Hola a todos, bueno voy de paso y sin tiempo por lo que les mando una carta via lechuza-net. En fin, creí que no actualizaría tan pronto pero me vi obligada por una amiga ¬¬ pero aja, debo irme a dormir por lo que no puedo hablar mucho. Ya saben que todo HP y co. es de J.k Rowling, que Sirius y yo estamos casados y tenemos un hijo llamado Eriol, que es ahijado de Draco y Rianne. y que vivimos una vida feliz, mientras yo estudio medicina en colombia. Sigh, estoy con sueño y mañana tengo que ir al hospital. asi que cuidense y para todo aquel que me deje un review prometo mandar un mensaje en respuesta asi que si es anonimo por favor dejar el correo, y si no mando un mensaje privado para contestar toda las dudas por falta de tiempo ahora. Sin más, mi pequeño hijo...

Atte:

Andrea Black M.D


Capitulo 2

Segundo Round

Caminó por las calles de Londres sintiéndose muy bien consigo misma. Las botas seguían maltratándose los pies y seguía sin sentir los tobillos pero el notar que Malfoy tampoco estaba pasando por un buen día le animaba de sobremanera. El saber que hasta el Slytherin podía tener un mal día por culpa de la primavera la hacia rebosar de entusiasmo, sobretodo si ella podía burlarse de frente de su suerte. Había visto andar como locas a Parkinson y a Greengrass mientras llamaban a Malfoy a voz de grito, sin importar si estaban en el Londres muggle o no. Se había reído con ganas al notar la desilusión en sus rostros y pensó en que sería más divertido. Dejar a Draco Malfoy seguro de sus acosadoras en la tienda de discos o, en cambio, comentarles anónimamente del paradero de cierto personaje albino.

Saboreó lentamente la idea, para luego descartar la segunda. A pesar de todo, no era tan mala como para fastidiarle tanto la tarde al rubio. Aunque la tentación fuera tan grande y la recompensa mereciera cualquier tipo de represalia posterior. Es que ver a ese engreído rubio escapando de dos patéticas e hiperhormonadas brujas no tiene precio. A lo lejos divisó la entrada de la acogedora librería y sin dudarlo, se dirigió a ella, dispuesta a pasar un buen rato entre los libros.


Entró a la pequeña librería y sintió como el olor a papel le inundaba los sentidos y la relajaba bastante. Se encaminó a la sección de literatura y comenzó a hojear varios autores, decidiéndose por cuales llevaría en esta ocasión. Cuando nuevamente ese olor indescifrable regresaba a ella. Suspiró, soltando todo el aire contenido y trató de pasar por alto el hecho de que Draco Malfoy estaba cerca de ella.

-Granger.-llamó el rubio, tomándola por un codo y obligándola a voltear hacia él. El jersey negro que dejaba entrever parte de la piel del rubio le hacía cosquillas en el rostro, ya que a lo inesperado del movimiento, se había enredado con sus propios pies y había dado a parar contra la muralla que constituía el pecho del joven. Y vaya que estaba bastante bien formado. Alejándose instintivamente cuando el olor de Malfoy le dio de lleno, logró estabilizarse lo suficiente como para no caerse en medio del repentino mareo que le había dado. Lo observó detenidamente por unos segundos, notando como los vaqueros color índigo, junto a la camisa blanca y el jersey negro le sentaba endemoniadamente bien.

A Malfoy todo le queda endemoniadamente bien. Pensó con amargura, para luego reprenderse por estar aceptándose a si misma que él hurón no era desagradable a la vista.

-Bueno Granger, si vas a seguir con tu evaluación, al menos permíteme el placer de la equidad.- comentó en tono burlón, mientras comenzaba a recorrerla con los ojos.

-¿Satisfecho, Malfoy?- preguntó Hermione mientras zapateaba algo exasperada por la sonrisa de suficiencia que tenía el rubio.

-Bastante en realidad, Granger.- contestó Draco con una sonrisa arrogante. -Me sorprende el hecho de que sepas combinar la ropa. Recuerdo perfectamente tu pésimo gusto al vestir. Me preguntó Granger, ¿A que se debe este cambio de apariencia?- dijo el ojigris con notable burla en su mirada.

