Suspiros se escuchaban saliendo de la habitación de las Cheng, estando sólo Bridgette presente.

Lágrimas seguían recorriendo las mejillas sonrosadas de la chica, aunque ahora su rostro era cubierto por una almohada bastante empapada. No era como si hubiese llegado hace poco. Pero tampoco hace mucho.

Tikki tan sólo le veía, bastante preocupada por todo lo que acababa de ocurrir. No tenía ni idea de qué era lo que pasaba por la mente de Bridgette, aunque tampoco era tan difícil adivinar.

Por Dios… ―La joven no podía evitar recordar lo que había ocurrido.

―Flash Back―

Antes de que siquiera Bridgette pudiese hacer algo, Adrien había actuado, pegándola a su pecho con una fuerza que sinceramente, no sabía que tenía.

―Es culpa de mi hermano, ¿Cierto? ―Osó de preguntar, mirando a todos lados, sin objetivo fijo, a raíz de su actuar tan impulsivo.

Pero no recibió respuesta. La joven Cheng estaba demasiado sorprendida como para si quiera articular una palabra. De hecho, incluso le costaba procesar la tan simple pregunta que le había hecho el rubio, siendo el colmo.

―Bridgette… No tienes que seguir sufriendo… ―Comenzó a hablar, sin tener siquiera un guía en ello. Tan sólo salían las palabras como un caudal, no las pensaba, no las meditaba, sólo sabía que debía decirlas, en una situación así. En especial cuando en medio de ellas se hallaba su hermano. ―Tu… Tu puedes dejarlo, puedes superarlo, ¡Me tienes a mí!

La azabache abrió los ojos de sobremanera, intentando de inmediato separarse. ― ¿Eh? ―No entendía del todo. Desvió su mirada hacia la ajena, enarcando ambas cejas. ―Pero, ¿Qué estás diciendo…?

― ¡Elígeme! ―Gritó entonces Adrien, logrando que ambos Kwamis, al igual que la chica, quedaron estupefactos. ―Yo… Yo puedo ser tu Chat Noir… ¡Y trabajaremos juntos! ¡Te puedo ayudar!

Los ojos de Bridgette de aguaron nuevamente, y quedó cabizbaja, con sus labios temblando. Había visto en la mirada de Adrien auténtica preocupación. Esa que anhelaba tanto por parte de Félix; y que sabía, no conseguiría…

Pronto las lágrimas comenzaron nuevamente a brotar.

―No puedo…

Se había dado cuenta. Adrien era el Chat Noir de Marinette, lo cual significaba que sería robarle el Amor platónico a su prima… Aunque ella no supiese sobre la doble vida de su amor.

― ¿Qué? ¿Por qué?

― ¡No puedo, solamente no puedo! El destino… El destino lo dictó así, ¿Vale? ―Bridgette elevó sus manos hasta sus mejillas y comenzó a intentar secarse las lágrimas que salían sin descanso.

―Pero, Bridge…

El agarre de Adrien titubeó, y la Cheng vio una abertura para escaparse de aquella situación tan embarazosa. No lo dudó ni por un segundo. Se apartó del joven y levantándose, comenzó a correr en dirección al baño de la escuela, donde recogería su bolso y partiría a encerrarse en su habitación.

Las lágrimas iban siendo olvidadas por el correr del viento, y Adrien al verse solitario, no supo explicarse exactamente qué era lo que había ocurrido.

―Yo… Siempre, desde que la conocí… He estado enamorado… De Ladybug… ―Susurró, para sí, observando sus manos. No entendía cómo había sido capaz de sugerir un cambio de parejas, a pesar de lo «Extremo» de la situación.

Tikki compartió su preocupación con Plagg con una simple mirada, y sin palabras se despidió, lamentando la escena que les había hecho pasar.

―Fin Flash Back―

El rostro de Bridgette había quedado complemente rojo recordando lo fuerte del agarre que había ejercido el rubio. Nunca antes nadie le había abrazado de esa forma tan intensa… ¡Y menos un chico!

