Hola de nuevo! Aquí os dejo por fin el nuevo capítulo! La historia está casi acabando (aunque aún quedan un par de capítulos como mínimo) así que espero que estéis disfrutando de ella leyéndola tanto como yo escribiéndola. Gracias a todos de nuevo por vuestros comentarios. Ojalá pudiera contestaros uno por uno para agradeceros que participéis en el fic dejando vuestras opiniones pero casi nunca tengo tiempo! Así que, como ya he dicho mil veces, estoy encantada de que comentéis y espero que sigáis haciéndolo.

Capítulo VII, espero que os guste y que me perdonéis por el retraso!

Besossss

Por cierto! Tengo una duda con el nombre completo del comandante Yamamoto. Lo he buscado por todas partes y al final me he decidido por Shigekuni Yamamoto-Genryūsai. Como no tengo ni idea de japonés y me parece un nombre bastante largo, si por casualidad estuviera mal, por favor, avisadme para que lo cambie!

VII. Nubes de tormenta.

I.

La comunicación se había producido de manera inmediata después de la explosión.

Acompañado de una mariposa infernal y en la más absoluta discreción, uno de los miembros del Cuerpo de Operaciones Secretas de las Fuerzas Especiales enviado por Soi Fong había transmitido a Yoruichi la voluntad del Comandante Yamamoto de abrir un canal de comunicación directo con Urahara. En privado y con carácter urgente. Y dada la situación, el ex capitán de la Doceava División había decidido no poner excesivos reparos en ello.

Utilizado un circuito interdimensional común que no tardó demasiado en preparar, Urahara se había dispuesto a esperar frente a la pantalla, con el sombrero entre las manos y la boca ligeramente seca, hasta que la conexión se hiciera efectiva a los pocos minutos. Cien años sin ver al Viejo, y su sola presencia a través del intercomunicador resultó ser tan abrumadora como lo era en tiempos pasados.

Tal y como esperaba, la conversación había sido corta. Apenas un momento para relatar lo ocurrido, un par de asentamientos de cabeza, varios murmullos entre dientes y una orden precisa.

Acabar con la amenaza.

Una orden que Urahara, educadamente, se había negado a obedecer.

Después de todo, como shinigami, ya no formaba parte de la Sociedad de Almas, al menos no oficialmente, y por lo tanto, no tenía ninguna obligación de seguir instrucciones de sus altos mandos, por más respeto que, pese a todo, aún profesara al Viejo.

El Comandante Shigekuni Yamamoto-Genryūsai seguía teniendo, además, el mismo mal carácter de siempre, y después de darle una respuesta negativa, por un momento, Urahara pensó que fundiría su insolente trasero de shinigami usando su dedo meñique, y a una dimensión de distancia. No fue así, afortunadamente, y tras una explicación precipitada en la que expuso sus intenciones y que el Comandante escuchó con los puños cerrados y apretando la mandíbula, finalmente había conseguido un plazo de veinticuatro horas para actuar con total libertad en el asunto Kurosaki, siempre y cuando la situación no se volviera excesivamente peligrosa para los ciudadanos de Karakura o para los oficiales shinigamis a cargo de la zona. Si en ese periodo de tiempo no lograba dominarlo por completo, la Sociedad de Almas con Yamamoto al frente, se convertiría en el único responsable de la suerte de Ichigo, y Urahara sabía por experiencia que el Comandante no solía ser conciliador y magnánimo.

Consciente del poco tiempo del que disponía, lo primero que hizo fue ocuparse de Ishida, Inoue y Chad, que ahora permanecían junto con Ururu y Jinta a cargo de Tessai en el Almacén, protegido con una poderosa barrera bakudoh que impedía cualquier entrada o salida del lugar. A pesar de las protestas de los tres amigos, Urahara se había negado en redondo a dejarlos salir de allí, y contar con la barrera y con Tessai era la forma más efectiva que tenía de asegurarse de que cumplían adecuadamente las normas.

El asunto de la protección de la ciudad y sus habitantes había quedado resuelto, de la misma forma, según el protocolo habitual, ya que en el momento en el que los dos habían llegado a un acuerdo, Yamamoto había ordenado la supresión de cualquier tipo de restricción de poder que afectara a shinigamis, así como la demarcación inmediata del perímetro de protección habitual señalado para cualquier batalla.

