-Hola a todas mis madres. Y otras, no tan madres.- saluda Andrea, al momento de entrar con un vientre de 31 semanas, junto a un pequeño niño. -Vengo a saludarles luego de un retiro forzoso, al cual aún estoy sometida. Ya que perdí una de mis batallas con Sirius.- añade mientras ríe nerviosa. –Saluda a los lectores, amor.- dice Andrea mirando dulcemente al menor.

-Buenas.- dice el pequeño Eriol con una sonrisa inocente, que hizo que Andrea se agachara y lo abrazara emocionada.

-Para resumir las cuentas, perdí una pequeña discusión y me tocaba pagar la cuenta de mi conexión a Internet, pero se me olvidó hacerlo, por lo cual me cortaron el servicio y estoy a la espera de que nuevamente me coloquen el servicio.- explica para luego dejar salir un suspiro pesaroso, una vez superada la emoción pasada.

-Pero por fin les traigo el Cuarto Round de esta historia, y de noticia de último minuto, decidí colocar un último capitulo, porque sino, perdería la emoción el asunto. Así que aquí les dejo con este cap y esperen en el transcurso de esta semana, el Knock Out.- dice Andrea con una sonrisa. -Pero ahora me tengo que ir, ya que tengo que irme al hospital. Tengo clases. Nos vemos pronto.- se despide, para luego marcharse junto al pequeño.


Capitulo 4

Cuarto Round


Y allí estaba, con sus mejores amigos mirándola casi sin verla y con los ojos desorbitados, mientras el causante de todos sus males estaba sudando frío a su lado. Sonrió nerviosa, y notó como sus ceños se fruncía. Tomó su bolso con un movimiento rápido, y lanzándole una mirada suplicante a Luna, se levantó apresuradamente, tomando del brazo al rubio, antes de salir corriendo hacia la parte restringida del café. Cerró sus ojos y tomó todo el aire que podría antes de apresurar un poco más el paso.

-Apresúrate Malfoy, que en tres, dos, uno…- dijo Hermione mientras se escabullía entre la gente y lograba ingresar a la cocina, seguida de Draco.

-¡HERMIONE!- se escuchó el grito que retumbó en todo el lugar.

-Tenemos que escondernos en algún lugar, o nos encontraran.- dijo Hermione mientras observaba a todas partes, para luego divisar a David y apresurar todo lo que las malditas botas daban. Notó como el rubio había llegado a donde estaba David, dejándola prácticamente atrás. Desgraciado de piernas largas, ya se desquitaría luego de ello. Ahora se arrepentía de no haberlo dejado con Harry y Ron para que lo despedazaran vivo.

-David.- llamó a dos metros de distancia, para luego casi saltarle encima. -Escóndeme de esos dos, por favor.- pidió, mientras le miraba con ojos suplicantes, haciendo que el joven suspirara y asintiera.

-Esta bien, pero me debes una bien grande.- respondió el mesero, mientras la tomaba del mano y comenzaba a caminar.

-¿Y yo qué, Granger? ¿Me vas a dejar para que me atrapen los neardentales de tus amigos?- preguntó enojado Draco mientras la agarraba del otro brazo.

-Cómo si me importara lo que pasara contigo, idiota.- exclamó enfadada. -Al fin y al cabo, fue tu culpa que todo esto pasara.- añadió al tiempo de verse adentro de un pequeño cuarto que funcionaba como cambiador.

-Cállense, o de todas maneras los encontrarán.- les reprendió David. -Yo les vendré a buscar una vez se hayan ido tus amigos, Mione.-añadió para luego salir, dejándolos encerrados en un cuarto de 2 por 2 metros. Una vez se fue el joven, Hermione sacó su varita y cerró mágicamente la puerta y silenció el cuarto.

-¿Cuántas veces te dejaron caer de pequeño para que llegaras a ser lo que eres ahora? O, ¿Fue que naciste así de imbécil?- preguntó enojada mientras lo miraba con los ojos fijos. -¿Cómo mierda se te ocurre decir esas cosas frente a Harry y Ron?- añadió mientras comenzaba a caminar en círculos, y se llevaba ambas manos al cabello.

-Y yo acaso iba a saber que Potter y la comadreja se iban a aparecer en ese momento. Ni que fuera vidente.- exclamó Draco en su defensa. -Aparte, ¿Quién rayos es ese que te llamó Mione?- preguntó mientras fruncía el ceño.

-Que te importa, Malfoy. Eso no es de tu incumbencia.- respondió tajante al tiempo que levantaba levemente el mentón y seguía andando en círculos. -Y tanto que hablabas de tu ojo interior, y este no pudo indicarte que no debías abrir esa bocaza que tienes. Pero claro, como el señor carece de sentido común, dejemos todo a sus dones como adivinador heredados de las muy calificadas enseñanzas de Trelawney -añadió con veneno en su voz.

-No te metas con mi sentido común, Granger.- siseó Draco mirándola furioso, como en los tiempos del colegio.

-¿Qué piensas hacerme, Malfoy? ¿Hechizarme? ¿Golpearme?- preguntó mientras enarcaba una ceja y lo miraba burlonamente. -Malfoy, Malfoy. Puedes intentar lo que quieras, pero sabemos que en cuestión de hechizos te llevo un mundo de ventaja. Y con respecto a la fuerza bruta, dudo que tengas los cojones para levantarme una mano y salir bien de ello.- sentenció mirándolo seriamente.

-¿Por quién me tomas, Granger?- preguntó mientras la miraba seriamente. Ese último comentario le había herido, aunque no lo quisiera admitir. -No soy un mal nacido como para pegarle a una mujer, por más insoportable que sea.- dijo mientras se cruzaba de brazos y la miraba fijamente, para luego simplemente girar su rostro y mirar a la pared.

