Aparece Andrea en un sillón con dos bebés en sus brazos y Eriol sentado jugando junto a ella. -Hola a todos, vengo de regreso luego de un largo tiempo sin actualizar y un último mes de embarazo sufrido por la universidad. Pero aquí estoy con mi último cap, el Knock Out. Espero que sea de su disfrute y me dejen sus opiniones.- dice Andrea con una gran sonrisa.
-Pero no solo vengo a traerles este cap, sino a mostrarles a todos mis tres nuevos amores. Nacieron hace poco, el 26 de Junio y que mejor momento que presentárselos ahora.- dice mientras sonríe dulcemente. Estos dos son Uriel Isaac y Orion Axl Black.- dice señalando con su cabeza a los dos bebes que están en sus brazos. Los dos pequeños están tranquilamente dormidos, envueltos en ropas blancas y solo se pueden ver los lisos y negros cabellos de sus cabecitas. En ese instante entra Sirius con un bebe en brazos, el cual esta jugando con su dedo. Andrea sonríe al verlos acercarse y espera paciente a que el llegue a su lado.
-¿Ya les presentaste a los niños?- pregunta Sirius, recibiendo un asentimiento por parte de Andrea. -Bueno, yo les presentare a mi princesa.- dice, para luego girarse y sonreír alegremente. -Esta es mi princesa, Odette Elizabeth. Espero que la mimen mucho, y tenga muchos amiguitos. Pero cualquier mocoso que intente propasarse con ella, tendrá que vérselas conmigo.-dice Sirius, cambiando su expresión alegre por una sombría.
-Es muy pronto para eso, Sirius.- dice Andrea riéndose. -Aún falta mucho como para que los chicos piensen en ella más allá como una amiga de juegos. Primero debe entrar a Hogwarts para eso- añade Andrea mirando a su hija.
-Y por supuesto ella entrara en Gryffindor.- dice Sirius orgullo.
-Ni de riesgo, ella será Slytherin o Ravenclaw.- refuta Andrea, frunciendo el ceño.
-Mis cuatro hijos irán a Gryffindor, como su padre.- exclama Sirius hinchando el pecho.
-Lo lamento querido, pero ninguno de mis niños llevara rojo y dorado en su túnica. Ellos son serpientes o águilas.- contradice Andrea, sonriendo ampliamente. -En fin, dejando esta discusión para dentro de unos años, mejor sigan con el capitulo y gracias a todos por leer este fic. Por cierto, les mando torta virtual, ya que mis niños son el mejor regalo de cumpleaños que he podido tener. Y si ustedes quieren, manden un review y les mando una foto de ellos tres y sus ojitos grises y azules.- dice Andrea, antes de despedirse.
-Ah por cierto, si me dejan más de 5 reviews pidiendo epilogo xD entonces subiré uno en 5 días. Cuidense mucho y ya saben HP y Co. pertenecen a J.K excepto, obviamente, Sirius.-
Capitulo 5
Knock Out
Podía sentir el latido desbocado de su corazón en su garganta, y la adrenalina correr por sus venas. No podía negarlo, estaba emocionada y sentía un placer desbordante al saber que estaba haciendo algo que jamás en la vida hubiera pensado en llevar a cabo. Sintió como el par de frías y fuertes manos recorrían su espalda por completo y no pudo evitar suspirar.
Y allí estaba, en la mansión Black nuevamente. Y aunque sabía que el desgraciado al que estaba abrazada le había engañado, no pensaba hacer nada para remediarlo. En otro momento utilizaría todo su poder mental para darle una lección de honestidad al mimado de Malfoy, pero ahora, había otros asuntos que requerían su completa atención.
Sin saber a ciencia cierta como rayos él sabía donde vivía, y con un tirante del vestido descolocado. Por primera vez desde que habían llegado, se separó del pecho donde había escondido el rostro en esos interminables segundos, y lo levantó para encontrarse con la mirada fija de Malfoy. Observó la sonrisa que había en su rostro y como sus ojos se oscurecían cada vez más. Esos ojos color tormenta, que parecían acero liquido en ese instante.
-¿Estás conciente que aún me caes mal?- murmuró Hermione separándose un poco más, y dejando correr su vestido un poco mas abajo, al tiempo que dejaba ver parte de la piel de su busto. La sonrisa del rubio se hizo más notoria, mientras pasaba una mano por contorno del brazo de la castaña.
-Completamente.- respondió Draco sin perder la sonrisa. -Tampoco es que yo pensara jurarte amor eterno, Granger. Esto simplemente es un acuerdo mutuo y temporal.- añadió con descaro, mientras bajaba el rostro y se lo susurraba al oído.
-Entonces, todo esta dicho entre nosotros.- murmuró Hermione, cerrando los ojos al tiempo que sentía la mano de draco desarmando el moño y soltando su cabello. Pronto sintió la mano de él adentrarse entre sus cabellos y suspiró.
Aún sentía el corazón acelerado pero no estaba segura si era por lo vivido instantes atrás o por lo que Malfoy estaba haciendo con su cabello y su espalda. Se aferró firmemente al rubio y notó para su desagrado que el estaba completamente vestido, mientras ella tenía un hombro y un seno al descubierto. Separándose lo suficiente, giró su rostro para encontrarse con el de él y sin pensarlo dos veces, atrapó los labios con su boca.
Lo besó con fuerza. Lo besó desesperada y anhelante. Lo besó entregando todo de si, y pidiendo lo mismo a cambio, mientras se abrazaba a él cada vez más, cruzando sus piernas alrededor de su cintura, mientras él le ayudaba a sostenerse con sus brazos. Le mordió el labio en medio del beso y le invitó a jugar y conocerse con sus lenguas por largos minutos. Desesperada y anhelante de aire, se separó, mientras lo miraba a los ojos y sentía su corazón latir en su garganta y su rostro caliente por un sonrojo que esperaba, Malfoy no fuera capaz de ver.
-La leona sabe besar.- murmuró Draco con una sonrisa de medio lado, mientras recuperaba el aire que el súbito beso le había arrebatado. -Espero que eso no sea lo único que sepas hacer, Granger. Aunque no me molestaría la idea de enseñarte.- añadió mirándole el rostro. Hermione sonrió con picardía, y Draco no pudo evitar quedársele mirando fijamente ante ello.
-Lamentable, Malfoy. Pero se te han adelantado en ese aspecto.- respondió Hermione mientras se acercaba a él y comenzaba a besarle el cuello. Encargándose de tomarse todo el tiempo del mundo.
