Lazos del destino


Capítulo 2

Comienzo


Los rayos de sol se filtraron por la ventana como cada mañana, pero no fueron los culpables de despertarme de mi apacible sueño, sino el intenso olor a campo y a frescura procedente del bosque contiguo. Mentiría si dijera que no me había acostumbrado a despertarme de aquella forma, sin embargo, cada día seguía sorprendiéndome positivamente.

Salí con cuidado de la cama, con calma. Me sentía con fuerzas suficientes para efectuar cualquier tipo de tarea pero era conveniente no apresurarse ni hacer movimientos bruscos recién levantada. Aún era temprano, probablemente las siete de la mañana.

Abrí la puerta silenciosamente para no hacer ningún ruido, quizás aquella mañana coincidiría con Levi, aunque en realidad prefería estar completamente sola. Por algún motivo, cada vez que merodeaba cerca de mi me sentía terriblemente tensa. Además, a eso había que sumarle su habilidad para introducirse en las habitaciones sin ser detectado. En contadas ocasiones me había sorprendido al encontrármelo cerca, aunque no lo había demostrado.

Por suerte, Levi debía haber salido porque no lo encontré en el piso inferior. Aquellas dos semanas me resultaron realmente útiles para comprender cómo funcionaban las cosas en aquella casa, pues como era sabido, cada hogar se rige por unas reglas establecidas en familia, y aquel lugar no era la excepción. Solo debía hacerme a ellas y comprenderlas. Por ello, Kimber y yo limpiábamos la casa cada mañana, después de eso preparábamos la comida para ambas, pues Levi no regresaba para el mediodía. Por la tarde, solíamos dedicarnos tiempo a nosotras mismas con diferentes tareas que nos entretuvieran. Normalmente, salíamos al exterior para dar un paseo o cuidar la huerta. En una ocasión incluso nos introdujimos en el bosque sin adentrarnos demasiado. Debía admitir que me sentí renovada cuando, tanto Kimber como yo, bajamos una pequeña cuesta corriendo y rodando sobre la fresca hierba. Claro está, a Levi esto no le hizo demasiada gracia, y cuando regresamos ya había oscurecido un poco. Para nuestra mala suerte aquel día llegó antes de tiempo a casa, ya tenía la cena lista para los tres y nos acusó con la mirada por todo el barro que llevábamos encima.

Por lo general, Levi salía extremadamente temprano de casa, no sabía exactamente la hora pues tampoco había alcanzado a verlo con mis propios ojos. Regresaba para la hora de cenar aunque en ocasiones llegaba tan tarde que no aparecía antes de que nos fuéramos a dormir. Cuando así ocurría, se aseguraba de llamar al teléfono fijo de la casa para que no lo esperáramos. Quizás ni siquiera llegara a regresar en toda la noche, quién sabe.

No sabía a qué se dedicaba, y tenía la impresión de que seguiría sin saberlo cuando me marchara de allí. Pero como en más de una ocasión me había dicho a mí misma, no era algo que me incumbiera. Yo solo era una simple visita que debía pasar los días en una casa alejada de la mano de dios por obligación, ellos, por su lado, también debían aguantarme a mí. Así que cuando pasaran los tres meses, todos volveríamos a nuestras vidas y nadie tendría que cumplir con algo a disgusto.

Una vez me hube preparado y tras terminar de recoger mi habitación, bajé silenciosamente las escaleras. Kimber acostumbraba a levantarse bastante pronto, a aquellas alturas había llegado a la conclusión de que se debía a la claridad, pues ella tampoco tenía persianas en su cuarto. Sin embargo, la pequeña tenía la capacidad de resistirse durante una hora más, al contrario que yo. Por eso, no quería ser la causante de su despertar.

La cocina estaba tal y como la habíamos dejado la noche anterior después de la cena. Levi se había encargado de no dejar ni rastro de su desayuno, salvo un ligero olor a tostadas y café. Además de la mesa preparada para cuando nosotras nos despertáramos.

-No hacía falta… -susurré al tiempo que suspiraba. Estaba todo perfectamente colocado y en parte me sentía mal por aquello. No tenía nada que hacer en todo el día, así que tampoco era necesario que él llevara a cabo ese tipo de detalles si se pasaba la mayor parte del día en el trabajo.

