¡Hola de nuevo! Aquí os dejo por fin, el último capítulo de la historia y también el Epílogo. He decidio actualizarlos a la vez porque no veía mucho sentido separarlos, así que doble capítulo para terminar. Espero haber sido capaz de darle el final que quería para la historia y el que en mi opinión era el más adecuado.
¡Espero que os guste!
¡Gracias a todos por leer y por comentar durante todo el desarrollo de la historia! Ha sido estupendo compartir este fic con vosotros.
¡Saludos y hasta la próxima!
XI. La última pieza del rompecabezas.
I.
Para cuando el primer rayo de sol despunta a lo lejos, y las hojas de los árboles gotean con el frío rocío del alba, todo en aquel pequeño rincón de la ciudad de Karakura parece haber vuelto a la normalidad.
Como si el tiempo hubiera estado adormecido hasta ese momento, la mañana se abre paso de golpe y el aire denso se vuelve, sin más, brisa ligera y refrescante.
Desde lo alto de la azotea en la que se encuentran, a cierta distancia de ese mismo lugar en el que tantas cosas han ocurrido en las últimas horas, y todavía ocultas por las últimas sombras caprichosas, dos siluetas esbeltas y majestuosas permanecen en absoluto silencio. Observando.
La más alta de las figuras, situada a la derecha, respira pausadamente con la sonrisa bailándole en los labios, a pesar de su semblante ojeroso y su larga melena blanquecina. Sus manos permanecen ocultas bajo la confortable capa que brilla plateada por los reflejos del sol y su atención parece vagar de un sitio a otro, buscando el amanecer entre los árboles.
La figura de la izquierda, en cambio, contempla la lejanía con los ojos entrecerrados y la barbilla puntiaguda y altiva, su melena oscura enredada en la exquisita bufanda de seda blanca que lleva alrededor del cuello y que cae hasta los pies, confundiéndose a ratos con el blanco marfil de su propia capa que, a su vez, se agita al compás de viento.
El silencio es absoluto durante unos minutos más, hasta que a unos metros de distancia de ellos, la máscara de Ichigo se rompe con el contacto de las manos de Rukia y el abrazo entre los dos amigos se hace tan íntimo que ambos capitanes comienzan a sentirse, de repente, apenas un par de intrusos.
Apartando respetuosamente la vista, después de haber pasado horas mirando con ansiedad desde la azotea la evolución de la pelea entre Rukia y el shinigami sustituto, Ukitake consigue finalmente relajarse, y se siente agradecido por ello. Con un breve movimiento de cabeza, observa de soslayo como Byakuya se aclara la garganta con pesadez y se da la vuelta, incómodo.
"Este viaje ha sido una completa pérdida de tiempo".
Satisfecho por no haber tenido que intervenir en un combate que se ha resuelto felizmente, Ukitake asiente con suavidad y contiene una sonrisa burlona ante la visible turbación que Byakuya experimenta, sin duda consecuencia de las intensas emociones que parecen flotar alrededor de los dos muchachos aún abrazados.
"Afortunadamente para todos".
Byakuya frunce el ceño y se limita a cruzarse de brazos sin más, obstinado en mantener esa imagen de shinigami presuntuoso y testarudo con la que siempre parece sentirse tan cómodo. Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, Ukitake es plenamente consciente de que cuando se trata de Rukia, el aparente y estudiado disgusto del que Byakuya hace gala habitualmente no es más que el resultado de un profundo afecto y de la más sincera de las preocupaciones por mantener la seguridad de su hermana.
Ese mismo afecto lo presintió el día que el respetable Señor de la Casa Kuchiki se saltó todas las reglas de casta para adoptarla, y lo supo con toda certeza en el momento en el que el orgulloso capitán intervino personalmente para impedir que Rukia siguiera ascendiendo dentro de su División, evitando así que potencialmente pudiera correr más riesgos. Incluso le costó una severa disputa con él la tarde que le informó personalmente de la reincorporación de la joven Kuchiki como shinigami activo al Mundo Real, y por eso, horas atrás, cuando movido por su propia preocupación, Ukitake se había dispuesto a cruzar extraoficialmente el portal intercomunicador de la Sociedad de Almas hacia la Dimensión Humana, no se sorprendió de encontrar a Byakuya allí mismo, esperando en silencio a que la garganta interdimensional se abriera para dejarles paso.
"¿Crees que el chico seguirá dando problemas?"
