Llegué again =D!
Cómo sea...
Sé que me estoy tardando más de lo habitual en actualizar, pero es que en serio no me acostumbro a escribir en el móvil y no tengo computadora acá en Perú... mi adorada laptop se quedó en Venezuela :'(
Güereber...
Capítulo nuevo! Lleve su capítulo nuevo! jajajaja
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Disfruten la lectura :*
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DIARIO DE UNA ESPOSA TROFEO
CAPÍTULO V:
Miseria.
Llevó una mano a su frente y acarició la misma agotado. Al final había amanecido escuchando esas estúpidas y cursis canciones que no le ayudaban para nada a sentirse mejor. ¿Quién demonios fue el que hizo creer a todos que escuchar música triste y comer helado ayudaba en ese tipo de situaciones? De verdad, ¿cómo rayos las mujeres superaban de esa manera un despecho?
—Esta ha sido de lejos la idea más estúpida que se te ha ocurrido —se quejó clavando la mirada en su amigo, sentado a su lado con una mascarilla de aguacate sobre el rostro.
—Vamos, Cleo, relájate —pidió sin mover demasiado sus labios—. Tú me dijiste que querías hacer algo para olvidarte todo el asunto del divorcio.
—Sí, es cierto, pero ¿qué diablos se supone que estamos haciendo y cómo se supone que esto me ayudara?
—¿Sabes algo, Cleo? No quiero ser molesto pero tu problema es justamente ese, querer olvidar a una mujer que simplemente no puedes ni podrás olvidar, y ¿sabes por qué no podrás hacerlo? —Preguntó frunciendo el ceño—. Porque al salir del spa tendrás que volver a la vida real. Tendrás que ir a la oficina y topártela cuando sea su turno de ir a ese lugar, tendrás que verla en el hotel a diario porque es ella quien lo está dirigiendo, y lo peor, tienes una hija con esa mujer, así que quieras o no, cuando desees ver a tu hija tendrás que verla a ella también, aunque sean unos minutos mientras te la entrega.
—¿Y qué se supone que haga? ¿Me alejo de mi trabajo, dejo todo en sus manos y desaparezco? Podría hacerlo, después de lo que pasó con su madre me importa un comino el dinero y lo sabes, pero no puedo solo alejarme para siempre de Galilea, es mi hija y sí, ¡estás en lo cierto! Si quiero ver a mi hija, seguiré viendo a Nathalie. Por eso no sé qué mierdas es lo que tengo que hacer.
—Podrías comenzar admitiéndolo y ya.
—¿Admitiendo qué?
—Sabes de lo que hablo.
—No, no tengo idea de a que te refieres.
—¡Que estás enamorado de Nathalie!
—No es cómo si ella no lo supiera...
—Pero...
—La única que ha tomado la decisión ha sido ella. Yo no quiero divorciarme de Nathalie, no me importa ni siquiera lo de... yo, sería capaz de perdonar cualquier cosa que ella me hiciera.
—Cleo...
—Que me haga "sufrir" ahora, para mí no es más que el karma, supongo.
—No entiendo, Cleo, ¿a qué viene todo esto?
—¿Sabías que Nathalie lleva escribiendo un diario desde que se comprometió conmigo? —Sabino negó moviendo su cabeza a los lados—. Bueno... lo encontré el día en que salió de casa. Supongo que lo olvidó.
—Acaso ella...
—En todo el diario habla sobre mí, al menos la mayor parte pero... he sido tan estúpido.
—¿Qué dice el diario?
—Lo siento... no puedo decírtelo, sin embargo, aunque no estoy seguro del problema que me podría traer, una vez que termine de leerlo se lo voy a entregar. Solo quiero llegar al final.
—¿Estás seguro?
—Sí. Es la única forma que tengo de saber los detalles sobre esto, solo deseo saber en que punto...
—Cleo... —llamó con suavidad al verle bajar la mirada y sujetar los costados de su rostro entre sus manos—. ¡Cleo! ¡Ayuda, alguien! —Gritó mientras el rubio se desplomaba en el suelo.