Me acerqué a por dos rebanadas de pan que estaban perfectamente colocadas en un cestito de mimbre y entonces vi la nota que había dejado tras el mismo:

"Volveré tarde. No me esperéis para la cena."

Levi.

Breve pero conciso, tal y como esperaba de él. En todo el tiempo que llevaba allí solo en una única ocasión se había saltado la cena y fue porque estaba tan agotado que le superaban las ganas de dormir. Sin embargo, no me permitió tirar la cena, y a la mañana siguiente se lo tomó a modo de desayuno, pues una de las cosas que más detestaba era desperdiciar la comida.

Al levantar la vista del trozo de papel divisé de reojo una silueta que se había movido con agilidad de un lado al otro de la puerta. En cualquier otra situación me habría tensado, pero sabía a la perfección quién era. No era la primera vez que Kimber trataba de acercarse a mí para sorprenderme sin éxito. Decidí pasar por alto el hecho de que ya la había pillado y continué preparando el desayuno, en esta ocasión rellenando también una segunda taza de leche.

Debía reconocer que la pequeña sabía ingeniárselas bien para no ser escuchada. Conocía al dedillo los tablones de madera que crujían al pasar sobre ellos, pues no pisó ni uno solo. Sin embargo, aquello no servía para hacer frente a mis buenos instintos. La noté junto a mí cuando se decidió a gritar a pleno pulmón para sorprenderme.

-¡BU!- gritó con todas sus fuerzas. Me giré a mirarla, aún tenía cara de recién levantada pero sus ojos brillaban con intensidad y nuevamente me mostraba sus blancos dientes en una amplia sonrisa que no podía resultar más cálida.

-Vas mejorando.- contesté. No sería muy buena idea mentir y hacerme la sorprendida porque Kimber me pillaría a la primera de cambio.

-¡Pensaba que esta vez lo conseguiría!- se quejó dejando caer sus brazos desesperada. Estaba empeñada en asustarme de alguna forma y aunque no lo conseguía, seguía intentándolo cada día. – ¿No te has asustado ni siquiera un poquito?

-Me temo que no.

-Debes ser imposible de asustar, Mikasa.- comentó al tiempo que se acomodaba en una de las sillas de la mesa. Las tostadas ya estaban preparadas. –A papá tampoco soy capaz de asustarlo… ¡así no es divertido!- volvió a quejarse pegándole un fuerte mordisco a tostada, sobre la que había extendido una capa de mantequilla y otra de mermelada de melocotón y la que se disponía a untar en la leche. -¡Ya se! Asustaré a Petra, ayer Papá dijo que vendría para ayudarnos con los tomates.- la sonrisa de Kimber se transformó en una malévola que de algún modo seguía manteniendo su lado dulce.

-No deberías jugar así con Petra…- le aconsejé pero no me estaba escuchando.


La mujer acababa de tranquilizarse del sobresalto. Ambas nos encontrábamos agachadas recolectando los tomates que mejor aspecto tenían. Nunca antes había experimentado algo así. Aquello no tenía nada que ver con la verdura que se compraba en los supermercados, parecían muchísimo más apetitosos y estaba convencida de que también los superarían en sabor. Sobre todo teniendo en cuenta que cuyo cuidador era alguien como Levi. Seguramente sería realmente cuidadoso con todo lo que cultivaban en la huerta. No sabía de dónde sacaba el tiempo porque aquello requería un cuidado intensivo y apenas le daban las horas para dormir.

-Siento lo de antes, Petra.- le dije en voz baja. Sabía que Kimber me acababa de escuchar, a pesar de ignorar mis palabras y alejarse un poco de nosotras para recolectar los tomates del otro extremo. Apenas llevábamos media hora y ya habíamos llenado dos cestos de enormes y relucientes tomates.

-No te preocupes, Mikasa. No es culpa de nadie, además, soy yo quien debería andar con más cuidado. Sobre todo, a sabiendas de que Kimber es toda una bromista.- sonrió. En sus palabras no pude encontrar ni un ápice de reproche, era sincera al cien por cien. Cuando llegó en un coche desconocido, el de una amiga suya que le acercó hasta la casa y que la recogería a la vuelta, traté de avisarla de que la pequeña se había escondido para asustarla pero no llegué a tiempo porque Kimber ya se me había adelantado. Petra estuvo a punto de caerse tras haber trastabillado con sus propios pies y aún así, no se quejó de ello ni una sola vez.

