Desde hacia un par de días que el top televisivo en la ciudad de las luces se basaba –mayoritariamente–, en el insólito segundo encuentro entre los héroes anónimos que les brindaban seguridad y apoyo más que sólo diariamente.
El Ladyblog de Alya había superado los dos millones de visitas en su última entrada, al ser la única que logró grabar en vivo la hazaña de la segunda Ladybug junto al primer Chat Noir. Las redes sociales explotaban en teorías, ¿Habrían tenido conflictos las tradicionales parejas de héroes? ¿Quizá habían terminado uno con el otro, e intentaban con el restante? La mayoría de las opiniones más reconocidas, tenían dos palabras claves: Lío amoroso.
Y es que era de esperarse, casi París entero estaba al día con respecto a los avances entre las parejas –aunque fuese de una más que de la otra–. Sumado a esto, el hecho de la popularidad del programa llevado a cabo por Nadja, tratando de desentrañar la vida amorosa de los jóvenes excepcionales, demostraba que aquel tópico resultaba uno de suma importancia.
Sin duda, el intercambio de compañeros fue un gran golpe para la farándula. A pesar de que era de esperarse que en algún momento sucediera, seguía siendo bastante… Increíble.
Claro, para todos, menos para aquella que los tuvo frente a sus ojos sin temor alguno.
― ¡Este es el momento preciso! ―Se jactaba Alya por enésima vez, apoyada frente al asiento de Marinette. ― ¡Ahí! ―Congeló la imagen en su teléfono, haciendo zoom a la expresión desconcertada de Chat Noir ante la evidente felicitación de parte de Ladybug, ofreciéndole chocar puños. ―Parece que el gatito no suele recibir buen trato.
Aquellas palabras habían sonado como una broma, pero resultaba ser la verdad. Nadie era ignorante de la clara diferencia entre las interacciones entre los dúos de héroes, siendo la primera mucho más distante que la segunda.
Bridgette se encogió al escuchar dicha aseveración.
―Quizá no se lo merece… ―Intentó justificarse, mientras Mari reía con ligereza.
―Bueno, bueno… ¿Cómo lograste entrar en escena Alya? ¡Yo salí despavorida del susto ante el akumatizado! ―Desvió el tema de conversación.
―Por supuesto, una reportera y fan de Ladybug como yo, no podría simplemente esconderse.
Casi por inercia, Nino se elevó de su asiento, mostrando una expresión poco propia de él, pero que afloraba cada vez más ante los arrebatos de su novia.
― ¡Deberías tener más cuidado! ―Exteriorizó su molestia, cayendo en picada el coraje que reunió para decir dichas palabras en cuanto las vistas de las tres jóvenes se clavaron en su extensión. ―Quiero decir… Podría haberte ocurrido algo y…
La mirada de la morena se dulcificó, mostrando su profuso amor por su pareja con ello.
―Oh, Nino ~
Con la atención de las Cheng, inició una de las recurrentes escenas entre un preocupado novio, y su valiente novia.
Una mañana completamente normal, luego de haber estado París bajo ataque.
…
Los días pasaban, y la emoción en los parisinos no se disipaba. Podía decirse que incluso Hawk Moth estaba aún recomponiéndose de la sorpresa, puesto que ningún nuevo villano había aparecido en la ciudad.
Ya fuese por ausencia de emociones negativas fuertes, o por el boom que había causado el cambio de parejas, lo cierto era que a todos le venían bien un par de días tranquilos. Unas vacaciones a sus héroes no resultaban precisamente negativas, en especial para los más directamente afectados; las chicas Cheng, y los hermanos Agreste.
Poder asistir a clases una semana completa sin tener que huir a mitad del día o ver a sus compañeros siendo víctimas de los akumatizados, era simple y sencillamente invaluable.
Los hombros de Marinette se hallaban menos tensos, Bridgette reía con más naturalidad y ganas, Adrien se encontraba tremendamente pacífico, y Félix… Bueno, seguía siendo él.
Si se apartaba el gran lío que el mayor de los Agreste tenía en su cabeza, era evidente que la calidad diaria de vida de los jóvenes se había visto en aumento. Casi se sentía la felicidad y gratitud en el aire, inundado de lo que siempre tuvo que haber sido; trivialidades adolescentes.
Aunque claro, no podía hacerse la vista gorda por la eternidad.
Al empezar la segunda semana pacífica, una cosa fue evidente para todos los miembros de la clase, el acercamiento de Bridgette y Adrien iba más allá de las horas escolares. Y no era porque los hubiesen visto afuera del colegio, saliendo de manera independiente. Aquello resultaba inconcebible por dos simples razones: Adrien tenía una estricta rutina que seguir, y Bridgette era consciente de los sentimientos de su prima. Pero el hecho de que ambos salían esporádicamente a la hora del receso, por lo general juntos, no pasaba desapercibido.
Aun así, nunca había sido tan directo como lo fue en ese preciso momento.
La joven de cabellera azabache, apoyada en el puesto de su pariente, se hallaba hablando animosamente con su círculo amistoso. Reían, como cualquier otro grupo de chicas. Y fue precisamente por eso, que llamó más la atención de los presentes.