Hermione se detuvo y lo miro fijamente, notando su expresión taciturna. Realmente no había esperado esa expresión afectada en el rostro de Malfoy una vez las palabras abandonaron su boca, para luego ser cubiertas por una mascara de seriedad e indiferencia antes de dar su respuesta. Había sido un segundo, un mísero segundo y había notado como su insinuación a la violencia le había dado duro en el orgullo, pero no de la manera que ella quisiera. Realmente Malfoy había cambiado para bien con el paso de los años, aunque aún hubiera un millón de cosas que seguían siendo un desastre en él. Y al admitir esto, también tendría que admitir que había sido dura con él. Maldito remordimiento y maldita culpa. Llegaban de golpe para atormentarla un poco más en su momento de crisis.

-Malfoy, yo…-comenzó a decir, cuando escuchó pasos que se dirigían al cambiador. Se calló abruptamente y espero a que los pasos se detuvieran por completo y comenzaran a escucharse golpes a la puerta.

-Mione, soy yo.- se escuchó una voz al otro lado, tranquilizando a la castaña, quien quitó rápidamente todos los hechizos.

-David.- dijo al tiempo que abría la puerta y abrazaba fuertemente al joven. -Gracias, gracias, mil veces gracias.- dijo rápidamente, al tiempo que depositaba besos en la cara del mesero, quien reía suavemente. Draco observaba la escena desde una distancia prudente, con el entrecejo fruncido, y la mirada fija en el muchacho que sostenía suavemente a la castaña.

-De nada Mione.- respondió David, al tiempo que miraba al rubio con una sonrisa en su rostro. -Ahora, tienes mucho que explicar. Creo que es lo mínimo que me merezco.- añadió al tiempo que se separaba y la observaba con una ceja enarcada.

-David, te prometo que luego te explico bien, pero ahora no es un buen momento.- respondió la castaña mientras guardaba su varita disimuladamente en su bolso. Gracias a Dios que David era algo despistado.

-Ah no, Mione. Si no me piensas contar, al menos me tienes que recompensar de alguna manera.- dijo David con una sonrisa picara, la cual logró que el ceño de Draco se frunciera aún más. -Y creo que sé la mejor manera de hacerlo.- añadió al tiempo que se acercaba a la joven y se disponía a susurrarle algo al oído.

-Mantén tu distancia.- murmuró Draco con la barbilla tensa y agarrando el brazo del muchacho.

-Ahh, sabía que esta táctica iba a funcionar.- exclamó alegre David, al tiempo que se acercaba a Draco. -Mione, creo que me conformare con un pago en este instante. Olvidaré todo lo que pensaba preguntarte si me dejas a este bombón por el día de hoy. ¿Qué dices, rubio?- agregó logrando que los ojos de Draco se desorbitaran, y lo soltara rápidamente, para luego dar dos pasos atrás.

-Aléjate de mí.- ordenó Draco al tiempo que se alejaba otros dos pasos más, al ver que David se acerba a él. Giró su rostro y vio la expresión risueña de Hermione, lo cual lo enojó. -¿Piensas quedarte ahí, Granger? Haz algo, por merlín.- dijo Draco a la castaña al verse prácticamente pegado a la pared.

-¿Debería? Te veo bastante bien, Malfoy.- respondió Hermione con una sonrisa, pero al ver que David iba en serio, se acercó a donde estaban los dos hombres. -David, deja a Draco. No está en tu liga.- dijo Hermione, al momento que halaba suavemente el brazo de su amigo, sin darse cuenta de la forma en que lo había llamado. -Otro día prometo recompensarte, pero déjalo en paz, si no quieres meterme en más problemas de los que ya tengo. Su mamita podría venir a buscarme si descubre que le he hecho algo a su pequeñín.- agregó con tono melodramático y burlón, lo cual hizo que el rubio bufara.

-Otro día no será lo mismo.- se quejó David tercamente. -Quien sabe cuando volveré a ver un monumento como este.- agregó al tiempo que miraba descaradamente a Draco, lo cual lo hizo sentirse más incomodo y enojado de lo que ya estaba.

-No esperes volverme a ver por aquí, muggle.- murmuró Draco con desdén.

-¿Qué dijiste, Malfoy?- preguntó Hermione mirándolo con el entrecejo fruncido.

-Nada, Granger.- respondió mordiéndose la lengua. Estaba en desventaja y no podía hacer comentarios fuera de lugar. Al fin y al cabo, Granger lo había salvado de ese ser de dudosa procedencia, dudoso genero y dudosa especie. Si, todo dudoso, porque era demasiado para su comprensión. -Granger, vamonos antes de que a la comadreja y a Potter se les den por regresar.- dijo intentando irse de ese lugar lo más pronto posible. No quería estar un segundo más donde su integridad física y psicológica estuviera en riesgo. Hermione estuvo de acuerdo con lo dicho por el rubio, y sonriendo levemente abrazó a su amigo mientras le agradecía la ayuda.

-Me tengo que ir, David. Nos veremos mañana, cuando las cosas estén un poco más calmadas.- se despidió apresuradamente, al sentir la insistente mirada de Draco en su nuca, que la taladraba inmisericordioso.

-Ya, ya. Larguémonos antes de que las cosas se pongan peor.- gruñó Draco mientras comenzaba a caminar rumbo a la salida, y halaba a Hermione por el brazo. -Hasta nunca, muggle.- se despidió Draco por cortesía, al notar la enojada expresión de la castaña, y sin prestarle atención a la mirada desconcertada de David. La arrastró por el pasillo, mientras que miraba a todas partes buscando alguna persona, y abrazando rápida y fuertemente a Hermione, se apareció en un conocido lugar.

Hermione se había sorprendido por la acción de Draco, pero una vez sintió la aparición conjunta, se aferró un poco más fuerte a él. Al fin y al cabo, no sabía a donde pensaba llevarlos la inconciente mente del rubio. Una vez terminada la aparición, se quedó abrazada a él unos instantes más, para luego soltarlo bruscamente, mientras se reprendía por estar pensando que el perfume de Draco era el apropiado para las sensaciones que su figura transmitía. Caminó alejándose del rubio y observando el lugar donde estaban y no pudo evitar enarcar una ceja.

