Hola a todos denuevo, muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz (:, en el siguiente episodio responderé todos los que pueda -espero poder hacerlo jeje-, de todas formas, aquí esta la actualización, lo sé, lo sé, creerán que soy una floja pero no es eso, ya tengo la universidad encima y encontrar los capitulos dentro de las entrañas de mi computadora se me hace algo dificultuoso D:,espero me dispénsen.

Bueno aquí la continuación.


Bleach NO me pertenece, esta obra es de Tite Kubo que felizmente no le mete relleno.


Capítulo VI

—Ajá, si no me equivoco su nombre es Kairu Suzumiya.—Trató de recordar frunciendo el seño.

Ichigo se levanto casi inmediatamente después de haber mencionado aquel nombre que desconocía.

Era cierto, cerca de ese parque… era…

—Tengo que ir a un lugar— dijo sin más retirándose del lugar dejando a Mukarami lanzar quejidos de protesta.

Supongo que me tengo que volver a acostumbrar a sus malos modales.—Terminó de pensar la ojiazul lanzando un suspiro derrotado

Definitivamente, no podría encontrar a otra persona parecida a su amigo Kurosaki, luego de ver como su figura iba desapareciendo, dijo algo inteligible y posó su mirada por casi inercia, a su reloj.

— ¡Por la…! —Exclamó saltando de la banca, para luego retirarse a paso presuroso a donde le urgía ir.

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Sabia perfectamente a donde llevaba ese camino, y aunque hubiera podido hacerlo más tarde, le dio un impulso y deseos indescriptibles de hacerlo en ese instante, se hizo una anotación vaga de pedirle disculpas a Mukarami por tal corte de conversación, pero es que en parte ,hablar con Mukarami era desgastarse el cerebro de una manera rápida

Después de atravesar unas pocas calles, pudo dar con el lugar, la entrada estaba tan hermosa como siempre, aunque se podía reconocer algunas ruinas, cosa consecuente del paso de los años.

Las paredes de la entrada estaban hechos de piedra, y adentro había algo parecido a un inmenso parque, con una diferencia, el suelo estaba completamente cubierto de lapidas, y algunas flores que no crecían exactamente del suelo, simplemente estaban adornadas con lazos, algunas ofrendas y el incienso que no se hacía faltar.

Un tiempo después de estar recorriendo de un lado a otro, recordando con exactitud donde podría estar a la persona que estaba buscando, se detuvo frente a una lapida, estaba completamente adornada, era cierto, a su viejo se le había dado con llenarle de flores el pedazo de piedra, haciendo que se vea ridículo, además observo que había una corona de flores, procedente de Yuzu y Karin , seguramente por la fecha, estaban próximos a Junio, una fecha que él nunca olvidaría.

Se puso de cunclillas y sus orbes marrones observaron con algo de nostalgia el nombre que ahora se encontraba en perfecto estado, con las letras cursivas delineadas de color oro.

—He vuelto… mamá— Musitó el pelinaranjo.

Le costaba en cierto modo decir ese tipo de palabras, aun no sentía la seguridad completa para poder siquiera tocar el sagrado lugar, no podía, algo se lo impedía, sentía en su interior el impedimento de poder establecer contacto con su propia madre, por todo lo que hizo, por todo lo que le hizo él a ella, y aunque alguna vez se hubiese manifestado diciéndole lo orgullosa que se sentía de él, en cierto modo no llenaba completamente su pena.

Nunca le culparon de nada, miradas tristes a su alrededor y a sus dos pequeñas hermanas llorando.

Lo más doloroso quizás, era, que también otra persona había pasado lo mismo que su madre, todo por él.

—Mamá, luego te compro algo...— Evitó estar más tiempo allí le era demasiado incómodo, se levantó y le dedicó una mirada de ternura, aquellas que jamás dejaría que le viesen dar —Por cierto, acabo de regresar de España, créeme que es terrible...—Habló en modo de despedida rascándose la cabeza para luego reanudar su marcha.

