III
Profesores.
Iniciaba otro día de preparatoria. Lo que para muchos era sinónimo de "un día mas de tortura"; pero Garfield le daba un especial énfasis a la parte de la tortura cuando sus días iniciaban con su acordada consulta con el psicólogo escolar.
No había dormido nada la noche anterior así que portaba un look de bolsas bajo los ojos, la paja sobre su cabeza que fungía como cabello bien desordenada, la misma sudadera gris con un alien en la espalda del día anterior y… con el mismo olor. Según los parámetros de su olfato aun no era necesaria una ducha.
Estaba apunto de quedarse dormido en el asiento cuando la voz gangosa de la secretaria del Director lo espabilo.
—Logan; Garfield, la señorita Nguyen te atenderá ahora —dijo parada en la puerta la versión humana de Roz de Monster inc.
—Creo que te equivocaste Celia, mi psicólogo es el Sr. Sprout —explico somnoliento.
La mujer rodo los ojos con fastidio.
—El Sr. Sprout tuvo un bebé y renuncio, Logan, ahora te atenderá la señorita Nguyen.
—Pero… cuando tienes un hijo ¿no es cuando más necesitas un empleo?
—No lo sé, Logan, gracias a este trabajo me anude las trompas hace 25 años —dicho eso volvió a sus labores e ignoro la cara de consternación del rubio.
Intranquilo, Garfield tomo su mochila y entro al salón contiguo al del que había salido Celia. No había nadie esperándolo, así que por un momento pensó que podría simplemente irse pero al escuchar el golpeteo de unos tacones acercarse por la otra puerta se sentó rápidamente en la silla plástica que había ocupado durante cada sesión.
Aquella era una oficina común y corriente, salvo por algunos detalles que evidenciaban que se ahí se trataban temas de salud mental, tales como algunos cuadros de machas de tinta negra con formas extrañas y un estand con folletos que tenían títulos tipo "Ana y Mia son malas amigas" con dibujitos de los 50.
—No Ken, mira en este momento estoy trabajando te llamo cuando termine con mi paciente, por favor, ya te dije que quiero hablar primero con Lian, alo ¿Ken?
Escuchaba Garfield la conversación telefónica que se llevaba acabo del otro lado de la puerta. Cuando la psicóloga por fin cruzo el umbral, entro murmurándole rabiosa al celular.
—Estúpido —dijo dándole un último dedazo furioso al aparato y tirándolo sobre el escritorio como si Garfield no estuviera ahí se paso la mano con preocupación por su largo cabello negro.
El rubio aprovecho el lapsus de ausencia de la mujer para examinarla, tenía rasgos asiáticos, le parecía bonita, como de unos treinta y algo, llevaba puesto un vestido verde de mangas largas y botines de tacón color negro. Además parecía emocionalmente inestable, eso le hizo pensar que quien estaba contratando al personal no le estaba poniendo mucho empeño.
—Oh, disculpa, olvida todo lo que hayas escuchado ¿Te parece… —leyó el nombre del chica en los papeles de su escritorio —Garfield?
El asintió nervioso.
La mujer tomo asiento, arreglo su cabello enrollándolo con un palillo, se coloco unas gafas y se dispuso a observar a Logan con detenimiento.
—Bueno Garfiled, soy la Doctora Jade Nguyen, de ahora en adelante trabajaras conmigo, jovencito —Se presentó sonriéndole, y espero una respuesta de Garfield… la cual nunca llego.
Él solo la miraba, no sabia que decir. Su cerebro trataba de conectar las palabras correctas pero era muy difícil. Estaba muy incomodo.
—Entonces ¿Qué opinas si empezamos hablando un poco sobre ti? Y así nos conocemos mejor —sugirió de forma agradable.
A lo que Garfield respondió encogiéndose de hombros.
—Cariño si queremos que esto funcione debemos hablar —resalto tratando de mantener la calma. —Ni siquiera he leído las notas del Sr. Sprout, quería que comenzáramos totalmente de cero. —Le comentó, era parte de su plan para hacer que los jóvenes no se sintieran juzgados.
La habitación continúo en silencio; solo se escuchaba el tic-tac del reloj.
Ella hacia que veía unos papeles dándole oportunidad a Garfield de empezar la conversación pero al cabo de diez minutos comenzó a pensar que tal vez el chico tenía tantas ganas de hablar de su vida como ella de hacer su declaración de impuestos.
