¡Aquí os traigo el nuevo capítulo después de haber tardado una eternidad en actualizar! Es más bien corto, pero espero poder tener el siguiente listo esta semana.

¡Espero que os guste y como siempre muchas gracias por vuestros comentarios!

VIII. Revelaciones.

I.

Las palabras de Zangetsu aún resuenan en aquel espacio vacío e interminable.

Salir de aquí.

El eco de su voz lo repite sin más hasta perderse del todo en la distancia, de forma constante y serena. Como si salir fuera la cosa más sencilla del mundo. Como si aquí tuviera algún sentido.

Ichigo vuelve a mirar a su alrededor, siguiendo la cadencia del último sonido. No es capaz de ver ni una sola puerta, ni una ventana. Ni siquiera un maldito agujero hacia el que dirigirse.

¿Salir hacia dónde?

Agotado y desconcertado, Ichigo grita sin más, con toda la fuerza de sus pulmones, tratando de liberar en la medida de lo posible, la inmensa frustración que siente.

Desde el otro lado de la habitación, si es que puede llamar a aquel lugar así, y a relativa distancia de él, el Viejo levanta una ceja consternada y le lanza una mirada reprobable.

"Deja ya de comportarte como un niño, Ichigo".

Al contrario que él, Zangetsu parece poder moverse con total libertad entre la oscuridad del solitario lugar en el que se encuentran, lo que sólo consigue irritar aún más a Ichigo, y avanza hacia su posición con insultante facilidad.

"Ni siquiera se dónde estoy ni que es lo que se supone que tengo que hacer". Ichigo hace un nuevo esfuerzo por desplazarse hacia alguna parte sin conseguir ningún resultado. "Y por si no lo habías notado tampoco puedo moverme".

Envuelto en su habitual ropa negra, con el rostro imperturbable y la mirada penetrante, Zangetsu, en cambio, permanece impasible frente a él.

"¿Es que acaso no recuerdas que fue lo que te trajo hasta aquí?"

Antes de que tenga tiempo de elaborar siquiera una respuesta, Ichigo siente una ligera sacudida en el estómago mientras la imagen de su cuerpo desvaneciéndose frente a una risa distorsionada y unos dientes afilados, vuelve a su memoria.

"Ese maldito hollow".

De pronto, los recuerdos se agolpan desordenados en su mente. El dolor en el pecho, la sensación de ingravidez, su cuerpo desapareciendo entre la lluvia y el acero. La ausencia de Rukia.

Aunque sigue sin poder moverse, nota como tiembla de rabia de la cabeza a los pies, y de alguna forma, el espacio a su alrededor parece oscilar ligeramente.

"Deberías intentar tranquilizarte, Ichigo. Por ahora no hay nada que puedas hacer".

La voz de Zangetsu vuelve a extenderse por todas partes, envolviéndole y obligándole a concentrarse en su situación actual. Ichigo toma un poco de aire tratando de calmarse.

"¿Dónde estamos?"

Aunque sus ojos hace tiempo que se han acostumbrado a la oscuridad, sigue sin poder distinguir nada más que a Zangetsu frente a él y el espacio vació a su alrededor. El Viejo, sin embargo, no parece tener dudas.

"En algún rincón de tu mente".

La respuesta le resulta extraña, y la posibilidad de estar dentro de sí mismo de nuevo, pero en un escenario completamente distinto al de la ciudad torcida confunde momentáneamente a Ichigo, que después de unos segundos y bajo la atenta mirada de Zangetsu, decide no malgastar el tiempo intentando comprender algo que aparentemente escapa a su control, y tratar de concentrarse en lo realmente importante.

"¿Cómo salgo de aquí?" Sin pretenderlo, levanta tanto la voz que las palabras retumban en sus oídos de forma ensordecedora. "No veo otra cosa más que esto". Lo que de hecho, le parece un montón de nada por todas partes. "No hay otra cosa más que aquí".

Zangetsu mira a su alrededor durante un instante y baja un poco la voz, como si quisiera paliar los efectos del molesto eco que Ichigo ha provocado.

"Esto es sólo lo que alcanzan a ver tus ojos, Ichigo. Pero hay mucho más".

Ichigo resopla irritado. Como norma general, agradece la sabiduría que Zangetsu le ofrece, pero está agotado, se le acaba la paciencia, y empieza a sentirse bastante mareado en medio de tanta oscuridad, el sonido repetido de las palabras y el hecho de que sigue sin ser capaz de moverse.

"¿De verdad es necesario que juguemos ahora a las adivinanzas?"

Zangetsu endurece el gesto con severidad, levantando altivamente la barbilla y mirándole por encima del hombro.

