Lazos del destino


Capítulo 5

Tormenta


Me prometí a mí misma que no volvería a cometer un error como aquel, no permitiría que jugaran de nuevo con mis sentimientos. En realidad, no era más que decepción y una pizca de resentimiento que con el pasar del tiempo se asentaría para acabar enterrado en lo más hondo de mi ser. O, por el contrario, se negaría a quedar en el recuerdo y solo acumularía mucho más rencor que me obligaría a detestarlo.

Desde aquella noche que preferí no recordar más, Levi no volvió a dar señales de vida. No era normal que se ausentara tanto hasta el punto de casi ni pasarse por casa. Aunque tampoco sabía si estaba en lo cierto porque no alcancé a comprobarlo. Si regresaba cada madrugada se las ingeniaba perfectamente para pasar desapercibido. Sobre todo con la herida en la pierna que debía estar dificultándole caminar correctamente. Por algún motivo, conociéndolo, estaría forzándose en exceso en lo que fuera que hiciera cada vez que salía de casa. Pero me encontraba demasiado cansada para darle vueltas continuamente a un sentimiento que, a causa de una promesa rota, había quedado hecho añicos.

No eran en sí las palabras que juró ante mí, ni el que se ausentara de su trabajo para descansar. Sino el simple hecho de no ser capaz de cumplir algo que él mismo había accedido a hacer. El no poder ofrecerme seguridad o confianza, el que hubiera decidido tirar por la ventana aquel momento íntimo y perfecto que ambos habíamos compartido, el cual quise suprimir con todas mis fuerzas porque estaba segura de que algo así no volvería a ocurrir. Jamás.


A tan solo cuatro días de irme de allí, Petra nos visitó con intenciones de pasar toda la tarde con nosotras. Kimber se empeñó en que hiciéramos unas galletas con nueces las tres juntas y no pudimos negarnos al ver tanto entusiasmo junto. Por ello, buscamos una receta fácil de hacer, reunimos todos los ingredientes necesarios y nos pusimos manos a la obra cuando encontramos unos moldes viejos con diversas formas.

Logré distraerme lo suficiente durante toda la tarde como para no pensar en nada más, además, los constantes reclamos de atención de la niña tampoco me permitieron detenerme para sumergirme en mis propias preocupaciones. Por alguna razón, aquellos días estaba mucho más apegada a mí y no podía evitar preguntarme si podía deberse a la proximidad de mi despedida.

-Toma Mikasa, estos para ti.- dijo ella tendiéndome los moldes con forma de estrella. Acto seguido, rodeó la mesa de la cocina para acercarse a Petra y ofrecerle los moldes de flores. Finalmente, ella se quedó aquellos que simulaban ser una especie de oso con orejas pequeñas.

Teníamos la cocina repleta de cosas. Habíamos sacado las dos bandejas del horno para depositar en ellas la masa de las galletas ya con sus formas, pero previamente añadimos algo de harina. Aunque tratamos de tener cuidado, no pudimos impedir que los restos del polvo blanquecino se desparramaran por el suelo, después, tendría que asegurarme de limpiarlo todo bien para no dejar ni una sola mota. Miré de reojo a Kimber que se subió a un banquito de madera para tener mejor acceso a la bandeja. La niña apuñaló la pasta de masa extendida en el centro para extraer de ahí las galletas que depositaríamos en la bandeja, sin embargo, cuando fue a cogerla con sus pequeñas manitas, esta se estrelló contra el suelo con un sonido sordo.

-Uy…- me miró culpable. –Lo recogeré cuando terminemos.- me aseguró, consciente de que de haber sido Levi quien estuviera allí con ella no le habría permitido dejarlo para más tarde. Posiblemente, la habría obligado a recogerla con la lengua por ser tan descuidada y torpe. No obstante, yo prefería que continuara centrada en su labor hasta terminarla.

-Sin falta.- sentencié obteniendo varios asentimientos de cabeza algo apresurados.

Aproximadamente una hora después, las tres abríamos los ojos con sorpresa al poder comprobar el delicioso aspecto que tenía lo que acabábamos de cocinar. El olor también era increíble, familiar y acogedor. Kimber fue la primera en probarlas una vez se aseguró de que no quemaban tanto. Preparé un poco de café tanto para Petra como para mí y le tendí un vaso de leche con cacao a la pequeña permitiéndole mojar las galletas en el líquido.

-¡Están buenísimas!- canturreó ilusionada. Desde que había llegado a aquella casa no habíamos dejado de cocinar diversas cosas, y por suerte, siempre salían bien.

-La verdad es que si, Mikasa. Pruébalas tú también.- me ofreció Petra con una sonrisa. Pegué un sorbo al café y luego pasé a llevarme una de las galletas con forma de estrella a la boca. Me parecieron jugosas y para nada secas, los trozos de nuez le daban el punto de sabor idóneo que necesitaban y que, mezclado con el propio de la masa, resultaba simplemente ideal. Alentaban a seguir comiéndolas sin saciarse o cansarse porque eran sencillamente deliciosas. Asentí con la cabeza dándoles toda la razón. Cuando regresara me llevaría aquella receta conmigo, sin duda. Y cuando volviera a visitar a Kimber y a Petra algún día me encargaría de traerles una hornada de galletas recién hechas.

-Ahora prueba de las mías.- insistió Kimber. En realidad todas debían saber exactamente igual porque estaban hechas con la misma masa y se habían horneado el mismo tiempo, pero entendía su ilusión por escuchar mi opinión sobre sus propias galletas, así que le hice caso. –Pero solo una, las demás se las daré a papá.

Me detuve a medio camino de obtener la galleta cuando mencionó con suma facilidad a Levi. No obstante, me apresuré a llevar a cabo aquel movimiento para no llamar la atención. No comprendía por qué Kimber no preguntaba acerca de él o sobre su paradero si prácticamente debía llevar tres días sin saber nada de él, al igual que yo.

-Están muy ricas, Kimber.- respondí ante aquella mirada brillante que esperaba mi comentario con impaciencia. –Están más ricas que las mías.

Las risotadas de la pequeña inundaron la estancia de sopetón. Me estaría mintiendo a mi misma si dijera que no iba a echar en falta la alegría y vitalidad que Kimber me transmitía. Me costaría hacerme a estar sin ella, ya que había aprendido a convivir con su presencia pululando a mí alrededor a todas horas del día, como un cachorrito perdido incapaz de separarse de su madre.