-Nada que te incumba, Malfoy.- gruñó Hermione, mientras cerraba el libro que tenía entre sus manos y lo apresaba entre sus brazos.

-Eso es cierto, Granger. Pero aún a pesar de ello, siento curiosidad.- dijo Draco con tranquilidad, mientras se encogía de hombros.

-Pero yo no pienso saciar tu sed de chisme, Malfoy.- respondió Hermione exasperada. Se sentía ofendida al notar como Malfoy la observaba y además como le decía en su cara que había sido una mal vestida. Es cierto que en el pasado le había importado un carajo la ropa, y que ahora se había visto obligada a cambiar un poco su forma de vestir, pero tampoco era para tanto.

-Granger.- llamó Malfoy, sacándola de sus pensamientos. Otra vez esa sonrisa petulante en su rostro. -No te hice una pregunta difícil. Por lo que no veo el caso de toda esta demora en contestar.- añadió al saberse dueño de su atención. -Se podría decir que estoy decepcionado. Esperaba que me saltaras con una respuesta, casi recitada en prosa del porqué de tu cambio. Tal y como solías hacer en Hogwarts.- concluyó con su perfecta y burlona sonrisa. Hermione lo miró, fulminándolo con sus orbes cafés, para luego simplemente gruñir como una leona.

-Yo no recitaba las respuestas en prosa, Malfoy.- gesticuló lentamente, como si hablara con un retardado mental.

-Pero poco faltaba para que lo hicieras. Casi parecías un diccionario, Granger.- respondió Draco en el mismo tono, pero sin perder esa sonrisa.

-Si estas aquí para hablar de tonterías, mejor lárgate.- espetó Hermione sin delicadeza y volvió a posar sus ojos en el libro que estaba en sus manos. Draco sonrió burlón y se acercó a la castaña hasta quedar sus labios cerca del oído de la joven.

-Y perderme de toda la diversión que es discutir contigo. Eso nunca.- murmuró Draco para luego alejarse, percatándose del ligero, muy ligero tono rosado que cubría las mejillas de Hermione.

-Déjame en paz.- gruñó Hermione mientras tomaba otro libro del estante y comenzaba a caminar por los pasillos de la librería.

-Ya te dije, Granger. Pasare un rato en tu compañía, al menos siéntete halagada.- respondió Draco mientras caminaba detrás de la joven y sonreía con burla, para luego ver un libro interesante y tomarlo entre sus manos. Leyó el titulo y se lo pasó a la castaña.

-Gracias.- dijo la joven al ver el libro que estaba buscando. -Pero no me sentiré halagada por estar en compañía de un pedante como tú, Malfoy. Mejor vete y busca una distracción en otra parte.- gruñó fastidiada.

-No.- fue la respuesta de Draco, que luego le pasó otro libro a la joven. -Además me estoy divirtiendo aquí contigo.- comenzó a decir Draco con aparente sinceridad. -Estoy conociendo un poco más de la cultura de tu gente.- concluyó logrando que Hermione se detuviera para encararlo y lo viera con una ceja enarcada.

-¿Mi gente?- repitió auto controlándose, viendo asentir al rubio.

-Si, los sabelotodos insufribles. ¿Quién más creías?- dijo Draco, a lo que Hermione solo suspiró desganada. La castaña lo ignoró y se dirigió a la caja a pagar los libros que llevaba y sin decir más, salió de aquel lugar.

Draco la siguió silenciosamente, hasta verla tomar un extraño artefacto muggle, que la llevó calle abajo dejándolo allí, parado como un idiota. Se enojó consigo mismo y con ella por abandonarlo a su suerte en el mundo muggle. En eso escuchó un extraño sonido y se giró para ver otro de esos raros artefactos, solo que este era más bonito y sin ese fastidioso techo amarillo. Una joven mujer lo observaba desde el artefacto, para luego sonreírle coquetamente y guiñarle un ojo. Observó aquel en el que estaba la castaña y como se había detenido en la esquina. Sonrió arrogante. Se divertiría un poco más. Se acercó a la mujer, que lo miraba sonriente, para luego pestañear con coquetería al rubio. Draco sonrió, se aprovecharía de esa muggle para lograr su cometido del día. Fastidiar a granger.