Apretó la almohada contra su rostro, y secando aquel se sentó en la cama. Aquello que había ocurrido, había sido un error, lo tenía perfectamente claro. Nunca tuvo que haberse cruzado con el Chat Noir de su prima. Y nunca tuvo que haber sabido su identidad secreta…

Se dio un par de golpes en las mejillas para reaccionar, y luego, levantándose del colchón, caminó con suavidad hacia el espejo en su escritorio. Observó lo rojas que estaban las comisuras de sus ojos de tanto llorar.

―Soy una buena para nada… ―Susurró, enarcando ambas cejas, y mordiéndose el labio inferior. ―Lo único para lo que sirvo es para chillar…

Tikki veía la escena ansiosa, decidiendo si ser o no parte de ella. Aunque ante esas palabras, no pudo evitar lanzarse a su portadora.

― ¡No Bridgette, no es así para nada! ―Defendió la Kwami, negándose rotundamente a dejar a la joven así. ―Esto… Esto fue mi culpa… ―Se despegó de la mejilla ajena, para quedar enfrente de Bridgette, y jugar con sus bracitos, un tanto nerviosa. ―He enredado los hilos del destino… ―Susurró, enarcando ambas cejas, y mirándole con un extraño brillo en los ojos a la Cheng, quien quedó un tanto extrañada. ―Y ya no sé de qué van…

―Tikki… ―Susurró conmovida Bridgette, viendo tan indefensa y poco confiada a su Kwami por primera vez. Por impulso, la tomó con su mano, y pronto abrazó. ―Tranquila, no es culpa de alguien… Sólo, pasó.

Cuando ambas pudieron sonreír y sentirse mejor con el apoyo ajeno, se separaron, tratando de despejar sus mentes.

Bridgette tomó el pompón del maquillaje, dispuesta a ocultar todo rastro de lágrimas para cuando su prima llegase. Aunque no pudo evitar pensar en lo último dicho por Tikki. Ella… Había ocupado una excusa similar, con Adrien.

Por inercia se volteó un tanto, para lograr ver cómo el sol caía en un hermoso atardecer.

Destino, ¿Eh…?

――――――――――

Cierto rubio llegaba a duras penas al edificio que llamaba su hogar. No había querido llegar ahí transformado, sino que, se había tomado su debido tiempo para pensar en todo lo ocurrido y lo que había dicho. Después de todo, una caminata por un barrio calmo no le venía para nada mal en esos mismos momentos.

Pero como siempre, la mayoría de las cosas tenía su fin, y él lo encontró cuando la gran reja de la entrada principal se hallaba frente a él. Tan sólo tocó el timbre, y tras la cámara verle, las puertas se abrieron automáticamente.

Caminó hasta la entrada al interior de la mansión y una vez dentro, pudo ver cómo su padre se acercaba, bajando las escaleras. Algo más lejos, alcanzaba a reconocer la voz de Félix y Marinette.

Así que sigue aquí, ¿Eh…? ―Se preguntó a sí mismo. Por un momento fugaz, el hecho de que a su hermano le gustase una chica, y que invitara a Marinette a la mansión se conectó por inercia, logrando que hiciese una mueca. Como el amigo que era la de joven Dupain-Cheng, realmente no le recomendaba salir con su hermano o algo por el estilo…

Una voz le distrajo de sus pensamientos.

―Adrien. ―Aquella voz que a ratos le resultaba tan molesta. Aquella voz que imponía. Aquella voz de su padre.

― ¿Sí, padre? ―Preguntó, un tanto cabizbajo. Aunque no se encontraba temeroso ni nada por el estilo, Gabriel pudo darse cuenta.

― ¿Son éstas horas de llegar? ―Preguntó firme el padre.

―Sólo me di un par de vueltas para tomar aire fresco antes de llegar a casa, padre, no es para tanto. ―Declaró el joven, arrugando un tanto el entrecejo y reanudando su camino.

El adulto observó con el ceño fruncido cómo su hijo pasaba a su lado como si nada.

― ¡Adrien! ―Aquel grito resonó por toda la habitación, sorprendiendo a la silenciosa espectadora Nathalie, y de paso a la invitada que a duras penas había oído aquello.

― ¡Estoy cansado! ¿Vale? ―Informó el rubio y sin esperar respuesta, subió a prisa las escaleras. Poco le importó dejar atrás a su padre hablando solo, reclamándole por, a su parecer, una estupidez.

