación de un beso antes de volver a iniciar con el baile una vez más, notando como esta vez los pasos de la joven eran más ágiles y sensuales.
La música cambió su tono una vez más, trepidante, rápida e insinuante como los pasos que Eiji había comenzado a ejecutar, obligando a Kanae a hacer diferentes tipos de vueltas para finalmente volver a recostar a su amada sobre su brazo, moviéndola de un lado al otro mientras percibía la fragancia que la guerrera del tigre se había puesto horas antes, levantándola despacio conforme la música se extinguía en la habitación, observándola con las pupilas dilatadas, la respiración un poco más rápida de lo habitual y un leve sonrojo sobre las mejillas, el mismo que la joven tenía durante el juego previo.
Finalmente algunos aplausos se dejaron escuchar mientras Kanae seguía mirándolo como hechizada, lanzándose a sus brazos apenas despertar del encantamiento de la música para capturar sus labios un par de segundos con una enorme sonrisa.
-Entonces, ¿mi gatita cree poder concederme algunas piezas más?
-Las que quieras… si me guías en cada una como en esta.
-Por supuesto- Sonrió Eiji antes de tomar a su compañera de vuelta entre sus brazos para bailar el vals que sonaba ahora en el lugar.
q.p
Un par de horas después el baile de Navidad llegaba a su fin, los organizadores se habían presentado para agradecer a los asisten y desear una feliz navidad a todos.
Kanae aplaudía junto con el resto, completamente emocionada y ligeramente sonrojada.
Tomados de la mano, ambos subieron entonces por el ascensor, era media noche y francamente ninguno de los dos deseaba tomar un taxi para volver a su hogar, que el buey se hubiera anticipado, reservando una habitación desde que comprara los boletos el jueves a medio día había sido, sin duda, una de las mejores ideas que hubiera tenido según Kanae.
Para cuando ambos llegaron a la habitación, la música que habían bailado seguía resonando en la cabeza de Kanae, los tangos principalmente, de modo que era natural que apenas cerraran la puerta, la joven se abalanzara contra su novio, devorándolo a besos mientras le iba quitando el saco, el chaleco, la corbata y la camisa al ritmo que su mente le iba dictando, embriagándose en la fragancia cítrica que se entremezclaba de forma tan natural con la esencia de Eiji, el cual la había detenido una vez estuvo semi desnudo para abrazarla de nuevo, repitiendo algunos pasos de baile para guiarla a la cama con una sonrisa de medio lado en el rostro puesto que la música también seguía sonando en su interior, especialmente luego de ver a su novia tan excitada y feliz en la pista de baile.
A diferencia de los pasos ejecutados abajo en el salón de eventos, esta vez las manos de Eiji se pasearon por cada parte del cuerpo de su novia con una completa lujuria mientras empleaba tanto sus manos como sus dientes para irla desvistiendo, recostándola en la cama como si siguieran bailando para besar su escote y probar su piel justo como había deseado desde el primer baile que habían compartido.
Usualmente el buey se habría encaprichado en trabajar un poco más aquel cuerpo pequeño y juvenil que tanto disfrutaba, esta vez, sin embargo, ambos tenían una cierta urgencia inducida por las cuerdas que habían sido pellizcadas y rasgadas horas antes en hipnóticas cadencias y ritmos europeos y sudamericanos, haciéndolo probar y tocar a su novia solo un segundo o dos más antes de voltearla de nuevo, penetrándola por la espalda mientras la abrazaba, enderezándola para continuar con aquel baile prohibido, está vez, al son de los gemidos placenteros saliendo de la boca de su prometida.
Aun cuando aquellos movimientos lentos y profundos tenían a Kanae completamente extasiada, aun cuando estaba disfrutando enormemente sentir las manos de su amante envolviéndola y probándola entre cada estocada, ella no podía negar su propia naturaleza juguetona, zafándose repentinamente del abrazo para voltear a abrazarse de aquel hombre que la había estado dominando momentos atrás, besándolo mientras intentaba guiarlo esta vez en una nueva pieza de baile, tirándolo en la cama y siguiéndolo con descaro, sonriendo, coqueteando, mordiéndole los labios mientras lo rodeaba con sus extremidades, jugando con él como un felino jugando con un pequeño pájaro, jugando sin dejarlo entrar de nuevo, completamente divertida ante la necesidad reflejada en los ojos del genio de la masacre.
-¡Kanae!- Suspiró el buey mientras la joven le paseaba la lengua por la yugular desde la base del cuello hasta alcanzar la parte de atrás de su oreja, justo antes de besar uno de sus cuernos un par de veces.
-¿Necesitas algo Eiji?- Murmuró la otra en forma traviesa mientras frotaba su mejilla contra la del oji gris.
-¡A ti!- Respondió el aludido en medio de otro suspiro de placer al sentir un dedo travieso recorriéndole desde el pecho hasta tan al sur como le era posible a su mujer.
-¿Quieres cogerme?- Espetó Aira completamente divertida al ver el pronunciado sonrojo en el rostro de su amante, que no le quitaba los ojos de encima ahora y que se había limitado a asentir tímidamente con la cabeza -pídemelo, quiero escucharte decir al menos una mala palabra.
Kashii volteó hacia un lado, aun más sonrojado al confirmar su sospecha, apretando los labios antes de apretar los ojos al sentir las caricias que su amante le hacía con su lengua y sus garras sobre el pecho y el vientre, acercándose peligrosamente a sus piernas solo para alejarse de nuevo antes siquiera de tocarlo.
-¡KANAE!- Se quejó el hombre al darse cuenta del perverso plan en la mente del tigre.
-Dilo Eiji, quiero escucharte.