Cuando terminamos la pequeña reunión amena, la luz en el exterior comenzaba a desaparecer lentamente sumiéndolo todo nuevamente en las tinieblas. Para cuando despedí a Petra, la cual también se quedó a cenar con nosotras, me asomé a la puerta trasera de la cocina contemplando cómo desaparecían las luces del coche que había ido a recogerla. De no haber estado acostumbrada a aquella profunda oscuridad, seguramente la inquietud habría hecho mella en mí, mas aprendí a disfrutar de la calma que me proporcionaba aquel escenario sombrío. La brisa nocturna era fresca e iba cargada de humedad que se pegaba a mi piel y se colaba en mis pulmones. El olor a tierra mojada fue el último indicio que necesité para anticiparme a la tormenta que se avecinaba lentamente y que pronto se cerniría sobre nosotras. Miré una última vez a la entrada del bosque como si por un momento esperara que la figura de Levi apareciera de entre las tinieblas para regresar a su hogar, pero eso no ocurriría.

Me fui a dormir con el inicio de una fuerte lluvia, la cual me impidió conciliar el sueño las primeras horas. Agradecí enormemente que Kimber estuviera dormida cuando los primeros truenos comenzaron a acercarse, por suerte, la pequeña no se despertó en toda la noche. ¿Los estaría escuchando él también desde el lugar en el que se encontrara? ¿Le pillaría la tormenta en la intemperie? ¿Estaría bien su herida? un sinfín de preocupaciones surcaron mi mente minutos antes de caer rendida sobre la almohada. Para ello, tuve que repetirme varias veces que alguien como Levi no se merecía ni uno de aquellos pensamientos, no después de todo lo que había hecho.


-¡Mikasa, despierta!

La vocecilla se coló en mis sueños sacándome de aquel estado casi al instante. Desorientada, me la encontré sobre mí con su rostro demasiado cerca. Por el aspecto que tenía me preocupó un poco que le hubiera ocurrido algo pero a simple vista no detecté nada, por lo que opté por abrazarla mientras aún continuaba tumbada sobre mi cama. Kimber se dejó mimar y no hizo más que rodearme con sus pequeños brazos.

-Cuéntame qué ha ocurrido.- le susurré una vez que noté que se había calmado.

-Las galletas que dejamos.- comenzó a explicarme, pero antes de que terminara de relatarme aquello que parecía atormentarla, agarró con fuerza mi mano y me sacó de mi lecho obligándome a seguirla escaleras abajo hasta la cocina. –Mira. Siguen ahí.

Efectivamente. Su preocupación se enfocaba, una vez más, en la ausencia de esa figura paterna que para ella tanto significaba y la cual no hacía más que fallar una y otra vez. Traté de evitar que la preocupación recorriera cada fibra de mi ser y se adueñara de mis sentidos porque entonces volvería a caer en el mismo agujero de siempre. ¿De qué servía de todos modos preocuparse por alguien que desaparecía por cuenta propia? Solo significaba sufrir en silencio sin posibilidad alguna de remediarlo, porque mientras Levi no cambiara de actitud, eso era lo que nos podía esperar a ambas.

Teniendo en cuenta lo cabizbaja que Kimber se encontraba, no pude hacer otra cosa más que esforzarme al máximo en mantenerla entretenida todo lo que me fuera posible para eliminar cualquier rastro de tristeza que pudiera invadirla.

Le pedí que me ayudara a hacer la maleta, pues en cuestión de dos días tendría que marcharme de allí y era preferible tener todo preparado. Además, no paró de llover en todo el día, por lo cual, tampoco teníamos muchas más opciones en cuanto a entretenimiento. Más tarde, como de costumbre, cocinamos juntas y nos dimos un largo y relajante baño con muchas burbujas, tal y como le gustaba a ella. Me sentí aliviada al verla jugar y chapotear en el agua porque supe que realmente había logrado mi objetivo de no hacerla pensar en nada. Antes de la cena, como aún teníamos tiempo, nos dedicamos a dibujar y crear personajes para una historia fantástica que ella misma había creado. Tenía muchísima imaginación para su corta edad, algo que me sorprendió de sobremanera. Un par de horas después, justo cuando la tormenta amenazó de nuevo la silenciosa escena, cenamos y, presas del cansancio, subimos a la cama con intenciones de descansar.

Esa noche decidí sustituir el libro de lectura por una nana, ya que Kimber no parecía poder aguantar despierta mucho más. Por suerte, la tormenta paró el tiempo suficiente como para que la pequeña se dejara abrazar por Morfeo sin inconvenientes. La dejé en mi cama bien arropada y con una de las lámparas de noche encendida mientras me recorría la casa de arriba abajo asegurándome de que todo continuaba ordenado y de que había cerrado bien la puerta trasera de la cocina.

Presa de la nostalgia, me paseé por cada estancia tratando de memorizar cada detalle en mi cabeza. De ese modo, aunque estuviera lejos de allí podría recordarlo a la perfección. De un momento a otro la lluvia comenzó a caer con tal fuerza que parecía querer echar la casa abajo. Las finas gotas de agua helada se transformaron en grandes bolas de granizo. Regresé a mi habitación dejando el resto de la casa en penumbra y apagando también la única fuente de luz restante de mi habitación una vez me metí en la cama y me acomodé junto a Kimber.

Aproximadamente dos horas después, las quejas de la niña me sobresaltaron. La intensidad de la tormenta había aumentado hasta el punto de hacer retumbar el edificio entero con fiereza. La abracé con fuerza al tiempo que sus lágrimas me empapaban la camiseta.

-Shh… tranquila. Estoy contigo, Kimber. Todo irá bien.- le repetí una y otra vez asegurándole que nada malo podría ocurrirle si se quedaba a mi lado. Alargué mi brazo para darle al interruptor de la lámpara, con algo de luz quizás lograría tranquilizarla un poco. Aunque dudaba que con aquellos estruendos tan potentes pudiera volver a dormirse, de hecho, yo también me habría despertado a causa de ellos si Kimber no me hubiera reclamado minutos antes. Sin embargo, nada ocurrió. Probé a encender la del cuarto para obtener exactamente el mismo resultado, por lo que deduje que, efectivamente, los plomos tenían que haber saltado en algún momento.

Una vez que informé a Kimber de mis intenciones de bajar al piso inferior, la pequeña se aferró a mi cintura con tanta fuerza que me preocupé. Accedí a su petición de acompañarme durante el recorrido porque era evidente que estaba demasiado asustada. No obstante, en el momento en el que abrí la puerta de la habitación a punto de salir de la misma, me detuve en seco. Noté la mirada de la pequeña sobre mí, confusa. Sin embargo, mi atención estaba en otra parte de la casa: en el piso inferior.