Sumido en su propia corriente de pensamientos, a Ukitake le cuesta un momento asimilar la pregunta de su compañero, enredada en un tono de voz que le resulta indescifrable.
"Estoy seguro".
Lo dice sin más, con una sonrisa sincera. El chico le recuerda demasiado a Kaien como para no tenerle simpatía, y su aparente facilidad para meterse en todo tipo de problemas no hace más reforzar esa imagen de chico de carácter alegre y despreocupado que siempre admiró tanto de su subcapitán.
"Ya veo". Aunque el tono de Byakuya sigue siendo serio, por un momento, a Ukitake le parece vislumbrar en sus labios, la misma sombra de sonrisa que él aún sostiene. "Será mejor que regresemos". Sin ningún tipo de ceremonia y con un breve y último vistazo hacia Rukia, el capitán de la Sexta División comienza a caminar despacio por la azotea. "Ya no tenemos nada más que hacer aquí".
Ukitake asiente, y sonriendo de nuevo en la distancia ante el perfil entrelazado de los dos amigos, avanza a su vez, siguiendo los pasos de su compañero.
Ni siquiera deberían de estar allí en primer lugar, y aunque ninguno de ellos lo dice, los dos son plenamente conscientes de que entre las obligaciones de un capitán no está contemplado en ningún caso, el tener que vigilar tan de cerca los movimientos de ninguno de los miembros de su división.
De repente, ante ese pensamiento, la imagen del capitán Hitsugaya cruzando el portal interdimensional para ir detrás de su grupo de subordinados aparece en su memoria, y el pensamiento surge sólo y en voz alta de su boca.
"El capitán Hitsugaya, la subcapitana Matsumoto, el subcapitán Abarai, e incluso los tercer y quinto oficiales Ikkaku y Yumichika deben estar todavía aquí…".
Byakuya lo mira de reojo durante un instante, una ceja levantada como única seña de expresividad, dejando meridianamente claro que la idea de que media docena de dirigentes shinigamis anden revoloteando por el Mundo Real en vez de estar cumpliendo debidamente con sus obligaciones, no le hace demasiada gracia.
Probablemente, en su disgusto, el orgulloso capitán ni siquiera se haya incluido en ese grupo del que claramente forma parte.
"Que los dioses nos libren de que ocurra alguna emergencia en la Sociedad de Almas".
El pensamiento casi hace reír a carcajadas a Ukitake, que por un momento se siente tentado a darle una afectuosa palmadita en la espalda a su compañero, dotado de un extraño sentido del humor que ni siquiera él mismo conoce.
Mientras avanzan despacio, las dos figuras vuelven a sumergirse en un confortable silencio que los recubre con un halo de solemnidad milenaria, y finalmente, sus siluetas se pierden entre la neblina que acompaña a las primeras luces del día, desapareciendo tras los brillantes destellos que el sol perfila sobre sus capas blancas.
II.
"No se por qué hemos tenido que arriesgar el culo para llegar hasta esta dimensión si al final lo único que hacemos es estar aquí sentados".
En el suelo con las piernas cruzadas en un extraño ángulo, la espalda arqueada y el ceño fruncido, Renji resopla impaciente, entornando los ojos y ajustándose con firmeza la cinta blanca sobre su frente tatuada. La voz de Zabimaru resuena alta y clara en su cabeza.
Qué me vas a contar.
"Lo de sentados lo dirás por ti".
Situado por encima de Renji, con el cuerpo retorcido en una especie de remolino incomprensible y los brazos anormalmente estirados, Ikaku resopla dolorido, enrojeciendo por momentos a causa del esfuerzo.
"Sinceramente, Inoue, cuando dijiste que íbamos a jugar al juego de las posturas no pensé que se trataría de esto".
Situada aproximadamente entre las manos de Ikaku y al costado derecho de Renji, Matsumoto trata de encontrar la postura adecuada encogiendo el cuerpo y agachando la cabeza, pero con su pierna derecha enredada en el brazo izquierdo de Ikaku y sus hombros prácticamente encajados entre la espalda de Renji y el suelo, apenas cuenta con la libertad necesaria para desplazarse unos pocos centímetros.
"Dejad ya de quejaros y prestad atención". Cerca de la extraña montaña de cuerpos, con una ruleta en las manos y su amplia sonrisa en la cara, Inoue los alienta entusiasmada, gesticulando exageradamente. "Es mano derecha blanco, Rangiku. Tú estás moviendo la mano izquierda".