"Presta atención y no seas insensato". Ichigo tiene la impresión de que, por un momento, su voz suena más distante de lo habitual. "Debes estar preparado".

Tratando de comprender el significado de esa última frase, Ichigo observa a su compañero inquisitivamente.

"¿Qué quieres decir?"

Zangetsu se toma un momento antes de responder con el mismo tono de voz seco.

"Cuando llegue tu momento de actuar, no debes desaprovecharlo".

Sopesando la gravedad de sus palabras, Ichigo trata de aclarar sus ideas mientras traga con dificultad.

"¿Y que es lo que debo hacer?"

Zangetsu entorna los ojos, y se cruza de brazos, como si estuviera a punto de entrar en una especie de extraño trance.

"Limítate a estar atento a las señales, Ichigo. Por el momento no depende de nosotros."

Aunque Zangetsu parece estar completamente tranquilo, Ichigo, en cambio, nota como todo su cuerpo grita de impaciencia.

"¿Dices que me quede aquí sin hacer nada?" Con la cara roja por el esfuerzo y la rabia, Ichigo pasa unos minutos tratando de moverse, de nuevo sin lograr ningún resultado . "¡Tiene que haber algo más que pueda hacer!"

La respuesta de Zangetsu es automática, asaltando los oídos de un desprevenido y agotado Ichigo.

"Deber tener fe".

Durante un segundo, está casi seguro de que he debido entender mal y balbucea ligeramente hasta lograr asimilar las palabras del Viejo.

"¿Te burlas de mí?" Para exasperación de Ichigo, Zangetsu no mueve ni un solo músculo, y sin pretenderlo, levanta de nuevo la voz, agravando una vez más el desesperante eco. "¡Primero me dices que estoy dentro del monstruo que se ha apoderado de mi cuerpo y ahora me dices que la única solución es tener fe?"

Zangetsu asiente con seriedad, ahora con los ojos completamente cerrados, mientras Ichigo trata de controlar el tono de su voz y de paso, calmar el latido disparado de su corazón que le martillea en el pecho y en las sienes al ritmo de la cadencia repetitiva de las palabras. Una vez disipado el eco y después de unos minutos de absoluto silencio por parte del Viejo, de mascullar entre dientes absurdas protestas, y de tratar de liberarse como una media docena de veces sin resultado alguno, más tranquilo, Ichigo vuelve a dirigirse a Zangetsu con resignación.

"¿Y si no depende de nosotros de quién depende, entonces?"

Zangetsu sonríe a medias, volviendo a abrir los ojos.

"¿A caso no es obvio?"

Ichigo está a punto de protestar de nuevo, cuando las palabras aparecen automáticamente en su mente, chirriando en su cabeza con voz aguda y distorsionada.

Voy a hacerte un favor. Vamos a ir a verla.

"No puede ser".

Un irracional y descontrolado pánico comienza a apoderarse de él, recorriendo su cuerpo inmóvil y exhausto hasta impedir la entrada de aire a sus pulmones.

"Dime que Rukia no va a enfrentarse a ese monstruo".

Sin perder su habitual compostura, pero suavizando el tono de voz, Zangetsu dice en voz alta lo que Ichigo lleva mucho tiempo intentando ignorar.

"Ese monstruo eres tú, Ichigo". Las palabras resuenan más dolorosas de lo que esperaba y comienza a sentir un pitido sordo y doloroso en los oídos. "Es parte de ti al menos".

Ichigo tiene la sensación de que caeria desplomado al suelo en ese mismo instante si pudiera moverse y, en todo caso, hubiera un suelo sobre el que desplomarse.

"La matará".

Su voz es casi un susurro, débil y hueco, y sus manos se cierran con rabia sobre los pliegues de su ropa. Mirándo a Ichigo con calma, Zangetsu avanza hacia él y coloca una mano sobre su hombro.

"Como he dicho, debes tener fe, amigo mío".

II.

Urahara está, ciertamente, impresionado.

No es la primera vez que experimenta la extraña sensación de ansiedad en las pupilas y ese curioso cosquilleo en la boca del estómago que describe tan claramente la expectación que situaciones como aquella le producen, pero cumplidos ya el centenar de años, sufriendo un exilio y preparándose para la próxima guerra, un sentimiento como aquel le parece tan poco ortodoxo que hasta le divierte.

Cuando recogió a Rukia bajo la lluvia aquella primera noche, ya conocía sus habilidades como shinigami, y aunque es cierto que los acontecimientos se precipitaron en su favor mucho antes de lo que esperaba, no había sido una casualidad escogerla entre otros muchos candidatos como medio para ocultar el preciado hougyoku. Aún así, la fuerza que había demostrado poseer su espíritu frente al desgaste que generaba la poderosa esfera en su portadora había sobrepasado con creces todas sus expectativas.