La cuestión más importante era, sin embargo, encontrar a Ichigo. Un trabajo que no resultaba demasiado difícil, puesto que, aparentemente, su hollow tenía exactamente la misma habilidad que él para ocultar su rastro energético a los demás. Absolutamente ninguna.

Precisamente con ese objetivo, él y Yoruichi llevan saltando por los tejados, cruzando por las avenidas y callejones de la ciudad de Karakura a toda velocidad el tiempo suficiente para poner a punto sus dotes de shunpo, cuando, repentinamente, en una vuelta de esquina, Yoruichi casi consigue arrollarlo en uno de sus desplazamientos.

Ladeando ligeramente la cabeza para no perder el paso, y colocándose el sombrero en su sitio, Urahara sonríe a medias a su compañera, que permanece con el ceño fruncido, mientras siguen avanzando. No tardarán mucho en alcanzar a Ichigo y la concentrada fuerza espiritual que desprende su forma hollowficada comienza a resultar molesta.

"No me gusta esa energía, Kisuke". Yoruichi aprieta los labios sin dejar de mirar al frente, y aumenta la velocidad. "Si ha completado su transformación no podremos hacer nada".

Urahara acelera el ritmo hasta ponerse a su altura, reflexionando durante un momento.

"En las condiciones en las que se encuentran su cuerpo y su espíritu necesitará algo más de tiempo para concluir con el proceso".

Yoruichi desaparece de nuevo ante sus ojos levantando una suave brisa perfumada que le acompaña hasta que vuelve a encontrarla, segundos después, avanzando hacia otra de las azoteas blancas de la ciudad.

"¿Algo más de tiempo?"

Urahara asiente.

"Unas horas tal vez".

Contrariada por la respuesta, Yoruichi se frena de golpe en medio del salto, obligando a Urahara a pararse y retroceder.

"¿Unas horas? ¿No puedes ser más preciso?"

De nuevo frente a ella y recuperando un poco el aliento, el ex capitán niega con la cabeza con una mano en la barbilla.

"Todo depende de lo que aún quede de Ichigo dentro de esa cosa". Urahara la mira con intensidad durante unos segundos, deseando poder ofrecerle un argumento más satisfactorio del que tiene en esos momentos. "Y de las ganas que tenga de volver".

Yoruichi asiente mientras nota como se le encoge un poco el estómago.

A lo lejos, las luces de la ciudad permanecen apagadas a excepción de un débil resplandor que aún se distingue débilmente, pero que destaca con asombrosa precisión de entre las sombras, emanando una viciada energía que arrasa con todo lo que se ubica a su alrededor.

Urahara suspira con los ojos puestos en la distancia.

Va a ser una noche muy larga.

II.

La noche que mató a Kaien, la luna era menguante. Brillante y extraña. Una luna que sólo es posible ver de madrugada, hacia el este, que muestra la última de sus sonrisas burlonas al mundo antes de desaparecer por un tiempo, y que debido a alguna clase de retorcida broma cósmica, aquella noche, tenía forma de pequeña guadaña afilada.

La misma forma que ahora dibuja la sonrisa del hollow en el que se ha convertido Ichigo.

Con los ojos enrojecidos y la respiración entrecortada, Rukia encaja otro de los golpes sin decir una palabra, volviendo a caer al suelo a cierta distancia, y dando un par de vueltas sobre sí misma.

A pesar del dolor que empieza a sentir en cada una de las partes de su cuerpo, ninguno de los ataques que ha recibido hasta el momento ha sido lo violento que esperaba. Concentrando la fuerza suficiente en sus manos desnudas para hacerle daño pero sin extremar la potencia de los golpes, el hollow no parece querer acabar con ella de momento, y aunque la sangre comienza a brotarle del labio y está ligeramente mareada, Rukia aún es capaz de levantarse sin excesiva dificultad.

El hollow espera a que se haya incorporado del todo y avanza hasta ella, sujetándola por el cuello sin apretar demasiado.

"Deberías empezar a tomarte esto en serio, shinigami". Después de contemplarla de cerca durante unos segundos, la deja caer de nuevo en el suelo y se aleja unos pasos, utilizando un movimiento mecánico que lleva repitiendo desde hace varios minutos. "Porque dentro de poco empezará a doler de verdad".

El sabor extrañamente salado de la sangre que emana de la herida abierta del borde de su boca le produce una ligera náusea, y con los dedos de la mano derecha, Rukia se limpia la zona en un impulso, ligeramente ansiosa.

