Era el colmo de los colmos.

No lograba entender si la mala suerte del gato negro se le estaba pegando, o su hermanito era en extremo afortunado. O peligroso. Lo que sí sabía –pues se reflejaba en su rostro-, era que no le agradaba para nada el tiempo que Adrien pasaba junto a Bridgette.

Por si fuera poco, la ausencia de acción hacía que fuese imposible comprobar su tesis.

¿Qué tan difícil era que alguien tuviese emociones negativas fuertes en la ciudad…? Ok, no tenía que desviarse hasta ese punto, pero la situación lo arrinconaba.

En la extensión de su cuerpo recorrían los celos como una sonda, ramificando tan molesto sentir a todas las partes de su cuerpo. Si la situación seguía de esa forma, el mayor de los hermanos Agreste terminaría siendo un cúmulo de celos con patas, en vez del modelo excéntrico que realmente era.

El ceño fruncido en su expresión había pasado de ser intrigantemente galante, a parecer una arruga de vejez, y eso no resultaba nada atractivo. Al menos no para las personas normales.

Es sólo que… ―Se lamentaba para sus adentros Félix, observando a la distancia cómo la raíz de su mal genio, situada unos puestos más arriba, brotaba con naturalidad. Bridge y Adrien hablaban amenamente, con entusiasmo, incluso reían. ―No puedo hacer nada… ―En efecto, su problemática empeoraba al no poder actuar.

Los nuevos puestos resultaban un dolor de cabeza para él, aunque…

Irguióse en su asiento, observando de soslayo a su compañera.

Como él, su semblante no era el mejor al estar alejada de sus habituales compañías. Félix reconocía el desánimo en la expresión de Marinette, además de los múltiples suspiros que le había escuchado soltar.

Quizás y…

― ¿Problemas? ―Introdujo la conversación, para sorpresa de Mari.

Sería una presa fácil.

De sólo pensarlo una sutil sonrisa se colaba en sus labios, misma que la eurasiática interpretó como un acto de cortesía.

―Pues… ―Apretó sus labios, meditando qué decir al respecto. Terminó por suspirar de nuevo, negando con la cabeza. ―No es nada. ―Sonrió de vuelta.

Pero el rubio sabía que era mentira. Él y todos –a excepción de su hermanito, qué casualidad-, estaban al tanto de lo colada que estaba Marinette por Adrien. Si tan sólo la presionara un poco, si lograra plantar la duda… Entonces, ella no iría contra Adrien, sino contra su prima. Y, maldición, cómo sabía lo unidas que eran ellas. De seguro Bridgette tomaría medidas para no causar malestar en su queridísima prima.

Félix llegó a sentir un escalofrío en su espina dorsal al digerir lo malditamente manipulador que sería.

Debería dejar de juntarme con Chloé. ―Intentó librarse de parte de la culpa con ese pensamiento, pues vuelta atrás, no daría. ― ¿Estás segura? Puedes confiar en mí. ―Ni él mismo se creía esa, pero todo fuera por el resultado. ―… Como Bridgette confía en Adrien.

Un nudo nació en el estómago de Marinette, repercutiendo en lo sombrío de su expresión. El rubio no pudo hacer otra cosa más que seguir pinchando la herida, a sabiendas de que estaba causando estragos en la Dupain-Cheng.

―Ya sabes, tantas charlas… Algo tiene que salir de ello, ¿No? ―Tragó saliva, apretando la mandíbula por lo que diría a continuación, hasta a él le dolía. ―Parece que Bridgette me superó rápido. Debe ser cierto el refrán "Un clavo saca a otro clavo".

Hizo lo posible por mantener su impasible expresión, mas no pudo al percibir el estruendoso golpe que la azabache otorgó al mesón.

Por unos momentos, la sangre se le heló.

― ¿A qué juegas? ―Encaró Marinette, notoriamente afectada por lo dicho con anterioridad, pero más que decaída, molesta. Aun así, el volumen había sido moderado, cosa de que sólo los dos escucharan el desarrollo de la discusión.

Aunque, por supuesto que el Agreste no se quedaría de brazos cruzados.

― ¿Cómo que a qué juego? Sólo digo la verdad. ―Se defendió con descaro. ―Incluso tú deberías darte cuenta de lo rápido que se hicieron cercanos, es normal pensar que traen algo entre manos.

― ¿Algo entre manos? Que sean sociables, no como tú, por ejemplo, no los hace… sospechosos. ―Aquel titubeo devolvió la seguridad al foráneo.

― ¿Estás segura? ―Cuestionó, elevando una ceja. ― ¿Apostarías por ello?

La antes determinada mano de Marinette en el mueble ahora se mostraba lánguida. Así mismo, su intención de parar las blasfemias acerca de su prima y amiga, junto al chico que le gustaba, menguaban en un mar de incertidumbres y dudas planteadas con malicia.

El sentimiento brotaba en su pecho y causaba un malestar inconcebible.

―… Sí. ―Más bien tarde, respondió Marinette, cediendo por varios segundos al titubeo.