Agudicé los oídos al máximo tratando de valerme de eso para cerciorarme si estaba en lo cierto, pues mis ojos habían captado el rastro de una silueta en el momento en el que uno de los rayos había impactado en el exterior. Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando logré distinguir el crujido de uno de los tablones que casi pasó desapercibido con la tormenta y la fuerte lluvia.

Por un momento, creí que tal vez Levi habría regresado a casa, mas algo en mi interior no me permitía aferrarme a tal idea. Mi instinto primario me alertaba, me pedía que tuviera cuidado con lo que hacía.

Mi primera reacción fue esconderme tras la puerta para impedir que por algún casual pudiera detectarnos a la niña o a mí al final de las escaleras. No llegué a cerrarla del todo por si producía algún ruido notorio. Me agaché para quedar a la altura de Kimber y la miré fijamente a los ojos. Gracias a la luz que se filtraba desde fuera supe que tenía toda su atención. Por ello, me dispuse a susurrarle lo que tenía que hacer.

-Kimber, quiero que te quedes aquí y que no te muevas.- ella negó de inmediato con la cabeza.

-No, no me quiero quedar sola, Mikasa.- confesó, presa del miedo. Por la expresión en su rostro supe que sería difícil convencerla de lo contrario pero no podía permitir que me acompañara cuando resultaba tan peligroso.

-Escúchame, tienes que prometerme que vas a ser valiente y fuerte.- le pedí limpiando las lágrimas que comenzaron a caer de nuevo por sus ojos. No lo estaba logrando, no era suficiente, aunque de pronto se me ocurrió algo más que podría servirle. –Tu padre se sentiría orgullosos de que lo fueras, Kimber. Tienes que ser valiente por él, ¿de acuerdo?- segundos después, muy en contra de su voluntad acabó asintiendo con la cabeza y dándome su palabra de que esperaría allí escondida en el armario hasta que yo volviera.

Me aseguré de que la niña estaba bien oculta, tendría a la vista la habitación en todo momento para asegurarme de que nadie se introducía en el interior. En realidad no tenía ni idea de cuantos sujetos podía haber deambulando por la casa, y mucho menos lograba comprender la forma en la que se habían introducido. La cuestión era que necesitaba hacer algo para poder asegurar una manera de salir de allí sin recibir ningún daño. La idea de encerrarlo en alguna de las habitaciones me pareció tentadora, aunque un tanto arriesgada, por lo que primero me aseguraría de localizarlos y después decidiría lo más apropiado dada la situación.

En primer lugar abrí la puerta lo suficiente como para mirar fuera y poder asegurar que no me toparía de sopetón con la silueta. Para mi fortuna, no había rastro de él en ninguna parte, así que salí de la habitación y la cerré tras de mí con sumo cuidado, eso sí, sin demorarme más de lo estrictamente necesario. Exponerme de aquella forma me ponía en peligro. Sobre todo porque el sujeto debía ser consciente de que en la casa había alguien. Por mucho que un hogar aislado como aquel pudiera parecer el blanco perfecto en el que robar a placer, en realidad se trataba de todo lo contrario. ¿Quién en su sano juicio acudiría a una casa tan recóndita y escondida? Ni siquiera debía ser fácil conocer de su existencia. Por ese motivo, tuve la sensación de que aquel ladrón distaba bastante de tratarse de alguien que había elegido en concreto ese lugar para enriquecerse a costa de todo lo que encontrara de valor.

En cuanto a mis habilidades, confiaba bastante en mí misma. Mi cuerpo se encontraba en mejor estado gracias al reposo de las últimas semanas y todavía recordaba las clases de defensa personal a las que asistí cuando estaba en la universidad. Esperaba que todo aquello pudiera servirme de algo en caso de tener que recurrir a ello.

Tras asegurarme en primer lugar de que en el piso superior no había ninguna presencia indeseada, centré toda mi atención en el piso de abajo. Así, no tendría que preocuparme por si alguien decidía atacarme por la espalda. Acompañada por el silencio y los relámpagos que continuaban iluminando el lugar cada varios segundos, decidí bajar las escaleras con cuidado, paso a paso.

Mi cuerpo se congeló casi al instante. Una bajada de tensión repentina me obligó a apoyarme contra la pared para poder mantenerme en pie y no desmayarme en aquel preciso momento. No recordaba haberme sentido tan débil antes, ni tampoco entendía por qué mi cuerpo reaccionaba de forma tan exagerada. Mi respiración agitada me obligó a pegar grandes bocanadas de aire tratando de calmarme un poco y de regresar a mi estado normal. Con la espalda aún contra la pared y las gotas de sudor rodeando mi rostro hasta situarse en mi mentón, alcé un poco la mirada tratando de identificar a la persona a pocos metros de mí.

Al otro lado de la barandilla, entre los barrotes, su cara cubierta por una capucha negra me permitió ser testigo de una sonrisa escalofriantemente horrible que no pudo resultar más aterradora. No fue la situación en sí lo que produjo tal sensación, sino el hecho de que aquel hombre parecía conocerme. Como si llevara tiempo buscándome por alguna razón que yo ignoraba completamente. Su mirada profunda fue la causante de que mi corazón volviera a dispararse por las nuves, pronto, acompañándolo la falta de aire en los pulmones.

Tuve que encogerme en el lugar y llevarme la mano al pecho por el dolor tan profundo que sentí. Verlo de reojo aproximarse a mí con ansia solo incrementó aquella angustia que me envolvía. Entonces, un montón de recuerdos que no reconocía volvieron a mi mente. Sucesos, sonidos, rostros que jamás me pertenecieron y que, sin embargo, parecían formar parte de una vida que no era la mía.

-Vaya… te has vuelto todavía más bonita.- Su voz ronca y profunda me produjo escalofríos, mi cuerpo también la recordaba, la conocía.

Quería salir corriendo de allí, huir a algún lugar en el que sentirme protegida y a salvo. Uno en el que aquel hombre jamás pudiera dar conmigo. Si hubiera estado a mi alcance, habría hecho lo que estuviera en mi mano por eliminarlo, tanto a él como la sensación que dominaba mi ser. Para mi desgracia, mis piernas no reaccionaron, por lo que me encontré presa de la situación, bloqueada e incapaz de enfrentarme a lo que se avecinaba.

Mis manos se unieron a los temblores de mis piernas, cualquiera que me hubiera observado en ese estado se habría apiadado de mi. Mi temperatura corporal también descendió y mientras yo me sumía en aquel revoltijo de imágenes desconocidas que se entremezclaban con el rostro del hombre ante mí, no podía dejar de exteriorizar todos y cada uno de mis temores.