-¿Te llevo?- preguntó la mujer a lo que Draco simplemente sonrió con galantería y se recostó levemente al artefacto, viendo como la mujer le abría la puerta.

-Sigue a esa cosa.- señaló el artefacto donde iba la castaña al tiempo que tomaba asiento dentro y cerraba la puerta.

-¿A ese taxi?- preguntó la mujer mirándolo con lujuria y sin prestar mucha atención a lo que decía.

-Si, a ese taxi.- repitió Draco, mientras una sonrisa se plasmaba definitivamente en su rostro al ver arrancar la cosa que los muggles llamaban Taxi.


Sonrió al encontrarse en ese tranquilo barrio. Pagó el viaje al conductor y descendió con tranquilidad, para luego cerrar la puerta tras de si. Recordaba perfectamente cada detalle de esa calle y todas sus casas. Había pasado muchos fines de semana en ese lugar y como no conocer a todos los risueños rostros de las personas que por allí vivían. Se sintió tranquila y comenzó a caminar rumbo a una acogedora casa. Tocó el timbre enseguida y escuchó una femenina voz desde el interior. Al poco tiempo la puerta se abrió dando paso a una mujer mayor de cabellos canos, ojos cafés y piel blanca con una gran sonrisa en su rostro.

-Mi niña.- dijo al momento que abrazaba a la joven.

-Hola a ti también, Nana.- murmuró Hermione en medio del abrazo. Hacía mucho tiempo que no visitaba a su abuela, y siempre que podía darse una oportunidad, lo hacía. Disfrutaba pasar tiempo con ella y con las personas de ese lugar. Sus viejos amigos de infancia.

-Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que viniste. Te dejaste crecer el cabello un poco más y ahora vistes como una jovencita de tu edad.- comenzó a decir la mujer mientras llevaba a la castaña al interior. –Seguro es por algún muchacho.- añadió mirando con picardía a su nieta. -¿Cómo se llama el susodicho?- preguntó aguantándose las ganas de reír ante el rostro sonrojado y apenado de su nieta.

-Abuela.- chilló Hermione completamente roja, haciendo reír a la mayor para luego contagiarse ella misma de su risa. Ambas caminaron a la sala, mientras Hermione tomaba asiento y su abuela permanecía de pie.

-Acabo de hacer té, hay suficiente para ambas. ¿Quieres un poco, Mione?- preguntó la mayor con una sonrisa a lo que Hermione asintió. La dueña de la casa se encaminó a la cocina al tiempo que la menor observaba todos los detalles del lugar, recordando aquellos inocentes momentos de su infancia. Suspiró, para luego posar su mirada en su abuela que se acercaba con una bandeja donde reposaba un par de tazas, una tetera y un plato con galletas.

En el momento en que la mayor tomó asiento, observó como un hermoso convertible color negro se parqueaba en la entrada de su casa y un joven descendía de él. Frunció el ceño ligeramente. Se le hacía conocido. Detalló sus facciones y le recordó a alguien que había visto en la televisión, pero no sabía de donde.

-Al parecer las estrellas de la televisión ahora rondan por cualquier parte.- murmuró la abuela de Hermione, mientras servía una taza a su nieta.

-¿Qué quieres decir, abuela?- preguntó la castaña mientras tomaba la taza entre sus manos.

-Hay un apuesto joven que aparece en la televisión caminando por esta calle. Me pregunto que buscará.- dijo la anciana mirando al joven que observaba a todas partes, para luego dirigirse a la puerta de su casa.

-Quien sabe. Pero mejor no prestarle atención. Usualmente son personas muy arrogantes.- comentó Hermione sin prestar mucha interés.

-Yo no sé, lo veo algo perdido. Creo que lo mejor será ayudarlo, ya que se dirige para acá.- dijo la mujer mientras se colocaba de pie y se dirigía a la puerta al tiempo que el timbre sonaba.

