Gracias por sus comentarios n.n me alegra que esté gustando el fic y si tienen alguna sugerencia no duden en hacermela saber.

Les tengo el capítulo IX, cierta escena traté de narrarla con sutileza ;). Así que espero les guste, de antemano gracias por sus comentarios.

Saludos!!!


… … * … …

Capítulo IX

"Por Ti"

Se detuvo en seco frente a las puertas donde solía recibirlo, dejó escapar de sus labios un suspiro de resignación, estaba bastante temerosa… ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido así, con el miedo de perder a alguien? Pero estaba decidida a decirle toda la verdad, con la firme esperanza de que no la odiara…

Trató de calmar sus nervios respirando profundamente, acto seguido abrió las puertas, con tranquilidad se adentró al recinto, sentándose frente a Kurosaki, siendo separados por una pequeña mesita, sin siquiera poder mirarle a los ojos… su mirada la perdía… le debilitaba…

-"Rukia Oiran a su servicio"- Musitó con educación la morena, haciendo una reverencia mientras una mujer de la servidumbre se dedicaba cerrar las puertas, dejándolos en la privacidad.

-"Hola… ¿recibiste mi paquete?"- Dijo el pelinaranja con una sonrisa, mirándola fijamente, con una dulzura y alegría evidentes en cada gesto.

-"Sí… y muchas gracias por tomarte la molestia…"- Agradeció la pelinegra a penas y fijando por segundos sus ojos zafiro en el semblante del pelinaranja, la enternecía la actitud que tenía, le hacía sentirse fatal por todo lo que estaba haciéndole pasar…

-"No es ninguna molestia… Me gusta dar regalos a las personas que son importantes para mi"- Manifestó con sinceridad el pelinaranja, no como una forma de hacerle entender lo que ella ya sabía, más bien para recordarle cuan especial era en su vida.

Cada palabra, que directa o indirectamente conllevaba los sentimientos existentes hacía ella le dolían, eran como dagas que se clavaban en su corazón, la herían profundamente… no sabía que hacer.

Rukia le sonrió lastimosamente, y de nuevo bajó la mirada, poniendo sus ojuelos en sus manos, como si ahí fuera a encontrar la forma de acabar con su agonía. Un mutismo envolvió por completo el ambiente; Rukia sabía que mientras más durara la farsa peor sería para ambos, quizás lo mejor era decírselo ahora… pero ¿Cómo empezaría? ¿Qué le diría?...

-"Ichigo… tengo algo que decirte…"- Musitó quedamente, con un evidente nerviosismo en su actuar.

Pero unos húmedos labios ya se encontraban besando su cuello con suma delicadeza, pues el pelinaranja había aprovechado la hipnosis de recientes instantes en lo que se había sumergido la morena para llegar hasta ella y posarse tras ella, dispuesto a darle algo de su amor con toda serenidad, la necesitaba.

-"Que… que… estás haciendo…"- Musitó como inquiriendo, sintiéndose presa poco a poco de sus suaves caricias.

-"No sabes cuanto necesito estar contigo..."- Dijo quedamente entre besos, unos que iban por todo su cuello, mientras sus manos rodeaban la cintura de la morena, acariciándola.

-"Pero tengo que decirte algo importante…"- Insistió, debatiéndose entre la pasión y el deber con dificultad, cada caricia era inevitable ser de su agrado.

-"Shh… Hablaremos de eso después…"- Puntualizó el pelinaranja, pausando todas sus caricias, pasando a ponerse frente a la morena y mirarla, regalándole una confiable sonrisa, que simplemente la convenció y dejó que sus labios apresaran los suyos en una dulce demanda, siendo guiados por las fuerzas del amor y la pasión hasta el futon en el que lentamente se dejaron caer.

Se acomodó entre sus piernas, acariciando sus piernas bajo los pliegues de su kimono, sin despegar sus labios de su dulce cuello, el cual dejaba rastro de su paso y mordía suavemente su piel, la morena suspiraba por el creciente placer que su cuerpo sentía, sin poder soslayar cada contacto que él le regalaba a mitad de la noche. Abandonó las caricias en sus muslos, pasando con una gradual avidez en desanudar aquel moño que formaba su obi, sin dejar de lado sus rojizos labios, enfundándose en un vehemente beso que enaltecía su pasión.

Una vez logrado su proeza, así mismo buscó la forma en despojarse de su hakama de forma que pudiera apreciar su cuerpo desnudo, ella quedó muda ante lo que sus ojos veían, no era la primera vez… de hecho ante que el pelinaranja había tenido algunos amantes pero ninguno le provocaba tanto dolor y a la vez amor que él, lo del pasado había sido más carnal que un acto de entrega total por un sentimiento tan profundo y sincero como lo era el amor.

Con sumo cuidado y delicadeza se dedicó después a hacer a los costados los pliegues del kimono de la morena, descubriendo de forma paulatina su bien proporcionado cuerpo desnudo, era una mujer absolutamente bella de pies a cabeza, la más hermosa… Él también había tenido algunas amantes en el pasado, pero nada que trascendiera a una noche, nada comparado a como se sentía en esos momentos… algo único que seguramente jamás iba a olvidar.

Rukia dirigió sus manos hasta el rostro del mayor, acarició su piel con ternura y le sonrió cómplice del amor que le tenía, poco a poco lo fue acercando hasta poder volver a probar sus dulce labios. Mientras compartían su hálito y la dulzura de aquel contacto, las manos de aquel joven se dedicaron a sembrar sus caricias por todo el cuerpo de la pelinegra, quien ante cada contacto con zonas sensibles le hacía emitir algún gemido como muestra del gozo que percibía.