-¿En serio? ¿Y quién fue el afortunado de arrebatarle la virginidad a Sor Granger? ¿Potter o Weasley?- murmuró Draco mientras sentía los pequeños dientes de la castaña entretenerse con la piel de su cuello.
-Ninguno de los dos.- respondió Hermione, para satisfacción de Draco. -Y no me subestimes, Malfoy. Que no soy tan mojigata como piensas.- añadió entre besos, mientras se sostenía colocando un brazo alrededor del cuello del rubio y con la otra mano rozó la creciente y palpitante erección del joven.
-Vaya, la leona sabe juegos sucios.- exclamó Draco al sentir como su propia respiración se aceleraba y como las ansias despertaban cada vez más sus instintos más primitivos. Hermione siguió besando el cuello del joven, para luego dejar un camino por donde pasaba su lengua. Se detuvo al llegar a la línea de la mandíbula, donde se separó para quedar frente a frente con el rubio y acercarse lentamente, hasta casi rozarse.
Sonriendo, sacó lentamente la lengua de su boca y acercándose aún más, lamió los labios del heredero de los Malfoy. Los recorrió dos veces con su lengua, para luego continuar su caminó hasta la barbilla, la cual hasta hace pocas horas había estado levantada con arrogancia, y ahora estaba a la merced del ataque de sus pequeños y blancos dientes.
-¿No piensas llevarme a una alcoba?- preguntó Hermione entre mordiscos, haciendo reír a Draco.
-Eso es un cliché, Granger. Pensé que tendrías algo más… ¿Cómo decirlo? Estimulante, en mente.- respondió, en medio de un gruñido. Hermione sonreía mientras volvía a rozar la erección de Draco, para luego concentrarse en hacer pequeños círculos sobre la tela del pantalón.
-Entonces, ¿Qué propones?- preguntó alejándose un poco y mirándolo a los ojos. Sintió como el aferraba con fuerza su trasero y no pudo evitar soltar una exclamación, que hizo sonreír al rubio. Y sin perder tiempo, la besó nuevamente, mientras caminaba en medio de tropiezos y pausas, por el corredor. Hermione había cerrado los ojos y se había aferrado al cuello del rubio para agarrarse mejor, y sólo los abrió cuando sintió que algo entraba en contacto con su trasero. Observó el lugar y no pudo evitar sonreír. Definitivamente Malfoy era un pervertido.
-Que mejor sitio para hacer gemir a un ratón de biblioteca como tú, que este lugar.- dijo Draco con voz ronca, mientras la sentaba sobre un escritorio. Hermione se permitió observar el lugar y quedó maravillada. Definitivamente esa era una biblioteca que le encantaría poder volver a visitar. Lastima que su dueño fuera tan jodidamente fastidioso. -Pienso que una Granger con anteojos, completamente desnuda y sobre el escritorio de mi biblioteca sería interesante. A parte, te concederé tu anhelo de obtener un orgasmo entre tus amados libros.- añadió mientras la veía profundamente. Hermione sintió una descarga que le recorrió todo el cuerpo, y se dio cuenta de donde estaba la mirada de Malfoy posada. Se sonrojo levemente, al verlo seguir el movimiento de su pecho al respirar.
-¿Qué tanto miras, Malfoy?- gruñó Hermione mientras colocaba sus brazos detrás de si, apoyando su peso en ellos.
-Tienes los senos más grandes de lo que pensaba, Granger.- respondió Draco enarcando una ceja, para luego sonreír. -Eso está muy bien. Las mujeres planas no son de mi preferencia.- añadió mientras observaba el seno descubierto. Se lamió el labio al notar el pezón erecto, y acercándose, colocó su mano sobre este. Hermione se mordió el labio, y tembló ligeramente. -Eres bastante sensible, Leona.- murmuró mientras la miraba fijamente.
Hermione tenía los ojos fuertemente cerrados y sus dientes mordían firmemente su labio inferior y con cada roce por parte de sus dedos a la tibia y tersa piel de su pecho, temblaba ligeramente. Podía sentir el rápido latir de su corazón, y como su respiración se tornaba descontrolada. Se sintió orgulloso, y no pudo evitar sonreír al tiempo que acercaba su rostro a ese duro pezón, antes de atraparlo con su lengua.
-¡Malfoy!- gruñó, para luego dejar escapar un gemido al tiempo que arqueaba su espalda. Draco ignoró el llamado y siguió lamiéndolo, al tiempo que llevaba su mano hasta la tira del vestido que aún se mantenía en su lugar y comenzaba a bajarla lentamente por el brazo de la joven, hasta dejarla completamente descubierta de la cintura para arriba. En ese momento Hermione colocó una de sus manos sobre el cabello del rubio y utilizando toda la fuerza que tenía, la cual no era mucha en ese momento, lo separó de si. -Espera un momento Malfoy.- murmuró Hermione mientras respiraba agitadamente.
-¿Hice algo mal, Granger?- preguntó con aparente inocencia, aunque una sonrisa comenzaba a florecer en su rostro. -¿O es que nunca te habían lamido los senos?- preguntó con una sonrisa arrebatadora.
-Lo hiciste muy bien, sólo que me niego a estar en desventaja.- dijo mientras le agarraba la corbata y lo acercaba a si misma para besarlo nuevamente. Rápidamente comenzó a aflojar la corbata, para luego seguir con los botones de la camisa blanca, hasta llegar a la mitad del pecho.
-Eres rápida, ¿Quién lo hubiera imaginado?- murmuró Draco al verse con la camisa desabotonada hasta la mitad, sin corbata, y con el chaleco levemente descompuesto. Observó la sonrisa juguetona que había en el rostro de la castaña y decidió no darle el gusto de dejarse desnudar por ella, por lo que se alejó un par de pasos y comenzó a desabotonarse el chaleco, el cual se dejó medio puesto, para luego seguir desabotonándose la camisa.
-Espera Malfoy.- llamó Hermione, mirándolo anhelante. -Déjame hacerlo.- pidió, recibiendo una negativa por parte del rubio, quien se disponía a sacarse por completo el chaleco. -Entonces quédate con el chaleco solamente.- dijo mientras el joven enarcaba una ceja.
-¿Parte de alguna fantasía?- preguntó mientras se quitaba la camisa, y volvía a colocarse el chaleco negro sobre la piel, sin abotonárselo.