Abrió la puerta y se encontró con el sonriente rostro del joven rubio. Se dispuso a preguntarle sobre el motivo de su llegada cuando escuchó pasos tras de si. Era Hermione. En ese momento la mirada del rubio se iluminó y su sonrisa se ensanchó. La mujer mayor enarcó una ceja y carraspeó levemente llamando la atención, para luego voltearse a ver a su nieta que estaba parada boquiabierta a pocos pasos de ella.

-Hermione.- murmuró Draco, haciendo que la castaña soltara un grito ahogado al tiempo que su ceño se fruncía, y que la señora lo observara fijamente. -Amor, ¿por qué no me dijiste que venías para acá? Me sentí muy triste al notar que no ibas a llegar a tomar el te conmigo.- dijo Draco mirando con reproche a la castaña que lo observaba incrédula y apunto de halarse los cabellos.

-Ma…-comenzó a decir cuando la voz de su abuela la interrumpió.

-¿Amor?- preguntó la mujer observando detenidamente al joven y detallando su vestimenta y su aspecto general, para luego simplemente sonreírle. Era un muchacho muy apuesto. Hermione tenía muy buenos gustos.

-Amor, ¿Aún no le has dicho?- preguntó Draco haciendo un puchero con los labios, para luego negar en silencio con la cabeza antes de colocar una sonrisa deslumbrante. -Bueno, creo que tendré que presentarme yo mismo.- dijo Draco al tiempo que hacía una leve reverencia como un caballero medieval, lo que hizo sonreír encantada a la abuela de Hermione, para luego enderezarse. -Mi nombre es Draco Malfoy, y soy el actual novio de aquella encantadora señorita.- sentenció Draco con una sonrisa amable ante la incrédula mirada de Hermione.


Hermione se pellizcó el brazo por cuarta vez en esos cinco minutos que habían pasado desde que Draco Malfoy había puesto un pie en la casa de su abuela. Nunca pensó verse envuelta en una situación tan irreal como en la que esta ahora sumida. Ni en sus peores pesadillas se había visto compartiendo la hora del te con el personaje más odioso de su generación, mientras que ese imbecil engañaba a su abuela contándole de un noviazgo que no existía.

Suspiró una vez más al notar, por cuarta vez, que eso no era un sueño.

-¿Qué sucede querida?- preguntó su abuela mientras servía otra taza de te.

-Si amor, estás actuando extraño. Vas a preocupar a la señora Granger.- dijo Draco mientras la miraba con preocupación. Hermione se sintió asqueada. El condenado hurón tenía dotes innatas de actor, que si ella no lo conociera tan bien, también le creería esa preocupación que aparentaba sentir hacia su persona.

-Draco, Cariño.- dijo la señora Granger mientras le regañaba dulcemente con la mirada. -Ya te dije que me llames Clarice.- corrige con dulzura la mujer mayor, a lo que Draco sonríe condescendiente.

-Lo tendré presente la próxima vez, seño... digo, Clarice.- dice Draco, para luego recibir una sonrisa por la anciana y un bufido por parte de Hermione. -¿que sucede amor? Me estás comenzando a preocupar ¿Te sientes mal?- preguntó Draco con mayor preocupación, falsa preocupación se recordó la castaña en silencio. Vio como su abuela abría la boca para hablar por lo que decidió cortarla.

-Estoy bien Nana. Solo me siento un poco indispuesta, últimamente las cosas se han dado demasiado rápido.- dijo mirando asesinamente a Draco.

-Tienes razón, Amor. Ha sido muy duro todo lo que hemos vivido en los últimos meses.- comenzó a decir el rubio, lo que logró que Hermione rodara los ojos. ¿Quién sabe que cosa se inventaría Draco Malfoy ahora? Había sido imposible corregir a su abuela de la mentira dicha al principio, al verla tan emocionada y sin posibilidad de articular palabra al verse envuelta en un abrazo junto con su "novio". -El tener que luchar contra mi familia y tus amigos ha sido una carga muy pesada para ti.- continuó dramáticamente Draco, a lo que Clarice soltó un grito ahogado, mientras se llevaba sus manos a la boca. -Si, todo el mundo esta en nuestra contra por nuestro amor, pero hemos luchado arduamente para salir adelante. Y ahora las cosas parecen mejorar para nosotros, ya que llevamos dos meses viviendo juntos.- concluyó lanzando una mirada de falso orgullo hacia la castaña que sentía que en cualquier momento regresaría todo el contenido de su estomago.

