Hola a todas/todos!

Muchas gracias a todos/todas aquellas que leyeron el 2do capítulo, a quienes dejaron sus comentarios y espero éste fic se de su agrado, tal como el siguiente capítulo.

Pasando a conceptos...

Shuriken: Son hojas arrojadizas de diferentes formas (cuchillos, estrellas, etc), hechas en acero (inicialmente en madera) y con los bordes cortantes, que según la necesidad son untados de veneno para mayor efectividad, ya que en su utilidad principal estaba la de distracción (sin veneno).

Kunai: sirvió para varios propósitos, pero principalmente se utilizaba como cuchillo de uso general, la punta era afilada con los bordes aserrados.

Un afectuoso abrazo!!


… … * … …

Capítulo III

"Camuflaje"

Su rostro se reflejaba en el espejo, con sumo cuidado con ayuda de un pincel, matizaba sus labios en un tono rojizo, tratando de no salir del contorno. Se miró detenidamente el rostro, no podía creer que esa mujer del reflejo fuese ella… tan elegante, embellecida de colores… si algún conocido suyo la viera, no la reconocería.

Alguien tocó a su puerta quedamente, frunció el ceño llena de extrañeza, abandonó su rutina y fue directo a ver de quien se trataba. Abrió las puertas pero no encontró a nadie en la mira, hasta que bajó un poco más su mirada zafiro y se topó con una niña, arqueó la ceja aún más extrañada de lo que estaba, puso las manos en la cintura y la miró severamente, esperando a que la chiquilla hablara.

-"Rukia Oiran. Soy Yuriko, tu Kamuro"- Dijo la pequeña acompañada de una reverencia, las dudas comenzaron a asaltar la mente de la pelinera, ¿Qué carajos era una kamuro?.

-"Y… ¿Qué demonios es eso?"- Le preguntó socarronamente, sin quitarle la mirada a la pequeña.

-"Yuriko te atenderá en lo que necesites, estará bajo tu cuidado y aprenderá de ti"- Informó Takao-san en voz alta, uniéndose a la conversación que parecían sostener Rukia y la niña.

Rukia alzó la mirada al escuchar esa inconfundible voz, la miró con fastidio, no había problema si la chiquilla estaba a su servicio pero… ¿Qué podía aprender esa niña de ella? Y ¿porqué bajo su cuidado?.

-"Así que no te bastó con pedirme ir al hamirise y ahora estoy de niñera…"- Le espetó irónicamente la pelinegra completamente ofendida, ¿Qué vendría de después?.

-"Toda Oiran debe de tener a su servicio una o varias Kamuros…"- Comunicó la dueña de la casa a su reciente 'cortesana', reteniéndole la mirada.

-"Es innecesario pero allá tú…"- Se limitó a decir la morena, pasando su mirada a la niña y en un ademán le pidió entrar a su habitación y Rukia cerró con fuerza las puertas.

-"Es muy difícil comprenderte…"- Murmuró para sí misma la dueña de la casa, para después regresar a sus labores cotidianas.


Terminaba de llegar de su vigía por la ciudad, aunque era un hombre muy capaz y dedicado a su trabajo, ese día no había sido el mejor, no sólo había tenido que alargar su turno y entregar informes, también tuvo que lidiar con tener en sus pensamientos a esa mujer… deseaba volver a verla… tener la oportunidad de poder acercársele…

-"Kurosaki-Kun, aquí tienes…"- Dijo Orihime poniendo ante sus ojos en la superficie de la mesa, una planto hondo lleno de arroz. Ichigo dio un respingo, había estado tan ensimismado en sus pensamientos que se tomó por sorpresa la pelimarrón.

-"Gracias Inoue"- Fue lo único que dijo el pelinaranja, tomando los palillos dispuesto a cenar, Orihime sólo sonrió… ni siquiera se había tomado la molestia de mirarla, le hacía llenarse de tristeza que el hombre que amaba no le sonriera o dirigiera una dulce mirada aunque sea.

-"¡¡Ichigo!!"- Entró entre gritos el pelirrojo amigo, acabando con el silencio y la calma que segundos antes reinaran en el comedor, Ichigo ni se molestó en observarlo, indiferente continuó deleitándose del exquisito sabor del arroz.

