PASIÓN Y SUEÑOS
El sueño que había estado teniendo era terriblemente inquietante. Un par de rostros angelicales lo miraban primero con curiosidad y luego con dolor para dar paso al miedo, finalmente los ojos verdes de aquel par de infantes en edad preescolar se habían vaciado de toda emoción mientras él extraía su espada de ambos niños. Una y otra vez era rodeado por aquellos niños de no mas de 6 años, arrebatándoles la vida en cada ocasión para dejar que sus pequeños cuerpos sin vida cayeran al suelo en cámara lenta, sintiendo la sangre y el peso de un recién nacido en sus brazos.
Ahí estaba el bebé al cual debía atravesar una vez más, cortándole el cuello para ocultar el amoratamiento que el cordón umbilical le había dejado alrededor, su espada volvía a atravesar la carne tierna y nueva sin que los ojos del pequeño ser pudieran llegar a abrirse, dejando escapar sangre de sus heridas, tiñendo las manos del guerrero antes de ser soltado, el cuerpecito inerte cayendo al suelo, rodando hasta encontrarse con sus hermanos donde la sangre de los tres infantes se mezclaba, cubriendo aquel espacio antes oscuro y vacío para tornarlo todo de un rojo sangre que comenzaba a incendiarse de forma irremediable.
Eiji era incapaz de apartar sus ojos, completamente incapaz de cerrarlos o limpiarlos mientras un líquido ardiente y salino empañaba su vista.
Con cada repetición sus manos se bañaban más y más en sangre, mientras sentía algo rompiéndose en su interior una y otra vez, era doloroso, increíblemente doloroso, la respiración le fallaba y su corazón no dejaba de latir con desesperación, como intentando salírsele del pecho para abandonarlo a su suerte, ademas las piernas le fallaban, estaba casi de rodillas mientras una impotencia que lo hacia rabiar se apoderaba de él.
Con cada segundo y con cada repetición podía sentir que la desesperación y la angustia lo embargaban, no importaba cuantas veces les pidiera perdón, pues carecía de la habilidad para devolver aquello que había arrebatado, no importaba cuantas veces gritara de manera acusatoria el nombre de la persona que había dado la orden de desatar aquel infierno, los muertos seguían acosándolo a él y a nadie mas, no importaba si se esforzaba o no por contener las lagrimas, éstas seguían saliendo sin remedio alguno, bañando su rostro y mezclándose en sus manos con la sangre de aquellos tres inocentes.
Repentinamente, justo cuando ya no tenía fuerzas para resistirse, la oscuridad y la sangre habían comenzado a disiparse, el fuego se extinguía a su alrededor y el paisaje cambiaba poco a poco.
La iglesia a la cual había acudido en tren estaba de nuevo frente a él, había un sonido curioso brotando de entre sus brazos, volteo abajo encontrando un pequeño bebé envuelto en telas viejas sacadas de algún basurero, durmiendo tranquilo y calmado, completamente ignorante del infierno por el que había tenido que atravesar apenas llegar a este mundo, su piel aun tenía rastros de sangre y de algunos fluidos que habían salido de las entrañas de su madre, su rostro era el epítome de la pureza y la inocencia a pesar de todo.
Con lentitud y sumo cuidado, el guerrero del buey se había quitado la raída capa de viaje café con que se había protegido del viento, la lluvia y las miradas indiscretas, formando una suerte de nido en el cual recostar al único sobreviviente de la espantosa masacre que había sido obligado a ejecutar.
Pronto Ushii había tomado el viejo picaporte de la puerta, golpeando con suficiente fuerza para hacerse escuchar, desapareciendo entre los arboles cercanos al detectar a alguien caminando a la puerta.
No fue sino hasta que la monja que había abierto se llevo al pequeño en brazos, que el guerrero salio de su escondite, dando la espalda a la iglesia para comenzar a andar su camino de regreso a su hogar.
Hogar, no había dado ni tres pasos cuando una sensación cálida y reconfortante lo había asaltado por la espalda, el aroma familiar a alcohol, hierba buena y algo que le recordaba a los girasoles salvajes lo hicieron sonreír levemente mientras volteaba un poco, encontrándose el rostro cansado y afligido de una Kanae considerablemente más joven que él, una versión de ella que oscilaba entre la infancia y la adultez, el rostro sonrojado y el cabello corto cubierto con un gorro tejido de colores, mientras sus formas y su cuerpo eran disimulados por una gruesa chamarra salida de Kami sabia donde.