-Con que esa era la razón de tu "Independencia", ¿no es así Mione?- la miró su abuela con suspicacia. Y la joven no pudo hacer nada más que suspirar. Estaba metida en esa mentira hasta el cuello y se veía imposibilitada de salir bien librada de allí. -Te habías ido a vivir con tu novio y no habías tenido la decencia de venir a presentármelo.- la regañó su abuela, haciendo que la joven se removiera incomoda.

-No la culpe a ella, Clarice.- interrumpió Draco, mirando fijamente a Hermione, que estaba al borde de la locura. -Yo fui quien le pidió que no nos presentara hasta ahora.- añadió mientras aparentaba tragar saliva con nerviosismo. Rayos, hasta para aparentar eso era bueno. Condenada serpiente rastrera.

-¿Y eso porqué, Draco?- preguntó Clarice mirándolo fijamente.

-Porque tenía miedo de lo que usted pudiera pensar de nosotros. Todo el mundo nos ha dado la espalda y usted es una persona muy importante para Mía y nunca intentaría hacer algo que la alejara de usted.- respondió Draco con seguridad, haciendo que se le aguaran los ojos a la dueña de la casa.

-Que dulce de tu parte. Pero nunca me atrevería a separarlos.- dijo Clarice con una mirada soñadora. -Se nota lo mucho que se aman el uno al otro. Y son unos tontos los que les ponen tantas trabas a su amor.- añadió mirándolos con cariño.

-Gracias, su apoyo es muy importante para nosotros y ojala todos pensaran como usted.- dijo Draco con una sonrisa. -Clarice, ¿podría indicarme por favor donde esta el baño?- preguntó Draco mientras se levantaba galantemente a lo que la anfitriona le indico la dirección y sin perder tiempo se perdió entre los pasillos de la casa, dejando a ambas mujeres Granger solas.

-¿Y Bien?- preguntó Clarice mirando con suspicacia a su nieta que se veía incomoda.

-¿Y bien qué, Nana?- preguntó de regreso tratando de no decir nada y negándose a si misma que eso en verdad estuviera pasando. Se pellizcó una vez más y por quinta vez recordó que eso no era un sueño.

-¿Desde cuando son novios?- preguntó la mujer mayor con curiosidad. –¿O más bien, desde cuando se acuestan?- preguntó rápidamente la mayor, haciendo sonrojar abruptamente a la castaña que soltó un gritito.

-¡Nana!- exclamó avergonzada.

-¿Qué?- preguntó extrañada su abuela. –Llevas dos meses viviendo con tu novio, no creerás que soy tan ingenua como para pensar que en ese tiempo solamente han dormido en las noches.- recriminó su abuela para luego sonreírle con dulzura. –Sólo quiero saber si pronto seré bisabuela o no.- añadió mientras observaba con ojo crítico a Hermione, que estaba al punto de colapsar. Rogando que algún ente superior se apiadara de ella, escuchó pasos e inmediatamente la figura del rubio apareció en la habitación. Draco tomó asiento justo al frente de ambas mujeres y sonrió con algo semejante al nerviosismo, lo cual preocupó demasiado a la joven castaña.

-Clarice, creo que es momento de decirte la verdad.- Dijo Draco para luego soltar un suspiro y mirar con "complicidad" a Hermione. Ambas mujeres posaron sus ojos cafés sobre él, una mirándolo con curiosidad y la otra completamente asustada ante lo que la mente de Malfoy podría idear.

-¿Verdad? ¿Cual verdad, pequeños?- preguntó la mujer con curiosidad. En ese momento, Draco se coloca de pie y se acerca a donde esta Hermione, para luego arrodillarse frente a ella. Su semblante se veía nervioso y hasta unas cuantas gotas de sudor perlaban su rostro. Por merlín, pensó Hermione en su fuero interno, este debía ser el mejor actor del mundo.