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El ruido en las calles de aquel malecón en Sidney no le permitían escuchar con claridad los gritos de Cleo mientras corría. No sabía hacia donde se dirigía pero no quería estar cerca de él. Bueno, era más fácil huir que volver a esa asquerosa discoteca.
—¡Detente! —Escuchó la voz de Cleo, tan autoritaria como siempre, seguida del sonido del claxon de un camión y de no ser por quien sujetaba su brazo probablemente no hubiese visto a aquel enorme auto pasar tan cerca de su nariz, golpeando unicamente su largo cabello.
—Oh, mi Dios... —alcanzó a musitar llevando las manos a su pecho.
—Nathalie —se giró nerviosa. Estaba segura de que la reprimenda y los gritos de parte de su adorable prometido serían peores de lo usual.
—Yo... Lo siento...
—¡Eres una estúpida! —Ahí estaba el grito que temía, así que solo apretó los ojos, decidida a soportarlo—. Me has dado el susto de mi vida —se dejó caer al suelo, respirando pesadamente—. Pensé que no lo lograría.
—Lo siento... —susurró sentándose a su lado.
Las personas les miraban murmurando. Era entendible, segundos antes uno de ellos pudo ser victima de un fatal accidente. Cleo se levantó, ignorando las miradas y haló de la mano a su acompañante.
—La próxima vez dejo que te maten. Ahora date prisa, vayámonos de aquí —exigió antes de salir caminando tan rápido como sus piernas le permitían.
—Cleo, espera —pidió en repetidas ocasiones sin obtener respuesta—. Cleo... —volvió a llamar.
—¿Puedes callarte? —Exigió deteniéndose con firmeza ante un semáforo—. No quiero... Podrías haber salido lastimada y aunque seas una estúpida y molesta piedra en mis zapatos de diseñador, no puedo permitirme que eso pase estando yo a tu lado, ¿entiendes?
—Lo siento.
—Por favor, deja de disculparte —se agachó lentamente hasta quedar de cuclillas en la acera—. Solo, ten mas cuidado.
—Cleo, ¿estás llorando? —Preguntó nerviosa al observar el hilo de agua que se dibujaba sobre la mejilla ajena.
—No soportaría ver que mueras ante mis ojos —respondió, dejandole quitar las manos con las que cubría su empapado rostro.
—E-eso no va a pasar, Cleo...
No estaba segura de si se trataba de un truco suyo para hacerle confiar en él y luego burlarse por crédula o algo parecido pero, le parecía que estaba realmente perturbado. No estaba segura del motivo pero, verle llorar hacía que su corazón doliera. Dolía tanto que sus propios ojos comenzaron a soltar lágrimas lentamente.
—No volverá a pasar, lo prometo —soltó de golpe abrazándose a él, recostando su cara empapada sobre el hombro derecho de su prometido—. Por favor, no llores, Cleo. Seré más cuidadosa, pero por favor, no puedo verte llorar.
—Nathalie...
—Siento que mi alma se parte en dos y no entiendo por qué. De verdad, no quiero volver a verte llorar nunca más. Por favor, por favor, Cleo, para de llorar.
—¿Eres idiota? —Preguntó limpiándole el rostro con los dedos—. Tú eres la única que está hecha un mar de lágrimas.
—Lo siento. Cuando... cuando vi que llorabas, sentí algo muy feo. Algo que no sentía hace años.
—¿Ah sí? ¿Qué cosa has sentido? —Preguntó continuando su caminar, llevándola de la mano -por precaución- a lo largo del camino.
—Yo... cuando tenía 11 años tuve un accidente. Según mis padres estuve a punto de morir y cuando desperté no reconocía nada ni recordaba nada, pero, cada noche, durante mucho tiempo tuve el mismo sueño.
—¿Qué sueño?
—Era un sueño extraño. La verdad, se trataba de un chico. No lograba ver su rostro, solo veía una silueta en la oscuridad, pero lloraba y me pedía que lo recordara, sin embargo, por mucho que intenté, no logré saber quien era. Cuando le dije eso al doctor me dijo que lo olvidara, que seguramente era parte de mi pesar por no recordar a nadie. Pero, realmente me dolía no recordar a esa persona, y no sé por qué.