Con rostro desencajado logré visualizar entre varios mechones de pelo lo cerca que estaba de mi, avanzando sin pausa con intenciones de llevar a cabo lo que fuera que tuviera pensado. En el momento en el que alzó su brazo para rozar mi mejilla con aquellos gruesos dedos mojados aún por la lluvia, su extremidad salió disparada al recibir un corte seco y contundente.

A primera vista y con la confusión del momento lo primero que pensé fue que un demonio había escapado del mismísimo infierno para llevarse a aquel desgraciado, o quizás, para arrastrarnos a ambos. Aquellos ojos azules bañados de oscuridad y furia ya no eran los que un día conocí. Habían cambiado demasiado, y por eso sentí temor. Su cabello negro empapado goteaba con cada movimiento que realizaba contra su presa, porque sí, el sujeto amenazante se había convertido en su objetivo principal sin ninguna duda. Me quedé estática en mi lugar incapaz de apartar la mirada de todas las atrocidades que se estaban llevando a cabo.

Los alaridos de la víctima resonaron por el lugar, juraría que eran audibles incluso en el exterior en plena tormenta. Pero su captor no cedió en ningún momento. Lo aprisionó boca abajo contra el suelo mientras ejercía presión en el muñón del brazo para provocarle dolor innecesariamente. Tomó su otro brazo y con un tirón rápido se lo rompió sin miramientos, sin un ápice de duda. Acto seguido, lo volteó con rudeza para contemplar su rostro directamente al tiempo que le propinaba golpes en la cara. Puñetazo tras puñetazo, el sujeto se revolvía en un charco de sangre y agua que se había formado bajo ellos. Sus respiraciones eran agitadas, sin embargo, los motivos para cada uno distaban bastante entre sí. Mientras que uno trataba de seguir con vida a pesar de que su atacante presionaba con fuerza su pecho y no le daba tregua para coger una buena bocanada de aire entre tanto golpe, el otro se sumía en la rabia y la locura propias de alguien que ya no tenía nada que perder en la vida.

Estaba dispuesto a causarle sufrimiento como fuera, de hecho, parecía estar costándole de sobremanera contenerse y no acabar con él ahí mismo. En algún momento, sin darme cuenta, me encogí en mi sitio, en el quinto escalón. El demonio sacó una pequeña y fina navaja que empleó para realizarle una herida profunda y rápida que surcó su cara de un extremo a otro, sin tener en cuenta la nariz. Noté algunas de las gotas de sangre aterrizando sobre mi mejilla, estaba caliente y olía a metal.

En pocos minutos, el sujeto al que apenas le quedaban unos pocos dientes sanos, dejó de patalear y azotarse. Dejó de luchar por la vida y abrazó aquello que todos tememos, pues quizás solo ahí podría encontrar consuelo suficiente. Aunque lo dudaba bastante. La otra silueta seguía encorvada sobre su víctima, se agitaba exageradamente, todavía afectada por lo ocurrido. Desde donde me encontraba pude cerciorarme de que sus brazos estaban bañados en sangre, probablemente también tendría los nudillos pelados. Lo atizó un par de veces más antes de erguirse y mirarme directamente a mí.

Abrí los ojos de par en par sorprendida de que mis sospechas se confirmaran, mas mi reacción fue de rechazo. Levi, indeciso, decidió que acercarse a mí era la mejor idea en ese instante, mientras que a mí solo me produjo ganas de alejarme de él todo lo posible tras las atrocidades que había contemplado.

-¿Estás bien?

Se atrevió a preguntar. Mis oídos se agudizaron y reaccionaron a su voz, la había echado de menos pero en aquel momento, nada querían más que el absoluto silencio. Que desaparecieran todas las voces, los gritos de dolor y las barbaries anteriores. Las súplicas y los lamentos que de nada le sirvieron para perdonar a su víctima. Y sin embargo, se mostraba con el mismo semblante de siempre ante mí, tratando de controlar su respiración y su tono de voz, intentando hacerme creer que no me haría daño, que no me mataría con tanta facilidad como acababa de hacer. Pero no me lo creí, no confié en él. Por eso, me forcé a alejarme de él. Trastabillé un poco con las manos al intentar subir de escalón y ponerme en pie.

-N-no… no te acerques.

Fui consciente del daño que mis palabras le hicieron. Por primera vez pude ver a Levi a punto de explotar y de exteriorizar todo aquello que debía haber estado cargando por sí solo. El asesinato del atacante no había sido suficiente para desfogarse, al parecer.

-Espera.- me pidió al verme alejarme tan rápido como pude. –Mikasa, espera.- repitió una vez más, me giré para mirarlo una última vez antes de encerrarme en la habitación en la que Kimber me esperaba.

Mi primera reacción fue atrancar la puerta con todo mueble a mi alcance. Coloqué la silla de modo que el respaldo no permitiera accionar la manilla, y posteriormente, hice uso de la fuerza que poco a poco volvía a mí para mover también la cama. Me detuve unos segundos con la necesidad de recuperar el aliento, tanto esfuerzo no debía ser bueno.

Al fin, alcancé el armario en el que la niña me esperaba encogida entre algunas de las chaquetas finas que empleé en las tardes y mañanas más frías. Se había cubierto la cara con ambas manos, asustada. Al llamarla por su nombre, abrió un hueco entre los pequeños dedos para asegurarse de que no había escuchado mal y cerciorarse de que se trataba de mí.

Kimber se echó a mis piernas repentinamente abrazándolas con fuerza. Me angustiaba mucho pensar que pudiera estar en peligro, que tuviera que enfrentar una situación tan extrema como aquella. Esperaba que de algún modo no acabara influyendo lo suficiente en ella como para crearle alguna especie de trauma. Con el conocimiento de que Levi estaba al otro lado de la puerta y a sabiendas del cuerpo destrozado junto a las escaleras, no podía dejar que la pequeña contemplara semejante escenario, así como tampoco estaba dispuesta a dejársela a su padre. Temía por su seguridad más que nunca.

-Ya está, ¿ves como no ocurre nada?- susurré tratando de esconder los nervios que aún seguían controlando mis movimientos y provocándome ligeros temblores. No traería nada bueno transmitirle mis inquietudes a ella.

Cuando escuché los pasos de Levi al otro lado de la puerta, supe que estaba relativamente cerca y, después de lo presenciado, me fue imposible adivinar cómo reaccionaría a mi negativa de escucharlo o de devolverle a su hija. Me limpié los restos de sangre de la cara con las mangas de la fina rebeca de lana que llevaba puesta, la cual no me protegería mucho del frío exterior. Y entonces, volví a inclinarme un poco para que Kimber pudiera escucharme con claridad.

