Capítulo IV - Del Odio al Amor Solo Hay un Paso


Sofia the first no me pertenece

Solo faltaban dos días para el cumpleaños de Hugo y Sofia ya tenía el regalo perfecto para su amado esposo.

Esa tarde, mientras Axel y Hugo estaban en el despacho del rey para tratar asuntos sobre el reino, Sofia y su hermana realizaban un poco de Derby Volador.

- Me hubiera gustado traer a Azafrán, tal vez no pueda entender a los animales como tú pero podría jurar que extraña a Minimus - sabían que sus pegasos se tenían cariño, pues Eléctra y Minimus eran pareja.

- No puedo esperar a que lleguen las chicas, será como cuando éramos niñas - comentó emocionada la oji azul y ambas rieron felices, les hacía falta este tiempo entre hermanas.

Tan feliz estaba la rubia que no se dio cuenta que cierto príncipe la observaba desde la ventana del despacho.

- No sabía que Amber supiera montar un pegaso - expresó sin despegar su vista de ella, verla sonreír le producía una agradable sensación.

- Hay cosas que no sabes de ella, ¿por qué no dejas las peleas de lado y empiezas a ser su amigo? - le preguntó esperando lograr una iniciativa por parte de Axel.

Su hermano lo observó y después volvió a ver a la princesa que le tenía la vida de cabeza y pensó que valdría la pena intentar.

La noche llegó y con ella las amigas de Sofia y Amber, decidieron reunirse en la habitación que la rubia ocupaba.

Sofia recodo con diversión el puchero de su esposo ya que pasarían una noche separados pero sabía que él jamás le negaría pasar tiempo con su hermana y sus amigas.

- ¿Les gustaría jugar verdad o reto? - preguntó Jade con emoción.

Las demás accedieron y empezaron la ronda de preguntas.

- Entonces, Sofia, ¿verdad o reto?

- Mmmm..verdad - escogió la oji azul.

- Bien, ¿qué le darás de regalo de cumpleaños a Hugo?

- Bueno...yo...- no sabía por dónde empezar ni como explicarse pero sonrío con ternura y colocó su mano en su vientre - Le daré un regalo que jamás podría comprar y que él también participó en su creación.

Todas se miraron sin comprender mucho a que se refería.

- ¿Y cuál es? - preguntó Clio intrigada.

- Mi regalo es que va a ser papá, estamos esperando un bebé - les respondió sintiéndose dichosa y amando más que nunca a su marido.

- ¡¿Enserio Sofia?! - gritó una Amber emocionada.

- Si, tengo una semana, fui al médico la semana pasada, así que pensé que sería un gran regalo para él, siempre me ha dicho lo mucho que quiere tener un hijo o hija así que se lo diré en la fiesta de su cumpleaños - comentó feliz mientras acariciaba su vientre.

- ¡Oh, Sofia, estoy tan feliz por ti, voy a ser tía! - gritaba Amber mientras le daba un abrazo.

- Si Sofia, muchas felicidades, Hugo estará muy contento - aseguró Clio con sinceridad.

- Si, yo siempre creí que Amber sería la primera en quedar embarazada pero resultaste ser tú - agregó curiosa Ruby, sin saber que sus palabras habían tocado un lado sensible en Amber.

Clio y Sofia fueron las únicas que se dieron cuenta de la tristeza en la mirada de la oji pardo.

Mientras tanto Axel estaba en su habitación leyendo pero la verdad es que no podía concentrarse en su libro pues Amber no dejaba de inundar sus pensamientos.

Sin darse cuenta se quedo dormido con el libro en su regazo y su mente comenzó a soñar.

Al parecer se encontraba en el salón de baile de su palacio y de repente veía llegar a Amber, tan hermosa y bella como siempre, parecía un rayo de Sol que iluminaba el salón entero.

Como toda una bella y hermosa reina, él sonríe y extiende su mano para que ella la tome y caminan al centro del salón, solo están ellos dos, nadie que pudiera interrumpirlos, rodea su cintura con su mano derecha y ella coloca la suya en su hombro y sin importar de dónde venga la música comienzan a bailar el vals.
Mientras bailan no pueden dejar de verse felices, como si estuvieran hechizados por una especie de magia invisible y cuando la música termina no quieren soltarse.

Ella felizmente cierra sus ojos y se abraza a su pecho y a él no parece molestarle, es más, parece encantarle.