—¿Y lograste recordarlo?
—No —confesó bajando la mirada—. Pero, siempre que recuerdo su llanto termino llorando yo también.
—Ya veo... Eres demasiado blanda, Nathalie. Sin embargo, asumo que esa persona realmente deseaba que le recordaras hasta el punto de meterse sin querer en tus sueños.
—Supongo...
—Nathalie —llamó, estando ya de pie frente al hotel —. Mañana volverás a París, ¿entendido?
—Pero...
—No quiero que vuelvas a venir a Australia. Me he dado cuenta esta noche de que hay un par de cosas que definitivamente debo cambiar en mi vida antes de casarme contigo. Por eso, hasta que termine mis estudios, quiero que mantengamos distancia el uno del otro.
—¿Por qué?
—Cuando vuelva a París, te lo explicaré todo. Por ahora, volvamos al hotel para que descanses.
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Querido diario... La verdad no me gusta comenzar las páginas de esa manera.
En fin, ya he comenzado la universidad y no me vas a creer quienes son mis compañeros de clases. Bueno, te cuento, la mismísima Adriane Agreste, quien al parecer decidió ir en contra de su carrera de modelaje e iniciar una carrera seria en la universidad y Sabino.
Bueno, con Sabino solo coincido en algunas pocas materias ya que su área es más especializada que la de nosotras. No me sorprende para ser sincera, Sabino es, realmente es muy listo.
Adrianne y yo nos estamos haciendo muy buenas amigas. Ella me ha dicho que está comenzando una relación con Marion desde hace poco y que todo ha surgido entre los dos como por arte de magia.
La verdad, me da un poco de envidia. Sé que mi relación con Cleo ha sido impuesta, pero, a veces me gustaría que fuese mejor. Es decir, Cleo es muy guapo y eso no lo puedo negar, además, es muy detallista. A veces, me gustaría poder correr hacia él, abrazarlo y besarlo al verlo llegar, cómo haría una pareja normal, pero, es practicamente imposible. Si yo hago eso, de seguro se burlaría de mí y terminaría humillandome ante quien estuviera cerca.
La verdad, estoy preocupada por mí misma, porque... Creo que me estoy enamorando de Cleo.
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Aquel día, aquel día en que se habían comprometido, si lo recordaba con calma, no había sido precisamente tan calmo cómo hubiese querido, de hecho, en cierto modo, había sido un desastre. Él no quería ese compromiso, él no quería tener nada que ver con Nathalie, ya estaba resultando difícil marcar distancia entre ambos, pero no, a su madre se le ocurría la brillante idea de convertirla en su prometida oficialmente.
―No pasa nada, Cleo también acaba de llegar.
―¿Nathalie...? ―Susurró observando de reojo a la chica, quien, si se fijaba, se parecía mucho al hombre que acababa de acercarse a tomar su bolso y sus cosas.
―Cleo ―llamó su madre, captando su atención―. Quiero presentarte formalmente a tu prometida, Nathalie Kurtzberg.
―¿Me estás jodiendo? ―Bufó mostrando una sonrisa ladina―. Esta vez sí que te pasaste con la broma madre... muy pero muy bueno el chiste, pero la verdad, no me ha hecho tanta gracia como esperabas.
―No es ningún chiste, Cleo.
―¡Por favor! ―Exclamó apuntando con uno de sus dedos a la pelirroja―. ¡¿En serio esperas que yo, Cleo Bourgeois, me case con eso?!
―Será mejor que nos vayamos ahora, Andrea ―el hombre se levantó de su lugar y tomó el brazo de su hija, caminando con ella hacia la puerta―. El trato se suspende ―avisó antes de salir con la cabizbaja joven.
―Cleo, eso ha sido de muy mal gusto, y muy estúpido además ―le reprendió de brazos cruzados.
―Madre, no pienso casarme con esa doña nadie.
―¿Doña nadie? ―Rodó los ojos y tomó al chico de los hombros―. Sus padres están bien posicionados, son reconocidos a nivel mundial como grandes artistas, que ella no lo ande difundiendo no significa que no sea cierto. Además, esa no es la razón por la que la escogí. Es sumisa, amable, un poco torpe y manipulable. ¿Qué prefieres? ¿Una arpía que incluso termine dejándote en la ruina o una mujer a la que puedas llevar a cumplir tú expresa voluntad?
