Gracias a todas/todos por sus comentarios, jeje me alegra que haya gustado esa clase de lemmon soft que añadí, algo tierno... bonito xD claro, antes de ponerle sabor al asunto.
Y la pregunta que muchas se han hecho desde hace capítulos... ¿Como reaccionará Ichigo?... bueno ya descubriran un poco de eso en la primera parte del capítulo 10 que vengo a postear.
Nada más paso también a agradecerles todos sus comentarios, y sus elogios también n///n, me animan mucha a continuar con el fic y en sí a seguir escribiendo fics del IchiRuki.
Espero les guste de antemano grazie por sus comentarios.
Un saludo grande!!!!
… … * … …
Capítulo X
"Verdad Al Descubierto"
El lapso límite había llegado a su fin y no se atrevió a liquidarlo, después de todo estaba convencida que debía protegerlo a toda costa, sin importa si moría en el intento, además también estaba segura de que le seguían, debido a sus sentidos tan bien desarrollados lograba percibirlo… No tenía miedo a morir, ya estaba mentalizada, así la educaron desde muy pequeña pero la angustiaba mucho que fuese Ichigo quien perdiera la vida.
-"Tengo que protegerlo a como de lugar…"- Murmuró la morena para sí misma mientras de forma ligera recorría los tejados ataviada en brunos ropajes a mitad de la noche, tratando de encontrarlo y hacer todo lo que estuviese en sus manos para evitar que completara el trabajo en su lugar.
Ichigo por su parte ya llevaba una hora rondando el distrito en ese característico atuendo de todo ninja, las sospechas lo alertaron y por esa razón había decidido ir en busca de muchas respuestas por territorio enemigo, además tenía una gran certeza de que se encontraría con aquella kunoichi que había osado en retarlo… necesitaba fervientemente saldar cuentas con esa mujer…
Se detuvo en seco, a la orilla del tejado, se sentía observado y la presencia de una segunda persona, pero por sus tácticas de escrutinio no dudaba ni un segundo que se trataba del enemigo, Ichigo viró sobre sus talones y miró hacia el frente detenidamente, entrecerró los ojos y con suma severidad habló hacia la nada.
-"No tiene caso que te escondas… sé que estás ahí"-
A penas su garganta dejó vibrar esas palabras cuando segundos después apareció en el otro extremo del tejado, aquella delgada y oscura silueta, un fuerte viento comenzó a soplar, la inminencia de la lluvia era evidente por los sonidos de estruendo nacidos del cielo, Ichigo reconoció la fisonomía de aquel ente, se trataba de aquella mujer ninja… el sólo verla sentía como la sangre le hervía, con unas ansias enloquecedoras de tajarle el cuello como venganza.
A Rukia no le gustaba la mirada que el pelinaranja le dirigía, aunque se postrara ante el de forma firme y altiva, en el fondo de su corazón no podía hacerse la indiferente, aquella coraza que ella misma se había propuesto poner para evitar caer en manos del amor ahora ya estaba deshecha, sólo quedaban los restos… Sentía que ya se le había acabado la fortaleza para soportar hacerle daño…
-"Estoy más que seguro que fuiste tú la que asesinó a dos de mis más leales subordinados…"- Dijo Ichigo con una furia contenida, mientras apretaba los puños y los dientes como una forma de canalizar su ira.
Sin embargo Rukia seguía sumida en el mutismo, el pelinaranja había dado al clavo, y era mejor si se mantenía callada… así evitaba actuar de forma irracional o con base a sus sentimientos… Aún no era el momento para encararle la verdad.
-"¿No vas a decir nada?..."- Inquirió, ella no hacía más dirigirle una mirada colmada de diversas emociones, si bien en ocasiones anteriores sus ojos expresaban un temple con aires de misterio, pero ahora era… diferente… como si el dolor la estuviera carcomiendo.
-"Ichigo… yo…"- Habló, se dejó de formalismos, de una actitud retadora y altiva, era la voz de una mujer enamorada que buscaba proteger la vida del ser más amado.
-"¡¡Me importa un comino lo que quieras decirme!!"- Vocifero, sus ojos estaban inyectados en sangre, la débil posición de la morena le brindó la oportunidad perfecta para atacarla, correr velozmente hacia su persona con un kunai empuñando, con serias intenciones en clavarlo en su pecho.
