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X. Lo que hay detrás de la máscara.

I.

Rukia puede decir, sin temor a equivocarse, que ha cometido muchos errores a lo largo de su vida como shinigami. En el terreno personal y en el campo de batalla.

Algunos de ellos han sido, por supuesto, producto de situaciones impredecibles, y por lo tanto, absolutamente involuntarios: un par de explosiones mal dirigidas aquí y allá cuando aprendía a usar el kidoh, derrotas en los entrenamientos de lucha cuerpo a cuerpo contra sus compañeros por ser demasiado lenta o no lo suficiente astuta, o absolutamente cualquiera de las cosas que tuviera que hacer durante sus primeras semanas como miembro oficial del clan Kuchiki.

Otros errores, sin embargo, habían sido el resultado de decisiones plenamente conscientes que implicaron en todos los casos, equivocarse. Desobedecer al capitán Ukitate la noche que murió Kaien era un buen ejemplo de ello. Como también lo era el traspaso de sus poderes a Ichigo o su permanencia oculta en el Mundo Humano.

Desde el principio, Rukia había sido consciente, entonces, de que lo que estaba haciendo no era lo correcto, pero en aquellas situaciones su corazón y su conciencia no le permitían hacer otra cosa.

Puede decirse, de hecho, que en todas esas ocasiones Rukia había escogido equivocarse, aunque después tuviera que lamentar las consecuencias. Sin embargo ahora, sangrante y exhausta, Rukia considera que esta vez, puede que su decisión la haya llevado por el camino adecuado.

"¿Qué es esto?" El hollow lleva varios minutos en estado de shock, mirándose frenéticamente la mano y el brazo que ha quedado libre de su máscara. Frente a él, Rukia permanece inmóvil con una mezcla de ansiedad y curiosidad oprimiéndole el pecho, temerosa de alejarse de la pared contra la que el le apretaba el cuello momentos atrás, y mirando a su vez su propia mano, la que ha vuelto a tocar por un segundo la piel cálida y llena de vida de Ichigo. "¿Qué me has hecho?"

Incapaz de contestar a una pregunta para la que no tiene respuesta, Rukia niega con la cabeza repetidamente, sumida en el mismo tipo de confusión que puede ver en los ojos de su oponente.

Con la voz llena de rabia, el hollow escupe las palabras en dirección hacia ella a la vez que se sujeta con fuerza la muñeca derecha, como si le doliera con intensidad. Como si no pudiera soportar sentir algo que no fuera la horrible frialdad del caparazón óseo que continúa cubriendo la mayor parte de su cuerpo.

Desde su posición junto a Urahara, Yoruichi continúa estupefacta por lo que acaba de presenciar.

"Increíble". Mirando a su compañera sin abandonar su sonrisa, Urahara se limita a asentir. "¿Cómo es posible que haya roto parte de su máscara sólo con tocarla?"

Mientras se coloca el sombrero de rayas con una mano, el ex capitán ladea un poco la cabeza en dirección hacia donde se encuentran Rukia y el hollow.

"Supongo que su conexión con Ichigo es mucho más fuerte de lo que pensábamos". Se encoge de hombros como quitándole importancia. "Al final la voluntad de Rukia de traerlo de vuelta ha bastado para despertar la parte humana de nuestro querido hollow".

Yoruichi continúa mirando a Rukia impresionada.

"Increíble".

Urahara vuelve a asentir, en un gesto idéntico al anterior, pero esta vez está completamente serio.

"Ahora habrá que ver cómo soporta Ichigo el proceso inverso de conversión".

Yoruichi mira inquisitivamente como Urahara clava la vista en la figura atormentada de Ichigo, que parece retorcerse sobre sí mismo.

"¿Qué quieres decir?"

"Que va a ser doloroso".