Draco luego posó sus ojos sobre la dueña de la casa como pidiendo permiso, a lo que esta asintió. En ese instante dejó escapar un suspiro y se volteo para ver a la castaña y tomar sus manos con delicadeza.

-Hermione y yo estamos esperando un niño. Suponemos que nacerá para finales de este año. Para ser más precisos, en Diciembre.- sentenció haciendo que ambas se quedaran mudas de la impresión.

-Dra...-comenzó a decir Hermione tratando de recuperarse de la impresión. De todas las cosas que había pensado, nunca se imaginó escuchar a Draco Malfoy decir que estaba esperando un hijo con ella.

-Amor, tu abuela merecía conocer la verdad. Sobretodo ahora que pienso pedirte lo siguiente.- sentenció con convicción, ante la mirada conmocionada de Hermione. -Hermione Jane Granger, ¿Quieres casarte conmigo?- dijo Draco mientras sacaba una pequeña caja de terciopelo verde, la cual abría dejando ver un hermoso y sencillo anillo de compromiso, siendo esta la ultima imagen que Hermione vería antes de desmayarse.


Comenzó a abrir sus ojos y vio que se encontraba en la casa de su abuela. Observó toda la habitación y solamente estaba ella. Suspiró tranquila. Todo había sido un sueño. Un sueño muy vivido, pero al fin y al cabo un sueño. En ese momento vio como su abuela se acercaba a ella, y al verla despierta corría a abrazarla.

-Mi pequeña, mi pequeña Mione.- murmuró entre sollozos. Hermione le devolvió el abrazo sin entender bien lo que sucedía. -Que alegría has dado a este viejo corazón.- añadió entre lágrimas. -Bisabuela, voy a ser bisabuela.- murmuró su abuela separándose un poco más, para depositar un beso en su frente sin notar la petrificada expresión de Hermione, que sentía sus fuerzas menguar nuevamente. Sintió como perdía el equilibrio nuevamente y como su abuela la abrazaba con fuerza.

-Veo que los mareos te están dando duro. Draco me comentó que acabas de pasar tu primer mes de embarazo. Tranquila, pronto los vómitos y nauseas cesaran.- dijo su abuela con una sonrisa dulce, mientras le acariciaba los cabellos.

-Nana… ¿Dónde esta Draco?- preguntó en un hilillo de voz.

-Draco esta en la cocina, ya viene para acá.- respondió Clarice, para luego sentir como el rubio ingresaba en la habitación.

-Que bueno que ya despertaste, Amor. Nos tenías preocupados.- dijo Draco mientras se acercaba con un poco de te y le pasaba la taza a la castaña que lo miraba con los ojos entrecerrados.

-Hermione, ¿No hay algo que quieras decirle a Draco?- preguntó su abuela, mirando fijamente a la joven, a lo que la aludida frunció el ceño.

-¿Algo como qué?- preguntó Hermione a su vez.

-Como la respuesta a su propuesta de Matrimonio. Te desmayaste antes de responder.- dijo su abuela mientras sonreía con diversión a lo que Hermione recordó la fatal pregunta. Draco la miraba justo al lado de su abuela, esperando pacientemente por la respuesta. Estaba hundida en esa mentira a la que no podría salir fácilmente, pero al menos algo podría inventarse luego.

-Si, Draco. Acepto casarme contigo.- dijo la joven para luego suspirar, notando como su abuela soltaba un grito de emoción y como el rubio se acercaba hasta donde ella para colocar la argolla en su dedo y sonreírle como él solo sabía hacer. Suspiró con cansancio. Estaba agotada mentalmente y la tarde apenas acababa de empezar. Draco se acercó para depositar un beso que aparentaba ser en los labios, pero que era en la mejilla, aprovechando el descuido de la mayor, para luego susurrarle algo al oído a la joven.

-Este es el desquite por lo de Pansy y Astoria.- murmuró Draco al oído, para luego alejarse y mirarla con falsa devoción. Con que de eso se trataba todo. Bueno, pronto ella tendría su propio desquite y lo disfrutaría mucho más que el hurón que tenía al frente.