mil gracias por sus comentarios n.n me alegra que esté gustando el fic y si tienen alguna sugerencia ya saben, son bienvenidas.

Y por cierto otra vez me disculpo por tardar mucho en actualizar, estaba en epoca de examenes y bueno... no tuve mucho tiempo para andar por aquí y escribir sin embargo ya le dediqué su tiempo y les tengo el capítulo VIII, ya está tomando un rumbo determinado... no calculo cuantos falten pero se viene el drama, bueno más jejeje.

Así que espero les guste, de antemano gracias por sus comentarios.

Saludos!!!


… … * … …

Capítulo VIII

"Amarte Duele"

Golpeó enérgicamente con la mano la superficie de la mesa, como forma de canalizar su irremediable furia por la desobediencia que mostraba recientemente su mejor espía, le estaba provocando más de un dolor de cabeza, por eso esa urgente ponerle un ultimátum.

-"¡¡¿Cuándo piensas acatar mis ordenes?!!"- Preguntó un encolerizado Aizen hacia la joven morena, quien mantenía la cara en sus manos sirviéndole de soporte los codos puestos en la mesa, con la mirada vaga, indiferente, como si nada de lo que le dijera le importara.

-"No es tan fácil… dame tiempo"- Le respondió con fastidio.

-"¡¡No hay tiempo!! ¡¡Ese maldito bastardo de Kurosaki ya debería estar muerto!!"- Volvió a vociferar, mientras caminaba de un lado a otro por la habitación.

-"No me presiones… además… ¿dame una buena razón para matarlo?"- La pelinegra le miró severamente, no era común en ella que cuestionara las decisiones de sus superiores, pero en ésta ocasión necesitaba saber porqué era tan importante liquidar al pelinaranja, ¿Qué había hecho él para ser el blanco de Aizen?.

-"Rukia… me sorprende tu reciente interés en saber los porqués de mis ordenes…"- Aizen también lo sabía, no le estaba agradando que le cuestionara, nunca antes lo había hecho… ¿porqué hasta ahora?...

-"Si voy a hacer mi trabajo, debe respaldar una razón… Dímela"- Puntualizó, lo miró retadoramente, si iba a liquidarlo más valía que hubiese una buena razón, una que creyera lo suficientemente contundente como para considerar que Ichigo merecía morir.

El castaño sonrió socarronamente, no iba a reñir con ella a palabras porque sabía de la habilidad de la pelinegra para salirse con la suya… era mejor decírselo si es que así ya le entregaría resultados.

-"Eliminaste al 2do y 3ro a mando después de Kurosaki, si acabas con él ten por seguro que los demás no harán nada por detenernos hasta que el Comandante General apruebe el ascenso para liderar el Departamento de Inteligencia… Eso lleva tiempo, el suficiente para reclutar, planear y hacer un Golpe de Estado…"- Era notorio que de ella dependía el desarrollo de las demás actividades, por eso el castaño estaba tan desesperado y enojado de que no cumpliera con sus órdenes.

-"Ya veo…"- Se limitó a decir la morena, una gran carga traía a cuestas y estaba en las últimas.

-"Deja de darle largas al asunto y mátalo en la 1ra oportunidad que se presente de ahora en adelante…"- Aizen se acercó hasta donde la morena, varándose a su lado izquierdo, poniéndose a la altura de su rostro, lleno de una malicia que a la morena le provocaba un espasmo –"Tienes una semana… ¿me escuchaste?, una semana… Si me fallas, date por muerta…"- Puntualizó, con toda seguridad, era un hombre de temerse, no tenía miramientos en cuanto a aniquilar a los insidiosos se trataba.

Si creía que antes estaba en un lío tremendo, ahora éste le superaba… Morir a causa de un sentimiento, para ella sería un honor morir por Ichigo…

… … o … …

Relajarse y rememorar le habían sido de mucha ayuda, al menos para tener un indicio de la autoría de los asesinatos de su 2do y 3er al mando en el Departamento que lideraba.

-"No pretendo nada, de hecho… Ya hice lo que tenía que hacer…"-

Con eco resonaban las palabras de la misteriosa mujer kunoichi, estaba seguro de ella había sido la que provocó esas muertes, y no iba a perdonárselo… Él era un hombre lleno de determinación y sin escrúpulos en el arte de la guerra, no iba a perdonarle la vida cuando la encontrara de nuevo.

-"Kurosaki-Kun"- Esa dulce voz interrumpió sus cavilaciones, así que por inercia miró a la mujer que le aludía.

-"Inoue… ¿Qué sucede?"- Inquirió inocentemente, esperando a la pelimarrón soltara las palabras.

-"Iré a comprar algo para la comida, ¿quieres que te traiga algo en especial?"- Ese había sido un gran avance para Orihime, aunque se dijera así misma que no trataría de hacer nada para acercarse a Ichigo, finalmente eran sus acciones las que hablaban por ella.

-"No… no, gracias…"- Dijo son más, no era común que le preguntara sobre lo que deseaba para la comida pero tampoco le preocupaba.

-"Mmm bueno… entonces me voy…"- Un poco desilusionada Orihime fue alejándose a paso paulatino, aunque detuvo su andar justo cuando volvió a escuchar de nuevo la voz del pelinaranja.

-"Espera… ¿puedo pedirte un favor?"-

-"Claro… lo que sea"-

-"¿Podrías entregarle esto a Rukia?... Es en Shimabara, casa Tachibana…"- Le indicó el pelinaranja, entregándole una pequeña caja de manera acompañada de una nota donde veía impresa la dirección de destinatario, en caso de que la ocupara.