Aunque todo shinigami sabe que la transformación de un alma humana en hollow es terriblemente amarga y tormentosa, pocos conocen tan bien como Urahara el proceso contrario, que se da en muy contadas y raras excepciones. Cuando situaciones como esa se producen y un alma como la de Ichigo consigue revertir holowficación, la tortura experimentada por el espíritu hasta que vuelve a humanizarse del todo es, si cabe, aún más intensa.

Respirando con dificultad y abrumada por los gritos agudos que Ichigo apenas es capaz de contener, Rukia siente el impulso de salir corriendo. Por un momento, toda la confianza que había depositado en sí misma, su discurso interior sobre no equivocarse de nuevo y conseguir hacer lo correcto, se tambalea como azotado por un fuerte viento.

"¡Haz que pare!"

Los ojos se le llenan de lágrimas al contemplar la mandíbula desencajada de Ichigo, sus ojos desorbitados, las manos engarrotadas sujetándose con desesperación el abdomen, y empujada por un fuerte instinto, corre hacia él sintiendo el corazón encogido en el pecho. Lo primero que alcanzan a tocar sus manos es la parte derecha de la espalda de Ichigo, que apenas siente su contacto en medio de tantas convulsiones.

Aunque Rukia trata de sujetarlo con fuerza, como si de alguna manera, así pudiese ayudarlo, la diferencia de estatura y de fuerza entre ambos arrastran a Rukia hacia el suelo, impulsada por el golpe que una de las violentas sacudida de Ichigo que propina a la altura de su mejilla izquierda.

Completamente agotada, Rukia necesita unos segundos para recomponerse. Tomando un poco de aire y colocando las palmas de sus manos contra el suelo para ayudarse con ellas a ponerse en pie de nuevo, su movimiento queda interrumpido cuando escucha con claridad, entre los continuos alaridos de Ichigo, el mismo tipo de crujido seco que ya había oído antes.

Casi inmediatamente, la zona del cuerpo de Ichigo cubierta por la máscara en la que previamente había colocado sus manos, estalla en mil pedazos frente a ella, dejando prácticamente todo el lado derecho descubierto. Ahora el brazo derecho al completo, media espalda y parte del abdomen hasta la cadera, vuelven a ser de carne y hueso.

II.

Esta vez, Ichigo es capaz de notar todo el proceso.

Primero, le parece sentir las manos temblorosas de Rukia aferrándose a su espalda apenas el tiempo suficiente de estremecerse. Después, el lugar donde ha sentido el contacto comienza a emanar calor, y poco a poco, primero con un hormigueo y más tarde con un ligero picor, los músculos de la zona comienzan a desentumecerse, hasta que vuelven a pertenecerle del todo.

Aunque su movilidad no ha mejorado sustancialmente, puesto que gran parte de su torso sigue aún bajo la influencia de su hollow, la sensación es asombrosa, y de pronto siente ganas de gritar y reír a la vez.

Sin haberse apartado de su lado ni un momento, Zangetsu se limita a observar en silencio como la respiración de Ichigo se acelera y le cambia la expresión del rostro.

"Voy a salir de aquí". La media sonrisa que se dibuja en sus labios acompaña a sus palabras, que no suenan como una esperanza o un deseo, sino que son fruto de la más pura y simple convicción. "Mi lugar no está aquí dentro, sino fuera".

Zangetsu sonríe.

"Por fin te has dado cuenta".

Ichigo le mira durante un momento con curiosidad.

"¿Por qué dices eso? Siempre he querido salir de aquí".

La voz del Viejo suena sabia y antigua.

"Siempre has querido salir, pero hasta ahora no estabas convencido de poder hacerlo".

Como siempre, Zangetsu tiene razón y ante su aplastante lógica, Ichigo sólo puede bajar la cabeza ligeramente avergonzado. De entre todas las cosas que ha aprendido hasta ahora, la lección más importante de todas es precisamente la única que había olvidado por completo.

Creer.

Ahiora es capaz de verlo con claridad. La importancia de creer en sí mismo y en sus posibilidades, de confiar en que la voluntad lo es todo, de creer en sus amigos, en la gente a la que quiere.

