Hola a todas/todos!
Muchas gracias a todos/todas aquellas que leyeron el primer capítulo, a quienes dejaron sus comentarios y espero éste fic se de su agrado, tal como el siguiente capítulo.
Un afectuoso abrazo!!
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Capítulo II
"Misión"
Tenía la mirada clavada en el techo de su habitación, sus ojuelos avellanas miraban fijamente algún punto imaginario, mientras recaía en la reminiscencia de lo sucedido hace horas, no podía borrar de su mente el perfecto y bello rostro de esa mujer, que orgullosa se mostraba ante todos, ni olvidar sus ojos color agua, mucho menos sus brillantes labios rojizos que lo invitaban a pecar…
No puedo olvidar tus exuberantes dulces labios
¿Cuántos son los hombres encantados por su elegancia?
Ese tipo de pensamientos no eran comunes que aparecieran en su vida para no dejarlo descansar en paz, quizás lo estaba tomando muy seriamente, probablemente otros hombres también habían quedado extasiados por esa mujer, quizás ese era el efecto dominó que buscaba ejercer esa morena ojiazul en todos aquellos débiles de pensamiento, y él aunque se determina que no lo era… estaba declinando y todo por una mujer…
Se llevó las manos a la cara, como era posible que no pudiera concentrarse ni para dormir.
… … o … …
No pidió permiso, no le veía caso hacerlo cuando no era una cortesana y mucho menos la habían vendido a esa casa, era una inquilina encubierta y como cualquier otra persona tenía necesidades, así que temprano por la mañana tomó parte de sus cosas y se dirigió imperiosa al baño sauna, con el fin de poder relajarse un poco después del espectáculo y alboroto que ella misma había ocasionado por culpa de su impericia.
Encontró una tina de madera para ella sola, con mesura se deshizo de todas sus prendas y lentamente fue adentrándose en sus cálidas aguas, cerró sus ojos unos instantes, disfrutando de la tranquilidad y percibiendo aquel líquido lavar su nívea piel, todo iba bien hasta que escuchó mayor número de voces femeninas comenzando a inundar el ambiente, abrió un poco los ojos y pudo identificar los rostros de algunas de esas mujeres, eran sus 'compañeras' pero no les tomó mucha importancia y volvió a su anterior estado de relajación.
-"¿Entonces volvió ese pueblerino?"- Preguntó una mujer a su compañera.
-"Sí, no puedo sacarle más"- Decía resignada su interlocutora.
-"Pareces agotada…"- Decía la otra mujer firmemente.
-"Lo quiso cinco veces… una tras otra… estaban tan borracho que se desmayó…"- Añadió la interlocutora bastante expresiva, la morena al escuchar la conversación no dudó en hacer una mueca en desagrado, ¿Cómo era posible que esas mujeres hablaran de su sexualidad tan abiertamente?... Era de mal gusto.
Ya había tenido suficiente con las pláticas en el baño sauna, y lo mejor era volver a la casa de Takao-san, así que sin decir ni una sola palabra salió de la tina, yendo con premura a ataviarse en su yukata índigo, mientras algunas de esas mujeres la miraban marcharse.
En su trayecto de regreso, Rukia se puso a pensar… mujeres, mujeres, mujeres, en la situación en la que ahora estaba enredada giraba en torno a ellas, a ese mundo lleno de misterios, belleza y erotismo, no era algo muy común en su vida, se había entrenado desde pequeña en las artes marciales y espionaje, que nunca se tomó a consideración aquellos aspectos como el arreglo femenino y conversaciones de amores y sexualidad, el pensamiento de haber llegado ser una de ellas si no se hubiera dedicado a trabajar en subrepticio para La Oposición, la aterrorizó.
A pasos morosos llegó hasta la casa, sin ninguna clase de inquietud se adentró y con su distintiva altivez pasó de largo, cosa no muy común a hacerse, mínimo avisar que ya estaba de regreso o un saludo cordial pero de sus labios nada brotó, simplemente se fue escaleras arriba con destino a su habitación.
-"¡¡Rukia!!"- Le gritó Takao-san con fuerza, su voz detuvo en seco a la morena, quien volteó a verla seriamente.
-"Qué es lo que quieres…"- Le soltó sin ningún respeto, aguardando desde las alturas de la escalera alguna palabra de la dueña de la casa.
-"Te agradezco que anoche hayas estado unos minutos en el hamirise…"- Dijo sinceramente la dueña, aunque la morena no entendía muy bien el porqué, si había sido a causa de su imprudencia y además no había hecho nada relevante, pero aceptaría sus palabras como gesto de cortesía.
-"Si… no fue… nada"- Dijo quedamente y dio la media vuelta, volviendo a retomar su camino hasta su habitación, ya ahí vería en que ocupar su tiempo mientras llegaban las órdenes de Aizen.
