Este no es un capitulo como tal es solo como su nombre lo dice un paréntesis, que surge a raíz de una necesidad mía de querer experimentar y darle un poco más de expresiones a los personajes y que contrario a lo que puede pensarse, son chicos que están en la flor de la edad y que casi siempre en esas primaveras te dejas llevar por lo que tu cuerpo siente a lo que tu cabeza te dice. Y a los que les agrade la pareja Ranma x Ukyo, puedan disfrutar de este breve momento escrito y tal vez sirva para mí para después escribir algo un poco más atrevido y picaresco.

Interludio.

Hace unos días.

Ukyo a regañadientes asistió al colegio. No encontró ni tuvo pista alguna de Kuno o Ranma y era de esperarse, fue asediada por preguntas incomodas de sus compañeros de clases, los rumores se extendían rápidamente. Se encontró con Akane antes de salir, acordó ir al Dojo pero antes iría al Ucchan para recoger algunas cosas y a su amigo.

La castaña avanzaba a pasos agigantados, absorta en los difíciles momentos que debían afrontar. Una voz que venía de detrás de ella, le saco de su letargo. –Buen día señorita Kuonji quisiéramos hablar con usted un momento. - volvió y miro a Sasuke y a su lado Kuno, aún bastante mermado.

- ¡¿Qué quieren ustedes dos?!- La chica saco su frustración acumulada de ese día y el anterior en esa interrogante.

-Mi bella señorita Ukyo, quisiera poder hablar con usted.-

La castaña entrecerró los ojos un momento. -¡Qué diablos!, primero me las pagaras por herir a mi Ran-chan.- apuntando a Tatewaki.

-Tomémoslo con calma, yo vine aquí solo porque quiero tu felicidad. -

La castaña le miro con desconfianza. - ¿Qué demonios quieres decir? -

-Se lo sola que debes sentirte, siempre a la sombra de Akane y que al final Ranma inevitablemente la preferirá a ella. -

-¡Cállate!, no sabes nada.-

-¿No?- Kuno pozo una mirada que le atravesaría no solo el cuerpo sino el alma misma a quien se le la dirigiera.

La chica sintió de inmediato la presión que en ella ejercía, la inquietud le comenzaba a dominar.

Sasuke observaba a Ukyo con senda indagación.

-Si tienes algo que decir dilo ya. -

-Mi agraciada y bella Ukyo, yo mismo me perdería en tus profundos ojos marrones el resto de mi vida sino fuera porque mi existencia entera le pertenece a mi amada Akane.-

Ukyo no supo cómo responder.

El chico prosiguió. –Es por eso que te daré lo que más felicidad puede causarte, a cambio solo pido que luches por mantenerlo a tu lado.-

-¡Explícate!-

-Mi compromiso con mi bienaventurada Akane, va a seguir hasta el final, de eso no tengas duda alguna, pero para que todo resulte de buena manera para todos es imperante que tú y Ranma tengan un final feliz, el mejor destino para todos.-

-Dejame entender esto, ¿Me estas pidiendo ayuda para separarlos?-

-Siempre has ayudado a todos, lo has dado todo a cada momento, por nada, admirable, pero ello nunca ha hecho que el amor de tu vida te preste siquiera atención y esta vez te pido que, solo, por esta ocasión veas por tu felicidad.-

La chica hacia el esfuerzo por responder. –No voy a dejar a mis amigos.-

-En absoluto, dejar que ellos terminen juntos, como sus padres en total egolatría desean que ocurra sin tener miramiento a lo que a ti y a tu padre prometieron… ¿Aceptar eso? ¡nunca!, yo cobrare mi deuda y ya es tiempo de que tu tengas lo que justamente te corresponde.

Ukyo no sabía hacia dónde mirar, Kuno y Sasuke seguían firmemente plantados en el asfalto, sin intención alguna de ceder.


Ahora, 3 días para la boda.

La castaña gemía entre sollozos en los brazos de su más grande amor hasta ese momento.

-¿Que te ocurre?-

-Ran-chan, tenemos que ayudar a Akane!-

-¡¿Tú también Ukyo?!-

-No lo entiendes Ranma…-

-¡No!-

La cocinera callo un segundo y con un hilo de respiración que mantenía entre dientes intento continuar -pero…-

-Todo esto es mi culpa.- dijo el chico de la trenza con la mirada perdida.

-¿Qué?- La castaña no entendía.

-Si yo hubiera vencido a Kuno cuando me reto, nada de esto hubiese pasado. -

Ukyo tomo la barbilla de su amado con sus delicadas manos mientras seguía recargando su cuerpo en el. -No digas eso cariño, no fue tu culpa… simplemente no estabas preparado.-

-¡Debi estarlo!, soy yo quien debe mantener el honor del Dojo y su mano…- el chico comenzaba a apretar los labios fuertemente.

-No era tu responsabilidad, tu padre y el señor Soun…-

-Akane contaba conmigo, yo se lo prometi.- Ranma corto la frase de la chica, haciendo mueca de desaprobación para sí.

Ukyo comenzaba a darse cuenta de que podría tener en presencia al chico de la trenza, pero su mente y sentimientos estaban con Akane.

-¿La quieres a ella?- Ukyo sabía que ese era el momento preciso, fuese cual fuese la respuesta, solo quería escucharlo de sus labios.

-Yo… lo siento U-chan…-

La chica clavo su mirada en los profundos ojos azules del chico, que a cada centímetro que se acercaba al rostro de el miraba como su iris palidecía y pasaban de un azul marino a un azul Persia hasta casi duda si realmente no eran grisáceos y mientras la chica se perdía en ellos, el chico caía hipnotizado en la cauta mirada de la cocinera que contenía un toque de malicia. Ukyo se jugó el todo y se lanzó en un impúdico y apasionado beso sabiendo que no habría un después.

Ranma primero intento apartarse, pero al sentir más y más los tibios labios de aquella chica insondablemente enamorada y la delicadeza con la que le acariciaba primero el mentón y después el pecho de apoco cedía, entre la agitada respiración y los leves gemidos de Ukyo, el chico caía mas y más a sus instintos. -¡Espero u-chan!- El chico de la trenza trato de apartarla nuevamente mientras se debatía entre la culpa por sus sentimientos hacia Akane y ese impulso del que todo hombre tiene debilidad.

La castaña en el calor del momento acallo todo intento de duda con un nuevo beso desenfrenado pasando sus manos de arriba abajo en el torso del chico de la trenza. Ranma claudico totalmente a sus instintos y mientras los jadeos de ambos chicos aumentaban y el fervor de sus cuerpos subía repentinamente, el acaricio primero la mejilla y los labios frágilmente de ella con la yema de sus dedos, hasta que bajo a la cintura de la chica que apreso suavemente con las manos y que recorría con un gesto cariñoso, con suerte de ella bajaría un poco más.

Tal vez Akane tendría su amor el resto de la vida, pero nadie podría evitar que ella lo tuviese ese día para sí sola.

Continuara...