-"¡¡Eh idiota, hazme caso!!"- Le continuaba vociferando en Teniente, tratando de captar la atención de su compañero pero éste sin perturbarse.

-"¡¡Apresúrate, ésta noche iremos a Shimabara y nos recibirá la Oiran de la casa Tachibana!!"- Le informó el pelirrojo con naturalidad, Ichigo al escuchar sus palabras casi se atraganta con el arroz por la impresión, esa era la oportunidad que había esperado pero ¿como le diría a su amigo que iría sin mostrar sus intenciones?

-"¿Quién más irá?"- Formuló el pelinaranja mientras trataba de recuperarse de aquel incidente con el arroz.

-"Los mismos de siempre… Ikkaku, Iba, Sentaro, tú y yo…"-

-"Bien… vámonos"- Puntualizó el pelinaranja limpiándose los labios con un paño, dejando los palillos al estribor del tazón y levantándose de su puesto serio y con determinación, aunque su semblante no lo demostrara, por dentro las ansias y las emociones le irrumpían.

-"Gracias Inoue… Hasta luego"- Dijo a la pelimarrón antes de salir acompañado del pelirrojo.

Orihime quedó en soledad, observando fijamente las puertas por donde ese pelinaranja había salido, pasó la mirada hacia la mesa y observó el tazón, no había comido ni dos terceras parte de lo que preparó y él ya se había marchado. Bajó la mirada con cierta tristeza… sabía muy bien a lo que se dedicaban las mujeres de Shimabara pero no lograba entender como esa noche de los ojos de Ichigo surgió un brillo especial cuando Renji mencionó la palabra 'Oiran', se podía confundir fácilmente con el deseo pero… algo le intuía que era algo más profundo.


-"¡¡Rukia, Rukia!!"- Gritaba Takao-san mientras golpeteaba con los nudillos la puerta de la habitación de la pelinegra, quien por más que le gritara no salía.

-"¡¡Rukia, Rukia!! ¡¡Apresúrate!!"- Volvía a ejercer la misma acción la dueña del negocio, presionando a la morena de que saliera a cumplir su labor.

Se escuchó la voz de la morena, así mismo el movimiento de algunos objetos, Takao-san estaba a escasos momentos de volver a golpear su puerta cuando ésta se abrió de par en par, mostrando a una molesta pelinegra.

-"¡¡Ya escuché, no estoy sorda!!"- Gritó a la dueña.

-"¡¡Tus 'clientes' llevan 5 minutos esperándote!! ¡¡Y tú haciendo el tonto, para variar"- Le regañó Takao-san, acompañando sus palabras con un toque de sátira que la morena tanto odiaba que usaran para molestarla.

-"No son mis 'clientes', recuerda como no soy una 'cortesana'… es mi misión… ¿te quedó claro?"- Le espetó Rukia fastidiada mientras se levantaba un poco el kimono para poder bajar las escaleras.

-"Llamalo como gustes, sólo ve a hacer tu trabajo…"- Respondió la mujer mayor sin más, adelantándose algunos pasos, la morena le siguió y tras ella cuatro mujeres más que serían la compañía del resto.

-"Más vale que te comportes…"- Dijo Takao-san dirigiéndose a la pelinegra antes de arrodillarse y abrir la puerta, para introducir con dulces palabras a la Oiran.

Rukia poniendo la mirada en el techo, como muestra del poco interés en las palabras de la mujer mayor.

-"Disculpen la tardanza honorables caballeros"- Dijo dulcemente Takao-san, al menos para Rukia era un tono de falsa alegría.

Enfrascándose en su rol de Oiran, la morena entró a pasos tardos y con gracia al salón donde atendería a ese grupo de hombres, se arrodilló e hizo una reverencia ante ellos, las mujeres tras suyo que la acompañaban le imitaron en sus movimientos.

-"Rukia Oiran a sus servicios. Espero disfruten la velada en nuestra compañía"- Levantó ligeramente la mirada, posándola en aquel hombre a unos metros suyos de peculiar cabellera naranja y de ojos almendrados, el hombre que correspondía a las características físicas que Aizen había enviado escritas en el sobre.