-¿Aquí?- preguntó Hermione, señalando el amplio bosque que los rodeaba. -No se te pudo haber ocurrido otro lugar. Por ejemplo, uno cercano a la civilización.- añadió sarcástica al reconocer el lugar. Era el mismo bosque donde se había realizado el mundial de Quidditch y al que había regresado junto a Harry y Ron, cuando estaban en su búsqueda de Horrorcruxes, claro que esto último no lo sabía el rubio. Suspiró enojada, pero luego se obligó a tranquilizarse. Al menos estaban en un lugar que jamás pensarían Harry y Ron, a parte, conocía los alrededores bastante bien, y cualquier cosa que quisiera intentar el rubio, podría ser neutralizada.

-Eres una malagradecida, Granger.- dijo Draco mientras la miraba con el entrecejo fruncido. -Luego de haberme tomado el trabajo de pensar en un lugar donde ni tus amigos, Astoria o Pansy nos encontrarán, y de haberte traído conmigo, me lo agradeces con esa lengua afilada que tienes. Que decepción.- añadió mirándola fijamente, recalcando y siseando al mencionar la palabra amigos y haciendo que Hermione se mordiera el labio para luego verle tomar aire. Él tenía razón. Rayos, estaba completamente de acuerdo. Él le había quitado el peso de pensar un lugar donde sus amigos podrían encontrarla, y la había traído con él, porque muy fácilmente pudo haberla dejado tirada en el café y que ella se las ingeniara para escapar y explicar la situación a Harry y Ron. Tomando aire, y disponiéndose a ser justa, habló.

-Gracias, Malfoy.- murmuró mientras esquivaba el contacto visual. -Gracias por haberme ayudado a escapar de Harry y Ron. Y Lamento lo que dije en el café, no fue mi intención ir tan lejos.- añadió mientras sentía un peso menos de encima, pero a la vez, sintiéndose extraña al agradecer y disculparse con Draco Malfoy.

Draco observaba en silencio a Hermione, con su expresión estoica, pero duda en sus ojos. ¿Quién era esa y en que parte de su aparición había quedado Granger? La miró con fijeza y se percató de cómo la joven apretaba sus manos y se las estrujaba. Estaba igual de conmocionada por sus palabras como él, y observó su rostro, que estaba huyendo a él. Sonrió levemente, antes de volver a componer su expresión.

-Claro, Granger.- aceptó Draco, al tiempo que comenzaba a caminar hacia un tronco caído, y se sentó sobre él, cruzando sus piernas y con la espalda recta, que cualquiera pensaría que estaba sentado en una de las sillas de su mansión. Hermione le siguió con la mirada y enarcó una ceja al ver como él se acomodaba.

-¿Piensas quedarte aquí, Malfoy?- preguntó al ver la postura relajada del rubio. Draco sonrió a medio lado, antes de contestar.

-¿Por qué? ¿Quieres quedarte conmigo, Granger?- preguntó de regreso, notando como la castaña fruncía el ceño. -Tal vez la paz y la tranquilidad de este lugar te dio algunas ideas donde tú, yo, y la fresca grama están incluidas.- añadió con una sonrisa burlona.

-Para que negarlo, Malfoy. Una de mis fantasías es hacerlo en medio de la nada.- respondió Hermione mirando a sus alrededores, mientras Draco enarcaba ambas cejas. -Pero no ahora.- añadió luego de un par de segundos, mirando a Draco fijamente. -En fin, regresando a la realidad, te preguntaba si pensabas quedarte por tu postura tan relajada.- continuó, señalando al rubio y su forma de sentarse.

-Bueno, estoy seguro que Pansy y Astoria deben estarme buscando por todos los lugares en los que podría estar. Y mejor quedarme aquí un rato, antes de ponerme a vagar y perderme en el mundo Muggle.- respondió tranquilamente, logrando que Hermione estuviera de acuerdo con él. Era una respuesta sensata. Ella tampoco tenía un lugar a donde ir, sin que Harry o Ron pudieran encontrarla. Maldita sea, en momentos como ese le enfadaba el hecho que ellos tuvieran completo acceso a su apartamento y conocieran cada uno de los detalles de su vida.

Hermione caminó bufando ante esa verdad innegable y tomó asiento junto a Draco, mientras apoyaba sus codos sobre sus rodillas y su rostro sobre sus palmas. El rubio la observó discretamente, antes de sonreír arrogante.

-¿Queriendo estar cerca de mí?- preguntó mientras la miraba fijamente y sin ningún recato. Hermione rodó los ojos antes de sonreír igual que él.

-Por supuesto. Estoy hecha un manojo de nervios y estoy a la espera de que me abraces fuertemente ahora que estamos solos.- respondió Hermione sin perder la sonrisa y mirándolo de reojo, mientras mantenía la misma posición. Lo que la sorprendió fue el ver que el rubio hacia exactamente lo que ella había dicho. -Manos fuera, Malfoy.- espetó al sentir el brazo del joven sobre sus hombros.

-Pero Granger, si estoy haciendo lo que me pediste.- respondió Draco con una sonrisa burlona, sin soltarla. -Además, esa grama me esta llamando para jugar un rato y creo escuchar tu nombre también. Pero sólo falta definir, si es con o sin…- añadió Draco, para luego detenerse antes de terminar la frase con una sonrisa mientras observaba la grama que se extendía frente a ellos, y que estaba cubierta del sol por la sombra de los árboles que había alrededor.

-¿Con o sin qué?- preguntó Hermione mientras se removía y trataba de quitar el brazo del rubio de su hombro, aunque no podía negar que la cercanía fuera tranquilizante y que el perfume que momentos antes hubiera olisqueado, ahora la estaba embriagando.