-Ciertamente.- respondió Hermione al tiempo que se colocaba de pie y comenzaba a caminar hacia el rubio, dejando el vestido escurrir por su piel hasta quedar completamente en el suelo. -Al parecer te facilité el trabajo.- murmuró mientras sonreía de medio lado y seguía acercándose, hasta quedar casi pegada a él. -Por lo tanto, merezco mi recompensa.- añadió al tiempo que colocaba su mano sobre el cinturón, desabrochándolo y tirándolo al suelo, para luego aflojar el pantalón lo suficiente como para meter su mano dentro de él.
-Granger.- gruñó Draco al sentir nuevamente los delicados dedos de la castaña sobre la tela de su bóxer, acariciando su erección.
-Estás tan duro, Malfoy.- murmuró Hermione pegándose por completo a él, sin dejar de hacer su labor. -Que debe ser doloroso.- añadió al tiempo que la agarraba por completó con su mano, obteniendo un sonido gutural proveniente de la garganta del rubio.
-Eres perversa.- dijo Draco al tiempo que la atrapaba entre sus brazos y la alzaba, obligándola a dejar su labor incompleta, al tiempo que escuchaba la risa de Hermione llenar el lugar.
-Estamos a mano ahora.- respondió la castaña, al tiempo que volvía a tener sus pies sobre el suelo. -Que fastidio. Voy a quitarme estas sandalias.- masculló Hermione, al tiempo que se separaba del rubio y se sentaba en uno de los sofás que estaban en la biblioteca, para así poder quitarse los incómodos zapatos. Draco observaba en silencio los movimientos de la joven, sin poder creerlo. Unos segundos atrás estaban completamente inmersos en las preliminares para que de un momento a otro, como si nada, se alejara y se entretuviera con un maldito par de sandalias.
-Maldita sea, Granger.- gruñó molesto, al tiempo que se acercaba, para luego agacharse y tomar una de las piernas de la joven. -Arruinaste completamente el momento.- añadió al tiempo que le quitaba la sandalia. Al tiempo que se fijaba en lo torneadas y firmes que estaban sus piernas. Pasó su mano por el contorno de ellas y sonrió al notar el sobresalto de la joven. Al parecer no todo estaba arruinado. -Ahora se buena niña y pásame la otra pierna, Leona.- dijo Draco, notando con satisfacción como la joven le hacía caso. Una vez libre de la tortura que dichas zapatillas representaban, suspiró aliviada, al tiempo que se dejaba caer en el sofá.
-¿Provocándome?- preguntó Draco, observándola fijamente mientras permanecía agachado. Hermione se sonrojo al notar que estaba prácticamente desnuda frente a él, acostada en el sofá de su biblioteca y con una sonrisa tranquila. Definitivamente estaba llamándolo. -Si es así, aquí hay algo de lo cual eres culpable, Granger. Espero que esta vez no me cambies el tema y arruines el momento, Leona.- añadió mientras se colocaba de pie y señalaba su entrepierna.
-Aún hay mucha ropa de por medio.- dice Hermione con una sonrisa, la cual es respondida. Draco se coloca sobre ella, con el pantalón completamente abierto y sin zapatos, para verla sonreírle insinuante. -Estás lento, Malfoy. ¿Acaso te has quedado estático o buscas palabras para jurarme amor eterno?- dice al tiempo que se estira sobre el sofá y comienza a rozar su cuerpo con el del rubio.
-Eres una habladora.- gruñe, para luego atrapar su boca en un beso.
-¿Están seguras de que aquí está Malfoy?- preguntó Ron enojado. Observaba a todas partes y no podía evitar sentirse completamente incomodo. Esa bendita casa traía la misma sensación de Grimmauld Place, antes de que comenzaran a limpiarla.
-Narcisa nos dijo que este era el escondite de Draco cuando no quiere ser molestado. Además, nadie aparte de los Black conoce su existencia.- respondió Pansy con el entrecejo fruncido.
-Este lugar no me gusta. Es demasiado oscuro.- murmuró Ron mientras caminaba por el pasillo.
-Entonces, si este lugar es sólo conocido por los Black. ¿Cómo logró Hermione conocer de su existencia?- preguntó Harry, recibiendo un incomodo silencio por respuesta.
-No hay nada por aquí. Dividámonos y busquémoslos en todas las habitaciones.- dijo Pansy mientras seguían andando. -Potter y la comadreja irán al segundo piso, mientras nosotras vamos al tercero.- añadió al tiempo que se detenía a medio pasillo. En ese momento comenzaron a escucharse ruidos. Los cuatros giraron sus rostros en dirección al lugar de donde provenía el ruido y comenzaron a caminar tratando de hacer el menor ruido posible.
Se detuvieron frente a la última puerta del pasillo, y notaron que los ruidos se hacían cada vez más fuertes. Se podían escuchar voces en su interior, sólo que no podían distinguir bien lo que decían.
-¡Malfoy!- escucharon fuerte y claro desde el otro lado de la puerta. Definitivamente esa era la voz de Hermione. -Mal…Malfoy, no te detengas.- escucharon nuevamente, entre jadeos. Harry y Ron se observaron en silencio, mientras sus rostros se teñían de rojo, al tiempo que sus ceños se fruncían.
-Voy a abrir esta puerta.- gruñó Ron al tiempo que se lanzaba sobre la puerta y comenzaba a girar el pomo. Lo giró varias veces, sin conseguir abrirla. -¿Qué sucede con esta maldita puerta?- exclamó Ron con ira.
-No…No…- comenzaba a escucharse cada vez más entrecortado y más fuerte la voz de Hermione. Pansy temblaba de ira, y sin perder tiempo sacó su varita y la apuntó contra la puerta.
-Alohomora- gritó hecha una furia, sin obtener el menor cambio. En ese momento se escucharon pisadas y luego, un golpe seco contra la puerta.
-Bienvenidos, inesperados invitados.- escucharon decir a Draco desde el otro lado de la puerta, con lentitud y la voz ronca. -Lastimosamente para ustedes, una vez alguien entra a esta habitación, la puerta sólo se abrirá desde adentro.- añadió entre jadeos.
-Malfoy, no te detengas.- murmuró Hermione, con voz ronca.
