PASIÓN EN LA SELVA
El lugar parecía estar completamente en ruinas, sin importar a donde se volteara, enormes pilas de cal y canto derrumbándose podían ser vistas entre cortinas de polvo recién levantadas, nadie creería que hacía solo un par de horas había gente viviendo en aquel lugar, escondiéndose de la guerra y de toda la violencia que traía consigo.
Algunos soldados enemigos habían lanzado un par de granadas, esperando por las explosiones para salir de sus escondites gritando, disparando y blandiendo sus armas cuando se quedaban sin municiones.
Oculta dentro de uno de los edificios más altos que aún se mantenían parcialmente en pie se encontraba la guerrera del tigre portando un uniforme militar idéntico al del resto de los soldados con los que se había aliado, recostada en el suelo y observando por la mirilla de su M-40, pasando por alto a los soldados que corrían de forma bulliciosa y buscando más allá del polvo, entre las líneas enemigas, cualquier brillo o movimiento que pudiera alertarla de enemigos letales a larga distancia, encontrando algunos y disparando conforme el polvo se iba disipando. Una ojeada al perímetro le confirmó que su compañero de batalla había hecho su trabajo, no había quedado ningún sobreviviente abajo.
El sonido de pasos ligeros y calmados a su espalda la había hecho relajarse un momento, limpiándose el sudor de la frente y sonriendo de lado, confiada antes de soltar su arma y dejar caer su rostro sobre el suelo.
-¿Al fin terminamos Ushii?, estoy exhausta, preferiría esperar un poco antes de buscar sobrevivientes.
La falta de una respuesta y el cambio en el ritmo de las pisadas la puso en alerta, volteando tan rápido como pudo antes de sentir como un peso le caía encima, siendo aprisionada repentinamente por un par de piernas robustas. La castaña observó molesta al tipo que tenía encima, la tez morena, probablemente tostada en exceso por el sol, arrugas en el entrecejo demasiado profundas como para haber sido formadas recientemente, una barba pequeña, negra y rala hacía juego con los cabellos cortos y gruesos de su oponente, cuyos ojos castaños no dejaban de mirarla con algo desagradable.
Kanae intentó estirar una de sus manos, siendo inmediatamente detenida por un puñal que su atacante había clavado a su manga para mantenerla alejada de su arma, la guerrera sonrió de lado antes de señalar una petaca metálica con los ojos, el otro soldado sonrió también antes de lanzar el fusil de Aira tan lejos como le fue posible con su propia arma de fuego, haciéndole un gesto con la cabeza para que alcanzara la botella.
El tigre tomó el objeto, retirando la tapa hábilmente con el pulgar de su mano izquierda antes de dar un trago bastante largo, sintiendo como el licor era alejado de sus labios, molesta, observó como su agresor se terminaba el contenido de la botella antes de lanzarla lejos, sonriendo confiado mientras comenzaba a desanudarse el cinturón.
-¿Y hablas japonés?- Soltó la chica de forma seductora, recibiendo como toda respuesta algunas palabras un tanto atropelladas en el idioma local, haciéndola sonreír aún más -si yo fuera tú, me iría corriendo de aquí tan rápido y tan lejos como fuera posible porque estas a punto de conocer a tus ancestros.
El soldado soltó una pequeña risa antes de relamerse los labios y acercar sus manos a la camisa de su víctima, la intención de desnudarla era la cosa más obvia del mundo y tal vez habría podido desabotonar uno o dos botones de no ser por la espada que lo había cortado repentinamente desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho, derramando su sangre a la par que la vida se extinguía de su mirada, conforme el cuerpo mutilado caía a ambos lados de la guerrera zodiacal, misma que simplemente levantó su mano izquierda para zafar su otro brazo del suelo donde se mantenía sujeto, incorporándose un poco después mientras le daba un último vistazo al que hasta hacía poco, había sido su atacante.
-Le advertí que huyera, pero creo que no me entendió- Bromeó la joven antes de avanzar hasta el hombre que había dado muerte a su enemigo.