La noche que mató a Kaien, no recibió ni un solo golpe. Ni siquiera un rasguño. Sus manos, sin embargo, permanecieron ensangrentadas y temblorosas durante horas, cubiertas con la sangre de su subcapitán hasta que tuvo fuerzas para alejarse de su cuerpo y dejar que los terceros oficiales Kiyone Kotetsu y Sentaro Kotsubaki, se ocuparan de todo.

Al ver como Rukia se pone de nuevo en pie, el hollow comienza a reír con aspereza.

"De nada te servirá seguir levantándote si no puedes esquivar los golpes".

Esta vez el impacto lo recibe directamente en el estómago y cuando cae de rodillas sobre el suelo frío, nota como le tiembla todo el cuerpo.

"Estás siendo toda una decepción, Rukia Kuchiki". El hollow chasquea la lengua y se revuelve el pelo en un gesto tan propio de Ichigo que Rukia tiene ganas de gritar. "Creí que por lo menos mostrarías algo del orgullo de los de tu clase, pero ni siquiera has desenvainado tu zampakutoh".

Rukia sonríe con amargura, incorporándose ligeramente sobre las palmas de sus manos, pero sin llegar a levantarse.

"No es tan sencillo".

Durante un momento, el hollow parece sorprendido.

"¿No lo es?"

Rukia toma un poco de aire y cierra los ojos.

La noche que mató a Kaien pensó que sería ella la que no sobreviviría. Corre. Eso fue lo que dijo el capitán Ukitake. Corre si no quieres morir. Y correr fue todo lo que supo hacer al principio, correr hacia ninguna parte entre los árboles del bosque, con los puños apretados y las lágrimas resbalando por sus mejillas.

Sin embargo, en algún momento decidió dejar de correr. Kaien ya estaba completamente poseído por aquel hollow y no habría manera de ayudarle, pero a pesar de todo, el deseo de encontrar un modo de salvarle la hizo regresar.

Cuando por fin volvió a verlo, dirigiendo hacia ella sus ojos huecos y aquellos extraños tentáculos rugosos saliendo de su boca, cuando volvió a mirarlo como mira ahora a Ichigo, con los ojos hinchados por el cansancio y las lágrimas, le temblaban las rodillas y le dolía todo el cuerpo. Sujetaba la empuñadura de su arma con tanta fuerza que las palmas de las manos se le llenaron de cortes y magulladuras, y ni siquiera la voz de su capitán alertándola pudo evitar que su zampakutoh atravesara el corazón de Kaien en apenas un suspiro.

Por aquel entonces pensó que no existía en el mundo castigo suficiente para lo que había hecho.

Ahora, cuando mira a Ichigo convertido en ese monstruo, comprende que se equivocaba.

Atormentada por los recuerdos y sobrepasada por la imposibilidad de hacer algo útil para sacarle de esa situación, finalmente Rukia rompe a llorar frente a la sonrisa burlona del hollow.

Aunque quisiera luchar contra él y tratar de oponer alguna resistencia a lo que se avecina, no sabría ni por dónde empezar. A esas alturas, el hollow interior de Ichigo parece dominarlo completamente, y aunque no fuera mucho más fuerte que ella y tuviera alguna posibilidad contra él, para ayudarlo de verdad no podría hacer otra cosa que matarlo.

La imagen de Kaien desplomado en sus brazos vuelve a su memoria, y siente un pinchazo de dolor en el pecho.

"No puedo hacer esto". Rukia hace un gran esfuerzo por intentar mirarlo a la cara más de un par de segundos seguidos. "No de nuevo". A pesar de la máscara, de su voz aguda y distorsionada y del movimiento oscuro y siseante que desprende su cuerpo, el parecido del hollow a Ichigo en su forma normal se ha vuelto una completa y despiadada tortura. "No contigo."

El hollow da unos pasos hacia ella mirándola con intensidad.

"¿Y eso qué se supone que significa?" Su voz se vuelve ligeramente grave, como si tratara de hablar en susurros. "¿Realmente piensas dejar que te mate sin más?"

Rukia se seca las lágrimas que se mezclan con la sangre de las heridas de sus mejillas, y siente un ligero cosquilleo en la base de la nuca producido por una extraña brisa que se ha levantado de golpe.

"Significa que si te hubieras convertido en un monstruo huesudo y deforme sería todo mucho más fácil, idiota".