«¿Y bien, Logan? ¿Este es el gran plan? ¿Actuar como retrasado hasta que se incomode y te eche? Bueno, ha funcionado otras veces» cavilaba el rubio con ansiedad.
La fisiología le jugo en contra y soltó un gran bostezo con el que casi se come a la doctora.
—¿Estas cansado?
—Sí.
—Bien, al menos ahora sé que no eres mudo.
—¿Que no soy qué… Mier… —Instantáneamente se tapo la boca con las manos.
«¡Estupendo, Logan! Ni siquiera tienes que fingirlo porque EN VERDAD ERES UN RETRASADO» Se reprendió así mismo.
La Dra. Nguyen sonrió de forma maternal, Gar le parecía un chico tierno, no uno problematico, le recordaba un poco a…
—Lian.
—¿Qué dijiste?
—Su teléfono, la están llamando.
Jade tomó el aparato rápido y torpemente y le pidió a Gar que la excusara un instante; por supuesto él estuvo encantado de que la atención de enfocara a otra cosa que no fuera él.
La mujer salió por la puerta por la que había entrado pero se quedo hablando cerca de ella, Garfield podía ver su figura difusa por el vidrio texturizado, parecía un poco alterada. La curiosidad pudo más así que pego la oreja a la puerta para escuchar la discusión. Le parecía fascinante que los que laboraban en la escuela tuviera una vida fuera de ella.
—Linda es mi primer día de trabajo y estoy con un paciente, le dije a tu padre que luego te llamaría, no, no, el trabajo no es más importante que tú, pero entiéndeme necesito el dinero, entre los abogados y los gastos de la casa no me doy abasto y no...
Su voz tenía un tono preocupado, ese tono que tienes cuando sabes que por más que le expliques a la otra persona ella jamás va a entenderte. Frustración.
—Adiós hija, te llamare más… —No pudo terminar la frase porque ya habían colgado del otro lado.
No espero ni un suspiro para regresar a la oficina, abrió la puerta de golpe y en consecuencia golpeo al rubio en la cabeza. Este estaba acuclillado junto a la puerta así que fue enviado al suelo a sobarse. El primer instinto de la doctora fue agacharse a su lado para asegurarse de que estuviera bien.
—¿No te enseñaron que es de mala educación espiar conversaciones ajenas? —Le preguntó con cierto sarcasmo mientras lo examinaba.
—No estaba espiando, recogía mi lápiz del suelo —explicó aunque sabía que era poco convincente, y la Sra. Nguyen no parecía enojada de todas maneras.
Ella exhalo familiarizada con la escena.
—Para próximas sesiones, Garfield, la que toma nota soy yo ¿Esta bien? —dicho eso le indico que se volviera a sentar.
Ella también volvió a su escritorio. Acto seguido apago su celular y lo guardo en un cajón, resignada a que no podía estar en dos lugares al mismo tiempo.
—Bueno Gar…
—Logan.
—¿Disculpa?
—Sino le molesta… Prefiero que me llamen Logan —dijo mostrándole una sonrisa algo complice.
—Ok —hablo sorprendida pero contenta. Tal vez su primer paciente no iba a ser tan difícil después de todo. —Entonces Log…
—¿Tiene problemas para hablar con su hija? —inquirió a quemarropa a la vez que estiraba los puños de su sudadera.
Ella lo miro entre confundida y algo indignada.
—Es que… A mí también me cuesta hablar con… las personas, mucho más con las chicas, no lo tome personal, no es solo usted, ni siquiera puedo hablar con Rita.
Trataba de explicarle sin dirigirle la mirada y retorciéndose sobre sí mismo.
—¿Tu madre?
—Murió —respondió volviendo a encontrar sus ojos con los de la doctora.
Garfield había entendido mal la pregunta de la doctora, pero esa respuesta había sido aun más reveladora para ella.
—Creo que es injusto que los que sí pueden hablar con sus madres no lo hagan.
—A veces las madres tampoco saben hablar con sus hijos. La diferencia es que nosotras las madres siempre queremos hablar con ustedes. —Alegó la facultada sonriendo afable.
—Creo que es igual para ambos.
—¿Entonces cual crees que es el problema?
—Que ninguno de los dos piense que es un estorbo para el otro.
—Que chico listo.