La miré de reojo, estaba completamente concentrada en lo que hacía. Los guantes de jardinería le quedaban aún más grandes que a mí. Repasé su rostro dulce. Petra era una buena mujer, amable, responsable y muy agradable, por eso no acababa de entender que Levi y ella no estuvieran juntos. Aunque él era difícil de tratar, estaba convencida de que alguien como Petra sería perfectamente capaz de llegar hasta él y de romper aquella barrera que había construido a su alrededor para que nadie pasara y contemplara su interior. Quizás sí que hubiera algo entre ellos y preferían mantenerlo en secreto, a lo mejor cuando lograra tener algo más de confianza con ella podría contármelo.

-Kimber, lleva estas cestas dentro.- le pedí a la pequeña. No sé si se arrepentía de lo que había hecho antes, quizás me había pasado un poco al echarle una pequeña reprimenda por lo que había hecho pero desde entonces no me había dirigido la palabra. Sin embargo, en cuanto me oyó dirigirme a ella me mostró una amplia sonrisa y unos ojos brillantes como el sol.

-¡Sí!- contestó con entusiasmo. Cogió ambas cestas de mimbre para introducirse en la casa de nuevo. –Mikasa, ¿puedo comerme este tomate de aquí?- me consultó, a lo que yo respondí con un asentimiento de cabeza. –Prepararé también algo de beber para vosotras.- y así, desapareció en el interior al tiempo que daba saltitos de alegría. Estuve a punto de sonreír, pero lo hizo Petra en mi lugar.

-Parece que ya os lleváis muy bien.

-Lo raro es no hacerlo, Kimber es una niña muy alegre y vivaz.- Petra asintió a mis palabras dándome toda la razón.

-A pesar… de no tener una madre. Levi está haciendo un buen trabajo criándola.- añadió la pelirroja con un deje de tristeza.

-Es cierto, pero tú también le echas una mano con eso, Petra.- miré de reojo a la mujer y pude detectar un pequeño sonrojo. Mis sospechas desde el primer día que había llegado no eran erróneas. Petra sí que parecía sentir algo más por Levi, por mucho que tratara de evitar el tema o ignorar mis palabras. Aunque tampoco tenía intención de forzarla a abrirse conmigo. –Oye, Petra, ¿qué pasó con la mujer de Levi?

Aquel me pareció el momento propicio para tratar de indagar un poco en el tema, pues Levi no estaba cerca y Petra no le diría nada sobre mi pregunta. Además, Kimber seguía en la cocina lavando el tomate y comiéndoselo a palo seco. El silencio nos envolvió a ambas durante unos segundos que parecieron eternos, probablemente la mujer se planteaba si sería buena idea o no compartir la información que sabía conmigo. Pero acabó hablando, pues sabía que yo esperaba una respuesta.

-Mikasa… en realidad no se mucho del tema. Conozco a Levi desde hace dos años, no es tanto tiempo como puede parecer– dejó lo que estaba haciendo para sentarse unos instantes y secarse el sudor de la frente, era temprano pero el sol a lo alto del cielo cada vez calentaba con más intensidad. –En todo ese tiempo, no he hablado con él de ese tema ni una sola vez. Tampoco me ha contado nada al respecto.- me sentí frustrada al ver que ni siquiera ella, probablemente una de las personas más cercanas a él, podría saciar mi curiosidad. –Pero tengo entendido… que su mujer murió en un accidente.- la sorpresa se vio reflejada en mis ojos, estoy segura de ello porque no pude evitar abrirlos de par en par. De algún modo albergaba esperanzas de que la madre de Kimber aún siguiera con vida en alguna parte. Su pérdida tuvo que ser dura para ellos.

-Pensé…

-Que seguiría viva, ¿verdad?- me cortó ella mirándome fijamente. Comprendía cómo me sentía en aquel momento, lo veía en su cara. –Yo también lo pensé cuando me lo dijeron. A veces, me pregunto qué tipo de mujer sería… pero estoy segura de que debía sentirse realmente afortunada de tener una familia así.- Petra sonrió ante su propio pensamiento pero solo me transmitió tristeza, como si fuera algo totalmente inalcanzable para ella.