Había copos de nieve a su alrededor mientras la llevaba cargando en la espalda, el puente vial con autos y tanques abandonados a ambos lados siendo el escenario de su lento avance al campamento de refugiados que de sobra sabía que estaría más adelante.
-Todo estará bien- Había murmurado aquella versión desvalida de la guerrera del tigre, obligándolo a voltear para mirar aquellos ojos verdes y vacíos, tan increíblemente tristes que le habían partido el corazón la primera vez que se había visto reflejado en ellos.
-Estamos cerca- Murmuró él, topándose ahora con una Kanae más segura de si misma, sus ojos centelleando de sincera alegría mientras él la observaba ahora parada a poca distancia y no sobre su espalda, las afiladas garras del tigre completamente a la vista mientras su cuerpo era envuelto por un bikini de tigre y unas botas altas del mismo diseño, la cadena al cuello con la pata del tigre al final de la misma y la diadema con orejas de tigre sobre sus cabellos.
-... he estado esperando bastante por este duelo-
-¿Es así?
La notaba divertida, tan alegre, tan entregada, tan viva, había admiración reflejada en sus ojos, había emoción y tristeza y un dejo de decepción en esa mirada, algo que había pasado por alto aquella lejana primera vez que volvieron a encontrarse, él le había roto el corazón de alguna forma, sin saberlo y ella se estaba conformando con un poco de atención, alegrándose de poder entregarle su vida aún si jamás conseguía confesarse, aún si jamás conseguía ser amada por él.
Ambos se lanzaron al ataque, Gobouken contra las garras asesinas de la guerrera representante del clan Aira, la tenía acorralada contra un auto, en una calle abandonada en el medio de una ciudad fantasma, sus miradas enfrentadas, dolor por no ser recordada y el consuelo de ser reconocida como una igual, en definitiva, no había modo de que el genio de la masacre pudiera leer lo que los ojos de Kanae le habían gritado aquella madrugada, nueve años atrás, él sabía lo que venía a continuación, después de todo eran sus recuerdos... estaba soñando, y al volverse consciente de esto, su mente fue capaz de cambiar los eventos.
-Kanae- Había murmurado antes de soltar su espada y acorralarla, acercándose para reclamar los labios sonrosados de la mujer en frente suyo.
Cuando se enderezó ya no estaban en la Taisen, sino apoyados contra la puerta del antiguo departamento de Aira, ella mirándolo sonrojada y completamente en shock, había amor, confusión, alegría y un dejo de lujuria en aquellos ojos verdes... ese había sido su primer beso, robado la noche en que habían acordado volverse socios durante la nochebuena.
-Buenas noches Kanae dono- Había dicho él, deteniéndose a la mitad de su despedida, forzándose a mantenerse en donde estaba en lugar de dar media vuelta y alejarse por las escaleras, tomando el mentón de la joven para comenzar a delinear la mandíbula de Tora con sus dedos desde su centro hasta su oreja, prosiguiendo hacia abajo por el cuello níveo y de piel suave -¿me invitarías a pasar? quiero cerciorarme de que tengas un buen descanso esta noche.
La vio asentir en silencio, volteando despacio para abrir la puerta, siguiendo su capricho sin rechistar, haciéndolo preguntarse cuantas cosas había hecho ella en un principio solo porque él se lo había solicitado, caminando detrás de ella para ingresar al apartamento.
Era un lugar diminuto, apenas una habitación multiusos con un baño, el lugar estaba tan lleno de cajas como recordaba, la diminuta cocina era apenas un refrigerador de segunda mano, un fregadero con el bote de basura a un lado y una parrilla eléctrica sobre el microondas.
-¿Te sirvo algo?- Ofreció su anfitriona completamente nerviosa y sonrojada mientras abría el refrigerador.
-A ti- Se aventuró Eiji con una sonrisa torcida, apenas insinuada mientras la observaba tensarse para luego voltear a verlo tímidamente por sobre su hombro.
-¿Dis... culpa?
Kashii se acercó a paso decidido, rodeándola con ambos brazos desde la espalda, acercándose a su cuello para besarlo, aspirando el aroma característico de la guerrera y sorprendiéndose de la exactitud de los detalles en su memoria, sonriendo con amplitud ante aquel descubrimiento.