A respuesta la morena lo evadió con dificultad, su ataque la tomó por sorpresa, los sentimientos que intentó expresarle fueron claves para que ese pelinaranja buscara la forma de herirla de muerte, quizás su corazón ya estaba debilitado por el amor de ese hombre, pero sus reflejos no.
Inició un combate cuerpo a cuerpo, mientras un Ichigo sediento de sangre y venganza atacaba con todas sus fuerzas y técnicas conocidas, Rukia se dedicaba a evadir cada golpe, y aunque le provocaban dolor, buscaba fortaleza en su corazón, ya no deseaba lastimarlo y él se ensañaba en querer acabar con su vida; tenía razones válidas pero ¿Qué había con su persona, con sus sentimientos?, estos tenían la misma calidad de validez que los de Ichigo, pero desafortunadamente existía una desventaja en su contra: todo lo que sentía por él tenía un efecto contrario, no podía matarlo por amor… pero si continuaba evadiéndolo, pronto llegaría el momento en que el cansancio la dejaría bajo su merced, Ichigo no dudaría ni un segundo en liquidarla, y si moría no podría protegerlo…
Así que con determinación comenzó a asestarle algunos golpes al chico de ojos almendrados, quien al ver como su enemigo respondía a sus ataques y provocaciones sentía cierto gozo.
La morena le asestó un golpe al estómago, uno tan potente que provocó que el pelinaranja se inclinara por el dolor, Ichigo calló de rodillas, sobándoce la zona herida, Rukia dio un par de pasos hacia atrás… Aguardando a que se recuperara, si alguien de sus compañeros de arma la viera actuar de esa forma no la reconocerían, ella sabía que no era correcto brindarle ese tipo de espacios pero el corazón ahora guiaba sus acciones.
Mientras tanto el pelinaranja hizo tiempo, mientras fingía frotarse la parte donde había recibido el golpe, tomó la oportunidad y con discreción tomó un par de shurikens de algún escondrijo en su atuendo, de forma que los lanzó directamente hacia el cuerpo de la morena, quien se vió una vez más sorprendida, con mayor dificultad y la guardia baja esquivó uno de ellos, pero el otro rasgó la capucha que protegía su rostro, más no consiguió dejar a exposición una muestra de su identidad.
Rukia no dudó y rápidamente asestó al pelinaranja un par de patadas giratorias, una fue a dar en la mandíbula y el otro a su pecho, trayendo como consecuencia que el pelinaranja cayera desde las alturas hasta el suelo de tierra, la misma escena de la primera ocasión se volvía a repetir.
Rukia bajó hasta donde él se encontraba, tirado en el suelo a mitad de una callejuela, con los ojos titilantes mientras ella le miraba fijamente, estaba a su completa merced para aniquilarlo pero no esas sus intenciones, así que se inclinó tan sólo un poco y le extendió la mano, esperando a que la estrechara con la suya, como una ofrenda de paz.
Ichigo por su parte no lo podía creer, no entendía lo que estaba sucediendo, ¿porqué le brindaba su ayuda cuando era el enemigo?, se hundió en su profundo mirar azulino como si en el pudiera encontrar las respuestas a sus interrogantes, pero no era un hombre muy confiado.
De un instante a otro, en un movimiento desesperado y sagaz el filo del sable de Ichigo apareció ante los ojos de la morena, más cerca de lo debido, no sólo cortado su mejilla, también trozando aquella capucha oscura que protegía más que su rostro, su verdadera identidad.
Los tajos de tela cayeron en vilo al suelo, una pasmada Rukia se quedó ahí sin hacer nada, mirando hacia el frente, sintiendo lo peor acabar con su alma y su corazón, ni siquiera podía mirar el rostro del pelinaranja… No deseaba ver su semblante lleno de despecho y de odio…
Los latidos de su corazón acrecentaron su ritmo, sentía su respiración cortarse, sus ojuelos miel nuevamente miraba titilantes el rostro de la kunoichi, reconociendo esas facciones, esos labios, ese par de ojos zafiros, no lograba asimilar el presente, con dificultad pasaba saliva por su garganta… Le arribó una mezcla de sentimientos, todos se contradecían y el pasmo mucho menos le daba indicios de cómo actuar o que decir… Aquella dulce cortesana de Tachibana de la que tanto estaba enamorado y la kunoichi de La Oposición que tanto odiaba por asesinar a gente de su confianza eran la misma persona… Movía la cabeza de un lado a otro en negación, aún no se dignaba a creerlo, no se podía tratar de la misma persona, no, no, no… Su corazón se estaba desquebrajando poco a poco, con un tortuoso dolor que aquejaba su vida… ¿Por qué?...