Era hora de regresar a casa, seguramente Yuzu estaría preocupada.

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Dame la espada... Shinigami.No soy Shinigami… mi nombre es Kuchiki Rukia.Yo soy…Un ruido lejano, pero extrañamente conocido se aproximaba a aquellas dos sombras.

Kurosaki Ichigo…

— ¿Qué fue eso? —preguntó exaltada una chica de tez delicada y blanca como la nieve, inmediatamente después de incorporarse llena de sudor.

Se encontraba en una mansión, la mansión Suzumiya, famoso lugar porque albergaba a uno de los iconos más importantes del mundo de la moda.

Cerró los ojos con fuerza tratando de hacer un esfuerzo para recordar lo último sucedido.

— ¿Quién era… esa persona?—Cuestionó dirigiéndose al ostentoso baño que se encontraba dentro de la gran habitación.

Por más que trataba de recordar, no pudo, desconocía como se llamaba, esa escena era tan real, que no pareciera ser un sueño, hasta ella juraría haber sentido el tacto con la espada.

Se fijó en el espejo y la imagen de éste le devolvió tal como suponía que estaría, grandes ojos azules, piel tersa y blanca, cabellos negros azabaches, uno de sus mechones cruzaban alegremente su rostro dándole un aspecto de niña pequeña, sobre todo cuando tenía los mechones de cabello todos enredados.

—Estoy fatal.— susurró algo molesta, no le gustaba verse así toda desarreglada en amanecidas, más era justificable, había pasado una mala noche.

Kairu Suzumiya, aparte de ser lo que ya se conocía, era una persona que sufría de un mal que nunca tuvo sentido para ningún médico, los desmayos, los sueños, etc. Todo eso comenzó después de aquel penoso accidente cuando perdió a sus padres y todo contacto con sus familiares, hace 4 años, luego de ese incidente ella sola tuvo que llevar el rumbo de la empresa, siendo principiante, sin saber siquiera cuán importante era su grado en aquel lugar.

Quería ir a trabajar hoy día, pero su salud pareciera jugarle una mala pasada otra vez.

—Rayos…— sentía su cuerpo arder, sus mejillas se volvieron coloradas a causa de la fiebre incipiente que se estaba empezando a manifestar en su cuerpo.

Volvió a la cama, después de todo no tenía fuerzas para ir aunque quisiera, después de un rato la encargada entró alegremente, era una señora que pareciera ser su mucama, llevaba un traje negro con delantal blanco.

—Buenos días señorita. — Saludó de un muy buen humor, acercándose a la ojiazul con una bandeja que pareciera ser su desayuno.

—Buenos días…— Respondió vagamente la chica, esbozando una sonrisa cansada — ¿Cómo estas Maria san?

Maria era la única persona que le había quedado, al menos de confianza, ella era mucama de la familia desde que tenía memoria, siempre tan atenta, tan buena con ella, ayudándole en lo que podía.

Y ahora lo estaba haciendo.

—Muy bien — dejándole la bandeja de plata en el regazo de la morena que se había acomodado en su cama— Le hice su desayuno favorito: Tostada con crema francesa—Repuso feliz.

—No tenias porque hacerlo…—Expuso mirando la comida con desgana—Gracias.

—Ni lo diga…— Dio como respuesta la señora pasando a otro extremo del cuarto abriendo rápidamente las cortinas dejando entrar al sol, Kairu se cubrió los ojos como acto reflejo—Hoy hace un lindo día ¿no lo cree?; pero señorita, ¿Por qué no come? — Inquirió luego de voltearse y darse cuenta que la susodicha no había probado bocado.

—Bueno, es que hoy día no amanecí con mucho apetito…—Se excusó engañosamente.

María alzo una ceja.

Porque a ella nadie la podía engañar, oh claro que no.