-Con o sin ropa, Granger.- respondió Draco con obviedad, luego de haber chasqueado la lengua.

-Yo no iré a ningún lado contigo con o sin Ropa, Malfoy.- espetó Hermione enojada, pero con un rubor en sus mejillas que la delataba.

-¿Y quién ha dicho que vamos para algún lado?- preguntó "inocentemente". -Tenemos todo lo que necesitamos aquí, aparte de que suena interesante esa fantasía tuya de tener sexo en medio de la nada. Y creo que este lugar califica perfectamente como nada.- añadió mirando a sus alrededores con ojos críticos, y luego asentir con la cabeza

-Pero en mi fantasía incluye más cosas.- refutó Hermione poniéndose de pie y colocando una distancia entre los dos. Ciertamente ese juego de bromas le había traído innumerables problemas que luego tendría que resolver, pero ahora le causaba gracia. Sobretodo, porque ahora no había nadie que escuchara y malinterpretara sus palabras. -¿Dónde está la sábana donde me fundiré con mi amor eterno y la canasta con la cena especialmente preparada para mí? o, ¿Dónde está la sensación de peligro o de saberse haciendo algo indebido?- preguntó mientras hacía como si buscara desesperadamente dichos objetos, para luego suspirar acongojada.

-Granger, Granger.- dijo mientras negaba con la cabeza. -¿Para que necesitas una sabana, si la fresca grama te sirve de colchón y la sombra de los árboles te cubre del sol?-preguntó mientras teatralmente mostraba sus alrededores.

-Para tu información, Malfoy, no pienso hacerlo como los animales. Ni perro que fuera.- gruñó al notar como Draco comenzaba a quitarse el jersey, quedando en la pulcra e impecable camisa blanca que llevaba debajo. Se le quedó mirando fijamente, al notar la porción de piel de su abdomen que se mostraba por debajo de la camisa mientras el joven pasaba el jersey por encima de su cabeza.

-Pero si lo harías conmigo, ¿no es cierto?- preguntó Draco al notar la mirada perpleja y fija de Hermione. Sonrió al saberse observado por la castaña, y decidió darle un pequeño espectáculo personal. -Al fin y al cabo las trabas que colocaste fueron de los objetos que hacían falta, y que fácilmente podemos transfigurar.- dijo mientras sacaba su varita y transfiguraba el tronco en una cama de gran tamaño y luego se sentaba en ella.

-Con respecto a la cena, podríamos dejarla para después de nuestra sesión de sexo, o cuando no nos estén buscando. Y que mejor sensación de peligro que saberse perseguidos por un ejercito de comadrejas chismosas, un cara rajada con problemas de personalidad y un par de mujeres celosas.-añadió con una sonrisa incitadora al tiempo desabotonaba un par de botones de su camisa, lo cual logró que Hermione abriera su boca, para luego cerrarla sin saber que decir. Luego de un par de instantes en silencio, vio como la castaña temblaba levemente para luego escuchar el sonido de su risa inundar el lugar.

-Buen intento, Malfoy. Pero un par de palabras, un numerito de cabaret y una cama king size no lograran que olvidé nuestro pasado, ya sea lejano o cercano, y me acueste contigo.- respondió Hermione mientras se sentaba contra el tronco de un árbol y sonreía burlona.

-¿Numerito de cabaret?- repitió Draco con una ceja enarcada, pero se quedó sin respuesta al ver como la castaña se acomodaba y cerraba sus ojos.

Se quedó en silencio esperando una respuesta, pero el sonido de la acompasada y tranquila respiración de la joven le dio a entender que ella no le respondería por un tiempo, ya que al parecer se había dormido. Y si no se había dormido, al menos lo estaba ignorando olímpicamente. Bueno, había una forma de descubrirlo. Sonrió con diversión y decidido, comenzó a caminar rumbo a ella. Si mal no recordaba, cerca de allí quedaba un lago.


-Bueno, Granger. Hasta aquí llega nuestro recorrido.- dijo Draco con tono divertido, para luego detenerse junto al lago. Habiendo pensado en todo, comenzó a caminar hacia el interior del lago con sus ropas impermeabilizadas, para luego detenerse cuando el agua le había llegado al ombligo. Sonrió y suspiró. -A la cuenta de tres.- murmuró emocionado. -Uno, dos…-comenzó a contar, pero se detuvo cuando soltó la carga que llevaba entre sus brazos. -Tres.- dijo al momento en que vio como Hermione soltaba un grito y salía botando agua por la boca. La había dejado caer al lago mientras dormía.

-Maldito seas, Malfoy.- gruñó enojada Hermione, al tiempo que dejaba de toser agua, y lo fulminaba con la mirada. Estaba completamente empapada, y ahora sentía la chaqueta adherida pesadamente a su piel. -¿Eres imbécil o qué? ¿Cómo demonios se te ocurre tirarme al lago mientras duermo?- preguntó echa una furia, mientras Draco comenzaba a reír.

Farfullando en voz baja, salió del río, ignorando las risas del rubio y se quitó la chaqueta, para luego buscar un lugar donde dejarla secar al sol. Una vez echo eso, se giró hacia el rubio con varita en mano para verlo observarla absorto y con expresión indescifrable. Enarcó una ceja y decidida, hizo un par de hechizos no verbales, para luego sonreír mientras se acercaba al lago. Su sonrisa se fue ensanchando al notar que Malfoy no le quitaba la mirada de encima. Esto sería divertido.

-Aguamenti.- murmuró y de su varita salió un chorro de agua, que cubrió por completo al ex slytherin, que salió de su lapsus, mientras escupía agua. Draco se reprendió mentalmente. Se había quedado absorto mirando la figura de la joven, y aunque en el transcurso del día la había tenido entre sus brazos por diversas razones, era distinto a ver la figura delineada por la blusa blanca que dejaba ver algo más que sus curvas. Hermione Granger había crecido en estos años, y vaya que había cambiado. Se relamió mentalmente con la idea que anteriormente le parecía solamente un juego para sacar de quicio a la castaña, y que ahora se le tornaba demasiado tentadora.