―Yo...
―Vas a bajar ahora mismo, los vas a alcanzar, te vas a disculpar y no volverás a verlos hasta la semana que viene en la fiesta de compromiso. ¿Está bien?
―Sí.
―No sabes cuanto te lo agradezco, por tu comprención, Cleo.
―He, ¿en serio crees que lo haré? No madre, te equivocas. ¡No pienso ofrecer una disculpa a esa idiota!
—¡Te he dicho que te disculpes, Cleo!
—No pienso hacerlo. ¡No sé por qué insistes! ¿Por qué no solo lo dejas estar y ya?
—¡Es lo mejor!
—¡No lo es! ¡Yo no quiero tener nada que ver con esa estúpida!
—¡Es suficiente! Te he dicho que te disculpes.
—¿Por qué tengo que disculparme yo? Debería ser ella quien me pida perdón por haberse olvidado de mí y lo sabes.
—No es algo que haya hecho a voluntad.
—Aún así. Odio a las personas que hacen promesas que no van a cumplir. Mira que jurarse enamorada de mí y luego olvidarme con tanta facilidad.
—¡Perdió la memoria en un accidente, Cleo, no es cómo que haya querido hacerlo!
—Entonces no debió viajar a Rusia en primer lugar.
—¡Serás necio! Yo me disculparé con ellos, pero mas te vale que seas amable con Nathalie.
—Me da igual...
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Aquel jardín era inmenso, y la luz del sol, bañándolo por completo lo hacía lucir aún más grande. Habia arboles plantados a lo largo de un sendero, permitiendo que el camino se llenara de hojas recién caídas aquel otoño.
—Nathalie, deja de seguirme.
—No te estoy siguiendo.
—Si lo estás haciendo.
—No, yo simplemente y casualmente voy por el mismo camino.
—Cómo quieras —bufó fastidiado.
En aquel entonces tenía solo nueve años de edad y aún vivía en la casa principal de la familia Bourgeois.
Sus ojos azules se desviaron de su libro hacia la niña que le acompañaba por el sendero del jardín. Tenía el cabello muy largo, se extendía hasta sus caderas con elegancia en su vivo color rojo y sus ojos eran turquesa y brillantes, combinando aquellos colores a la perfección con su piel blanca.
—Nathalie —llamó, deteniéndose repentinamente.
—¿Sí, Cleo?
—¿Qué haces aquí tan temprano? Deberías estar en tu escuela.
—Me escapé —respondió, sonriendo orgullosa.
—Galilea se va a enojar.
—Bah, mamá nunca me reprende por nada, y lo sabes. Además, estaba aburrida, esa escuela está muy por debajo de mis capacidades, y para completar, quería verte.
—Eres un caos —dijo golpeándole suavemente la cabeza—. A ti Galilea no te dice nada pero estoy seguro que me liará a mí cuando sepa que no has ido a la escuela para venir a verme.
—No pasa nada, Cleo —tomó la mano del rubio entre las suyas, abrazándola contra su pecho—. Mamá no te dirá nada porque le he dicho que me casaré contigo cuando crezca. Tú eres la persona a la que amo y ellos lo han aceptado de esa manera.
—Ya sales de nuevo con eso. Es un disparate, tenemos nueve años, Nath. Ni siquiera estamos en edad para pensar en esas cosas.
—Eso no es cierto porque el amor no tiene edad, Cleo —aseguró sonriendo—. Yo siempre, siempre voy a estar enamorada de ti, Cleo.
—No digas tonterías, Nathalie.
—Que no son tonterías, yo te amo, Cleo...
—¡Cleo! —Sus ojos se abrieron al escuchar aquella voz—. ¿Cleo...? Gracias al cielo...
—¿Qué me pasó? —Preguntó abriendo lentamente los ojos.
—No lo sé, tú dime —exigió Nathalie irritada—. Sabino me llamó preocupado porque te habías desmayado.