Al verla entrar Ichigo quedó mudo, era una mujer que derrochaba en demasía elegancia y belleza, sin olvidar la actitud con la que se presentaba y los graciosos ademanes que hacía, su corazón palpitaba rápidamente, sentía que casi saldría de su pecho, incluso los nervios lo invadieron… Todas esas reacciones incrementaron cuando la morena posó sus ojuelos en él, sentía que no podría sostener su profundo mirar… estaba en una situación difícil de sobrellevar tanto para su mente como para su cuerpo.

Las cortesanas y Rukia Oiran se levantaron, cada una fue a ocupar un lugar a cada lado de los caballeros, la pelinegra tenía su lugar ya fijo, así que tomó puesto de honor al lado del pelinaranja, quien no pudo evitar ladear su rostro y observar su perfil, quedó hipnotizado, incluso de cerca su belleza enaltecía.

-"Y usted es…"- Dijo la morena, dándole pauta a su acompañante para que le dijera su nombre, aún a sabiendas del mismo.

-"Kurosaki Ichigo… mucho gusto"- Dijo con dificultad, su presencia entorpecía hasta su hablar.

-"El gusto es mío…"- Le dijo sonriente, a simple vista y por su forma de hablar no le resultaba un sujeto interesante, de hecho parecía alguien pacífico como para ser un espía del Gobierno, pero a veces las apariencias engañaban.

-"Qué prefiere que le sirva ¿té o sake?"- Inquirió la pelinegra mirando fijamente a sus ojos.

-"Ehh té… si, té"- Estaba nervioso, no era común en él ese tipo de sensaciones.

-"¿Té?... La noche es joven, le recomiendo el sake… un poco no hace daño"- Comentó Rukia tratando de convencer al pelinaranja, si bien así sería un poco más sencillo conseguir información clave; así que comenzó a servirlo en la taza de su objetivo.

-"No…no… en verdad"- Decía negativamente el chico, rechazando la taza, no era un hombre acostumbrado a ese tipo de bebidas, además tenía en claro los efectos de ese brebaje en el cuerpo humano con tan sólo ver a sus amigos, les entorpecía el actuar y el pensar; y no quería quedar como un idiota delante de ella ni de nadie.

-"Sólo un poco… ¿se negara a acompañarme en un trago de sake?"- Preguntó con cierta dulzura la morena, acercándose tan sólo un poco al chico, quien por más que quiso hacer de lado la idea de beber, quedó debilitado ante la perfecta imagen de la Oiran que pedía su compañía en tan sólo un trago…

Tomó el recipiente lleno de sake y lo bebió de golpe, al no estar habituado a su sabor sintió que calaba en su garganta, así como una ligera sensación de calor y sus mejillas tenuemente se matizaron de carmín.

-"¿Qué le pareció?"- Preguntó la morena una vez que el otro terminó.

-"Algo… fuerte…"- Respondió el pelinaranja sinceramente, los efectos fueron casi inmediatos, era su imaginación o la vista se le estaba difuminando.

-"Y por cierto… ¿a que se dedica?"- Mientras más se apresurara en conocer la identidad del joven sería lo mejor y la forma más fácil.

-"Ehh… trabajo para el Gobierno…"- Respondió cuidadosamente, no quería profundizar mucho en temas sobre su vida, no era un sujeto muy confiado.

-"Supongo que ha de tener un cargo importante…"- Añadió la morena con coquetería, el pelinaranja la miró unos instantes y le sonrió.

-"De hecho soy…"- Pausó sus palabras, no estaba muy seguro de decírselo, había que tomar precauciones –"… oficinista, nada importante…"- Mintió tratando de sonar y verse natural.

Rukia lo observó detenidamente, 'maldito mentiroso', pensó ella al escucharlo. Sabía perfectamente que ese hombre era espía del Gobierno, en verdad era un hombre que se tomaba muchas precauciones respecto a su vida, quizás iba a ser un poco más difícil de lo que creía.

-"Y dígame… un hombre tan… atractivo como usted… ¿tiene a una mujer que le espere en casa?"- La morena sonrió con picardía mientras acortaba la distancia entrambos y acariciaba el rostro de Ichigo, delineando con la yema de los dedos sus facciones, acciones que provocaban en Ichigo una aceleración en los latidos de su corazón, así como nervios y cierta incomodidad.