-Deja de mirarme así, Malfoy.- dijo Hermione, cansada de sentirse seguida por ese par de ojos grises. Estaba enojada y empapada, y sabía que aún era demasiado pronto como para irse a su casa. Aún era peligroso con Harry y Ron buscándola. Pero no podía negar que el agua del lago estaba refrescante, así que mejor mirar la ocasión por el lado positivo, y nadar un poco antes de salirse. Se acercó nuevamente a la orilla y se quitó las incomodas botas y las dejó junto a su chaqueta, su bolso y su varita.

Draco observaba como la joven se despojaba de sus zapatos dejando ver un par de pies pequeños, y su varita en tierra firme, antes de entrar nuevamente al agua y sumergirse completamente. Minutos atrás lo había insultado, y ahora jugueteaba tranquilamente en el lago. Mujeres. ¿Quién las entiende?


Su ropa se había secado completamente, y ahora descansaba bajo la sombra de uno de los árboles cercanos. Sus adoloridos pies le agradecían el que no los hubiera devuelto a la incomoda prisión que esas malditas botas significaban. Observó el cielo, y como ya era prácticamente de noche. Suspiró, mientras evitaba pensar en la figura que yacía a un par de metros de distancia, y la imagen de él, nadando sin camisa y compitiendo inocentemente con ella. Sintió como sus mejillas se coloreaban y bufó al saberse que estaba reaccionando como una quinceañera. Por Merlín, era una mujer de veinticinco años, y aún se andaba sonrojando al ver a un hombre sin camisa.

Vale, vale. Habría que ser sinceros. Malfoy no era cualquier hombre sin camisa. Un cuerpo así, junto a una piel tan cuidada no la podría tener cualquiera. Y maldita sea, ella era una mujer, y la carne es débil. Demasiado débil cuando el prospecto se dirigía caminando hacía ella, aún sin camisa, con el cabello húmedo y cayendo descuidado por su frente, y con una sonrisa que invitaba a dejarse llevar. Y merlín sabía que en ese momento ella quería dejarse llevar, al fin y al cabo, llevaba mucho tiempo sin una relación estable, y su cuerpo no podía evitar reaccionar al que se acercaba a ella. En ese instante, el sutil olor de su colonia la golpeó completamente, y sintió que su raciocinio se estaba escapando, junto a su sentido común. Pero aún tenía un poco, y la batalla no estaba completamente perdida. No, aún no estaba del todo perdida. Comenzó a recordar todos los sucesos del día, y no pudo evitar sentir como sus mejillas se calentaban una vez más por el rubio, sólo que esta vez se trataba de ira y no de pensamientos bobalicones.

-¿Se te ofrece algo, Malfoy?- masculló sarcástica, mientras comenzaba a pensar en la mejor forma de salir de todos los problemas en los que las mentiras de Malfoy la habían metido.

-Efectivamente, Granger.- respondió Draco sin perder la sonrisa con la que se había acercado. -He estado pensando en un par de cosas, y creo que tu fantasía tendrá que esperar.-añadió, logrando hacer que la joven lo mirara interrogante. -Hoy no creo que sea posible que utilicemos esta fantástica locación más que para refrescarnos mientras nos escondemos. Aunque si te quitas la blusa podría reconsiderármelo.- añadió, mirándola socarronamente, logrando que la ex Gryffindor lo fulminara con la mirada, mientras sus mejillas se sonrojaban.

-No pienso quitarme la blusa, Malfoy.- respondió secamente Hermione, mientras apretaba los puños.

-Lo sé, yo tampoco pensé que lo harías. Ese es un trabajo que me corresponde a mí.- respondió Draco, con tranquilidad. -Por lo que, al notar que suficiente tiempo ha transcurrido desde que hemos llegado, creo que es hora de regresar a nuestros hogares.-añadió antes de que la castaña lo interrumpiera.

-Muy sensato.- murmuró Hermione, asintiendo con la cabeza. -Entonces supongo que es el adiós, Malfoy.- añadió mientras tomaba sus botas y comenzaba a ponérselas. Hola de nuevo, tortura post moderna.

-¿Quién ha hablado de adiós?- dijo Draco con tranquilidad. -Yo dije que era hora de regresar a nuestros hogares, pero no mencioné en que momento o en que orden.- agregó con una sonrisa.

-Claro.- murmuró irónica, mientras seguía ignorándolo. Draco se encogió de hombros, mientras convocaba su camisa y su jersey. Se colocó la camisa y dobló su jersey, no se sentía con ganas de colocárselo. Al fin y al cabo, luego se lo quitaría. Sonrió ante las connotaciones de ese pensamiento, y se dijo a si mismo que esa noche disfrutaría de la compañía de Granger, y descubriría como era esa Gryffindor en la cama. Convocó el bolso y la chaqueta de la castaña antes que ella pudiera hacerlo.

-Bueno, como ambos estamos de acuerdo, entonces vamonos.- dijo, al tiempo que tomaba la chaqueta y el bolso. Y con un rápido movimiento, la abrazó con un brazo y se aparecieron conjuntamente nuevamente.


-Me niego a ponerme este vestido.- gritó Hermione desde el interior de la habitación. Llevaba media hora encerrada y por ningún motivo se iba a colocar semejante vestimenta que la hacia lucir como una mujer de la vida nocturna. En otras palabras, ni loca se pondría un traje que parecía confeccionado por y para una mujerzuela.