Ichigo sigue apenas sin poder moverse, pero ya no le importa. La convicción que siente es tan fuerte que no es capaz de pensar en otra cosa que no sea en sus ganas de salir de allí.

Creer.

De pronto, rodeado de un brillante halo que se hace más y más amplio, su cuerpo comienza a emitir potentes vibraciones energéticas, sacudiendo el espacio que lo rodea, que ahora parece volverse frágil e insignificante.

Las palabras de Zangetsu resuenan en su memoria con claridad.

Debes tener fe.

Ichigo sonríe, comprendiéndolo todo por fin, convencido ahora más que nunca de que sentirse unido a sus amigos le hace más fuerte.

Y de que ciertos lazos son irrompibles.

La lección más importante de todas.

"¡Rukia!"

III.

El corazón le da un vuelco.

No puede decir con certeza si el Ichigo que tiene frente a ella ha gritado su nombre, pero está segura de haberlo oído. Una voz alta y clara llamándola. Una voz limpia que sólo puede ser la de Ichigo.

"Ichigo".

Sin embargo, no parece que haya pasado nada excepcional delante de sus ojos. Más allá de la última porción de máscara desaparecida, el hollow continúa retorciéndose desquiciado. Aparentemente aún más dolorido por la nueva liberación de otra parte de su cuerpo, continúa respirando ruidosamente y ahogando grito tras grito hasta que no puede más y en un momento determinado cae al suelo de rodillas, exhausto.

"¿Por qué duele tanto?"

Las palabras suenan tan contraídas entre sus dientes rechinantes que a Rukia le cuesta entenderlas, pero cuando consigue asimilar la pregunta, la respuesta se desliza sola entre sus labios.

"Duele porque es real".

Por primera vez en largo rato, el hollow parece dejar de prestar atención a su propio dolor para fijarse realmente en Rukia. Haciendo un gran esfuerzo, consigue articular palabra de nuevo.

"¿De qué estas hablando?"

Rukia se acerca un poco hacia él, con el recuerdo del calor desprendido por el brazo de Ichigo al deshacerse de la máscara aún entre sus manos.

"Estás sintiendo cosas. Sintiendo de verdad". Toma un poco de aire mientras nota como se le forma un nudo en la garganta. "Y los sentimientos duelen".

Asaltado por una nueva punzada de dolor intenso, el hollow tiene que hacer un gran esfuerzo para seguir hablando.

"¿Sen..timientos? Eso no son más q…que estu…pideces"

Sin embargo, apenas segundos después de que las palabras salgan de su boca, un nuevo crujido hace saltar de su brazo izquierdo la espesa estructura ósea que lo cubre, liberando de inmediato esa parte de su anatomía.

"¡Maldi..ción!" Cerrando primero los puños contra el suelo con fuerza y tratando después de alcanzar la zampakutoh que yace abandonada a un lado desde hace tiempo, Ichigo ya no sabe que hacer para detener el torrente de sensaciones que de pronto, comienza a invadir su cuerpo. "Apenas puedo…soportarlo".

El nudo en la garganta que siente Rukia se hace aún más intenso.

"Si que puedes". Dando un par de pasos más hasta colocarse justo enfrente del hollow, que ahora se contraer formando un ovillo con las manos sobre su estómago, Rukia se deja caer de rodillas a su lado. "Estoy aquí, Ichigo".

Antes de que Rukia tenga tiempo de alargar la mano para tocarlo de nuevo, recorrido por una especie de descarga de baja intensidad, el cuerpo de Ichigo tiembla durante un momento, y emitiendo el chasquido que a Rukia le resulta ya tan familiar, el resto de estructura ósea que aún recorría la mayor parte de su torso y su cuello, se hace añicos. Dejando como único resto, la máscara que cubre su cara.

Impresionada por haber contemplado tan de cerca el proceso de liberación del cuerpo de Ichigo, Rukia detiene la mano que había extendido en dirección hacia él, y se cubre con ella la boca, abrumada por la mezcla de sentimientos que experimenta.