- Axel, te amo - escucha decir de la boca de ella mientras se acurruca más en su pecho y suspira feliz.

- Amber - susurra él en respuesta.

La rubia abre sus ojos y sube la mirada para verlo algo sorprendida pero en un minuto él une su rostro al suyo y sin pensarlo dos veces la besa con amor y pasión.

Todo parecía ser felicidad pero de repente todo se vuelve negro y oscuro y una figura terrífica aparece y jala a Amber para separarla de él.

- ¡AXEL! - gritó la pobre pero fue absorbida por la oscuridad.

- ¡AMBER! - quizo alcanzarla pero en ese momento el sueño llego a su fin y además se había caído de la cama.

Tocando su cabeza se despertó, observó a su alrededor y vio que había sido un sueño, camino hacia la ventana de su cuarto y se sorprendió mucho al ver a Amber afuera en el patio del palacio, por lo que tomó su chaqueta y bajo hacia allá.

Al llegar la vio sentada en una de las bancas y mirando hacia arriba.

Se podía ver que tenía puesta su piyama y un abrigo pero aún así temblaba de frío.

Se quitó su chaqueta y la puso sobre los hombros de la joven princesa heredera tomándola por sorpresa.

- Hace frío, te puedes enfermar - hablo tratando de aparentar que no le pasaba nada.

Se observaron por unos segundos con seriedad, si fuera por ella le volvería dar una cachetada pero la verdad estaba cansada de peleas y agradecía el caballeroso y amable gesto que le mostraba.

Así que tomó la chaqueta con sus manos para cerrarla más y cubrirla del frío – Gracias.

- ¿Puedo...puedo sentarme a tu lado? - preguntó apenado.

La rubia solo asintió sin mirarlo y aún con un poco de cautela se sentó.

Se quedaron en silencio por un rato y fue cuando decidió indagar en que le pasaba - ¿Estás bien?, es decir, se supone que Sofia y tú estaban en una fiesta de pijamas.

La rubia dejo de observar el cielo estrellado para luego bajar la mirada con tristeza - Así es, pero ya que las demás están dormidas decidí salir, es que no me siento con ganas de celebrar.

- Pero es tu hermana - respondió confuso ante este hecho.

- Me encanta pasar tiempo con mis hermanos pero en estos momentos mi vida es un caos y aunque Sofia intente animarme no me quita la angustia.

- Sé que tal vez no es de mi incumbencia pero Hugo ya me contó lo de la ley, lo lamento - la princesa lo miro sorprendida, no se esperaba que él sintiera compasión - ¿Ya...ya sabes...con quien te vas...a casar? - se le había hecho difícil decir esa palabra.

- No, aún no...aunque..Zandar me pidió matrimonio hace unos días - comentó mientras que Axel no sabía que pensar.

- Me imagino...que...Aceptaste...- dedujo sintiendo disgusto.

- No, no le dije nada, es que...no sé qué hacer - explicó con la voz quebrada, señal de que iba a llorar - siento que no tengo poder sobre mi vida...que todo el mundo decide por mí...y siempre intento aparentar que nada malo sucede para que mis seres queridos no sufran...pero...

El oji gris verdoso la observo preocupado, la pobre lloraba a mares y se tapaba la cara con sus manos presa de la desesperación.

Le dolía, le dolía mucho verla así, no podía soportar verla triste, así que con delicadeza tomó sus manos y e hizo que lo mirase.

Ella no entendía nada, él la observaba con una sonrisa dulce y tierna y en un segundo acariciaba su mejilla produciendo que un hormigueo y una sensación de tranquilidad la recorriera.

- Descuida, todo estará bien - le aseguro dulcemente y de nuevo se vio atrapado por sus ojos.

- Axel - susurro igual de pérdida en su mirada.

Poco a poco se fueron acercando, cerraron sus ojos y sin esperar más o que alguien los detuviera unieron sus labios en un beso dulce, pero al no querer quedarse allí lo repitieron varias veces y cuando el aire les faltó abrieron sus ojos para luego verse como si hubieran cometido un pecado.

- lo...lo...lo...lo siento - tartamudeaba la rubia totalmente roja.

- No...yo..lo..siento..es que...- respondió él del mismo modo.

Ninguno entendía que pasaba, ¿cómo habían llegado a BESARSE?

- Creo...que...mejor me iré a dormir - se levanto casi como resorte e intento correr pero él la llamo causándole un respingo.