—En realidad no, soy un tonto.
—No, no lo eres Logan.
Tal vez no iba a ser un caso ni difícil, ni fácil, pero sí interesante.
. . .
—Para mañana muchachos deben leer las primeras 39 páginas de La elegancia del erizo, tendremos una discusión sobre ellas —Estableció el Sr. De Nol para dar por concluida la clase.
El rezongar generalizado de los alumnos no se hizo esperar.
Luego de que todos abandonaron el aula y el escándalo de sillas chirriantes contra el suelo y chismorreo adolescente se disipo, alguien toco suavemente el hombro del profesor mientras este borraba el pizarrón.
—No Skailar, por enésima vez, no puedes hacer tu ensayo sobre Cincuenta sombras de Grey. —dictamino de forma cortés aunque con un dejo de aburrimiento y frustración.
—¿Por qué no? Al menos así estaría seguro de que leyó el libro.
Al reconocer ese sutil tono monocorde y razonado se volvió para encontrarse con su alumna favorita.
—¿Qué tal Sr. De Nol?
—Oh dulce Rachel, que placer verte nuevamente en mi clase —La saludo caballerosamente depositando un beso en su delicada y pálida mano.
«Me ves muy tranquila e indiferente pero en mi mente ya cogimos sobre tu escritorio 3 veces» fantaseaba Rachel si perder ni por un segundo su expresión imperturbable.
—A mí también me da gusto verlo, pensé que no regresaría de su viaje a Inglaterra.
El Sr. De Nol había sido el profesor de Literatura de Rachel el año anterior y en su lista de lo mejor del año él estaba de primero. ¿Cómo no iba a estarlo? Tratándose del Profesor más sexy de la escuela; 1.80 de alto, ojos grises, en la historia de la humanidad solo a George Clooney y a él se les había visto tan bien el cabello entrecano, y un cuerpo bien trabajado que se podía apreciar a través de su atuendo de cabello ingles moderno echo a medida.
Todas las chicas morían por él. Le hacían ojitos, preguntas estúpidas y le llevaban presentes. Todas menos Rachel. Porque Rachel Roth jamás seguía a la manada, más bien la manada solía seguirla ella y no se explicaba porqué, ella era una antipática que los odiaba a todos. Jinx decía que era por sus tetas.
El punto era que para Rachel el Sr. De Nol, aparte de parecerle un hombre para nada despreciable, se le hacia sumamente, o más bien la había convencido de que era un hombre sumamente culto e inteligente.
Rachel siempre dudo de que hubiera alguien a su alrededor que disfrutara tanto de la lectura como ella, pero este Señor apareció de repente en su vida para demostrarle que no era así, y que entre charlas de Borges y de García Márquez podía convivir con alguien en sus propias palabras. A veces quería cachetearse así misma por tener un vestigio de colegiala cursi dentro de su cabeza, pero bueno, era algo de lo que nadie más tenía que enterarse.
—Volver a casa y saborear un buen té puntual siempre será maravilloso, pero ya me he habituado a América, querida —respondió. —Además me he encariñado con los chicos de aquí, son todos tan vibrantes, aunque obviamente ninguno tanto como mi alumna favorita —añadió guiñándole el ojo a Rachel en forma divertida.
Rachel disimuladamente se reviso porque por un momento creyó que se había orinado.
—Debo confesarle que eso me alegra —Ella nunca había sido tan sincera en toda su vida —porque he venido a pedirle un favor.
«Y en caso de que se niegue ya deje preparado en casa un vestido negro sobre la cama y un frasco de clonazepam en mi buró que usare para suicidarme por su educado desprecio»
—Ah sí ¿Y de qué se trata?
—Voy a hacer mi tesis de grado en el área de literatura inglesa y quería saber si usted podría ser mi tutor, en realidad nuestro porque tengo una compañera.
Le entrego en una carpeta de acetato la propuesta que tenían hasta el momento y él se sentó a ojearla en su escritorio.
—¿Con quien trabajaras? —inquirió sin levantar la misma de su lectura.
—Con Kori Anders, Señor.
—Recuerdo a la señorita Anders, tenía un gusto algo obsesivo por los gatos, pero era una buena alumna, les ira bien juntas —decretó con una sonrisa surcando su rostro.
. . .
Una impaciente Kori esperaba a Rachel afuera del Aula 12 dando uno que otro salto.