Al tratar de levantar la cabeza para captar mejor las indicaciones de Inoue, Matsumoto choca contra el cuerpo de Renji, que desestabilizándose golpea sin querer a Ikaku, provocando que éste, a su vez, pierda el equilibrio, y tras una serie de infructuosos esfuerzos, los tres shinigamis caigan al suelo enredados.
"Esto es realmente humillante".
Desde el otro extremo de la habitación, Ishida observa la escena con la boca abierta hablando con apenas un hilo de voz, mientras que Chad, a su lado, se limita a asentir contrariado.
"Un espectáculo lamentable, sin duda". Cómodamente recostado en su asiento, Yumichika apenas se molesta en prestar demasiada atención a sus compañeros, desviando la vista frecuentemente hacia asuntos que le resultan más prioritarios, como el adecuado aspecto de su pelo. "¿Y como dices que se llama este juego?"
Ishida responde mecánicamente, todavía incapaz de creerse que tres de las fuerzas más poderosas de la Sociedad de Almas lleven ya un par de minutos tratando de levantarse del suelo sin éxito.
"Twister". El Quinto suboficial de la Onceava División asiente distraídamente mientras mira como Ishida se coloca las gafas en su sitio. "Era esto o que Inoue cocinara".
Incapaz de hablar y con el rostro contraído en una extraña mueca, el capitán Hitsugaya encuentra la única forma de mantenerse aceptablemente en calma, enumerando mentalmente todas las clases de castigo que se le ocurren, no viendo la hora de regresar a la Sociedad de Almas para aplicarles todos y cada uno de ellos.
Debe de llevar ya una docena en una lista en la que se incluyen, al menos, alimentar a la subcapitana Yachiru Kusajishi durante una semana completa, limpiar el laboratorio del capitán Kurotsuchi, y asistir a clases de protocolo con el capitán Kuchiki, cuando la presencia de Urahara y Yoruichi le devuelve a la realidad.
"Creí que mis instrucciones eran permanecer en la Cámara hasta que nosotros volviéramos".
Con los brazos cruzados en fingido disgusto y la sonrisa oculta por el ala de su sombrero, Urahara mira directamente hacia Ishida, Chad e Inoue, que no pueden evitar, a pesar de todo, sentirse ligeramente avergonzados.
"Tessai sólo nos permitió bajar cuando tuvimos la certeza de que Ichigo había recuperado sus niveles normales de energía espiritual y ya no había ningún peligro".
Lo cierto era que después de la llegada de los shinigamis desde la Sociedad de Almas y una vez superada la sorpresa inicial, todos se habían mantenido muy callados y quietos durante largo rato, pendientes únicamente de sus sensaciones, y guiándose por sus instintos para poder seguir desde esa distancia, la evolución de los acontecimientos.
Sólo cuando Ishida, junto con todos y cada uno de los shinigamis allí presentes confirmaron la desaparición de las oscuras fluctuaciones espirituales en la atmósfera y la vuelta de aceptables niveles energéticos en Ichigo y en Rukia, se sintieron capaces de abandonar la zona de seguridad para encaminarse de vuelta al almacén.
Inoue había querido salir corriendo para buscar a Ichigo, junto con Renji y casi todos los demás, pero Tessai se lo había impedido, considerando que a pesar de todo y por prudencia, debían permanecer allí hasta que Urahara y Yoruichi regresaran. De manera que, ante la firme negativa a la que se unió inmediatamente el capitán Hitsugaya, ninguno se había atrevido a seguir insistiendo.
Fue en ese momento cuando Tessai decidió preparar té, Urura y Jinta retomaron sus tareas, y a Inoue, después de que se le prohibiera taxativamente acercarse a la cocina, se le ocurrió sacar uno de los juegos humanos que Urahara guardaba amontonados en alguna parte del almacén.
"Entonces, ¿todo ha salido bien?"
Soltando de golpe la ruleta de las manos y levantándose precipitadamente, Inoue se acerca hasta Yoruichi entre tropiezos.
"Así es". Yoruichi sonríe con calidez, colocando una mano en su hombro. "Ichigo se ha recuperado del todo y Rukia está perfectamente".
El suspiro de alivio que se apodera de la sala es general, y por primera vez en toda la noche, una reconfortante sensación de calma parece envolverles.
El capitán Hitsugaya hace un gesto afirmativo con la cabeza y se apoya en la pared cruzándose de brazos, recuperando finalmente su semblante habitual.