-Aguanta un poco Leona.- dijo Draco entre jadeos. Harry y Ron casi podían ver la sonrisa del rubio tras de la puerta, y sin saber que hacer se lanzaron contra la puerta para intentar abrirla así sea a la fuerza. -Pero dado a que están aquí, no es necesario que se marchen. Son bienvenidos a quedarse y disfrutar de la sinfonía que Hermione Granger y mi persona tenemos preparada para esta noche.- añadió con tono jactancioso.
-Cállate de una maldita vez, Malfoy. Y abre esta puerta.- gruñó Harry mientras intentaba derribar la puerta.
-Lo lamento Potter, pero la fantasía que comparto con Granger está lejos de ser silenciosa. Además sería un desperdicio desaprovechar esta oportunidad de tener sexo con testigos. Los dejaría entrar con gusto y así permitirles presenciar el rostro extasiado de Granger pero luego querrían detenernos, así que me niego a perder un buen polvo por su intromisión.- respondió Draco de una sola vez.
-Una vez salgas de ahí, Malfoy. Serás hombre muerto.- gritó Ron con furia.
-Ha…rry… Ron.- gimió Hermione. -Por favor.- añadió entre suspiros.
-¿Qué crees que estás haciendo con Draco, Granger?- chilló Astoria mientras golpeaba la puerta con sus puños y dejaba salir lagrimones de sus ojos.
-Eres una perra, Granger. Sal de ahí y da la cara.- gritó Pansy sulfurada.
-Lamentablemente Pansy, ella no saldrá de aquí en un buen rato.- respondió Draco por ella. -Así que si nos disculpan, comenzaremos nuestra labor.- añadió, para luego escucharse un gemido.
-Eres un pervertido, Malfoy.- murmuró Hermione entre gemidos. Estaba sentada en el suelo, con su espalda contra la puerta y las piernas abiertas. Estaba completamente desnuda y a la merced del rubio, y aunque se negara a decirlo en voz alta, le gustaba la idea que pasaba por la mente del ex slytherin.
Podía ver la sonrisa curvar los labios del rubio al tiempo que este transfiguraba una silla y la convertía en un diván, el cual movió con magia hasta dejarlo frente a la puerta. Se sintió elevada, para luego sentirse caer, sin mucha ceremonia, sobre el diván.
-Eso dolió, animal.- masculló al tiempo que se sobaba el trasero, sin prestar atención en la mirada fija del rubio.
-Abre las piernas, Granger.- demandó Draco, quien se encontraba sentado en el borde. Hermione enarcó una ceja, y le miró el rostro, quedando atrapada en la mirada oscura del rubio. Sin quejarse, hizo lo que se le ordenó, quedando completamente expuesto su sexo.
Tomándose todo el tiempo del mundo, comenzó a recorrer la piel suave del interior de los muslos. Sacándole suspiros a la joven, para luego simplemente centrarse en pasar sus dedos sobre la palpitante piel de su sexo. Hermione se revolvió en el diván, mientras miraba fijamente el rostro del rubio. Y vio, como sonreía de medio lado, antes de insertar uno de sus dedos en su interior. Gruñó ante la intromisión. Gimió sonoramente y estaba completamente segura que hasta los elfos la habían escuchado. Y sin dar espera, otro dedo siguió su camino hacia el interior de la joven.
Draco río levemente mientras trazaba círculos en su interior con la yema de sus dedos, al tiempo que ejercía ligera presión sobre el clítoris con su pulgar. Pero poco a poco, comenzó a aumentar el ritmo de sus movimientos. La escuchaba gemir fuertemente, y sentía su propia erección palpitar en sus pantalones y su corazón latir en la garganta pero en ese instante, estaba más concentrado en lo que su mano podía hacer y conocer en el interior de ella. De esa mujer a la que había repudiado y luego, por cosas del destino, un tanto de madurez y un cuerpo de infarto, había aceptado.
Húmeda. Así se sentía y podía estar completamente segura que los dedos de Malfoy estaban empapados de ella. Y aunque sabía que estaba haciendo mal, que sus amigos estaban al otro lado de la puerta escuchándola gritar y retorcerse de placer, no quería que ese calumniador embustero se detuviera. Mentiras, si quería que parara de jugar en su interior con sus dedos, y por fin la penetrara de una vez por todas.
Y Aunque se movía intentando ganar mayor contacto podía ver y sentir, lo cual era lo que la traía enojada, como ese condenado rubio aminoraba el ritmo cada tanto y hacia pausas súbitas para ver como reaccionaba.
Joder. Sabía que él era un mal nacido, pero tampoco tanto. Podía ver en la sonrisa que marcaba sus facciones que estaba esperando que le rogara. Que bajo se debía caer para rogar por ser penetrada de una vez por todas. Y por Merlín, ella había estado a punto de hacerlo varias veces, pero su orgullo le impedía abrir la boca para algo más que gemir y gritar. Aunque tal vez, con el incentivo adecuado, no fuera necesario pedir.
Vio como cerraba las piernas, reteniendo su mano entre ellas y como se acercaba a él, deslizándose lenta y acompasadamente sobre le mueble. Definitivamente, cada segundo que pasaba se convencía más. Granger se movía como un gato. Y aunque él le tuviera cierta aversión a los felinos por cicatrices de la niñez y recuerdo no gratos, se sentía inesperadamente complacido por esa actitud de ella. Claro, que esa línea de pensamiento tomó mucho tiempo y cuando parpadeó, tenía a Granger sentada sobre su pelvis con las piernas enroscadas alrededor de él y su rostro a centímetros del suyo.
Pronto, sintió como ella se movía lentamente sobre si. Estimulando. Rozando. Enloqueciéndolo completamente. En eso, se fijo que ambas de sus manos estaban a cada lado de su cuerpo, mientras que las de Granger estaban colocadas en su trasero.
-Haces los honores o, ¿El pequeño hurón necesita ayuda para bajarse los pantalones?- preguntó Hermione con una sonrisa, al tiempo que apretaba y soltaba para luego llevar sus manos a donde se encontraba el cierre del pantalón, que estaba entreabierto, sin dejar de moverse rítmicamente sobre él.
No pudo evitar sonreír, mientras la agarraba por las nalgas y la levantaba como si fuera una pluma, para colocarla justo al lado de él. Tenía que colocar un poco de distancia entre los dos, o él terminaría cediendo. Y por un demonio, él no iba a dejar entrever lo mucho que quería entrar en ella. Porque esta comprobado que el que muestra el hambre, no come.
-¡Hermione!- escucharon al otro lado de la puerta. -Sal en este instante, Hermione Jane Granger.- dijo Ron iracundo, provocando una ligera y burlona risa en Draco.