Pasados unos instantes, el hollow levanta la vista trabajosamente, y cuando Rukia se encuentra con sus ojos, tiene que hacer un gran esfuerzo por no echarse a llorar allí mismo.

"Rukia". Aún detrás de la máscara, los ojos de Ichigo vuelven a ser los mismos de siempre. "Aléjate". Incluso su voz ha dejado de ser un sonido agudo y estridente, y ahora suena apenas ligeramente distorsionada. "Esto aún no ha acabado".

Rukia trata con todas sus fuerzas de hacer algo, de decir algo, pero de pronto, el cuerpo de Ichigo comienza a emitir una gran cantidad de ondas espirituales, y sin dejarle tiempo para reaccionar, la explosión energética que se produce es tan inmensa que Rukia sale disparada por los aires sin ningún tipo de control.

Debido a la enorme sacudida que experimenta, no llega a ser realmente consciente de su propia situación hasta que nota como una mano firme la sujeta con fuerza, frenando el impulso que la arrastraba hacia la distancia.

Ligeramente mareada, Rukia se ve obligada a parpadear un par de veces para poder fijar la vista de nuevo, y cuando por fin lo consigue, lo que ve no es más ni menos que un inmenso escudo escarlata que surge de la zampakutoh de Urahara y envuelve a Ichigo en su totalidad.

Las manos que la sujetan son, de hecho, las manos de Yoruichi, que le dedica una sonrisa cálida.

"Lo has hecho muy bien".

Unos pasos por delante, y a una distancia prudencial de Ichigo, Urahara susurra unas palabras incomprensibles que al parecer están destinadas a mantener en su sitio la barrera de contención que ha creado.

"¿Qué pasa ahora?"

El agotamiento de Rukia es tan extremo que por un momento cree que va a caerse al suelo allí mismo.

"Ichigo ha entrado en la última fase de reconversión". Urahara le responde con seriedad. "Ahora ya sólo depende de él".

IV.

No sabe muy bien como ha pasado pero de pronto, se encuentra hablando directamente con Rukia.

Aléjate. Esto aún no ha acabado.

Apenas unas palabras que le saben a poco, y el patético intento de apartarla de su lado hasta que todo el extraño proceso al que se ve sometido su espíritu termine. No tiene tiempo para decir nada más porque la última de las convulsiones que experimenta llega acompañada de un temblor mucho más intenso y preocupante.

La energía que emana de su cuerpo parece desbordar todo el espacio, y como si aquel lugar fuera en realidad una gran sala de cristal opaco, a su cabeza y a sus pies, el sitio en el que se encuentra comienza a fraccionarse de forma violenta. Enormes grietas irregulares aparecen precedidas de sonoros crujidos y sacudidas que hacen pensar a Ichigo en una muerte próxima y dolorosa, y siendo incapaz de proteger su propio cuerpo de la avalancha que parece avecinarse sobre él, Ichigo cierra los ojos con fuerza y aguanta la respiración, tratado de prepararse de una forma absurda para recibir los golpes.

Sin embargo, cuando pasados unos segundos amargos no ocurre nada, abriendo primero un ojo y después el otro, entre los continuos temblores y los grandes espacios agrietados, Ichigo se da cuenta de que más que derrumbarse, el espacio, en realidad, se está deshaciendo a su alrededor.

Mucho más calmado, Ichigo observa atento a cada detalle, como progresivamente el azul y el blanco sustituyen al negro, y despacio, el lugar se vuelve luminoso y familiar. Conocido. Y de pronto, sin más, allí mismo, dónde antes solo había un espeso y oscuro abismo, vuelve a estar la ciudad de rascacielos horizontales completamente intacta, surcada por enormes nubes blancas y apacibles.