-Su trabajo… ¿sabes algo de eso?- la saqué de su ensimismamiento, pues no quería seguir con un tema que la pondría triste y al mismo tiempo quería seguir calmando mi curiosidad. Pero entonces Kimber hizo su llegada y tuvimos que dejar de lado la conversación, aunque probablemente ya no volvería a tener la oportunidad de preguntar.

-¿De quef hablafais?- preguntó Kimber con medio tomate aún en la boca. Coloqué una pequeña banqueta de madera entre Petra y yo para que la pequeña pudiera depositar ahí la bandeja con los refrescos. Por lo que pude ver, había llenado tres vasos anchos de la limonada que habíamos preparado la tarde anterior entre las dos. Pensé que se olvidaría de la conversación que manteníamos pero parecía ser que tanto Petra como yo nos habíamos callado repentinamente con su llegada y eso le hacía sospechar que tramábamos algo, así que volvió a preguntarnos por ello.

-No creo que sea algo que quieras saber, Kimber.- contestó Petra jugando sus cartas con la niña, aunque yo no sabía qué planeaba con aquello. Sin embargo, tal y como había esperado, la pequeña insistió en querer saberlo. –Mikasa y yo hablábamos sobre tu cumpleaños.

-¡Es en diez días!- gritó entusiasmada tragándose de golpe lo que le quedaba de tomate. Se tiró a los brazos de Petra y ella la sentó sobre su regazo. –No hace falta que me regaléis nada, me conformo con que vengáis a mi fiesta de cumpleaños.

-Eres una pequeña mentirosilla, Kimber.- le echó en cara Petra al tiempo que apartaba algunos mechones de pelo de su cara. –Estás deseando recibir tus regalos, a mi no me engañas.- la niña le sacó la lengua para hacerle una mueca de disgusto, pues no había logrado ocultárselo. Y entonces se levantó un remolino de carcajadas provenientes de la pequeña porque Petra comenzó a hacerle cosquillas por la cintura. Aquella escena me resultó realmente tierna. Ciertamente, Kimber no tenía madre pero estaba segura de que Petra era lo más parecido a una madre que podía tener, y la mujer se portaba como tal. Petra había aportado mucho a aquella familia y seguramente, tarde o temprano, sus anhelos se cumplirían y tendría la oportunidad de formar parte de ella.


Cuando dieron las once de la noche, Kimber se quedó dormida como un tronco en el sofá de la sala de estar. Habíamos preparado una deliciosa ensalada en la que el ingrediente principal habían sido los tomates recogidos en la huerta. También hicimos una tortilla de patata y espinacas. En un principio, Kimber se negó a comerla, su aspecto dejaba mucho que desear, a pesar de haber seguido las instrucciones de un libro de recetas que encontramos. Pero en cuanto la probó no pudo dejar de comer.

Más tarde, se puso a leer un cuento que Petra le había regalado, uno que le gustaba mucho y que lo leía cada día. Podría decirse que se lo sabía de memoria. Cada noche, antes de dormir me ponía un rato con ella para obligarla a leer, aún era pequeña, estaba aprendiendo y debía ganar fluidez. Aunque admitía que para su edad, leía bastante bien, mejor de lo que se podría esperar.

Pasó un rato en el que escuché su vocecilla y fue entonces cuando miré a un lado para verla recostada sobre mi brazo. Parte de su flequillo negro tapada su pequeña y angelical cara. Así de cerca sus pestañas parecían ser aún más grandes de lo que aparentaban. Dormía plácidamente, su respiración lenta y profunda me lo indicaba. Y no podía ser de otra forma tras haber agotado sus energías ayudándonos a recolectar los tomates. Además, tras eso, se había dedicado a corretear por el terreno jugando con una pelota. Tendría que estar agotada.

Con cuidado de no despertarla, la cogí en brazos permitiéndole apoyar su cabeza en mi hombro y sujetándola por atrás. Pesaba muy poco. Subí los escalones hacia el piso superior y después la dejé en su cama. Antes de marcharme y apagar la lamparita de su mesilla de noche, deposité un pequeño beso en su frente deseándole buenas noches, y me dio la sensación de que por un instante sonreía pero no le di importancia.