-¿Era necesario dejarlo hacer todo eso?, pudiste haberte librado de él antes de que yo volviera- Soltó en un tono ligeramente molesto el alto hombre cornudo cuya ropa de torero y largos cabellos negros decían su identidad a gritos.
-¿Qué tendría eso de divertido?- Respondió la castaña antes de ponerse en puntillas para depositar un beso en la mejilla de su compañero antes de buscar su arma en el suelo, colgándosela al hombro completamente dispuesta a seguir a su salvador.
-¡Tora!
-¿Acaso te pusiste celoso, ¡Ushii!?- Bromeó Aira un momento antes de que ambos comenzaran a salir del edificio mientras el aludido le dedicaba una mirada reprobatoria -además, siempre es más piadoso dejar que seas tú quien los acabe cuando es a corta distancia, tu técnica es más rápida y limpia que la mía, estoy segura de que contigo ni siquiera sienten dolor.
No hubo respuesta mientras bajaban, quedando completamente ocultos en una de las vueltas que daba la escalera, lugar que el pelinegro había aprovechado para acorralar a su acompañante, mirándola a los ojos completamente molesto.
-Entonces, la próxima vez que otro hombre intente tocarte, tal vez le corte los dedos falange por falange, antes de privarlo de sus manos, de sus brazos y ojos para luego mandarlo al infierno entre gemidos de dolor.
La soldado le devolvía la mirada sin amilanarse ni un poco, leyendo los sentimientos del otro en aquellos ojos grises que al resto del mundo le parecían fríos y carentes de emoción justo antes de colgársele del cuello, besándolo en los labios y finalmente soltándolo para recargarse contra la pared.
-A veces eres demasiado celoso, ¿sabes?
-Eres mía, ningún otro hombre tiene derecho a poner ni uno solo de sus dedos sobre ti.
-¿Y qué te hace pensar que alguno podría vivir lo suficiente para hacerme algo realmente divertido?, puedo cuidarme sola perfectamente.
-Lo sé...- Eiji se enderezó, comenzando a caminar de nuevo hacia la salida a su propio paso mientras la castaña comenzaba a caminar junto a él -te agradecería que dejaras de "divertirte" mientras te burlas de los soldados que intentan propasarse contigo, juegas con fuego.
-¿Lo dices por ellos?
-Lo digo por mí.
Ambos guardaron silencio mientras salían a la calle dispuestos a buscar gente inocente que hubiera sobrevivido a los bombardeos y a la posterior irrupción de ambos ejércitos. Ya habían avanzado algunas cuadras, revisando el interior de los edificios y casas a ambos lados cuando, repentinamente, un sonido un poco fuera de lugar había comenzado a sonar donde ellos estaban, desconcertándolos a ambos un par de segundos antes de que el guerrero del buey llevara su mano al bolsillo oculto en su torera, extrayendo de ahí un celular negro y delgado de última generación, ambos se miraron un momento a los ojos antes que Eiji se alejara un poco, contestando la llamada mientras Kanae se apoyaba del muro más cercando con una de sus manos, observando al suelo con una mirada triste.
No pasó mucho antes de que Kashii cortara la comunicación, observando la pantalla del artilugio tecnológico y haciendo algunos movimientos con sus dedos sobre la pantalla, apagándola finalmente antes de soltar un suspiro y guardando el aparato de nuevo en su lugar, saliendo del sitio en el que había atendido la llamada para quedar de frente a la persona con la que compartía más que el campo de batalla, desviando la mirada un momento antes de mirarla directamente.
-Tora, yo...
-Estaré bien, ambos sabíamos que esa cosa sonaría tarde o temprano.
La mirada de Kanae era triste, su rostro enfrentado al suelo, sin atreverse a mirar algo más que los zapatos negros que portaba el hombre en frente suyo.
-Haré lo posible por terminar tan rápido como pueda... no puedo darte mi próxima localización pero, tardaré día y medio en llegar y día y medio en volver.
-Entonces, haré el trabajo de ambos los próximos cuatro días, ¿cierto?