Sin embargo el semblante tranquilo y dulce de la pelimarrón cambio radicalmente a saber el nombre de a quien debía entregar el paquete, se toparía cara a cara con la dueña del corazón del hombre que tanto amaba en secreto… No sabía si soportaría tantas emociones, su corazón era tan frágil como el cristal.

-"Inoue… bueno, si no quieres está bien…"- Ichigo notó la tentativa en negación por parte de la pelimarrón, así que se adelantó a el rotundo no de su parte.

-"No, no… lo haré… déjamelo a mi"- La chica sonrió, más por compromiso que por las ganas de hacerlo, así que tomó la pequeña caja y la echó junto con la nota en el canasto que cargaba para las compras.

-"Gracias…"- Para su deleite, sonrió… Era la primera vez que lo veía enfilar una sonrisa, una que le dio alegría… y le correspondió el gesto.

-"No hay de qué…"- Contestó antes de marcharse a su destino.

… … o … …

De nueva cuenta ahí estaba, confinada entre las cuatro paredes de la habitación, recostada en su futón, sin hacer más que aventarle comida a los peces… pensando en lo que haría de ahora en adelante… Aunque Aizen le había dado una semana para completar sus ordenes, sabía que todo estaba reducido a dos días, siendo específicos, los días que Ichigo visitaba habitualmente Shimabara… No era algo que tenía que planificarse cuidadosamente, es más, si realmente quisiera podría liquidar al pelinaranja a penas éste haya puesto un pié en el recinto donde solía recibirlo… el problema no era ese, ni la falta de recursos materiales… si no sus sentimientos, estos intervenían y le impedían lastimarlo… Quizás lo mejor era prepararse para la muerte.

-"Rukia… alguien te busca"- Dijo Takao-san en voz alta tras la puerta cerrada, era bastante extraño, trató de imaginarse de quien se trataba pero por más que buscara en su mente no había indicio alguno.

Con cierto hastío se levantó de su lecho, y decidida salió de su confín, llena de curiosidad por ver el rostro de quien le buscaba, bajó las escaleras con presteza, recorriendo el largo pasillo que la llevaría a la puerta trasera, la cual abrió delicadamente, topándose con una mujer de cabellera marrón… No la conocía y no sabía que la había traído hasta ahí.

-"Es usted Rukia ¿cierto?"- Murmuró Orihime, sin poder despegar su mirada de la morena… Era verídica la belleza con la que tanto se presumía… sus ojos azulados como el cielo… tenía frente a frente a quien podría llamar su rival de amores.

-"Si… y tú eres…"- Contestó la morena frunciendo el ceño, dándole pauta a la pelimarrón para presentarse.

-"Inoue Orihime… mucho gusto"-

-"El gusto es mío…"- Dijo la morena sin más, un silencio incómodo las envolvió, Rukia por su parte aguardaba a que esa mujer le dijera la razón la cual había ido hasta la casa de Takao-san a buscarle… podía imaginar que hubiese sido un encargo de Aizen pero la tomó por sorpresa que se tratase de la persona más esperada.

-"Kurosaki-kun me pidió que te entregara esto…"- Le informó la pelimarrón, sacando del canasto aquella pequeña caja, entregándola a manos de la morena, quien incrédula recibía el paquete.

Rukia observó la caja detenidamente, era una especie de regalo, pues esa caja se encontraba adornada de diversos materiales, no puedo evitar sentirse feliz, una mezcla de varias emociones le embargaron al instante… sonrió ligeramente, con la mirada soñadora…

-"Gracias…"- Murmuró la pelinegra a la visita, Inoue le correspondió el gesto y sin más palabras que intercambiar, se despidió y partió a darle continuidad a sus labores. Aunque Rukia fuese en sí su rival en el aspecto sentimental, la percibía como una mujer dulce y de buenos sentimientos, era de esperarse que un hombre como Ichigo se enamorara de ella.

… … o … …

La morena volvió a encerrarse entre las cuatro paredes de su habitación, dejó la caja en la superficie de la mesa y tomó asiento en el almohadón, contempló el paquete detenidamente, bastante extraño a su parecer recibir algo por parte de Ichigo, la curiosidad la estaba carcomiendo así que decidida y con cuidado levantó la tapa, topándose con un envoltorio en tela sedosa de tono durazno, dio un suspiro en el ambiente y se aventuró en descubrir el misterio de su contenido.

Desplegó la tela a los costados, encontrándose con uno bello adorno para el cabello, un estilo de palillo plateado… Rukia no pudo evitar sonreír ante el detalle, acompañado del obsequio yacía una nota, las yemas de sus dedos sostuvieron ese trozo de papiro y leyó con detenimiento cada renglón.

No puedo olvidar tus exuberantes y dulces labios besándome...

¿Cuántos son los hombres encantados por tu belleza?

De algún modo déjame vivir éste sueño contigo...

Aunque estaba un tanto contenta por aquella sorpresa, un gran dolor y vacío se apoderó de su cuerpo, eran una clase de emociones que muy difícil solía percibir pero desde que cayó en cuenta en el cambio de sus sentimientos por el pelinaranja, se habían vuelto casi habituales, su sonrisa se vio opacada por la tristeza… El hombre más dulce, tierno, el que tanto amaba era a su vez su peor enemigo… Y sentía una fuerte necesidad de serle sincera… y así poder salvarlo de las garras de la muerte aunque de ello dependiera su vida.

… … * … …