El Agreste, completamente ajeno a la escena, elevóse de su asiento con gracia, caminando hasta donde se hallaba el cuarteto de féminas. Había estado demasiado tiempo dándole vueltas al asunto, y consideraba que, tras ese respiro que habían tenido, podía hablar con la chica de aquello que realmente quería.
Aquel pensamiento le llevó a tocar el hombro de la joven, llamando su atención. El grupo de jóvenes calló, mientras la asiática se giraba levemente.
― ¿Adrien? ―Se sorprendió, aquel día había sido particularmente pacífico entre ambos.
―Hey, Bridge. Chicas. ―Dirigió una sonrisa a las aludidas, siendo Marinette la única tiesa. Pasándolo por alto, el rubio volvió a dirigirse a la Cheng. ―Disculpa, me ha… surgido una duda. ―Disfrazó su propósito, sabía que tenía que mantener su relación en secreto. ― ¿Podrías… aclarármela?
Bridgette, lejos de saber exactamente a qué se refería, asintió con lenta velocidad, dirigiendo luego una sonrisa a sus amigas. ―Ya vengo.
Así, los adolescentes se retiraron bajo la atenta mirada de sus compañeros de clases, y la del Agreste mayor, perforando la cabeza de su hermanito. De todas formas, eso no le importó demasiado a Adrien, pues se encontraba decidido.
…
Buscando un lugar más privado, el rubio terminó llevando a la Cheng al salón de los casilleros. Casi por inercia, una sonrisa surcó los labios del joven, tomándole desprevenido la tranquila risa de su contraria.
―Cuántos secretos guardará esta sala. ―Preguntóse en voz alta, recorriendo con la yema de sus dedos las puertas metálicas de los lockers. Entonces dirigió su azulada mirada al joven. ― ¿Qué sucedió, Adrien?
Lejos de irse por las ramas, el aludido pasó saliva, tomando asiento en las bancas que se hallaban próximas.
―Pues… Siento que no he sido lo suficientemente directo. ―Pasó su diestra por su cuello sonriendo con nerviosismo, a la par que Bridge se sentaba a un lado. ―Sé que aún te gusta Félix-
Por reflejo, la mirada de la chica se ensombreció.
―QUIERO DECIR, es obvio que no podrías olvidarlo así de la nada, pero estás haciendo tu máximo esfuerzo, lo sé, lo he notado.
―… ¿Lo has notado? ―A pesar de la lástima en su voz, Bridge era capaz de sonreír.
Adrien asintió.
―En realidad, estamos en situaciones bastante parecidas. ―Soltándose más ante esa declaración, pudo relajar los hombros, sonriendo de verdad. ―Yo con mi Lady, tú con Félix… No son precisamente amores correspondidos, ¿No es así? ―Contrario a la risa poco atinada que Adrien soltó, Bridge sufrió de un nudo en el estómago.
Ella sabía que el amor de Adrien a la segunda Ladybug no era no correspondido, es sólo que la forma de acercarse… ¡Pero tampoco podía decirlo!
―Bueno, uno es menos correspondido que el otro… ―Murmuró entonces, echa un lío.
― ¿Eh?
La chica parpadeó, llevándose las manos a la boca.
― ¡Quiero decir…! No puedo saber cómo Ladybug te ha rechazado, si es que lo ha hecho, pero Félix… ―Irremediablemente, su voz se tiñó de una profunda tristeza.
Y Adrien no quería algo como eso.
―La cosa es que… Como compañero, como amigo… ―Desvió el tema a lo que quería charlar de verdad, posando su siniestra en el hombro foráneo con tal de ganar la mirada de la fémina, cosa que logró. ―Quiero estar para ti, Bridge. Apoyarte, escucharte, charlar… No estás sola. ―Finalizó, con una salida. ―Además, somos mejor pareja de héroes que tú y…
Hubo un titubeo que Bridgette no pasó por alto.
― ¿Y…?
El rubio cayó en cuenta de su error, recordando que no podía dejar al descubierto su hermano.
―El otro chat. ―Rió con un tinte de nerviosismo.
La joven dudó, sospechando un poco del titubeo del contrario, pero, aun así, se centró más en lo propuesto. Era cierto, trabajaba más amenamente con Adrien que con su original pareja heroica, probablemente porque sabía la verdadera identidad del primero, y viceversa.
Además de aumentar los índices de efectividad contra los villanos, ayudaba a Adrien a superar poco a poco el rechazo de su Lady para lograr encontrar la verdadera estrategia para acercarse.
Sin duda, no era precisamente descabellado lo que decía.
―Pues… ―mordió su labio, tratando de tomar una decisión. Terminó por rendirse. ―Está bien. Aunque no te molestes si tengo demasiadas quejas o hablo demasiado. ―Bromeó a medias, sabiendo que sus labios no se sellaban al hablar de Félix.
Porque esa era la única forma de superarlo, sacar todo lo que sentía por él.
De todas formas, Adrien asintió.
―Y yo pido perdón de inmediato por si parezco disco rayado hablando sobre mi Lady.
Broma respondida con otra broma, comenzó una animada discusión sobre cuál de los dos sería más exasperante con su amor no correspondido.
Sin darse cuenta, olvidaron que las clases no habían terminado, quedándose a charlar por un largo rato.
Las palabras Lady y Félix, fueron las más repetidas en esa primera charla confidencial con aires fraternales.