Ichigo tarda unos segundos en asimilarlo, y de pronto, comienza a reír descontroladamente. Su cuerpo vuelve a pertenecerle por completo y la libertad que siente es tan maravillosa que durante un momento, aturde su mente. El aire le parece más puro, el cielo mucho más claro, y hasta es capaz de apreciar la curiosa belleza de los edificios que están a sus pies y por todas partes.

Frente a él continúa estando Zangetsu, en el mismo lugar que ha estado siempre, y ahora, de nuevo, en el lugar que le corresponde: en el corazón mismo de su recompuesto mundo interior.

Junto a ellos dos además, no muy lejos de él, se encuentra la figura blanca y extraña de su propio hollow.

Aunque su aspecto es más o menos el de siempre, la determinación con la que lo había encontrado la última vez parece haberse esfumado, y mientras respira ruidosamente y sujeta con fuerza la zampakutoh idéntica a la que el propio Ichigo lleva de nuevo en su espalda, su imagen parece volverse cada vez más insignificante.

"¡Estúpida shinigami! ¡Todo esto ha sido por su culpa!"

Lleno de rabia, más que dirigirse directamente a Ichigo, el hollow parece lanzar las palabras al viento.

"Debiste haber prestado más atención cuando estabas metido dentro de mi cabeza". Desenfundando la zampakutoh y acercándose a él, Ichigo esboza una media sonrisa. "Hubieras sabido desde el principio que ella es especial y te habrías ahorrado el esfuerzo". Ichigo juguetea un momento con la empuñadura de su zampakuhoh, sintiendo toda el poder de su espíritu corriendo por sus venas. "Es una lástima". Al verlo aproximarse con su arma en alto, el hollow se pone en guardia. "Ahora yo voy a acabar con lo que ella ha empezado".

El primer choque de aceros es violento y estrepitoso, pero Ichigo está preparado. Con toda la fuerza y determinación de la que capaz, esgrime a Zangetsu contra su adversario, esquivando sus ataques con habilidad y calculando sus movimientos con precisión. Ichigo apenas nota el cansancio de las últimas extrañas y largas horas sobre su cuerpo, y en cambio, el hollow parece cada vez más débil.

El pequeño baile de espadas dura unos minutos más en los que el hollow recibe varios golpes directos y dolorosos, y parece estar apunto de partirse por la mitad.

No esperaba sorprenderse tanto, pero lo cierto es que Ichigo está asombrado de que su pequeña excursión al mundo real y su encuentro con Rukia hayan devuelto al hollow tan debilitado.

"Realmente te ha dejado echo polvo, ¿verdad?".

Ichigo se burla con descaro mientras esquiva sin esfuerzo otro de los ataques, consiguiendo poner más furioso a su otro yo.

"¡Cierra la maldita boca y pelea!"

Separándose hasta una distancia prudencial y tomando un poco de aire, el hollow coloca la zampakutoh en posición horizontal a la altura de su pecho, y sujetándola con las dos manos, invoca el bankai con voz clara y precisa. Momentáneamente alarmado pero preparado para hacer lo mismo en caso de ser necesario, Ichigo observa atento a su adversario. Sin embargo, pasados unos segundos, no ocurre nada. El hollow vuelve a intentarlo una vez, apretando con fuerza las manos y gritando a pleno pulmón, y después otra, y una tercera, pero el resultado sigue siendo el mismo.

Absolutamente ninguno.

Al principio, Ichigo también está sorprendido. Mientras el hollow continua gritando y temblando de rabia ante la inutilidad de sus intentos, se pregunta si él mismo ha perdido la habilidad de utilizar el bankai en medio de tanto salto espiritual y cambios de dimensión. Sin embargo, cuando está a punto de comprobarlo por si mismo, el recuerdo de aquel primer encuentro con el hollow en mitad de su pelea con Kenpachi, vuelve a su memoria, y lo ve todo mucho más claro.

"Es inútil". Ichigo baja su zampakutoh y se acerca con seguridad hacia el hollow. "No podrás invocar el bankai".