"Es una suerte para todos, sin duda". Urahara y Yoruichi asienten complacidos. "La Sociedad de Almas será debidamente informada".
Desde el lugar que ocupa, mirando a los recién llegados con impaciencia, Inoue espera hasta ver a Kurosaki aparecer en cualquier momento por detrás de Urahara, que permanece junto a la puerta, pero después de unos minutos en los que no ocurre nada, su corazón se encoge un poquito.
"¿Pero dónde están?"
Consciente de los sentimientos de Inoue, y tratando de ser lo más delicada posible, Yoruichi la rodea con el brazo y le da un pequeño apretón afectuoso.
"Tenían…algunos asuntos que resolver".
Sintiendo las miradas de todos los presentes puestas en ella, Inoue muestra su mejor sonrisa y trata de ocultar el sentimiento de desazón que se apodera de su cuerpo, aunque sin demasiado éxito.
"¿A qué viene esa cara tan larga, eh?" Incorporada finalmente desde el suelo, y en apenas un par de pasos largos, Matsumoto se planta delante de Inoue, colocando sus manos firmemente sobre sus caderas y frunciendo ligeramente el ceño. "Lo importante ahora es que Ichigo está bien". Inclinándose hacia ella y bajando un poco la voz, le guiña un ojo "Ya tendrás tiempo de pensar en lo demás".
Después de mirarlos a todos durante unos segundos, Inoue toma un poco de aire y asiente con determinación, firmemente decidida a olvidarse de sus preocupaciones por un rato y amantenerse tan positiva como de costumbre, así que, sin más, se deja arrastrar del brazo de una hambrienta Matsumoto hacia la cocina, que también empuja a Yoruichi con ellas, con la mente ya repleta de ricas y originales recetas.
Por su parte, Urahara avanza hasta el Capitán Hitsugaya, ignorando deliberadamente a su paso las extrañas posturas que Ikaku y Renji parecen querer conseguir sobre un plástico repleto de círculos de colores, en base a unas indicaciones que Yumichika parece leer con extrañeza sobre una ruleta, mientras Ishida y Chad los miran con asombro.
"Capitán Hitsugaya". Con un breve movimiento de cabeza, Toshiro le da la bienvenida "¿Puede explicarme por qué mi casa está, de repente, llena de shinigamis?"
Sonriendo a medias, el capitán de la Décima División abandona su postura en la pared y se mete las manos en los bolsillos despacio, mirando a Urahara con gesto cordial y resignado.
"Es una larga historia".
III.
Sólo cuando ya no le quedan más lágrimas que llorar y la oscuridad de la noche hace tiempo que empezó a dejar paso a las primeras luces del alba, Rukia se siente con la fuerza suficiente para recomponerse entre los brazos de Ichigo y apartarse de él no sin dificultad.
Despegándose con suavidad de su cuerpo, ligeramente avergonzada, lo poco que queda de ella levanta la vista despacio hasta encontrarse con los ojos de su compañero, que la mira sonriente.
Las palabras se le amontonan en la garganta y mientras nota como el calor comienza a subirle por las mejillas, se levanta de golpe, valiéndose de un impulso y buscando desesperadamente regresar hasta un terreno más seguro y conocido entre ambos.
"Idiota". Ignorando la cara de asombro que Ichigo muestra cuando se incorpora ante ella y recibe un breve golpe de puño en el hombro, Rukia continúa hablando de carrerilla. "Me has dado un susto de muerte. ¿Es que no puedo dejarte solo ni un momento?"
Superados los primeros segundos de confusión, y tras reconocer a la misma Rukia cabezota y peleona de siempre ante él, Ichigo levanta los brazos entre aspavientos, gesticulando exageradamente, y se inclina molesto hacia ella.
"¿Yo? ¿Y que me dices de ti?" Utilizando un tono de voz un par de tonos más alto de lo recomendable, la señala con un dedo acusador. "¿Cómo se te ocurre enfrentarte sólo a un poderoso hollow descontrolado?"
Rukia no está muy segura de si ha sido a propósito o no, pero lo cierto es que la sobrevalorada descripción que Ichigo hace de sí mismo sin ni siquiera pestañear, la deja atónita.
"Oh, por favor." Cruzándose de brazos, a pequeña shinigami gira la cabeza hacia un lado, mostrando toda la indiferencia de la que se siente capaz. "¿Poderoso hollow descontrolado? Ni que hubiera sido para tanto".
Con los ojos muy abiertos, Ichigo balbucea durante unos segundos, enrojeciendo de golpe.
