Por más que buscase información para comparar durante el fin de semana, no podría corroborarla hasta que viese cara a cara a la Cheng.
Fue una de las dificultades que Félix encontró en su búsqueda por respuestas.
A pesar de que gustaba mucho de esos dos días luego de los cinco laborales, pues tenía tiempo libre para seguir con sus lecturas y dedicarse a sí mismo, en esa ocasión no le había hecho nada de gracia.
Tan sólo quería ver a Bridgette.
Como nunca.
Y llegó el lunes.
Tal fue su impaciencia que aquel día no esperó a su hermano. Salió de la mansión lo suficientemente temprano como para irse en la limosina, y que Adrien ni cuenta se diese, pues para cuando él saliera de su habitación, el vehículo ya estaría de vuelta.
― ¿Tiene algo especial por hacer, joven? ―Fue lo que había preguntado Nathalie, minutos antes de dejarle irse con el guarda espaldas.
―Algo de suma importancia. ―Había sido su corta respuesta.
Si en algo congeniaba con la asistente de su padre, era en el sereno e impasible temple que ambos poseían. De cierta forma le agradaba. A diferencia de su hermano menor, no hacía falta cruzar muchas palabras con Nathalie para que ella le dejara ser.
Como ese día.
Llegó de los primeros, inclusive, al recinto. Sin contar el personal, obviamente.
Saludo a todo quien se le cruzara en el camino con una mezcla de seriedad y cordialidad. Mucho más extraño de lo normal, aunque para él, pasó desapercibido.
Llegando al aula y, por consiguiente, a su asiento, sacó de su bolso una libreta personal para ir anotando puntos en contra y a favor en su investigación. Luego de eso, tan sólo le quedaría esperar porque la azabache hiciera acto de presencia.
Sería pan comido. O eso creía.
El joven Agreste observó llegar a sus compañeros. Los de adelante, los de al lado, en diagonal, e incluso a la jovencita que se sentaba atrás de él junto a Bridgette, pero no a esta última.
Se le había olvidado que por poco Bridgette casi siempre llegaba atrasada, divirtiéndose con su prima. Generalmente llegaban entre risas, y bastaba para amenizar el ambiente, aunque no hablasen siempre entre todos.
Pero en aquella ocasión, fue un tanto extraño. De la misma forma que había sucedido la semana anterior, sólo que no por completo igual.
A pesar de haber llegado antes tanto Alya como Lila, ambas bajaron a quién sabe dónde. Félix tan sólo las siguió con la mirada. Minutos después, volvían al aula, con sus respectivas amigas conversando. ¿Sería posible que se coordinaran para ir a buscarlas?
Hasta donde sabía el rubio, las Cheng vivían realmente cerca del establecimiento.
―Cruzando la calle… ―Era lo que había oído. Mas, ese pensamiento le costó la primera comparación que pudo haber hecho entre Marinette, Bridgette, y su Lady.
Ambas jóvenes, Lila y Bridgette, pasaron por su lado como si nada. Lila contando lo hecho el fin de semana, y Bridgette escuchándole atentamente, riéndose de tanto en tanto.
Casi parecía que la castaña quería alejar lo más posible a la azabache del rubio. Pero vaya que así era.
―Rossi… ―No pudo evitar pensar con resentimiento Félix. Le estaba arrebatando la opción de que Bridgette fuese la primera en hablarle, como siempre.
Porque, aun teniendo las sospechas de que Bridgette podía ser su Lady, no estaba del todo seguro.
Se había basado en el ya hecho de que había dos Ladybug, pero lo demás fue especulación. También había dos Chat Noir, y eran él y su hermano. Conectando aquello con el caso de su Lady, si una de ellas era Marinette, lo más obvio sería que fuese su hermana. Pero ella no tenía. Y la persona más cercana a la definición y concepto de ello para la joven Dupain-Cheng, era claramente su prima, Bridgette Cheng.
Lo demás ya había corrido solo por su mente, recolectando con una velocidad increíble posibles pruebas. Y si algo no cuadraba, pronto le encontraba algún lugar. Como la determinante actitud de rechazo hacia él como Chat Noir; era exactamente lo mismo que él hacía. Estando ya enamorado de Ladybug, rechazaba a Bridgette con bastante antipatía. En el caso de Bridgette como Ladybug… Le rechazaría por estar enamorada de su forma civil.