-"mmm… no…no… de hecho… no tengo a nadie… mi trabajo… no me da el tiempo para esas cosas…"- Contestó entre tartamudeos, con la voz cortada y sus mejillas matizadas en carmín, ni siquiera podía mirarla a los ojos, su presencia eran tan poderosa que dominaba su actuar.

-"Debería darse el tiempo y la oportunidad… No hay cosa más bonita que amar…"- Le sugirió tentativamente la morena, abandonando esa actitud efusiva para separarse unos centímetros de su objetivo. Aunque ni ella misma sabía que era el amor y mucho menos había tenido esa clase de sentimientos, se aventuró a decirle sonando sincera.

Sus miradas chocaron por unos instantes y se sonrieron ligeramente. Para el pelinaranja esa sonrisa había sido de las más bellas que había visto, aunque costara creerlo, le gustaba bastante y con ello aumentaba su interés por ella.


Tan sólo habían pasado escasos tres días desde que le conoció, aunque sin éxito, no logró conseguir información importante que le brindara algunas pistas sobre lo que el Departamento de Inteligencia perseguía y sus planes a futuro respecto al contra ataque a La Oposición. Seguramente Aizen no estaba muy contento, por algo le había mandado llamar a su guarida en las afueras del distrito.

-"Anoche murieron 3 de nuestros hombres y todo por tu culpa…"- Le regañó el castaño con seriedad.

-"¿Mi culpa?... Si hubieses enviado la información a tiempo ellos seguirían vivos…"- Le replicó la morena con enojo, la culpa no sólo residía en ella, también ese hombre tenía que aceptar que en parte fue descuido suyo.

-"Pero tú no lograste conseguir información substancial de Kurosaki Ichigo…"- Aizen se confió mucho de las habilidades de su morena, pero en esa misión había mostrado flaqueza al no hacerle llegar información que le sirviera para planificar un golpe contra el Departamento de Inteligencia del Gobierno.

-"No es tan sencillo… Kurosaki Ichigo es un hombre demasiado prudente y reservado…"- Ella había notado esas características de la personalidad del pelinaranja cuando le preguntó sobre a las labores que se dedicaba, y su castaño jefe tenía que entender que las cosas llevaban tiempo.

El castaño se acomodó en pose de pensador, el dedo índice y pulgar acariciaban su barbilla, mientras decidía si era lo mejor encomendarle la misión que tenía preparada para esa noche como una alternativa para liquidar al pelinaranja.

Aizen dio un profundo suspiro y finalmente miró a la pelinegra severamente.

-"Gracias a Soi Fong, ésta noche Kurosaki Ichigo hará un rondín por la capital... ya sabes lo que tienes que hacer"- Le ordenó con seriedad, tan pronto estaba ese cambio de planes, esperaba que Rukia no fallara en esa misión y en todo caso, continuaría con el plan que desde el principio estaba manejando.

Rukia no esperaba esas órdenes… pero haría todo lo posible por no fallarle.


Una pequeña niña de escasos 7 años rondaba por los pasillos de la casa, llevaba horas buscando a la pelinegra pero por más que preguntara a las demás así que decidida se encaminó hasta la oficina de Takao-san.

-"Takao-san… ¿sabe donde esta Rukia Oiran?"- Preguntó la pequeña kamuro con una evidente preocupación en sus ojuelos, y es que aunque Rukia tuviese un carácter difícil de sobrellevar, la niña le había tomado cierto cariño.

-"Salió. Tuvo asuntos muy importante que arreglar, estará bien no te preocupes"- Respondió la dueña de la casa, tratando de aminorar la inquietud que la chiquilla tenía en el corazón, incluso ella misma a pesar de no llevar una buena relación con la pelinegra, confiaba en sus habilidades como ninja y de verla cruzar el umbral de la puerta sana y salva.


Continuaba en su ronda por la capital a altas horas de las noche, su esbelto cuerpo recorría con rapidez los tejados de las casas, ataviado completamente en ropajes oscuros, cubriendo su naranja cabellera con una especie de capucha bruna, donde una rendija que iba de un extremo del ojo al otro le permitía la vista, envuelto en sobriedad para camuflajearse con las sombras y la oscuridad.

Su andar ligero fue interrumpido por varios shuriken, deteniéndolo en seco en uno de los tejados, Ichigo observó y detenidamente su entorno, tratando de captar con sus bien desarrollados sentidos la presencia del enemigo.