—¿En serio? —Preguntó sujetando su cabeza.
—Sí, Cleo, en serio. ¿Estás bien? —Suavizó su expresión, llevando su mano a la frente del rubio.
—Sí, no seaa dramática, seguramente no es más que estrés. Ya verás que mañana estaré mejor.
—En ese caso, será mejor que me vaya.
—Espera... —pidió tomando su mano—. ¿Realmente no te acuerdas de nada?
—¿De qué debería acordarme? —alejó su mano, liberandose lentamente.
—No es nada... Olvídalo. ¿Dónde está Galilea?
—Está afuera, con tu madre.
—Entiendo. ¿Puedo verla?
—Lo siento. Los doctores han dicho que no puede entrar a la habitación.
—Ya veo —bajó la mirada, apretando las sábanas entre sus manos.
—Dios... Me voy a arrepentir de esto —pensó acercandose nuevamente a la cama—. Córrete.
—¿Qué haces? ¿Acaso no te ibas?
—Vamos, eres un llorón.
—No lo soy.
—Sí, lo eres. Pero nadie lo sabe y la única razón por la que nadie se atreve a entrar es porque yo estoy aquí. Pero, si yo salgo, más de uno se colará.
—Eres muy ruidosa —se quejó, recostandose suavemente en su pecho mientras ella se acomodaba a su lado.
—Está bien. No sé que pasa pero no dejaré que te vean llorar porque se que no te gusta.
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Estar junto a Cleo tiene sus cosas divertidas, aunque en su momento sean bromas pesadas. Cómo lo que me ha hecho esta vez.
Me envió un paquete desde Australia, pidiendome que lo usara el dia de junta. Es un día al año en que todos los directivos del consorcio Bourgeois se reunen para entregar cuentas a Andrea sobre su desempeño y los avances de la compañia en todos los niveles posibles.
Cleo debe venir desde Australia exclusivamente a asistir a la reunión como único heredero y yo, por ser su prometida debo estar allí también.
Sinceramente me parece la cosa más aburrida del mundo, pero insisten en que debo estar presente en este tipo de eventos. Andrea dice que si un día Cleo no puede asistir, yo tendré que venir en su lugar y por eso tengo que estar atenta y aprender tanto como me sea posible.
La aburrida reunión terminó más rápido de lo esperado. Salí tras despedirme de todos y corrí prácticamente hacia mi habitación. Bueno, ya me habían mudado a la habitación de Cleo un mes después de que se fuera a Sidney y de eso han pasado ya tres años y bueno, casi dos años desde que estuve por última vez en Sidney a su lado.
—Nathalie, ¿a dónde vas? —Preguntó siguiendome por el pasillo.
—¡V-voy a buscar algo! S-solo... Te veré más tarde.
—¿Cuál es su problema? —Bufó cruzado de brazos.
—Bien... Es mi oportunidad —me dije a mí misma llena de coraje. No tendría otra oportunidad de seducirlo hasta quien sabe cuando. Después de todo estaba yendo muy enserio con su decisión de no estar cerca de mí hasta volver a París definitivamente.
—Nathalie, abre la puerta —golpeó varías veces y mi piel se erizó.
—¡E-espera, aún no entres!
—¿Por qué no? Abre de una vez. Quiero que me acompañes a cenar.
—No quiero ir a cenar —la verdad, me moría por tener una cita con él, pero, solo imaginar todas las brujas y zorras con las que se debe andar divirtiendo en Sidney me hace enojar tanto que solo quiero... Solo quería que me viera a mí.
—¡Nathalie! ¡Abre la puerta!
—Ya te dije que no.
—Serás idiota —le escuché decir seguido del sonido de la cerradura al ser forzada—. Voy a entrar así que prepárate porque irás a cenar conmigo quieras o no.
—Deja la puerta, ya te dije que no.
Cuando abrió la puerta me quería morir... No pensé que fuese tan vergonzoso. Aunque él mismo me lo había enviado, no esperaba que reaccionara de la manera en que lo hizo, aunque admito que, fue realmente dulce.