El hollow ignora su advertencia.

"No intentes hacerte el listo conmigo". Sus ojos vacíos lo atraviesan con fiereza. "Los dos sabemos que puedo igual que tú".

Ichigo se limita a asentir.

"Es cierto, puedes". Su tono neutro parece inquietar ligeramente a su oponente. "Pero necesitas la zampakutoh adecuada".

Con un gesto brusco, el hollow levanta su arma frente a Ichigo, desconcertado.

"¿Pero de que demonios estás hablando? ¿Es que te has vuelto completamente loco de repente? No hay zampakutoh más adecuada para nosotros que Zangetsu".

Ichigo asiente de nuevo.

"Lo se. Pero esa zampakutoh no es Zangetsu".

Con los ojos muy abiertos y una clara sombra de duda cruzando su rostro, el hollow mira alternativamente a Ichigo y a su arma, que ahora sostiene con mano temblorosa.

"¡No dices más que estupideces! Zangetsu está…"

Las palabras se le atragantan de golpe en la garganta cuando al volver a mirar hacia la espada observa que lo que ahora sujeta entre sus manos no es más que una simple zampakutoh común.

"No puede ser…"

Al verlo mirar con los ojos desorbitados el corriente acero, Ichigo vuelve a revivir de golpe la sensación que sintió el día que pensó que Zangetsu le había abandonado, y por un momento, hasta siente lástima por él.

"Has perdido". Con cuidado, vuelve a guardar a la verdadera Zangetsu a su lugar, firmemente asentada en su espalda. "Ahora vuelves a ser demasiado débil como para ser digno de Zangetsu".

Demasiado débil para arrebatarme mi vida.

No hay ni una pizca de triunfo en su voz cuando susurra las palabras despacio, pero si cierta satisfacción por recuperar, por fin, el sitio que le pertenece dentro del caos extraño y multipersonal que es su mundo interior, y de que las cosas vuelvan a estar como siempre debían haber estado.

El hollow le mira mudo de rabia, sin poder articular palabra mientras ve como se deshace el arma entre sus dedos y su cuerpo comienza a desaparecer, tal y como le había pasado a él la última vez. El proceso, sin embargo, parece ser mucho más rápido que el que experimentó en su propio cuerpo, y a Ichigo apenas le da tiempo de poder decir nada más. Por lo que opta por una sincera y simple despedida.

"Hasta siempre, colega".

El hollow, sin embargo, no parece estar de acuerdo con sus últimas palabras.

"No te equivoques, Ichigo". Sus ojos brillantes son lo último que ve antes de que termine de desvanecerse por completo. "Esto sólo acaba de empezar".

El eco de su voz aún persiste durante unos minutos más después de que el hollow haya desaparecido, y sólo es cuando se hace el silencio, que finalmente Ichigo se siente capaz de respirar con facilidad y calmar el latido de su corazón.

Agotado hasta límites inhumanos, Ichigo busca con los ojos a Zangetsu, que ha estado observando inmóvil y en silencio todo lo sucedido.

"Creo que es hora de volver". Zangetsu asiente, al tiempo que Ichigo esboza una sonrisa cansada. "Gracias por todo, querido Zangetsu".

El Viejo le devuelve la sonrisa.

"Ha sido un placer, amigo mío".

Ichigo cierra los ojos y respira hondo, notando la profunda voz de Zangetsu meciéndole como en un sueño.

V.

Durante unos segundos que le parecen eternos, Ichigo parece haber entrado en un extraño trance. Después de un tiempo indefinido que Rukia no se siente capaz de calcular, finalmente su cuerpo deja de ser una bomba energética en potencia, y la poderoso vibración espiritual desaparece igual que llegó. De forma repentina.

No siendo ya de utilidad, el escudo de Urahara desaparece entorno a Ichigo, y Rukia es capaz de ver con claridad como se desploma de rodillas y sin fuerza sobre el frío suelo.