La morena de ojos zafiro apareció a varios metros atrás del pelinaranja, quien al instante se viró para poder encarar a su atacante, Ichigo quedó extrañado al ver a su enemigo… a pesar de lucir ropajes oscuros como los suyos, su fisonomía pertenecía a la de una mujer… era un hecho inaudito.

Rukia lo observó retadoramente, le sonrió con ironía y al instante emprendió a correr con dirección al chico de ojos avellana, empuñando un kunai con toda intención de herirlo. Ichigo al verla tan dispuesta a pelear, corrió con trayectoria hacia la mujer ninja… Ambos cuerpos chocaron en un forcejeo, Kurosaki había adivinado el punto donde la ojiazul le golpearía con el kunai, reteniendo su muñeca con fuerza. La morena había quedado impresiona por las habilidades físicas y mentales del joven espía, y aunque era una mujer fuerte, la presión que el chico ejercía sobre su muñeca la obligó a soltar el arma.

Pero la morena pudo arreglárselas para asestarle dos patadas rotatorias que fueron a dar en el rostro del pelinaranja, perdiendo por completo la noción y el equilibrio, cayendo al abismo. Se golpeó duramente, pero el impacto no causó lesiones graves, con trabajos trató de incorporarse pero la delicada figura de aquella mujer apareció ante sus ojos con una mirada severa, en ese momento Ichigo tenía un último recurso al cual recurrir… si fallaba pronto estaría muerto.

La morena desenvainó su sable, lo miró detenidamente y lanzó un último golpe que para su sorpresa fue interrumpido por el sable de su contrincante, ambos empezaron una pequeña lucha por el poder y dominio de la situación, Rukia no tuvo más elección que tratar de dañar partes sensibles, así que el filo de su sable dejó dos heridas: una en la mejilla y otra en el brazo, suficientes para que Ichigo flaquera aunque sea un poco, sabía perfectamente que ella no tendría ningún miramiento en cuanto a liquidarlo, para ser una mujer poseía de envidiable audacia, técnica y fuerza, al menos podía decir que había encontrado una oponente digna.

En un descuido de segundos, su sable fue a dar en una parte lejana, quedando completamente desarmado, a merced de la morena quien le dirigió una sonrisa socarrona… pero en esos momentos recordó… algo que la tenía perturbada desde la mañana y estaba relacionada al hombre que yacía frente suyo, entre la vida y la muerte.

…::: FlashBack :::…

Esa mañana la morena se había levantado con unas tremendas ansias de desayunar, al menos había esperado que Yuriko, su kamuro, estuviese lista con el manjar matutino pero para su desgracia ella aún seguía sumida en su letargo. Así que prefirió ir en busca, con toda cautela se adentró a la cocina pero la encargada simplemente le pidió esperar junto con las demás, Rukia enarcó la ceja y justo al entrar al comedor ahí estaba un grupo de 'cortesanas' que al igual que ella, esperaban ansiosas que se sirviera el desayuno.

Dio un suspiro lleno de resignación, y aún con la mirada de muchas de ellas puestas en su persona, fue a sentarse en un espacio vacío, aguardó en silencio mientras escuchaba la conversación suscitada entre ellas.

-"Estar enamorada es tan hermoso como doloroso"- Dijo una de las chicas al resto.

-"Es horrible tener que venderte a otros hombres cuando tu corazón pertenece a una sola persona… Esperando un día que él te saque de aquí…"- Añadió otra, sumándose a sus palabras las voces de las demás en acuerdo.

Rukia desvió la mirada y su atención, disponiéndose a pensar un poco en el tema… No podía sumarse a ella, no sabía nada de esos temas y tampoco amaba a alguien, no sabía si por fortuna o desgracia no había tenido la oportunidad de conocer el amor.

-"Rukia Oiran… ¿podemos hacerle una pregunta?"- Le inquirió una de las cortesanas, sacando de sus cavilaciones a la ojiazul.

-"Claro…"- Respondió Rukia llena de curiosidad, era la primera vez que se acercaba a ella con ese fin.

-"¿Alguna vez se ha enamorado?..."- La pregunta la tomó por sorpresa, frunció el ceño llena de extrañeza, vaya pregunta… No podía mentirles.

