Pasaba a dejarle el capítulo VII... las cosas se intensifican... así que espero les guste el capítulo y gracias de antemano por sus opiniones.

Notas: Líricas finales del capítulo "One" de U2.

Saludos!!


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Capítulo VII

"El Amor & El Deber"

El equilibrio con el que contaba estaba desquebrajado, las causas no eran por más normales, una de ellas era aquella misteriosa mujer ninja y la otra la encantadora Oiran de Tachibana… ¿Dónde había quedado aquel hombre lleno de rectitud que era antes?... Se estaba esfumando lentamente, hasta convertirse en un fantasma.

Lleno de muchas dudas e incertidumbre, así llegó hasta los cuarteles generales el chico de ojos almendrados… la sorpresa le dio otro golpe bajo al encontrarse con sus subordinados, reunidos todos en el antepatio, por las miradas que tenían significaba que algo fuera de lo premeditado había ocurrido, con el ceño fruncido fue dando ligeros pasos, hasta que conforme acortaba la distancia se dejaba a vislumbre un bulto en el suelo... los ojos de Kurosaki se abrieron de par en par al adivinar lo ocurrido… sus pupilas titilantes observaban detenidamente la escena… el cuerpo inerte de uno de sus hombres, Ishikawa, uno de sus más confiables y allegados yacía en el suelo, ahogando en un charco de sangre debido aun tajo en su cuello… Ichigo se puso de cuclillas, revisando con detenimiento el cadáver, encontrando además diversas manchas en su piel debido al veneno inyectado al ser alcanzado por un shuriken…

-"¿Quién más estaba con él?"- Inquirió Kurosaki con severidad.

-"Minamoto Señor"- Dijo un hombre de entre la multitud.

Ichigo se levantó, mirando fijamente al hombre que recién había hablado, se acercó lentamente a él y le pidió mayores informes.

-"¿Dónde ésta Minamoto?"- Volvió a inquirir, apretando con fuerzas sus puños, había sido algo inesperado y que le llenó de cólera la sangre… Su más distinguido subordinado había sido asesinado.

-"Está grave… en enfermería"- Acotó el sujeto para mayor escozor de Kurosaki, quien tan sólo escuchar su respuesta, acelerado se encaminó hasta los pasillos de la enfermería, quienes transitaban por los mismos se hacían a un lado al ver la actitud con la que circulaba el pelinaranja, se podía ver en sus ojos una inmensa furia, como si se tratase de un demonio que se apoderaba de su ser.

Estrepitosamente abrió las puertas de par en par donde yacía el herido combatiente bajo sus órdenes, lo encontró con punzantes heridas, algunas de ellas seguían sangrado a pesar de los ungüentos y vendajes, así mismo también presentaba unas extrañas manchas en la piel como muestra de que el veneno estaba haciendo efecto en sus sistema, a pesar de las protestas de las mujeres encargadas de atenderlo, Ichigo se acercó hasta donde Minamoto, quien moribundo le dirigió una mirada.

-"¿Quién lo hizo?"- Preguntó el pelinaranja con determinación, necesitaba saber el nombre o las características de la persona que habían causado tal desconcierto, realmente estaba deseoso de una venganza.

-"Su nombre… es…"- Decía con mucha dificultad, su sistema respiratoria estaba fallando.

-"Necesito saberlo…"- Pidió el pelinaranja, sus ojos mostraban la desesperación.

-"Su nombre… es…"- Minamoto hizo un extraño ruido a falta de oxígeno, su cuerpo tembló y a unos minutos su cabeza se ladeó por voluntad… no hubo ninguna clase de parpadeo… su corazón había dejado de latir… sus signos vitales habían desaparecido…

Una de las enfermeras se acercó hasta donde el paciente para corroborarlo… y al instante no quedó más opción que cubrir su rostro con las mantas.

Ichigo lleno de impotencia, de completa desesperación y furia aventó algunos de los objetos, con Minamoto ya eran dos de sus mejores hombres asesinados por alguien de quien no tenía ninguna clase de información… ¿Qué haría ante esa situación?...

… … o … …

Se quitó la oscura capucha al entrar con presteza y sigilo a su habitación, dejando en libertad su bruna cabellera y a vista su bello rostro, uno que se encontraba salpicado de ligeras gotas de sangre, así mismo su sable y los shuriken que había ocupado para darle el tiro de gracia a ese par de ninjas del Gobierno que habían osado en retarla.

No se arrepentía de haberles quitado la vida de forma despiadada, ese era su trabajo y su perdición… Los había asesinado no sólo por subestimarla, también por haber descubierto su identidad... una que amenazaba los planes de Aizen y también aquel lazo que empezaba por forma con Ichigo, los sentimientos que él le tenía y los que se estaban originando en su corazón… No iba a permitir que le quitaran algo tan preciado…

-"Se lo merecían"- Se dijo Rukia así misma quedamente, mientras limpiaba el filo de sus armas con un paño húmedo, tratando de borrar el rastro de su crimen.

… … o … …

Después de lo acontecido aquella noche no podía sacar de su mente tantas ideas, no había información respecto a la persona que había osado en asesinar a miembros importantes del Departamento que dirigía, ni una mísera pista, pues al hablar directamente con demás contactos quedó en claro que tanto Ishikawa como Minamoto recientemente habían descubierto algo de suma importancia, la verdadera identidad del infiltrado en sus filas…

-"¿Qué debo hacer?"- Se preguntó el pelinaranja así mismo mientras hundía su rostro en sus manos, llevaba horas tratando de idear algún plan o ejercer algún movimiento como ataque pero nada le parecía un buen planteamiento, estaba bastante preocupado por la situación, sentía que estallaría y se saldría de control…

-"Deberías relajarte un poco…"- Le sugirió Renji al encontrarlo sumido en su estrés.