Eiji tomó el rostro de Kanae con sus dedos, guiándola por la barbilla para que levantara su cara, observándola con dulzura antes de besarla, un beso corto, no había necesidad de profundizar aquel toque de labios que había durado apenas algunos segundos antes de ser roto con todo el cuidado del mundo, obligando a su prometida a mirarlo a los ojos para ofrecerle una sonrisa pequeña y sincera, haciéndola sonreír de regreso de forma triste.
Un asentimiento de cabeza de parte del tigre fue todo lo que el buey necesitó para soltarla y salir del lugar tan rápido como le era posible, mientras la castaña volvía a observar el suelo entre molesta y deprimida, si era sincera, llevaban cerca de ocho meses esperando que aquel teléfono sonara, esperando que no lo hiciera al mismo tiempo... bueno, al menos no tendría que volver a preocuparse pensando que el estúpido artefacto podría sonar en cualquier momento una vez que el pelinegro volviera, después de todo, era solo un favor el que debía pagar el guerrero del buey a nombre de su clan, no más.
q.p
La noche había encontrado a la guerrera Aira a medio camino al campamento luego de haber dejado en el refugio más cercano a los pocos niños que había encontrado con vida , su caminar se notaba pesado y lento mientras no dejaba de farfullar con desanimo todo lo que se le había pasado por la cabeza.
La comida le había sabido a nada mientras masticaba con la mirada perdida en el suelo, ignorando por completo a sus compañeros de ejército, cuyos ánimos no distaban mucho de los de la guerrera del tigre, si bien iban ganando la guerra, habían perdido varias batallas y muchos hombres, especialmente antes de que Ushii y Tora se les unieran para comenzar a ganar lo que fuera posible.
La hora de dormir llegó más temprano de lo usual para la castaña, una enorme botella de alcohol la había acompañado a su tienda y ahí había permanecido entre los brazos de la guerrera, recostada en su catre sin atreverse a quitarle el corcho que mantenía preso al licor local que había encargado entre risas al personal de la cocina durante la lejana mañana de aquel día, extrañaba a Eiji, no había pasado aún el primer día y ya lo echaba de menos.
-¡Malditas deudas de clanes!- Farfulló entre dientes con desgano mientras sus ojos se posaban en el lecho de enfrente completamente vacío dentro de aquella tienda oscura -¡Putos clanes! espero que los fundadores hayan tenido muertes horribles y miserables... y el que se hizo de esta estúpida deuda también.
Y sin añadir más, se dispuso a cerrar los ojos, aún si no lograba dormir, rememorando el rostro pálido de ojos grises y enmarcado en largos cabellos negros que justo ahora debería estar frente a ella, llamándole la atención por haber llevado aquella botella mientras Gobouken era cuidadosamente limpiada y afilada.
q.p
Levantarse, comer, defender, atacar, buscar sobrevivientes, visitar el refugio, comer, encerrarse en su tienda, dar un par de sorbos a su botella de licor, recordar al genio de la masacre... y el día había terminado.
q.p
Levantarse, comer, atacar, atacar, atacar, buscar sobrevivientes, visitar a los refugiados, comer, golpear a un par de aliados pasados de copas, encerrarse en su tienda, abrazar su botella, rememorar el rostro y las manos de Eiji... el día 2 había terminado.
q.p
Levantarse, desayunar, atacar, defender, atacar, acompañar a un compañero a la enfermería y arrastrar el cuerpo inerte de otro, comer, encerrarse en su tienda, terminarse la botella de alcohol, llorar en silencio... el día 3 había finalizado.
q.p
El cuarto día se había sentido extraña desde que sus ojos se abrieran, estaba ansiosa, sentía nervios, a duras penas había probado bocado antes de salir del campamento con un grupo de combate, se había sentido ligeramente desorientada luego del primer enfrentamiento y casi había sido dejada atrás cuando todo su grupo comenzó a avanzar, de no ser porque alguien había gritado su nombre clave, se habría quedado pasmada arriba del árbol en que se había posicionado.
Atacar, defender, defender de nuevo, atacar, no estaba muy segura de que pasaba cuando el líder de su grupo se había acercado a ella gritando todo tipo de cosas que no podía entender, ella simplemente negó con la cabeza mientras una granada de mano detonaba cerca de todo el grupo, el líder había vuelto a gritar, esta vez había intentado dibujar algunas cosas en el piso mientras explicaba a Tora lo que le pedía, pero ella seguía sin entender, usualmente Ushii era quien le transmitía las ordenes.