-Kimber, tenemos que irnos de aquí, ¿vale?- pareció reacia a aceptar mi propuesta al principio pero tras unos segundos de espera asintió con la cabeza varias veces sin cuestionar nada más. –Tendremos que salir por la ventana, ¿de acuerdo? Será como jugar a ser espías, tendremos que ser silenciosas y cuidadosas.- traté de convencerla. Quizás fue pedirle demasiado para el estado en el que se encontraba, no obstante, no me quedó más remedio si quería asegurar nuestras vidas.

Agarré su pequeña mano y la guié hasta la ventana. Tras abrirla de un tirón, el viento cargado de lluvia nos azotó con fuerza. El temporal no mejoraba y aquello sería un gran inconveniente a la hora de llevar a cabo lo que pretendíamos. Detecté tras nosotras golpes en la puerta que amenazaba con ser forzada, la voz del hombre que temía se escuchaba tras la misma con tono de súplica. Por suerte, los ruidos externos fueron lo suficientemente fuertes como para impedir que la pequeña la percibiera, porque de haber sido así, probablemente me habría costado mucho más que atendiera mis palabras.

La cogí de la cintura para ayudarla a salir a la cornisa bajo la ventana, por suerte era bastante ancha como para poder andar por la misma sin mucho problema. Le advertí que diera pequeños pasos y que no se separara de la pared en ningún momento. Cuando comenzó a andar me aseguré de permanecer lo suficientemente cerca de ella como para poder evitar un accidente fatal, pero no hizo falta porque Kimber fue cuidadosa en todo momento. Hizo uso de su valentía y afrontó la situación con más madurez de la que jamás imaginaría.

-Espera.- le pedí antes de que siguiera avanzando, nuestra intención era aprovechar una de las gruesas tuberías para deslizarnos por ella, sin embargo, en ese momento apareció ante mí una oportunidad demasiado preciosa como para dejarla pasar.

Me encontraba ante la ventana que daba a la habitación de Levi, era la ocasión perfecta para adentrarme dentro y averiguar qué ocurría realmente, pues a lo mejor en el interior del cuarto podría conocer la verdad tras el hombre que continuaba hablándole a la puerta contigua. Teníamos algo de tiempo hasta que se percatara de que ya no estábamos en el interior, y teniendo en cuenta que me costaría creer cualquiera cosa proveniente de él, no podía pasar por alto aquello.

La ventana chirrió más alto de lo que esperaba y nos quedamos estáticas en nuestro lugar por unos instantes como si esperáramos con todas nuestras fuerzas que aquello hubiera pasado desapercibido. No obstante, imaginé que me equivocaba, y supe que estaba en lo cierto cuando la voz masculina se calló.

Levi no era alguien que se debiera subestimar y teniendo en cuenta sus capacidades, probablemente habría ido en busca de la llave para entrar en el interior de su habitación siempre cerrada. Inmediatamente, tras asegurarme de que Kimber entraba en el cuarto, me dispuse a mover el armario más grueso que encontré para bloquear también aquella entrada. Estaba convencida de que al menos me proporcionaría tiempo.

Me arrepentí casi al instante de haber centrado mi atención en todas y cada una de las cosas que pude ver allí dentro. Solo la voz de la pequeña me llevó a reaccionar varios minutos después.

-Esta es la habitación… de papá.- dijo preocupada con un hilillo de voz. Incluso ella era consciente de que no debíamos estar en aquel lugar. –No podemos estar aquí…- continuó acercándose a mí y agarrando mi rebeca con una de sus manos, no pretendía volver a soltarla. Sus acciones me parecieron lógicas y fundamentadas: el cuarto de su padre la intimidaba y tenía razones para ello.

La escasa luz externa se proyectó sobre la pared frontal en la que se encontraba un enorme plano de la ciudad cercana. En él estaban apuntadas las calles principales o de mayor interés y rodeadas con rojo las de interés aparente. También se veían algunos de los mismos círculos tachados, como si ya carecieran de importancia. Junto al mapa, diversos artículos de periódicos que no dejaban ni un solo espacio libre en la pared. Costaba bastante centrar la atención en uno de ellos porque todos contenían imágenes y títulos desgarradoramente escalofriantes. "Stanner en paradero desconocido", "Los delincuentes más buscados de los últimos meses", "La delincuencia azota las tranquilas calles de Sina". Tras leer algunos de los títulos no logré encontrar una relación clara entre ellos a pesar de que estaba convencida de que compartían algún tipo de vínculo.

Entonces, mis ojos captaron en las sombras uno que destacó sobre el resto por lo revelador de la portada: "Incidente en casa de los Ackerman." Llevé la mano hasta él y lo despegué sin ninguna delicadeza de la pared. Comencé a leerlo notando como no solo mi corazón aumentaba de velocidad, sino que empezaba a notar una fuerte palpitación en mis sienes. Eché un vistazo rápido siendo consciente de que disponía de poco tiempo, pero no resultó ser lo que creí al principio. Solo hablaba de un intento de robo en el que el autor escapó antes de que las autoridades aparecieran. A pesar de eso, me pregunté por qué no podía calmarme.

-Es papá.- escuché hablar a Kimber. Mi pulso se aceleró al creer que Levi había encontrado la forma de introducirse en el interior del cuarto sin que yo fuera consciente. Giré levemente la cabeza para darme cuenta de lo que quería decir, señalaba una de las paredes más oscuras y difíciles de analizar a menos que se redujera la distancia con la misma.

De haber sabido que vería semejante cosa, habría deseado tener que enfrentarme a Levi en aquel mismo instante. Abrí los ojos de par en par, incapaz de asimilar lo que estaba ocurriendo porque, claramente, aquello carecía de sentido para mí. No había lugar para tales acontecimientos en mi cabeza. ¿Cómo era posible que estuviera repleto de fotos de los dos en tantos escenarios diferentes? Además, tanto él como yo parecíamos personas completamente diferentes. Lo que más me sorprendió fue ver la alegría que desbordaba en ellas, parecía realmente feliz.

Entonces, pasé la yema de mis dedos por una de ellas que se situaba en el centro de aquel enorme rectángulo. En la foto salía yo tumbada en una gran cama blanquecina con Levi inclinado a mi lado observándome no a mí, sino al bebé que cargaba en mis brazos y que permanecía dormido. Pasé a mirar bruscamente a Kimber que me contemplaba confusa por mi reacción. El parecido era evidente.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas hasta que no pudieron contener por más tiempo aquel líquido transparente y comenzaron a caer sin poder detenerse de ninguno de los modos. Retrocedí hasta golpearme con la silla de ruedas situada ante un enorme ordenador con tres pantallas conectadas entre sí. Me aparté nerviosa para terminar apoyándome con dificultad sobre uno de los escritorios, pues el mareo que me azotó no tuvo piedad conmigo. Me llevé la mano a la cabeza, presa del terrible dolor de cabeza.