—Señorita...— Reprochó cambiando su semblante completamente a uno preocupado mientras se acercaba a paso rápido hacia la cama percatándose del rostro de la ojiazul — ¿no será que…?

—¡Estoy bien!— Contradijo como si estuviera leyendo la mente de su mucama — lo que sucede es que se me está haciendo tarde y…

Su mucama posó una mano en la frente de la ojiazul mientras esta desviaba la mirada a otra parte.

—¿Cuándo pensaba decirme que tenia esta fiebre?— Cuestionó en tono cariñoso, le conocía, sabía que a Kairu nunca le había gustado ser un estorbo, pero es que no lo era, simplemente que no podía darse el lujo de dejar pasar sus síntomas sin darle las medidas de precaución necesarias.

—Se supone que nunca.—Suspiró dándose por vencida.

—Ayer mandé a llamar a una de las mejores doctoras que hay, según los demás doctores—agregó— podrá hallar su mal sin ninguna dificultad.

— ¿Dónde habré escuchado algo parecido?...—jugueteó Kairu balanceando su cabeza de un lado a otro.

—Por favor, no diga eso señorita, no puede tomar su salud tan a la ligera.

—Lo sé, no te preocupes.

Después de unos cuantos segundos Kairu dirigió nuevamente su vista al apetitoso desayuno, mientras jugaba con la cuchara en la vajilla que contenía los cereales.

—Oye… María san—Llamó.

—Dígame señorita— respondió en el acto la señora mientras acomodaba uno de los cojines de el sofá del cuarto.

—¿Crees que algún día… seré capaz de recordar completamente todo?—Recordando aquel sueño indescifrable

Le miro de reojo, sabía que a ella no le gustaba las expresiones de lástima, pero no pudo evitar que en su rostro se cruzara una, Kairu había perdido por completo la memoria y desconocía por completo su pasado, todo lo que sabía ella era lo que le había comentado ella, María.

—De seguro que si…—Animó, supuso que lo mejor era empezar a cambiar el ritmo de la conversación.

—¿Tú crees?...—empezó a palpar el terreno del tema de a pocos—Han pasado cuatro años y aún sigo sin recordar nada… solamente tengo pesadillas.

— Pero, ¿eso ya no significa algún tipo de progreso?.

La joven le miro con el rostro algo sorprendido para luego dejarse escapar una risita.

—Quizás estas en lo cierto…— tratando de tomar algo.

—¡Usted puede señorita! — acercándose a ella, sentándose a orillas de la cama mientras extendía una mano y la posaba en su hombro — Usted es decidida y muy bonita... Podría llegar a hacer lo que quisiera.

—Vaya manera de animar… pareciera que haces todo lo contrario usando esos adjetivos.

—No lo estoy, usted sabe muy bien cuantos pretendientes tiene— empezó a decir, era como su niñita, su pequeña Kairu a la que crió y vió crecer. Con la que estuvo en las buenas y en las malas —y precisamente no son pocos.

—No tengo ni idea y creo que nunca me interesaran… al menos ninguno de esos niños bonitos vanidosos— frunciendo el ceño muy al estilo Ichigo.

— Vaya, vaya, a nuestra señorita le salió el carácter.—levantándose
continuando la conversación y recogiendo algunas prendas para lavarlas.

—Siempre lo tuve, lo sabes bien...— dejando el desayuno a un lado— ese es mi límite—Haciendo a un lado el plato medio vacío.

Maria le miró arrugando la boca, y poniendo sus manos en ambas caderas, dándole a entender que no se iba de allí hasta no ver ni un ápice de comida.

—Esta bien, está bien, trataré pero no te prometo nada.— recogiendo de nuevo la vajilla y empezando a comer los cereales.


Lo sé, quizás se queden: ¿Wtf?, después de leer todo esto, pero ya verán, por algo es un Fanfic larguito jeje.

Espero haya sido de su agrado.

Ya saben, tomatazos, críticas y comentarios serán bien recibidos (:.

¡Salu2!

Atte:

La Chivix