"¿Qué no…? ¿Pero tu has visto todas esas heridas?"
Ignorando la última pregunta, Rukia continúa hablando sin parar con su tono perfectamente neutro, provocando que el enfado de su compañero vaya en aumento.
"Si mi energía espiritual estuviera en perfectas condiciones no me hubieras durado ni un asalto".
Con los puños apretados y la cara congestionada de rabia, Ichigo toma un poco de aire, preparándose para ponerse a gritar. Sin embargo, el ligero pinchazo que siente de golpe en el pecho le obliga a cambiar de idea al tiempo que se encoge ligeramente sobre sí mismo ante la mirada preocupada de Rukia, y una pequeña vocecita en su cabeza le recuerda que siendo su estado aún débil, debería dejar de hacer tonterías.
Respirando lentamente hasta que el dolor pasa, Ichigo comienza a calmarse, y cuando se siente recuperado del ligero imprevisto, en un tono más tranquilo, decide retomar su discusión con Rukia dándole un pequeño giro a la conversación.
"¿Y qué demonios haces aquí si se puede saber?" La repentina pregunta provoca que Rukia, que estaba tan preocupada por él que había olvidado por completo de lo que estaban hablando, lo mire durante un segundo aturdida, antes de clavar los ojos en el suelo ruborizada. "¿No habías decidido quedarte en la Sociedad de Almas?"
La voz comienza a fallarle cuando intenta hablar, y sin poder evitarlo, se ve a si misma mascullando con torpeza delante de él.
"Pues lo cierto es que…"
Tratando de encontrar las palabras adecuadas, Rukia balbucea durante unos segundos que le parecen eternos, mientras Ichigo la mira con interés.
"¿Y bien?"
Consciente de lo ridículo de la situación, y decidida a zanjar el asunto cuanto antes, como miembro orgulloso del clan Kuchiki que es, Rukia toma un poco de aire y levanta la vista de golpe, dejando escapar las sílabas lo más rápido que puede.
"Me han asignado de nuevo a este lugar".
La frase suena tan amontonada en sus oídos que Ichigo tarda un momento en procesar la información, provocando involuntariamente un pequeño silencio incómodo entre ellos. Cuando finalmente vuelve a hablar, su tono ha pasado sin aparente esfuerzo, del reproche a la expectación.
"¿En serio?" Rukia asiente con el corazón disparado. "¿Por cuánto tiempo?"
Para sus oídos, la voz de Ichigo se ha convertido casi en un susurro, aunque no está muy segura de que la sensación sea real, y de pronto, sus ojos parecen iluminar todo el callejón.
"Indefinidamente".
Ichigo traga con dificultad, acercándose un poco más y mirándola con fijeza durante un momento, sin saber muy bien qué decir.
"¿Te duele?"
Las torpes palabras van acompañadas de un movimiento indeciso de su mano hacia su rostro, y aunque no llega a rozarla, Rukia es capaz de sentir el reconfortante calor de los dedos sobre su mejilla magullada.
"No".
Lo cierto es que todos y cada un de los músculos y huesos de su cuerpo se contraen de dolor, pero hace rato que eso dejó de importarle. Ahora, el impulso de avanzar hasta alcanzar el contacto con la mano de Ichigo, que sigue extendida en el aire a escasos centímetros de su cara es demasiado fuerte para ignorarlo, y olvidándose de todo lo demás, empujada por una extraña fuerza, Rukia se mueve despacio hasta alcanzar el roce de sus dedos.
Justo en ese momento, los ojos de Ichigo parecen llenarse de lágrimas, y repentinamente, se deja caer de rodillas al suelo.
"Perdóname". El lamento que sale de su garganta es tan profundo que Rukia tiene que llevarse las manos al pecho para asegurarse de que su corazón sigue latiendo. "Todo esto ha sido culpa mía". Con los ojos cerrados y apretando con fuerza los puños sobre el frío suelo, Ichigo parece estar a punto de romperse en pedazos. "Te echaba tanto de menos y el hollow apareció de repente…Perdóname…No pude pararlo, no supe pararlo..." Incapaz de emitir sonido alguna ante el torrente de sensaciones que desprende el cuerpo de Ichigo, Rukia se limita a mirarlo con los ojos enrojecidos, las manos aún sobre su pecho y el estómago encogido. "No deberías estar aquí, tu sitio está en la Sociedad de Almas lejos de todo esto, tus heridas…lo que te he hecho…"
La repentina necesidad de detener toda esa verborrea sin sentido, hace que Rukia se arrodille junto a Ichigo y le sacuda por los hombros con brusquedad.
