Chics muchas gracias por sus comentarios n.n me alegra que esté gustando el fic y toda sugerencia es bienvenida.
Paso a postearle el capítulo V... que espero sea de su agrado... ya veremos como nuestra Rukia flaquea y comienza a dudar... y a Ichigo provocando cosas en ella...
Lyricas del capítulo: "Alguien soy yo" de E. Iglesias.
Gracias de antemano por la lectura y sus comentarios.
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Capítulo V
"Sentimientos"
Por su mente rondaban todo tipo de pensamientos, muchos de los cuales la aquejaban constantemente y le hacían preguntarse sobre lo que realmente iba hacer, contando incluso con tantas palabras y intenciones de conquista por parte de ese pelinaranja, aún mantenía fresco en su memoria esa escena en la que se vio envuelta al recibir una flor de su parte… La contemplaba con insistencia, como si viéndola pudiera encontrar todas las respuestas a sus cuestiones, aunado a ello las extrañas sensaciones que la envolvían al murmurar el nombre de ese hombre de ojos almendrados, le provocaba cierto nerviosismo en su sistema, su corazón palpitaba a un ritmo acelerado y con mucha dificultad lograba sostener su mirada… Era la primera vez que percibía esas emociones, tan dominantes en su actuar y en su pensar… todo indicaba que ese hombre buscaba algo más en ella.
-"Has estado viendo esa flor desde hace rato… ¿Quién te la regaló?"- Era la voz de Takao-san que había interrumpido en su habitación en sus pensamientos, captando su atención al instante.
-"Una persona…"- Rukia no quería decirle el nombre porque probablemente Takao-san la llenaría de diversas conjeturas e ideas que le causarían mayor incertidumbre.
-"Te vez preocupada… por lo visto te la regaló alguien inesperado… alguien como… Kurosaki Ichigo"- La dueña de la casa expresó con cierta intención de perturbar a la morena.
Rukia se sobresaltó aL escuchar su nombre… le había dado al clavo por simple coincidencia o ese asunto era algo que ya estaba más que tramado.
-"Que tonterías dices…"- La pelinegra le contestó con ironía, no iba a confirmar nada al respecto, prefería brindarle el beneficio de la duda.
-"Si dudas un poco en las cosas que viniste a hacer te traerá muchos problemas…"- Sugirió la mayor con toda intención de ponerla a pensar muy detenidamente en su actuar antes de dejarla en soledad. Las palabras llegaron a los oídos de la morena como una advertencia… el problema era que estaba casi decidida a aventurarse a dudar…
-"Rukia Oiran…"- Esa era la voz de la pequeña Yuriko, su kamuro, quien con dulzura se adentraba a la habitación para preguntarle un par de cosas.
-"Dime…"-
-"Ya está anocheciendo… ¿acaso no piensa arreglarse para sus citas?"- Rukia cayó en cuenta de la realidad, de tanto pensar y pensar se le había ido el tiempo, en unas cuantas horas la casa Tachibana abriría sus puertas para dar inicio a brindar los placeres y ella, aunque no era una mujer que realmente perteneciera ahí, tenía que fungir con su papel para no levantar sospecha alguna y sobre todo, para recibir al hombre de cabellera naranja y continuar con su labor de espía.
-"Lo había olvidado… ayúdame con lo que puedas…"- Pidió la morena.
-"Sí…"- Dio en respuesta la chiquilla, llena de ánimos, dando pequeño brinquitos por toda la habitación, le entusiasmaba mucho ayudar a la Oiran.
Rukia tomó el primer kimono que encontró, se atavió en él con toda la rapidez posible sin permitir que se viera desaliñada, una de las cosas que había aprendido en su estancia era en lucir bien, y quería impresionar cuando el pelinaranja la viera esa noche, aunque esos pensamientos no eran los más correctos para una mujer de su calibre.
Continuó aplicándose maquillaje en el rostro, delineando en negro sus ojuelos azules, tiñendo de rosa sus labios con ayuda del pincel, mirándose en el espejo tratando de encontrar los errores en su apariencia y pulirlos, mientras una veterana se encargaba de realizar el complicado peinado de la Oiran, mientras la pequeña Yuriko observaba a la morena con una sonrisa en el rostro, era una mujer hermosa…
-"Rukia Oiran…"- Musitó la menor con cariño.
-"Dime…"-
-"Todo mundo en ésta casa habla de las cortesanas… de la Oiran… pero nadie me ha dicho que hacen…"- La pequeña desconocía las actividades que ésta realizaban, pues por mucho a las 9:00 de la noche ella ya se encontraba sumida en su letargo, lo único que sabía de ellas era que siempre lucían impecables, aprendía de las artes y le debía tener respeto a la Oiran, servir y aprender de ella…
Rukia meditó la respuesta, era tan sólo una niña como iba a desenmascarar la parte fundamental de la realidad, no quería asustarla u orillarla a escapar, así que viró su rostro y la miró con cierta ternura, incluso ahí dentro y gracias a Yuriko, había desarrollado esa actitud que creía extinta.
