¡Hola!

Niños, vengo a invitarles oficialmente a ingresar al Grupo: *-Miraculous-Fanfictions-* en Facebook y al evento: #LaNavidadSinNavidad.

Tendremos lindos premios y estará chido el reto jajaja.

Bueno, TTBTM, Juego de Reinas y Meant To Be estarán pausadas un poco mientras que avanzo hasta cierto punto de esta historia.

¡Estoy a tope! Esto de la semana de #DiarioDeUnaEsposaTrofeo fue una gran idea.

La próxima semana probablemente lo haga con #TheTruthBehindTheMask sino es que sigo con esta y la termino en una semana más jajaja

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Cómo siempre, disfruten la lectura...

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DIARIO DE UNA ESPOSA TROFEO

CAPÍTULO XIII:

Trampa.

Su respiración era calmada, pero constante y el sonido de los aparatos médicos eran lo único que se escuchaba en aquella habitación.

Estaba calmado, tranquilo, relajado. No recordaba cuando había sido la última vez en que había sido dueño de tanta calma.

Escuchó la puerta abrirse y fingió no ser consciente de lo que ocurría. Alcanzó a entender algún susurro y seguidamente unos pasos que se acercaban hasta la cama.

Sintió la respiración de alguien más sobre sus labios, pero no abrió los ojos. Sintió que unos labios se posaban sobre los suyos y correspondió lentamente el beso. Subí una de sus manos, hasta sujetar la cabeza de quién le besaba, profundizando aquel beso.

Tiró de aquel cabello, terminando abruptamente aquel beso.

—¿Qué haces aquí, Ellianna? —Preguntó y ell solo sonrió—. Te hice una pregunta.

—¿Cómo supiste que era yo si no abriste los ojos?

—Nathalie no suele usar perfumes porque Galilea es alérgica y sé cómo besa mi esposa.

—Bueno, me descubriste. Pero, ¿qué más da? Igual tampoco querías verla, ¿cierto?

—¿De dónde sacas eso?

—Tú le dijiste a tu enfermera que no querías ver a nadie más que a tú hija, ¿cierto?

—¿Cómo...?

—Tal parece que el doctor no estaba enterado y me ha autorizado cuando pedí entrar. La enfermera intentó detenerme. Pero resultó ser mi fan. No podría decirle que No a su ídolo. Jamás.

—Lárgate. No quiero que Nathalie te vea aquí.

—Pues es tarde, querido. De hecho estaba con ella cuando el doctor le anunció tu decisión de no verla. Parecía realmente afectada. Pobrecita, creo que iba llorando.

—¿Qué quieres, Ellianna? —Preguntó llevando una mano a su cabeza, intentando calmar el dolor que aparecía en su frente.

—Vamos, eres más inteligente que esto. Tú sabes perfectamente que quiero —se sentó al borde de la cama, pasando sus dedos sobre el pecho y abdomen de Chleo—. Te quiero a ti.

—Ellianna, esto es una tontería. Yo no siento nada por ti. No podría verte...

—Chleo... Yo sé todo. Sé que te estás divorciando de Nathalie. Sé que las cosas no están bien entre ustedes. Y sé también lo que ella hizo. Engañarte con otro, tanto tiempo...

—¿De dónde sacas eso? —No estaba seguro de que ella realmente supiera algo o solo estuviera adivinando.

—Tengo mis fuentes... Y algunas pruebas que seguramente te gustaría ver. Claro, cuando estés mejor. Lo último que quiero es hacerte algún daño.

—Y me estás ofreciendo esto, ¿solo porque quieres...?

—Ayudarte, apoyarte, estar aquí para ti.

Chleo posó sus ojos en la ventana. Dudando en su mente si aquello era cierto. Cuando lo de la revista había ocurrido, Ellianna le había jurado que ella no había enviado nada. Pero él no le dejó explicarse, no la escuchó, y, ella incluso se había disculpado con Nathalie, cómo él le había pedido, sin oponerse o quejarse.

—Chleo, te amo, siempre lo he hecho, y lo sabes. Sabes que yo haría cualquier cosa por verte feliz. Incluso en algún momento acepté que te casaras con Nathalie, y, renuncié a todas mis esperanzas de algún día estar a tu lado. Pero, yo realmente quiero estar para ti, —dijo acariciando su mejilla—. Tú sabes que tenemos un pasado que nos unirá por siempre.

—Ellianna, eso no...

—No solo fuiste el primer chico con el que estuve, también fuí tu primera vez... Fuimos la primera vez del otro y eso no se olvida. Ni lo que ocurrió en Australia...

—No vuelvas a hablar de eso. En Australia no pasó nada, ¿ok?