-Hueles muy bien- Murmuró el guerrero del buey al oído de su víctima -debo disculparme ahora, perdóname.
-¿Por qué?
-Por ignorarte en la Taisen, tenía miedo de distraerme contigo, estaba seguro que contemplarte acabaría con mi auto control.
-¿En serio?, ¿preferirías mi atuendo de batalla para la guerra zodiacal entonces?
Eiji no tuvo que contestar, apenas la soltó, la guerrera del tigre había estado de vuelta frente a él, con las botas altas y el bikini de tigre, la cadena al cuello y las orejas, el único cambio era la chamarra negra de piel, en su lugar, era la torera de Eiji lo que descansaba sobre sus hombros, excitándolo al instante.
-Recuérdame prohibirte usar eso en tres años- Murmuró el pelinegro sin poder evitarlo.
-¿Prohibirme?- Respondió el tigre en un tono completamente juguetón -¿acaso te pondrás celoso, Ushii?
-Eres mía, nadie más que yo debería verte con ese tipo de ropas- Respondió él en automático sin atreverse a tocarla, completamente hipnotizado mientras Kanae se acercaba a él con un contoneo de lo más insinuante.
-Oh, vamos, ¡no seas aguafiestas Eiji!, después de todo, ¿qué problema habría con que me vean así los guerreros que están por morir?
No pudo contestarle porque aquella visión de su prometida ahora estaba besándole el cuello, acariciando su hombría con completo descaro por sobre la ropa, y ¡por todo lo sagrado, se sentía tan endemoniadamente bien!
-¡Kanae!- Soltó aquel nombre en un susurro mientras la sentía trazando un camino de besos lentamente por su torso desnudo, sintiéndose aun más excitado de lo que ya estaba.
-Alguien parece estar completamente listo para todo por aquí- Se mofó aquella visión de su prometida mientras se acuclillaba frente a él, delineando el elástico de la ropa interior del pelinegro sin quitarle los ojos de encima, como si se tratara de un felino observando un canario indefenso dentro de su jaula y pensando como sacar a su presa de entre los barrotes.
-Mi gatita parece no darse cuenta de todo lo que provoca en mí- Respondió el aludido con una media sonrisa en el rostro, observando atento por cada movimiento que los dedos de la castaña ejecutaban para desnudarlo.
-Oh, pero lo hago, ¡lo sé!, y a ti te encantan todas las libertades que me tomo contigo, incluso disfrutas las palabras que salen de esta boca sucia- Había afirmado aquel espejismo mientras terminaba de desnudarlo del todo, engullendo su miembro y haciéndolo gruñir de placer y sorpresa ante la sensación húmeda, cálida y tan característica de la boca de su novia.
No paso mucho tiempo antes de que la guerrera dentro de aquel sueño fuera apresada por las manos del buey, quedando la joven en el suelo con la ropa maltrecha mientras el autor del sueño la besaba, tocando la piel por debajo de la ropa, amasando por aquí y por allá antes de entrar en ella sin haberla desvestido siquiera.
La visión desarrollándose bajo su peso era la esencia misma de la lujuria, la sensación había sido agradable hasta que Eiji tomara una de las piernas de Kanae para subirla a su hombro y comenzar a bombear, sintiendo repentinamente una ola de placer demasiado real, misma que se estaba repitiendo con una lentitud exquisita y angustiante sin importar que tan rápido intentara ir él, mientras sentía algo cálido, suave y de tamaño considerable en su mano, desconcertándolo en el proceso.
q.p
Era difícil ver en la oscuridad en que estaba sumida la habitación, aparentemente las persianas estaban cerradas y la luz intentando entrar era mínima.
Hacia calor, no importaba que tanto hubiera refrescado la lluvia cayendo afuera, el calor en el interior era algo palpable.
Eiji abrió los ojos completamente confundido, sus sentidos aun no podían distinguir el sueño de la realidad y el hecho de recordar a su amante disfrutando de sus caricias contra el suelo, simplemente para encontrarla arriba, con una camiseta blanca y vieja de algodón marcando un ritmo lento sobre él, no lo ayudaban mucho.
-¿Te desperté acaso Eiji?
No respondió, simplemente se enderezo en el futón en que dormían desde hacia tantos años, arrancándole la playera a jalones para abrazarla con fuerza y perderse en un beso húmedo y pasional mientras cruzaba sus piernas para obligar al tigre a acelerar el paso, apretujándole el trasero con cada bombeo entre un beso y otro, estaba angustiado, somnoliento y necesitado de más, obligándola a arquearse en algún punto para deleitar su boca y una de sus manos en los pequeños senos de su compañera.