La voz proviene de algún lugar situado por encima de sus cabezas, y en apenas un instante, descendiendo desde uno de los tejados, dos figuras atraviesan las sombras de repente, obligando a retroceder al hollow y colocándose justo delante de una sorprendida Rukia.

Pasados unos segundos y una vez superada la primera impresión, el hollow sonríe abiertamente.

"Vaya". Toda su atención se centra ahora en los dos shinigamis que acaban de aparecer. "Mira lo que tenemos aquí".

A su izquierda, la silueta felina y esbelta de Yoruichi vestida con su habitual ropa ajustada de color negro y naranja con protectores en hombros y piernas, se mantiene con los brazos cruzados y alerta, dejando ondear su larga melena púrpura recogida en una coleta. A su derecha, el perfil de un sombrero de rayas oculta la mitad del rostro de Urahara, que con su inconfundible uniforme verde y sus sandalias de madera, permanece apoyado sobre su bastón.

Los dos desprenden una fuerza espiritual que Rukia no había sentido antes.

El hollow los señala a ambos extendiendo su mano derecha en su dirección. Primero hacia Urahara y después hacia Yoruichi.

"El chiflado y la gatita".

Mientras Yoruichi permanece impasible, Urahara sonríe y hace una pequeña reverencia con el sombrero. Después, ladea la cabeza para examinar a Rukia durante un momento, que aún se encuentra magullada en el suelo.

"¿Estás bien, Kuchiki?"

Rukia asiente despacio y Urahara hace un pequeño gesto de aprobación que por algún motivo le da cierta sensación de seguridad.

Cuando llegó al mundo real, Urahara le pareció un personaje poco ortodoxo y bastante excéntrico, con aquella tienda llena de artilugios shinigamis en su mayor parte prohibidos o muy difíciles de encontrar, y su aparente habilidad para aparecer siempre en los momentos más oportunos. Todo aquello cambió, sin embargo, en el momento en que supo, pocos meses atrás, de su antiguo rango de capitán y de su destierro, y desde entonces, había empezado a sentir verdadera simpatía y respeto por él.

En cuanto a la noble dama Shihoin, sus habilidades habían quedado de sobra demostradas, como Rukia tuvo la fortuna de comprobar cuando ayudó a Ichigo a escapar de su hermano, y el alcance su poder era de sobra conocido por toda la Sociedad de Almas, que estaba repleta de leyendas que hablaban de su repentina desaparición.

Sin duda, los dos formaban una pareja extraña.

"Así que aún te mantienes en ese estado tan inicial". Retirándose un poco el sombrero hacia atrás para poder contemplar mejor al hollow, Urahara lo mira con detenimiento. "Estoy impresionado".

El hollow, por su parte, entorna los ojos y tuerce la boca, irritado.

"¿De qué demonios estás hablando?"

Urahara vuelve a colocar el sombrero en su sitio y mira a Yoruichi, ignorando deliberadamente la pregunta.

"Esperaba que a estas alturas se hubiera trasformado por lo menos la mitad de su cuerpo".

Yoruichi asiente.

"Entonces es buena señal".

Rukia, que había decidió volver a incorporarse despacio, se queda paralizada de repente en el suelo, perdiendo por completo el control de sus piernas.

"¿B…buena señal?

Tanto Yoruichi como Urahara se giran hacia ella, mirándola con calidez.

"Parece que hemos subestimado a Ichigo después de todo".

Urahara se agacha hasta colocarse a su altura y le giña un ojo risueño, dejando a Rukia aún más confusa.

"¡Basta ya de decir estupideces!"

Desenvainando la zampakuroh con fiereza, el hollow se dirige hacia ellos con rapidez. Rukia cierra los ojos por instinto, siente el contacto firme de unos brazos que la rodean y escucha un golpe seco que resuena en sus oídos. Después de unos segundos, cuando vuelve a abrir los ojos, el cuerpo de Yoruichi aún está sobre ella, cubriéndola por completo, y Urahara ha conseguido detiene el golpe con un escudo protector que Rukia no había visto hasta entonces.

El hollow, sin embargo, parece aguantar la oposición de Urahara sin demasiados problemas, y cuando por fin decide apartarse, su voz resuena entre los huecos vacíos de la calle, inundándola de rabia contenida.

"El Ichigo que tú conoces ya no existe".

Mientras que Yoruichi se incorpora y vuelve a colocarse delante de Rukia, Urahara disipa el escudo y se adelanta unos pasos hacia él.