-"No…"- Respondió con determinación, cosa que desanimó un poco a las mujeres reunida ahí, Rukia no entendía porqué a sus reacciones, quizás buscaban algún tipo de ayuda sentimental siendo básicamente la Oiran, la experimentada en todos esos asuntos.

-"Y… ¿si alguien estuviese enamorada de usted?"- Preguntó una vez más, a la pelinegra ya no le estaba agradando el curso de tantas cuestiones, sentía que había algo encubierto en todo eso y estaba más que dispuesta a averiguarlo.

-"A que vienen tantas preguntas… ¿saben algo que yo no?"- Rukia inquirió, dando conclusiones, deseosa de saber lo que entre manos se traían sus compañeras inquilinas.

Todas se miraron entre sí, por sus ojuelos titilantes, sus rostros preocupados y algunas sonrisas nerviosas, Rukia pudo denotar que había algo más que probablemente no quería decirle, así que se levantó de su lugar y con mirada severa y presencia omnipotente las observó, esperando que abrieran la boca y le explicaran lo que sucedía.

La mujer que minutos anteriores había formulado las preguntas dio un último vistazo a sus compañeras ante de dirigirse a la Oiran, así que carraspeó ante de informarle.

-"Lo que sucede… es que… ayer… escuché a Kurosaki Ichigo… decir que… se estaba enamorando de usted…"- Dijo con cierta pena y miedo, bajando la mirada, ya conocía las actitud que Rukia Oiran tenía y no deseaba ser víctima de ellos.

Sin embargo la pelinegra quedó asombrada por tal comentario, su corazón comenzó a latir rápidamente, estaba llena de incredulidad, como era posible… A penas le había conocido y ya había soltado semejantes declaraciones, no, no seguro eso era un error.

-"Jura por tu vida que eso es cierto…"- Dijo una Rukia llena de seriedad, mirándola fijamente, si no acataba su orden entonces no era más que una patraña nacida del ocio de esas mujeres.

-"Lo…lo…juro…"- Dijo temerosa la chica.

Las facciones de Rukia pasaron de llenas de altivez a unas llenas de preocupaciones… como es que ese hombre podía estar enamorándose de ella….

-"Seguramente está enamorado del exterior… porque cuando sepa como es ella y quien es en realidad, se va a decepcionar…"- Interrumpió la conversación Takao-san, la dueña de la casa, provocando que las miradas se posaran en ella, Rukia la observó retadoramente, se notaba que gusto le daba por enfadarla.

-"Siempre tan negativa... Lo mío no son esas cosas del amor, habrá hombres que me odien… hombres que me amen… él puede ser uno de ellos"- Rukia odiaba que Takao-san le echara en cara lo terrible persona que era y con ello la nula posibilidad de que alguien la valorara y la amara, tan pronto el ambiente había cambiado a uno tenso, donde el tema de un pelinaranja enamorado ya había quedado en el paso y relucían otro tipo de disputas.

-"Contigo lo dudo… ¿Quién querría a una mujer como tú?"- Takao-san se burló, provocando que en Rukia la sangre que corría por sus venas hirviera de la rabia, eso no iba a quedarse así y que se jactara de sus palabras, si tenía que demostrárselo lo haría.

-"Ya veremos Takao-san… con su permiso"- Una molesta pelinegra se retiró de la estancia, estaba iracunda, esa maldita de Takao-san iba a darse cuenta con el tiempo de que estaba equivocada.

…::: Fin FlashBack :::…

Le dirigió la mirada al chico de ojos almendrados, ese hombre que estaba a punto de matar era el mismo que en días anteriores había dicho estar enamorándose de ella sin saber perfectamente quien era, lo que era peor es que comenzaba a sentir una obstrucción en su corazón que repercutía en sus decisiones… Despacio fue bajando el sable, sonrió socarronamente… lo que esas palabras y los ojos de ese hombre la habían llevado a hacer…

-"Tienes suerte… Kurosaki Ichigo"- Dijo al pelinaranja, volviendo a envainar su espada, para después desaparecer de su vista con toda rapidez, dejándolo pasmado en medio de la oscuridad, tratando de asimilar lo que había sucedido… esa mujer le había perdonado la vida por razones que desconocía.

… … * … …