Finalmente Tora había intentado comunicarse en ingles, el líder siguió gritando antes de llamar a otro soldado, gritándole una serie de cosas mientras éste asentía para luego voltear a ver a Tora y comenzar a hacerle gestos mientras transmitía el mensaje con un ingles de lo mas pobre.
-Tora debe ir frente, avanzar, matar, enemigo muy fuerte, no querer huir nosotros.
La representante del clan Aira había considerado todo un momento antes de contestar mientras observaba como otra granada detonaba mas cerca que la anterior seguida de una ráfaga de balas cuya procedencia parecía desconocida.
-Dos botellas de alcohol, o no podre hacerlo.
Hubo mas gritos luego de que el mensaje fuera transmitido, el líder parecía furioso gritándole todo tipo de cosas con algunos gestos que, definitivamente, podía reconocer, Kanae decidió entonces jalar al que había traducido para mostrarle sus garras.
-Puño borracho solo es mortal cuando consumo alcohol.
El joven se notaba confundido mientras Kanae hacia ademan de beber y luego lanzaba un golpe rápido al aire con sus puños, su compañero se apresuro a traducir para luego salir corriendo por ordenes de su líder, quien no había dejado de mirar a la joven Aira con odio y desprecio, la castaña decidió no prestarle atención mientras procedía a deshacerse de su arma, la camisa militar y su cuchillo de asalto, aceptando las dos botellas de alcohol para curaciones en cuanto se las dieron para bebérselas tan rápido como le era posible. Dos botellas no eran suficiente para embriagarla, pero en aquel punto era solo el gancho que necesitaba para despertar su sed de sangre.
q.p
Los cuerpos de sus oponentes yacían en su mayoría regados en medio de charcos de sangre, había víceras y trozos de musculo desgarrado por doquier mientras Kanae seguía corriendo a cuatro patas, ebria de sangre y euforia, riendo divertida mientras se aproximaba a gran velocidad a los pocos soldados que ahora intentaban escapar.
La adrenalina de la persecución, el aroma del miedo que emanaba de sus contrincantes mezclado con el aroma a pólvora, metal y basura flotando en el ambiente, la sensación pegajosa de la sangre de sus victimas secándose sobre sus manos y partes de su cara que habían sido salpicadas, el sabor de la sangre ajena aun fresca en su boca, ¿cuantos años habían pasado desde su ultima cacería?, no podía recordarlo, lo que si recordaba era la ultima vez que se había embriagado con sangre humana... la sangre de Eiji... quien no estaba ahí... quien podría regresar ese día o bien el siguiente.
Algo comenzó a arder en su interior, algo que la había comenzado a excitar mientras la enfurecía al mismo tiempo dejando como resultado un montón de pulpa sanguinolenta llena de huesos rotos ahí donde había alcanzado a sus últimos adversarios.
Los vítores y las expresiones de victoria no tardaron en estallar a sus espaldas, sus aliados habían corrido a tratar de agradecerle y felicitarla luego de ver los resultados de su trabajo, sin embargo, todo intento de acercarse a ella se vio cortada luego de que Tora le rompiera un brazo al primer soldado que la había palmeado en la espalda.
Caminando furiosa y en completo silencio, la guerrera del tigre abandono el campo de batalla completamente sola, metiéndose directamente a su tienda y encerrándose en ella por lo que quedaba de la tarde, después de todo, nadie se había atrevido a ir a buscarla, temerosos de terminar lesionados o muertos sin explicación alguna.
El día 4 había terminado.
q.p
El quinto día había dado inicio como los días anteriores, con la única diferencia de que esta vez, nadie se había atrevido a acercarse a la nipona, ni superiores ni compañeros.
Ante aquella ley del hielo, Tora decidió recorrer el perímetro por cuenta propia, si era sincera, no era enemigos lo que buscaba, sino a un cierto guerrero cornudo de largos cabellos negros, rostro estoico y ojos grises y calculadores, si tenia suerte y lo encontraba, podrían irse a un lugar retirado donde pudiera dar rienda suelta a todas las emociones que la carcomían en ese momento, enojo y temor por un lado, lujuria y ansiedad por el otro.