Deshaciéndose de las manos de Yoruichi, que hasta ahora continuaban sujetándola con firmeza, Rukia corre en su dirección con el corazón desbocado, arrodillándose frente a él, y sujetándole del pecho y de los hombros trabajosamente, para impedir que caiga del todo. Las fluctuaciones energéticas que emana su cuerpo son puras, finalmente alejadas de la contaminación con la que el hollow embadurnaba su espíritu, y aunque Ichigo está semiinconsciente, no hay duda de que vuelve a ser el de siempre.

Guardando a Benihime en su funda, Urahara contempla a Rukia y a Ichigo con una sonrisa.

"Parece que nuestro trabajo aquí ha terminado".

Yoruichi asiente, cruzándose de brazos satisfecha.

"¿Realmente sabías que pasaría esto, verdad?" La sonrisa le baila en los ojos. "Todo eso de seguir a Ichigo de cerca y dejar que Rukia luchara contra él…"

Urahara niega con la cabeza.

"Confiaba en que pasaría esto, pero no podía estar seguro".

Pero Yoruichi continúa, ignorando su repentino arranque de modestia.

"Además está lo del tiempo solicitado al Comandante Yamamoto, ¿y desde cuando utilizas a Benihime como barrera de contención y no de protección?" Ligeramente sonrojado, Urahara hace un gesto vago con la mano y se hunde debajo de su sombrero de rayas. "Hasta nos ha sobrado parte del plazo de veinticuatro horas…".

Levantándole el sombrero con los dedos para mirarle a los ojos, Yoruichi le sonríe con calidez mientras se sujeta con firmeza de su brazo. Urahara sonríe a su vez y dirige su mirada una vez más, hacia el lugar dónde aún permanecen sus dos amigos.

"¿Crees que deberíamos asegurarnos de que los dos están bien antes de marcharnos?"

Yoruichi niega con la cabeza sin soltar su brazo.

"Están bien".

Urahara asiente de nuevo, y sin más palabras, en apenas un breve parpadeo, los dos ex capitanes desaparecen, poniendo rumbo de vuelta al almacén de Urahara.

Encontrándose prácticamente oculta bajo el cuerpo de Ichigo, que sostiene con dificultad, Rukia ni si quiera se percata de ello, centrando toda su atención en Ichigo, que murmura algunas palabras incomprensibles. Aunque parece tranquilo, no termina de despertar, y su rostro aún está escondido en gran parte por la extraña máscara de líneas granates horizontales que lo cubre. Rukia no sabe muy bien que hacer, así que se limita a quedarse allí mismo, de rodillas en el suelo junto a él, sintiendo como el calor vuelve poco a poco a apoderarse de su cuerpo.

Pasados lo que podrían ser minutos o años, Ichigo vuelve a mover los labios, esta vez con más claridad que antes, y al acercarse un poco para prestar atención a lo que dice, Rukia escucha como susurra su nombre. Es un murmullo débil y breve, pero inconfundible. La reacción de Rukia es inmediata.

"¡Ichigo!" Sin pensarlo dos veces se incorpora con brusquedad, abrumada por una extraña sensación mezcla de miedo y expectación. "¿Puedes oírme, Ichigo?

Sus labios vuelven a moverse, y aunque esta vez Rukia es incapaz de comprender lo que dicen, está segura de que Ichigo está cada vez más cerca de recuperar la consciencia.

Tratando de manter la calma y dándose unos minutos para poder pensar con claridad, de pronto, Rukia se encuentra a sí misma observando con atención la grotesca máscara. Aunque no es esencialmente distinta a la que cubría el rostro del hollow, le resulta todavía más extraña verla ahí colocada ahora que el cuerpo de Ichigo ha vuelto por completo a su estado normal. Buscando cambiar de postura, se inclina ligeramente hacia delante con cuidado para asentar con firmeza su mano izquierda sobre el hombro derecho de Ichigo, y ladeando un poco los hombros para encajar el cuerpo entre sus axilas y su torso y hacer de contrapeso con su propio peso, Rukia se ve libre de soltar la mano derecha con la que sujetaba el brazo de Ichigo, y despacio, acerca los dedos hacia él hasta alcanzar su cuello y su mejilla izquierda.