- Amber...

- ¿Si?

- Mi..chaqueta..

- ¿He? - fue cuando se dio cuenta de que aún tenía la chaqueta de él puesta y eso la puso más roja y nerviosa de lo que ya estaba - Si, es verdad, perdona, toma y gracias, hasta mañana - y dicho eso corrió lo más disimuladamente que pudo para alejarse de Axel.

Cuando ya estaba por llegar a su habitación tomó aire y es que había corrido como una bala cuando lo había perdido de vista, suspiro sintiendo que ya estaba a salvo pero el sentimiento no le duró mucho cuando Sofia abrió la puerta observándola confundida ante su reacción de horror y sorpresa, casi como si la hubieran atrapado en un acto clandestino.

- ¡Amber, ¿estás bien?, te veo agitada! - preguntó angustiada.

- Sofia, lo que pasó fue...es que...yo... - no sabía si decirle a su hermana lo sucedido, tal vez lo mejor era no decir nada por ahora, Sofia estaba embarazada no quería darle preocupaciones - Lo que pasa es que...salí a correr un poco ya que todo esto de la esa ley del matrimonio para ser reina me tiene muy estresada y...por eso estoy así.

- Ok - Sofia no estaba muy segura de creerle a su hermana, la conocía y era obvio que algo le ocultaba pero sabía que tarde o temprano le diría por lo que no hizo más preguntas - Me desperté y no te vi y me preocupe mucho, no vuelvas a hacer eso, ¿sí?

- No, descuida - le abrazo sintiéndose la peor hermana del mundo por ocultarle cosas a su hermanita pero aún no estaba lista para enfrentarlo.

Por su parte Axel había regresado a su habitación y estaba listo para dormir pero aún no podía entender cómo había sucedido aquello, ¡se había besado con Amber!, la princesa que él decía odiar, definitivamente se estaba volviendo loco.

A la mañana siguiente el desayuno se sentía tenso entre ambos hermanos mayores de Sofia y Hugo, quienes no comprendían como de miradas de odio habían pasado a sonrojos, tartamudeos y risas nerviosas, además de evitarse la mirada de vez en cuando.

Y así pasaron todo el día tratando de evitar cruzarse pero ahora no por odio si no porque no sabían cómo mirarse a los ojos después de lo sucedido.

Finalmente había llegado el gran día del cumpleaños de Hugo y todo el reino estaba muy feliz por su rey y Sofia los había invitado a todos y eso incluye a la realeza para una fiesta en el jardín.

La nueva reina de Albuquerque se había ganado el cariño y respeto de sus súbditos con su humanidad y sencillez.

La misma le había pedido ayuda a Amber para que le apoyase con las decoraciones y demás preparativos, él rey Garrick acababa de llegar, jamás faltaría para celebrar el cumpleaños de uno de sus hijos.

- ¡Vaya!, chicas, me encanta como a quedado todo, será una estupenda fiesta - hablo muy contento el rey padre de Albuquerque.

- Gracias majestad, espero que a Hugo le agrade - le respondió Sofia.

- Oh, Sofia, ¿cuántas veces te he dicho que no me llames su majestad?, ahora somos familia, llámame papá.

- Ok, papá.

- Y veo que tu hermana mayor está aquí, bienvenida princesa Amber.

- Muchas gracias rey padre Garrick - respondió la joven aspirante a a reina con una educada reverencia.

- Veo que ya todo está listo - escucharon de la voz de Hugo quien venía acompañado de su hermano y para el padre de ambos no pasó desapercibido el hecho de como Axel y Amber se veían para luego sonrojarse y evitarse la mirada, mientras que sus hermanitos se besaban y se decían cosas lindas.

- Ya Sabes que haría cualquier cosa por ti, te amo Hugo y tú te mereces esto y más - le dijo su esposa con dulzura para luego abrazarlo y acurrucarse en su pecho y él contento le correspondió sintiendo que era el hombre más afortunado del mundo.

Muchas personas llegaron y todo estaba marchando muy bien, había llegado el momento de los regalos y Sofia pidió la atención de todos.

- Hay un regalo muy especial para Hugo y quiero compartirlo con ustedes - comenzó notando el desconcierto en la mirada de su esposo - Hugo, mi regalo para ti es algo que nos hará muy felices a ambos - tomo la mano del joven rey y la colocó sobre su vientre - Felicidades, vas a ser papá

Cuando finalmente la noticia había llegado a su mente el primer instinto que tuvo fue el de abrazar a su mujer y darle muchas vueltas lleno de emoción porque serían padres.