Aprovechando la distracción, la castaña bajo el pantalón y la ropa de interior del joven de un solo tirón, llevándolos hasta medio muslo, liberando por fin la palpitante erección. Y sin mediar palabra, se volvió a sentar sobre él, evitando deliberadamente ser penetrada.
Draco gruñó sonoramente, al tiempo que maldecía. Podía sentir como su corazón dejaba de latir en la garganta para pasar a regir directamente desde el sur de su cuerpo. Y Granger osaba torturarlo así. En ese momento, literalmente estaba pensando con la cabeza que llevaba entre las piernas, y no podía evitar pensar en una sola cosa. La calidez y humedad del interior de Granger lo estaba desquiciando.
Gruñendo, y con sumo coraje, la tomó nuevamente del trasero y sin mediar palabra alguna, la alzó en el aire.
-Prepárate Granger, que luego de esto tus amigos querrán tu cabeza.- dijo Draco con burla, para luego bajarla rápidamente, entrando en el interior de la castaña. Hermione gritó al sentir la intromisión dentro de ella, pero rápidamente se adaptó a esa sensación.
Rítmicamente comenzaron las embestidas, donde ambos ponían de su parte. Draco levantándola ligeramente con sus brazos, y Hermione, apoyándose en sus débiles rodillas, para no dejar la carga de su peso en el rubio.
-Mal…foy. Joder…Malfoy- gimió ruidosamente Hermione mientras se dejaba caer sobre sus rodillas entre cada embestida, para luego levantarse ligeramente, aumentando la fricción entre ellos.
-¡Draco!- se escuchó un chillido. -Maldita sea, Draco. Aleja tu miembro de Granger y sal de esa condenada habitación.- añadió Pansy neurótica, al tiempo que seguía golpeando la puerta.
-Par…kin…son, no querrá saber… donde está en este momento… el miembro de Malfoy.- gritó Hermione sobre los golpes y los gemidos roncos del rubio. Escucharon todo tipo de insultos desde el otro lado de la puerta, pero poca atención les prestó. Llegaban como sonidos lejanos, y confusos a sus oídos, aunque estuvieran a unos cuantos centímetros de distancia y únicamente separados por una puerta de madera.
Con cada segundo, cada embestida entraba más profundo, más rápido, más desquiciante. Sus gritos, gemidos y gruñidos se sincronizaron en alguna parte del camino, mientras Draco se levantaba ligeramente, intentando llegar cada vez más adentro, y con más fuerza. Podía sentir las uñas de la castaña levantar la piel de sus hombros, mientras veía como comenzaba a correr gotas de sudor por su pecho. Sin pensarlo mucho, sacó su lengua y lamió el valle entre sus senos, notando como Hermione enterraba sus uñas con más fuerza en su piel. Podía ver que quería más, y más fuerte pero se mordía los labios para no dejar salir esas palabras, sólo dejaba salir sonidos in entendibles. Pero él había cedido antes, ya era momento que Granger también cediera.
-Dilo Granger.- murmuró Draco mientras seguía penetrándola, pero comenzaba a disminuir abruptamente la velocidad. -Pide por más.- ordenó mientras pasaba la lengua por el contorno de sus senos, para luego morder ligeramente uno de ellos. La escuchaba gemir y retorcerse, al notar como dejaba prácticamente de moverse. -Ruega por más, Granger. Sino quieres que me detenga.-sentenció antes de atrapar el pezón con su lengua.
-No eres capaz de hacerlo.- dijo Hermione con seriedad, mientras se movía sobre el rubio, instándolo a seguir. Diablos, quería que continuase, pero se negaba completamente a rogar por ello. Lo que quedaba de su olvidado y maltratado orgullo estaba en juego.
-Es una lástima que esa sea tu respuesta, Granger.- dijo Draco liberando el pezón de su boca. -Tenía tantos planes para esta noche.- añade para luego, alzarla lentamente y dejarla en el diván. Hermione se queda mirándolo sin creerlo. Draco Malfoy la dejó iniciada y en la mitad de su sección de sexo mientras comenzaba a subirse su ropa interior y sus pantalones. Silbando tranquilamente, Draco comenzó a buscar su camisa. Al fin y al cabo, quería estar presentable para las visitas que estaban al otro lado de la puerta.
-Malfoy. No puedes dejar… esto así.- gritó Hermione enojada, deteniéndose antes de comprometerse. Draco se giró, mientras se agachaba para recoger su camisa, y le sonrió de lado.
-Lo siento, Granger. Pero fue decisión tuya.- respondió mientras la miraba tranquilamente. -A parte, se un poco más sincera contigo misma y termina tus frases como son. Tal vez así, me lo reconsidere.- añadió mientras se levantaba y limpiaba su camisa.
-Draco. ¿Qué está pasando, Draco?- gritó Pansy en ese momento. El rubio no pudo evitar sonreír ampliamente.
-Tranquila Pansy, ya casi estamos listos.- dijo lo suficientemente alto como para que escucharan al otro lado de la puerta. -Es mejor que te cambies, Granger. A menos, claro, que quieras que la comadreja y Potter te vean así.- agregó mientras le lanzaba el vestido que había quedado relegado en el suelo. -Seguro les da un infarto.- añadió en tono jocoso.
-Pero… no puedes dejar esto así.- chilló Hermione impotente e insatisfecha. Diablos, ni siquiera había podido llegar al primer orgasmo. -Aún tienes una erección en tus pantalones. ¿Piensas quedarte con ella hasta que se te baje?- señaló como último recurso. Draco se acercó a donde estaba ella, para luego casi pegar su rostro al de la castaña. Y sonriendo, le rozó los labios.
-Tengo muchas maneras de arreglar este no tan pequeño inconveniente, así que no te preocupes por mi Granger.- respondió Draco con simpleza. -Mejor admite que quieres que te la entierre hasta el cansancio, y con gusto cumpliré a cabalidad mi labor.- dijo Draco al tiempo que le pasaba una mano por el cabello suelto de la joven. -Si no lo haces ahora mismo, abriré esa puerta y nuestra posibilidad de una noche desenfrenada quedará en el olvido. Así que leona, todo está en tus manos.- añadió mirándola fijamente.
-Abre la puerta de una buena vez, Malfoy.- gritó Harry desde el otro lado.