Respirando torpemente, notando un fuerte calor en sus mejillas que la proximidad con Ichigo no hace más que aumentar, e incapaz de escuchar nada más que el latido acelerado de su corazón, Rukia se detiene un momento, asustada ante la idea de poder hacer algo que le perjudique. Justo entonces, Ichigo vuelve a mover ligeramente los labios, como si reacciónara ante su indecisión, y de alguna forma, Rukia se siente empujada a continuar. Finalmente, termina el movimiento que había quedado suspendido en el aire, y con suma delicadeza, coloca su mano sobre la máscara que oculta el rostro de Ichigo.

La sensación es extraña durante un momento. La superficie blanca y granate sobre la que ha dejado posada su mano es mucho más suave de lo que esperaba, y emite una serie de extrañas vibraciones imperceptibles a la vista, pero perfectamente distinguibles al tacto. Al principio, sus dedos se estremecen con una intensa sensación de frío, como si la máscara estuviera hecha de mármol vivo, pulido y gélido, pero poco a poco, toda la zona parece calentarse, y en unos pocos segundos, el frío deja paso a un agradable efecto cálido.

Sintiendo todo el peso de Ichigo sobre los músculos de sus hombros y de su cuello, e incapaz de sujetarlo en esa postura durante mucho más tiempo, Rukia se dispone a retirar la mano para poder recuperar su postura inicial. Es entonces cuando se produce el chasquido, y en apenas un instante, la máscara se quiebra, liberando por completo a Ichigo y desapareciendo frente a sus ojos.

El efecto es enmudecedor, y el estómago de Rukia da un vuelco cuando se da cuenta de que lo que miran sus ojos, lo que su mano está tocando, es realmente el rostro de Ichigo.

Acariciándole suavemente la mejilla con las yemas de los dedos, los sentimientos se le acumulan en la garganta mientras siente la piel de Ichigo en contacto con su propia piel, y durante un momento, a pesar de la flaqueza de sus brazos, le resulta imposible moverse.

De pronto, el peso que aguanta parece aligerarse, y el brazo izquierdo de Ichigo se desplaza con lentitud hasta colocar su mano justo encima de la de Rukia, aferrándose con fuerza a sus dedos.

Su corazón es ahora un tren de alta velocidad y con apenas un atisbo de aire en los pulmones, Rukia observa como Ichigo abre los ojos y la mira directamente, esbozando una débil sonrisa.

"Rukia".

Con la garganta seca y los ojos llenos de lágrimas, Rukia tiene que hacer un gran esfuerzo para poder hablar, y lo único que consigue, de hecho, es emitir un casi imperceptible y patético sonido.

"¿Ichigo?"

Ichigo asiente sin dejar de sonreír, apretando su mano contra la suya, demasiado débil para decir nada más.

Con la certeza absoluta de que Ichigo está realmente frente a ella, sano y salvo, Rukia se echa hacia delante de golpe, rodeándole con sus brazos y hundiendo su cara entre los pliegues de su ropa, a la altura de su pecho. El impulso es tan fuerte contra el cuerpo dolorido de Ichigo que éste tiene que contener un gemido de dolor y hacer un gran esfuerzo para no caer hacia atrás, pero una vez superado el impacto, su cabeza se inclina despacio hacia ella, permitiendo que su barbilla descanse sobre la cabeza de Rukia, y sus manos le acarician el pelo y la sujetan con firmeza, envolviéndola.

Dolorida, temblorosa, aliviada y exhausta, Rukia se deja arropar, reposando sobre el pecho de ichigo con suavidad mientras escucha con claridad el ritmo de su respiración y el latido de su corazón. Y sin fuerzas para nada más, simplemente se echa a llorar.