Kanae no se opuso en ningún momento, dejándose hacer, ronroneando el nombre de su prometido y disfrutando abiertamente de las atenciones que estaba recibiendo aquel día por la mañana hasta caer rendida en la cama, completamente exhausta y con una enorme sonrisa que al genio de la masacre no le paso por alto mientras la envolvía en sus brazos, feliz de poder apoyar su mentón entre aquella pequeña y suave melena castaña tan característica de Aira, conciliando el sueño casi al mismo tiempo.
q.p
-¿Puedo saber porqué estabas encima de mi hace rato?
-Porque estaba cogiéndote- Canturreó el tigre con ánimo antes de acercarse a la pequeña mesa del departamento y plantarle un beso en la mejilla al oji gris luego de depositar frente al lugar reservado para él un plato considerable con caldo de pescado y un platón con verduras asadas para finalmente devolverse por sus propias porciones considerablemente más pequeñas y un plato con varias sardinas de lata mientras el buey acomodaba su taza con té verde, una cerveza para su compañera y luego la arrocera con los dos platos, la cuchara de madera y los palillos para ambos, sentándose finalmente a desayunar.
-Deja de jugar Kanae- Sugirió Eiji cuando al fin se sentaron a desayunar, olvidándose de la lluvia que seguía cayendo fuera.
-Bueno- Suspiró la aludida antes de destapar su cerveza y darle un pequeño trago, sirviéndose una sardina y comenzando a trozarla para revolverla con su arroz -Anoche no dejabas de dar vueltas y de quejarte... creo que incluso estabas llorando y eso es raro, es jodidamente extraño que actúes así Eiji, pero no puedo culparte tampoco, llevas meses durmiendo mal... yo sólo intenté consolarte mientras dormías.
El pelinegro asintió mientras bajaba su plato de arroz completamente vacío, asintiendo un par de veces con la cabeza mientras se servía caldo de pescado en su plato de arroz para poder beberlo con más comodidad, esperando atento por lo que su compañera tuviera que decir ahora y explicándose porqué su pesadilla había pasado súbitamente al aroma de Kanae.
-En realidad no tenía la intención de... bueno... ya sabes...- Intentó explicarse Aira mientras se sonrojaba y volteaba los ojos hacia el piso, alzando los hombros y comprimiendo su cuerpo ligeramente, al parecer se sentía avergonzada -pero, yo, tardé tanto en tranquilizarte, tuve que abrazarte y susurrarte cosas y, y, bueno, de pronto ya no podía dormir y tú estabas, ham... ¡hay cosas difíciles de pasar por alto Eiji!
Kashii dejó de comer las verduras, alejando su plato para observar a la castaña de manera detenida al no ser capaz de comprender a que cosas podía estarse refiriendo, ¿el hecho de tener pesadillas?, ¿la culpa que no lo dejaba descansar?, ¿que él estuviera dormido mientras ella estaba despierta?
-¿Podrías explicarme a qué cosas te estás refiriendo Kanae?- Había soltado él como quien le pregunta a un niño asustado cómo fue que acabó lastimado, sin atreverse a seguir comiendo para observar bien a su prometida.
Kanae estaba mordiéndose una uña, completamente sonrojada mientras sus ojos no dejaban de vagar del torso del pelinegro al suelo, obligando a Eiji a analizar aquella situación y comparar la actitud, el movimiento de los ojos y la situación entera con otras ocasiones en que Kanae se había mostrado avergonzada, obviamente no la haría hablar pronto y él estaba completamente hambriento.
-¿Eso que no podías pasar por alto tiene algo que ver con que estuvieras encima de mí esta mañana?
La guerrera del tigre simplemente asintió rápidamente con su cabeza una y otra vez, roja desde las orejas hasta la base del cuello sin atreverse a verlo a los ojos, Eiji comenzaba a formarse una idea de a qué se estaba refiriendo su compañera, pero era divertido verla actuando así de tímida, realmente era difícil resistirse a hacerla sufrir un poco más.
-Kanae, ¿viste o sentiste algo mientras intentabas dormir de nuevo?, ¿o quizás escuchaste algo que no podías pasar por alto?