Quería gritarle, quería pegarle hasta cansarse, quería llorar entre sus brazos, quería besarle y obligarlo a jurarle que no habría mas deudas de clanes mientras hacían el amor en algún rincón obscuro entre los escombros del pequeño poblado donde se habían separado...
Pero el día siguió su curso y no había rastro del genio de la masacre... ademas de que alguien la había ido a buscar con algunas botellas de alcohol, dejándola beber y ahogar su soledad, su ira, sus miedos y esa maldita tristeza que la carcomía por dentro mientras la guiaban a la zona de guerra en que se combatía en aquel preciso momento.
El baño de sangre no se hizo esperar, nublar sus sentidos con alcohol la hacia actuar por instinto, desatando todo lo que sentía como una bomba letal, Tora, la guerrera del tigre, maestra del puño borracho, no tardo demasiado en acabar con sus enemigos mientras sus aliados le cubrían las espaldas, permitiendole matar a todo aquel que se le pusiera en frente con una furia inusitada que realmente no sentía por ellos sino por los clanes, la misión en solitario de su pareja, la persona que había enviado ese celular, la familia de Eiji por obligarlo a pagar por una deuda que ellos no habían pedido y esa maldita sensación de abandono y soledad que no había sentido desde que conociera a Eiji tantos años atrás.
Pronto no quedo un solo enemigo cerca de ella, de nuevo podía escuchar el jubilo y los gritos de victoria a sus espaldas, esta vez todos se escuchaban lejos de ella, nadie se atrevía a alcanzarla y en parte aquello era lo mejor, había lagrimas de furia recorriéndole las mejillas y su sed de sangre no había hecho mas que crecer de forma enloquecedora.
Tora lamió sus manos y garras como si de un autentico felino se tratara, volteo atrás, a la fuente de sonido, la tentación de cortar las gargantas de aquellos estúpidos soldados era demasiado tentadora, sabia que los primeros en morir la premiarían con el sabor de la adrenalina mezclada junto con una buena dosis de endórfinas y sangre tan ardiente como un licor de alta graduación.
Kanae se puso en posición a cuatro patas tensando todo su cuerpo mientras relamía sus labios, necesitaba mas, necesitaba saborear mas sangre y escuchar mas gritos, necesitaba cazarlos a todos, uno por uno hasta no dejar en pie a un solo soldado, luego se iría a su tienda, tomaría el camastro frente al suyo y se haría un ovillo para descansar envuelta en el aroma de su amante...
Eiji apareció frente a sus ojos como un fantasma, su mirada seria y molesta, su gesto de reprobación por lo que planeaba hacer y la falta de palabras la hicieron comenzar a correr mientras dibujaba una enorme U, evadiendo a sus potenciales victimas y huyendo, huyendo tan rápido y tan lejos como le era posible mientras algunas voces comenzaban a llamarla por su nombre clave, no podía hacerlo, no podía matar a sus aliados y esperar que Eiji la buscara con afecto luego de romper su contrato de manera tan vil, simplemente no podía perderse por completo de nuevo por mas tentador que fuera.
Tora corrió a cuatro patas tan lejos como le fue posible, internándose en lo mas profundo de la selva y subiendo a un árbol donde se hizo un ovillo para intentar calmarse, completamente horrorizada por el rumbo que su vida había estado a punto de tomar.
Entre los guerreros era bien sabido que aquellos que traicionaban y mataban a sus clientes eran juzgados, despojados de su titulo de guerrero y perseguidos por todos los clanes para darles muerte, no quería ser cazada por alguno de sus primos o por alguno de sus sobrinos, no quería que sus familiares conocieran la carga de tomar otra vida tomando la de ella... tampoco quería obligar a Eiji a escoger, sabia que el la amaba de un modo tan profundo y estúpido como ella lo amaba a el, pero aquel hombre en particular era extremadamente quisquilloso y apegado a las reglas y las tradiciones... si ella hubiera acabado con todos, ¿Eiji la habría seguido para matarla o para encarar a la muerte a su lado?