-Vamos Granger, al menos déjame ver como se te ve puesto.- respondió Draco desde el otro lado de la puerta. Se encontraban en ese momento en la mansión Black, la cual había sido cedida a Draco luego de que Narcisa decidiera que habían demasiados recuerdos en aquella casa, que aún no estaba dispuesta a confrontar. Y por obvias razones, era el lugar perfecto para tener la paz y la tranquilidad deseada, ya que al fin y al cabo, sólo las personas con sangre Black corriendo por las venas podrían llegar o enseñar el lugar.

Y no podía dejar de felicitarse al no ceder ante las demandas de su madre de enseñarle la casa a Pansy o a Astoria. Definitivamente las precauciones que había tomado para ese lugar estaban dando frutos ahora. Sólo faltaba que Granger se dignara a ponerse uno de los vestidos que había conseguido para ella. Pero la muy jodida había devuelto sin pensar todos los vestidos que le había pasado, y sólo se había quedado por más tiempo con su favorito. Y para que negar, moría de ganas de ver ese traje sobre la figura de Granger. Aunque, siendo sinceros, prefería ver como ese vestido resbalaba de la figura de la susodicha.

-Ni loca me verás tú o alguien más con esos trapos.- respondió desdeñosa desde el interior. Hermione observaba indignada el pedazo de tela que Malfoy llamaba vestido. No podía negarlo, era de un muy bonito color verde, aunque era un tanto Slytherin para su gusto, pero era más lo que dejaba al descubierto que lo que cubría.

-No seas exagerada, Granger. Mi buen gusto por la moda no puede ser puesto en tela de juicio por una Gryffindor simplona y empollona como tú.- respondió Draco cruzándose de brazos. La paciencia se le estaba agotando, y por Dios, que esa no era una de sus cualidades. -A parte, estoy seguro que cualquier mujer estaría más que encantada de usar cualquiera de los vestidos que te pasé. No tienes ni idea de cuanto cuesta cada uno de ellos.- agregó mientras convocaba una silla y se sentaba tranquilamente. Escuchó a la joven bufar sonoramente desde el interior, y sonrió.

-Pues yo no soy cualquier mujer, Malfoy.-espetó Hermione, observando el vestido. ¿Para que mentirse a si misma? Definitivamente Malfoy tenía buen gusto, sólo que ella no se veía usando ninguno de los modelos que le había pasado, pero este último era hermoso, y a la vez demasiado descubierto. Enrojeció al pensar en como se vería usándolo y negó con la cabeza. Demasiado bochornoso.

-Bueno Granger, ese es el último que tengo disponible. Así que te pones ese o sales desnuda. Pero de que sales de ese cuarto para cenar, sales.- dijo Draco lo suficientemente alto como para que la castaña lo escuchase. -A menos que desees pasar una temporada indefinida en esta casa junto a mí.- añadió al escucharla bufar. Hermione se mordió el labio enojada.

Maldito mentiroso, aprovechado, sinvergüenza y descarado. La había traído a su casa, para tenerla como rehén hasta que aceptara las condiciones de su trato. Y aunque su estomago le estaba pasando factura, ella no pensaba darle el gusto de cenar con él con un vestido como ESE. Aún tenía problemas que solucionar y mentiras que desenredar, como para perder su tiempo con él. Se dejó caer de espaldas en la mullida y cómoda cama, para luego mirar de reojo el vestido. Había intentado de todo para poder escaparse, pero esa casa era peor que una cárcel. Ni siquiera podía aparecerse. Suspirando resignada, decidió retroceder en su contraataque, hasta nueva orden.

Observó el vestido una vez más, y se preguntó que estaría haciendo en ese momento su abuela y si toda su familia ya estaba enterada de que la pequeña y santurrona de Hermione Jane estaba embarazada de un niño imaginario y convivía con un novio que no existía más allá de la retorcidamente de un ex Slytherin sin oficio. Reuniendo el poco aguante que le quedaba después de un día entero lleno de problemas, se sentó en la cama y tomó el vestido entre sus manos. Bueno, al menos era una cena. No había nada de malo de cenar en esa casa con Malfoy, ¿No es cierto?


-Repíteme la razón por la que estamos aquí.- murmuró Hermione mientras sentía como aparecía el tic en su ojo izquierdo, y trataba de mantener una sonrisa, bastante falsa por cierto, en su lugar.

-Porque aquí la comida es de lo mejor de Reino Unido.- respondió Draco tranquilamente, mientras la llevaba del brazo y la guiaba al interior del restaurante. Llevaba puesta una túnica de gala negra, con detalles en plata y una corbata color acero. Sonrió a Hermione, quien se notaba enojada y avergonzada. -Además es una ocasión especial. ¿Cuándo más podrás jugar a ser la prometida de Draco Malfoy?- añadió, logrando que la castaña levantara levemente su barbilla en un gesto arrogante y enojado. En momentos como esos, no podía evitar sonreír. La leona se comportaba como una serpiente cuando quería o era obligada a ello.

-Su mesa, señor.- dijo un mesero, mientras los guiaba a una mesa en la zona privada del restaurante. Hermione sentía todas las miradas posadas en ella y en su acompañante. ¿Y cómo no hacerlo? Demonios, Malfoy se veía muy bien. Demasiado bien para lo permitido. Y en la forma en que estaba vestido, si tan sólo no abriera esa boca llena de insultos, podría ser un sueño hecho realidad. Y eso que se había prometido no caer en la tentación de tener una relación de una noche, pero cómo lo había previsto, era muy débil a muy pocas cosas. Y la visión de Draco Malfoy vestido impecablemente, con el cabello algo desordenado, con una sonrisa seductora e invitándola a una cena cinco estrellas era algo que en su vida se hubiera imaginado. Por lo tanto, no estaba inmune a esa imagen. Diablos, toda su moral se estaba yendo al caño por culpa de un maldito hombre.

Luego de caminar un par de minutos, llegaron a su mesa. Maravillada por la decoración del lugar, y la tranquila y apacible música de fondo, Hermione se dejo llevar. Antes de sentarse, sintió como el rubio retiraba el chal y se lo entregaba al mesero para que lo guardara junto a sus abrigos. Y aunque quiso protestar, vio con pena como se llevaba el mesero lo único que protegía y cubría la piel de su espalda.