-"No puedo…"- Dijo pesadamente Ichigo a las palabras de su amigo.

-"Claro que puedes… Anda, deberías ir a ver tu 'queridísima' Rukia… ha de estar extrañándote…"- Dijo con gracia el pelirrojo, como una forma de levantar los ánimos de su mejor amigo, era un buen antídoto para aminorar sus preocupaciones.

El pelinaranja al oírlo sonrió, ya había pasado tiempo sin tenerla cerca… Era tan extraña la forma en que ella ejercía poder sobre su actuar, le hacía olvidar la realidad en la que vivía y enfundarse en un sueño…

-"Creo que tienes razón… ¿Vienes?"- Le invitó Kurosaki una vez decidido a encontrarse con esa hermosa mujer de Shimabara.

-"Con todo gusto… avisaré a los demás"- Un alegre Renji se dio paso a buscar al habitual grupo que visitaba el distrito rojo, dejando al pelinaranja varado a mitad del antepatio, mientras en lo subrepticio una pelimarrón lo contemplaba… con cierta tristeza reflejada en sus claros ojos.

-"Que afortunada es ella al tenerte a su lado…"- Murmuró para sí misma, no había hecho nada al respecto para hacerle entender a Ichigo que valía la pena tomarla en cuenta… Que accediera a darle una oportunidad… pero ahora entendía que no podía competir con la belleza de esa cortesana de nombre Rukia, mucho menos con el cariño que aparentemente ésta sentía hacia él.

… … o … …

-"Yuriko, déjanos a solas"- Ordenó Rukia, enviando una mirada directa hacia su kamuro, quien sin mascullar el acatamiento del mandato solo abandonó a paso lento la habitación, cerrando la puerta detrás de sí.

Rukia se acercó azarosamente, sus pasos resonaban en cada rincón del sitio, y tan pronto las plantas de sus pies se detuvieron al flanco izquierdo del asiento de Ichigo, inclinó su cabeza a la altura de la del espía y con la mirada contempló sus fisionomías, sus labios acercó al oído y con voz sensual le susurró:

-"Quiero sentirte…"-

-"Ahora no…"- Dijo el pelinaranja con cierto fastidio, reacción que sorprendió a la morena, quien le miró azorada, no comprendía su actitud.

-"¿Qué sucede contigo?"- Preguntó algo molesta, cuando finalmente se había decidido a usar la seducción como técnica de obtención de información, su objetivo se limitaba a rechazar su contacto.

El pelinaranja levantó la mirada y la contempló, ese encantador rostro, sus ojos de piedra preciosa, sus deliciosos labios rojizos, los tesoros de su cuerpo cubiertos por un colorido kimono que dejaba ver en su escote el origen de sus senos… Cualquier otro hombre en su lugar habría antepuesto su pasión pero él… otras cosas lo preocupaban.

-"Lo siento Rukia… es sólo que…"- Se disculpó, si continuaba hablando tendría que explayarse mucho y conllevando a confesarle quien era en realidad y lo que hacía.

-"Dímelo… puedes confiar en mi…"- Le murmuró dulcemente la morena al oído, volviendo acortar la distancia entrambos, tomando una actitud bastante cariñosa al acariciar el rostro de Ichigo, delineando con la yema de los dedos sus facciones.

Al escucharla el pelinaranja volvió a virar el rostro, topándose con el de la morena, sus miradas chocaron por unos instantes, Ichigo se sentía envuelto en tanta calma gracias a ella, una de las razones por las cuales la amaba. Para Rukia había una punga entre sus sentimientos y el deber… de tan sólo mirarlo un rubor acudía a sus mejillas, el corazón palpitaba desesperado, se adueñaba de sus pensamientos, le tenía un profundo cariño… uno que la frenaba en su deber…

-"Es verdad que trabajo para el Gobierno pero no soy un oficinista… soy un espía… líder del Departamento de Inteligencia…"- Lo confesó, pero esa información Rukia ya la conocía, no le extrañaba pero le agradaba que Ichigo deposita su confianza en ella.

-"Supongo que algo mal debió suceder… se te ve muy preocupado…"- Acotó la morena al conocer la aparente 'verdad', el pelinaranja regresó la mirada hacia el frente y se dispuso a relatarle a muy grandes rasgos.

-"Hace unas noches dos de mis mejores hombres fueron asesinados durante un rondín por el distrito… ellos sabían el nombre y características de la persona infiltrada directa o indirectamente en nuestra filas…"- Le explicó, Rukia escuchaba atentamente, se sentía tan ajena, estaba orgullosa de su proeza mientras Ichigo inquieto no tenía ni idea de que su enemigo estaba a escasos centímetros suyo…

-"No sé nada de ese tipo de cosas pero si te estresas no podrás resolver nada… Tranquilízate…."- Fue el falso consejo de la morena, sin apartarse de su estribor, pasando a acomodar su cabeza en el hombro del joven espía y murmurarle algunas palabras nacidas del corazón, palabras que lo dejarían por más sorprendido.

-"Te quiero…"-

Fue un alivio al corazón, a su atormentada alma, un incentivo para no dejarse vencer… Volvió a mirarla con cierta ternura, tomó la nívea mano de la pelinegra y entrelazó sus dedos con los suyos e intercambiaron una sonrisa.

El amor los estaba uniendo… el deber asesinaría ese sentimiento sólo si lo permitían.

Somos uno, pero no somos la misma persona
Tenemos que cuidar el uno del otro,

cuidarnos mutuamente… Uno

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