Al estar ya en su habitación, cerró la puerta con demasiada fuerza, y lanzó a su cama su bolso, tirando su existencia en la silla corrediza correspondiente al escritorio. De repente, estar en su casa era molesto. Ver a su padre era molesto. No poder hacer nada era molesto.

Sentirse impotente era molesto.

Pronto Plagg salió de su camisa, observando cómo Adrien se hacía para atrás en la silla, posando su antebrazo derecho sobre sus ojos cerrados.

―Oye, no es su culpa lo que haya pasado. ―Le recordó Plagg, cruzándose de brazos.

―Da igual. ―Respondió a secas Adrien.

Por un momento el Kwami demostró intenciones de no dejar todo así e insistir. Sabía que la situación era más grave de lo normal. Pero también tenía bastante claro que Adrien no le escucharía estando así. Tan fastidiado… ¡Y por nada!

Al menos a su criterio era por nada.

Terminó yendo a comer del Camembert que se hallaba en la cómoda de Adrien, dedicado especialmente para él.

―No le des tantas vueltas, niño. ―Fue su último consejo para el rubio.

Más aquel tan sólo suspiro.

Oh Dios, si tan sólo pudiera… ―Pensó.

Pronto su consciencia se fue lejos de allí, a un lugar oscuro. Al fondo de sus pensamientos.

Escenas vividas con anterioridad con su Lady se mostraban allí, recordándole su constante fracaso. Su constante rechazo.

Cuando escogió la rosa más hermosa para darle, y ella la dejó de lado.

Cuando por accidente caía encima de ella, y de inmediato le alejaba, bastante cabreada por su comportamiento… ¡Como si fuese su culpa!

Recordó incluso sus inicios.

Aun dándole ánimos… Aun diciéndole lo genial que era para que siguiese siendo su compañera de aventuras… Desde el principio, su Lady nunca le había visto como una opción.

Siempre contentándose con poco. Con verla en cada patrullaje. Con ser la carnada de cada akuma. Con arriesgar su vida por ella y pensar, que por un mísero segundo ella le vería como el héroe que intentaba ser con tal de estar a su altura, y protegerla de todos esos villanos que parecían nunca acabar.

Pero qué ingenuo… ―Fue inevitable pensarlo.

Si algo fuese a pasar, sería en sus sueños. La joven misteriosa nunca le había dado indicios de nada. Y siempre elegía los peores momentos para preguntarle.

A pesar de pasar tanto tiempo juntos combatiendo. A pesar de cubrirse las espaldas mutuamente en el campo de batalla. A pesar de arriesgarse constantemente en los planes que la joven ideaba; seguía sin confiar lo suficiente en él como para revelar su identidad secreta.

"Por algo es secreta".

Él se la diría sin dudar, aún con todo ese rollo de la confidencialidad. Porque la conocía… o creía hacerlo. Al menos tenía la consciencia de que, era honesta y luchadora por la justicia… No le delataría…

Como un destello de luz entonces, apareció Bridgette en su mente.

Se sorprendió a sí mismo y enderezó en la silla, cambiando su inclinación hacia adelante. Posó su mano en su mentón, con toda el aura de reflexionar seriamente en algo.

No me delataría… ¿Cierto? ―Pasó a preguntarse. Pronto sacudió su cabeza y negó, sonriendo. No podría ser posible. Era la primera vez que trabajan juntos con sus otras identidades, pero a ella sí la conocía bien. Era honesta, luchadora, insistente, y buena chica, pero por, sobre todo, leal y digna, una joven decente que no le jugaría chueco ni siquiera a una mosca.

Se sintió orgulloso al reconocer todas esas cualidades en la joven enmascarada. Se sentía seguro… Y recompensado.

Esa chica tan dulce.

Esa Ladybug ajena.

La conocía ahora.

Su vista subió hasta el ordenador en su escritorio, y el foco pareció prendérsele.

Plagg observó a lo lejos como su portador ya no se encontraba sumido en el mar de pensamientos que ni idea tenía de hacia dónde iban encaminados. No, ahora se movía, ahora actuaba. Había encendido aquel computador y su pantalla, y en cuestión de segundos ya estaba tecleando tan rápido que ni podía seguir con su vista los movimientos. Aunque tampoco es que hiciese el gran esfuerzo por distinguirlo.