Exactamente igual que aquella noche, en aquel lugar.

No ha pasado demasiado tiempo desde que consintió una pelea que la propia Yoruichi había considerado, y con toda la razón, impulsada más por el orgullo que por el cerebro. Todos los allí presentes sabían que la joven Kuchiki no tenía posibilidades de ganar la batalla pero, aún así, no había podido negarse a su petición. Pese a todo, de ninguna forma pensaba dejarla morir, y Urahara había esperado tener que intervenir al segundo o tercer golpe serio del hollow para evitar daños mayores, y sobre todo, impedir la presencia inmediata de la Sociedad de Almas en aquel oscuro callejón que en ese momento parecía ser el centro del mundo. Sin embargo, Rukia se estaba defendiendo mejor de lo que cabía esperar a pesar de las circunstancias.

Su zampakutoh yacía abandonada a uno de los lados de la calle y la espesa humareda que había provocado su último hechizo hadoh aún no había terminado de disiparse del todo.

Al principio, tanto Yoruichi como él mismo habían considerado que el hollow estaba sólo tanteando las habilidades de la pequeña shinigami, pero pronto había empezado a darse cuenta de que, además de eso, las oscilaciones energéticas del hollow mermaban su capacidad estratégica.

No está seguro de que Rukia se haya dado cuenta, pero lo cierto es que el desconcierto al que se enfrenta el propio cuerpo de Ichigo, hace tiempo que ha empezado a jugar a su favor.

Rukia resopla con dificultad mientras vuelve a incorporarse, y utilizando con habilidad tanto el shunpo como el hadoh, consigue colocarse justo por encima del hollow, invocando con eficacia el Sokatsui y convocando una lluvia de fuego azul que vuelve a levantar los cimientos de la calle, disipando escombros por todas partes.

El golpe, por supuesto, resulta infructuoso sobre el sólido caparazón de su oponente, que responde lanzándole un golpe directo con las manos desnudas que alcanza a Rukia de lleno en el costado derecho, tirándola de nuevo al suelo con violencia.

Yoruichi frunce ligeramente el ceño y aprieta las manos, advirtiendo a Urahara con una breve mirada que no piensa permitir por mucho más tiempo la disparatada situación que prácticamente se ha visto obligada a presenciar, pero el ex capitán de la Doceava División, aparentemente impasible, se limita a tocarse el sombrero, con los ojos fijos en la pelea y fascinado por la extraña evolución del hollow.

Su estructura ósea no ha dejado de crecer, y en aquel momento ocupa por completo su brazo izquierdo, se extiende por su pecho hasta el abdomen, e invade lo que hasta hace poco restaba del rostro descubierto de Ichigo a excepción de su ojo derecho y parte de su boca. Más que decidido a terminar con Rukia parece observarla con curiosidad, como si hubiera apartado momentáneamente su deseo de matarla, y de momento sólo estuviera envuelto en alguna especie de juego masoquista.

Rukia respira con dificultad durante un momento, tosiendo copiosamente y escupiendo sangre al suelo entre jadeos.

"No lo entiendo. Dices que quieres matarme y ni siquiera has intentado atacarme en serio ni una sola vez". Rukia se sujeta con fuerza el estómago, mientras trata de controlar un nuevo acceso de tos. "¿A qué estás esperando?"

El hollow se aproxima riendo entre dientes y levanta su zampakutoh hacia ella en un gesto repentino que impulsa a Yoruichi a dar un salto hacia ellos. Urahara, sin embargo, la sujeta con firmeza por el brazo, deteniendo el movimiento. Irritada, Yoruichi se vuelve hacia Urahara, tratando de soltándose y mirándolo con indignación.

"Kisuke, pero que…"

Con suavidad, pero sin apartar la mano de su brazo, Urahara interrumpe su protesta con voz segura.

"Espera. Sólo un poco más".

Aún abatida por el último golpe, visiblemente agotada, y sangrando aquí y allá, Rukia consigue levantase y dar un par de pasos hacia atrás mientras el hollow avanza hacia ella mecánicamente, hasta que su espalda choca con un muro frío y punzante que le corta el paso.

"¿No crees que esto es mucho más divertido, shinigami?"

La voz suena ahora más distorsionada que nunca, y lo que queda de su boca fuera del alcance de la máscara parece esbozar una sonrisa cuando llega hasta donde está Rukia, débilmente apoyada en la pared y respirando ruidosamente.

"Te dije que sería lento y doloroso".

Sin dejar de sonreír, el hollow acerca su zampakutoh hasta ella, recorriendo despacio su rostro con el filo cortante y amenazador.

"¿Por dónde crees que debería empezar?"