—Oh, espero que diga que sí, las tesis que dirigió el año pasado fueron las mejores —decía hablando consigo misma.
—¡Hey Kori!
—¡Karen! —chillo feliz de verla rodeándola con sus brazos —¿Qué haces aquí? ¿Viniste a visitarnos? Te enseñaremos la nueva coreografía que tenemos para el equipo es asombrosa.
—Me encantara verla, zanahoria, pero antes debo pasar por la oficina del Director, me mando a llamar para que lo asesorara con algunas cosas para elegir al nuevo presidente del consejo estudiantil.
—Es que tú gestión fue la mejor de todas.
—Lo sé —coincidió sin modestia alguna —La mamá de Victor también me pidió que le pasara dejando el almuerzo. —agrego rodando los ojos.
Kori oculto su risita con una mano sobre su boca.
—¿Sabes donde esta su almuerzo verdad?
—Me imagino que en tu casa.
—No entiendo porque Chispitas tiene que ir a dormir sus borracheras en mi casa, y de paso con Jinx, no soy un hotel ¿Sabes donde dormí? ¡En el sofá! porque el cuarto de huéspedes también estaba ocupado por una amiga de mamá —explicó con amplia gesticulación de indignación.
—Eres una buena amiga.
—Lo sé, nena, lo sé —coincidió nuevamente, de eso no cabía duda alguna —Pero ahora tengo ojeras, resaca y tortícolis, un look super apropiado para ver —Echo un gran bostezo— al Director.
—Solo procura no bostezar así frente a él —bromeo la pelirroja.
—Lo intentare —Pero no prometía nada —Me trajo Grayson, me dijo que le avisara si veía a Rachel.
—Está adentro hablando con el Profesor Malchior.
Saco su celular y le envió la información en un mensaje.
—Te veo en un rato, roja, voy a salir de esto para ir lo más pronto posible a correr a Chispas y Jinx de mi cama.
Era una suerte que los padres de Karen la dejaran convertir el sótano en su habitación.
No habiendo pasado mucho de que Karen se fuera, Rachel salió del aula y como siempre su expresión era indescifrable.
—¿Y bien? ¿Qué dijo? —indagó Kori impaciente.
—Acepto ser nuestro tutor.
Kori sabía que aquello emocionaba a Rachel tanto como a ella, pero como su amiga tenía una extrañaba forma de transmitir sus emociones por ondas electromagnéticas o algo así, ella demostró el entusiasmo por ambas abrazándola fuertemente y bailando en círculos mientras vitoreaba de alegría.
—Todo es perfecto, sacaremos la mejor nota en nuestra tesis, la publicaran, nos darán una gran beca, iremos a la misma universidad, entraremos a la misma fraternidad y seremos roomies AAAAAHHH…
—Sí, hurra —Fue lo que alcanzo a exteriorizar Rachel no tan de acuerdo con algunos puntos de ese plan. —Me dio un material para que vayamos investigando y nos mandara algo más al correo…
—¿Qué te he dicho sobre venir casi desnuda a la escuela? —preguntó Dick al llegar y abrazarla por la cintura.
Rachel puso los ojos en blanco y lo beso en la mejilla.
—Se llama falda, Richard, te la presento, y no esta fuera del código de vestimenta.
—No es necesario, yo conozco a la señorita falda íntimamente.
—Mmm… ¿De veras? pues más tarde tendremos una reunión a la que ella no está invitada y tú deberás usar acento británico.
—Mmm… Eso suena… ¿Que yo qué? —inquirió de repente sacado de la onda romántica.
Kori tosió lo más fuerte que pudo para que recordaran que ella seguía ahí.
—Debes hacerte examinar esa tos, Kori —apuntó Dick.
—De seguro fue el humo de los cigarros anoche, Kori es alérgica.
—Sí, seguramente.
La verdad era que cada vez que se formaba una burbuja RxR la pelirroja solía estar presente pero quedaba como si fuera completamente invisible, ya han debido ser tantas veces que sus amigos aparentemente comenzaban a pensar que podía tener una neumonía.
—¿Qué dices si te escapas un rato y adelantamos esa reunión? Te mereces un trato especial después de lo de anoche —propuso Dick de forma picara.
—Le debes la vida después de lo de anoche —añadió Kori siendo un poco más exacta.