"Todo lo contrario, mi hollowficado amigo". Rukia siente como la ansiedad y la incertidumbre le encoge el estómago. "La fuerza espiritual de Ichigo en su estado más puro es lo único que ha impedido que a estas alturas seas ya una bestia".

La carcajada del hollow resuena aguda y estridente en la noche.

"¿Y cómo es eso posible, viejo loco?"

Urahara se aclara la garganta mientras vuelve a colocarse el sombrero con cuidado.

"La explicación es muy sencilla". A pesar de que su tono parece distendido y amigable, el ex capitán todavía esgrime su zampakutoh con firmeza en dirección hacia el hollow, que permanece a cierta distancia sosteniendo igualmente su arma. "Digamos que tú eres la parte animal de Ichigo. La rabia, el dolor, la sed de lucha, la necesidad de poder… la parte visceral, en definitiva". El hollow sonríe enseñando la dentadura, aparentemente satisfecho por el apelativo, y sus ojos se dirigen directamente hacia Rukia, que siente un escalofrío por la espalda. "Es por eso que eres su mitad más poderosa, pero también la más inestable". Aunque Urahara continúa hablando aparentemente impasible, con las últimas palabras, el hollow se vuelve repentinamente serio, y ciertamente aún más amenazador. "La otra parte, en cambio, llamémosla humana, es la única que puede controlar el estado espiritual de Ichigo". Avanzando un par de pasos hasta colocarse a la altura de Urahara, ahora permanece exclusivamente atento a sus palabras. "Por eso él pudo despertar su zampakutoh y dominar el bankai en menos de tres días, y consiguió mantenerte bajo control después de su transformación en shinigami y también durante los combates de la Sociedad de Almas". Todas las señales indican que no le gusta lo que está oyendo, y su cuerpo empieza a desprender cantidades descontroladas de energía espiritual que vuelven denso el ambiente. Urahara, sin embargo, continúa hablando con calma. "Los desequilibrios que ha estado sufriendo su alma últimamente han provocado el cambio, y aunque ahora mismo tú tengas el control, puedes estar seguro de que al haber anulado la otra parte, tu estado seguirá evolucionando hasta convertirte en un hollow completo sin que puedas hacer nada por evitarlo. Un hollow poderoso, sin duda, pero común y estúpido al fin y al cabo".

Durante un instante, mientras el hollow mira con intensidad a Urahara al tiempo que desplaza el filo de su zampakutoh hasta encontrar el de la zampakutoh del ex capitán, Rukia tiene la sensación de que el tiempo se detiene.

"No creo ni una palabra."

Las sílabas se arrastran entre sus labios y sus afilados dientes, provocando un sonido opaco y desesperanzador que acompaña con una especia de extraña calma. El mismo tipo de calma que se produce justo antes de que se desate una tormenta. Urahara, en cambio, sonríe sin más.

"Mira tu mano izquierda".

El hollow parece dudar durante un momento si apartar o no la vista de Urahara, como si intentara averiguar por la expresión de su rostro si se trata de alguna especie de truco. Ante su indecisión, Urahara afloja la presión de su zampakutoh y retrocede con cautela, señalando en dirección a su mano.

"Adelante. Mira".

Cuando finalmente mira su mano, la impresión que se refleja en su cara es mayor de lo que Rukia había esperado, y tomando un poco de aire, dirige también sus ojos hacia el lugar que hasta entonces no se había atrevido a mirar.

Los dedos de la mano, la muñeca, y el resto del brazo hasta casi por encima del codo han desaparecido. O por lo menos, ya no existen como tales. Toda la musculatura y la piel ha sido sustituida por una especie de estructura ósea rígida y blanquecina que aparece cortada por dos franjas verticales paralelas de color rojo que terminan a la altura de la mano, dando paso a lo que antes eran cinco dedos, ahora convertidos en garras.

Claramente desconcertado, mientras se mira el brazo por uno y otro lado, el hollow parece preguntarse de dónde ha salido todo aquello, y cómo es posible que no haya notado que estaba allí hasta ese momento. Qué es exactamente lo mismo que se pregunta Rukia.

Además, al fijarse de nuevo en su rostro, Rukia percibe que su máscara se ha hecho más ancha, ocupando prácticamente por completo toda la mitad izquierda.

Después de un breve estado de confusión que no parece afectar ni a Urahara ni a Yoruichi, el hollow vuelve a mirar a Urahara, que continúa sonriendo bajo su sombrero de rayas.