Draco observó como la castaña se sentaba en la silla que había sacado para ella y como se removía incomoda. Se quedó unos instantes observando detalladamente la espalda de la joven y no pudo evitar sonreír levemente. Definitivamente había sido mejor de lo esperado. El vestido verde que había elegido para ella superaba las expectativas. Delineó con sus ojos la frágil, y delicada piel de la espalda, que quedaba descubierta por un escote que le llegaba al límite donde la espalda perdía su nombre y por el cabello ligeramente recogido en un elegante moño.

Pasó una de sus manos por el hombro de la joven y sintió como ella se erizaba bajo su tacto. Prolongando el contacto lo más posible, camino lentamente hasta su asiento, con una sonrisa de medio lado. Y Aunque la vista por detrás era fantástica, la parte delantera del vestido, no se quedaba atrás. Ya que a tenía un escote que era lo suficientemente recatado, como para llamar a la imaginación.

-¿Satisfecho?- preguntó Hermione mientras lo fulminaba con la mirada. Draco sonrió y tomándose su tiempo, observó a sus alrededores, antes de volver a mantener contacto visual con la castaña.

-Bastante.- fue la simple respuesta de Draco. En ese momento llegó apareció una botella de vino, y un par de copas. Suspirando, al confirmar que se encontraba en un lugar del mundo mágico, se dispuso a observar y esperar la oportunidad de marcharse y dejar tirado a Malfoy. Merlín no quiera que alguno de sus ex compañeros Slytherin, o alguien del ministerio los viera allí.

-Nadie nos encontrará aquí, Granger.- dijo Draco, antes de llevarse la copa a la boca y tomar un trago. -Este es un restaurante exclusivo y dudo mucho que alguno de tus amigos pueda pagarse una cena aquí. Y con respecto a Astoria o a Pansy, no creo que sean capaces de presentarse aquí sin estar debidamente arregladas.- añadió al notar la mirada interrogante. Hermione suspiró más tranquila ante sus palabras. Pasando por alto el sutil insulto, sus palabras eran las que necesitaba escuchar. Ahora podría relajarse y disfrutar de la cena.


-Ya te dije que no tomaré más vino, Malfoy.- dijo Hermione mientras lo miraba con el entrecejo fruncido. -Sé que intentas emborracharme, y aunque no conozco tus intenciones, no dudo que sean malas.- agregó, mientras alejaba la copa de si. Llevaban media hora en el restaurante y habían acabado una botella de vino y la entrada. Si seguía bebiendo de esa forma, quien saber que pasaría en el transcurso de la noche.

-Obviamente quiero emborracharte, Granger. Toda esta cena tiene ese fin.- respondió Draco con sinceridad, mientras rodaba los ojos. -Se supone que te emborraches y luego, en un par de horas, estemos completamente desnudos y enredados en alguna cama hasta el amanecer.- añadió con simpleza mientras nuevamente le tendía la copa. -Así que se buena niña y tomate la copa, Leona.- dijo con una sonrisa inocente. La misma condenada sonrisa que le había dado a su abuela horas antes, y con la que le había mentido sobre una paternidad inexistente.

-¿Estás loco o qué?- preguntó Hermione, enarcando una ceja. -¿Todo esto es para meterte en mi cama?- preguntó, recibiendo una sonrisa como respuesta. Definitivamente Malfoy era un caso serio. Lo mejor era intentar otra estrategia para que se olvidara del asunto. -Malfoy, por si lo has olvidado, soy hija de Muggles.-

-Granger, Granger.- negó con la cabeza, mientras colocaba una cara de decepción. -He cambiado con los años, Granger. Ya no soy el mismo niñato del colegio. Además, como no querer entrar a tu cama cuando estas vestida de esa manera.- dijo mientras la miraba intensamente, haciendo sonrojar a la susodicha.

-Malfoy, ni creas que se me ha olvidado que llevas todo el día diciendo mentiras a mis seres queridos e inventándote un embarazo de la nada. ¿Y ahora tienes el descaro de pedirme que me acueste contigo?- refutó sorprendida por su descaro.

-Bueno, pensé que podríamos solucionar lo del embarazo de esa manera. Ya que tú me haces un favor, yo te hago otro favor y todos salimos favorecidos.- respondió con cínica sinceridad. Hermione sintió nuevamente aparecer el tic de su ojo, pero apretó sus manos y suspiró antes de responder.

-¡Draquito!- se escuchó un grito romper la tranquilidad. Diablos, reconocería esas voces en cualquier parte. Era Astoria y Pansy. -¡Draquito, sé que estas por aquí. ¿Dónde te escondes?- volvieron a llamarlo.

Se levantaron inmediatamente y comenzaron a caminar lo más rápido posible hacia los baños, encontrándose con un mesero. Pagando rápidamente por lo consumido y ordenando que luego enviaran sus abrigos a la mansión Malfoy, se dirigieron a los baños de Hombres. Hermione estaba a punto de protestar, cuando sintió que la mano del rubio le cubría la boca, al tiempo que se encerraban en el interior del baño de caballeros.

-Estoy segura que pasó por aquí.- escucharon que decía una voz con exasperación. Se trataba de Pansy.

-Yo también lo vi pasar, e iba acompañado. Pero esa no podía ser Granger, ¿verdad?- secundó Astoria con tono preocupado.

-Lo dudo. Esa no sabría como vestirse para venir a un lugar como este, ni aunque el tiraran un vestido en la cara.- respondió Pansy, tranquilizando a la joven Greengrass. Hermione apretaba los puños mientras se controlaba. No les convenía que los encontraran, pero la tentación de hechizarlas hasta que quedaran irreconocibles era demasiado grande. Draco sonreía mientras observaba la expresión enojada y decidida de la castaña. Y no pudo evitar pasarse la lengua por sus labios. Si la castaña era así de pasional en la cama, la noche sería altamente productiva.