Con la casa para mi sola, recogí el salón. Era tarde y no había rastro de Levi, así que probablemente no aparecería aquella noche. Tomé un libro de recetas de la estantería del salón y lo subí a mi cuarto para hojearlo en mi escritorio. Me pareció una buena idea buscar recetas de tartas para poder preparar una para el cumpleaños de Kimber. Petra ya me había dado su visto bueno ofreciéndome ayuda con todos los ingredientes que pudiera necesitar para ello. Aún recordaba la tarta que solía preparar de pequeña junto a mi madre, pero revisar otras opciones no era mala idea.

Cogí un trozo de papel para apuntar los ingredientes. Lo mejor sería mezclar ambas recetas para darle un toque de originalidad. No se me daba mal la repostería, podría hacerlo. A medida que pasaban los minutos comencé a sentir el cansancio que hacía mella en mí, y al final, sin percatarme de ello, me quedé dormida sobre la pila de papeles.


Miré la hora en el reloj, había permanecido en aquella postura dolorosa un total de dos horas y media. Al día siguiente me arrepentiría de haberlo hecho y lo sabía, pero no había nada que pudiera hacer para remediarlo. El cansancio era superior a mí en aquel momento, por eso, me dirigí al baño para prepararme antes de meterme en la cama.

La casa permanecía en penumbras, tal y como la había dejado antes de encerrarme en mi cuarto. Pasé por delante de la habitación de Levi y me tentó asomarme para ver si había vuelto, quizás lo había hecho durante el rato que me había quedado dormida sobre el escritorio, pero entonces recordé sus frías palabras. Y, en efecto, no había motivos para hacerlo y enfurecerlo. Me quedé unos instantes parada frente a ella. Apenas podía distinguirla en la oscuridad, ni siquiera sabía si él estaba en el interior pero traté de detectar su presencia de alguna manera. Cuando estuve a punto de irme, mi mano se dirigió automáticamente hacia la manilla y en mi interior los nervios comenzaron a apoderarse de mí. No debía pero algo me obligaba a ello. Aquellas sensaciones tan contradictorias no me dejaban decidirme. Las yemas de mis dedos tocaron el mango de la puerta sutilmente hasta que un ruido en el piso inferior me sobresaltó y me hizo retroceder unos pasos.

La imagen de Levi me vino a la cabeza al instante, pues debía ser él. Me giré para mirar a la parte de abajo y la luz de la cocina estaba encendida. La sombra de la silueta de Levi se proyectaba en el suelo y por los ruidos que estaba haciendo, o bien estaba demasiado agotado como para esquivar los objetos que se iba encontrando, o por otro lado, estaba siendo extrañamente torpe aquella noche. En cierto modo, a pesar de haber sentido unos nervios terribles por si me pillaba con intenciones aparentes de colarme en su habitación, sentía alivio al saber que estaba de regreso sano y salvo.

Me introduje en el baño con rapidez, cerrándolo con pestillo. Aunque dudaba que me fuera a decir algo por seguir despierta, por algún motivo, prefería no cruzarme con él. Si hacía algo de tiempo, probablemente cuando volviera a salir, Levi ya se habría encerrado en su habitación y no me lo cruzaría por el pasillo. Y así lo hice.

Tardé un buen rato en salir de allí, no sé exactamente cuantos minutos permanecí dentro, quince o veinte, quizás. Los suficientes como para asegurarme que no me llevaba ninguna sorpresa. Y también, los más largos de mi vida, hacer tiempo de aquella manera no era nada agradable ni divertido, menos aún a las dos de la mañana.

Intenté ser lo más silenciosa que pude al abrir la puerta, pero ésta crujió en cuanto la moví unos centímetros de su lugar. La oscuridad había vuelto a inundarlo todo por completo, al igual que al principio. Al menos, eso creí hasta que pasé a tientas por delante de las escaleras y pude detectar una débil luz al fondo del salón. Me habría ahorrado muchos inconvenientes si me hubiera ido directamente a mi habitación. Esa era la sensación que tenía, la de que no debía estar en ese lugar en ese preciso momento, pero aún así, a pesar de todo bajé.