Le dio un par de escalofríos de la emoción el pensar en esa opción, y antes de darse cuenta, ya estaba dibujando diminutos corazones alrededor de aquella frase escrita en la libreta.
«Ladybug (Bridgette) – Interés romántico – Yo.»
Lo más sorprendente era que su serena expresión no cambiaba. Aun mientras hacía esos corazones tan diminutos, para nada propios de él.
Por inercia desvió su mirada hacia atrás, y vio de reojo a Bridgette. Lila por fin se había quedado callada, más no pasó inadvertido para ella el qué hacer de Félix. Ni siquiera para la azabache, quien sin temor alguno le vio de igual forma, y vio aquellos ojos celestes grisáceos.
Félix de inmediato desvió la mirada hacia adelante y apretó los labios. Podía ser tan poco precavido en esos temas, que no dejaba de sorprenderse a sí mismo.
Por otra parte, la castaña volvía a estar preocupada.
―Bridgette… ―Susurró.
Sólo por curiosidad, Félix volvió a ver hacia atrás, esta vez, sorprendiéndose.
Luego del casual encuentro de miradas con el Agreste, Bridgette se había puesto a pensar, a vagar en sus pensamientos. Una débil sonrisa mostraba, a la vez que su vista caía paulatinamente, hasta quedar cabizbaja.
Sufrió un pequeño lapsus.
― ¿Tanta repulsión le doy? ―Se preguntaba Bridgette, por alguna razón sin borrar la sonrisa. No se echaría al suelo por eso… No esa vez. ―Si es así, ¿Por qué maldita sea se gira a verme? ―Aunque lo cristalino de sus ojos iba apareciendo. ― ¿Por qué me da esperanzas…? ―Tenía claro, ya daba por hecho, que las pisotearía. Había estado pensando todo el fin de semana en ello. En él. Y en Adrien….
Al haberse enfocado tanto Lila como Félix en Bridgette, no se dieron cuenta.
El menor de los Agreste entraba en escena, saludando a su amigo con un choque de puños.
―Buen día bro, ¿Temprano, será que llueve hoy? ―Se atrevió a bromear Nino.
―Haha, muy gracioso. ―Respondió Adrien con un dejo de sarcasmo, mas, terminándolo con una sonrisa. Dejó su bolso en su puesto, y giró su rostro. ―Buen día Marinette, Alya. ―Saludó correspondientemente a cada joven.
―Buen día Adrien. ―Devolvió el saludo Marinette, con una sonrisa enorme y un tanto tiesa.
Pero como siempre, Adrien no alcanzaba a darse cuenta.
En vez de sentarse, como siempre lo hacía, desvió su mirada hacia donde su hermano, dispuesto a preguntarle por qué lo había dejado atrás. Aunque al verlo, se sorprendió bastante. Estaba girado a medias hacia atrás, observando a una perdida Bridgette.
De un momento a otro la problemática con su hermano pasó a segundo plano.
El joven Agreste comenzó a subir los escalones hasta los respectivos últimos asientos, siendo seguido por un par de miradas. Una de ellas siendo la de la joven Dupain-Cheng.
Antes de que Félix se decidiera a actuar, Adrien ya había llegado.
Cuando estuvo a un lado de Bridgette, posando su mano en la cabeza de la joven y revolviendo un poco sus cabellos, se ganó dos miradas asesinas. No sabía cuál era más potente. La de su hermano, o la de Lila.
Aunque, no hizo falta mucho para que Félix se enderezara e ignorara aquel acercamiento, o simulara hacerlo.
Bridgette parpadeó un par de veces, y las lágrimas acumuladas en sus ojos se acentuaron un poco más. Aun así, las ignoró y dirigió su mirada hacia arriba, buscando al proveedor de aquellas caricias. Se sorprendió al ver la sonrisa radiante de Adrien.
― ¿Estás bien, Bridge? ―Preguntó el joven, a lo que recién la Cheng se dignaba a secar aquellas lagrimillas.
Tan sólo se limitó a asentir, causando una molestia enorme en Lila, quien no había podida hacerla reaccionar.
Por otra parte, Félix ardía en celos, con cara de pocos amigos y cruzado de brazos. Él no hubiese hecho un acercamiento tan directo, pero se las hubiese ingeniado… O algo.