Hermione se mordió el labio, y observó como el rubio pasaba por sobre de ella y comenzaba a extender el brazo hacia la manija de la puerta. Cuando hubo tocado la manija, se detuvo un instante. Y sonrió. En tres, dos, uno…
-Malfoy.- escuchó que decía la castaña. Bingo, ahí estaba su respuesta. Y una vez fuera todo el orgullo de Granger, podría hacer con ella lo que quisiera.
-¿Si?- preguntó haciéndose el desentendido.
-Quiero que me penetres más rápido, más fuerte y más profundo de lo que hiciste.- añadió a regañadientes, sabiendo que él sonreía a espaldas de ella.
-Potter y Weasley no te escucharon, Granger. Quiero que ellos también te oigan. Y si puedes, añádele un poco de emoción.- dijo el rubio, mientras seguía dándole la espalda. Hermione apretó sus puños, y se preguntó internamente si valía la pena repetir esa frase una vez más. Y para su ira, sabía que si valía la pena. Maldita sea, estaba hirviendo de rabia y de deseo al mismo tiempo y todo por culpa del mal nacido de Malfoy.
-Quiero que me penetres más rápido, más fuerte y más profundo de lo que hiciste.- dijo en voz alta, mientras hacia las pausas adecuadas para darle más énfasis a su frase.
-¡Hermione!- gritaron Harry y Ron al unísono. Draco sonrió y se giró para buscar su varita. Una vez la tuvo en sus manos, sonrió ampliamente. -¿Qué mierda esta pasando contigo?- preguntó Ron.
-Damas y caballeros.- dijo con voz ceremoniosa, ignorando los alaridos de sus visitantes. -Lamentablemente, el espectáculo de esta noche ha llegado a su fin.- añadió mientras caminaba tranquilamente hacia el diván donde Hermione lo miraba casi sin creerlo. La había obligado a decir esas cosas, para terminar así. -Pero espero que lo hayan disfrutado a cabalidad.- agregó mientras tomaba a la castaña y la levantaba en sus brazos. Sin tiempo que perder, susurró algo al oído de la joven, que sonrió tranquila, y con un movimiento de varita, se abrió la puerta de la biblioteca.
-Au revoir Potter, Weasley, Pansy y Astoria. Nos veremos en otra ocasión.- dijo al tiempo que se abría la puerta y los rostros perplejos de las cuatro personas veían a un sonriente y tranquilo Draco Malfoy con Hermione Granger completamente desnuda, quien además se cubría ligeramente con un vestido, al tiempo que sostenía su varita y al del rubio. Y antes de que alguien pudiera hacer algo, ambos desaparecieron frente los rostro de dos anonadados ex Gryffindor y dos histéricas ex Slytherin.
Allí estaban. Reviviendo el cliché de que el sexo es mejor en una cama, sabiendo que no hay ningún escondite mejor que el lugar más obvio. Y es cierto, porque desde que se habían aparecido en el apartamento de Hermione hace diez minutos, nadie había llegado a tocar su puerta.
En esos diez minutos, decidieron tomarlo con algo de calma. Fumarse un par de cigarrillos, aunque el único que fumara fuera Draco, y terminar de desnudar a aquel que aún seguía vestido.
Y por fin se encuentran en la cama, completamente desnudos y un tanto más calmados e impacientes al mismo tiempo. Al fin y al cabo, ya habían tenido visitantes anteriormente. Sellando el lugar por completo, Hermione se sentó en su cama mientras observaba a Draco mirar por la ventana. Llevaba cinco minutos así, de pie y desnudo, con un cigarrillo en la boca y una erección que se enfrentaba al frío de la madrugada. No había pronunciado palabra alguna, y dudaba saber la vía de pensamientos que él pudiera estar tomando, pero le encantaría conocerla. En ese instante, él era el hombre más fascinante que hubiera podido conocer, y lo único que tenía que hacer era permanecer ausente de todo y de todos.
-Malfoy.- lo llamó, aburrida de la espera, pero a la vez concentrada en la imagen que presenciaba. Al fin y al cabo, era casi imposible que se volviera a dar. Draco se giró y sonrió paciente, con el cigarrillo en la boca, para luego cogerlo con sus manos y apagarlo en un cenicero que había transformado él mismo. Lo vio acercarse a paso lento, y podía sentir como se humedecía nuevamente, con sentir su mirada fija en ella. Se subió a la cama y la tomó de las caderas, mientras sonreía.
Entonces comenzó. Entró en ella sin juegos previos, o duda. Y comenzó a moverse hacia dentro, hacia fuera de ella. Empezaron lento, adaptándose nuevamente el uno al otro, sintiendo como ella se contraía a su alrededor, para luego ir subiendo la velocidad. Podía sentir como se contraía cada vez más fuerte y era más difícil entrar o salir. Era deliciosamente asfixiante, y esa fricción lo enloquecía.
Gemían, gemían fuerte y sonoramente. Y quería que ella siguiera gimiendo cada vez más duro, cada vez más pasional. Y deseaba que en una de esas, gimiera su nombre. Sentía sus heridas arder nuevamente, mientras otras nuevas eran hechas por las uñas de la castaña, y no podía evitar querer tener más. Quería que ella explotara por completo y se deshiciera entre sus ojos. Lamía, mordía y chupaba la piel de su cuello y de sus hombros. Agarraba su cabello, que ondeaba con cada embestida, y tomaba sus labios entre sus dientes, mordiéndola sin lastimarla realmente.
Lamió su pecho, y recorrió su cuerpo con sus manos, mientras succionaba cada uno de sus senos. Podía escucharle pedir más, y con cada embestida se adentraba mucho más profundo. Más y más profundo en su interior, intentando dejar una huella en ella, aunque fuera inconcientemente. Lamió todo su cuerpo, mientras seguía entrando y saliendo de su interior. Y en un instante, salió por completo de ella. La escuchó protestar, pero aún había partes que le faltaba conocer. Había lugares donde su lengua no había llegado.
Y se internó entre sus piernas y probó su esencia. Lamió, devoró y succionó por varios segundos, que supieron a eternidad. La escuchaba gritar, y la sentía retorcerse. Y aunque su erección le dolía por estar aguantando, quería que ella llegara al mismo tiempo. Y siguió volviéndola loca, hasta que no pudo más, y entró bruscamente en ella nuevamente, para dar las últimas embestidas. Sentía una vena latir en su frente, y escuchaba a lo lejos los gritos de la castaña. La embiste una vez, besándola con fiereza. La embiste dos veces, inserta su lengua en su boca y le da a probar lo que él sacó de su interior. La embiste tres veces, y le muerde el labio.