No lo sabia, no estaba segura, lo único que tenia por cierto es que si el reclamaba su existencia ella lo dejaría atravesarla con su espada sin queja alguna... y Eiji se quedaría solo para siempre, conociendo a ese hombre como lo hacia, Kashii era capaz de no volver a relacionarse con nadie para evitar desviarse del camino y arriesgarse a sufrir el costo de la traición y el afecto.
Para cuando Aira se quedo dormida era ya muy noche, sentía el rostro acartonado por las lagrimas que había derramado sin poder evitarlo.
El quinto día había terminado.
q.p
-¿Kanae?
La aludida se revolvió un momento, sintiendo el cuerpo agarrotado y sudoroso mientras intentaba estirarse, haciéndose bolita una vez mas al sentir la falta de soporte bajo algunas de sus extremidades.
-Kanae, despierta, pescaras un resfriado.
Aquella voz profunda y suave como terciopelo sonaba por todos lados, o eso le parecía en medio de su inconsciencia, quería abrir los ojos, en verdad, quería despertar y escuchar esa voz calmada para siempre, pero su cuerpo se sentía tan pesado, era como haber sido rota en mil pedazos y luego vuelta a unir durante la noche... tan cansada.
-¡Kanae!
Trono aquella voz mientras un par de manos callosas la bajaban de su árbol con fuerza antes de ser envuelta en un abrazo asfixiante, había algo parecido al miedo flotando en la voz que la llamaba, mezclándose de manera extraña y antinatural en el aroma cítrico que se unificaba de forma precisa y reconfortante con el aroma a hombre que ahora parecía invadirla por todas partes.
Tora abrió los ojos muy apenas, captando largas hebras de cabello negro así como un largo y orgulloso cuerno brotando de entre ellos.
-Eiji... al fin volviste- Murmuro el tigre mientras devolvía el abrazo débilmente sintiendo sus ojos llenándose de lagrimas una vez mas, intentando borrarlas mientras frotaba su rostro contra la camisa blanca de su novio, despertandola del todo y obligandola a soltarlo para confirmar con sus ojos lo que sus otros sentidos le decían, efectivamente, el buey estaba ahí, la torera que había llevado al campo de batalla no descansaba sobre aquel alto y delgado cuerpo masculino, estaba a punto de preguntar cuando noto un calor inusual en su espalda, dándose cuenta de que había sido arropada con aquella prenda, probablemente para protegerla del frío matutino al que su playera blanca de tirantes la tenia expuesta.
-Fueron mas de 4 días- Reclamo la castaña mientras se enfocaba en el rostro de su socio, cuyos finos labios habían pasado de una mueca de alivio a una ligera sonrisa ladeada.
-Lo sé- Espeto Kashii sin defenderse ante la obvia acusación de su novia.
-¡Me dejaste sola por mas tiempo del necesario!- Soltó Kanae mientras sentía algo hecho de pura de furia comenzar a formarse al final de su garganta.
-Lo se- Respondió Eiji repentinamente divertido ante aquel reclamo.
-¡ME EMBRIAGUE EN ALCOHOL Y SANGRE POR DOS DÍAS, DOS ESTÚPIDOS DÍAS Y ESTUVE A PUNTO DE MATAR A TODOS NUESTROS ALIADOS!- Escupió Kanae mientras dejaba salir toda la furia, la frustración y el llanto que había intentado reprimir sin éxito alguno, dando algunos golpes a ciegas mientras su amante los recibía todos en el pecho sin quejarse o moverse del lugar.
-Lo lamento- Respondió el pelinegro cuando los golpes comenzaron a cesar en intensidad y velocidad, jalando a la castaña para envolverla de nuevo entre sus brazos -también me hiciste mucha falta, tanta cercanía se esta volviendo dependencia, podría afectarnos a la...