―Sabes que te ves más linda sonriendo, ¿Cierto? ―Le preguntó, causando una corazonada en la joven. Entonces le guiñó el ojo y tan sólo lo hizo peor. ―No le des tanta importancia. ―Aconsejó. Sabía a la perfección en ese momento, en ese lugar, la única razón por la que Bridge se deprimiría, sería por culpa del bruto de su hermano mayor.
La azabache entreabrió sus labios, intentando decir algo. Pero es que, que otra vez Adrien llegase a consolarle y animarle, le dejaba un poco desentendida, sin saber qué hacer.
―Trataré… ―Susurró como respuesta, encogiéndose de hombros y desviando la mirada, con un leve sonroso en sus mejillas.
Adrien tan sólo sonrió más, y posando ya su diestra en el hombro ajeno, se inclinó, dando palmaditas en la espalda de la joven con su siniestra, en una especie de abrazo, donde el rostro de Bridgette quedaba en el hombro del Agreste.
―Recuerda que estoy aquí para ti, Lady. ―Le susurró al oído el rubio, causando un rubor mayor en la joven.
Por unos segundos titubeó en corresponder el abrazo, pero terminó no haciéndolo. Cuando Adrien se separó, su rostro ya había vuelto a su color normal.
―Bien. ―Respondió, asintiendo y sonriéndole muy levemente, pero de forma sincera.
El menor de los Agreste dio su trabajo por terminado, y bajó hasta su asiento, la clase estaba a punto de comenzar, tan sólo faltaba que la señorita Bustier llegara, cosa que ocurrió realmente pronto.
Pero la joven maestra notó algo. Había cierto factor distinto.
Diferente a otras ocasiones donde cuando llegaba había una atmósfera un tanto pesada y poco amena, en ese mismo momento todo estaba en calma. Obviamente por haberse ahorrado una escena de rechazo entre Félix y Bridgette, pero eso, la señorita Bustier no tenía cómo saberlo.
Tan sólo lo agradecía. Y con un saludo, inició su clase en el capítulo seis del libro.
Ignorados por la mayoría, sólo dos no se sumaban a la cálida atmósfera serena.
El mayor de los Agreste, quien no podía dejar de observar con recelo a su hermanito menor mientras se preguntaba mil y una cosas. ― ¿Qué le susurró al oído…? ―Era una de las preguntas, pues estaba seguro de que Adrien no se había acercado precisamente por nada.
Y la menor de las Cheng, quien no podía enfocarse en la clase por dos cosas. Lo hecho por Adrien, y el qué le sucedía a su prima. No había notado nada extraño en el fin de semana, y le preocupaba ignorar algún malestar… Por ella, quien se preocupaba era Alya, animándola con una que otra mirada alentadora.
Tras aquel primer bloque, Marinette quiso buscar respuestas, esperando primero que tanto Adrien como Nino saliesen del aula.
La joven se elevó un tanto insegura de su puesto, y algo deprimida fue caminando hacia donde su prima. La mirada celeste grisácea de Félix le seguía de cerca, queriendo saber qué haría Mari ante aquel acercamiento de su amor a su prima.
―Sé que es de pocos modales… ―Pero él quería saber, probablemente, lo mismo que Mari. Y si resolvía su duda escuchando una conversación ajena, pues que así fuera.
―Bridge… ―La menor fue la primera en hablar, llamando la atención tanto de la nombrada, como de su amiga. Alya veía desde lejos aquello, sabiendo que no, no podía acabar mal. ― ¿Sucedió algo? Ya sabes… ―Preguntó la joven, sobando su brazo izquierdo con su diestra.
Bridgette abrió de sobremanera sus ojos, y quedó en un leve shock. ―Es verdad… ―Relacionó rápido aquella pregunta con lo pasado anteriormente. ―Le gusta Adrien… ―Pensó. Aunque no quería que malentendiera algo.
Pronto la joven sonrió, e inclinó un poco su rostro hacia un lado. ―No es nada. ―Negó. ―Es sólo que Adrien me vio un poco deprimida, y como es buena persona me ayudó… ―Lo resumió lo mejor posible, esperando que su prima no pidiese detalles.
Para su suerte, así fue.
Marinette se animó de inmediato, sabiendo que su queridísima prima no le mentiría.