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—¡Nathalie, date prisa o...! —Se detuvo al verle sentada al borde de la cama, arreglándose las pantimedias del traje de colegiala que le había comprado cómo burla—. ¿Qué se supone que estás haciendo? —Preguntó luchando por no reír, cubriéndose los labios con una de sus manos.
—¡Yo...! —No podía espetar palabra alguna. Sus piernas temblaban y su rostro estaba tal vez más rojo que su cabello—. N-no es lo que piensas... —susurró cubriéndose avergonzada con sus manos.
—¿Y qué se supone que estoy pensando? —Preguntó acercándose más, tomando uno de los mechones de aquel cabello ajeno—. Te vez hermosa —susurró al verle bajar la mirada avergonzada.
—Estás mintiendo... —respondió escondiendo su mirada tras el fleco.
—Por primera vez no lo hago.
—No te creo. De seguro esta ha sido otra de tus burlas —Cleo guardó silencio, escuchando su reclamo—. Pensándolo bien. Soy una idiota por pensar que querías que usara esta cosa, después de todo, de ser así no deberías estar interesado en salir. Realmente, no querías que lo usara, ¿cierto?
—No, si quería que lo usaras, y en cuanto lo tuvieras puesto me iba a burlar de ti por haberte puesto algo así, pero, la verdad no esperaba que te quedara tan bien...
—¿Estás hablando en serio?
—Sí, de hecho, ya no tengo ningún interés en salir de este lugar, solo quiero...
—¿Sí...? —Se quedó quieta, atenta a los movimientos de Cleo, los mismos que lentamente lo acercaban a ella.
—Eres una mujer hermosa, Nathalie... quiero quedarme contigo hoy... toda la noche.
—Cleo...
—¡Cleo! —Nathalie saltó al escuchar aquel grito, escondiendose por impulso entre las sábanas y tras la espalda del rubio.
—¡¿Mamá, qué haces en mi habitación?!
—Vine a buscarte. Ha ocurrido algo horrible, tienes que irte a Sidney ahora mismo. Sé que me dijiste que querías salir con Nathalie ya que estabas en París pero, el padre de Andrew acaba de fallecer.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Se supone que es tú amigo. Te esperaré en el helipuerto del hotel, te llevarán en helicoptero al aeropuerto. ¡Date prisa!
—Maldita sea... —bufó apretando los puños—. Nathalie, yo...
—Date prisa, por favor. Ha de necesitar tener a sus personas queridas cerca.
—Te compensaré, lo prometo. Vayamos a Venecia en año nuevo. ¿Está bien?
—Me encantaría. Lo esperaré ansiosa.
Recibió un rápido y furtivo beso en sus labios antes de verle salir casi corriendo de la habitación.
Año nuevo llegó, pero, una foto en una revista de paparazzis tomada en Ibiza fue lo que recibió en una caja de regalo con un moño rojo.
«Para mi querida Nathalie». Decía la nota por fuera de la caja y en la portada de la revista un ebrio Cleo besando a una modelo italiana, muy famosa a la fecha, llamada Ellianna, con el título; «¿Acaso se ha roto el compromiso del heredero de la familia Bourgeois?».
Intentó no leerlo, pero no pudo evitarlo. Se sentía estúpida, las declaraciones de la misma chica dejaban muy en claro que tenían meses saliendo juntos, que se habían conocido en Venecia durante un viaje de fin de semana que él había realizado con amigos, que estaban pensando seriamente seguir avanzando en su relación, que incluso no sería de extrañarse que dieran el siguiente paso pronto.
En una de las preguntas le cuestionaban si sabía que existía una prometida en Francia y ella solo respondió; «Ah sí, pobre chica, ella aún no sabe nada, espero no salga demasiado lastimada, aunque debió suponer que en la vida real los hombres como Cleo no se enamoran de chiquillas como ella...».
«Para mi querida Nathalie... Lamento que Cleo no haya ido a pasar año nuevo contigo, pero cómo verás está un poco distraido. Por favor, no te hagas daño a ti misma y haste a un lado antes de que acabes haciendo aun más el ridículo. Con cariño, Ellianna»
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*-Continuará...-*
Gracias por leer y los reviews!
Besos~~ FanFicMatica :*