La clase comenzaba, y Félix no podría haber logrado de mejor forma su objetivo.

―Si tú lo dices…

Nada le había salido bien.

Desde la charla con Félix, este había hecho comentarios esporádicos malintencionados cada que estaba a punto de dejar ir la incertidumbre.

Marinette se carcomía la cabeza, escuchando de tanto en tanto la risa tan reconocible –a sus oídos- de Adrien, acompañada de la de su prima.

Sus pies marcaban un ritmo ansioso, reflejando lo que su boca no podía. Si bien era incapaz de prestar atención como debía, seguía consciente de que no podía interrumpir la clase, así como si nada, los demás tenían derecho a aprender. Tenían derecho a saber… ¡Ella tenía derecho a saber!

Bridgette era su prima, y no podía desconfiar de ella… Pero Félix, oh, maldito Félix, tenía su punto. Con lo paranoica que era, resultaba imposible no imaginar miles de escenarios catastróficos en los cuales terminaba abandonada por ambos.

No era tan drástico como cuando se trataba de Chloé o Lila, pero seguía habiendo un temor, una inseguridad. La azabache cada vez se encontraba más inundada de pensamientos poco agradables, desvirtuando su ánimo habitual.

Y vaya que no pasaba desapercibido.

En lo que llevaba el día, Alya le había preguntado mínimo cinco veces qué ocurría, sumándose a esto la preocupación latente de Bridgette, pero… ¿Qué podía hacer? ¿Saltarle encima de la nada, en medio de la jornada escolar?

No, necesitaba un momento más íntimo, uno en el que sólo las dos estuvieran juntas, pero no en la casa, pues podría desatar una discusión en la que sus padres se entrometerían y… eso era lo que menos quería.

Por lo mismo, el trayecto a casa resultó ser la opción más tentadora. Despidiéndose de sus amistades, y caminando con relajo hacia el hogar de ambas, Marinette se mentalizaba para preguntar… Lo que podría ser algo muy incómodo.

Incluso el inicio resultó serlo, al frenar abruptamente el paso la menor de las Cheng, llamando la atención de la restante.

― ¿Mari? ¿Qué pasa? ―Intuitivamente preguntó, aflorando la preocupación. ― ¿Estás bien? ¿Necesitas al…?

―No. ―Cortó, cual cuchillo en la mantequilla. ―No estoy bien…

Bridgette tardó en reaccionar, impresionada ante esa respuesta, ante la expresión de su prima. Se veía afectada, consternada… Angustiada.

Pasó saliva.

― ¿Sucedió algo…? ―La de cabellera más extensa no pudo evitar que su voz sonase preocupada, atemorizada, a la par de que se acercaba los pasos que las separaban.

―Eso… ―Marinette pareció titubear, aunque de inmediato aquella determinación tozuda se instaló en su azulada mirada. ―Eso quería preguntarte, ¿Sucedió algo entre tú y Adrien? ―ante la sorpresa en el rostro ajeno, habló de manera atropellada ―, quiero decir, repentinamente son tan cercanos y… Y hay veces en que incluso se van solos en el receso… ¿Hay algo que no me has dicho? ¿Adrien… te dijo algo?

Podría verse como una escena inmadura desde el exterior, pero Bridge podía comprender al cien la angustia de su prima. Ella, sin consideración, se había dejado llevar por aquella extraña amistad y confidencialidad que llevaba con Adrien únicamente por conocer sus identidades civiles… Y entonces… Su egoísmo…

Su egoísmo había llevado a eso.

―No te preocupes. ―El temblor en la voz de Bridgette desapareció, aunque la expresión de su prima no fue la deseada. No se hallaba satisfecha. ―No pasó nada…

―Pero… por qué… ―Cuestionó Mari. Necesitaba respuestas, necesitaba certidumbre, seguridad… ―Cómo…

La Cheng apretó los labios.

Sabía a dónde quería ir con eso la menor, y hacerse la demente ya no podía. Aun así, resultaba tan difícil… Simplemente soltar la verdad… Es que no. Era, en resumidas cuentas, imposible. ¿Traicionaría la confianza de Adrien para proteger el lazo con su familia?

Eso resultaba ser más grande, un tema mucho más delicado…

Mientras meditaba al respecto, Marinette tan sólo esperaba, ansiosa. Deseosa de escuchar cómo Bridge, una vez más, le daría la voluntad para ser la joven animosa y pudiente que generalmente era.

―Yo… ―Emitió Bridgette.

De manera inmediata, un temblor sacudió el suelo, provocando que ambas jóvenes quedaran estáticas, conscientes de lo que eso significaba. Los gritos que se escuchaban a la distancia tan sólo corroboraban sus sospechas.

―Tengo que ir. ―Anunció la mayor, pues era su turno de portar el traje de motas. ―Ve a refugiarte.

Con aquellas simples palabras, y una palmada en el hombro, Bridgette partió a un lugar escondido.

A ella le tocaba lidiar con eso. Con todo eso.

Y tendría que ver cómo solucionarlo.