-"Tienen varias actividades, algunas bailan, cantan, tocan el Shamisen… pero descuida, con el tiempo te darás cuenta… por ahora enfócate en lo que Takao-san te dice"- Le contestó de forma muy superficial, ¿Qué más podía decirle?, no sería correcto hablarle de la venta de placer.
-"Mmm… cuando crezca quiero ser una Oiran como tú…"- Dijo con determinación y alegría la pequeña, sin saber a ciencia cierta la verdad de las actividades de la Oiran, y mucho menos de la mujer pelinegra que se hacía pasar por Oiran.
-"Eso dices ahora… pero con el tiempo sabrás muy bien lo que quieres"- Dijo llena de seguridad, y estaba en lo cierto, conforme el paso de los años y Yuriko creciera, notaría la gran diferencia y quizás esas ilusiones infantiles se evaporarían.
… … o … …
El pelinaranja se encontraba confinado en su habitación, sus ojuelos almendrados tenía la mirada puesta en aquel papel donde yacía el retrato a tinta de la morena, aunque no reflejaba su perfecta belleza, le gustaba aunque sea tener en sus manos algo inspirado en ella.
Suspiró acompañado de una sonrisa, un mohín que raras veces dejaba a vista de otros, pero ella, esa morena de ojos zafiro le daba mucha dicha, le invitaba a sonreír, era la dueña de sus pensamientos.
La puerta se abrió de golpe, dejando en expectación a Ichigo, quien fijó sus ojuelos expectantes en el marco de la puerta, mientras sus amigos se daban paso entre la estancia.
-"¿Qué demonios estás viendo?"- Le preguntó el pelirrojo al encontrar a su amigo, cuyas manos sostenían un papel.
Ichigo rápidamente se apresuró en guardarlo, lo que menos quería era que sus amigos se enteraran por lo que estaba pasando, siempre había sido reservado y que fueran conocedores de sus aspiraciones amorosas significaría que le haría un gran escándalo para molestarlo.
-"¡Nada, no estoy viendo nada!"- Dijo en voz alta, tratando de sonar inocente pero las sospechas se levantaron aún más.
-"¿Seguro? ¿Y que era eso que traías en las manos?"- Inquirió con una ceja enarcada un moreno de bigote.
-"Ya les dije que no era nada"- Volvió a decir en voz alta el pelinaranja, pero aparentemente nadie le creía, así que se miraron entre todos y el pelirrojo gritó la orden.
-"¡¡Atrapenlo!!"-
De escuchar el grito de guerra, Kurosaki trató de escapar de las garras de su grupo de amigos, con el retrato en manos salió de su habitación y con rapidez corrió por los pasillos, tratando de que no le dieran alcance, llegó lleno de cansancio hasta el patio, el cual Orihime barría con tranquilidad hasta que se vio interrumpida por la algarabía provocada por el hombre de sus sueños y el resto de sus amigos.
Sus ojos claros observaban curiosamente la escena, notando como atrapaban al pelinaranja y le obligaban a mostrarle un papel, suspiró resignada, desconocía lo que contenía pero quizás era algo sumamente importante o indecente como para tener ese comportamiento que desencajaba con el adquirido en la policía del Gobierno.
Orihime siguió barriendo el área, hasta que el viento le trajo a la vista el papel, discretamente se inclinó a recogerlo y una vez teniéndolo en sus manos, observó lo que tenía impreso. Era el retrato hablado de una mujer, bastante bella, ojos azules, cabellera bruna, en un vistoso y colorido kimono; no le hubiera tomado mucha importancia si no fuera por las letras escritas… Rukia Oiran, Casa Tachibana leyó en un murmullo, lo cual rápidamente le llevó a recordar lo de días pasados, cuando en vela cuidaba de la salud del chico pelinaranja, éste había murmurado el nombre de 'Rukia', al instante su corazón comenzó a palpitar rápidamente, sintió como si su corazón se desquebrajara, sintió una inmensas ganas de llorar, el hombre al que amaba ya tenía a alguien en su vida... Azorada fijó sus ojos en Ichigo y se acercó a él, le extendió el papel y bajó la mirada.
-"Esto es tuyo ¿Verdad?"- Preguntó la pelimarrón, con unas lágrimas retenidas en sus ojuelos.
-"Sí… Gracias"- Se limitó a decir Ichigo, tomando la papeleta.
Orihime se dio la media vuelta, dando pasos decididos hasta el interior, dejando al pelinaranja con el resto de sus amigos, quieres rápidamente le arrebataron la papeleta y entre empujones y gritos la observaron, para sorpresas de todos… era increíble… el líder del Departamento de Inteligencia estaba más que encantado con la Oiran de la casa Tachibana.
… … o … …
La morena recorría el largo pasillo que conectaba con los demás salones, la dirección era fija, el recinto donde la Oiran recibía a sus clientes en privado, ese era el lugar donde se encontraría con el pelinaranja esa noche, bastaba con acercarse para que los nervios empezaran a realizar sus efectos, para que el corazón iniciara un ritmo acrecentado, y sus ojuelos reflejaran cierta inquietud.