― ¿Verdad que es buena persona ~? ―Preguntó Mari, fantaseando, y posando sus manos en sus mejillas. En su mente Adrien era el vivo retrato de la caballerosidad, gentileza y perfección. Lo amaba. Aunque hubo algo que hizo que su fantaseo cotidiano terminara en ese momento; el bienestar de Bridge. De inmediato abrazó a la joven con una mezcla de preocupación y alivio. ―No olvides que siempre puedes recurrir a mí, ¿Vale…?
Bridgette se conmovió, y asintió, levantándose casi de inmediato con tal de corresponder el abrazo.
Luego de un par de segundos, ambas Cheng caminaron escalones abajo con tal de encontrarse con Alya. Lila las seguía de cerca, pues de todas formas se juntaban las cuatro.
Ya no hacía falta alguna otra justificación para Mari, había vuelto a brillar.
Pero era diferente para el Agreste, que no se perdió ningún detalle de la escena. Siguió a ambas jóvenes azabaches con la mirada cuando bajaban, y se percató de algo más.
― ¿Pendientes a juego? ―Se cuestionó, observando que ambas poseían aquellos redondos pendientes en sus orejas.
Aunque eso no significaba nada, para su mala suerte.
Su mala suerte de gato negro.
―――――――――――――
El martes tampoco fue un buen día para la investigación de Félix.
Ningún akuma aparecía. No podía ver a su Lady y corroborar pruebas por ambas partes. Bridgette parecía no dedicarle ni si quiera un pensamiento.
Estaba tan frustrado el mayor de los Agreste. Y aún se sentía impotente por la escena del día anterior, donde notó la mayor cercanía entre Adrien y la que podía ser, o no, su Lady. No había hablado tampoco con su hermano menor. Muy pocas palabras habían cruzado luego de lo ocurrido el viernes por la noche.
En el primer receso, como siempre, Félix se había ido a la biblioteca, aunque en esta ocasión, diferente a anteriores, fue a despejarse y no a leer. En su hoja dedicada a pruebas de su teoría tan sólo se hallaban garabatos escritos sobre la relación que él y Adrien compartían como los Dos Chat Noir, y la que posiblemente debían compartir también las dos Ladybug; además de su vago descubrimiento de los pendientes a juego. Más que eso, no tenía.
Y eso le estaba volviendo loco.
Por el siguiente bloque de clases no pudo concentrarse, aunque su vida dependiese de ello. Y aún después, cuando sonó la campana, no tuvo ánimos de levantarse e irse a la biblioteca. No quería leer, no quería seguir pensando.
Quería descansar y saber de una vez por todas la verdad.
Mientras se quejaba mentalmente, ocurrió el suceso.
En aquel segundo recreo, Bridgette se había elevado de su asiento con otra entrada al parque de diversiones en mano, siguiéndole la mirada desaprobatoria de Lila. Había parado justo a un lado del asiento de Félix, mas, no decía nada.
El rubio se dio cuenta únicamente porque sentía una presencia a un lado.
― ¿Necesitas…? ―La pregunta quedó a medias cuando su mirada se topó con la azul brillante ajena.
Bridgette no le miraba como siempre. La inseguridad se acentuaba más que en otras ocasiones. Pero, él tampoco le veía de la misma manera. Tenía una pizca de goce, de esperanza, la joven por fin le iba a hablar, y probablemente pedir salir.
Los compañeros alrededor sintieron que se repetiría la rutina de siempre.
Marinette, Alya, Nino y especialmente Adrien, observaban aquella escena entendiendo la desaprobación de Lila, que realmente compartían.
Fue por eso que realmente, nadie se esperó lo que pasó luego.
Bridgette evadió la mirada ajena, y entonces pasó de largo. Todos se sobresaltaron, empezando por el desconcertado Félix, pasando por Lila quien como un resorte se había levantado de su asiento, y terminando por los cuatro jóvenes de los primeros puestos, que era a donde Bridgette había redirigido su caminar.
― ¡Chicos! ―Los llamó, parando frente a ellos.
Las palabras que Bridgette decía ahora, resonaban en la cabeza de Félix. Hacían eco. Picaban en lo más profundo de su consciencia.
― ¿Quieren ir los seis a un parque diversiones? ―Ofreció.
― ¿Los seis? ―Preguntó Adrien, siendo el primero en poder reaccionar después de tan inesperado acontecimiento.