"La prueba de que Ichigo aún permanece en alguna parte de ese espíritu que crees que te pertenece es que a estas alturas, todavía mantienes una apariencia humana. Ese brazo es sólo el principio".

El hollow vuelve a mirarse el brazo, abriendo y cerrando la mano alternativamente durante unos instantes hasta que finalmente, y en contra de todo pronóstico, sonríe divertido.

"No veo por qué esto tendría que ser un problema". Tanto Urahara como Yoruichi parecen sorprendidos por su respuesta, y Rukia ya ni siquiera sabe que pensar. "Este brazo ahora es mucho más fuerte de lo que era antes."

Urahara hace un gesto negativo con la cabeza y mira a Yoruichi de reojo.

"Sin duda hay algo que en este chico no cambia sea cual sea su estado, y es su terquedad".

Yoruichi esboza media sonrisa y se cruza de brazos.

"Sea como sea no podemos perder más tiempo".

Urahara asiente a su vez, y vuelve a centrar su atención en el hollow, que continua encantado con el nuevo estado de su brazo.

"Tienes toda la razón".

Utilizando la cinta de la empuñadura de su zampakutoh para girarla sobre sí misma, el hollow comienza a ondear su arma con fuerza, dándole el impulso necesario para poder lanzarla.

"Será mejor que lleves a Rukia a un lugar seguro, Yoruichi".

Urahara dice las palabras de forma mecánica, agarrando con fuerza su zampakutoh y preparándose para repeler el ataque, mientras que Yoruichi asiente y se da la vuelta hacia Rukia, que la mira con sorpresa y expectación.

"¿Qué es lo que piensa hacer?"

Finalmente, el hollow lanza su primer ataque serio contra Urahara, que se ve obligado a moverse con rapidez para esquivar el golpe, y comienzan a pelear a lo largo y ancho de la avenida, lanzando y esquivando golpes aquí y allá.

"¿Es cierto que puede conseguir que Ichigo vuelva a su estado normal?"

Yoruichi asiente con la vista puesta en la pelea, visiblemente preocupada.

"¿Cómo?"

Le tiembla tanto la voz que las palabras apenas consiguen coordinarse en sus labios y emitir un sonido coherente.

"La verdad es que no existe ningún método". Yoruichi sigue pareciendo bastante preocupada, como si la posibilidad de que Urahara salga derrotado hubiera cruzado por primera vez por su mente. "Supongo que podríamos romperle la máscara pero tampoco sabemos si eso funcionaría. De momento, la única solución es luchar". Yoruichi trata de dibujar una sonrisa que sólo consigue resultar triste y resignada. "Tal vez agotando su energía consigamos algo".

Durante un momento, Rukia vuelve a fijarse en la pelea, que continua librándose a base de golpes de tanteo, sin liberaciones ni grandes ataques de momento, sino más bien buscando medir las fuerzas del adversario, y por primera vez en toda la noche, recupera parte de su determinación y se siente un poco menos temblorosa y confusa.

Haciendo caso omiso a los intentos de Yoruichi por alejarla de allí, se levanta con firmeza y aprieta con fuerza las manos.

La única solución es luchar.

"¡Urahara! ¡Detente!" Su voz se oye alta y clara entre las sombras, pero apenas produce un ligero movimiento de cabeza de Urahara hacia su dirección, de manera que decide intentarlo de nuevo con más fuerza. "¡Seré yo la que luche contra él!"

Con el final de la última de las palabras, un potente eco parece resonar por todas partes, rodeándolos, y los dos oponentes se frenan en seco, respirando ruidosamente y desviando la vista hacia ella con incredulidad. Yoruichi la sujeta con firmeza por los hombros alarmada.

"¿Pero es que acaso te has vuelto loca?" Rukia niega con la cabeza y se aparta despacio, pero Yoruichi insiste. "Te matará".

Su decisión, sin embargo, ya está tomada.

"Por favor, Urahara. Tienes que dejarme intentarlo". Tanto Urahara como el hollow han abandonado sus posiciones y bajado sus zampakutohs, y ahora los dos la miran expectantes. "Necesito intentarlo".

Urahara se acerca hasta ella quitándose el sombrero y mirándola a los ojos durante un tiempo que a Rukia le parece una eternidad.