"¡Basta!". Más que el breve zarandeo, es su tono de voz lo que hace a Ichigo detenerse de golpe, todavía con los ojos fijos en sus propias manos lastimadas. "Estoy casada de esto". Sorprendido por sus palabras, Ichigo levanta la vista y la mira directamente a los ojos, tratando de descifrar la expresión de su rostro. "El innecesario sentimiento de culpa, tu manía sobreprotectora, todas las excusas…mis excusas". Apartando las manos de sus hombros, pero sin dejar de mirarle a los ojos, Rukia contiene un suspiro. "Estoy cansada de todo eso".
Completamente desconcertado y abrumado por la repentina proximidad de Rukia, la cara de Ichigo es un completo interrogante.
"¿A que te refieres?"
Rukia deja escapar una débil sonrisa.
"¿Es que hay que explicártelo todo?"Abriendo la boca, Ichigo hace un intento por volver a hablar, pero decida a no perder la valentía que ha sido capaz de reunir en apenas unas milésimas de segundo, Rukia le tapa los labios con la palma de la mano, y se incorpora ligeramente hasta poder colocar su rostro a altura del de él. "Quiero quedarme aquí. Quiero quedarme contigo". Su voz es apenas un susurro y estando así de cerca, es capaz de obervar con toda claridad como los ojos de Ichigo se abren exageradamente, sus pupilas se dilatan al máximo y se le acelera el ritmo de la respiración.
Quitando finalmente la mano con la que cubría su boca, e incapaz de mantener por mucho tiempo la fija mirada de Ichigo, Rukia aparta los ojos y aguanta la respiración antes de poder terminar de decir lo que siente.
"Tú me has hecho volver".
Con el corazón finalmente liberado, Rukia deja escapar todo el aire que estaban conteniendo sus pulmones, y sintiendo una repentina oleada de vergüenza, aparta los ojos de Ichigo, que permanece silencioso frente a ella.
Su cuerpo y su mente comienzan a saltar descontroladamente de un estado de ánimo a otro mientras espera algún tipo de reacción por su parte. De la esperanza al desaliento, de la confianza al desengaño, y así sucesivamente hasta que finalmente, un ligero contacto la saca de sus agotadoras reflexiones.
Las enormes manos de Ichigo aparecen repentinamente entre las suyas, que mantiene entrelazadas en su regazo, y las aprietan con fuerza. Rukia levanta la vista y se encuentra de nuevo con el rostro de Ichigo, que parece sonreír casi con timidez.
"Antes o después habría ido a buscarte".
El intenso brillo que desprenden sus ojos y la suavidad de su voz la hace enrojecer de golpe, y cuando está a punto de volver a agachar la mirada, una de las manos de Ichigo se lo impide, viajando desde el lugar que ocupaba entre sus dedos hasta su barbilla, y obligándola con un contacto firme, a mantener los ojos alzados directamente hacia él.
De pronto, sus labios parecen estar tan cerca de los suyos que Rukia apenas es capaz de escuchar nada más que el latido disparado de su corazón y su respiración entre cortada, y dejándose guiar por el suave movimiento de los dedos de Ichigo, Rukia se inclina hacia delante hasta que, finalmente, sus labios rozan los de Ichigo.
El breve contacto inicial la deja sin respiración, y mientras el beso se vuelve más intenso, las manos de Ichigo se desplazan desde su rostro hacia su pelo, hasta rodearla por completo con sus brazos.
La sensación es tan intensa que cuando finalmente se rompe el contacto y vuelve a abrir los ojos, le tiembla todo el cuerpo.
Incapaz de hacer otra cosa que no sea sonreír, Rukia se deja guiar por Ichigo, que la sostiene con firmeza y la levanta con cuidado, sujetándola muy de cerca sin dejar de mirarla y sonriendo a su vez.
Despacio y con las manos entrelazadas, comienzan a caminar por las amplias calles de Karakura, dando la bienvenida al perezoso amanecer que se extiende sobre los tejados y olvidando durante unas horas, que existe el resto del mundo.
Mientras avanzan entre jardines y callejones que van poco a poco llenándose de gente, el único contacto que son capaces de sentir es el de la piel del otro, ell único sabor que guardan sus bocas es el de su beso, y el único sonido que escuchan es el de su corazón. Latiendo sereno y completo.
Al unísono.