Ninguno de los dos dijo nada, se hundieron en un profundo mutismo, debatiendo internamente con el deber y sus sentimientos… Mientras una ligera lluvia comenzaba a caer del cielo, empapando poco a poco sus cuerpos imperturbables en el lugar, sintiendo su amor debilitarse hasta el punto de maldecirse así mismos por permitirse sentir esa clase de emociones.
A ambos, pero más específicamente a Rukia, les tomaron por sorpresa un trío de sus iguales, Rukia le dirigió una mirada retadora al líder del grupo, quien desenvainó su sable.
-"Ichigo… vete…"- Le dijo al pelinaranja estando de espaldas, pero Kurosaki se mantuvo estoico, sin comprender sus palabras ni la razón por la que lo hacía.
-"No tiene caso… Va a morir de todos modos"- Musitó Soi Fong con la tentativa en atacar al hombre tras Rukia, quien al ver y sentirse amenazada se adelantó en desenvainar su sable, como una advertencia.
Rukia echó una mirad hacia sus espaldas, viendo una fracción del rostro de aquel hombre que amaba.
-"Vete…"-
-"Pero…"- No logró ni terminar el enunciado cuando la alterada voz de la morena le interrumpió.
-"¡¡Sólo vete!!"-
El pelinaranja se levantó cuidadosamente, posó su mirada en el perfil de la pelinegra y acto seguido emprendió la huida, escuchándose su marcha desvanecerse poco a poco por la incesante lluvia y los truenos.
Era el momento de afrontar las consecuencias, iba a pelear con el alma y el corazón sin ninguna clase de miramientos… Traicionaría, asesinaría, hasta su vida entera daría por él.
La lluvia seguían cayendo incesantemente, Rukia dirigió su mirada hacia el frente, topándose con Soi Fong, quien le observaba de forma rígida, aunque sintiera un gran odio debido a la desilusión, sabía encubrirlo perfectamente, era una mujer no sólo fuerte físicamente, también en lo moral.
-"No puedo creer que hayas llegado a éste extremo…"- Musitó Soi Fong, entrecerrando los ojos, incrédula ante la actitud de la morena en proteger al enemigo.
Rukia no dijo nada sobre el comentario, continuó observándola de forma retadora.
-"¡¡Vayan tras él!!"- Ordenó la de cabellera corta a sus dos subordinados, quienes sin dudarlo emprendieron la marcha.
-"¡¡De ninguna manera!!"- Interrumpió la morena, lanzando al momento a ese par de ninjas, cuatro shurikens, de forma tan precisa era su actuar que esas armas fueron a clavarse en el cuerpo de ambos, si bien el impacto no era bastante fuerte pero tenían sus respectivos efectos, pues previamente había untado veneno en sus puntas.
Esto lo aprovechó Soi Fong para tomar desprevenida a la morena y empezar a atacarla con su sable, Rukia con mucho esfuerzo logró defenderse, iniciando una lucha entre ambas kunoichis.
Mientras aquel par de subordinados se recuperaban del ataque con los shurikens y emprendía la huida en búsqueda del pelinaranja.
Los filos de sus espadas chocaban constantemente, con todas sus fuerzas atacaban a su rival, sin ninguna clase de miramiento en cuanto a tratar de herir al rival de muerte. Soi Fong era bastante rápida en sus movimientos, lo cual resultaba toda una desventaja para Rukia, sin embargo tenía a su favor una inmensurable fuerza…
Y aunque pudiese considerarse una igualdad, realmente quien tenía un haz bajo la manga era Soi Fong, quien al ver como la morena no podía igualar su rapidez, sacó provecho de eso y con toda malicia lanzó al rostro de la morena un nageteppo, una clase de polvo irritante, provocando que Rukia dejara caer su sable, llevándose las manos a los ojos, sentía como estos le ardían con suma intensidad, la vista no le funcionaba aunque tratara de guiarse con los demás sentidos, estos se vieron también afectados por un agudo dolor que atravesó sus dos piernas y brazos, pues Soi Fong lanzó cuatro tokis, un estilo de agujas que fueron a dar en puntos vitales de la pelinegra, haciéndola que cayera de rodillas en el húmedo suelo y segundos después su cuerpo entero.