Rukia contiene la respiración, alarmada ante el oscuro tono de voz y los posibles significados que encierra. Echando un breve vistazo a su alrededor, es capaz de ver su zampakutoh tirada al otro lado de la calle, lejos de su alcance, y a Yoruichi y Urahara observando la escena expectantes.

"Tal vez podría tatuar ese delicado rostro".

Con un breve movimiento de la fría hoja, el hollow le deja un corte superficial justo a la altura de su mejilla, y ahogando un gemido, Rukia siente la sangre caliente brotar por su rostro.

"O quizá debería partir en dos ese cuerpo débil y tembloroso".

Desplazando su zampakutoh por el resto de su rostro, Rukia nota como el filo recorre su cuerpo desde el pecho hasta el ombligo, hasta que repentinamente, con un movimiento brusco, el hollow coloca su zampakutoh directamente sobre su cuello, presionando con tanta fuerza que la obligarla a levantar la barbilla y contener la respiración.

"¿Crees que eso le gustaría a Ichigo?"

Decidida a no dejarse intimidar por las palabras vacías del hollow, y haciendo acopio de toda la determinación de la que es capaz, Rukia lo mira directamente a los ojos.

"Deberías preguntárselo tú".

Por un momento, el hollow parece ligeramente desconcertado, y ladeando la cabeza con desgana esboza una sonrisa burlona, dispuesto a seguir el juego.

"¿Y cómo podría hacer yo eso?"

Después de titubear casi imperceptiblemente unos instantes, a voz de Rukia parece recomponerse ligeramente, a pesar de la presión que siente en la garganta.

"Está justo enfrente de mí".

Tras unos segundos de desconcierto, el hollow suelta una carcajada aguda y desagradable que retumba en todos los rincones de la calle, mientras Rukia observa impaciente, incapaz de mirar hacia otro lado por la presión que ejerce la zampakutoh sobre ella.

"Pobre idiota". Inclinándose un poco más hacia Rukia, el hollow la sujeta durante un momento por el pelo, añadiendo aún más presión a su maltratado cuello "¿Cuantas veces tengo que repetirlo para que quede claro?" Con un breve gesto, chasquea la lengua impaciente. "El Ichigo del que hablas ya no existe".

Siendo apenas incapaz de articular palabra, y a pesar de no poder moverse, Rukia insiste, testaruda.

"Te equivocas". El hollow la mira sorprendido. "Ichigo está aquí mismo".

La sorpresa del hollow aumenta ante la insistencia de Rukia, y su determinación parace titubear durante una décima de segundo.

"Lo estoy viendo ahora".

Durante un momento, Rukia cree ver asomar una sombra de duda en el rostro del hollow y casi de manera inmediata, la presión sobre su garganta desciende ligeramente.

"Siento parte de su energía espiritual".

Considerándose parcialmente libre, Rukia recupera parte de las fuerzas que creía perdidas, dispuesta a continuar su discurso con voz firme y decidida.

"Veo su pelo naranja desordenado."

Momentáneamente confuso por el repentino acopio de valor de la shinigami, el hollow la mira desorientado, llevándose una mano a su pelo, y a una parte de su rostro enmascarado.

"Basta".

Rukia consigue incorporarse y avanzar un par de pasos hacia el hollow, que retrocede tambaleante a pesar de seguir empuñando la zampakutoh contra su cuello.

"Estoy viendo sus ojos."

El hollow parece respirar con dificultad, apenas capaz de sosterner su arma con una mano temblorosa.

"Basta".

Pero Rukia insiste.

"Veo…"

"¡He dicho basta!".

Desafortunadamente, el desconcierto sólo dura unos segundos, y esta vez, el hollow decide agarrarla con fuerza por el cuello hasta devolverla de nuevo a la pared en la que la había acorralado segundos antes.

Cerrando los ojos hinchados y enrojecidos, Rukia aguanta el dolor de la sacudida lo mejor que puede, esperando un inminente golpe definitivo que finalmente no se produce. Unos segundos después, al abrir de nuevo los ojos, el hollow continúa mirándola con extrañeza, y le parece que todo está mucho más claro que antes.

"Puedo verte, Ichigo." Con suavidad, Rukia coloca una de sus manos sobre el brazo del hollow que la sujeta con fuerza y esboza un amago de sonrisa. "Se que estás ahí".

De pronto, sin más, y con un ligero chasquido, la estructura ósea sobre la que Rukia reposa sus dedos se rompe, liberando la mano y el brazo derecho con el que el hollow aún la sostiene, y por primera vez en mucho tiempo, Rukia es capaz de sentir el calor que emana el cuerpo de Ichigo.

Desde la distancia, Yoruichi enmudece por el asombro, volviendo la vista hacia un sonriente Urahara, que asiente satisfecho.