No lo dejo hablar, estaba renuente a escuchar lo que fuera que aquel hombre planeara decir, lo beso con desesperación y un miedo irracional, con tanta fuerza que no tardo en saborear un pequeño hilo de sangre mezclado con saliva. Aquel sabor metálico había resultado reconfortante, ayudándola a relajarse y aflojar su abrazo lo suficiente para darle permiso a sus manos de recorrer aquel cuerpo que conocía de memoria mientras se urgía a si misma a desvestir al dueño indiscutible de su afecto, sintiendo como sus manos eran detenidas por otras mas grandes luego de haber logrado despojarlo de sus tirantes, la corbata y la mitad de la camisa.
Los ojos grises de Kashii eran como un par de imanes para los ojos de Aira, lujuria, desconcierto, preocupación y un amor profundo e incontenible asomaban con completa obviedad para el par de ojos verdes que habían pasado buena parte de los últimos años estudiando aquella mirada a profundidad.
-Te necesito Eiji, te necesito mucho justo ahora, ¡por favor...- Suplico la guerrera del tigre sin atreverse a desviar la mirada.
La respuesta no tardo demasiado, el buey había apartado sus propias ropas solo lo necesario mientras acomodaba al tigre contra el tronco del árbol de donde la había bajado, alzando de un movimiento certero la playera de algodón y el sostén deportivo que cubrían el cuerpo femenino, probando el par de pequeños senos que habían permanecido ocultos mientras bajaba hábilmente el pantalón militar y la ropa interior de Kanae por completo, acariciándola hábilmente con una mano hasta escucharla gimiendo sin reparos, tomando aquel sonido como la señal para dejar de jugar con ella y comenzar a penetrarla violentamente, obteniendo como respuesta gemidos y suspiros de placer cada vez mas altos mientras Kanae se sujetaba con fuerza de los hombros y el cuello de su captor, terminando demasiado pronto y sintiendo como aquel brusco y poco elegante vaivén la iba enloqueciendo de placer una vez mas, embriagandola mas rápido que la sangre y la cacería de los últimos dos días.
q.p
Hacia un rato que ambos guerreros avanzaban con dirección al campamento en completo silencio, la ropa sucia de ambos, manchada de tierra y sangre seca daba cuenta del trabajo que habían llevado a cabo.
Tora volteo una vez más para ver a Ushii de reojo, se veía mas pensativo de lo usual, ademas, si hacia memoria, solo cuando estaba preocupado por algo la tomaba de forma tan brutal, no negaría de ninguna manera que lo había disfrutado, lo había necesitado tanto que había pasado por alto el dolor inflingido, mismo que justo ahora comenzaba a indicarle los lugares exactos donde su espalda había sido lastimada por la corteza del árbol, las zonas donde los dedos de Eiji le habían dejado moretones, sin olvidar la palpitación entre sus piernas imposible de ignorar.
-Yo estuve a punto de acabar con todos nuestros aliados y echar a perder el trabajo, ¿qué hiciste tú?- Murmuró Kanae tratando de sacar a la luz aquello que obviamente atormentaba a su pareja.
-Romper mi código- Fue la escueta respuesta del buey.
Kanae se detuvo al momento, nadie comprendería mejor que ella lo que esas tres palabras significaban.
Eiji se detuvo un par de pasos después, volteando atrás y mirando a la mujer que lo acompañaba con una mirada interrogante.
Aira no pudo evitar sentirse mal un momento antes de acercarse de nuevo, tomar las manos del hombre al que amaba sin dejar de mirarlo, esperando a que él terminara aquella confesión, después de todo, no era la primera vez que se confesaban sus pecados el uno al otro.
Kashii suspiró, desviando la mirada un segundo completamente avergonzado por lo que estaba a punto de decir, regresando sus ojos al rostro preocupado que seguía pendiente de él.
-La orden decía "sin sobrevivientes, sin testigos"... el objetivo era una familia, tuve que tomar las vidas de los dos niños que había en la casa... y del médico que acababa de auxiliar a una de las mujeres ahí a traer a sus hijos al mundo.
-Eiji, lo lamento tanto- Murmuró el tigre en un tono completamente acongojado, no pudo decir más, el pelinegro la había atrapado en un abrazo que intentaba aliviar el dolor que obviamente estaba sintiendo.