-¡Mikasa!- escuché gritar a Kimber asustada al verme así, no obstante, su voz empezaba a parecerme lejana. Corrió hasta mí abrazándome con fuerza creyendo que así el dolor pasaría.

En ese momento, la puerta de la habitación en la que estábamos sonó con fuerza y la voz de Levi volvió a escucharse, apremiante y escondiendo cierto tono de preocupación.

-Mikasa, Kimber, abrid.- pidió al otro lado alzando bastante la voz. Debía haberse percatado de que también habíamos atrancado aquella puerta. Observé de reojo a la pequeña todavía sujeta a mi pierna, parecía haber reconocido la voz de su padre pero no estaba segura de avanzar hacia la entrada para acatar sus palabras. Traté de recomponerme de mi malestar para acariciar la cabeza de la niña y aportarle tranquilidad.

-Eres un monstruo.- susurré para mí misma, pues dudaba que lo hubiera escuchado. –¿Qué es… todo esto?- dije algo más alto. El hombre al otro lado se calló repentinamente, como si se sintiera culpable por lo que yo estuviera descubriendo. Pero la carencia de respuestas solo me crispó más los nervios, y sin tener en cuenta el efecto que pudiera producir en Kimber, acabé alzando la voz con desesperación. -¡EXPLÍCALO!- le grité presa de la incomprensión, del miedo y del dolor que estaba cargando. –¿Qué demonios… hago yo ahí?- traté de vocalizar con claridad, la opresión en el pecho y mi respiración agitada me impedía hablar con tranquilidad en un momento como aquel.

-Puedo explicártelo.- lo escuché decir al otro lado. Accedió a proporcionarme todas las respuestas que exigía, y justo cuando debía alegrarme de que lo hiciera, las escenas en las que descuartizaba al hombre de mirada desagradable volvieron a mi mente y tuve que negarme a permanecer allí. No podía confiar en él de nuevo porque había descubierto que en realidad no conocía en absoluto al hombre apellidado Ackerman. Lo único que me había quedado claro era que se trataba de un asesino sin escrúpulos que, sin ninguna necesidad, alargó el sufrimiento de un criminal tanto como pudo.

Interpretó mi silencio como una afirmación para comenzar a contar su versión de los hechos, pero para entonces, Kimber y yo ya habíamos vuelto a colarnos por la ventana. Me costó hacerle entender que aquello era lo correcto, hasta que finalmente cedió sin tenerlo demasiado claro, pues como era evidente, ella no podía ser consciente de la gravedad de la situación que enfrentábamos. Con suerte, si todo salía bien, no volvería a recordar jamás aquella espantosa noche. Y yo tampoco.

Nuestra ropa volvió a humedecerse recordándonos el frío al que ya habíamos sido expuestas hacía un rato. Me aparté como pude el flequillo que se me pegaba a la cara dificultándome ver lo que tenía delante. Una vez alcanzamos la tubería, le pedí a Kimber, quien en esta ocasión había salido por la ventana en segundo lugar, que se subiera a mi espalda y se agarrara bien.

Mi fuerza flaqueaba bastante, sobre todo tras el reciente ataque de nervios y la bajada de tensión que me habían asolado, sin embargo, no consideré que fuera momento de dejarme vencer por las debilidades de mi cuerpo. Ante una situación crítica estaba dispuesta a llevarlo al extremo todo lo posible y a confiar en que aguantaría la presión hasta que pudiéramos ponernos a salvo.

Me deslicé por la tubería lo mejor que pude pegando un pequeño salto cuando solo quedaba un metro de distancia. En el proceso me había clavado algo en la mano derecha que había rasgado mi piel de forma profunda, el escozor no pudo compararse al dolor de cabeza que aún cargaba, pero era algo que empeoraba las cosas para mí. La pequeña me miró preocupada, mas yo negué con la cabeza y volví a tirar de ella obligándola a correr conmigo.

El barro nos salpicaba en las piernas manchándonos por completo. Mi intención no era otra sino la de dar con el vehículo de Levi y regresar a la civilización en busca de seguridad, ya que no logré dar con otra forma de contactar con la policía, dado que el único teléfono estaba en el interior de la casa.

Levemente aliviada al ver el coche aparcado a unos metros, saqué la llave de repuesto que había cogido del escritorio de Levi y lo abrí sentando a Kimber en el asiento del copiloto. Temerosa de mirar hacia la casa que habíamos dejado atrás, al final no pude evitar hacerlo. Lo que más temí fue dar con la figura del hombre tras nosotras en medio de la oscuridad. Aunque en ningún momento mostró agresividad hacia su hija o hacia mí, no podía pasar por alto el aura de peligrosidad que lo rodeaba.

Allí estaba, a varios metros de nosotras, quieto. Dispuesto a observarnos en la distancia con rostro destrozado, uno que fui capaz de percibir aún en la lejanía y sin apenas luz. La lluvia constante limpió poco a poco todo rastro del asesinato que había cometido tan solo un rato antes, casi parecía ser el mismo Levi que nos había dejado días atrás, aquel que no cumplía sus promesas.

-Mikasa, te lo contaré.- suplicó empleando un tono bajo que ocultaba perfectamente lo roto que se encontraba. Probablemente así evitaría que su voz se quebrara al hablar. –Cuando lo haga, comprenderás todo.- aseguró.

-¿Por qué iba a creerte?- espeté irritada y resentida. –No has cumplido tu palabra ni una sola vez.- No esperó esa respuesta por mi parte porque sus ojos se abrieron de par en par unos instantes hasta que comprendió a qué me refería. Casi parecí haber accedido a escuchar lo que fuera a decirme, ya que no regresé de inmediato al coche, sin embargo, aún estaba rodeada de dudas que no aseguraban que fuera a quedarme a escuchar todo lo que tuviera que decirme.

-Querías saber qué era aquello tan importante, ¿no? Estoy dispuesto a decírtelo.- se quedó callado unos segundos en los que no obtuvo respuesta más que el que yo permaneciera parada junto al coche, a la espera. Suficiente para indicarle que prosiguiera.

Dio un paso al frente con intenciones de acercarse a mí, pero automáticamente retrocedí. Ni siquiera lo pensé en ese momento, mi cuerpo se movió por sí solo. Ante eso, Levi se detuvo sin aparentes muestras de volver a intentar una acción similar que pudiera espantarme. Entonces, sin previo aviso, lanzó un grueso documento en mi dirección de modo que cayera a mis pies. Parecía querer que reparara en lo que había escrito en él.