Lo venía venir en sus ojos, en cada caricia y movimiento, esperaba ansiosa el poder sentirlo… Aquel pelinaranja le dirigió una mirada que le mostraba confianza, ella accedió a toda idea y rodeó con sus brazos el cuello de su amado… De forma lenta deslizó su hombría en sus entrañas, un gemido más se escapó de la boca de la morena, a causa de un agudo dolor que no podía reprimir, tuvo que acostumbrarse a tales sensaciones con ayuda de los besos del pelinaranja, en su intento por aminorar el ramalazo.

Momentos después el roce de sus cuerpos se mantuvo en un delirante vaivén entre el sudor y la ternura, induciendo gemidos ahogados, todo aquello mezclado con sus sinceros sentimientos que al final del acto quedaron expuestos… Un 'Te Amo' nacido del corazón… y una verdad que seguía encubierta por el temor a ser destetada por la persona que más amaba sin importarle si por ello perdía la vida.

… … o … …

Pasaban de las 2:00 de la madrugada, la angustia no le permitía dormir con tranquilidad, por esa razón había salido a dar un paseo por los pasillos del cuartel, con la idea de encontrarse con la luna en el antepatio, esperando verlo llegar a pesar de la hora… aunque quizás Ichigo no llegaría a dormir y seguramente pasaría la noche entre los brazos de aquella mujer del distrito rojo, siendo ella la dueña de sus pensamientos y de su corazón… no podía evitarse sentirse triste, él no la veía de la misma forma, sólo era para sus ojos la cocinera del cuartel, no una amiga, sólo la conocida… una compañera…

De sus ojuelos claros se comenzaron a derramarse algunas lágrimas, siendo la pálida luz de la luna y las luminosas estrellas las únicas testigos del dolor que percibía su alma y su corazón.

… … o … …

A tempranas horas en la cocina del cuartel general, un grupo de hombres ya se encontraba aguardando el desayuno, el suficiente para tener las energías necesarias para poder ejercer las actividades diarias en sus respectivos puestos, sin embargo eran momentos de absoluta chanza, curiosidad y rumores, todos ellos giraba en torno a su amigo, el Líder del Departamento de Inteligencia.

-"Ichigo no vino a dormir… ¿Qué demonios se cree?"- Comentó el pelirrojo a sus amigos mientras esperaba su porción de la mañana.

-"Pues no sé que se crea pero seguramente se fue a pasar la noche con la Oiran de la casa Tachibana"- Le contestó Ikkaku sin darle mucha importancia al asunto.

-"Sí… ¿a que otro lugar pudo haber ido? Si está de más decir que está enamorado de esa mujer… y siendo al único que la Oiran recibe…"- Supuso Iba, era bastante lógica la situación.

-"¿Es al único que recibe?... ¿Pues de que meritos goza?"- Se dispuso a cuestionar Sentaro, esa era información que no conocía, había ahí gato encerrado.

-"No sé… pero allá ella"- Acotó el moreno de bigote, sin profundizar mucho en el tema.

-"¿Qué tiene él que no tenga alguno de nosotros?... Ni que Ichigo estuviera tan galán…"- Aparentemente el 'ofendido' había resultado ser Sentaro, pues le traía muchas dudas saber por la preferencia de la Oiran hacia su pelinaranja amigo.

-"No sé… muy su gusto…"- Ikkaku le respondió sin darle mucha importancia, a fin que ni le interesaba esa mujer tanto como para estar deseoso de verla.

-"Habiendo hombres mucho mejores… como por ejemplo yo…"- Se alabó Sentaro, si el no lo hacía, ¿quién lo haría?, era un sujeto con el ego muy en alto.

-"No, no ni lo digas… Ahí si sería un error por parte de ella, habría de estar ciega como para preferirte a ti antes que a algunos de nosotros…"- Se burló el pelirrojo, provocando la risa del resto de sus amigos, y una fulminante mirada por parte de Sentaro, la conversación ya se había descarrilado por completo, sin embargo, parte fundamental de la misma se quedó grabada en la mente de Orihime, quien mientras limpiaba el comedor había sido escucha, corroborando lo temido.

… … o … …

El alba apareció colmada de beldad en compañía del sol y esplendorosos rayos, los cuales entraron por la ventana de la habitación, perturbando el apacible dormitar de la morena, la luz la invitaba a despertar y cuando los ojuelos abrió, lo primero que vio fue el sereno semblante del pelinaranja, dormitando a su lado… de verlo así se sentía tan incapaz de cumplir las ordenes de Aizen… no podía… gracias a él se había dado cuenta de que aún tenía un corazón y que aún podía ser feliz...

-"Ichigo…"- Murmuró la morena, pasando con la yema de sus dedos por cada facción del hombre que yacía a su lado.

La luz del día pareció también molestarle, frunció el ceño un poco y algunos segundos después abrió los ojos, encontrándose con el hermoso rostro de la morena, era encantador despertar y lo primer vez en ese nuevo día: su cara… la faz de la persona amada, Ichigo le sonrió.

-"Buenos días…"- Musitó acompañando esa sonrisa.

-"Buenos días…"- Respondió ella a su saludo.

Esos momentos, eran los más preciados que tenía… atesoraría cada instante, cada detalle alegre, guardaría en la mente su imagen… la del hombre tierno que le enseñó a amar.

… … * … …