La castaña no solo estaba avergonzada, sus ojos mostraban sorpresa mientras comenzaba a actuar como un gato asustado, temblando y moviéndose de tal manera, que daba la impresión de que se le hubiera erizado el cabello mientras volteaba a todos lados intentando doblarse para salir huyendo lo antes posible, sacándole una sonrisa socarrona a Eiji por una fracción de segundo, antes de que el guerrero del buey pudiera controlarse y volver a su rostro estoico una vez más.
-Yo, bueno, no es que, yo no espié, lo juro, yo solo... ¿EN QUÉ CARAJOS ESTABAS PENSANDO CUANDO AL FIN DEJASTE DE TENER PESADILLAS!
-¿Mi gatita quiere saber qué soñaba?
-¡SI!
-¿En verdad?- Había preguntado el cornudo mientras le lanzaba una mirada divertida a su compañera junto con una de sus mejores sonrisas retorcidas, en verdad estaba disfrutando aquel juego, más aún ahora que sabía a qué se había referido su compañera.
-Bueno, yo... tal vez tenga una idea de eso- Murmuró Kanae tan bajito, que de haber pasado un camión o uno de los vecinos en ese preciso momento, Eiji no habría podido escuchar nada de lo que su mujer había soltado con cara de pocos amigos y la insinuación de una sonrisa intentando ser contenida.
-Recapitulando, mis pesadillas no te dejaban dormir, así que intentaste ayudarme a descansar, luego no pudiste volver a dormir y te diste cuenta de que estaba excitado, ¿ese así, Kanae?
-Si... y bueno... una cosa llevó a la otra... y yo... ¿cómo iba a resistirme si además estabas murmurando mi nombre y diciendo que si me ponías atención no podrías contenerte?
No estaba seguro de si su mujer le estaba reclamando, acusándolo o intentando explicarse, aún así no dejaba de ser divertido verla pasar de la vergüenza a la sorpresa, a la admisión y finalmente a la vergüenza una vez más.
-A veces me sorprende que luego de tantos años sigas sonrojándote ante ciertos temas, si no te conociera, pensaría que eres virgen- Comentó Kashii en un tono bajo antes de volver a sus sagrados y necesarios alimentos, disfrutando del silencio que de antemano sabría que duraría poco.
-Entonces- Comenzó la joven con dificultad luego de haber terminado su arroz, el caldo de pescado en su plato y justo antes de meterse una calabaza al vapor a la boca -aquella vez en la tienda del campamento, ¿pensabas que era... virgen?
Una ligera incomodidad lo asaltó por un par de segundos al recordar el evento al cual se estaba refiriendo Kanae, un sorbo a su té y descartó aquella incomodidad como si se tratara de uno de esos soldados que habían intentado propasarse con su prometida.
-Si- Fue todo lo que se dignó a contestar, disponiéndose a engullir las verduras una tras otra para no decir nada innecesario.
El tigre lo observó un momento completamente sorprendida antes de volver a su desayuno, dejando sus platos técnicamente limpios antes de acabarse su cerveza y comenzar a limpiar su lugar en la mesa, lavando los trastes que había utilizado y dirigiéndose a la habitación de ambos, dejando a Eiji sumido en sus propios pensamientos por un par de minutos antes de regresar con un armario muy pequeño en brazos, dejando el artilugio en uno de los sillones antes de regresar a la habitación para buscar un martillo y algunos clavos, llamando la atención del buey apenas comenzara a martillar un par de grandes clavos en la pared.
-¿Qué haces Kanae?
-Ya lo verás... tal vez... pueda dejar de... consolarte todas las noches... y me dejes dormir... extraño que me abraces... cuando comienzan... mis propias... pesadillas.
El pelinegro observó cómo su compañera acomodaba la pequeña caja en forma de armario hasta quedar completamente enderezada, luego la vio abrir las pequeñas puertas de madera y no tuvo más remedio que levantarse, dejando su desayuno inconcluso en el olvido mientras caminaba hasta el lugar, haciendo caso omiso de su compañera alejándose con rumbo a la cocina.
Estaba completamente sorprendido, en cierto modo asustado y sin poder siquiera parpadear o alejar la mirada.
Ahí, oculta tras las puertas del pequeño altar ceremonial para los muertos, estaba una foto de periódico impresa digitalmente, en ella podía apreciarse a una familia extranjera.