―Sí, ya sabes. Mari, Nino, Alya, Lila, tú y yo. ―Los enumeró Bridgette con los dedos de ambas manos, sonriendo radiante.
El rubio observó a su amigo, y en ese corto lapso, Bridgette aprovechó de guiñarle el ojo a su prima. Aquella se emocionó, y Alya suspiró.
―Familiares tenían que ser. ―Pensó divertida la morena.
―Yo me apunto. ―Respondió rápido Nino. Seguido de Mari, Adrien, y finalmente Alya. Era obvio que todos terminarían aceptando, de todas formas.
― ¡Bien! Que sea el próximo sábado. ―Dejó dicho, y entonces volvió a su asiento, corriendo y parándose frente a Lila. Presumió la entrada frente a ella, y le guiño un ojo. ― ¿Qué dices?
Un leve rubor se acumuló en las mejillas de la joven Rossi, quien no podía ocultar su alegría ante aquella salida.
― ¡Pues claro que sí! ―Se lanzó a abrazar a su amiga. ―Realmente eres la mejor. ―Le dijo en tanto, demostrando abiertamente su gratitud.
El aula se llenaba de risas y sonrisas. Más planeaban salidas. De repente, a todos se les apetecía salir a algún lugar, no importaba el día, o con quién, si no que tan sólo bastaba el divertirse.
Félix era el único que seguía mal, después de todo.
Se hallaba cabizbajo, incapaz de poder coger su libreta e irse de allí.
Su diestra tembló, y la observó, con su iris encogido.
― ¿Y yo…? ―Se preguntó, mentalmente.
¿Qué era lo que había sucedido para que Bridgette le hiciera aquel quite? Tan repentinamente…
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Bastó sólo un día más para que Félix cayera en cuenta de que eso no le gustaba para nada.
A mitad de semana, dichoso miércoles, ya le daba igual si tenía o no pruebas. La corazonada que le había dado al ver las imágenes de su Lady por la tv era mayor que su propio pensamiento lógico.
No había sido un pan comido, como especulaba.
Y es que, en esos tres días, aunque no había sido rechazado en nada, pues no actuaba, se había sentido realmente como un rechazo. Se sentía exactamente igual que cuando su Lady le ignoraba mientras él se hallaba en aquel traje de látex.
Pero ya no más.
Luego de pasar el primer y segundo receso en la sala, y no obtener por ningún medio algún comentario de Bridgette dirigido a él, se decidió a actuar.
Aunque no encontraba realmente el mejor momento.
Terminó llegando la última hora, y él seguía sin haber jugado su carta.
¿Sería realmente muy imprudente el ir y preguntarle directamente? ¿Siquiera le respondería? ¿Lo ignoraría?
Aquellas preguntas en su interior, fueron las que finalmente lo impulsaron a levantarse. Ya había sonado la campana, la profesora no tardaría en llegar. En especial por ser la hora de consejo de curso, donde verían temas que a él realmente, le daban igual.
Dio un giro de 180° y se encontró de frente con la joven Cheng, quien había estado platicando con Lila hasta aquella abrupta acción cometida por Félix. Elevó su mirada, encontrándose con la superior ajena.
―Bridgette. ―Le nombró Félix.
La escena pasaba desapercibida. La mayoría de los estudiantes estaban llegando del receso y hablaban un tanto en los grupos antes de sentarse en sus asientos.
― ¿Sí? ―Respondió Bridge, logrando no tartamudear a duras penas.
―Tengo algo que…
La señorita Bustier llegó armando jaleo.
― ¡Adivinen qué! ―Todos sus estudiantes le observaron llegar a su mesa correspondiente. Esa sonrisa animada significaba peligro. ― ¡Levantarse todos, haremos cambios de asiento!
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¡Muy buenas, acá Matsu!
Supongo que se habrán dado cuenta en que tardé menos en actualizar, ¿No? Tuve tiempo de sobra esta semana, y pues acá estamos. Espero les haya gustado el capítulo, realmente me emocioné mucho escribiéndolo.
Y, como se me va haciendo costumbre, quiero agradecer a las personas que dejaron su Review en el capítulo anterior: ElbaKheel, sonrais777, dark, Ali. Agreste y finalmente, Solitario196. ¡Muchas gracias chic s! Realmente me animan a seguir con esta historia, y a sorprenderlos cada vez más ~
Los quiero mucho ~
Hasta la próxima.
Yuki fuera ~