- ¡Oh, Sofia, Sofia, te amo, te amo tanto!, un hijo, ¡un hijo! - expresó emocionado, su corazón no cabía de la emoción, sería padre y su hijo o hija nacería de la mujer que amaba con toda el alma.

Le dio un beso largo, profundo y apasionado para el deleite de todos los presentes, especialmente sus familias y amigos.

Después de que todos los felicitaran y les dieran sus mejores deseos la fiesta prosiguió y Garrick aprovechó para hablar con su hijo mayor.

- Bueno Axel, parece que has estado pensando en lo que te dije.

- ¿Por qué dices eso papá? - preguntó confuso.

- La princesa Amber, he visto cómo se miran y la tensión física entre ambos, hijo, podré ser un viejo pero he vivido más años que ustedes y la experiencia es más alta, además son mis hijos, los conozco más de lo que ustedes mismo se conocen, por lo que me doy cuenta de que estas enamorado de ella.

- No...no papá, ¿qué cosas dices? - tartamudeo negándolo para su padre y para él mismo.

- Axel, ya deja de negártelo, acéptalo, amas a esa chica, Roland ya me contó lo de la ley del matrimonio y si no te apresuras te la quitaran.

Axel observó con seriedad a su padre y luego vio lo feliz que era Hugo con Sofia y más ahora que tendrían un bebé para finalmente verla a ella, ya no podía seguir mintiéndose a sí mismo, ella era importante para él, ella era la mujer más hermosa en todos los sentidos, ella era...no, Amber era la mujer de su vida.

Si, este sentimiento podía más que él y su lucha por olvidarlo, la amaba, estaba enamorado de esta princesa rubia y que le encantaban las joyas y los vestidos tanto como amaba a su familia.
- Tienes razón papá pero...eso no me asegura que ella sienta lo mismo y no quiero volver a pasar por lo que me sucedió con la princesa de Belgrado.

- Bueno, nunca sabrás si no lo intentas, invítale a bailar- le sugirió. Así como decía, tenía más experiencia y aquellas miradas de Amber hacia su hijo eran de amor correspondido pero no podía intervenir, solo podía aconsejar a sus hijos y sabía que ellos encontrarían el camino, algunas ves fue joven y conocía los altos y bajos de esa etapa, lo difícil que era el amor por eso no apresuraba las cosas, tarde o temprano esos dos estarían juntos.

Axel se levanto y se acerco a la princesa quien la miro sorprendida.

- ¿Quieres bailar? - le preguntó alzando su mano para que la tomará.

- Si - acepto con una sonrisa y tomado su mano para después de conseguir un espacio en medio de todos los que bailaban.

Mientras bailaban sentían como si todo su alrededor desaparecía, que solo estaban ellos dos.

Axel no pudo evitar rememorar su sueño con ella, quería abrazarla, escuchar de sus labios que lo amaba y besarla de nuevo, sus corazones saltaban de felicidad al estar juntos y en su segundo se detuvieron y se miraron a los ojos, ninguno quería que este momento terminase por lo que poco a poco fueron acercando sus rostros y estuvieron a solo unos metros de besarse pero una voz los detuvo.

- Amber - se escuchó frente a ellos.

Fue cuando vieron a Zandar parado mirándoles o más bien observando con molestia a Axel.

- Zandar - no esperaba verlo allí.

- Axel, ¿me permites?, necesito hablar con Amber - pidió áspero lo cual evidenciaba su molestia en su voz.

La rubia podía sentir la tensión entre ambos hombres pero ninguno armaría un escándalo así que le permitió llevársela al otro extremo del jardín bajo la mirada vigilante del príncipe mayor de Albuquerque.

- Zandar, no creía que vendrías - le preguntó tratando de cambiar el tema.

- Hugo y Sofia me invitaron así que quería aprovechar para preguntarte si lo has pensado.

- ¿Pensado?

- Mi propuesta de matrimonio.

- He...bueno..- si había pensado en ello pero la verdad era que no sabía qué respuesta dar y Zandar le estaba pidiendo una ahora mismo.

Axel se mostró preocupado y celoso, lo más seguro era que Zandar le estaba preguntando a Amber si aceptaba casarse con él pero alguien le llamo.