A pesar de ser una foto a blanco y negro, Eiji sabía perfectamente de que color había sido el cabello, la piel y los ojos de cada uno de los integrantes de aquella familia en específico, había visto cómo estaba decorada su casa, sabía perfectamente cual era el peluche favorito del niño más pequeño mirándolo sonriente desde el interior del altar y cómo sonaba la voz del mayor... él había acabado con todos ellos unos meses atrás para pagar una deuda familiar en el mayor secreto posible, por tanto, era completamente imposible que hubiera una foto de todos ellos en su casa... o al menos eso fue lo que había estado pensando hasta que la castaña se acercó con un par de platos pequeños, uno lleno de arroz, otro con algunos caramelos y un par de varas de incienso que no tardó mucho en prender para luego comenzar a rezar.
Kashii observaba a Aira con curiosidad, dolor y enojo en su interior, estaba molesto consigo mismo y con su novia, quizás de haber sido alguien temperamental habría tomado aquel altar de madera y lo habría lanzado por la ventana mientras le gritaba todo tipo de acusaciones e improperios a la mujer que había llevado aquello, pero no lo hizo, fiel a su costumbre, primero enfrió su cabeza de toda emoción, prefiriendo esperar a que la castaña terminara de rezar y pudiera contestarle.
-¿De donde sacaste esa foto y qué hace eso en nuestra casa?
Kanae lo miró con algo parecido a una disculpa, indecisa sobre cómo contestar, finalmente lanzó una última mirada a aquel objeto que tanto trabajo le había costado conseguir para finalmente voltear a ver a su prometido.
-No puedes pedirle perdón a los muertos Eiji, porque los muertos ya NO están aquí, tampoco podías darme muchos detalles de lo que hiciste, así que tuve que investigar, busqué y busqué y busqué hasta dar con esa fotografía... necesitas perdonarte por lo que hiciste, no va a ser fácil, y yo sé que no fue tu culpa, sé que no deseabas hacerlo, pero eso no cambia las cosas... pensé que quizás, esto podría ayudarte a pedirles perdón... a perdonarte a ti mismo, ellos ya te acosan en tus sueños de cualquier modo.
La miró un instante antes de voltear a ver de nuevo aquel pequeño armario shinto, sintiendo una punzada de dolor en su pecho, el dolor iba a seguir ahí por mucho tiempo, y él no podía hablar con nadie sobre lo que había hecho, no más de lo que ya había hablado con ella, sin importar cuanto doliera, cuan molesto se sintiera por tener aquel recordatorio en su casa... tal vez debía intentar avanzar y perdonarse.
-Ven aqui Kanae.
Ella obedeció, acercándose y abrazándolo, apretujándolo hasta que fuera imposible definir donde empezaba uno y terminaba el otro, besándolo un momento sin dejar de consolarlo, si bien era cierto que ni la misma Kanae sabía con exactitud el tamaño y la magnitud de su propio pecado, también era cierto que solo un pecador podía entender a otro, solo ella podía ayudarlo y permanecer a su lado, y él estaba infinitamente agradecido por aquella bendición, aún si ahora sentía que no la merecía, jurándose que sin importar nada, ambos permanecería juntos tanto tiempo cómo les fuera posible.
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Notas de la Autora:
Crudo, dramático, con ese toque de lemon que me gusta meter en estos drabbles, y aun así espero que lo hayan disfrutado, debo confesar que en un principio no sabía que quería escribir... después decidí que quería que Kanae se aprovechara de Eiji mientras dormía... y luego acabamos con esto, no sé, tal vez sea un poco extraño pero creo que era necesario darle un verdadero cierre al problema de Eiji rompiendo su código de no matar inocentes y dando un vistazo de hasta que punto le había afectado ese trabajo en particular.
En otras noticias, aun no sé si haré otro capítulo antes de la treceava Taisen o este es el último previo a, en todo caso, Pasiones está por llegar a su fin, quiero darle un cierre mientras aún conservo esta euforia, este enamoramiento que tengo con este par de guerreros, digo, antes de que me pase como con otros personajes y simplemente no pueda terminar (Ya sé que aqui no hay lectores de Colegio ni de Genderbender, pero prometo terminarlas... en algún punto).
Ahora si, no me queda más que agradecer a todos ustedes, ya sea que solo hayan leído hasta aqui, que estén siguiendo la historia, la tengan en favoritos o me hayan alegrado el día inmensamente con un comentario *-*, sepan que eso último me da mucha pila para seguir escribiendo.
SARABA