Él simplemente negó con la cabeza, apretando las sábanas bajo su peso en un intento desesperado por mantener su propia terquedad, pues mientras Kanae parecía decir las cosas tal cual las pensaba, él siempre se había refrenado para utilizar cualquier palabra altisonante.
-Eiji, ¡vamos!, solo tienes que decir "Kanae, quiero cogerte" y te dejaré entrar de nuevo.
Su rostro antes estóico seguía mostrando el mismo sonrojo mientras la joven comenzaba a masajearle entre las piernas sin llegar a tocar realmente la parte que más necesitaba ahora de aquellas caricias, la miró sonriendo de forma traviesa y perversa mientras se mantenía sentada sobre él, tocándolo sin permitirle verla y tocándose a si misma frente a sus ojos.
-Tú me hiciste bailar allá abajo, me hiciste bailar por horas cuando te había dicho que no sabía bailar.
-¡Y lo disfrutaste!
-Te aseguro que tú también vas a disfrutarlo, anda, solo di las palabras, dilas para mí.
Él se negó un poco más, mientras Kanae se levantaba de su posición para comenzar a besarlo por todos lados, evitando a toda costa el miembro erecto y palpitante que necesitaba ser mimado con desesperación.
Para cuando Aira comenzó a besarle el cuello, Kashii estaba ya al límite de la cordura, tomando el rostro de su novia entre sus manos para besarla con desesperación, introduciendo su lengua para poder saborear a profundidad aquella boca malhablada antes de bajar una de sus manos a la cadera de su amante, impulsándose para cambiar de posición, colocando una de sus rodillas entre las piernas del tigre para tratar de estimularla un poco, soltándose de sus labios apenas sentir el gemido de placer que ella había soltado dentro de su propia boca, inclinándose entonces hasta alcanzar uno de los oídos de Kanae, dejando que su aliento cálido envolviera aquella pequeña parte del cuerpo femenino mientras se iba acomodando sobre ella, preparándose a entrar.
-No tienes idea de las cosas que me haces Kanae.
-Oh, pero la tengo, te conozco demasiado- Respondió la chica mientras acariciaba su rostro con el de su compañero, envolviéndolo entre sus brazos antes de pasar una de sus manos para mantener aquel rostro varonil justo donde estaba -¡dímelo!- ronroneó ella finalmente.
-Te deseo Kanae- Suspiró él, frotándose ligeramente contra la entrada de su novia, ligeramente encorvado por la diferencia de estaturas.
-También te deseo, pero eso no es lo que quiero escuchar.
Un beso, y otro más, Kashii se empujó entonces, introduciéndose en el cuerpo de su mujer, embriagándose con la sensación luego de aquella espera a que había sido sometido, relajándose un momento para dejar salir una única frase, mitad suspiro, mitad gruñido, sacando una enorme sonrisa lasciva a la mujer bajo él.
-Quiero cogerte Kanae… por siempre.
El ritmo se incrementó de golpe, la joven sintiéndose completamente emocionada y divertida por lo que había logrado, rodando con aquel hombre que la enloquecía para poder besarlo y dirigir el ritmo de forma frenética al principio, más despacio luego de un rato, volviendo a acelerar a su entero capricho mientras buscaba las manos del buey, apretándolas entre las suyas, besándolas un momento, posándolas sobre su propio cuerpo antes de acariciar aquellos fuertes brazos hasta alcanzar los hombros y buscar más piel que la ayudara a mantener el ritmo que había acelerado de nuevo, llevándolos a ambos al éxtasis de forma brutal.
q.p
Para la mañana siguiente, mientras ambos guerreros se vestían luego de tomar un baño y jugar un rato más, Eiji observaba atentamente a la mujer a la que había prometido mantener a su lado, estudiando aquellos movimientos y sonrisas que conocía de sobra, encontrándose con esa mirada de orgullo que la joven solía mostrar cuando recibía algún halago en batalla o bien en casa, contagiándolo también al caer en la cuenta de la razón de aquella sonrisa, había caído la noche anterior, había dicho algo que en circunstancias normales no se habría atrevido a decir, claro que, si pensaba en la historia que tenían juntos, todas las cosas que jamás se habría atrevido a hacer, ella lo empujaba a hacerlas, ésta en particular no era realmente una de sus favoritas pero tenía que aceptarlo, ver a su compañera comportarse como una niña que se ha salido con la suya era una imagen que valía la pena.
NOTAS DE LA AUTORA:
¡AL FIN, TERMINÉ! Tenía ganas de escribir esto desde que empezaron a proliferar las imágenes de estos dos bailando con su ropa del poster oficial del brindis… aunque no los quería tan elegantemente ataviados dentro de un bar, me costó trabajo conseguir una buena justificación para ponerlos a bailar valses, tangos y, ya saben, bailes de salón, pensé un poco de todo y me puse a investigar cada una de las opciones que se me iban ocurriendo hasta llegar a esta conclusión, espero que la hayan disfrutado y, si, en Japón Navidad no es un evento familiar importante, los niños reciben regalos, si, las parejas salen de paseo, si, y por lo que leí en varias páginas y blogs, KFC se llena el 23 y el 24 de japoneses buscando pollo frito, pastel de navideño y champán, así que, si les pareció un poco descabellado, a mi me pareció más cuando lo encontré como dato curioso en más de una página.
Gracias a todos los que leen esta historia, bonus extra, si alguien quiere ver como dejó Kanae al pobre de Eiji hace unos meses, aquí la imagen en la que me basé, no olviden quitar los espacios mobile. twitter merry_pankpop/status/ 959863652072357888/photo/1, por favor, ignoren el juguete que tiene por ahí dibujado, yo no lo había notado hasta que terminé de escribir esto, una disculpa, pero es que vi la imagen y no podía no utilizarla, la tengo en mi colección de Pinterest que ya es ENORME para esta pareja.
SARABA
