V
Rompiendo el saco.
—No me importa que aun te duela la cabeza ¡Largo de mi casa, Stone! Y sin que mis padres los vean.
Amenazó la morena con tortícolis vía telefónica. Suspiró.
—Necesito dispararle a gente virtual por largo rato… —Su cuello crepito —Y una almohada ortopédica.
Kori se cubrió la boca para controlar la risa que le daba la expresión de su amiga.
—Chicas ¿podrían regresar solas a casa? —incurrió Rachel sin apartar la mirada de la vitrina.
—¿Sucede algo, Rae?
—Acabo de recordar un pendiente —respondió con simpleza. —Sera mejor que me vaya, si quieren cómanse otro pie, yo invito —dijo dejando el dinero sobre la mesa.
—Pero…
Hizo un gesto con la mano y se retiro rápidamente.
—Que raro.
—Es Rachel, en ella todo es raro —sentenció Karen con cansancio —Pide ese otro pie, que sea de cereza.
. . .
Garfield decidió volver a casa temprano y platearse la idea de, tal vez, empezar a limpiar para que la casa no parezca un escenario post-apocalíptico cuando Steve y Rita regresen. Trevor le propuso una noche de videojuegos en su casa, pero él no estaba de humor. Necesitaba dormir. El gordo se sintió ofendido pero Garfield sabía que podría superarlo.
Se dirigía hacia la parada de autobuses, ya rondaba el atardecer, y todo parecía tranquilo, hasta que ese sexto sentido casi animal que poseía le empezó a indicar que algo andaba mal: Se sentía vigilado.
Echo la caperuza de su sudadera sobre su cabeza y apresuro el paso. Los latidos de su corazón se fueron elevando progresivamente, proporcionales a las veces que veía por sobre su hombro para convencerse que no había nadie siguiéndolo. Se detuvo en una esquina a esperar que el semáforo le indicara pasar y los segundos se le hacían interminables, palmeaba su muslo velozmente a la vez que pensaba «Cambia, cambia de una vez».
En ese instante sintió como una mano pesada se posaba en su hombro y fue como si toda la mierda acumulada en su cuerpo durante la semana quisiera abandonarlo en ese mismo instante. Dio un salto y se giro rápidamente mostrando un semblante aterrorizado.
—Hey, tranquilo, viejo ¿Te está dando un ataque o algo así?
—¿Qué? —preguntó el rubio aturdido.
Lo ultimo que Logan esperaba encontrarse era un hombre de color de mediada edad preocupado de que le estuviera dando un infarto.
—¿Estás bien?
—No, no, qué digo; sí, sí estoy bien —respondió tratando de recuperar la compostura.
—Tiraste esto hace dos cuadras —Le explico el hombre devolviéndole la bolsa con los comics que había comprado.
Ni siquiera se dio cuenta que los había soltado.
—Gracias. —habló entre abrumado y avergonzado.
—No hay problema, amiguito, solo ten más cuidado —dijo el amable transeúnte, y luego se retiro aprovechando la luz verde para cruzar la calle.
Cosa que Logan no pudo hacer porque su mente se encontraba sopesando lo que acababa de pasar y el hecho de que su paranoia se estuviera saliendo de control. Estaba en la calle, no en la escuela ¿Quién coño perseguiría a un mal bañado con solo 15 dólares en el bolsillo como él?
Pero para cuando el semáforo volvió a estar en verde, Garfield ya se encontraba con la cabeza cubierta por un saco, siendo secuestrado.
. . .
Rachel había visto toda la escena desde su auto, sabía que Adonis y su grupo de maleantes no tramaban nada bueno. Y eran tan estúpidos que llevaba siguiéndolos varias cuadras y ellos ni pendiente. Aunque claro, los seguía desde una distancia prudente, porque subestimar la estupidez era uno de los grandes errores de la humanidad.
—¡SUELTENME! —gritó Garfield, pero su voz era apagada por la lona.
—Solo quiero dejarte en claro un par de cosas, campanita —dijo Adonis con una vileza gustosa en su voz. Caminaba junto al chico que sostenía a Garfield sobre su hombro como si fuera una toalla vieja.
El pobre rubio se encontraba muerto de miedo, se retorcía sobre sí mismo en un vano intento de lucha, pero era inútil dada la fuerza de su opresor.
Entraron en un callejón solitario y el chico que sostenía a Garfield lo arrojo al suelo, como a una bolsa de basura.
Garfield se quejo.
—Uy, parece que el bebé quiere llorar —Escuchó burlarse a uno de los chicos, con su insufrible voz de retrasado.
—Mamá ballena no debió dejarlo solo —dijo otro claramente refiriéndose a Trevor.
Garfield intentó levantarse pero sin miramientos recibió una patada en el estomago que lo dejo sin aire. Tosía y cuando intentaba tomar aire la lona entraba a su boca, empezaba a sentirse asfixiado.
—Tranquilos, muchachos, tranquilos, recuerden que esta es una amistosa conversación con nuestro amigo Logan, porque los amigos hablan sobre las cosas que les molestan para que no haya malos entendidos ¿verdad?
Garfield no sabia si responder o fingir estar muerto para ver si se alejaban.
—Responde, maldito torpe.
—Sí, sí ¿Qué te molesta… amigo? —contestó con voz estrangulada.
—Bien, amigo, la cuestión es esta: Dile a la zorra de Roth que deje de tocarme las pelotas y se meta en sus propios asuntos, ya estás muy grande para niñeras, te hace ver mal ¿Entiendes, Logan? ¿O tenemos que ir nosotros mismos a hablar con ella? —Se mofo con sus amigos secundándolo en risas morbosas.
—No… la… llames zorra —Quería que sonara como una advertencia pero Adonis apretada cada vez más duro su cuello.
E hizo algo de lo que cual se arrepintió al instante. Pero fue totalmente involuntario; y es que a ciegas como estaba mando un puñetazo que fue a dar directamente en el ojo de Adonis.
Este lo soltó al instante para cubrir su ojo y gruñir adolorido.
«¿Qué demonios acabo de hacer?» pensó aterrado e intentó quitarse el saco de la cabeza aprovechando el revuelo que se había armado entre los gorilas.
—¿Con permiso de quien, inútil?
Le duro poco el resuello porque otra vez su cuello era oprimido pero estaba con más fuerza.
—Te va a costar caro el chiste…
De repente se empezaron a escuchar sirenas de policía acercándose, un silbato.
—¡Maldición! ¡Corran! —vocifero rabioso el troglodita, obligándose a sí mismo a soltar a Garfield para poder escapar. Aunque no sin antes advertirle que eso no se quedaba así.
El rubio no entendía lo que sucedía, escuchaba gente correr, patrullas, estaba en medio de un ataque de pánico, no podía respirar, y era incapaz de moverse, ni siquiera de quitarse el saco.
Estaba a punto de arrancar a llorar hasta que sintió como le retiraban aquel saco con rapidez, pero estaba demasiado asustado como para abrir los ojos.
—¿Estás bien?
Para su fortuna y alivio era la voz de Rachel, abrió los ojos lentamente, casi no quedaba luz de día, y ahí estaba ella, de rodillas junto a él con ropa deportiva y chongo a medio hacer; y si bien su expresión era tan inexpresiva como siempre en su mirada se vislumbrada preocupación.
Garfield igualmente se echo a llorar en su regazo.
Rachel sorprendida de aquel desplome instintivamente se retrajo un poco, no sabía que hacer, así que lentamente coloco una mano sobre la cabeza rubia de su amigo y acaricio su cabello sin pronunciar palabra alguna.