La embiste una cuarta vez, y se separa de ella. La escucha gemir. La embiste una quinta vez, y siente que por fin se ha corrido. Y es en ese instante, en que se esta viniendo dentro de ella, la escucha gritar. Y se sorprende al escuchar la única palabra que jamás creyó oír en el momento en que ambos, y sorpresivamente es al mismo tiempo, llegan al orgasmo.
-¡Draco!-
Escuchaba un golpe en la ventana. Se revolvió en la cama y gruñó al notar que el golpeteo no cesaba. Decidida a golpear a la inocente lechuza si no dejaba de golpear su ventana, se giró nuevamente. Pero los golpes no se detuvieron, y gruñendo, se descorrió la sabana y se levantó de su cama. En ese instante, se percató que estaba desnuda y soltó un grito.
Y como un torrente caudaloso, todas las imágenes del día anterior comenzaron a golpear su cabeza. El encuentro con Malfoy, la visita a donde su abuela, el encuentro con Luna y Theodore, la cena, Pansy, Astoria, Harry y Ron. Y por último, todas las veces que tuvo sexo con el rubio.
-Eso debió haber sido un sueño.- se dijo a si misma. -Un bizarro y horrible sueño.- añadió mientras se llevaba una mano a la sien. En ese momento la lechuza inicio nuevamente su golpeteo que había cesado en el transcurso de su regreso a la realidad. Tomó una bata y se cubrió con ella, mientras se dirigía a la ventana a ver que traía la lechuza. En ese instante notó que no era una lechuza, sino tres. Las tres aves entraron rápidamente y dejaron sus respectivas encomiendas antes de irse igual de rápido de lo que entraron.
Hermione observó lo que habían dejado las lechuzas, encontrándose con dos sobres y el profeta. Tranquilamente, desenvolvió el profeta encontrándose con su foto en primera página. Una foto con Draco Malfoy en un restaurante. Sintiendo como se venía el mundo encima, se dejó caer en la cama y leyó la noticia.
UNA RELACIÓN A ESCONDIDAS DEL MUNDO MAGICO.
Por Rita Skeeter.
El día de hoy las mujeres del mundo mágico están llorando la noticia del año. El heredero y único hijo de la familia Malfoy esta en una relación estable, y de un largo recorrido en su historial. Y no con cualquier mujer, sino con la heroína de la guerra, amiga de Harry Potter e hija de muggles, Hermione Jane Granger. Y aunque gran parte de la sorpresa se da por saber que la mujer detrás de que Draco Malfoy fuera tan inalcanzable para todas las demás féminas fuera una hija de muggles, dado el caso de la larga tradición de magia en la familia Malfoy no podemos evitar decir que se ven muy bien juntos.
Y para todos los que quieren conocer los detalles, yo, su servidora, se los traigo de boca de los presuntos implicados. Y aunque una imagen vale más que mil palabras, y la que tenemos aquí vale su peso en galleons, podemos decir que sabemos mucho más de lo que se esconde tras esos ojos grises y esa sonrisa coqueta…
Por Merlín, no podía creer, la cantidad de barbaridades que estaban escribiendo en el profeta. Definitivamente, lo ocurrido en el día anterior era peor que una pesadilla, y ahora se arrepentía de haber caído en el juego del hurón. Viendo, que aún falta mucho por leer, decidió saltarse un par de párrafos y leer algo más para saber que tanto había inventado Rita esta vez.
…y mis queridos lectores, tenemos un par de datos importantes salidos precisamente de la boca de los implicados. Y espero mujeres de la comunidad mágica, que no les de un infarto al momento de leer esto, pero nuestro codiciado rubio tiene planes de boda.
Así como lo leen, por fin ha decidido sentar cabeza y armar una familia con su amada y famosa novia, con la cuál lleva cuatro años de relación. Por eso, para poder traerle un poco más a ustedes, hemos podido confirmar con fuentes cien por ciento confiables, que en la noche de ayer, el joven Draco Lucius Malfoy le pidió matrimonio. Aunque no todo es tan puro como lo pinta, ya que estas mismas fuentes nos han traído otra gran noticia.
Aguanten la respiración mujeres, que esta noticia si no se la esperaban. Y es que nuestro amado rubio no podía dejar atrás su fama de conquistador y casanova, por lo que la boda no sólo es para sellar su relación ante la comunidad mágica, sino también para darle un apellido a la criatura que crece en el vientre de Hermione Granger. Y para mayor sorpresa no se trata de un heredero, sino de dos. Así que en diciembre de este año, tendremos un nuevo par de herederos Malfoy de quienes hablar…
Sintió como el mundo se caía encima, y decidió dejar de leer por el bien de su salud mental. En eso, tomó el primer sobre que vio y lo abrió sin darle siquiera una mirada. Inmediatamente un Howler salió de este. Suspiró mientras veía como se formaba la boca de papel y esperó lo peor.
-¡HERMIONE JANE GRANGER!- definitivamente, esa era la voz de Ron. -¿Cómo mierda se te pudo ocurrir irte con Malfoy? Malfoy de todos los hombres del mundo mágico. Ese hurón bueno para nada que no hacía nada más que molestarte en el colegio.- comenzó a regañar el howler.
-Es que no tienes vergüenza, Hermione. Pero no se que es peor, saber que tuviste sexo ayer con Malfoy frente a nuestras narices, sin que te importara que te escucháramos o el hecho que te desapareciste con él luego de que lográramos abrir la puerta.- añadió furioso. -A propósito, ¿Qué es esa mierda que está en el profeta? No es posible que estés comprometida con Malfoy y mucho menos que esperes un hijo de ese imbecil. Tienes mucho que explicar, así que te espero a las 10 en Grimmauld si no quieres que Harry ponga a todo el cuerpo de aurores a buscarte. Y sabes que somos capaces. Más te vale venir y darnos una explicación satisfactoria. Oíste Hermione.- concluyó el Howler antes de deshacerse en pedazos.