… … o … …
Los tenues rayos del solo se tamizaban por el ventanal, alumbrando así su habitación y sirviendo de guía para continuar impregnando su caligrafía en aquel papiro, se había levantado temprano para iniciar su informe respecto a la rutina y actividad de investigación de ayer.
Un ligero toquido proveniente del otro lado de la puerta detuvo toda acción, sin poder siquiera imaginarse quien se dignaba a molestar a esas horas y en momentos de trabajo.
-"Kurosaki-kun ¿puedo pasar?"- Escuchó que preguntó una dulce voz, distinguía la voz de esa mujer, así que firmemente le respondió.
-"Pasa…"-
Orihime se adentró con cuidado, pues sus manos cargaban una bandeja donde se encontraba el desayuno, con suma discreción y silencio se acercó a Kurosaki y dejó a su estribor lo que había preparado para él.
-"Te preparé zumo de naranja y algunos bollos"- Le dijo con dulzura, esperando alguna respuesta por parte de su acompañante, pero el seguía ensimismado en sus pensamientos, era curioso, había dejado de escribir para mantener la mirada en algún punto imaginario del papiro, la pelimarrón tocó su hombro delicadamente.
-"Kurosaki-kun…"- Volvió a murmurar en tono preocupado, al instante Ichigo reaccionó y la miró detenidamente, sus ojos avellanas se clavaron en su rostro, las mejillas de Orihimen se matizaron en carmín.
-"¿Te sucede algo?... Te veo muy distraído"- Le inquirió la chica de voluptuosa fisionomía con cierta pena.
-"Eh… no, no… estoy bien… no te preocupes Inoue… gracias"- Le contestó rápidamente, realmente no tenía confianza suficiente con ella como para hablarle de aquello que le inquietaba, más que eso, era el impacto que esa joven Oiran de la casa Tachibana le había dejado y el recuerdo de sus ojos de piedra preciosa, de sus jugosos labios y la actitud sugestiva lo tenían fuera de sí, no sabía porqué.
… … o … …
Como de costumbre la pelinegra se encontraba confinada en su habitación, acompañada por la luz del sol que se filtraba por el ventanal, observando con suma ociosidad la pecera, aventando de nuevo comida a los animalitos que ahí vivían, ya llevaba alrededor de una hora en espera de su encargo y nada ni nadie había tocado su puerta con noticias del mismo. La paciencia no era una de sus virtudes, así que de mala gana se levantó del futón e imperiosa salió de su confin, recorrió el largo pasillo que conducía a las habitaciones y de ahí dio vuelta a la izquierda, bajó con prisa las escalinatas y se dirigió a la cocina, con fuerza abrió las puertas de par en par.
-¡¡Takao-san!! ¡¡Llevo horas esperando mi tabaco!! ¡¡¿Porqué demonios tarda tanto?!!"- Vociferó llena de enfado sin ningún miramiento, las miradas de sus 'compañeras' cortesanas se fijaron en ella llenas de asombro, al menos nunca antes habían visto que una Oiran se dirigiera así a Takao-san.
-"Al menos saluda cuando entres…"- Musitó la mujer dueña de la casa con indiferencia, la actitud de la morena no le sobresaltaba ni preocupaba en lo más mínimo.
-"No tengo porqué hacerlo…"- Dijo burlonamente, mirándola nuevamente con engreimiento.
-"Es lo menos que debes hacer después de tener que cumplir con tus antojos y soportar tu mal temperamento…"- Le contestó con seriedad, expresando sus emociones contenidas, si bien desde que la morena había llegado era la causa de sus constantes dolores de cabeza.
Rukia sonrió socarronamente, ¿mal temperamento? ¿antojos?, parecían que Takao-san aún no le había quedado claro, Aizen había recalcado que una vez tomando calidad de huésped en la casa de cortesanas, se le tenía que dar un trato especial, incluyendo cumplir sus deseos y sobrellevar sus cambios de humor.
-"Ya hablaremos más tarde de esos detalles…"- Le comentó la pelinegra cruzándose de brazos, no era el momento adecuado, sus 'compañeras' desconocían la verdad tras de todo, tenía que ser discreta.
-"Por cierto... hay algo para ti…"- Le dijo la mujer, Rukia la observó fijamente, Takao-san buscó de entre los bolsillos aquella correspondencia con destinatario exclusivo a la pelinegra –"Ten…"- Añadió entregándole el sobre a Rukia, quien ya intuía de que se trataba.
Sin decir más, la morena tomó el sobre y viró sobre sus talones, dándose presteza a sus pasos para poder descubrir en la primacía de su recámara la misión que Aizen le tenía preparada.
-"Kurosaki Ichigo ¿he?"- Se dijo así misma mientras sus ojos repasaban la información impresa en aquel papel, sonrió complacida al levantar la mirada.
Estaba preparada para iniciar el largo recorrido que implicaría fraternizar con el enemigo.
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