Si no hubiera estado tanto tiempo preocupada por ella misma, si desde el principio se hubiera concentrado en analizar la situación y en tratar de buscar soluciones, probablemente ahora las cosas serían mucho más fáciles para Ichigo. Había preferido, en cambio, dejarse golpear. Derrotada por los recuerdos y convencida de su impotencia, había elegido el camino más fácil, anticipando su fracaso y dándolo todo por perdido.

Había olvidado dónde estaba su corazón.

Era un error que no pensaba volver a cometer.

"¿Estás segura de lo que dices?"

Volviendo la vista hacia el hollow, que permanece de pie unos pasos por detrás, Rukia asiente, y con un gesto afirmativo, Urahara se retira hacia un lado.

"Kisuke, ¿pero qué…?"

Yoruichi lo mira alarmada, pero Urahara trata de tranquilizarla colocando una mano sobre su hombro.

"Cada cual tiene que librar sus propias batallas, ¿no es eso?"

Mirándolos primero a los tres alternativamente sin saber que decir, y tomándose unos segundos de más para asimilar la nueva situación, Yoruichi se cruza de brazos y agacha ligeramente la vista.

"Así es".

Urahara sonríe a medias.

"Esta pelea le pertenece".

Aún no del todo convencida, y consciente de que lo que Rukia pretende no es más que una temeridad, Yoruichi frunce el ceño contrariada. Sin embargo, decide no intervenir por el momento y dejar que el orgullo de los Kuchiki y el deseo de recuperar a Ichigo se enfrente con el hollow, que parece estar complacido por el cambio de adversario.

Mirándole con fijeza, Rukia extrae su zampakutoh y se pone en guardia, provocando de nuevo la irritante sonrisa del hollow.

"Así que por fin te has decidido a morir con dignidad, shinigami".

Rukia separa un poco las piernas y aprieta con fuerza la empuñadura de su arma.

"No me llames shinigami. Mi nombre es Rukia Kuchiki, y quiero que me escuches con mucha atención". Su voz es ahora firme y autoritaria. "Voy a traerte de vuelta sea como sea, Ichigo".

El hollow juguetea con la empuñadura de su zampakutoh sin dejar de sonreír.

"Adelante entonces, Rukia Kuchiki". Con la mirada desafiante, da un par de pasos al frente y baja la voz. "Te aseguro que será lento y doloroso".

La noche que mató a Kaien no tuvo tiempo de pensar en lo que hacía. Estaba preocupada y nerviosa y su cuerpo obedecía únicamente a sus instintos más básicos.

Ojalá hubiera tenido algún plan entonces. Ojalá lo tuviera ahora.

III.

Al principio le parece estar flotando en medio de un extraño líquido denso y oscuro. Después, ni siquiera es capaz de sentir por completo su cuerpo, y finalmente, una extraña sensación de ingravidez comienza a hacerse más y más fuerte a su alrededor, mientras un leve cosquilleo le recorre la espalda y despacio, vuelve a recuperar la sensibilidad de sus extremidades, el dolor en el hombro y el pecho. Como si de pronto hubiera despertado de un prolongado letargo.

Cuando abre los ojos, se encuentra así mismo flotando en medio de un enorme espacio vacío y oscuro. Desconcertado y confuso, la pregunta se formula sola en sus labios.

"¿Estoy muerto?"

Al pronunciar las palabras, su voz le suena extraña y ligeramente distorsionada a causa, sobre todo, del sonoro y prolongado eco que retumba por todas partes y se pierde en la distancia.

"No te dolería si estuvieras muerto".

Sobresaltado, Ichigo mira a su alrededor con los ojos muy abiertos. Aunque el sonido es débil, está bastante seguro de que proviene de algún lugar cercano, y a pesar de no poder distinguir nada que no sea aquel interminable espacio hueco, dirige la vista hacia el lugar en el que cree que se ha originado la respuesta la primera vez. Junto inmediatamente delante de él.

"¿Dónde estoy?"

La voz tarda en responder, y por un momento, Ichigo piensa que lo que estuviera allí hace un momento, se ha desvanecido. Irritado, trata de moverse hacia alguna parte, pero le resulta imposible desplazarse más de un par de centímetros.

A lo lejos, sin embargo, comienza a dibujarse una débil silueta que no tarda demasiado en tomar forma, y después de un momento, finalmente Ichigo es capaz de distinguir la imagen imponente y ondulante de Zangetsu materializándose entre las sombras y avanzando en su dirección.

"La pregunta que debes hacerte no es dónde estás, Ichigo, la pregunta es cómo piensas salir de aquí."