- Astrid.

- Hola, ¿estás ocupado?, me gustaría hablar contigo - le preguntó apenada.

El chico regreso su vista a a Amber, todavía no terminaba de hablar con Zandar - No esto ocupado, dime.

- Bueno, hay algo muy importante que debo confesarte pero quisiera que vivieras a mi castillo mañana, ¿qué dices? - le preguntó sonrojada, realmente le gustaba y esperaba lograr que la amara.

- Bueno, está bien - le respondió amable.

- ¡Gracias Axel! - por impulso le dio un beso rápido en los labios.

- La verdad Zandar...yo...- la rubia volvió su vista hacia dónde estaba Axel y al verlo siendo besado por Astrid su mundo se vino abajo y una furia la invadió lo que la llevo a cometer una equivocación que le costaría caro - Si - el joven la observó confuso.

- ¿Qué?

- Dije que si, si quiero ser tu esposa - respondió tratando aguantar las ganas de tomar a Astrid de las greñas y lanzará lejos de Axel.

- ¡Muchas gracias Amber!, esto es maravilloso, te convertiré en la mujer más feliz del mundo, no te arrepentirás - tomo sus manos y las beso para luego retirarse pero Amber corrió lejos de allí, no quería que la vieran llorar.

Axel se había quedado mudo y estupefacto, ¿por qué Astrid le había dado un casto beso en la boca?, ¿qué quería decirle?, no podría preguntarle ya que ella se había ido de la fiesta. Al volver en sí busco a Amber pero esta no estaba, ¿se habría ido con Zandar?

Mientras que Amber había regresado a su habitación y no podía parar de llorar, su corazón estaba destrozado pero no sabía que le había llevado a aceptar la propuesta de matrimonio de Zandar.

- Tal vez aprenda a amarlo con el tiempo - se dijo pero por ahora no quería ver a nadie.

A la mañana siguiente Axel asistió a la cita de Astrid, aún no entendía porque lo había besado de esa forma pero no faltaría a su palabra.

- Gracias por venir, hace mucho que quería decirte esto - comenzó la chica.

- ¿Sucede algo malo Astrid?, ¿ya no quieres ser mi amiga? - le preguntó pensando que perdería su amistad.

- No, no es nada malo, más bien...- se detuvo y tomó aire, no era nada fácil - Axel, hemos sido mejores amigos desde que nos conocimos en la academia real y desde ese momento yo...me enamore de ti, te amo Axel.

- Astrid, yo..- no sabía que decir - Astrid eres una gran chica, una gran princesa y una gran amiga pero...

- No soy...la mujer que amas - respondió triste y con la mirad vaja la joven - Descuida, sabía que no podía ser tan fácil, tú amas a Amber, ¿verdad?

- ¿Cómo lo...?

- Los vi ayer y cuando vi que Zandar se llevaba a Amber pensé en intentarlo pero me engañe a mí misma, ustedes se aman Axel, así que no dejes de luchar por lo que amas, yo, debo irme.

- ¡Astrid, espera! - estaba preocupado por ella.

- Esta bien, solo necesito tiempo, lo entiendo, no te preocupes seguiremos siendo amigos - le explico dándole la espalda y es que no quería que la viera llorar.

Tal parecía que Axel había herido los corazones de las mujeres que más lo amaban.

- ¿Qué?, pero ¿porque te vas? - le preguntó Sofia a su hermana.

- Lo lamento Sofia pero aún no puedo decírtelo, nos vemos en unos días, cuídate mucho y no hagas mucha fuerza o vendré a regañarte, estas embarazada y no puedes tomártelo a la ligera.

Abrazo a su hermana y se dispuso a subir a su carruaje pero antes se encontró con Axel quien iba llegando.

Al ver como el cochero subía el equipaje de la rubia al carruaje se preguntó qué estaba pasando y más debido a que ella lo veía con tristeza y decepción.

- Amber, ¿qué sucede?, ¿por qué te vas? - ella solo lo ignoro y subió las escaleras para subir al vehículo - ¿qué sucede?, ¿porque me ignoras?

- No creo que te importe mi explicación, quizás sea mejor que vayas con Astrid parece que ella tiene todo lo que tú necesitas - respondió fría y distante.

Axel solo se quedó allí sin entender a qué se refería pero sin duda se escuchaba dolida.