-Louis Warleiss, miembro de una de las bandas que trafican con droga más importantes de los últimos años.- La lluvia seguía cayendo con fuerza, aunque ninguno reparamos en ella porque la conversación que manteníamos resultaba vital para poder aclarar las cosas. –Buscado por tráfico de drogas, asesinato y abuso a menores.- Pasé a mirar directamente los ojos fríos y profundos de Levi, no apartó la mirada de la mía en ningún momento. –Warleiss era consciente de que le seguían la pista y antes de que lo detuvieran, no dudó en vengarse del agente que se vio envuelto en la muerte de su hermano Steven Warleiss. Por eso, mientras este estaba de servicio, se coló cautelosamente en su casa con intenciones de cometer verdaderas atrocidades con su mujer e hija de pocos meses.- mi corazón se agitó, aunque su expresión no pareció cambiar, percibí una mueca de dolor pintada en su cara. –El agente trató de llegar cuanto antes pero en ese momento su mujer, que había estado forcejeando con el criminal, cayó escaleras abajo golpeándose la cabeza en un mal sitio. Louis escapó aprovechando la situación y no volvió a saberse nada de él hasta hoy. En los siguientes años al incidente, el agente centró todas sus energías en desmantelar la organización clandestina para encontrar al culpable del estado de su mujer y hacérselo pagar.

El silencio los envolvió a ambos, posiblemente se habría saltado algún que otro detalle pero la información aportada encajaba demasiado bien con aquello que yo misma notaba fuera de lugar. Mi cabeza volvió a provocarme intensos pinchazos que me obligaron a arrodillarme de inmediato y a ahogar algunos gruñidos. Las imágenes fatídicas de la noche que Levi había mencionado volvían lentamente a mi como pequeños cristales punzantes que solo ansiaban reconstruirse a pesar del dolor que pudieran causar.

-¿Cómo… es posible?

Levi no dudó en eliminar la distancia al ver el estado en el que me encontraba, no atendería a mi cabezonería de nuevo porque sería incapaz de dejarme sola en aquel momento. Se colocó de rodillas junto a mi sujetándome la cara con ambas manos y obligándome a subirla un poco para poder ver de nuevo el rostro que tanto de menos había echado. Mis ojos grisáceos estaban repletos de lágrimas, mis cejas enarcadas y suplicantes le rompían el alma porque sabía que de algún modo era causante de lo que yo estaba sintiendo.

-No podíamos decírtelo, Mikasa.- me explicó asolado por el mismo malestar que no trató de ocultar esta vez. Bajó levemente la cabeza de modo que el flequillo empapado ocultara un poco su rostro, colapsado por la situación reprimió un pequeño sollozo y ocultó alguna que otra lágrima que pasó desapercibida con la lluvia. –Podría haber afectado a tu salud. Yo… ansiaba poder decírtelo para tenerte a mi lado de nuevo. No aguantaba el sentir que te había perdido.- abrí los ojos de par en par, jamás lo había visto de aquel modo, tan pequeño, tan angustiado y afectado. Imité sus acciones y pasé a acariciarle la mejilla que aún contenía restos de sangre.

-Entonces… Kimber…- miré hacia atrás, la pequeña tenía ambas manos pegadas al cristal empañado del coche y nos observaba curiosa y nerviosa a la espera de lo que ocurriera. El asentimiento de cabeza de Levi fue todo lo que necesité para despejar cualquier pequeña duda que aún quedara.

-Desde ese día has estado en coma.- desveló finalmente. Todos los engranajes encajaron entonces en mi cabeza. La realidad ya no podía ser de otra manera por mucho que aún costara creerla, pero con los recuerdos que poco a poco regresaban a mi no me podía permitir dudar de lo que acababa de confesarme. No cuando alguien como él se había rendido a sus sentimientos más profundos con tal de lograr que regresara a su lado.

Sentí sus brazos rodearme, mandando al infierno cualquier barrera emocional que aún pudiera separarnos y yo no pude resistirme al calor que me proporcionaba.

-Kimber y yo… todo este tiempo hemos estado esperándote, Mikasa.- entonces, pasó a enterrar su rostro en el hueco entre mi cuello y mi hombro y yo le di la bienvenida.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo transcurrió mientras ambos nos fundíamos en aquel abrazo eterno, cargado de sentimiento. Me dio la impresión de que ambos temíamos soltar al contrario y que desapareciera misteriosamente. Cuando al fin se apartó un poco de mí para mirarme a los ojos me atreví a preguntarle por algo que me inquietaba bastante, pues no comprendía aquello del límite de tiempo que disponía para pasar con ellos. Habría sido mucho más simple alargarlo para poder recuperar la memoria a corto o largo plazo, de todas formas no me iba a negar después de haber estado tan bien en la casa de los Ackerman. En mi propia casa.

-Es mejor que eso se lo preguntes a tus padres. Te lo podrán explicar mejor que yo.- apartó la mirada algo incómodo, por su reacción estaba claro que no le agradaba en absoluto el tema.


La mañana siguiente fue horrible, mi cuerpo se encontraba dolorido a causa de todo el esfuerzo físico que había realizado. Levi se encargó de deshacerse de los restos de Warleiss antes de que Kimber y yo ingresáramos de nuevo a la casa. Después, acostamos a la pequeña y entre los dos arreglamos el desastre ocasionado. Quizás habría bastado con irse a dormir tras aquello, sin embargo, nuestros cuerpos no pudieron evitar buscarse en la oscuridad de la noche azotada por la tormenta del exterior. Las consecuencias de aquello, por tanto, las sufrí al despertar cubierta por unos brazos fuertes que tanto había echado en falta.

Acaricié con cuidado los nudillos pelados que me llevaron a recordar la espantosa escena, algo que, sin duda, no podría alejar de mi mente. No obstante, tampoco era algo por lo que pudiera juzgarlo dada la situación. Por suerte, tenía buenos contactos en su trabajo y no le causaría ninguna clase de problema deshacerse del cadáver.

Una hilera de besos que subió desde mi codo hasta mi cuello me sacó de mis pensamientos provocándome un cosquilleo inmediato.

-Buenos días.- susurró con voz sensual e irresistible. Acabé girándome para poder mirarlo a la cara y contemplar sus hermosas facciones, aquellas que tanto me gustaban.

-Buenos días a ti también.

-Pareces cansada. ¿Acaso no has dormido?- trató de mostrarse afectado y preocupado, aunque carecía de credibilidad al preguntarlo con una sonrisa pícara que me encargué de borrar con mis propios labios. Levi cerró los ojos ante el contacto fundiéndose en el beso.