Las piernas me pesaban más con cada escalón que bajaba, en mi cabeza me repetía constantemente los pasos que debía llevar a cabo: bajar, apagar la luz y regresar a mi cama. Probablemente Levi habría olvidado apagarla. Por un momento me sentí estúpida al pensar aquello, en poco tiempo había llegado a conocer aspectos muy marcados e importantes sobre su personalidad. Y a cualquiera remotamente cercano a él, le extrañaría que se hubiera dejado una luz encendida. Eso pensé. Sin embargo, también me habría costado creer que Levi se pudiera tropezar con los muebles de la cocina, y así había sucedido. Por lo tanto, no había más opción que aquella.

Terminé de bajar, aunque la puerta estuviera entreabierta no pude ver nada del interior hasta que me situé junto a ella. De no ser por mi buena vista, no habría detectado la falta de oscuridad de aquella zona, pues la lámpara encendida permanecía en un rincón alejado y su funcionamiento no obstaculizaba demasiado la penumbra.

Asomé la cabeza casi con total tranquilidad, pues estaba más preocupada de que Levi viniera por detrás y me sorprendiera allí. Y en cuanto lo hice, tardé un par de segundos en retractarme y esconderme. Ese breve instante había sido más que suficiente para contemplar con detalle la escena.

Efectivamente, la lamparilla permanecía encendida y alumbraba más bien poco. Junto a ella, en el sofá, estaba Levi, aparentemente dormido. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los brazos a ambos lados. Los ojos cerrados y algún que otro mechón de pelo negro sobre sus ojos. Permanecía en una postura tranquila y relajada, con respiración lenta. Lo que me llevó a pensar que se había quedado dormido en su lugar. Me llamaron la atención las botas altas y gruesas que solía llevar, pues estaban tiradas de cualquier forma junto a él y además, tenían barro y suciedad. Entonces, me pregunté seriamente si debía empezar a preocuparme por su estado tan lamentable.

-Eh… qué haces ahí.- escuché su voz profunda y agotada. El bello de los brazos se me erizó, pues un escalofrío me recorrió todo el cuerpo cuando habló. Ya no tenía escapatoria, así que volví a entrar en la habitación a la expectativa de lo que me diría.

Levi ahora se había incorporado, tenía ambos brazos apoyados sobre sus rodillas y permanecía un poco encorvado hacia adelante. Su mirada penetrante me traspasaba y seguía cada uno de mis movimientos. En cuanto me acerqué un poco más a él, noté cómo su cuero se tensaba ligeramente, como si mi presencia le disgustara. Por otro lado, yo estaba tranquila, o eso me aseguraría de hacerle ver a él.

Seguí sus mismos pasos y comencé a repasarlo con mi mirada. Ahora que estábamos más cerca, no tardé en fijarme en sus nudillos repletos de sangre reseca que había emanado de sus propias heridas. También podría asegurar que había recibido un golpe en la mejilla porque esta tenía un ligero color rosado, algo evidente teniendo en cuenta la palidez natural de Levi. Pasé una vez más mi mirada por sus facciones bien marcadas y definidas para encontrarme esta vez con una pequeña herida en su ceja, la cual permanecía oculta.

-Me he despertado…- susurré por si aún esperaba una respuesta por mi parte. Y mis palabras solo le arrancaron un pequeño suspiro. Se llevó una de las manos al puente de la nariz para masajearlo ligeramente. Todavía llevaba la ropa de calle puesta, aquella que habría usado a lo largo del día.

-Deberías irte a dormir.- contestó seco casi a modo de orden. Pero su advertencia no produjo ningún tipo de efecto en mí. En vez de eso, me moví con rapidez en silencio para hacerme con el pequeño botiquín que se encontraba en uno de los cajones de los muebles que decoraban el salón. Hacía un par de días Kimber se había cortado mientras jugaba fuera y ella misma me había enseñado dónde se encontraba aquella caja.

-No soy yo quien parece estar muriéndose de sueño.- dije a sabiendas de que con aquello podía parecer que le estuviera retando de alguna manera. Aparté un poco la lámpara de la mesilla para hacerle hueco al botiquín y procedí a abrirlo.