Mientras su carruaje marchaba de vuelta a Enchancia la oji pardo no pudo evitar volver a llorar, sentía como si le hubieran arrancado su corazón.

Al llegar fue recibida por su madre quien al verla en ese estado la llevo para tomar él te y que se desahogará con ella.

- Aquí está el té que pidió mi reina - había dicho Violet con una bandeja de te a la habitación de la princesa Amber.

- Gracias, Violet, déjanos solas por favor y que nadie nos moleste - pido con amabilidad la reina de Enchancia.

- Si su majestad - y con una reverencia salió y Miranda puso el seguro por si Roland o James llegaban.

- Entonces, ¿me contaras? - no quería que su hijastra la viera como una madre que le forzaba a contarle todo, sabía que Amber confiaba en ella como ella confiaba en Amber.

- Mamá, ¿porque el amor tiene que ser tan complicado? - hablo aún sin poder evitar el llanto.

- Lo sé pero es parte de la vida, así encontraras a esa persona indicada, a veces tenemos que sufrir para crecer, las experiencias buenas y malas son las que que te hacen lo que eres hoy. Dime, ¿acaso ya encontraste a esa persona especial? - único indagar para poder ayudarla.

En ese momento no pudo más que pensar en él, en su voz y en su rostro y aquellos labios varoniles que habían tocado dos veces los suyos, fue cuando entendió porque le dolía tanto, porque le molestaba verlo con otra y al mismo tiempo quería evitarlo, lo amaba, lo amaba a él, se había enamorado de Axel.

- Axel - susurro pero su madre la oyó.

- ¿Axel?, ¿el hermano de Hugo? - preguntó Miranda creyendo que su hija si se casaría por amor y no por la corona.

- Pero no sirve de nada, porque él no me ama...él ama a Astrid y yo...acepte casarme con Zandar.

- Pero Amber, ¿tú amas a Zandar?.

- No, pero quizás llegue a quererlo después de todo parece que Axel no era para mí - dicho esto su llanto aumento y su madre la abrazo para reconfortarla.

- Oh hija, quisiera poder quitar esa ley para que seas feliz.

Y así Amber lloro todo el día y de tanto llorar se durmió, por lo que Miranda la arropó y se fue para dejarla descansar, cuando despertara le llevaría algo para comer.

Cerró la puerta sin darse cuenta de que alguien esperaba el momento para entrar.

Esta figura abrió las puertas sin hacer ruido y entro a la habitación, acaricio el cabello y la figura de Amber sin despertarla.

- Princesa Amber, mi pronto serás toda mía - al ver que la princesa arrugaba la cara y se movía se asusto de ser descubierto pero la joven solo se novio y pronunció un nombre.

- Axel - expresó con una sonrisa entre sueños.

- Ese mequetrefe, me las pagará, no se entrometerá en mis planes - juro muy molesto.

Mientras que James caminaba por el pasillo y de repente vio una figura de mujer correr hacia la puerta de la habitación de su hermana melliza y atravesarla.

Asustado pero pensando que Amber pudiera estar en peligro sacó su espada de caballero y golpeó la puerta abriéndola y vio una sombra negra sobre el cuerpo de su hermana.

- ¡Oye tú, aléjate de mi hermana! - gritó despertando a todos incluida a la dueña de la habitación que al ver a aquella figura oscura gritó despavorida.

James intento atacarla con su espada pero esta se lanzó de al ventana y desapareció.

- ¡Amber, ¿estás bien?, ¿no te hizo nada?! - le preguntó revisándola.

- James, gracias, sí, estoy bien pero ¿qué era eso? - se preguntó pues no parecía tener cuerpo humano.

En ese momento llegaron Roland, Miranda y los guardias revisaron toda la habitación.

- James, ¿qué fue lo que pasó? - exigió saber su padre.

- Iba a mi habitación pero una mujer corrió y atravesó la puerta de Amber, no sé cómo explicarlo pero sentí que quería avisarme de algo y cuando abrí la puerta había una sombra sobre mi hermana pero cuando la enfrente se tiró por la ventana.

- ¿Una mujer?, ¿cómo era?

- Pues no la vi bien pero parecía que tenía el cabello rubio y una corona blanca y creo que estaba vestida de blanco - mencionó recordando.

Roland quedó mudo al oír la descripción, ¿podría ser...?

Desde ese momento la seguridad en el castillo se reforzó y más en la habitación de Amber, incluso las vista eran revisadas.