-Sabes muy bien quién es el culpable.- dije con nuestras bocas todavía pegadas. –Yo que tu no estaría tan contento, hoy regreso a casa de mis padres, ¿recuerdas?- él me apartó un poco para concentrarse en la conversación, pues mis palabras tenían mucha más importancia de la aparente.

-Probablemente seguirás confusa con lo ocurrido. No te preocupes por eso, puedes volver cuando te sientas preparada.- añadió algo más entre dientes que no logré entender.

-Tú, ¿qué es lo que quieres?- me atreví a preguntar aunque ya sabía la respuesta. Probablemente resultaría estúpido que aún pusiera en duda sus sentimientos. Pero de todos modos necesitaba oírlo una vez más. -¿Qué sientes?

-Creo que quedó claro esta noche.- se mostró reacio a decir nada más, sin embargo, después se colocó boca arriba y se tapó ambos ojos con el antebrazo para continuar hablando justo después de haber suspirado. –Llevo cuatro años esperándote, seguiría haciéndolo toda la vida si eso significara tu regreso algún día.


El agradable olor a ambientador del interior me envolvió proporcionándome tranquilidad, me pareció que había transcurrido una eternidad desde la última vez que había estado en la casa de mis padres. Mi padre me recibió con los brazos abiertos y una enorme sonrisa que me animó mucho más de lo que ya estaba. Desde la cocina un delicioso aroma a pastel de fresas me abrió el apetito casi al instante, pero mi madre se interpuso entre el delicioso dulce y yo.

-Mikasa, cariño. Tienes muy buen aspecto.- dijo encantada con mi presencia.

Al principio dejé que la conversación fluyera poco a poco porque me pareció demasiado precipitado abordar el tema principal de forma tan brusca. Aunque no me hizo falta esperar mucho, pues mi madre se encargó de eso.

-¿Y tus cosas? ¿Las has dejado en tu habitación?- nos miró a mi padre y a mi tras beber un sorbo de té, después dejó la taza sobre el platito advirtiendo que algo no iba demasiado bien. -¿qué sucede?

-No tengo pensado volver, mamá.- admití observando cómo sus expresiones iban cambiando. Pasó de la incredulidad a la sorpresa y posteriormente a la tristeza para acabar en el enfado absoluto.

-¿Cómo que no piensas volver? No lo comprendo. El médico dijo que serían dos meses de reposo.- me recordó tratando de ocultar el nerviosismo en la voz.

-¿Estás segura de que eso de los dos meses fue idea del médico?

-No me digas que…

-Así es. Hace poco que he recuperado parte de mis recuerdos y Levi y mi hija están entre ellos, mamá.- le dije con algo de hosquedad aunque no fue mi intención. Ella apartó la mirada disgustada.

-Era lo mejor para ti, hija. Ese hombre es peligroso. Todo lo que ocurrió fue a causa de él, si no os hubierais casado nada de eso habría ocurrido.- en ese momento agarré la mano de mi madre con delicadeza para que me mirara directamente.

-Mamá, nadie tuvo la culpa de lo que pasó. Sé que te preocupas por mi y que me quieres, pero ahora ellos son mi familia y me necesitan. Esta es mi decisión y espero que la comprendas.- me miró con lágrimas en los ojos, negándose a aceptarlo, pero al final acabó cediendo.

-El día en el que viniste a contarme que os casabais dijiste algo muy parecido. Supongo, que tendremos que ir pronto a visitar a nuestra nieta.- sonrió mirando a mi padre.


Conduje aún con las palabras de mi madre en la cabeza, no podía dejar de pensar en lo aterrador que resultaba imaginarme el hecho de que tanto Levi como ella se pusieran de acuerdo en que iniciara una nueva vida junto a mis padres ignorando el hecho de que los Ackerman existían. Porque eso era lo que habría ocurrido de no haber recordado nada. Levi habría dejado que mi madre se saliera con la suya creyendo que aquello era por mi bien y yo habría renunciado a una felicidad absoluta sin siquiera ser consciente de ello. Pero ahora que estaba al tanto de todo, no pensaba alejarme.

Al apagar el motor del coche, no tardaron en acercarse a mí mis dos siluetas preferidas en todo el mundo. Kimber avanzó tirando de Levi hasta que al final soltó su mano y corrió hasta alcanzarme. Abrí los brazos todo lo que pude para recibirla con un enorme abrazo y un beso en la cabeza. Levi no tardó en acompañarnos y, a pesar de que yo ya tuviera en brazos a Kimber, rodeó mi cintura y me atrajo hasta él de modo que las puntas de nuestras narices se rozaran levemente.

-¿Es tu decisión definitiva?- asentí con la cabeza, segura. Había regresado para quedarme junto a ellos y no pensaba volver a marcharme. Los ojos de Levi brillaron con más intensidad que nunca y no pudo contenerse, por lo que terminó besándome con ternura y necesidad.

Los secretos de Levi se habían acabado, así como las constantes promesas rotas que surgieron a causa de la complicada situación que no podía remediarse de manera sencilla. De algún modo todo parecía estar en orden al haberse aclarado satisfactoriamente y pronto, el resto de mis felices días junto a ellos regresarían de nuevo.


¡Holaaa! ¡Sorpresa! Hoy es un día especial y tenía que compartir mi felicidad con todos/as vosotros/as. Por fin he terminado este fanfic y estoy aliviada de poder pasar a otros proyectos que están sin finalizar, así como a otros nuevos. No sé qué os habrá parecido el final, ¿habéis acertado con vuestras teorías? Sé que muchas de vosotras sí, ya que me las habéis comentado alguna vez. Lamento haberos liado tanto con mis respuestas a vuestras hipótesis y con las señales confusas que os he ido dejando a lo largo de estos capítulos, pero así es mejor, ¿no? Más interesante jajajajaja. (No me matéis).

Agradezco enormemente vuestra paciencia y que me hayáis acompañado durante estos cinco capítulos. Espero seguir contando con vuestro apoyo en futuras historias. ¡Seguiré esforzándome para que os entusiasméis al leer!

Por último, me despediré diciendo que tengo intenciones de preparar algo especial por navidades. Creo tener el tiempo suficiente para hacerlo así que me atreveré a anunciarlo. Será algo así como una pequeña colección de oneshots donde aparecerán diferentes ships formados por Mikasa y algún otro personaje. Claramente, uno de esos capítulos estará dedicado al Rivamika jajajaja.

¡Y eso es todo! ¡Me despido hasta la próximaaaa! ^^