Soi Fong le miraba con prepotencia, ese había sido un asunto complicado, pero al final logró debilitarla, no le quitaría la vida, aún esperaba las órdenes de Aizen, él sería quien le asestaría el golpe final. Además faltaba que dos de sus subalternos, esperaba que pudieran haber capturado al pelinaranja o aún mejor, haberlo liquidado según los planes.
Bastante cansado, agitado, colmado de tantas sensaciones, de una mezcla de sentimientos que no le permitían pensar con claridad, aún le costaba asimilar que Rukia era la mujer que tanto amaba y a la vez su peor enemiga, mucho menos lograba entender el origen del actuar de la morena, ¿porqué le salvó la vida?... Era el enemigo, por ley natural no era correcto… Ella había determinado pelear contra aquellos otros ninjas, sin ninguna clase de ayuda, sabía de su fuerte potencial pero tres eran demasiados para ella pero aunque Rukia le perdonó la vida, y le salvó no iba a regresar para ayudarla… Su dolido corazón no se lo permitía… Ella había asesinado a personas vitales en su equipo, gente de su completa confianza, cariño y respeto, no tenía perdón… aunque ella le había robado el corazón, todo había sido un engaño… una maldita mentirosa que había jugado con sus sentimientos…
Las gotas de lluvia empapaban todo su cuerpo, el cual seguía en el suelo de tierra, Rukia sentía un inmenso dolor por todo el cuerpo, tampoco podía distinguir lo que tenía en frente, sus ojos aún estaban bajo los efectos de aquel polvo… Había perdido… Más allá del dolor corporal, estaba el que percibía su corazón y su alma en esos instantes, por mucho que intentó no había logrado su cometido, las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojuelos zafiro, se confundían fácilmente con la lluvia.
-"Levántela"- Ordenaba Aizen, quien ya había llegado a la escena.
Aquel par de ninjas que anteriormente habían ido sin éxito en búsqueda de Ichigo eran quienes la incorporaban, ella a penas y podía apoyar los pies, no podía distinguir el rostro del castaño pero sabía que era él…
-"Rukia… haz cometido un grave error y lo sabes…"- Le musitó teniéndola frente a frente.
Pero ella no podía articular palabra alguna, tanto dolor en su cuerpo era insoportable a pesar que desde pequeña se le entrenó para sobrellevarlo, además su corazón estaba roto… no podía dejar de pensar en el pelinaranja.
-"Debería matarte por tu falta…"- Añadió Aizen, quien desenvainó su sable, con la firme intención de tajarle el cuello.
La morena a penas pudo vislumbrar el brillo de ese filo, aunque ella misma se decía que no tenía miedo a morir, ese sentimiento la embargó al instante, tenía un profundo pavor a no volver a ver la luz del día, de no poder hundirse en ese par de ojos miel que la habían enamorado, de no poder entregarle toda la felicidad a Ichigo… de no volver a verlo nunca más.
Ya no había mucho por hacer, si iba a morir al menos podía decir que no se arrepentía de nada.
-"Pero ya estás acabada… Suéltenla… Ellos vendrán por ella y la mataran de todas formas…"- Puntualizó el castaño, ese cuerpo delgado y moribundo cayó al suelo una vez dada la orden, aunque Rukia no lograba comprender muy bien la situación, no objetó nada… Sólo dejó que el dolor le nublara la conciencia.
Aunque Soi Fong no estaba de acuerdo con la decisión de su superior, tuvo que conformarse con verla ahí… su tiempo de vida no se prologaría mucho en ese estado, si no moría por las heridas, el Gobierno a sabiendas de su historial acabaría con ella, ya no tenía ninguna clase de esperanzas.
Aizen y sus subordinados fueron desapareciendo de la escena, sin ningún miramiento la abandonaron ahí… a mitad de la nada… a mitad de la lluvia… a merced de la muerte.
La luz del sol entraba por una pequeña ventanita, esos cálidos rayos la obligaron a abrir los ojos lentamente, era extraño que su vista se encontrara en buenas condiciones, pero no le tomó mucha importancia.
