Hola... Había un problema con la apariencia de este capítulo.

Así que lo he resubido.

Gracias a Myri Weasley28 por avisarme.

Acá les dejo el capi!

Facebook: Fanficmatica

Twitter: FanFicMatica

Instagram: Fanficmatica

Cómo siempre, disfruten la lectura...

o

O

o

DIARIO DE UNA ESPOSA TROFEO

CAPÍTULO IX:

Dolor.

Respiró profundo. Estaba imaginando la peor situación. Después de aquella llamada no lograba pensar cómo podrían salir bien las cosas.

Chleo era grosero, engreído, malcriado, soberbio, controlador y estaba acostumbrado a obtener siempre lo que quería y cuando quería, por lo tanto, ella estaba definitivamente en una gran desventaja.

¿Cómo podría competir contra él?

Seguramente en cuanto entrara iba a gritarle, a decirle lo herrada que estaba, que era una zorra, que se fuera al demonio y que se olvidara de Galilea. Estaba casi segura de ello, no podría pensar en nada bueno. No en ese momento. No tratadose de Chleo.

Respiró profundo frente a la puerta y ahogo las inmensas ganas de llorar que se aglomeraban en su pecho. Abrió despacio la puerta y en su estrés momentáneo pudo escuchar perfectamente el chirrido de las bisagras al moverse.

—Buenas tardes, Sra. Nathalie —saludó Sara desde la estancia al verla entrar.

—Sara... ―inhaló tanto aire cómo pudo y continuó―. ¿Chleo está en casa?

—No ha salido de su habitación desde la mañana.

—Ya veo... ¿Galilea?

—Chleo la envió al parque, la nueva niñera al parecer tiene la paciencia suficiente, es educada. Es una linda chica, y la Niña Galilea parece estar a gusto con ella.

—Una buena noticia por lo menos. Si tenemos que cambiar de niñera una vez más, me volveré loca.

—Oh, Sra. Nathalie, no se preocupe. Tenga fé, ésta será la última.

—Gracias —se detuvo ante la puerta de su habitación.

—¿Está todo bien? —Preguntó la mujer.

—No lo sé...

―¿Puedo decirle algo, sin que piense que soy una metiche?

―Jamás pensaría que eres una metiche.

―Lo sé, pero aun así, no es mi trabajo el opinar sobre su vida o su matrimonio, lo cual, me convierte en una metiche.

―¿Vas a darme un sermón?

―Solo un concejo. De una mujer que ha vivido demasiado tiempo, a una que recién comienza a vivir.

―Le escucho.

―Sra. Nathalie, muchas veces, en la vida, dejamos que la convivencia con nuestra pareja se vuelva un campo de guerra minado. Una mínima palabra, un acto involuntario puede convertir la habitación en el escenario de la segunda guerra mundial. La cosa es que, vivir en pareja no es fácil. Muchas veces se convierte en un tira y encoge; si digo, dice, si no digo, no dice, y el eterno "¿quién tiene la razón?". Pero, la verdad, eso es parte del vivir con otra persona, casarse no asegura un felices por siempre, pero da la oportunidad de luchar para ser feliz con una persona la mayor parte de los días.

―Esa es una manera muy bonita de verlo... Pero, en mi caso, es un poco más complicado.

―Lo único complicado en su caso, es que ambos son igual de tercos, y lamentablemente en la vida en pareja a veces, alguien tiene que bajar la guardia. El problema, es que, el Sr. Chleo la bajó hace mucho tiempo, pero es usted quien se niega a verlo.

―Eso no...

―Permiso, tengo que retirarme ―tomó la bandeja sobre la mesa al costado de la puerta―. Si necesita algo, no dude en hacérmelo saber, Sra. Nathalie.

―Sí, claro...

Se dio la vuelta y caminó en dirección hacia el sofá que se hallaba en una de las terrazas cercanas a su habitación. Se sentó, y, sacó el teléfono celular de su bolsillo. Al desbloquearlo, se dio cuenta de que había unas cuantas llamadas perdidas de Julien y una de su abogada. Las ignoró y abrió la galería de fotos.

Soltó un par de suspiros mientras las fotos de su pequeña niña era lo que más aparecía. Siguió avanzando y algunas de ella aparecían, con Galilea, sola, y con Chleo, por su puesto. ¿De verdad todo en su relación con ese hombre era falso? Los recuerdos que tenía y las cosas que sentía cuando estaba cerca de él eran demasiado reales.

Bloqueó la pantalla y se levantó del sofá con firmeza. No importaba lo que ocurriera, iba a enfrentar a Chleo y le iba a explicar lo que había ocurrido. Le mostraría la verdad y tendría que escucharla, después de todo, ella no había ido a hacer nada más que trabajar. Esa era la verdad y era lo que le diría hasta que él le creyera.

Se detuvo frente a la puerta de la habitación y tras repensarlo un último segundo abrió la puerta, sujetando con fuerza la manija.

―¡Chleo! ―Gritó con fuerza al verlo arrodillado en el suelo, sujetándose del borde de la cama―. ¡¿Chleo?!

Llamó un par de veces pero este seguía sin responder, apretando la sabana entre sus puños, y presionando su mandíbula con fuerza.

―Chleo, ¿qué te pasa?, ¿puedes escucharme?, ¿estás bien?