El Kwami se acercó a la pantalla, y entonces lo vio.

Adrien visitaba el Ladyblog. Como siempre.

Pero, había algo diferente. Había entrado a la sección de vídeos, y por primera vez veía uno, que no era de en los que él había participado. Sino que era uno de Félix, peleando contra un akumatizado junto a su compañera.

Reconoció esas coletas largas. Esas cintas que parecían casi llegar al suelo. Aquel traje carente de puntos negros a partir de los muslos hacia abajo.

Esa mirada decidida que gritaba a los cuatro vientos que tenía todo bajo control, y que Ladybug se hallaba allí para salvar el día.

Es ella. ―Corroboró, con una sonrisa, al ver cómo Alya la enfocaba con su cámara. Entonces la mirilla retrocedió, y pudo ver a Félix acercándosele luego de salir victoriosos. Sintió un poco de recelo, sin quererlo. ―La Ladybug de mi hermano…

Aunque, quien ríe último, ríe mejor.

Por suerte no sacó antes el vídeo.

Pudo apreciar cómo, claro, Bridgette y su hermano no chocaban los puños tras una victoria. De hecho, no hacían nada. El mayor tan sólo parecía querer hablarle, pero ella le hacía el quite, yéndose de inmediato de la escena.

Rio un tanto para sí el Agreste, ganándose una mirada extraña por parte de Plagg.

Auch. ―Sabía que un rechazo tan directo como ese iba directo al ego de Félix. Mas, su sonrisa desapareció cuando identificó casi el mismo escenario con él y su Lady. ―Al parecer, hay cosas que no cambian.

Lanzó un suspiro, y volvió el vídeo hasta la parte donde enfocaban a Ladybug aún en acción.

Posó sus manos detrás de su nuca, y se giró en la silla para poder observar el ventanal, y a través de él, el atardecer que pocos apreciaban.

Pensó, meditó.

En las parejas actuales de combate, el rechazo era inminente.

«¡Elígeme!»

Quedó completamente rojo al recordar eso. Aunque ahora que realmente analizaba la situación, no estaba para nada mal.

Tan sólo quedaba ver cómo trabajarían su Lady y su hermano si fuesen una dupla, pues él con Bridgette…

Lanzó un suspiro esperanzado.

Según él trabajaban genial. Terminaron rápido con el akuma en esa ocasión, y, por si fuera poco, realmente la veía muy atenta.

Además, estaba el bonus de que le ayudaría a olvidar a su hermano… Y quizá algo más.

Después de todo, en algún punto, cualquiera se cansaba de ser siempre rechazado. Y creía que Bridgette ya estaba en ese punto, junto con él…

Un nuevo comienzo no estaría nada mal.

Adrien comenzó a trazar todo en su mente. Cómo saldría, cómo sería. Cómo tendría aún más confianza con su supuesta nueva compañera al conocerse en sus formas civiles.

Plagg miraba desentendido cómo una sonrisita se extendía por los labios de Adren.

― ¿En qué estás pensando? ―Se atrevió a preguntar, lanzándose un pedazo de Camembert a la boca. No entendía los cambios de ánimo del chico. ―La adolescencia. ―Pensó entretenido.

Más todo rastro de goce se borró de la expresión del Kwami ante la serena respuesta de Adrien.

―Él no la merece.

Esas cuatro palabras hicieron que el ambiente en la habitación se cayera y quedara por completo en silencio. Plagg por primera vez se mostraba desesperado. Tenía que ir a decirle a Tikki. Aquel encuentro casual estaba haciendo estragos en la mente de uno de sus portadores, y si eso acababa mal, oh dios, no le gustaría descubrir qué tanto podría ocurrir allí.

Mas, Adrien era ajeno a toda la preocupación del Kwami. De hecho, era ajeno a todo su alrededor.

Ni siquiera bajó a cenar.

Todo estaba saliendo tan bien en su imaginación, que eso era lo único en lo que podía pensar. Lamentaba tener que separarse de su Lady, pero si eso hacía que también ella la apreciase más de paso… Pues que así fuera.

Antes de darse cuenta, ya el manto oscuro de la noche estaba cubierto por miles de astros que le dedicaban su belleza a quien las viera.

El joven había permanecido en la misma posición, al menos hora y media.