Hermione se llevó las manos al rostro, para luego soltar un grito ahogado. Estaba enloqueciendo. A esa hora, definitivamente todo el mundo mágico sabía de la supuesta relación con Malfoy y del dizque par de gemelos que estaba esperando. Gritó impotente una vez más, mientras tomaba el profeta y lo aventaba contra la pared con rabia. Todo había sido culpa de Malfoy. Había sido su culpa al mentirle a su abuela, había sido su culpa al instigarla a que tomara venganza, había sido su culpa el llevarla a comer a ese restaurante y le tomaran la malditas fotos que salían en el profeta y había sido su culpa el que fuera animal de sacrificio para sus amigos por estar tan condenadamente bueno y haber llenado su mente de sexo. Maldita sea, lo peor del cuento es que sabía que estaba siendo injusta, porque la mitad de la culpa era de ella.
-¿Gritando desde tan temprano, Granger? Si sigues así, te quedaras sin voz antes de que termine el día.- dijo una voz desde la puerta. -Lo cual sería una pena, ya que tus gritos en medio de la acción son muy eróticos.- añadió con simpleza. Giró su rostro y se encontró al origen de todos sus problemas. Con una toalla amarrada a la cintura y otra en la mano, estaba Draco Malfoy.
-¿Qué haces en mi apartamento, Malfoy?- preguntó mientras se cruzaba de brazos y fruncía el ceño. Draco sonrió tranquilamente mientras entraba a la habitación.
-¿En serio necesitas que te lo recuerde, Granger?- preguntó mientras caminaba hasta donde estaba la castaña y le sacaba el nudo de la bata.
-No es necesario, Malfoy.- dijo, mientras se alejaba y volvía a atar la bata. Se sentía mareada y confundida. Estaba al borde de un abismo y no sabía que hacer para salir de ahí. A parte, era muy difícil pensar teniendo a un hombre casi desnudo en su cuarto. -Y agradecería que te marcharas de mi casa, Malfoy. Tengo muchas cosas que pensar y arreglar.- añadió mientras le daba la espalda y se sentaba nuevamente en la cama.
-Vamos leona, me vas a negar que anoche fue la mejor sesión de sexo que has tenido en tu mojigata vida.- dijo en tono orgullo mientras se cruzaba de brazos y notaba como ella se giraba y lo miraba enojada. -Mejor deja lo que tengas para pensar para luego y disfruta de mi compañía. Dudo mucho que puedas alardear luego de que tuviste a Draco Malfoy en tu cama toda una noche y mañana del día siguiente.- añadió mientras se señalaba a si mismo. -Aunque nunca me hubiera imaginado que fueras tan salvaje en la cama, Granger. Mi espalda quedó toda roja y lastimada por tus uñas.- agregó con sorpresa.
-Por supuesto, como hay mucho que alardear.- respondió Hermione con ironía, sacándole una sonrisa a Draco. El rubio se acercó y tranquilamente se sentó junto a ella, para luego tumbarla en la cama y colocarse encima de ella, mientras la tenía arrinconada entre sus brazos.
-Bueno, yo recuerdo perfectamente como gemías mi nombre cada vez que llegabas al orgasmo.- contraatacó Draco con una sonrisa de medio lado. -Ahora, si me permites, volveré a hacerte gritar mi nombre hasta que te quedes di fónica y sea imposible de olvidar nuevamente. Y ya luego nos ocuparemos de Potter y compañía.- añadió al tiempo que soltaba la toalla que tenía amarrada a la cintura.
-Claro, y ¿Cómo solucionaremos toda la red de mentiras que tejiste con mi abuela y con Skeeter? Me imagino que no has visto el profeta, ¿o si?- preguntó Hermione obligándose a mantener la mirada en el rostro del rubio y no bajarla al sur del cuerpo de este.
-Lo leí hace una hora, Granger.- respondió Draco con tranquilidad mientras se encogía de hombros sin perder su posición. -Te preocupas demasiado por lo que dice esa vieja chismosa. Déjala que diga lo que quiera, al fin y al cabo la verdad la sabemos los dos.- añadió despreocupadamente. -Mejor sigamos con lo que hicimos durante la noche.- agrega con una sonrisa.
-¿Y que haremos con los supuestos herederos que estamos esperando? Te recuerdo Malfoy, que no estoy embarazada de ningún crío tuyo.- espetó Hermione, mientras sentía como Draco comenzaba a frotarse contra ella.
-¿Estás segura, Granger?- preguntó Draco mientras seguía excitando a la castaña. Lentamente abrió la bata y la dejó desnuda frente así.
-Por supuesto que lo estoy, o ¿Me crees idiota como para no darme cuenta que estoy embarazada?- refutó Hermione con esfuerzo, mientras trataba de concentrarse en lo que decía y no en lo que comenzaba a sentir ante el contacto de su piel contra la del rubio. Vio al rubio sonreír ampliamente y se sintió pequeña. Sumamente pequeña y acorralada.
Draco introdujo un par de dedos en el interior de la castaña y sonrió al notar que ella comenzaba a flaquear. Los sacó y los colocó frente a la castaña.
-Tu cuerpo no puede mentir, Granger. Tú también quieres continuar teniendo sexo conmigo.- dijo Draco sabiéndose ganador de esa discusión. -Así que mejor déjate llevar de una buena vez y preocúpate luego por lo que le vas a decir a Potter y a Weasley.- añadió mientras volvía a introducir sus dedos en ella. Hermione se mordió el labio, intentando no dejar salir el gemido que trataba de escapar de su boca. Draco comenzó a jugar en su interior, cada vez más rápido y luego se detuvo, sacándole un quejido a la castaña. Sonrió notando como la joven se sonrojaba y le mordió el labio al tiempo que la penetraba de un solo.
Hermione gritó, y se aferró a él, al sentirlo dentro de ella. Draco sonrió y acercó su boca a su oído.
-Mi pequeña e ingenua Granger. Tan convencida de que no esta embarazada, que se ha olvidado de que ayer tuvo sexo sin protección.- susurró al oído para luego morderle el lóbulo de la oreja. Hermione contuvo la respiración y sintió como rememoraba cada una de las veces en que sintió a Draco correrse dentro de ella y como ella, no había razonado para pedirle que se protegieran de alguna manera. Joder, y estaba a mitad de mes, esos eran sus días fértiles.
-Y con esta será la quinta. Dudo mucho que tengamos tan mala suerte de que con cinco eyaculaciones no pueda embarazarte, Leona.- añadió mientras le mordía y le lamía el lóbulo. Hermione simplemente no podía moverse y respiraba con dificultad. -Y como yo soy un padre responsable, responderé por mis retoños que con tanto placer hemos hecho. Así que querida mía, bienvenida a la familia Malfoy.- añadió antes de comenzar a dejar un rastro de besos por su cuello.