-Qué crees que estás…- su mirada me había perseguido durante aquellos minutos como si estuviera alerta ante mis acciones. Lo ignoré y continué con lo que estaba a punto de hacer. Acerqué una de las sillas para poder tomar asiento junto a él, tomé primero su mano derecha y la coloqué sobre mi pierna para poder tener un mejor acceso a sus nudillos. Percibí cómo se estremeció ante aquello, pero no le di importancia. Tomé un paño limpio y lo mojé en desinfectante que después apliqué sobre las heridas. Repetí el mismo proceso en la otra mano y después las cubrí con unas vendas.

Al principio la mirada de Levi me ponía nerviosa, contemplaba cada uno de mis movimientos, como si los juzgara pero no hacía ningún comentario al respecto. Cuando terminé con sus manos pasé a su mejilla, ahí poco podía hacer. La limpié con agua y un paño intentando no presionar demasiado fuerte, aunque no lo escuché quejarse en ningún momento, ni reaccionar al dolor.

Por último, me levanté de la silla para acercarme más a su cara. Centré toda mi atención en su ceja izquierda, la mejor iluminada de las dos. Aunque eran finas el bello oscuro ocultaba la herida con facilidad, pero no pasó desapercibida para mis ojos. Hice lo mismo que con los nudillos, mojé un paño en desinfectante y lo apliqué con pequeños toques sobre la herida. No era profunda y por tanto no necesitaba puntos. A tan pocos centímetros de distancia podía escuchar su respiración con mucha más facilidad. Al final, eliminé todo rastro de sangre de su rostro, aunque seguía teniendo un aspecto un tanto horrible por la falta de sueño.

-Por qué has hecho eso.- soltó a modo de pregunta cuando estaba a punto de terminar.

En realidad no tenía respuesta para aquello, hice lo mismo que había hecho en el caso de Kimber. No era nada fuera de lo normal, además, podía haberse negado a que fuera yo quien tratara sus heridas y por el contrario, se había quedado estático en su sitio. Me sentí incapaz de encontrar las palabras adecuadas para contestarle, así que seguí mi camino. Dejé a un lado el material utilizado y recogí el resto de las cosas para guardarlas de nuevo en la caja.

Tras aquello, me aparté de su lado y me di media vuelta para guardarlo en su sitio con cuidado. Después me giré lentamente y me vi acorralada contra el mueble tras de mí. Levi se había acercado sigilosamente hasta donde yo estaba y había colocado con algo de brusquedad una de sus manos contra la superficie de madera a mi espalda. Por un instante pensé en que aquel golpe podría haber abierto una de las heridas en sus nudillos, pero era evidente que a él eso no le importaba.

La distancia entre ambos era escasa y yo no sabía qué pensar ni cómo sentirme. Su brusquedad debía atemorizarme y sin embargo no sentía miedo, ni siquiera ante aquella mirada gélida que de alguna forma parecía arder. Sus ojos mostraban fiereza a pesar de mantenerse tranquilos, como si tuviera todo bajo control, pero parecían buscar algo en mi, algo que yo desconocía. La luz se reflejaba en su piel nívea, casi tan pura como la mía. Pero repleta de cicatrices, seguramente con un montón de historias detrás de cada una de ellas.

Bajé la mirada un poco, primero me fijé en sus notorias ojeras, más marcadas aún de lo que acostumbraban. A tan poca distancia observé la inexistente barba que pronto volvería a adornar su rostro a menos que la cortara a tiempo. Su usual camisa blanca pulcra, contenía manchas que podían pasar por café o barro, otra de las cosas que me extrañaban ver en él.

Pegué un pequeño bote cuando noté el roce de su rodilla contra mi pierna, lo que indicaba que había reducido aún más la distancia entre ambos. Los minutos transcurrían y nos encontrábamos en aquella extraña situación. Mi corazón comenzó a latir con fuerza ante lo que pudiera ocurrir, pues era totalmente imprevisible para mí.

Su aroma me llegó con mucha más intensidad que hacía un rato, una mezcla entre suavizante de la ropa, una discreta colonia que podría pasar por alto, algo de sudor y un toque a alcohol. Un olor extrañamente atrayente que no podía dejar de disfrutar cada segundo, me resultaba agradable y acogedor.