—Si pasó. No puedes negarlo por siempre. Y... Aún así, yo guardé silencio todos estos años por ti. Por eso, confía en mí esta vez... Si Nathalie quiere divorciarse, concédele el divorcio. De todos modos, ella no te ama, y tú me lo dijiste, que no sentías nada por ella... ¿o acaso algo ha cambiado? —Sus ojos parecían estar a punto de desbordarse en lágrimas—. Si es así, yo lo entenderé...

—Yo... —la voz de Julien en el teléfono invadió su mente, junto a las palabras de Sabino—. Yo no siento nada por ella.

—Entonces, ¿por qué no intentarlo una vez más?

—Tengo un hija, Ellianna. No puedo solo divorciarme y de inmediato empezar un nueva relación con alguien más.

—Nadie tiene que saberlo —miró su teléfono y un mensaje acababa de llegar—. Yo, solo quiero demostrarte cuanto te amo, —soltó los botones al costado de su falda, dejando sus piernas libres y se sentó sobre Chleo.

—¿Qué estás haciendo?

—Solo, te extraño demasiado —se apoyó en los hombros de Chleo y lo besó.

Fuera de la habitación venían 3 adultos y una niña caminando apresurados por el pasillo.

—Te voy a dejar algo en claro. No dejaré a mi hija sola en un centro de salud, ¿ok?

—¿Qué le pasa? —Preguntó Sabino y Diana se encogió de hombros.

—¡¿Qué me pasa?! Pues el idiota de tu mejor amigo le dijo al doctor que YO, su maldita esposa no era bienvenida en su habitación.

—Pero una así estás yendo, ¿por...?

—¡Porque Diana tiene razón! Es mi esposo y puedo pasar a verlo y hasta me puedo quedar a dormir en su cama si se me da la maldita gana, y, Galilea es mí hija y es una niña y no pienso dejarla acá sola, y obviamente no le pondré semejante labor extra a Diana de quedarse aquí con ella.

—Entonces, ¿solo irumpirás en la habitación de Chleo y ya?

—¡Sí!

—Acaba de tener un infarto, ¿recuerdas?

—Pues, espero no tenga otro al verme.

—¿A quién le escribes? —Preguntó Nathalie, viendo a Diana con el móvil en manos, quedándose detrás.

—Yo... Eh... Era el profesor de ballet con el que quieren inscribir a la Srta. Galilea.

—Bien, —apretó la niña en brazos y entró—. No... —Diana tomó a Galilea, pues se estaba resbalando de los brazos de Nathalie.

—¡Chleo! —La voz de Sabino fue la que resonó en la habitación.

—¡¿Nathalie?! —Ellianna tomó las manos de Chleo, que seguían sobre su cintura y las alejó rápidamente de su cuerpo—. E-esto no es lo que crees.

—Eres un... —sus ojos turquezas no dejaban de mirar al rubio mientras Ellianna se ponía en pie.

—Nathalie, espera —pidió Chleo y ella solo se dió la vuelta y tomó a la niña en sus brazos.

—Cariño, por favor, —Ellianna le tomó del hombro, haciéndola girar y Nathalie sacudió su mano, golpeando su mejilla.

—No me toques, zorra, —Sabino le arrebató la niña—. No quiero escuchar nada que ninguno de ustedes me quiera decir.

—¿Estás bien? —Preguntó Chleo a Ellianna, quien seguí sujetándose la mejilla donde había recibido el golpe.

—Sabino, dame a mí hija —pidió al ver a Chleo arrancarse el suero y los sensores de sus brazos para caminar en su dirección, pero él se negó.

—Ven acá —Chleo tomó el brazo de Nathalie, tirando de ella—. Sabino, lleva a la niña con mi madre, por favor.

—Sí. —Tomó a Diana de la mano—. Tú, ven conmigo.

—Yo... —Ellianna prefirió callar y tomar la salida también—. Maldita... —susurró del otro lado de la puerta, tocando su mejilla golpeada. Me la vas a pagar.

—Por enésima vez. ¡Suéltame!

—¡No lo haré! —La apretó con más fuerza de ambas muñecas—. ¿Eres loca o qué te pasa? ¿Por qué golpeaste a Ellianna?

—¡Ah! ¡¿Entonces la mal aquí soy yo?!

—¡Ella no hizo nada para que la golpearas!

—¡No! ¡La inocente Ellianna nunca hace nada! Nada más estaba ahí, encima de ti... ¡Para eso si te sientes bien, ¿verdad, "cariño"? Ah, no, solo es bonito cuando ella lo dice.