Acercándose lentamente al oído de la joven, sintió la suavidad de los cabellos de ella acariciarle el rostro y el olor a perfume llenarle por completo los pulmones. Pasó su lengua por el lóbulo de su oreja y sintió como se aceleraba la respiración de la castaña, antes de atraparlo entre sus dientes. Hermione comenzó a revolverse, intentando escapar, cuando otros pasos se acercaron al lugar donde estaban Astoria y Pansy.

-¿Los han encontrado?- escucharon que dijo una voz masculina. Hermione abrió los ojos sorprendida y sintió que su corazón se aceleraba. Esa era la voz de Harry. ¿Qué hacía Harry allí con ese par de brutas?

-Nada, Potter.- respondió Pansy con desden. Diablos, no solamente estaban esas dos féminas con problemas hormonales y poca satisfacción sexual, sino su mejor amigo les acompañaba.

-Te lo dije, Harry. Era imposible que Hermione viniera a un lugar como este con Malfoy. Simplemente no es su estilo.- dijo otra voz conocida. Frunció el ceño al escuchar las palabras de Ron. Con que no era lo suficientemente buena como para que alguien la trajera a un lugar así. Bueno Ronald, estabas completamente equivocado. Ya que había alguien que con tal de meterse entre sus bragas le había dado un vestido, una cena en un restaurante caro y que en ese momento estaba mordiéndole el lóbulo de la oreja y comenzaba a descender por su cuello dejando un rastro de besos. Un momento, ¿Qué rayos estaba haciendo Malfoy?

Finalmente logró despegarse de Malfoy, para escuchar como Harry y Ron discutían con las dos mujeres.

-Rayos, no están aquí. ¿Seguro que el informante de Skeeter es confiable?- preguntó Pansy. Esa condenada Bruja. Siempre que reaparecía en su vida, era para llenarla de problemas. Pero ya le mostraría lo que había hecho la guerra y los años con Hermione Jane Granger.

-Bueno, entonces sigamos buscándolos. Que Hermione tiene mucho que explicar.- dijo Ron con cansancio.

-Espera, tengo que ir al baño primero.- dijo Harry, haciendo que Hermione se colocara cada vez más nerviosa. Colocando su mente a trabajar a toda velocidad, se propuso pensar un lugar a donde huir. Ya sabía que tenían a un informante del escarabajo ese, y que sus amigos se había en compinchado con las seguidoras fervientes de Malfoy. Ahora, ¿Dónde, Merlín? ¿Dónde podría ser un buen lugar para esconderse?

-Conozco un lugar, Granger. Pero debes ceder a mis demandas.- murmuró Draco a su oído, para luego morderle el lóbulo una vez más. Podría sentir las pisadas de Harry acercarse a la puerta.

-No pienso acostarme contigo, Malfoy.- murmuró Hermione anteponiéndose a las palabras del ex Slytherin, y con la poca entereza que le quedaba mientras sentía que el rubio le succionaba y le mordía nuevamente el lóbulo. Cada segundo era crítico, y sentía su corazón a punto de salirse del pecho.

-Entonces supongo que no te molestará que San Potter y el señor Comadreja nos encuentren escondidos en el baño de hombres.- comenzó a decir Draco. En eso Hermione notó con preocupación que la manija de la puerta comenzaba a girarse. -Tranquila, está cerrada mágicamente, pero no tardaran en darse cuenta de ello.- añadió al ver que ella intentaba hechizar la puerta. -Así que estará bien abrirles la puerta y dejarlos encontrarnos, para que se lleven la imagen de sus vidas. Al notar a Hermione Granger con una provocativa y muy escotada túnica de gala, sonrojada y con un camino de marcas en su cuello.- añadió con una sonrisa socarrona.

-Mal nacido.- masculló Hermione cada vez más débil y notando como intentaban abrir la puerta de forma manual.

-Puede ser, pero si no te decides rápido Leona, tus amigos te encontraran un poco más ligera de ropa.- susurró Draco mientras jugaba con el tirante del vestido, y comenzaba a deslizarlo por el hombro de la joven.

-Harry, la puerta esta cerrada. ¿Por qué simplemente no lo intentas con un hechizo y ya?- escucharon que dijo Ron y Hermione sintió que el mundo se les venía encima. Se mordió le labio, sopesando las posibilidades de explicarse ante sus amigos y de salir viva del juicio que vendría después. Pero el ataque de Malfoy a su cuello era imparable, sintiendo como su pulso se aceleraba cada vez más y como una llama que creía pagada en su interior comenzaba a avivarse, decidió mandar al carajo su conciencia por una vez. Suspirando derrotada y a la vez, extasiada, se giró para darle más acceso al rubio.

-Tú ganas, Malfoy.- murmuró Hermione. Sintió como el rubio sonreía contra su piel y la abrazaba posesivamente. También sintió como seguía corriéndose el tirante de su vestido y como era girada rápidamente.

-Lástima, estoy comenzando a pensar que nada es más excitante que hacerlo aquí y ahora, con Potter y compañía del otro lado de la puerta.- murmuró Draco, haciendo que Hermione le pegara en el pecho.

-Eres un pervertido, Malfoy.- dijo Hermione, negando con la cabeza mientras intentaba colocar un tono enojado, pero sin poder evitar sonreír al estar mentalmente de acuerdo con el rubio. Eso sería altamente estimulante.

Y entonces, sintió como todo sucedía en menos de un segundo. El tirante terminaba de correr por su brazo, mientras Malfoy enterraba su rostro en su cuello y la puerta del baño se abría. Logró escuchar un par de exclamaciones ahogadas, antes de escuchar la burlona risa del rubio y la despedida a unos sorprendidos Harry y Ron y sentir, por último, como se aparecían en algún lugar desconocido.