Se detuvo en seco delante las puertas, dando pauta a Takao-san para que con afable voz le introdujera.
-"Rukia Oiran a su servicio"-
Una vez dicho esto, la pelinegra se adentró con sigilo dentro del recinto, cerrándose las puertas tras ella, dejando a ese par en completa privacidad, una por más inquietante para la morena y por demás agradable para el pelinaranja, quien sonriente no podía despegar su mirada de la beldad de esa mujer, caía en un embelezo al aspirar su aroma a jazmín, Rukia por su parte sentía su penetrante mirada, era tan fuerte esa percepción que le era inevitable no sentirse abrumada, ni podía mirarle a los ojos.
-"Te vez… hermosa… como siempre"- Murmuró el pelinaranja con esa misma sonrisa.
-"Gracias…"- Le dijo apenada, era extraño sentirse así, ese hombre sacaba a relucir muchas cosas de sí misma.
La morena se dispuso a servirle en la taza lo que había en la tetera, y con un gesto delicado le entregó la bebida, a penas mirándolo de soslayo.
-"Gracias…"- No le quedó más al pelinaranja, dio un sorbo sin quitarle la mirada, quería hacerle algunas preguntas y esperaba que ella las respondiera.
-"¿Supongo que te diviertes mucho aquí?"-
-"Algo así… no hay mucho que hacer…"- Respondió con sinceridad la morena, olvidando por instante su rol de Oiran.
-"Ser una cortesana no es muy bien visto… he escuchado lo mal que habla la gente de ustedes pero francamente toda ustedes son mujeres como las demás, con ilusiones, amorosas… sólo que no corrieron con la misma suerte…"- Esa era su opinión al respecto, cosa que a Rukia le llamó mucho la atención, era un hombre muy comprensible… Rukia le sonrió.
-"Digamos que tuvimos una infancia abrupta… una inocencia interrumpida por las necesidades de nuestra familia que las orillaron a vendernos a una casa de cortesana"- Expresó poniéndose en el lugar de las cortesanas, era triste que así fuera la vida de muchas de esas mujeres, de apariencia era una pero no había vivido en carne propia ese martirio.
Se hizo un silencio, uno bastante inquietante para ambos, el pelinaranja por su parte se notaba indeciso, quería declararle algo a la morena pero temía un rechazo de su parte pero bien había escuchado alguna vez que valía más haberlo intentado que vivir con la duda. Mientras Rukia no podía negar que le era agradable la compañía de ese hombre, era honesto, tierno… y estaba enamorado de ella, ¿Cómo podía acabar con la vida de alguien así?... su determinación estaba flaqueando…
Con todo valor, el pelinaranja acortó la distancia existente entre ambos, la morena sintió sus extremidades temblar y un rubor acudió a sus mejillas al verlo cerca, bajó la mirada posándola en su regazo, sintió el cálido hálito de ese hombre cerca de su rostro, con dificultad pasó saliva, siendo escucha de sus palabras cargadas de un sentimiento que ella no se explicaba.
-"Eres importante para mi… que más deseo yo sacarte de aquí y llevarte conmigo…"- Dijo sutilmente al oído de la pelinegra, con el corazón y sus sentimientos en la mano, sin siquiera saber realmente mucho de ella y su pasado.
Tú no sabes quien soy yo,
No sé quien eres tú,
Y en realidad, quien sabe que somos los dos
Los ojuelos zafiro de Rukia titilaron ante sus vocablos, sintiéndose alegre por saber de la existencia de alguien que le tenía cariño, cuando había quienes perjuraban que nadie la amaría, él había llegado y estaba ahí, dispuesto a todo pero la culpa la aquejaba al caer en cuenta que su misión iba más allá de fraternizar con él… Sentía que aún si llegara a amarlo, estaría envuelta en una terrible confusión, no sabría que hacer.
La pelinegra levantó la mirada, fijándola en los ojuelos almendrados de Ichigo, tratando de encontrar muchas respuestas a sus incógnitas y sus dudas en el espejo de su alma, era inaudito lo que estaba pasado, él realmente le quería…
Con la yema de los dedos el pelinaranja tomó el mentón de la morena y con sutileza acercó sus labios hasta los de ella, Rukia no supo porqué pero accedió a la caricia de sus labios, degustando de los mismos el almíbar de lo que era un beso, sintiendo derretirse en aquel dulce ambiente que la envolvía y poco a poco rompía con la coraza que ella misma había puesto a su corazón.
Alguien te piensa constantemente, alguien te busca
y por fin te encontró,
Alguien te amó y alguien soy yo
Después de aquel contacto, sus miradas chocaron y una sonrisa surgió de sus labios, Rukia no se explicaba como la fortaleza de su mente y corazón se vio abrupto por unos sinceros vocablos… Mucho menos sabía como actuar para sacar provecho y cumplirle a Aizen… Con ello las cosas se le complicaban más de lo que ya estaban. No se quería enamorar…
… … * … …