Cuando pudo distinguir, observó a su alrededor, todo era oscuridad, había un olor a humedad y era un lugar bastante gélido, cuando intentó movilizarse se percató de que estaba atada de pies y manos, seguramente alguien del Gobierno a sabiendas de todo le había tomado por prisionera.
Escuchó la puerta abrir y cerrarse al instante, aún entre la ligera sombra se podía distinguir la silueta de alguien, la cual poco a poco se fue acercando a paso lento.
Lo que los ojos de Rukia observaron la dejaron pasmada, reconocía ese amable rostro y esa cabellera marrón, no lograba entender que hacía ella ahí.
-"Te traje algo de comer…"- Musitó Orihime, agachándose hasta quedar a la altura de Rukia para ofrecerle la bandeja de comida.
La pelimarrón observó a la joven cautiva, ella también había sido víctima de la sorpresa al enterarse de la verdadera identidad de Rukia, ¿Cómo una mujer que consideró dulce y de buenos sentimientos, era realmente una kunoichi?...
Pero aún así confiaba en ella, por ende le desató las manos y aguardó a que probara bocado, aunque en sí se trataba del enemigo, sus sentimientos guiaban su corazón y no le permitían dejarla morir de hambre.
Rukia se sorprendió ante tales acciones, podía escapar en esos instantes pero era mucho riesgo, tanto para su físico como para su corazón; así que prefirió tomar un bollo de la bandeja, lo comió despacio, deleitándose con su sabor y luego pasó a beber algo de zumo de naranja, su sabor era como la gloria…
-"¿Puedo hacerte una pregunta?"- Inquirió Orihime, había algo que no le permitía creer algunas cosas, necesitaba que ella le resolviera.
Rukia asintió con la cabeza, pero cuando la dulce voz de la pelimarrón soltó la primera palabra, alguien intervino en la conversación, estrepitosamente abrió la puerta y soltó coléricas palabras.
-"¡¡Inoue, no deberías estar aquí!!"- La pelimarrón, con ojos titilantes y asustada echó una mirada a morena y resignada emprendió camino hasta la salida.
-"Lo siento"- Musitó con la mirada gacha ante cierto pelinaranja de ojos miel, después salió y sólo notó como la puerta se cerraba, dejando a Kurosaki dentro de aquella cúpula llena de dolor y misterio.
Entre las cuatro paredes de aquel oscuro recinto, los pasos de Ichigo resonaron con fuerza ante su andar, como muestra de la inmensa furia que lo invadía al pensar en ella y sus mentiras.
Tomó un banquillo y lo acomodó frente a la morena, se sentó a contemplarla, la vio sentada en el rincón, con su cuerpo recargado en la pared, la mirada gacha, en un estado deplorable… Rukia sentía vibrar todo su cuerpo, su corazón palpitaba a ritmo inmoderado, algo dentro de su cuerpo se estaba rompiendo en mil pedazos por la visible actitud del pelinaranja, no tenía ni el valor de mirarlo a los ojos después de todo…
Un silencio invadió el lugar, mientras cada uno se sumía en sus propias cavilaciones, por parte de la morena se sentía la persona más vil en el planeta, el hombre que tanto amaba ahora tenía un actitud áspera cuando en esos momentos lo que más necesitaba era unos de sus cálidos abrazos, pero quizás era mucho pedir después de haberle inventado diversidad de cosas sobre su vida, pero si había algo cierto eran sus sentimientos hacia él… y necesitaba que lo entendiera.
Para Ichigo era un mezcla de dolor, furia, desolación que no le permitían ver las cosas de forma objetiva, esa mujer que yacía frente no se parecía a la que le había robado el corazón, es más ni existía, sólo estaba una traidora, una mentirosa sin esperanzas… pero justo cuando determinaba liquidarla, algo en lo más profundo de su alma no se lo permitía, le hacía dudar… y es que verla le traía tantos bellos recuerdos… unos que al caer en cuenta que fueron mentiras para envolverlo le destrozaban por completo y le provocaba tanto odio… No sabía que decir, que hacer, que pensar… Todo era tan contradictorio, tan doloroso, tan infame que por momentos se maldecía por ser tan débil de corazón, habiendo deseado no haberla conocido pero ya era muy tarde.
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