Capítulo V
-¿Estará bien doctor?-Un preocupado Aioria cuestionaba al doctor que salia de la habitación del heleno.
-Si, solo necesita descansar un par de horas. Daré la alta en unos minutos para que pueda ir a su casa a descansar. ¿Es usted un familiar directo?-
-Su amigo. Él no tiene padres, es huérfano. Yo soy su única familia-
-Entiendo. Entonces necesitaré que llene unos formularios. Mientras puede pasar a ver a su amigo. Hizo bien en traerlo cuanto antes.-
En el hospital le confirmaron que Milo efectivamente habia sido intoxicado con una especia de droga que paraliza el cuerpo más conservaba toda sensibilidad en él. Era una droga poco común pero aún así utilizada para abusar de sus víctimas. Afortunadamente la dosis consumida por el heleno no habia sido muy alta y gracias a que habían llegado oportunamente al hospital el chico había sido desintoxicado rápidamente a base de líquidos y sueros.
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A la mañana siguiente Aioria llevó a Milo hasta su departamento para que descansara mejor. Lo acomodó sobre su cama con sumo cuidado y le ayudó a cambiarse de ropa. Milo aun se sentia un poco adormecido y lento, pero lo importante es que ya estaba cosciente y más tranquilo.
En silencio observaba como Aioria le ayudaba a desvetirlo y con delicadeza le ponia una remera nueva y un pans holgado.
-¿Quires algo de beber o de comer?-
El castaño se ofreció para prepararle algo de comer, pero Milo se negó. No tenia hambre y solo necesitaba descansar. Entró a su cama y Aioria lo cubrió con las cobijas suaves. Ambos recordaron cuando eran niños y de como Aioria tomaba el papel del hermano mayor para protegerlo de todo peligro. Ambos se habían conocido en el orfanato y después de cumplir la mayoria de edad y dejar el lugar nunca se separarón.
-Gracias Aioria, por todo...-La voz de Milo sonó en un hilo. No sabía si eran por los efectos de la droga pero se sentia por demás vulnerable y sensible.
El castaño le sonrió y sentó junto a él. Toco su frente cariñosamente para cerciorarse de que ya no tuviera temperatura. Se inclinó entonces para besarle la frente y acariciar su mejilla suavemente.
-Me asustaste mucho tonto...Nunca más vuelvas hacer algo tan estúpido-
-Lo sé, pérdoname.-
-¿Sabes lo que te pudo haber pasado? ¿Verdad Milo? ¿Si yo no hubiera llegado...-Aioria apretó los puños con coraje, de solo imaginarlo sentía que la ira lo volvía invadir. Milo también se sintió fatal. El miedo le volvió a invadir. Se inclinó entonces hacia el castaño y lo abrazó fuertemente, como buscando cobijo y protección entre sus brazos.
-!Lo sé, perdóname Aioria! !Tuve mucho miedo! ¡Gracias por rescatarme!-Milo soltó un par de lágrimas, Aioria lo abrazó con más fuerza apretándolo sobre su fuerte pecho.
-Tranquilo, siempre estará aquí para protegerte, lo prometí,¿Recuerdas?-
Tiernamente besó la cabeza del menor e inhaló su aroma. Milo se sintió tan protegido que no queria soltar ese cálido y fuerte pecho. Realmente tener a Aioria con él era como en sus sueños. De esos de los que no le gustaba despertar. El cuerpo del castaño se sentia bien. Él también inhalo el aroma que desprendía su amigo. Dio un fuerte suspiro y cerró sus turquesas. Sabia que Aioria nunca romperia su promesa y siempre estaría con él.
Los segundos pasaron para convertirse en minutos, pero ninguno queria romper ese abrazo. Aioria recorrió con su mano la nuca del menor hasta llegar a su cintura y acariciarla. Durante el trayecto de su mano, había jugado con los mechones de esa abundante y rebelde cabellera que tanto le enloquecia. Un delicioso aroma a manzanas llegó hasta sus fosas nasales que aspiró fuertemente. Tomó uno de los mechones del menor y lo llevó hasta su rostro para olerlo mejor. Definitivamente Milo era especial para él. Siempre lo habia sido ¿Por qué entonces se negaba aceptarlo? ¿Seria el rechazo? Entre ellos había un lazo tan poderoso que su intuición no le habia fallado. Ahora entendia esa necesidad de ir al encuentro del heleno menor. Si él no hubiera llegado a su encuentro probalmente Milo ahora estaría...No, no quiso ni imaginarlo.
-Milo, me asustaste mucho, por favor no vuelvas hacer -Seria la tercera vez que se lo decia, pero no importaba.
-No, nunca, te lo prometo-
Milo se separó del abrazó de Aioria para que ambos pudiera chocar sus miradas. Sonrió cuando descubrio su mechon atrapado en la mano del castaño.
-Fui un estúpido, fui fácilmente engañado por esa mujer. Además...-El helno hizo una pausa, como meditando lo que diría después -A mi no me gustan los hombres...Tu lo sabes ¿Verdad?-Milo lo dijo como un decreto. Más su voz no sonaba tan segura
-Lo sé Milo...-
Aioria con algo de nostalgia. Por alguna razón no le gustó escuchar eso. Como siempre, solo le sonrió con empatía, pero entonces sintió la mano de Milo sobre su mejilla. Eso lo descolocó por un segundo.
-Entonces ¿Por qué no puedo olvidar nuestros besos Aioria?-
Aioria se congeló. Sus ojos se abrieron como platos y ambos se quedaron mirando fijamente. Nunca pensó que volverian hablar del tema pero se daba cuenta de que estaba no lo había olvidado, así como él nunca lo hizo
Pero¿Por qué ahora Milo traía ese recuerdo enterrado por años? Pensó que ya lo habían olvidado.
Aioria agachó la mirada y tomó las manos de Milo entre las suyas, tiernamente las llevo hasta sus labios y las beso tiernamente.
-Pensé que nunca hablaríamos de eso...-
-¿Tú lo has olvidado? Porque yo no...-Milo le miró esperanzado. Aioria acuñó entonces su mejilla con su mano y lo atrajó hasta él. El castaño se inclinó y juntó sus labios con los de Milo. Fue un beso casto y necesitado. Realmente había soñado tanto volver a probarlos.
-Nunca...-Fue su respuesta para volver a chocar sus labios con los del heleno.
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