-Eran gemelos... uno había perecido durante el parto debido a la matanza, al parecer el médico cometió un error fatal al ayudarlo a salir, tuve que atravesar su pequeño cuerpo con mi espada para salvar a su hermano.
-¿Salvaste a uno?- Repitió Kanae despegándose lo suficiente para ver el rostro de su interlocutor, estaba asombrada, preocupada y aliviada al mismo tiempo, estaba segura que quien quiera que hubiera enviado aquellas órdenes a Eiji habría mandado a alguien a cerciorarse de que el trabajo se hubiera completado con éxito.
-Si, por esa razón tardé más de lo planeado en volver, tuve que ocultar toda evidencia de que habían nacido dos niños en lugar de uno, entregar mi reporte y el teléfono tan pronto como me fue posible y llevar al pequeño a una iglesia lo suficientemente alejada como para no levantar sospecha alguna sobre su procedencia.
-Así que, al menos lograste salvar a uno... ¿hay algo que pueda hacer para ayudarte?
Se sentía fatal, su pecado era nada en comparación con el que su novio debía cargar ahora, si bien tenían el consuelo de que había salvado a un inocente, la muerte de los otros cuatro seguía machacándole el alma al genio de la masacre.
-No creo que haya algo que no hayas hecho ya- Respondió el aludido luego de meditarlo por unos minutos -quédate a mi lado, aun cuando mi alma sea corrupta, déjame amarte con estas manos que jamás podré limpiar de toda la sangre que he derramado, ayúdame a salvar a tantos inocentes como nos sea posible cuando estemos en un campo de batalla... es lo único que podría pedirte para ayudarme, y sin embargo, no parece necesario que te lo pida.
-Sabes que siempre estaré a tu lado- Dijo Kanae mientras tomaba el rostro de Kashii entre sus manos, acercándolo hasta topar frente con frente, quedando aislados del mundo detrás de la cortina de cabellos negros que coronaban el rostro masculino que acababa de cerrar los ojos ante aquel contacto -sin importar cuantos pecados cometamos, estamos juntos en esto, si esta carga es una maldición, estoy feliz de compartirla contigo, no importa si nos vamos a la chingada, siempre que estemos juntos.
Eiji sonrió divertido antes de poner uno de sus dedos sobre los labios de Aira, alejándose muy apenas para negar levemente con la cabeza ante la elección de palabras altisonantes de su novia.
-Un día nos vamos a ir al infierno tú y yo, de eso no tengo dudas- Murmuró el buey antes de besar al tigre una vez más, tomándola de una mano y guiándola al campamento a un ritmo más ligero y rápido que el anterior.
Kanae sonrió un poco, lo notaba menos apesadumbrado ahora, si no estuvieran caminando directo a otra batalla estaba segura de que ya le habría saltado encima para desvestirlo y hacerle el amor una vez más, después de todo, no eran más que un par de pecadores compartiendo sus vidas con toda la carga que aquello podía implicar.
Notas de la Autora:
Una enorme, enormísima disculpa por la demora y por lo mal escrito que esté el cap, regresé a trabajar hace poco, luego de tres años intentando ser mamá y ama de casa (No funcionó, jamás funciona, hay cosas que simplemente no se me dan) y la verdad he estado sumamente ocupada, con decirles que este fin de semana dormí casi un día entero si sumo todas las horas que me aventé en cama de lo cansada que me sentía. El cap lo escribí a ratitos en el celular, apenas ahorita pude sentarme en la computadora a revisar las faltas de ortografía y terminarlo, si encontraron alguna, no duden en avisarme para que pueda arreglarlo cuando tenga algo de tiempo.
Muchas gracias por seguir leyendo esta historia, se agradecen todos los comentarios, buenos, malos, neutrales, siempre me emocionan y me ayudan a seguir mejorando como escritora, un saludote a todos y si quieren leer algo más divertido sobre esta pareja y con el plus de los otros guerreros, no dejen de pasarse por Marine Passion de LilMissAqua (Está en inglés, pero vale la pena) o bien cualquiera de las Crónicas del Harem del universo creado por Soy Sierra, bueno, a dormir que mañana es lunes.
SARABA