Cuando pudo volver al mundo real, se levantó de la silla y estiró, mostrando una deslumbrante sonrisa. Caminó un par de pasos hacia adelante con tal de ver la luna llena que tocaba en esos días, pero su puerta se abrió repentinamente, logrando que se girara a ver quién irrumpía en sus aposentos.

―Félix. ―Soltó con cierta sorpresa, elevando ambas cejas.

―En persona. ―Respondió de vuelta su hermano, y entró en la habitación, cerrando la puerta detrás de sí.

― ¿Se te ofrece algo? ―Preguntó, tratando de sonar normal y cortés como siempre. No podía mostrar alguna clase de molestia por lo ocurrido… Y menos envidia. Después de todo, no era culpa de Félix haberse enamorado de alguien y rechazar al pan dulce que era Bridgette.

―Vaya que me pusiste en problemas hace un rato, Agreste. ―Introdujo suave un tema de habla Félix. Aunque tenía como objetivo una sola cosa.

― ¿Sí? ¿Por? ―Cuestionó el menor, girándose por completo para ver a su hermano. Hasta donde sabía, lo único que había hecho era ignorar a su padre.

―Cuando Marinette preguntó dónde estabas, le respondí que en tu cuarto. ―Se carcajeó un tanto para sí. ―Grande fue la sorpresa de ambos al escuchar a nuestro padre gritar tu nombre en la entrada. Creí que entrarías por la ventana, como siempre. ―Hizo la observación.

―Pues, ¿Qué puedo decir? ―Se encogió de hombros, sonriendo un tanto. ―Hoy quise darme un par de vueltas… quería tomarme mi tiempo y, no lo sé, pensar. ―Se excusó el joven. Aunque aquel fue el error que cometió.

La felina mirada de Félix se posó en la pantalla del ordenador ajeno, que seguía encendida, con aquella imagen congelada de su Lady.

― ¿Pensar? ¿En qué? ―Se atrevió a preguntar Félix, avanzando un par de pasos. Adrien advirtió la pantalla, y entró levemente en pánico. ¿Qué tan rápido podría sacar conclusiones su hermano?

Aunque recordó la evadida que le había dado cuando le preguntó por la chica que le gustaba, y decidió imitarle.

―Eso no es de tu incumbencia. ―Por algo eran familia.

Félix se reservó cualquier reclamo, y tan sólo siguió avanzando, para finalmente tocar el tema que desde un inicio quería hablar.

― ¿Conociste la identidad secreta de mi Ladybug? ―Cuestionó, observando la pantalla. Aún podía recordar lo sublime que era en cada batalla en la que había participado juntos.

Adrien rio ante esa pregunta, y entonces Félix sí le fulminó con la mirada.

― ¿ Ladybug? ―Preguntó, elevando una de sus cejas. Entonces se giró hacia las ventanas y apuntó con su mano derecha en forma de pistola, hacia la luna. ―Es un secreto. ―Disparó, y se llevó el dedo índice hacia sus labios, apoyándolos en aquel.

Félix no supo qué fue. Probablemente la carencia de luz eléctrica en la habitación y el hecho de que sólo la luz de la luna iluminaba a contraluz a Adrien, pero cuando se giró su hermanito a verle, la sonrisa en sus labios era gatuna, y sus ojos parecían brillar de manera extraña.

Por unos momentos se sintió intimidado.

Aunque tras esa clara negación, tan sólo salió apresuradamente de ahí, decidido a encontrar respuestas al día siguiente.

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Bien chicos, como se darán cuenta mi forma de referirme a las Cheng a cambiado. Esto se debe a que como Solitario196 me lo señaló, y le doy muchas gracias por todas sus Reviews tan constructivas, son primas, y no hermanas. En mi familia se daba mucho el hecho de Primos hermanos (Primos con padres y madres hermanos) por tanto se me pasó el cambiar el apellido.

También usaré las frases más Universales para hablar todos en el mismo idioma, ah [?]

Nuevamente agradecer a todos los que han comentado el anterior capítulo, sonrais777, Solitario196, Adrexa47, Guest, ElbaKheel, Carl 1 y julitAZX. En serio, muchas gracias ~

Espero les haya gustado al capítulo, ¡Y nos vemos en la próxima actualización!

Bye bye ~