-Contéstame cuando te pregunto algo.- exigió entonces agarrando mi mentón con su mano libre y subiéndolo ligeramente para obligarme a mirarlo directamente a los ojos. Me transmitía tantísimas sensaciones al mismo tiempo que no alcanzaba a comprender ni la mitad de ellas. Su aliento se estrelló contra sus labios y entonces pude percibir un ligero olor a tabaco. Sus labios eran finos y perfilados pero tenían una bonita forma y parecían invitarme a algo desconocido que no alcanzaba a imaginar.

En ese momento, mi cuerpo no pudo aguantar por mucho más la compostura y comencé a temblar. Su tacto me quemaba dejando rastros bajo la piel. El ritmo de mi corazón no hacía más que acelerar de nerviosismo, y mi intención era ocultarlo pero las piernas también comenzaron a fallarme. Y entonces, supe que se había percatado de ello y del estado en el que me encontraba.

Su mirada severa se ablandó un poco en aquel momento, y acto seguido mostró dolor. Lo percibí durante un par de segundos antes de que se apartara de mí con la misma tosquedad con la que se había acercado. Y sentí frío hasta que volví a acostumbrarme. Estaba segura de que su intención no había sido otra que intimidarme para que no volviera a meterme en sus asuntos.

-Vete a dormir.- ordenó al tiempo que recogía las botas sucias del suelo, pero yo me mantuve en mi sitio unos instantes. Temía caerme de bruces si me movía repentinamente. Se dio cuenta de que seguía en mi lugar y entonces volvió a hablar con tono amenazante. –Limpiaré estas botas y recogeré esto. Espero que cuando termine ya te hayas ido.

-¿Siempre… trabajas hasta tarde?- me atreví a decir antes de que desapareciera. Me sorprendí yo misma de escuchar mi propia voz porque llevaba demasiado rato callada. Al igual que el primer día en el coche, no esperé respuesta, pero obtuve un asentimiento de cabeza.

-Olvida lo que has visto.- añadió. –Y no quiero ni una sola pregunta al respecto.- volví a congelarme. Me había tomado la libertad de sanar sus heridas y aunque no había sido algo inadecuado, debía dejar de lado el estado en el que lo había encontrado. Las múltiples heridas en su cuerpo y todo lo relacionado con aquello. Por mucha curiosidad que tuviera o por toda la preocupación que pudiera sentir, no debía ni podía mencionarlo nunca más. Solo suponer. Eso era lo que me pedía, y volví a sentir que era injusto con sus exigencias.

Pasó a la cocina dejándome allí en absoluta soledad. Su actitud había regresado a la misma de siempre, como si no hubiera ocurrido nada hacía tan solo unos pocos minutos. Casi me dio la impresión de haberlo soñado, pero no quería que algo así se repitiera ni tampoco hacerlo enfurecer por no cumplir algo tan simple como irme a la cama.

Me tomó unos pocos segundos volver a mi estado habitual y cuando lo hice, subí con tranquilidad las escaleras de regreso. Me introduje en la cama de inmediato con intención de dormir pero estaba más despierta que nunca con lo recién ocurrido y no pude conciliar el sueño hasta más de una hora después. Incluso podría asegurar haber escuchado a Levi recorrer el camino hasta su habitación y cerrar la puerta con llave.


¡Hola! He tardado mucho, lo sé. El verano me ha mantenido ocupada este año. Pero aquí os traigo el segundo capítulo. Y pronto me he propuesto actualizar también el de Aguas Oscuras, así que no tardaréis en volverme a ver por aquí. De momento, ya he cumplido.

Quiero daros las gracias a quienes me hacéis llegar vuestro apoyo. Me anima mucho saber que os gusta lo que escribo y me da fuerzas para seguir. En este fic estoy en un punto en el que no me motiva demasiado y por eso me cuesta ponerme pero las cosas se están poniendo interesantes entre Levi y Mikasa y no pienso abandonar el fanfic. Será interesante escribir los siguientes capítulos xD.

De todas formas, me gustaría agradecer en especial a Cerisier Jin por su apoyo y sus ánimos. Si no llega a presionarme como pedí, probablemente habría tardado más en seguir esta historia y no le habría dado prioridad. Por eso, te lo agradezco muchísimo ^^. Y lo dicho, me tenéis por mensajes y por twitter también, a veces necesito que me presionen y me recuerden que tengo obligaciones para meterme más prisa y actualizar. ¡Así que no dudéis en hacerlo si queréis!

¡Gracias por leer y hasta pronto!