―Nath ―solo eso alcanzó a decir antes de estrellar su frente contra el colchón con más fuerza, soltando un grito ahogado.

―¡Sara! ―Comenzó a gritar asomándose a la puerta―. ¡Sara, llama a una ambulancia, rápido!

Se volvió dónde estaba el rubio y le ayudó a girar en su dirección. Chleo se apoyó de sus hombros. Su vista estaba algo nublada y sentía que no lograba mantenerse en sí mismo, se dejó caer sobre Nathalie, apoyando la cabeza sobre el hombro derecho de ella, quién hacía su mayor esfuerzo por ayudarle a mantenerse tan firme cómo le era posible.

―Tranquilo, ya viene la ayuda... ―le acariciaba su cabello sudoroso mientras sentía las manos que se aferraban con fuerza a su espalda―. Todo va a estar bien. Solo, escúchame ―levantaba el rostro de Chleo, obligándolo a mantener los ojos abiertos―. Mírame y por nada del mundo te duermas, ¿ok?

―Esto... apesta... ―alcanzó a susurrar.

―¡Sara! ―Gritó nuevamente y la mujer entró corriendo.

―Ya viene la ambulancia, Sra. Nathalie ―informó manteniéndose firme al frente de ellos.

―Ayúdame ―pidió Nathalie, usando toda la fuerza que tenía en sus brazos para sentar a Chleo sobre la cama.

―Sí, Sra.

Entre ambas lograron apoyarlo sobre la cama y recostarlo de costado. Cuando terminaban su misión la ambulancia finalmente llegó y en cuestión de segundos Chleo había sido acostado en la camilla de primeros auxilios.

―Iré con él ―avisó Nathalie―. Por favor, Sara, te encargo a Galilea, llevala con Andrea.

―Sí, Sra. ―le siguió por los pasillos, anotando mentalmente la lista de cosas que Nathalie pedía preparar y enviar para Chleo al hospital mientras se dirigía a la ambulancia siguiendo a los paramédicos―. Me encargaré de todo, por favor, lleven rápido al Sr. Chleo.

En otro lugar de París...

―¿Hola? ―Contestó la llamada en su teléfono móvil―. ¿Hermana? ¡Por fin! ―Tomó unas monedas del bolsillo de su chaqueta y las introdujo en el pequeño caballo mecánico para hacerlo funcionar―. No, obviamente no estoy en esa casa. Por eso es que puedo hablar ahora.

―Quiero un helado.

―Sí, luego de que termine el paseo en el caballo tendrás tu helado, ¿ok?

―¡Sí! ―respondió la pequeña aferrada al caballo.

―Sí, es la hija de Chleo, ¿qué esperabas? Soy su niñera, se supone que debo cuidar de ella.

Ya, disculpa, pensé que estabas sola.

―No, no estoy sola. Pero es una niña y está entretenida con el estúpido caballo de juguete.

Bien, si no te escucha y tampoco va a entender nada, entonces podemos hablar con calma.

―Sí, y ni te quejes, mira que esto fue tú idea, y he de confesar que la niña es una malcriada. O sea, no es grosera, pero está acostumbrada que sus órdenes sean la ley. Sus padres hacen todo lo que ella quiere y sus abuelos peor, hasta la sirvienta en jefe hace lo que a la niña le place.

¿Qué esperabas? Chleo fue criado igual.

―Cómo sea, ¿cuándo llegas a París?

Mañana a primera hora. Se supone que iría la semana entrante, pero, supe de buena fuente que Chleo se enteró de algo que no debía y está muy enojado. Mi fuente dice que es casi seguro que esta vez se acabó su matrimonio.

―Más te vale que así sea. He tenido que soportar a esta mocosa por tú culpa y si tienes esa fuente tan buena, ¿qué hago yo jugando a la niñera?

¿Eres tonta o te caíste al nacer, hermanita? Obviamente no llegaré mañana y Chleo caerá a mis brazos de una vez, pero, al menos seré una buena amiga que le apoyará con todo este problema, y mientras que la separación es un hecho, necesitaré un par de oídos extra en esa casa.

―Si tú lo dices. Pero, no es como que escuche demasiado, paso todo el tiempo con la niña y casi no salgo de su habitación.

Eres una bruta. Los niños dicen todo, solo tienes que comenzar a hacer las preguntas correctas y la niña cantará como solista de ópera. Tú confía en tu hermanita mayor. Hazte amiga de la niña, absorbe todo lo que ella tenga para decir y guarda esa información para tu querida hermana. Yo, mañana me aseguraré de que el caos se apodere del lugar, tú, asegúrate de que mis oídos permanezcan informados.

―¡Helado! ―Gritó la pequeña cuando el caballo se detuvo.

―Tengo que dejarte, la maldita maquina terminó de moverse. Te mantendré informada, y tú, si vas a hacer algo, hazlo bien. Me llamaron hace unos minutos, para que llevara a la niña con Andrea Bourgeois al terminar su paseo. Al parecer Chleo tuvo un infarto o algo así y está internado de emergencia en el hospital. Recuerda, además, que Nathalie no te quiere ni un poquito.

Ya te dije, de los detalles me encargo yo. Tú, sigue cuidando a tu futura sobrina.

―Ya veremos. Suerte en tu viaje, Elianna.

―Cuídate, cariño.o

O

o

O

*-Continuará...-*

Gracias por leer y por sus reviews...

Besos~~ FanFicMatica :*