—Estás diciendo un montón de tonterías. Y ¡Sí! ¡Me estaba besando! ¿Cuál es el problema? —La empujó contra la puerta, pegándose a ella tanto como podía para evitar que se moviera—. ¿No fuiste tú quien me pidió acabar con éste maldito engaño que es nuestro matrimonio?

—Sueltame, —pidió con los ojos llenos de lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento.

—¿Sí Ellianna me besa ésta mal? ¿Y qué hacías tú en casa de Julien?

—Sueltame...

—Yo no puedo enojarme y debo creer todo lo que digas, pero tú si puedes hacer lo que se te venga en gana... ¿Sabes por qué éste matrimonio no funciona, Nathalie? Porque tú nunca, nunca has sido honesta conmigo.

—¡Eso no es cierto!

—¡Lo es! —Gritó golpeando la puerta y alejándose de ella. Caminando despacio hacía la cama—. ¡Encontré tu maldito diario!

—¿Qué...?

—Lo leí, lo sigo leyendo, lo hice porque quería entender porque diablos de la noche a la mañana no querías seguir a mí lado.

—¿Lo leíste...?

—Sí. Lo leí y sabes, yo realmente lo intenté. Te lo juro, hice a un lado la ira, la cólera, las ganas de mandar todo al diablo, y realmente me esforcé, pero siempre dudaste de todo lo que hacía, aún cuando estaba obsesionado, cuando en el fondo no era más que tu maldito títere.

—Eso no es cierto... —se había dejado caer al suelo, de espaldas a la puerta.

—Siempre buscaba complacerte como un idiota, haciendo todo a espera de que fueras feliz a mí lado. Incluso estaba dispuesto a ignorar lo de la maldita llamada, pero, ¿sabes qué? ¡Estoy harto! —Se sentó en el suelo, cubriendo sus ojos con sus manos—. ¡Tú no eres ella! ¡Ella está muerta y esa es la realidad!

—Chleo...

—Solo dime una cosa... ¿Hace cuanto comenzaste a recordar?

—Yo... Yo no sé...

—¡No mientas, Cristine! Por una maldita vez, ¡Se honesta conmigo, mierda!

—No estoy segura... Al principio no tenía idea, pensaba que eran sueños... Y de repente... —Las lágrima caían sobre su rostro, una tras otras, hinchando sus mejillas y coloreando el resto de su rostro de rojo—. No sé...

—¿Por qué no me lo dijiste? ¡¿Por qué? Maldita sea!

—¡Porque tú tampoco eres la persona de quién me enamoré! —Chleo levantó la mirada y ella estaba de pie frente a él, se agachó, quedando de cuclillas. Mirándole directamente a los ojos—. Porque el Chleo que amé de niña jamás me hubiese hecho daño y del que me enamoré de adulta no era más que una mentira.

—Vete —dijo y ella se levantó.

—No todo ha sido mi culpa, —dijo antes de atravezar la puerta.

—Solo vete...

Nathalie salió de la habitación y justo del otro lado de la puerta volvió a desplomarse. Sentía que algo se había quebrado dentro. Había vuelto a mentir. Ella no recordaba nada.

Se había enterado de todo gracias a Sara. Pero ella no recordaba nada. De no ser por las fotos que la mujer guardaba, ni siquiera le hubiese creído. El solo pensar que esa misma mujer la había cuidado de niña y cómo parecía saber más de su vida que ella misma era algo que le hacía sentir mal.

Pero, Chleo tenía razón en algo, la honestidad no estaba en medio de esa relación. Tal vez nunca lo había estado. Tal vez lo mejor era justamente cortar todo antes de que se hicieran más daño. Sí es que era posible lastimarse aún más mutuamente.

Llamó a Sabino y ya estaba llegando a casa de Andrea con la niña y Diana. Respiró profundamente y encendió el automóvil. Repasaba lentamente en su cerebro todo lo que había ocurrido.

Ella había golpeado a Ellianna. No se sentía mal por hacerlo. Pero sabía que no era lo correcto, sobre todo porque lo había hecho delante de Galilea.

Dios, su hija, le había visto actuar como una loca, y no solo a ella, también habría visto a Chleo forcejear con ella. En ese instante se maldijo a sí misma. Ella había tenido la culpa por no conservar la cordura. Pero, estaba tan enojada. Ver de nuevo a esa... "modelucha" besando a Chleo. Tal vez se estaba separando, pero no podía negarse a sí misma que sentía cosas por él y los celos la habían cegado.

Maldijo internamente a Ellianna y la bocina de un camión fue lo último que escuchó.

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*-Continuará...-*

Gracias por leer y por sus reviews...

Besos~~ FanFicMatica :*